San Moisés, profeta y legislador (I)

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Escultura de Moisés, obra de Miguel Ángel Buonarroti (1515). Iglesia de San Pedro ad Vincula, Roma (Italia).

Escultura de Moisés, obra de Miguel Ángel Buonarroti (1515). Iglesia de San Pedro ad Vincula, Roma (Italia).

La imagen que las Sagradas Escrituras nos da de Moisés es la de un maravilloso guía de su pueblo, excelentemente dotado en el arte de saber gobernar, el legislador más inteligente de la historia y el más fiel ejecutor de la voluntad de Yahvé, con el cual llega incluso a entretenerse en momentos de intimidad. A él le cabe el honor de ser el escogido por Dios para dar a conocer, con una simplicidad sublime, cuales son las normas que no sólo han de valer para su generación, sino también para todas las generaciones futuras. Pero no hay que perder de vista que Dios, más que Moisés es en realidad el autor de estas leyes: los diez mandamientos. Yahvé es en el fondo, el legislador, es el padre de Israel y Moisés es su instrumento.

L. Dennefeld, en su obra “Histoire d’Israël et de l’ancien Orient”, publicado en París en el año 1935, defiende que Moisés pensó en el sacerdocio y en el culto al verdadero Dios, el ceremonial que habían de seguir los levitas en torno a la tienda-santuario que guardaba el arca de la alianza y en torno al altar y dio las instrucciones litúrgicas a seguir en los diferentes sacrificios. Quitarle a Moisés esta preocupación por el culto divino y afirmar que el llamado código sacerdotal en su integridad, se hizo después del exilio (Éxodo) para el servicio del Templo construido en tiempos de David, es confundir el resultado de una evolución secular con una legislación inicial. ¿Cómo representar un legislador genial, como Moisés, que vivía en un mundo profundamente religioso, que gozaba de íntimos coloquios con Dios y que él no pensara ni en el sacerdocio ni en el culto que habría de tributarse a Yahvé? Moisés, un verdadero hombre de Dios, es el primero y el más ilustre de entre los profetas del Antiguo Testamento, hombres elegidos por Dios para que venerasen su santo nombre y marcasen al pueblo sus directrices. Podríamos compararlo con San Pablo: Moisés es el elegido por Dios para dirigir al pueblo de Israel y San Pablo, es el instrumento elegido por Cristo para establecer el nuevo Israel, o sea, la Iglesia o nuevo pueblo de Dios.

En Moisés hubo una doble influencia: la de su madre natural, que era hebrea y cuya educación lo predestinaba a mantenerse fiel a Yahvé y la de la corte de Egipto, que hizo de él un egipcio culto, capaz de gobernar a su pueblo y de darle unas leyes con una capacidad poco común en el ambiente de su tiempo. Pero además, Moisés se robusteció en el desierto del Sinaí cuando recibió la primera manifestación divina, que le ordenaba la pesada misión de liberar a su pueblo de la esclavitud de Egipto; era inútil resistirse a este estímulo divino recibido desde la zarza ardiente.

"El hallazgo de Moisés", óleo de Frederick Goodall (1885). Auckland Art Gallery, Nueva Zelanda.

“El hallazgo de Moisés”, óleo de Frederick Goodall (1885). Auckland Art Gallery, Nueva Zelanda.

Posteriormente, en el Sinaí tuvo lugar el pacto solemne entre Yahvé e Israel, sellado por Moisés con la sangre de las víctimas ofrecidas como sacrificio a los pies del monte. La fe inquebrantable en la alianza con Yahvé fue el pilar fundamental de la propia existencia de Israel. Moisés fue el mediador y, posteriormente, el juez de dicha alianza, celoso guardián del honor de Yahvé, pero al mismo tiempo, pastor amoroso del pueblo que le había sido confiado. Fue Moisés, el autor del código de la alianza (Éxodo, 20, 22-26), y un genial legislador conforme a su preparación cultural e intelectual en la corte del faraón. Por todo esto, hay que decir que la vida y la misión de Moisés fue de una extraordinaria complejidad, que fue la figura más importante del Antiguo Testamento – más aun que Abrahán – y que fue uno de los más grandes genios religiosos de todos los tiempos.

Vivió ciento veinte años, aunque su vocación divina, imprevista y repentina, destaca en su dedicación exclusiva en los últimos cuarenta años de su vida al servicio de Dios y al servicio de su pueblo. En los primeros ochenta años, Dios lo había preparado para que pudiese desempeñar semejante tarea: nació durante el período más cruel de la persecución egipcia contra los israelitas (en la primera mitad del siglo XV a.C. en tiempos de Thutmosis III o entre finales del siglo XIV o principios del XIII a.C.), cuando “todo recién nacido debía ser lanzado al río Nilo”. Él era el tercer hijo de Amram y Jochabed, que pertenecían a la tribu de Leví, siendo sus hermanos mayores, María y Aarón. Era precioso como una flor y, después de haber estado oculto durante tres meses, fue puesto en una cesta de papiro, untada con asfalto y brea y depositada entre los juntos de la ribera del Nilo, “permaneciendo la hermana del niño a una cierta distancia para ver qué sucedía” (Éxodo, 2, 4).

Ellos sabían que la hija del Faraón descendía hacia el río para pasear y bañarse, por lo que preveían que el cesto sería descubierto y la princesa se interesase por el niño, cosa que ocurrió y que fue observado por su hermana María. Viendo que el niño lloraba, la princesa ordenó que se buscase a una nodriza y la propia hermana de Moisés se brindó a buscar a una, por lo que finalmente, fue la propia Amram quién crió a su propio hijo. Cuando el niño creció, la madre lo llevó a la hija del Faraón, quién se hizo cargo de él y le puso el nombre de Moisés, nombre egipcio que simplemente significa “niño pequeño” (común entre los nombres teóforos, como Ahmosis, Thutmosis…). Leed el capítulo segundo del Libro del Éxodo.

"El hallazgo de Moisés", óleo de Sir Lawrence Alma-Tadema (1904). Colección privada.

“El hallazgo de Moisés”, óleo de Sir Lawrence Alma-Tadema (1904). Colección privada.

De esta manera, la Divina Providencia procuraba al futuro guía y legislador de su pueblo, una educación cultural perfecta, hebrea de nacimiento y egipcia de adopción, por lo que tuvo acceso a la literatura egipcia, a la literatura acádica (a los mitos, leyendas y legislación babilónicas) y a la lengua, costumbre y leyes de los hititas. Asimismo, un elemento decisivo fue la formación religiosa que mamó de los pechos de su madre, lo cual fue predestinado por Dios, que había dirigido los acontecimientos de modo que la influencia de la corte no lo apartase del sufrimiento del pueblo. La Biblia no da muchos más detalles sobre los más de cuarenta años que Moisés pasó en palacio, sino el final del mismo y solo de manera indicativa y significativa.

El Libro de los Hechos de los Apóstoles (Act., 7, 23) nos dice: “Cuando hubo cumplido la edad de cuarenta años, le vino al corazón el visitar a sus hermanos, los hijos de Israel”. Fue entonces cuando pudo comprobar cuán penosos eran sus trabajos, “observando como un egipcio golpeaba a uno de los hebreos, sus hermanos. Entonces, mirando a todas partes y viendo que no aparecía nadie, mató al egipcio y lo escondió en la arena” (Éxodo, 2, 11 y sig.).

La grandiosidad de la capital, la fertilidad de sus tierras, el encanto de aquella región, el lujo y el bienestar de la corte no hicieron que Moisés se olvidara de la suerte que corría su gente, a los cuales, se acercaba para animarlos, instruirlos quizás, tal vez, añorando las glorias del pasado, desde Abrahán hasta José, recordando las promesas hechas por Dios a estos antepasados y exhortándolos a la confianza y a la esperanza de su cumplimiento. En el estudio de la cultura babilónica y de las costumbres ititas, revivía la historia, el marco geográfico, las costumbres de sus ancestros. Tomó más conciencia de lo que significaba las tradiciones de su pueblo, la superioridad absoluta derivada de la revelación divina que había determinado que Israel fuera el depositario de esos designios. Eran unas tradiciones admirables que habían sido guardadas celosamente por los patriarcas y transmitidas fielmente de generación en generación. Todo esto, hizo tal vez que Moisés viera que detrás de aquella dura persecución egipcia estaba la mano de Dios, que quería recuperar a los indolentes hebreos a fin de que volvieran a desear la tierra de Canaán, “la tierra prometida”. Era la ocasión providencial para dar cumplimiento a la primera parte de la alianza hecha por Dios con Abrahán: “Haré de tu descendencia una gran nación” (Génesis, 17, 1-8).

Moisés y la zarza ardiendo. Mosaico bizantino.

Moisés y la zarza ardiendo. Mosaico bizantino.

Pero el asesinato del egipcio fue conocido en la corte del Faraón. Entre los judíos no faltaban los delatores, que a fin de conseguir algunas ventajas eran capaces de vender a los suyos. “Al día siguiente salió y vio a dos hebreos que reñían; entonces dijo al que maltrataba al otro: ¿por qué golpeas a tu hermano? Y él respondió: ¿Quién te ha puesto a ti por príncipe y juez sobre nosotros? ¿Piensas matarme como mataste al egipcio? Entonces Moisés tuvo miedo y dijo: Ciertamente esto ha sido descubierto. Oyendo el Faraón acerca de este hecho, procuró matar a Moisés, pero Moisés huyó del Faraón y habitó en la tierra de Madián” (Éxodo, 2, 13-15). No estaba lejos de la verdad, se veía una conexión expresa entre la respuesta del delator y la noticia que había llegado a oídos del Faraón. Fue un episodio que, aunque doloroso, tuvo que golpear la mente de Moisés haciéndole ver que aunque fuera benevolente con los suyos, tenía que tener mucho cuidado. En realidad, ese episodio era un presagio: sería la respuesta del pueblo de Israel a quien tanto bien le hizo sacándolo de Egipto y al que tantas pegas puso en su deambular por el desierto.

Moisés se marchó al desierto, más allá de los límites orientales del delta del Nilo, viviendo durante algún tiempo en la parte sur-oriental de la península del Sinaí. Allí, vagó como un nómada entre las tribus madianitas que estaban emparentadas con los hebreos. Moisés encontró una buena acogida en casa de uno de ellos, llamado Jetro, quién le dio a su hija Séfora como esposa. En el silencio del desierto y cuidando el rebaño de su suegro, revivió como fugitivo, el deambular de los patriarcas por las tierras de Canaán bajo la suprema vigilancia de la Divina Providencia y recordó el gemido de su pueblo bajo el yugo de los opresores. La soledad, sus pensamientos, así como la dura vida de los nómadas del desierto, creó en él el ambiente más propicio para dedicarse a la meditación. Egipto le había dado una vida cortesana, una cultura, una vida social, el conocimiento de muchas personas, pero también le había dado una mezcla de bondad, de incomprensión y de maldad: la naturaleza en su expresión más genuina, desnuda y grandiosa al mismo tiempo. Había visto las obras de los hombres que tanta sangre había derramado en las construcciones faraónicas y ahora percibía claramente, sin distracción alguna, la presencia indiscutible de un Ser Supremo. “El hombre es como la hierba, sus días florecen como la flor del campo: sacudida por el viento, desaparece sin dejar rastro alguno. Pero el amor del Señor es eterno y siempre está con los que le temen; su justicia está con los hijos de sus hijos, con los que cumplen su pacto y se acuerdan de sus preceptos para hacerlos realidad”, cantaría David siglos más tarde. (Salmo 103, 15-18). Moisés tuvo conciencia de su propia debilidad, pero también la tuvo sobre la magnanimidad de Dios para con su pueblo.

"Dios se aparece a Moisés en la zarza ardiente", óleo de Eugène Pluchart (1848). Catedral de San Isaac, San Petersburgo (Rusia).

“Dios se aparece a Moisés en la zarza ardiente”, óleo de Eugène Pluchart (1848). Catedral de San Isaac, San Petersburgo (Rusia).

El mismo Yahvé lo atestiguará: “Oíd mis palabras: Cuando haya entre vosotros un profeta, me revelaré a él en visiones y en sueños, hablaré con él. No así a mi siervo Moisés, que ha demostrado que es el más fiel en toda mi casa. Con él, yo hablaré cara a cara, claramente y no a través de figuras y verá la presencia de Yahvé”. (Números, 12, 6-8). El sentimiento de profunda humildad aparece vivamente en las primeras apariciones. Dios lo llama, mientras él está en el Monte Sinaí, desde una zarza en llamas que no se consume: “Moisés, Moisés; quítate las sandalias de los pies porque el lugar que pisas es un lugar sagrado” (Éxodo, 3, 4-5). Es Dios mismo el que le habla; la zarza ardiente es el símbolo de su santidad; Él es el Dios de los Patriarcas, ha escuchado el gemido de su pueblo bajo la opresión de Egipto y quiere intervenir para liberarlo y conducirlo a Canaán, formando una nación. “Yo te enviaré al faraón para que los deje salir en libertad. Entonces Moisés, respondió a Yahvé: ¿quién soy yo para que vaya al Faraón y saque de Egipto a los hijos de Israel? Y Dios le respondió: Ve porque yo estaré contigo” (Éxodo, 3, 10-12). “Entonces Moisés respondió diciendo: He aquí que ellos no me creerán, ni oirán mi voz porque dirán: no se te ha aparecido el Señor” (Éxodo, 4, 1). Y el Señor le dio el poder de hacer milagros atestiguando con estos signos extraordinarios la misión que Dios le había encomendado. Leer Éxodo, 4, 2-9.

Pero Moisés insiste: “¡Ay, Señor! yo nunca he sido hombre de fácil palabra… Y Yahvé le respondió: ¿Quién dio la boca al hombre? o ¿Quién hizo al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy yo Yahvé? Ahora pues, ve y yo estaré en tu boca y te enseñaré lo que hayas de hablar. Y Moisés le dijo: ¡Ay, Señor! envía tu mensaje por medio del que debes enviar”. (Éxodo, 4, 10-13). Pero Dios, que conoce cómo somos, le concede asociarse con su hermano Aarón para que le sirva como portador y transmisor. “Os enseñaré lo que tenéis que hacer. Él hablará al pueblo por ti… y tomarás en tu mano esta vara, con la cual harás los prodigios” (Éxodo, 4, 15-17). Rápidamente, Moisés inicia su nueva vida, realizando su misión con ardor hasta su muerte y con una tenacidad ciertamente heroica.

Moisés y Aarón ante el faraón. Vidriera contemporánea en la catedral de Heights, Washington DC (EEUU). Fotografía: George Reader.

Moisés y Aarón ante el faraón. Vidriera contemporánea en la catedral de Heights, Washington DC (EEUU). Fotografía: George Reader.

Parece que se resiste a la llamada divina, considerándose indigno de una misión tan sublime, pero sometido a la voluntad de Dios, se sintió respaldado cuando surgieron las dificultades. Asume por completo la responsabilidad de todo un pueblo y, en los momentos más difíciles y dramáticos, su única fuerza y su fe están en Dios. Pero no fue débil, ya que cuando se trataba del honor de Dios, sus acciones se caracterizan por una extremada energía: rompe las tablas de la ley y el becerro de oro, recurre a la espada para castigar a los idólatras (Números, 25, 5), mientras que no le da importancia alguna a su propia persona y utiliza con todos su mayor dulzura, incluso con aquellos que le amargan la vida. Ruega por su pueblo incluso cuando este se revela contra él. “Moisés era muy humilde, más que todos los hombres que había sobre la tierra” (Números, 12, 3) y el libro sagrado lo dice, inmediatamente después del episodio celoso y mezquino de sus propios hermanos, Aarón y María, en contra de él. No se preocupa en absoluto de su propia preeminencia; todo lo pone en manos de Dios y se refugia y reconforta en la oración (Éxodo 8, 4-24; 10, 17; Números 11, 11 y siguientes). El Señor habría podido decir de Moisés, lo que dijo de San Pablo en el momento de su conversión: “Yo le mostraré cuánto ha de sufrir por mi nombre” (Hechos, 9, 16).

Y Moisés retornó a Egipto. A Thutmosis III, el faraón opresor que él había conocido, le sucedió Amenofis II; (otros autores hablan de Ramsés II y Merneftah). Junto con su hermano Aarón, se presenta ante los suyos y les anuncia que la liberación está cercana. Les habla sobre la misión que Dios le ha encomendado, les dice que el Dios de sus Padres es “El que es”, inmutable, eterno. “Y habló Aarón acerca de todas las cosas que Yahvé había dicho a Moisés y realizó prodigios delante de sus ojos. Y el pueblo creyó y, oyendo que Yahvé había visitado a los hijos de Israel y que había visto su aflicción, se inclinaron y lo adoraron”, (Éxodo, 4, 30-31).

El paso del Mar Rojo. Lienzo contemporáneo obra de la Dr. Lidia Kozenitzky.

El paso del Mar Rojo. Lienzo contemporáneo obra de la Dr. Lidia Kozenitzky.

Y es entonces cuando se inician las acciones de Moisés y Aarón delante del faraón: le piden permiso para que su pueblo pueda marcharse al desierto para adorar a su Dios. La tenaz obstinación del faraón hace que se desaten las famosas “diez plagas” que sufrió Egipto, probablemente, desde el mes de junio hasta el mes de abril del año siguiente. Las primeras nueve plagas fueron verdaderos castigos, pero la décima plaga, la muerte de los primogénitos de Egipto en la noche del 14 al 15 de Nisan (marzo-abril), fue el golpe último y decisivo. El faraón ya no solo les permite que se vayan, sino que se lo ordena y aquella misma noche se inicia el Éxodo. La dirección que Dios les marca, no es Gaza o Palestina, sino hacia el sur, en dirección al Mar Rojo. El Señor hace que lo atraviesen de manera milagrosa y sepulta en el mar al ejército del faraón. Israel, libre del peligro de Egipto inicia su emigración a través del desierto. Dios les provee del sustento, del maná, de codornices, de agua brotada de las rocas, siendo siempre Moisés el intermediario, el ejecutor de todos estos prodigios. Pasados tres meses, llegaron al Sinaí.

Antonio Barrero

Bibliografía:
“Biblia de Jerusalén, 1967, Bilbao, Imprenta Elespuru Hermanos, S.A.
– DENNEFELD L., “Histoire d’Israël et de l’ancien Orient”, París, 1935
– SPADAFORA S., “Bibliotheca sanctorum” vol. IX,  Città N. Editrice, Roma, 1989

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13 pensamientos en “San Moisés, profeta y legislador (I)

  1. La historia de Moisés siempre me ha parecido una de las más bellas de la Biblia, aunque me solía dejar un regusto amargo porque soy muy “filoegipcia” y porque el texto bíblico derrama no pocas inexactitudes históricas, cuando no calumnias, sobre la cultura egipcia, como de hecho, hace también con otras culturas como la fenicia. Cualquiera que estudia un poco estas culturas y su arqueología verá enseguida las tergiversaciones y exageraciones del texto bíblico; especialmente lo relativo a los pretendidos esclavos que hacían las pirámides, los presuntos sacrificios de niños y cómo no, el polémico tema de las diez plagas de Egipto. No pienso entrar en ello porque me parece de perogrullo incidir en lo que es obvio y lógico para todos, o al menos, para quien quiera.

    Moisés, con todo, en el contexto del relato se revela, como bien dices, una figura inspiradora: elegido de Dios a pesar de su tara a la hora de hablar. Y recuerdo con cariño que cuando mi hermana era un bebé, la acostaban de una especie de cunita de mimbre y se referían a dicha cesta como un “moisés”. Viendo las ilustraciones del bebé encontrado entre las cañas del Nilo, me imagino por qué ese tipo de cunas tomaron el nombre del portador.

    • Tocas un tema muy interesante: el de las diez plagas de Egipto.
      Tu sabes que expertos de todo el mundo han ofrecido diversas versiones científicas, muchas veces controvertidas, que explicarían las diez plagas bíblicas y el éxodo masivo del pueblo hebreo de Egipto. Cada vez son más los científicos que las relacionan con la explosión del estrato volcán de la isla Santorini, situada en el Mar Egeo, explosión datada en ese mismo período de tiempo, que ha sido una de las catástrofes naturales más importantes del Mediterráneo Oriental y que acabó con la civilización minoica de Creta. Sobre esto se ha investigado y escrito mucho. El verano pasado, yo tuve la suerte de pisar por segunda vez el nuevo volcán que está surgiendo en el centro de la gran caldera invadida por el mar.

      En el documental “El Secreto de las diez Plagas” de National Geographic, apuntan a dar una serie de explicaciones climatológicas sobre cómo podrían haberse originado las diez plagas de forma natural. Por ejemplo, explican que la causa habría comenzado con la erupción del volcán de Santorini, en torno al año 1627-1628 antes de Cristo, que habría provocado terremotos que causarían escapes de dióxido de carbono y de hierro cerca del río Nilo, los cuales al entrar en contacto con el oxígeno del aire, formarían hidróxido de hierro, el cual colorearía el agua de color rojo, desencadenando una serie de sucesos que explicarían las diez plagas (eso pasa actualmente en el río Tinto en mi provincia). Esta coloración del agua, el cambio de pH y la falta de oxígeno harían que los peces muriesen, dando esto origen a la segunda plaga – las ranas -, que a diferencia de los peces, pueden salir de las aguas contaminadas; después, la carencia de agua limpia conduciría a los piojos (tercera plaga), las moscas (cuarta plaga) y las epidemias bacterianas entre los seres humanos y los demás animales (quinta plaga).
      El dióxido de carbono mezclado con el aire indujo a la gente a una especie de coma, reduciendo la circulación sanguínea en la piel causando sarpullidos (sexta plaga); entonces cayó granizo con fuego, lo que llamamos granizo volcánico o lapilli (séptima plaga), procedente de la erupción en Santorini. Cuando la nube de cenizas volcánicas alcanzó la estratosfera, se mezclaron con la humedad y formaron una piedra muy similar al granizo; las bajas temperaturas provocaron que nubes de langostas en masa se posasen en Egipto (octava plaga).
      Las nubes de cenizas de 40 kilómetros de altura por 200 kilómetros de diámetro alcanzaron el delta del Nilo y provocaron la oscuridad (novena plaga).
      Después, Moisés había ordenado realizar a los israelitas lo que conocemos como la cena de pascuas, y mientras los israelitas celebraban el ritual de pascua, los egipcios dormían. Entonces la fuga de gas que había provocado las primeras plagas al fin entró en erupción; el dióxido de carbono se filtraría a la superficie, y dado que es más pesado que el aire, mataría por asfixia a la gente que dormía antes de disiparse en la atmósfera. Como los primogénitos de los egipcios gozaban de privilegios por ser los herederos de las propiedades familiares, dormían en camas egipcias, casi pegadas al suelo, mientras que los demás miembros de la familia dormían en los pisos altos y fue esto lo que les provocó la muerte. Los israelitas, despiertos y cenando, habían pintado con sangre los dinteles de sus casas y la plaga pasó de largo. No es que pasara de largo, sino que ellos no estaban durmiendo a ras de suelo. Esa es una explicación bastante lógica.

      Por cierto, en Huelva también se llaman Moisés a esos canastillos donde duermen los bebés.

      • Conozco ese reportaje de National Geographic del que hablas y, con todo respeto a esos investigadores, me convence casi todo salvo eso de los primogénitos durmiendo en camas más bajas y otros en camas más altas. Me parece, sinceramente, una explicación rebuscada y muy forzada. ¿Y si uno de ellos se levantó para orinar en medio de la noche? ¿Y si no podía dormir y estaba paseando en vela? Por otra parte, la emision de gas no llegaría con igual intensidad a la zona de Delta que al Alto Egipto… no, no me convence.

        Para mí, eso es un dato puramente legendario que se añadió para aureolar de gloria el final de las plagas; pero si algo tan brutal como la muerte de cada hijo primogénito hubiese tenido lugar de verdad; estaría registrado en las inscripciones y papiros de Egipto, y no hay la menor referencia a ello, como sí la hay a cosas de igual impacto como la invasión de los hititas o la llegada de los Pueblos del Mar. Conocemos profundamente la cultura egipcia por sus grandes restos materiales y documentales… y he aquí que no se habla de una gran mortandad de primogénitos. Y mucho menos del del faraón, partiendo del hecho de que se ignora qué faraón era precisamente. Pues porque tal mortandad no se dio.

        Por otra parte, plagas de ranas y de langostas eran bastante más que habituales en Egipto, por lo que no debieron impresionar mucho, así como las picaduras o sarpullidos, teniendo en cuenta que se trabajaba en zonas de humedal, también estarían más vistas que yo que sé. Las ranas las comían, por cierto, así que más que plaga, serían una bendición del Nilo. Una de los más de 500 dioses del panteón egipcio tiene precisamente cara de rana.

        National Geographic ha pecado aquí, en mi humilde opinión, de interpretación literal del texto bíblico, cuando es una narración que no se puede interpretar literalmente. Yo no discutiré los aspectos geológicos de lo que describes y está claro que la explosión de Thera está detrás de este episodio de las diez plagas, pero que eso fuera así tal cual, una cosa detrás de otra, y culminara en eso de los primogénitos, es bastante más que dudoso. La explicación más sencilla es la más razonable: hay aspectos del relato de las diez plagas que tienen una explicación geomorfológica, otras, no; por lo que no son más que un añadido literario. Eso creo yo porque entonces, forzando y retorciendo así las cosas, hasta lograríamos dar una explicación científica a algunos hechos narrados en la Ilíada o en la Odisea que no la tienen… aceptando también que estas epopeyas tienen un sustrato de realidad histórica, pero que, al igual que la Biblia, no se pueden interpretar literalmente.

        • Yo no estoy dando por hecho que esa fuera la explicación científica del por qué ocurrieron – si ocurrieron – las diez plagas. Digo que esa es la interpretación que se da en ese reportaje del National Geographic.
          Yo, al igual que tu, no me tomo literalmente muchas cuestiones de las que plantea la Biblia, la más absurda de las cuales es la creación del universo en seis días, pero lo que si admito es que debieron ocurrir unos fenómenos – los que fueran – que hicieron desistir al faraón y dejar que los israelitas se fueran, como mal menor.
          Y lo que si me atrevo a afirmar es que esos episodios naturales, estuvieron en conexión con la explosión de Santorini. Este fenómeno geologico ha sido muy estudiado, está muy bien datado en el tiempo y se saben que tipo de catástrofes naturales llevaron anexas. Seguro que algunas de esas catástrofes, estuvieron relacionadas con el Éxodo, independientemente de que fueran esas plagas o cuarenta distintas, cosa en la que yo no me meto, aunque si reseño ese documental porque es curioso de ver.

  2. Antonio, me ha encantado leer esta historia de la vida de Moisés, una y otra vez desde bien pequeños todos hemos oído hablar de esta bella historia bíblica, seguramente es la mas conocida y difundida en peliculas, libros etc.
    Es curioso ver como Moisés a pesar de tener todas las comodidades en la familia del Faraón, escucho e hizo caso a Dios y con ello pasó a liberar a un pueblo y a proclamar la Ley que Dios le confío, sin duda marco un antes y un después en la Historia.
    La teoría que nos cuentas del National Geographic yo también la conocía, y la verdad sea dicha yo pienso que tiene mucha lógica y podría tener su parte de verdad, aunque como apunta Ana María muchas cosas no se corresponderían con las costumbres de los Egipcios.

    PD: Preciosas pinturas las de Frederick Goodall y Sir Lawrence

    • David,
      está claro que Moisés escucha la palabra de Dios y es dócil cumpliendo lo que el Señor le ordena: liberar a su pueblo de la esclavitud de Egipto, cosa que no le resulta nada fácil y que le traerá muchos quebraderos de cabeza, como mañana veremos.

      Que el faraón nos los dejó marchar por las buenas, está claro porque los israelitas eran mano de obra barata – si no, gratis – y estaban en la base de lo que era la economía egipcia. Era un pueblo esclavizado. Algunos prodigios tuvieron que ocurrir para que el faraón diera su brazo a torcer y esos prodigios, yo estoy seguro que fueron la consecuencia de determinados fenómenos naturales y más concretamente, que estuvieron relacionados con la explosión de Santorini. Todo esto es compatible con todas las interpretaciones que los historiadores quieran y puedan darle a dichos fenómenos. Historia y Ciencia, en este caso como en infinidad de otros, pueden muy bien ir de la mano.

  3. Muchas gracias Antonio. ES verdad que en Valencia disfrutamos de muy poco románico pero, en el poco que tenemos, destaca sin duda la nagnífica puerta de la Almoina en que se representa elprimer retrato colectivo en piedra de una puerta episcoipal. Pues bien, los capiteles historiados de la izquierda representan escenas del Génesis y los de la derecha escenas del Exodo. A Moisés se le reservan los dos últimos capiteles, que incluyen cuatro escenas: Dios se le aparece en una zarza a Moisés , Moisés ruega a Dios con los brazos abiertos, LA institución de los jueces de Israel y la entrega de las tablas de la ley. Recomiendo su visita a quienes no la conozcan.

    • Gracias, Salvador, por este apunte.
      El misterio de la zarza ardiente, la Teofanía que representa, es uno de los episodios del Antiguo Testamento que más me estremecen. Cómo el Dios invisible, se le hace presente a Moisés y lo hace, no solo para darle la misión de sacar a su pueblo de Egipto, sino meses más tarde, para darnos una legislación tan sencilla, pero tan sublime, como los diez mandamientos. El que hubiera “confidencias” entre Yahvé y Moisés, creo que es de los eventos más sublimes de la Biblia, al menos desde el punto de vista de la unión de un hombre con Dios.

  4. Antonio amigo, una disculpa por demorar en comentar tu exposición, acá en México estamos de fiesta por ser el día del padre, y simbólicamente Moisés es el padre de la nación judía aunque suene anacrónico. No se puede hablar de la historia del pueblo de Israel sin referirse a este hombre que está entre la historia y la leyenda, que tal vez sí existió, pero no como lo cuentan. A la par de la exposición de la Nat Geo, que me parece bastante cercana aunque también pudo caer en algunos errores, Moisés pudo ser un líder local importante entre las tríbus de esclavos que huían de Egipto por la vía de los fugitivos, mucho más al sur de la península del Sinaí y que después pudieron unirse a las tribus restantes que huyeron por la ruta de las fortalezas por donde llegaron las codornices y se toparon con el maná hasta unirse definitivamente en el monte Horeb o Sinaí. Para mí, la figura de Moisés fue magnificada como lo fueron Jacob y sus ancestros, lo que no es sino común y típico entre los pueblos cuyas tradiciones en principio fueron orales y ya después durante el reinado de Salomón se escribieron y uniformaron, si bien existen midrash preciosos que nos cuentan relatos alternativos que enriquecen la visión del personaje, como por ejemplo que Moisés se quemó los labios con carbón al rojo de niño y por eso batallaba para hablar correctamente, que por una enfermedad el ángel de la muerte trató de llevárselo en una primera ocasión y Séfora su esposa aplacó la furia del ente circuncidando a uno de sus hijos por él -de hecho, no se menciona que Moisés hubiese sido circuncidado- y otras bellas historias, aunque vienen para el segundo.

    A decir verdad, es difícil no imaginarse a Moisés como un poderoso y enérgico líder no sólo por la lectura del Éxodo y siguientes, Hollywood contribuyó a fijar en nuestras retinas la imagen de Charlton Heston en Los Diez Mandamientos con su vara abriendo el Mar Rojo y para los niños, El Príncipe de Egipto y sus hermosas canciones de fe y esperanza.

    Te comento, aunque erróneamente -quizás- Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, postuló que pudo ser hermano del faraón “hereje” Akenatón -el primer faraón monoteísta- y al fracasar su intento de reforma religiosa huyó con los israelitas y esclavos y les heredó lo que no triunfó en Egipto, aunque Freud metió la pata en más de una ocasión, es un ejemplo de la importancia de Moisés para todos los investigadores, los creyentes y los no creyentes.

    • Ahora que, momentaneamente, dejo de ejercer activamente como abuelo, tengo unos minutos para contestarte aunque sea de manera muy resumida y solamente a alguno de los temas que tocas.
      Para mi, Moisés no es un líder más de una de las tribus que huían de Egipto. Para mi es el líder que es capaz de aglutinar en torno a si, a todos los miembros de las diversas tribus que componían lo que hemos denominado como Israel: las doce tribus. Y, ¿por qué lo creo? Porque dando por sentado que, por mucho que se diga que los cinco primeros libros de la Biblia fueron escritos por él, en realidad no lo fueron y quienes con posterioridad los escribieron, en períodos distintos y con estilos distintos, realmente recogen sus enseñanzas y le dan el papel de líder de todo Israel, luego no es un “cabecilla” más, sino que es el que organiza la salida y guía al pueblo por el desierto durante toda su travesía. ¿Ayudado por otros? Sin duda alguna, pero dando las directrices y encargándose de mantener el contacto directo con Dios. Asi lo ven y así lo escriben quienes compusieron la Torah (Pentateuco).

      Y en cuanto a si estaba circuncidado o no, es verdad que no se dice, pero también es muy probable que sus padres lo circuncidaran a los ocho días de nacer, antes de ponerlo sobre las aguas del Nilo.

  5. Tu artículo estuvo de guay Antonio

    Qué te puedo decir respecto a dicho artículo y al debate entre Ana María y tu.

    Para empezar una duda. Como figura creía que Moisés era considerado más como Patriarca que como Profeta, y menos aún hubiese pensado que fuera en cierto modo más grande que Abraham, siempre creí que Abraham era en el Antiguo Testamento y para los judíos la figura más grande e importante.

    Me agrada cuando en en artículo expresas que Moisés tuvo consciencia de su propia debilidad, pero tambien la tuvo de su propia magnanimidad de Dios para con su pueblo. Un Dios que es amor como dice San Juan. Toda esta reflexión que nos proporcionas de Moisés y una maduración espiritual nunca la había pensado. Hay algo que no me queda claro, asesinó a un egipcio siendo Moisés creo alguien cercano al faraón como hijo de una princesa egipcia y, ¿siendo así tenía que pagar su delito, su crimen? porque si es así ¡GENIAL! y lo digo así porque, en la actualidad y creo que desde siempre los gobiernos se cubren grandes crímenes y quedan impunes, otras veces se les exilia y como en algunos casos que bien conocemos en el pasado siglo “hasta los pontífices les dieron la comunión en público” pero qué descaro, creo que hay conversión pero llegar a estas alturas que poca. Si Moisés asesinó a alguien me alegra en parte de que se le haya buscado para hacerle la justicia correspondiente en aquel tiempo y en aquella nación.

    Sobre el reportaje que mensionas y discutes con Ana María déjame decirte que en parte puede ser posible ¿Dios no se puede basar de cuestiones naturales para realizar grandes prodigios? ¿O todo tiene que salir de la nada? En filosofía siempre hablábamos de CAUSALIDADES y no de CASUALIDADES. Por eso en algunas cosas se le puede dar crédito a este acontecimiento en el Mediterráneo oriental.

    Ana María haces mención de que no existe escritura por parte de los egipcios sobre estos acontecimientos. Creo que como historiadora que eres no me quiero meter a tus dominios pero ¿puede ser que no se haya escrito por omisión, vergüenza por parte de los egipcios? ¿O quizá se escribió y se perdió en la biblioteca de Alejandría? No lo se, son ideas que se me ocurren, porque siendo Antonio Geólogo, comprende que química también de ahi toda la explicación que nos dio.

    No me suelo meter con el AT porque de por sí el NT no lo comprendo, menos el AT. Mejor dejo que los teólogos debatan estas cosas y si algo me llega pues lo leo, y si tengo a alguien a la mano, que me lo explique.

    Gracias por este artículo Antonio 😀

    • Es cierto que mucha información escrita de las antiguas culturas se ha perdido y eso también ocurre en Egipto, pero no tanto como en otras partes porque el clima seco del país era propicio a la conservación de los papiros y de las inscripciones; no digamos ya de los perfumes y las momias, que están prácticamente intactos. No, lo que hemos perdido de Egipto es fundamentalmente porque otros lo han destruido intencionadamente.

      Por lo tanto, si los escritos sobre este tema se han perdido, lo único que prueba esto es que no existen; lo que no se tiene, no se puede afirmar que se tiene; “podrían” haber existido, pero como no lo sabemos, lo que tenemos es que no lo sabemos. No se autentifica una ausencia, sino una existencia, no sé si me explico.

      Dicho esto, me parece improbable el pensar que los egipcios dejaran de escribir algo “por vergüenza”. ¿Sentir ellos vergüenza de lo que les podrían hacer un hatajo de desharrapados a los que tenían en un régimen de pobreza -no tanto de esclavitud, por más que muchos lo den por sentado- y a los que expulsaron cuando les resultaron demasiado molestos? Eso es no conocer la cultura egipcia, una de las más orgullosas de su época. Ciertamente, si las diez plagas los hubieran aterrado y transtornado, como sí lo hizo la invasión de los hititas o los movimientos de los Pueblos del Mar, hubiese quedado más constancia de ello, y no hay ninguna. Es decir, que las pretendidas diez plagas y el éxodo de los israelitas les debieron resultar de lo más insignificante.

      ¿Que por qué le doy más crédito a la ausencia de documentación egipcia que a las menciones de la Biblia? Porque la Biblia es un relato literario y adornado que también derrama acusaciones y calumnias sobre otras culturas, como la fenicia. Los relatos sobre niños sacrificados a Moloch son absolutamente falsos y por mucho tiempo se dieron por auténticos “porque lo decía la Biblia”, pero la arqueología ha demostrado lo contrario. Y no hay más que ver el trato que da la Biblia a Jezabel, hija del rey de Sidón -una reina real, histórica, cuya existencia se ha demostrado arqueológicamente-, porque era fenicia y rendía culto a sus dioses fenicios; promovió su fe entre los israelitas, combatió contra ellos cuando se le opusieron y ellos acabaron destruyéndola. A alguien que hubiese hecho eso del lado de nuestra fe lo llamaríamos héroe y mártir. Para ella sólo quedan los apelativos de blasfema, idólatra y puta.

      Yo soy creyente, pero también soy historiadora y donde la Historia y las pruebas documentales y arqueológicas han demostrado la realidad histórica, doy crédito a ello y no a la Biblia (me refiero fundamentalmente al AT), que no es ninguna crónica fidedigna de los hechos que relata, sino que están envueltos en un manto de tradición y leyenda. Un manto bellísimo, magnífico, inspirador, pero que no hay que confundir con la realidad histórica. En mi humilde opinión, vamos.

      • Emmanuel,
        El hecho de que el asesinato (u homicidio, no se) cometido por Moisés fuera castigado aunque él perteneciese a la familia real, lo que nos demuestra es que la justicia de los egipcios – al menos en este aspecto – era de mayor calidad que la justicia de nuestros días. Eso de que “todos somos iguales ante la ley” no se lo cree ni el que lo pregona. Siempre ha habido y habrá una justicia para pobres y una justicia para ricos y en esto, España está dando fehaciente ejemplo. Por robar un móvil puedes ir a la cárcel, pero si montas toda una extructura de empresas para defraudar y robar, puedes seguir paseándote por la calle sin que ni siquiera el fiscal pida que ingreses en prisión. Pero dejemos la política aparte porque me “embalo”.

        Y con respecto al debate planteado entre Ana y yo sobre el dichoso tema de las diez plagas, no hay contradicciones entre nosotros. Historia y ciencia pueden ir de la mano. Ella hace un análisis histórico como historiadora que es y yo, como soy de ciencias intento buscar explicaciones naturales a relatos de hechos más o menos fantasiosos, más o menos históricos. Yo todo lo circunscribo a la gran catástrofe que supuso la explosión de Santorini, porque coincidió en el tiempo y porque los fenómenos geológicos y químicos que la acompañaron pueden explicar muchas de esas cosas. Y eso es lo que intenta, con más o menos acierto, el documental del National geographic.

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