San Moisés, profeta y legislador (II)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

"Moisés con las Tablas de la Ley", óleo de Rembrandt van Rijn (1659). Gemäldegalerie  de Berlín, Alemania.

“Moisés con las Tablas de la Ley”, óleo de Rembrandt van Rijn (1659). Gemäldegalerie de Berlín, Alemania.

En el artículo de ayer nos quedamos en el momento en el que el pueblo de Israel, guiado por Moisés, llegó al monte Sinaí. En este monte ocurrieron los acontecimientos más importantes y más decisivos de toda la historia de Israel: la constitución de la alianza entre Dios y todas las naciones mediante la publicación de los Diez Mandamientos, hecho que se produjo en una grandiosa manifestación de la teofanía. Moisés aparece con una grandeza sobrehumana, en íntima familiaridad con Yahvé y cuando Aarón y los suyos lo recibieron, su rostro irradiaba luz, que era reflejo del esplendor divino. Pero en este momento solemne también hubo un contratiempo doloroso: el pueblo había caído en la idolatría y se había abandonado al resplandor de un becerro de oro, que habían solicitado fabricar al débil Aarón. Dada la fragrante violación del decálogo de esta alianza apenas aceptada, Yahvé manifestó su intención de destruir a todo el pueblo de Israel y de constituir a Moisés como cabeza de una nueva estirpe, pero Moisés no sólo se negó, sino que se ofreció a sí mismo para salvar a su pueblo, intercediendo ante Dios y consiguiendo su perdón.

Pasado un año, se reanudó el camino hacia el norte y llegados a Cadesh, Moisés mandó a unos exploradores para estudiar el país de Canaán (Números, 13) y así, iniciar su conquista. Ellos informaron de las dificultades, por lo que el pueblo se rebeló contra él y de nada valieron las protestas de Josué y de Caleb, que habían formado parte del grupo de exploradores. Quisieron lapidarlo y que otro, los guiase de nuevo a Egipto. Yahvé intervino: “¿Hasta cuándo ha de irritarme este pueblo? ¿Hasta cuando no me creerán con todas las señales que he hecho en medio de ellos? Yo los heriré de muerte y los destruiré y a ti (a Moisés) te pondré al frente de gente más grande y más fuerte que ellos” (Números, 14, 11-12). Nuevamente intercedió Moisés ante Dios recordándole su misericordia; sus oraciones fueron escuchadas y Yahvé nuevamente perdonó a su pueblo, pero la generación que inició el Éxodo no entraría en la tierra prometida. Todos morirían en el desierto, por lo cual fueron condenados a vagar por él por espacio de treinta y ocho años.

Dios entrega las Tablas de la Ley a Moisés. Mural románico.

Dios entrega las Tablas de la Ley a Moisés. Mural románico.

El oasis de Caleb se convirtió en el centro donde las tribus se cobijaron, con la tienda-santuario (tabernáculo) instalada en el centro como lo había ordenado el gran legislador. Durante aquel largo período de tiempo, Moisés los dirigió, proveyó la organización del culto, recopiló las tradiciones ancestrales y formuló una serie de normas o leyes a seguir. Pero sobre todo, Moisés se ocupaba de educar a Israel en el monoteísmo, en la observancia amorosa de los pactos alcanzados con Dios en el Sinaí, inculcándoles la conciencia de la altísima misión que Yahvé les había confiado: ser la lumbre que iluminara a todos, “la porción elegida entre todas las naciones”, “la reserva real de Yahvé”. (Éxodo, 19, 5 y sig.). De esta manera se estaba preparando la realización del plan salvífico de Dios a favor de toda la humanidad. La alianza con Abrahán, renovada con Israel, tiene como última meta la venida del Mesías, de Cristo Redentor. Israel sería como una especie de levadura entre la masa de todas las naciones, el pueblo de Dios que llegaría a incluir a toda la raza humana.

Compleja fue la tarea de Moisés, al frente de un pueblo que durante toda su historia, ha sido difícil de gobernar, pueblo recalcitrante y revoltoso, por lo que, cuánto más alta era la meta a alcanzar, Moisés se veía más estimulado. Tan fatigoso e infructuoso parecía su trabajo – recriminaciones y rebeliones que fueron castigadas con la muerte de toda aquella generación en el desierto – que el mismo Moisés llegó a desear y a rogarle al Señor que lo dejase morir: “Y si así lo haces tu conmigo, yo te ruego que me des muerte si he hallado gracia ante tus ojos y que yo no vea mi mal” (Números, 11, 15). Pero la nueva generación no pareció mejor que la anterior. Cuando al cabo de cuarenta años ellos reemprendieron la marcha hacia Canaán, se repitieron las murmuraciones, las rebeliones, habiendo incluso casos de inmoralidad e idolatría en las estepas de Moab, ya muy cercana al río Jordán. Sin embargo, aun así, en todo el Antiguo Testamento no se encuentra un período más intenso en milagros y en signos tangibles de la intervención divina. No hubo tanta benevolencia que no fuera pagada con tanta ingratitud.

Vista aérea del monte Sinaí.

Vista aérea del monte Sinaí.

Era la víspera de la salida de Cadesh. Aparecía finalmente el momento de entrar en la “tierra prometida”. Los israelitas se reagrupaban y como no había agua para toda aquella muchedumbre de gente, nuevamente se amotinaron contra Moisés y Aarón: “Y porque no había agua para todos, se unieron contra Moisés y Aarón. Y habló el pueblo contra Moisés diciendo: ¡Ojalá hubiéramos muerto cuando perecieron nuestros hermanos delante de Yahvé! ¿Por qué nos hiciste venir a este desierto para que muramos aquí nosotros y nuestro ganado? ¿Y por qué nos has hecho salir de Egipto para traernos a este lugar? No es lugar de sementera, de higueras, de viñas ni de granadas y ni aun de agua para beber. Y se fueron Moisés y Aarón a la puerta del tabernáculo y se postraron sobre sus rostros y la gloria de Yahvé apareció sobre ellos. Y habló Yahvé a Moisés diciendo: Toma la vara y reúne a todo el pueblo, tu y Aarón, tu hermano y habladle a las rocas delante de ellos y ella os dará su agua y sacarás agua de las peñas y darás de beber al pueblo y al ganado. Entonces Moisés, tomó la vara delante de Yahvé, como él le había ordenado. Y reunieron Moisés y Aarón a todos delante de la roca y les dijo: ¡Oíd ahora, rebeldes! ¿Hemos de hacer brotar agua de esta peña? Entonces, alzó Moisés su mano y golpeó la peña con su vara dos veces y salió mucho agua y bebieron el pueblo y su ganado. Pero Yahvé dijo a Moisés y a Aarón: Por cuanto no creísteis en mi, para mostrar mi santidad delante de los hijos de Israel, no entrará este pueblo en la tierra que les he dado”. (Números, 20, 2-12)

Al límite de sus fatigas, Moisés acogió humildemente este último anuncio que le produjo un gran dolor a nivel personal, pero lo permutó por un sacrificio en favor de ese ingrato pueblo al que tanto había amado. Conquistada la Transjordania y asignándoseles el territorio a las tribus de Ruben, Gad y Manasés, se preocupó ante Dios para que su pueblo no permaneciera como un rebaño sin pastor, indicándole Yahvé que transmitiera su autoridad a Josué y así, en el monte Nebo, Dios le concedió el privilegio de poder contemplar “la tierra prometida”, que había sido la meta de toda su vida. “Subió Moisés de los campos de Moab hasta el monte Nebo, a la cumbre de Pisga que está enfrente de Jericó y Yahvé le mostró toda la tierra de Galaad, todo Neptalí y las tierras de Efraín y de Manasés, toda la tierra de Judá hasta el mar que está al occidente; el Neguev y la llanura y la vega de Jericó, ciudad de las palmeras hasta Zoar. Y Yahvé le dijo: esta es la tierra de la cual juré a Abrahán, a Isaac y a Jacob, diciéndoles: la daré a tu descendencia. Te he permitido verla con tus ojos, pero no la pisarás. Y allí murió Moisés, el siervo de Yahvé, en la tierra de Moab conforme había dicho Yahvé. Y fue enterrado en el valle, en la tierra de Moab, enfrente de Bet-peor y nadie conoce el lugar de su sepultura hasta el día de hoy. Tenía Moisés cuando murió, ciento veinte años de edad y sus ojos nunca se oscurecieron ni perdió su vigor”. (Deuteronomio, 34, 1-7). Y así terminó el Éxodo, en las tierras del Jordán e Israel se estableció como una nación. A Josué le tocó continuar su obra. Hasta aquí, todo lo que sabemos acerca de Moisés según los libros sagrados del Pentateuco.

Vista de la "tierra prometida" desde el monte Nebo.

Vista de la “tierra prometida” desde el monte Nebo.

A este importante personaje del Antiguo Testamento, la Iglesia le rinde culto como santo. Los coptos y los etíopes, lo conmemoran el día 8 de septiembre; los sirios, el 5 de agosto; las iglesias occidentales lo conmemoran el 26 de febrero, el 1 o el 12 de marzo y el 5 de agosto. La Iglesia de Jerusalén lo conmemora con Oficio propio el día 4 de septiembre y ese mismo día es celebrado en el Duomo Patriarcal de Venecia.

Sobre el Monte Tabor existe una gran basílica dedicada a la Transfiguración y en ella también es celebrado, contando asimismo con numerosos templos cristianos dedicados a él en los territorios palestinos. El Martirologio Romano dice el 4 de septiembre: “In Monte Nebo terrae Moab sancti Moysis legislatoris et prophetae”.

Antonio Barrero

Bibliografía:
“Biblia de Jerusalén”, 1967, Bilbao, Imprenta Elespuru Hermanos, S.A.
– DENNEFELD L., “Histoire d’Israël et de l’ancien Orient”, París, 1935
– SPADAFORA S., “Bibliotheca sanctorum” vol. IX, Città N. Editrice, Roma, 1989.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

20 pensamientos en “San Moisés, profeta y legislador (II)

  1. En compensación, querido amigo, voy a ser de los primeros en comentar tu aportación. Resumo lo dicho en mi anterior comentario, Moisés es el padre del pueblo judío y una de sus figuras más emblemáticas, tanto o más que Abrahám aunque no como Jacob-Israel con quien está hombro con hombro. Quizás si contáramos con textos contemporáneos sabríamos mucho más, pero eso es como soñar. Las tradiciones se transmitían de generación en generación vía oral y sólo hasta que el pueblo se consolidó en un reino se pusieron por escrito y por obra e influencia de los poderosos, políticos y clérigos, que exaltaron a Moisés, aunque no fallaron al mencionar sus debilidades, en este caso las espirituales: la fe del hombre se pone a prueba, y un hombre que asumió el control de un numerosísimo pueblo, que además de insumiso era desesperado y demandante, tanto que Jetró tuvo que aconsejarle establecer un sistema de jueces que atendieran los asuntos pequeños y moderados para así bajarle la carga de trabajo que debió sin duda estresarlo como no podemos imaginar. la fe no te salva de la vida y sus momentos duros, los amigos de Dios, los que han experimentado esas teofanías, han sufrido momentos de desesperación y han deseado la muerte -Elías, Jeremías, etc.- y Moisés no se salvó de sentirse humano ya bajando de la montaña y del éxtasis de “ver” las espaldas de Dios y sentirse protegido por el hueco de su mano. Y la fe también se cansa, Moisés se cansó sin duda de la incredulidad del pueblo y por ello no devolvió la gloria a Dios en el episodio de la roca golpeada con su vara… y aunque Dios les impuso una severa sanción, tanto amaba a su pueblo que se ofreció por ellos para que se les perdonara. No me gustan las comparaciones, pero su actitud es redentora, como la de Jesús.

    Amigo, me llama la atención que en el Éxodo y Números haya más de una versión de los diez mandamientos. Me pregunto si efectivamente Moisés los redactó durante su estadía en el Monte Sinaí o si este código cívicoreligioso estuvo inspirado en las leyes de Egipto y del Código de Hamurabi, después de todo fueron culturas contemporáneas a los israelitas, más que por un origen divino.

    Sobre la muerte de Moisés, existe un precioso midrash que relata que no ocurrió a manos del ángel de la muerte, sino que Dios le dio un beso y tomó su alma, sin dolor ni congoja, para llevarla a su seno.

    • Amigo Alejandro,
      Haces un análisis muy correcto, pero yo quisiera precisarte, darte mi opinión sobre alguna cosa.
      Aunque el rol desempeñado por Moisés pudiera tener su parte redentora, jamás se me ocurriría compararlo, ni siquiera de lejos, con el papel Redentor de Jesús de Nazareth, nuestro Dios y Señor. Para los cristianos es el único redentor, el único que nos congracia con Dios, el único que nos salva.

      Y con respecto a lo que tú denominas dos versiones del Decálogo, en primer lugar te corrijo diciendo que no es el libro de los Números, sino el Deuteronomio (5, 6-21) el que nos ofrece una segunda enumeración de los mandatos divinos, que por cierto es muy semejante a la del Éxodo (20, 1-17). Te aconsejo que las compares y si los textos no coinciden al cien por cien es otra señal de que ambos fueron escritos por personajes distintos, como le contesté a Emmanuel en el comentario que me hizo en el artículo de ayer. Pero el mensaje, el mandato es exactamente el mismo.
      También es verdad que cuando Moisés rompió las tablas de la ley y Dios le ordenó tallar dos nuevas, en estas se incluyen además otras normas (Exodo 34, 10-28).

      Que los preceptos dados por Dios a Moisés en el Sinaí, contiene normas cívico-religiosas de otras culturas de la época, es lo más normal del mundo. En qué cultura estaría permitido el asesinato, el robo, la infamia, el maltrato a los padres…, claro que en ninguna, pero Dios reitera que esas normas hay cumplirlas amén de que solo hay que tenerlo a Él como único Dios.

  2. Pobre de Moisés que bueno que tuvo de consuelo al Señor porque el Paracetamol, el Ketoralaco y la Aspirina aún ni sus luces.

    Pero aún no comprendo e porqué no entró a la tierra prometida. Creo que Aaron su hermano es uno de entre dos (no recuerdo el nombre del otro personaje) que son los únicos que salieron de Egipto y entraron a la tierra prometida.

  3. Espectacular los 2 articulos, yo ignoraba de la misma manera que moises fuera considerado Santo de la iglesia (siempre lo considere como un siervo de Dios y Heroe del pueblo judio, nada mas), pero aqui como en otros sitios de la web dicen que moises es Santo y buscando yo en mi calendario, efectivamente lo encontre el 24 de febrero.
    Pero no entiendo, su fiesta se celebra en febrero o en marzo? en agosto o en septiembre? porque tantos dias diferentes en el año?

    • Se que llevas algún tiempo siguiendo los artículos que publicamos en este blog; por eso te digo que no debería extrañarte el que a un santo se le venere en días distintos, según qué calendario, sinaxario, menologio, etc. utilices o según de qué Iglesia se trate.
      No nos ponemos de acuerdo ni siquiera en el día de Pascua o el de Navidad, ¿vamos a hacerlo en qué día ha de venerarse un santo…? Y más en este caso, en el que se desconoce completamente la fecha de su muerte.

  4. Enhorabuena Toño! Más que genial esta segunda parte de la vida de este personaje que es figura del pueblo hebreo tan castigado desde siempre. Igual que muchos compañeros desconocía algunos aspectos de su vida pues las narraciones de la sagrada escritura por su misma estructura literaria llegan a confundir en cierta manera al lector. Es bueno que se hable de esas figuras veterotestamentarias y más en este Año de la Fe pues sus ejemplos nos traen a la actualidad la fe en el único Dios que primero con la Primitiva Alianza y después con la Nueva Alianza del Calvario han sido guía y referente de los creyentes, sea cual sea su denominación. Solo me queda la curiosidad de los famosos “cuernos” de la iconografía de Moisés que Miguel ángel representó literalmente y el por que no aparecen en sus imágenes a manera de varias ráfagas de luz pues siempre vemos solo dos (intento por no representarlo como las imágenes de Cristo??). Bendiciones amigo!!

    • En el caso de la escultura de Miguel Ángel, no son cuernos, sino los dos haces de luz que mencionas. Como en escultura representarlos es difícil y las esculturas de Miguel Ángel no llevan apliques ni añadidos; él optó por darle esa curiosa forma que recuerda a los cuernos, pero no lo son. En las imágenes de Buda existe algo parecido, una especie de moño superior que parece que es un bultito de pelo pero que también es una especie de rayo de claridad que le sale del interior.

      • Daniel,
        En la estatua de Miguel Angel se representa a Moisés con dos cuernos en su cabeza. Se cree que esta característica procede de un error en la traducción por parte de San Jerónimo del capítulo del Éxodo, 34, 29-35. En este texto, Moisés se caracteriza por tener “karan ohr panav” (un rostro del que emanaban rayos de luz), lo que San Jerónimo en la Vulgata tradujo por “cornuta esset facies sua” (su rostro era cornudo). El error en la traducción es posible debido a que la raíz trilítera hebrea krn (en hebreo las vocales no se escriben) puede ser interpretada “keren”, luminosidad, resplandor, o “karan”, cuerno. Cuando Miguel Ángel esculpió el Moisés el error de traducción había sido advertido y los artistas de la época había sustituido, en la representación de Moisés, los cuernos por dos rayos de luz. No obstante Miguel Ángel prefirió mantener la iconografía anterior.

        • Por lo que dices, parece que Miguel Ángel sí le pintó dos cuernos intencionadamente, pero es curioso porque Botticelli realizó pinturas de este profeta anteriores a la obra de Miguel Ángel y sí le pintaba los dos haces de luz.

  5. Esto no es más que una observación gratuita, pero me parece un Dios cruel el que tuvo a su pueblo vagando por el desierto tantos años y al final no le permitió entrar. Que pecaron, está claro, que merecían un castigo, quizás… pero no Moisés ni slo suyos que permanecieron fieles. Y al final sólo le permitió verla con sus ojos, después de años de padeceres, cansancios y tribulaciones. Hablando vulgarmente, se puede decir que eso es hacerle a uno “una gran faena”.

    • Pues si que les hizo una gran faena; no solo para escarmiento de ellos sino para otros, jaja. “Cuando las barbas de tu vecino veas pelar, echa las tuyas a remojar”.
      Pero no me diga que Dios era cruel, aunque desde luego, el Dios del Antiguo Testamento no es exactamente igual al Dios que nos predica Cristo en el Nuevo.

        • Ya se que te refieres a él, al que nos lo representan como vengativo, justiciero, “señor de los ejércitos” y otras lindezas. Era así y todo y los israelitas “se lo comían por sopa”, jajaja.
          Pero también, en algunos libros del Antiguo Testamento nos lo representan con la cara de Padre amoroso que cuida de su pueblo. Nada más hay que leer algunos de los salmos….

  6. ¡Vaya sorpresa! He leído el artículo hace unas horas, cuando aún celebrabamos el día del padre, entonces, dado que mi papá y yo llevamos el mismo nombre, fue una coincidencia muy agradable leer hoy sobre Moisés. Me suge una duda: en el artículo anterior se menciona que el nombre de Moisés significa “niño pequeño”, mientras siempre se ha dicho que significa “sacado de las aguas”; ¿cómo se sustenta esta nueva versión del significado del nombre? Saludos a todos.

    • Moisés,
      Es verdad que en el Libro del Éxodo (2, 10), se dice: “Y cuando el niño creció, ella lo trajo a la hija del Faraón, la cual lo tomó como hijo y le puso por nombre Moisés, diciendo: Porque de las aguas lo saqué”.
      También es verdad que el escritor Flavio Josefo dice que “mo” significa “agua” y “uses” significa “salvado de”, que de hecho coincide con lo que dice el Éxodo, pero hay investigadores que mantienen que el nombre Moisés deriva de la supresión de una parte del nombre egipcio original que él habría tenido, ya que en el antiguo Egipto se colocaba el nombre de un dios antes de la palabra “mses”, como por ejemplo, Ramsés, que significa “hijo de Ra”.
      Cuando Moisés huye de Egipto, reniega de su nombre egipcio y se quedó solo con el nombre “Mses” y ese nombre, en egipcio antiguo significa simplemente “hijo” o “niño pequeño”.

  7. Vaya, parece que ambas versiones parecen llevar algo de verdad. La más tradicional, “salvado de las aguas”siempre me pareció hermosa y muy significativa. Pero en contraste con esa versión en la que Moisés es solo un objeto pasivo pues “ser salvado” le excluye como sujeto de la acción, me emociona mucho esta otra. El nombre siempre marca algo en destino de una persona, entonces, ser “Hijo de N dios” marcaba la pertenencia a un sistema, un campo cerrado de posibilidades, un destino, al cual Moisés pudo decir no. Moisés, siguiendo el impulso de seguir una voz en una zarza, habría sido capaz de cambiar de destino, aunque eso llevara a deshacerse hasta de su primer nombre. Interesante e inspirador.

  8. Hablar o leer de Moisés, es un tema apasionante e interminable. No voy a referis algo que no se haya mencionado. Simplemente ver en Moisés al amigo de Dios, su ministro, su gran colaborador.
    Alguna vez leí que Moisés era el hombre más humilde. Por su medio Dios hizo proezas y sin embargo, el santo supo conservar su lugar.
    Ojalá y que por su intercesión los cristianos recuperemos pronto el deseo de cumplir cabalmente los diez mandamientos. Hoy que todo se permite, el no, no, no, de el decálogo no debe darnos miedo, ni sentirnos reprimidos o limitados. Total, cumplir la ley amando a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo, eso es lo que Dios quiere de nosotros y lo que le agrada.

    • Pues pidámosle que eso se aplique especialmente en Palestina e Israel a vez si de una vez, también con la oración, ayudamos a solucionar el conflicto, pero sin olvidar que “a Dios rogando y con el mazo dando”.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

CAPTCHA

*