La Sábana Santa (V): cargado con la cruz

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Representación de Jesús cargando con el patibulum, partes de la cruz en forma de tau y el titulus.

Representación de Jesús cargando con el patibulum, partes de la cruz en forma de tau y el titulus.

Todo tenía que ser muy rápido, ya que la celebración de la Pascua hacía que los acontecimientos tenían que desarrollarse con cierta celeridad. La noche de ese primer Viernes Santo de la Historia había sido ajetreada y a poco de amanecer, más o menos sobre las 9’30 de la mañana, los lictores [1] colocaron sobre Jesús el madero de su suplicio. Este episodio es recogido en los cuatro Evangelios.

Como ya apuntamos, la sentencia dictada por Poncio Pilatos fue rápida y concisa: “Ibis in crucem” (“irás a la cruz”). Ya el reo perdía cualquier tipo de derecho y era objeto de todo tipo de vejaciones. Fue a partir del siglo IV cuando se empezaron a representar a Cristo portando la totalidad de la Cruz, pero la verdad es que sólo llevó el patibulum, el madero horizontal, ya que el stipe o madero vertical estaba situado en el lugar donde se llevaba a cabo la ejecución.

El recorrido que tenía por delante Jesús era relativamente corto. Entre el pretorio de la Torre Antonia hasta el Gólgota había entre 600 y 700 metros. Un recorrido cuyo trazado apunta siempre hacia arriba, hasta salir de los muros de Jerusalén por la puerta Efraím, cerca de la cual estaba el monte Calvario. Un camino muy duro para una persona que había sufrido todos los castigos que le habían infringido a Jesús.

Vista de los patibula atados a los tobillos de los reos y entre sí, como sería la marcha hacia el Gólgota.

Vista de los patibula atados a los tobillos de los reos y entre sí, como sería la marcha hacia el Gólgota.

Era impensable que pudiera llevar la cruz completa, ya que ésta podía pesar sobre los 150 Kgs. aproximadamente; además, imposibilitaría la labor de los escoltas, que iban azotando al reo en su camino hacia el suplicio. La ley romana también consideraba cumplida la sentencia si el reo moría en el itinerario al suplicio, como ya se apuntó con anterioridad. Pero en el caso de Jesús, había interés de que muriera en la cruz, como veremos.

El patibulum era colocado sobre los hombros del condenado y de uno de los extremos una cuerda lo ataba con el tobillo, con lo que hacía más difícil el andar. Así, en el tobillo izquierdo se observa líneas sanguinolentas, debido a la señal de la soga que debió llevar atada. También se observa, tal y como indica el Dr. Heller, los pies despellejados, con lo que se deduce que fue descalzo.

En la Síndone, vemos que la espalda en la parte baja de los hombros, existe una zona erosionada, eso era debido al roce del patibulum, el cual, podía pesar sobre los 50 kilogramos. Hemos de tener en cuenta que el Hombre de la Síndone mide 1,81 metros y con tal envergadura, al abrir los brazos nos encontramos con 1’65 metros aproximadamente, con lo que el patibulum debía tener unos 15 centímetros de grosor, aproximadamente.

Pero seguimos. El Hombre de la Sábana Santa tiene erosionadas las rodillas, como más adelante se detalla, y la cara tumefacta. Esto era debido a las caídas. Siempre se ha considerado que Jesús cayó tres veces a pesar de que en ningunos de los Evangelios se dice el número de veces que pudo caer. Aquí, en este punto, podemos señalar que, incluso, el Vía Crucis de 1991 de San Juan Pablo II no hace mención de las caídas de Cristo, mientras que en la anterior versión, podemos ver que es considerado en tres estaciones (las tercera, séptima y novena).

Vista en 3D de las laceraciones en espalda y hombros del Hombre de la Síndone, causadas por el patibulum.

Vista de las laceraciones en espalda y hombros del Hombre de la Síndone, causadas por el patibulum.

Lo cierto es que debió caer muchas veces y, al ir con los brazos abiertos, por llevarlos atado al patibulum, sólo quedaba amortiguar las caídas bien con las rodillas o con el rostro. Así, en la Síndone se representa a un hombre con la nariz desviada; sólo es cuestión de trazar una línea recta que ratifica esta afirmación. Los pómulos están hundidos, bien por las caídas, bien por los golpes y bofetadas que le dieron.

También es interesante la opinión del Dr. Judica, ya que, al estudiar las lesiones de las rodillas, observa que éstas están contusionadas y que se ha encontrado tierra mezclada con la sangre, al igual que en la nariz. Por lo tanto Jesús, camino del Calvario, sólo llevó el patibulum sobre sus hombros, atado a las muñecas y con uno de sus extremos unido por una soga con el tobillo, y el otro extremo unido al reo que le precedía en la comitiva. De lo expuesto se desprende las zonas erosionadas que encontramos en el tobillo izquierdo y en las muñecas del Hombre de la Síndone. La cabeza también golpearía en más de una ocasión con el suelo, con lo que las espinas de la corona se le clavarían con más virulencia.

José Antonio Vieira


[1] Encargados de ejecutar las sentencias de los magistrados.

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Santa María de Jesús Sacramentado Venegas de la Torre, virgen fundadora

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Fotografía de la Santa.

Fotografía de la Santa.

Primeros años
La primera Santa mexicana nació el 8 de septiembre de 1868, en el rancho de La Tapona, municipio de Zapotlanejo, Jalisco. Sus padres fueron Doroteo Venegas y Nieves de la Torre, quienes la hicieron bautizar el 13 del mismo mes en la Parroquia de Nuestra Señora del Rosario, en la cabecera municipal. Allí recibió el nombre de María Natividad, en recuerdo de que vio la primera luz el día del nacimiento de la Santísima Virgen María. Hasta que hizo su profesión religiosa, cambió su nombre por el de María de Jesús Sacramentado, de manera que por mucho tiempo se le conoció como la “Madre Nati”. Y aún luego de su canonización mucha gente la sigue llamando así como muestra de cariño. Natividad fue la última de doce hijos, por lo que siempre recibió un trato especial en su casa. Recibió la Confirmación en la Catedral de Guadalajara por ministerio del Arzobispo de esa ciudad Don Pedro Loza y Pardavé, el 24 de noviembre de 1872.

Doroteo Venegas era un hombre preparado, pues había estudiado en la Universidad de Guadalajara, sin embargo era un hombre de una piedad muy intensa, que al ver el ambiente de liberalismo y racionalismo que se propagaba en la sociedad de entonces, tomó la decisión de vivir en el campo, enfrentando sus duras faenas; como era un hombre de gran corazón, lleno de caridad y de compasión por la carencia ajena sin remedio, prestaba dinero a quien se lo pedía con espíritu de caridad y muchas veces fue aval en casos realmente desesperados, por esta razón, él mismo se vio en apuros económicos por lo que emigró buscando una mejor calidad de vida para su familia.

Así que se trasladó al vecino estado de Nayarit, contratado por la familia Aguirre, unos ricos hacendados para que trabajara en la Hacienda de San Leonel. Por once años vivió nuestra Santa en este estado en diversos municipios: Las Varas, Mecatán, San Pedro Lagunillas, donde aprendió las primeras letras. En este lugar había sido párroco el poeta Bernardo de Balbuena, quien luego sería obispo de Puerto Rico. Este fue el pretexto de Don Doroteo para que su hija se aficionara a la poesía y la literatura, aprendiendo de su propio padre las reglas para hacer versos. Tuvo un hogar donde todos trabajaban en el campo. Su familia fue profundamente religiosa, de las que al atardecer, todos se reunían para rezar el rosario de rodillas y con los brazos en cruz.

Fotografía de la pila donde fue bautizada la Santa.

Fotografía de la pila donde fue bautizada la Santa.

En su casa aprendió a conocer y leer la Biblia pues su padre le platicaba o leía episodios de la historia sagrada, lo que provocaba largas pláticas entre ellos, intercambiando opiniones y consultando sus dudas. También en la parroquia de ese lugar hizo su Primera Comunión cuando tenía nueve años, luego de haber sido preparada por su madre para recibir por primera vez a Jesús Sacramentado y quien lamentablemente falleció al poco tiempo, cuando contaba sólo con cuarenta y dos años. Tal vez esto influyó para que la familia emigrara a Compostela, o fue quizá porque el papá buscaba un mejor empleo.

Compostela fue la sede original de la ciudad y diócesis de Guadalajara. En la parroquia del lugar Natividad creció como una niña muy piadosa, que visitaba con cierta frecuencia y mucha devoción la imagen de Cristo Crucificado llamado el “Señor de la Misericordia”, escultura de tamaño natural que desplazó como patrono del lugar al apóstol Santiago. En este lugar también murió de manera sorpresiva su hermano Higinio y aunque el papá trató de mantener la unidad familiar, por cuestiones económicas aceptó un empleo en Tepic, capital del estado. Entonces tomó la decisión entre dolorosa y valiente de marchar solo a esa ciudad y de enviar a sus hijos a Zapotlanejo, donde estarían bajo la tutela de su hermano Donaciano y su cuñada Teodora. Se despidió Doroteo de sus hijos, quienes no lo volverían a ver en este mundo, pues murió en Tepic en el año de 1887. De su estancia en estas tierras recordará la Santa las planicies costeras de generosos pastos, los campos exuberantes de trigo, el clima tropical, la cañas de azúcar, el negro tabaco, las huertas de fruta como mango, guayaba, coco, piña, papaya, plátano, era como si Dios hubiera puesto en un mismo espacio el color, el sabor, el olor y el calor.

La familia se avecindó en el rancho de Los Zorrillos y allí, nuestra Santa conoció más de cerca la vida de campo y la agricultura. En este lugar había un alto índice de analfabetismo y por esta razón aceptó con gusto dar clases a los niños del lugar, quienes la quisieron mucho porque les daba atención y dedicación. Muchas veces jugaba con ellos y éstos, de manera brusca y llena de confianza, se le trepaban por la espalda cuando estaba de rodillas en el suelo moliendo el maíz en su metate. Esto disgustaba a sus tíos y a su hermana Adelaida, quienes la regañaban por los riesgos que enfrentaba con los pequeños, pero ello no lo tomaba en serio, porque sabía que si los regañaba o los castigaba perdería su confianza y no podría seguir educándolos. Así, la casa se convirtió en una improvisada escuela donde también tuvo que enfrentar muchas veces la impaciencia de su tío, que llegaba cansado de las labores campesinas a su casa.

Fotografía de la Santa en 1905, cuando ingresó en las Hijas de María.

Fotografía de la Santa en 1905, cuando ingresó en las Hijas de María.

Poco tiempo después de la muerte de su padre, falleció también su tía Teodora. En esos días padeció su orfandad de una manera más intensa: arrimada en la casa de unos parientes, sin un futuro seguro y con una soledad cada día más profunda. Ante esta situación, otra hermana de su padre, la tía Crispina, intervino para llevarse a vivir a su casa en Zapotlanejo a María Natividad junto con su hermana Adelaida. Allí le compró una máquina de coser, gracias a ello, desarrolló una habilidad como costurera.

Vocación
En Zapotlanejo fortaleció más su fe y su vocación se fue desarrollando, asistía frecuentemente a misa y siempre comulgaba, participaba en las actividades de piedad comunitarias y leía constantemente la Biblia. El 8 de diciembre de 1898 ingresó en el grupo de las Hijas de María, por esta razón su deseo de consagrarse en la vida religiosa se hizo más intenso. Para discernir sus inquietudes, el. P. Antonio González le prestó el libro de la “Imitación de Cristo” para que lo leyera y lo meditara. En cuanto terminó de hacerlo se lo devolvió, pero el sacerdote no se lo aceptó, hizo que lo leyera cinco veces, así pudo ver con claridad lo que Dios le tenía dispuesto.

El Hospital de Sagrado Corazón de Jesús
En estos años la ciudad de Guadalajara no era la gran metrópoli que es ahora, sin embargo, los servicios sanitarios y de servicio social no eran suficientes. El Hospital Civil, fundado por el Siervo de Dios Don Fray Antonio Alcalde, Obispo de la ciudad y la Casa de Misericordia u Hospicio Cabañas, fundada por el también obispo de esta ciudad Don Juan Cruz Ruiz Cabañas, no eran suficientes para atender a tantos enfermos, desvalidos, huérfanos, ancianos abandonados y menesterosos.

En 1885, la Señora Doña María Guadalupe Villaseñor de Pérez Verdía, (madre del historiador Luis Pérez Verdía) tuvo la inspiración de fundar un hospital luego de atender a un pordiosero moribundo y abandonado en la calle; esta dama era Presidenta de las Conferencias del Sagrado Corazón de Jesús, rama derivada de las beneméritas Conferencias de San Vicente de Paul, que tenía su sede en la Parroquia de San José de Analco. El proyecto fue atendido por el Canónigo de la Catedral tapatía Don Atenógenes Silva, que también era el Director General de dichas conferencias y que luego sería nombrado tercer obispo de Colima. Los integrantes de la conferencias proyectaron la fundación del hospital precisamente en el barrio de Analco, siendo deseado, auspiciado y promovido por toda la sociedad tapatía, pues todos querían este nosocomio como propio y al que se decidió ponerle el nombre de Hospital de Sagrado Corazón de Jesús. Fue inaugurado el 2 de febrero de 1886 y en su fundación se integro para dar atención, un grupo de cinco señoritas, que recibían dirección espiritual de Padre Luis Silva, quien se hizo cargo de la obra cuando su hermano tuvo que partir a Colima como obispo. A este grupo de muchachas el Padre Silva tenía la intención de que algún día se convirtieran en una familia religiosa.

La Santa fotografiada con algunas hermanas en la capilla del Hospital.

La Santa fotografiada con algunas hermanas en la capilla del Hospital.

En noviembre de 1905, María Natividad se distinguía por su vida cristiana ejemplar y su asiduo trabajo en el apostolado, por ello, el sacerdote del lugar la invitó con tres compañeras a participar en unos ejercicios espirituales ignacianos que serían impartidos en la Basílica de San Sebastián de Analco – Santuario de Nuestra Señora del Refugio en Guadalajara. Estos ejercicios darían un rumbo definitivo a su vida. Su vocación ya había tenido que enfrentarse con la oposición de su familia, especialmente de su tía, que la tachaba de ingrata porque la abandonaba y también a su hermana Adelaida. Incluso tuvo que negarse a algún pretendiente que le fue presentado por sus familiares.

Fue pues a Guadalajara y de los ejercicios salió con la convicción de profesar en la vida monástica. Tuvo la opción de ser carmelita descalza en el convento anexo al templo de Santa Teresa de Jesús, así como la de ser salesa. Otra opción la tuvo cuando pensó ingresar en la recién fundada Congregación de las Siervas de los Pobres, que atendía el Hospital de la Santísima Trinidad y que era obra de la hoy Beata Vicenta de Santa Dorotea Chávez Orozco. Alguien le sugirió entonces que ingresara con las Hijas del Sagrado Corazón, que no eran propiamente religiosas y que atendían un hospital en el barrio de Analco. Allí ingresó el 8 de diciembre del mismo año y se quedó definitivamente. Tiempo después murió su tía Crispina, quien dejó como herencia para ella y su hermana cien pesos para cada una. María Natividad renunció a la herencia y la cedió a Adelaida.

Pronto comenzó a servir con alegría y dedicación en el hospital al enfermo y necesitado que se le indicara, y no solo los que ordenaban las autoridades, los mismos enfermos la reclamaban constantemente por su delicadeza y por el cariño que les prodigaba. A ellos los exhortaba a soportar con alegría sus padecimientos y que entre ellos mismos se trataran como hermanos. A cada uno lo conocía y llamaba por su nombre y los acercaba a los sacramentos si lo necesitaban. Tuvo un empeño particular por atender a los moribundos tratando de que recibieran los auxilios espirituales para que dejaran este mundo siendo amigos de Dios. Estaba convencida de que el hospital era la antesala del cielo. Tuvo la paciencia de soportar las faltas de los internos y hasta de disculparlos, como cuando uno se robó un reloj luego de que fue operado de unas cataratas y que no se le cobró nada. Con gracia lo disculpó diciendo: “Es que quedó bien de los ojos”.

Fotografía de la Santa en su hábito de religiosa.

Fotografía de la Santa en su hábito de religiosa.

Aprendió el oficio de farmacéutica para poder hacer y conservar los medicamentos, preparar polvos, jarabes y ungüentos. Todo ello con habilidad y dedicación. Por esta razón se le tuvo la confianza de nombrarla encargada de la sala de operaciones. Luego se hizo cargo de la contabilidad. La consideraban activa, minuciosa y recta. Estas actividades no le impidieron llevar una vida de oración y de reflexión. En 1902 fue nombrada Vicaria de la Directora del Hospital y por ello se dedicó a la comunidad de hermanas más de lleno, atendiendo su disciplina, su vida espiritual y apostólica, trabajando con gran esfuerzo para apoyar en la dirección de la obra. Algunos de sus pensamientos nos revelan su gran espiritualidad: “Antes de hablarle al enfermo de Dios, háblale a Dios del enfermo”. “Quien es misericordioso con los más necesitados del mundo, no quedará desprovisto a su vez de la misericordia de Dios”. “Los viejos son viajeros que se van, hay que conducirlos con toda la ternura posible”. “El agua canta a pesar de encontrarse piedras en el camino, las salta cantando”.

En el año de 1917 se promulgó la Constitución de México con un espíritu liberal y antirreligioso. Por ello, muchas instituciones de servicio social que prestaba la Iglesia Católica se vieron seriamente afectadas. En este tiempo el Hospital estuvo a punto de ser incautado, pese a todo el bien recibían por su medio muchas personas de escasos recursos económicos. Gracias a la intervención de personas influyentes, no se logró el cometido, aunque si fueron expropiadas dos casas anexas con cuyas rentas se ayudaba en los crecidos gastos médicos y alimentación de los enfermos. Eran años previos a la persecución religiosa, sin embargo el Gobernador del Jalisco, Manuel M. Diéguez, reconoció su labor social cuando en 1918 se descarriló el tren que venía de Sayula, Jalisco. Muchos heridos fueron llevados a este hospital, a donde el Gobernador los visitaba casi a diario y a quienes dotaba de carne proveniente de la plaza de toros.

El 25 de enero de 1921, la Mitra de Guadalajara promovió las primeras elecciones canónicas de la comunidad del Hospital, en las cuales, la Madre Nati resultó electa superiora de las hermanas, a pesar de estar enferma en cama. Desde allí tuvo que votar y allí mismo se le notificó su elección.

La Santa en comunidad con las Hermanas.

La Santa en comunidad con las Hermanas.

La persecución religiosa
En el año de 1926 las leyes antirreligiosas promulgadas por el Presidente de México Plutarco Elías Calles, provocaron que el episcopado mexicano suspendiera el culto religioso y como consecuencia, en gran parte del territorio nacional, el pueblo se levantó en armas para defender su derecho de profesar libremente su fe.

En el Hospital del Sagrado Corazón, la Madre Nati tuvo que enfrentar constantes inspecciones, las cuales se realizaban para buscar en ese recinto sacerdotes escondidos, armamento para los rebeldes o información comprometedora. En algunas ocasiones tuvo que esconder el Santísimo Sacramento de pronto para que no fuera profanado. Una vez fue entre las ramas de un árbol de la huerta; otra, en una colmena de abejas, pero las más difícil fue cuando lo escondió en una caja de zapatos y lo llevó a la casa del capellán para que estuviera mejor resguardado. Esta ocasión se hizo acompañar de una religiosa y como el lugar al que iban estaba algo retirado optó por viajar en tranvía. Grande fue su susto cuando dentro del mismo iba una escolta de soldados, quienes muy amablemente les cedieron el lugar a las dos mujeres. Al llegar a la casa del capellán, éste les pidió que consumieran las formas, porque él acababa de desayunar y además, su casa estaba fichada, por lo que el Santísimo peligraba en ese sitio. En lo más recio de la persecución, la Madre Nati mandó a sus religiosas a las casas de sus familias y los ornamentos y enseres litúrgicos los depositó en las casas de gente de confianza, sin embargo, decidió que de una u otra forma el Santísimo Sacramento permanecería en el Hospital. A pesar de los calamitoso de ese tiempo, tuvo el ingenio y la osadía para agrandar y hermosear la capilla del hospital, de poner mosaico en la sala de operaciones y plafón en la botica, construir lavaderos, escaleras y barandales. Es que tenía una muy grande confianza en la Divina Providencia.

Fotografía de la Santa en su hábito de religiosa.

Fotografía de la Santa en su hábito de religiosa.

Fundadora y superiora
La proyección de un instituto religioso con bases legales se debió a la sugerencia del Siervo de Dios Don Miguel de la Mora, Obispo por entones de Zacatecas. Interesado en la pía unión que atendía el hospital, le recomendó a la Madre Nati que redactara unas constituciones para fundar una nueva congregación religiosa y que las sometiera a la autoridad eclesiástica. Aunque ella no tenía la intención de ser fundadora de un instituto religioso, sintió en esa recomendación la voz de Dios. Gracias a sus consejos, muchas meditaciones y reflexiones así como el análisis de las Constituciones de las Siervas de los Pobres, fundadas por la Beata Vicenta de Santa Dorotea Chávez y de la ayuda del Padre Manuel Alvarado, Vicario para religiosos, se pudo consolidar el proyecto en junio de 1924. Antes de ser presentadas al Arzobispado para que fueran sancionadas, recibió todavía el apoyo del R.P. Felipe de Jesús Betancourt S.J., quien con sus recomendaciones pudo orientar oportunamente el proyecto.

En tanto se esperaba la autorización de las constituciones, el ingreso de nuevas vocaciones en el hospital era constante pero no en gran número, pues la Madre Nati tuvo un buen ojo para detectar las vocaciones sinceras, permitiendo que se quedaran las que la tenían y platicando sinceramente con quien no era apta, invitándolas a que buscaran otro proyecto de vida, sin permitir en estos casos que quedara en sus corazones la más mínima sombra de resentimiento. La autorización diocesana de las constituciones se dio al finalizar el conflicto religioso, en julio de 1929. El 8 de septiembre hizo su profesión religiosa, tomando desde entonces el nombre de María de Jesús Sacramentado. Este nombre lo tomó por su gran amor a Jesucristo Eucaristía. Nueve religiosas hicieron ese día su profesión ante el Arzobispo de Guadalajara, Francisco Orozco y Jiménez. Había además seis novicias y cinco postulantes. Por la tarde de esa fecha se eligió el primer Consejo General de la Congregación de las Hijas del Sagrado Corazón de Jesús, quedando electa nuestra Santa como Superiora General.

Este cargo lo ejerció con gran responsabilidad y mucha caridad. Nunca manifestó preferencias por nadie y antes de amonestar o corregir a alguien, hacía mucha oración y penitencia. Contraria a un estilo fiscalizador y sin confundir bondad con debilidad, se mostró como una verdadera madre para sus religiosas. A veces tuvo que enfrentar situaciones difíciles, como cuando una hermana que estaba exaltada le arrojó una escoba llena de agua sucia pero que no le cayó en ella, sino a otra hermana. Callar y tener paciencia fue siempre su actitud para luego, con los ánimos más calmados poder corregir fraternalmente. A las religiosas enfermas las visitaba diariamente y les daba de comer y les administraba sus medicinas. A las que notaba cansadas a media jornada, las mandaba a la cocina para que tomaran alimento y repusieran sus fuerzas. Le gustaba convivir con su comunidad, sobre todo en el recreo y era frecuente que jugara con ellas.

Fotografía de la Santa, fechada el 8 de septiembre de 1925.

Fotografía de la Santa, fechada el 8 de septiembre de 1925.

Concluida la persecución religiosa, los ataques contra las instituciones educativas y de asistencia social seguían siendo amenazadas, por ello y con gran dolor tuvo que hacer que se desmantelara la capilla para que el hospital no fuera confiscado. Sin embargo, en medio de las dificultades, su congregación se fue extendiendo en diversas partes, pues solicitaban su apoyo para ayudar a las personas pobres. La primera fundación fuera de Guadalajara se hizo en el Puerto de Mazatlán, Sinaloa. En este lugar del Océano Pacífico conoció el mar, aunque no se quiso acercar por causa de los bañistas. Se contentó mirando desde la playa y recogiendo conchitas en la arena. Mientras vivió se hicieron dieciséis fundaciones, incluyendo asilos y los puestos de socorros de la Cruz Roja en Guadalajara y Mazatlán. En 1946 el Arzobispo de Guadalajara, Don José Garibi Rivera, reconoció como Instituto de Derecho Diocesano a las Hijas del Sagrado Corazón, en vista de de sus cincuenta años de trabajo y viendo sus frutos de caridad y virtud.

Madre
Para sus religiosas fue como una madre que tuvo siempre la preocupación de su formación tanto espiritual como profesional. Las inducía en el amor a la oración, la práctica del sacrificio y el cumplimiento del deber. Nunca fue autoritaria, pero combinaba la dulzura con la firmeza. Insistía en que sus religiosas fueran muy devotas de Jesús Eucaristía y que lo visitaran constantemente en la capilla. Animaba a sus hijas en el cumplimiento de la vida ordinaria, enfrentando las dificultades con alegría y serenidad. A una hermana que discutía acaloradamente, la tomó de la mano y la llevó a un cuarto donde la sentó y le dijo: “Aquí quédate y repite muchas veces: Jesús, manso y humilde de corazón, haced mi corazón semejante al vuestro”. Un rato después le preguntó: “¿Sigues enojada?” y la otra le respondió: “Ya no madre”. Otra hermana rendida por el trabajo recibió este consejo: “Cada paso que des, di así: por ti Señor, para ti, por tu amor y para tu gloria. Todo hazlo por amor a Jesús”. A otra religiosa espantada por las palabras de carretonero de un enfermo la tranquilizó así: “No hagas caso de esa palabras hija, el enfermo solo quería que te quitaras de ahí, tú sigue atendiéndolo y demos gracias a Dios que nos ha librado de todo eso que nos repugna y escandaliza”. En una ocasión se le acercó una hermana llorando y le decía: “Madre: ¡maté!” “¿Cómo que mataste?”, le preguntó. “Sí, la gallina que le regalaron al Doctor López para alimentar a los enfermos y la maté para que se la comieran las hermanas”. La superiora le dijo: “¿Y ya está cocida la gallina?” “Sí, ya está bien cocida” le contestó. “Bueno, – concluyó la Santa- pues anda y sírvete un buen plato y te lo tomas y ya no te mortifiques más, ya le pagaremos al doctor con otra gallina más gorda”.

Fotografía de la Madre en el jardín del Hospital.

Fotografía de la Madre en el jardín del Hospital.

Pero no sólo las religiosas fueron sus hijas, los enfermos del hospital también sintieron su afecto maternal y sus cuidados. Sentía lástima por todos ellos sin importar la edad, el sexo, la posición social; no distinguía si eran desempleados, prostitutas, mujeres abandonadas, ciegos o sordos, ancianos abandonados. A ellos los alentaba con palabras llenas de esperanza, escuchaba sus necesidades y deseos y luego les daba consuelo y aliento para confortarlos, prometiéndoles que los incluiría en sus oraciones. Estuvo siempre atenta para que no les faltara alimento, medicina, ropa y también atención espiritual, catequesis y sacramentos. Cuando un enfermo moribundo no se quería confesar, redoblaba su oración y se ponía su cilicio, luego se iba a la capilla para orar de rodillas ante el sagrario hasta obtener su conversión. La vida de estas personas que sufrían, siendo muchas veces víctimas de la injusticia humana, que padecían soledad y abandono, pudieron recuperar la autoestima y el deseo de vivir, la seguridad y el reencuentro con el Padre Dios gracias a su labor cotidiana, llena de tesón y de caridad. Es que a todos estos hermanos que sufrían en el cuerpo y en el alma, no los amaba por tener un buen corazón o por simple sentimentalismo. Los amaba porque en ellos veía a Cristo doliente.

A los médicos y trabajadores del hospital tuvo también un amor maternal. Les recomendaba vivir cristianamente, cumplir sus obligaciones con alegría, los invitaba a que se acercaran a los sacramentos, sentía realmente que el personal médico y administrativo formaba una gran familia junto con las hermanas y los enfermos. Hubo un caso en que un trabajador la demandó injustificadamente y poco después enfermó gravemente sin que quisiera confesarse. Un sacerdote que fue a visitarlo, sin que fuera enviado por la Santa, le dijo que lo enviaba la Madre Nati para que se confesara. El enfermo se reanimó y dijo, “Si la Madre Nati lo manda, entonces si me confieso”. Luego murió reconciliado con Dios.

A los sacerdotes enfermos los recibía gratuitamente así como a los seminaristas. Sí estos eran pobres, les procuraba ropa y ayuda económica para sus libros. A uno recién ordenado le dijo: “Vive tu sacerdocio santamente, porque vas a ser obispo”. El seminarista se llamaba José Soledad Torres y cuando lo nombraron Obispo de Ciudad Obregón, en Sonora, decía riendo que era obispo por gracia de la Sede Apostólica y de la Madre Nati. Este Obispo moriría asesinado en circunstancias aún no aclaradas.

Vista del Cristo Crucificado que la Santa tenía en la cabecera de su cama.

Vista del Cristo Crucificado que la Santa tenía en la cabecera de su cama.

Espiritualidad
Mujer de oración, por medio de ella respiraba su alma. Pasaba largas horas delante del Santísimo Sacramento. Meditaba constantemente la Pasión de Cristo. En 1947 tuvo una visión en la que veía a Cristo Crucificado que se desprendía de la Cruz y la abrazaba mientras ella le podía besar el hombro derecho. Para unirse más a los sufrimientos de Cristo, practicaba muchas penitencias: cilicio, fidelidad a la regla, ayunos prescritos, abstinencia de dulces y frutas preferidas, limitarse a pasear aún dentro del hospital, viajaba en transporte de menor calidad y mayor incomodidad. Decía: “El peso de la cruz es muy sensible para aquel que la lleva a cuestas, pero no para el que se abraza a ella”.

Puntual en el cumplimiento del deber y muy responsables en sus actividades, no quería que se le hiciera preferencia alguna y por ello siempre comía lo que la comunidad, aunque a veces en platos más pequeños, para que no se notara lo escaso que se le servía. Si era necesario levantarse de la mesa para atender algún asunto, lo hacía sin preocuparse y luego volvía al refectorio. Vivió de manera sencilla, casi pobre. Su espacio de trabajo, su habitación, así como sus muebles y utensilios destacaron por su sobriedad. Todos los bienes los consideraba comunes. Tuvo un tesoro: una paloma que muchas veces la buscaba en el convento y en el hospital y que llegaba volando y se posaba en su hombro cuando la localizaba. Alguien se molestó con ese detalle y mató al animalito. La Santa nunca mostró agravio por ello ni comentó nada al respecto.

Su amor a la Santísima Virgen María lo llevaba en el nombre y en la sangre. Tenía mucho afecto por la fiesta de la Asunción, de manera que la primera quincena de agosto se volvía una solemne y festiva preparación. Siempre tenía el rosario en las manos e hizo que quienes convivían con ella también lo tuvieran.

Fisionomía
Santa María de Jesús Sacramentado era de baja estatura, pues medía 1.55 m., pesaba entre 70 y 75 kg. Era de complexión robusta, con manos gruesas y pequeñas. Su frente amplia, con cejas pobladas y arqueadas, ojos de color café oscuro y nariz ancha. Su color de piel era morena clara y tersa. Caminaba con agilidad. No era bonita, pero su presencia era agradable. Poseía una voz muy clara. Siendo muy sencilla, tenía cierta elegancia en su manera de vestir y al caminar. También usaba anteojos.

Cama donde murió la Santa.

Cama donde murió la Santa.

Ancianidad y últimos años
Fue reelegida Superiora General por varias veces hasta el 12 de septiembre de 1954. Entonces supo pasar la estafeta y ella se dedicó a la oración. Con 87 años cumplidos fue entonces como otra religiosa de las que atendían el hospital y que supo obedecer a la nueva autoridad. En 1955 pido celebrar las bodas de plata de la Congregación.

El 11 de febrero de 1956 sufrió una embolia cerebral que afectó seriamente su salud. Entonces fue una enferma más entre los enfermos, que sufría, pero con paciencia y uniéndose a Cristo en la Cruz. Sus piernas se debilitaron y tuvo que usar silla de ruedas para trasladarse. Esto no la hizo sentir disminuida, al contrario, se hacía trasladar con los enfermos para visitarlos y consolarlos. Casi se recuperó de la hemiplejía, por eso cuando podía, ella misma aseaba su cuarto y a veces cocinaba personalmente. Dicen que tenía una muy buena sazón y que guisaba muy sabroso. A veces cuando le ponía sus inyecciones, las cuales le molestaban mucho, no se quejaba sino solamente decía: “Por ti, por tu amor por tu gloria”.

En agosto de ese año, la víspera de fiesta de la Asunción, mientras veneraba la imagen yacente de la Virgen, adornada como todos los años para esa ocasión, se puso a llorar fuertemente. Le preguntó la hermana que la atendía qué le sucedía y le respondió. “Tengo ganas de ver a la Virgen. Muchas ganas de ver a la Virgen”. Con 91 años, no temía a la muerte y decía: “Sí, deseo morir para estar con el Señor, por eso, no se debe temer a la muerte. La muerte no es algo que sucede, es alguien que viene”.

La Santa en su funeral, de  cuerpo presente. Nótese que sus facciones rejuvenecieron.

La Santa en su funeral, de cuerpo presente. Nótese que sus facciones rejuvenecieron.

El 26 de julio de 1959, luego de estar muy grave, pudo levantarse para asistir a misa, era el día de Santa Ana, a quien tenía mucho afecto. La comunidad se asombró cuando la vio en la capilla. Fue la última misa a la que asistió. El día 28 una hermana la vio que sonreía largamente y al preguntarle la razón de su sonrisa, le contestó: “Miro cuántos pollitos, pero no tienen madre”, dando a entender que pronto las dejaría huérfanas. El día 29 tuvo un síncope cardíaco, recibió pronto la absolución, la bendición papal y los auxilios espirituales, pero no pudo comulgar por su estado. Más tarde, el P. Efrén Figueroa, que le decía “abuelita” y ella le llamaba “nieto”, logró que comulgara una pequeña partícula de una hostia consagrada. Le dijo: “Es Jesús, abuelita. Acuérdese que usted es de Jesús Sacramentado”.

Por fin murió a las 6.45 de la mañana del 30 de julio con una sonrisa en los labios. Fue velada en el hospital y al día siguiente a mediodía, el Cardenal Garibi presidió sus funerales en la capilla del hospital. Muchísima gente participó en esa misa y mucha más la acompañó luego en su cortejo fúnebre para ser sepultada en el Panteón de Mezquitán.

Vista del sepulcro de la Santa en la capilla del Hospital.

Vista del sepulcro de la Santa en la capilla del Hospital.

Fue beatificada junto con los mártires Cristóbal Magallanes y compañeros en la Basílica de San Pedro en el Vaticano por el papa San Juan Pablo II, el 22 de noviembre de 1992. Junto con ellos y el Beato José María de Yermo, fue canonizada por el mismo Pontífice el 21 de mayo de 2000, en el marco del Gran Jubileo. Su memoria litúrgica se celebra el aniversario de su muerte.

Humberto

Bibliografía
– PEÑALOSA, JOAQUÍN ANTONIO. “Yo, Sor María de Jesús Sacramentado” Editorial Jus. México. 1991.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Santa Oliva (Olivia), mártir de Palermo

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Imagen de la Santa venerada en su parroquia de Palermo, Italia.

Imagen de la Santa venerada en su parroquia de Palermo, Italia.

La mártir a quien haremos referencia hoy, de curioso nombre, es una de las llamadas Santas Protectoras de Palermo, muy veneradas en esta ciudad y en Sicilia en general -en compañía de las también mártires Águeda, Lucía, Cristina, Ninfa y la virgen ermitaña Rosalía– y también en otras zonas, pero de la que hay que desbrozar la florida leyenda de la escasa realidad, como suele suceder en tantos casos.

En las fuentes antiguas, tanto latinas como griegas, es una perfecta desconocida, pues ninguna de ellas la menciona, debido quizá, a que la leyenda la sitúa en el siglo X, ya en la temprana Edad Media. La primera vez que se hace mención de ella es en el Breviario galo-siculo, que es del tiempo de la conquista normanda de Sicilia. Pero como siempre, su biografía está tan llena de noticias falsas que no permiten ni darle una personalidad precisa ni de concretar cronológicamente su existencia, aunque sin embargo, nadie duda de su existencia histórica.

Esclava, predicadora y mártir
Su Vita más antigua aparece en un leccionario del siglo XV. Se trata de un relato fantasioso, sin ningún elemento positivo. Según esta insulsa narración, Oliva (u Olivia) fue una niña noble, nacida en el año 906 en la siciliana ciudad de Palermo, que a los 13 años fue raptada por los sarracenos en el contexto de la invasión por los mismos de la isla. Fue de inmediato deportada a Túnez y vendida como esclava a causa de su floreciente belleza. Otras versiones, sin embargo, sitúan el relato en la Antigüedad pagana y dicen que fue exiliada a Túnez por ser cristiana, por orden del prefecto de Palermo. Sea como fuere, llegó a Túnez y allí empezó a predicar y a convertir personas al cristianismo; llegando incluso a efectuar, en el nombre de Cristo, curaciones milagrosas, pues se dice que devolvió la vista a dos ciegos.

Las predicaciones y portentos de la pequeña disgustaron profundamente a sus amos musulmanes, quienes, queriendo librarse de ella, la abandonaron en el desierto con la esperanza de que muriera de sed o la devoraran las bestias salvajes. Pero esto no sucedió, sino que Oliva, completamente ilesa, convivía inocuamente con leones, serpientes y dragones (!!!) sin que ninguna de estas alimañas la agredieran en absoluto, en cambio, la respetaban y la reverenciaban (!!).

Sin embargo, cierto día fue hallada por algunos cazadores de una tribu nómada, que la recogieron y tomaron como esclava. Intentaron abusar sexualmente de ella, pero Oliva debía tener gran capacidad de persuasión y mucha inspiración, ya que no sólo evitó que la mancillasen, sino que a ellos también los convirtió a la fe cristiana, bautizándolos ella misma. Tenía ella entonces ya 20 años de edad.

La Santa en la cárcel, alimentada con pan y vino por ángeles. Pintura de Gaspare Serenario en la Capilla de la Santa. Iglesia de San Francisco de Paula, Palermo (Italia).

La Santa en la cárcel, alimentada con pan y vino por ángeles. Pintura de Gaspare Serenario en la Capilla de la Santa. Iglesia de San Francisco de Paula, Palermo (Italia).

Exasperados por la influencia de la muchacha, que ellos juzgaban nefasta, las autoridades musulmanas ordenaron su detención. Intentaron hacerla apostatar de su religión y que se convirtiese al Islam, lo que no lograron, por lo que la metieron en la cárcel y le aplicaron tortura: fue flagelada, descoyuntada en el potro, descarnada con peines de hierro y finalmente sumergida en un caldero de aceite hirviendo. Al ver que el líquido mortal no la dañaba, la sacaron de allí y la decapitaron. En el momento de morir, una paloma, simbolizando su alma, surgió de su boca y se elevó hacia el cielo [1], recogida por ángeles que se la llevaron hacia las alturas. Su cuerpo fue recuperado por unos conversos cristianos, llevado a Palermo y enterrado en un cementerio extramuros.

Reliquias y culto
Aunque todos estos cuentos de camino han sido estudiados y refutados por los hagiógrafos sicilianos; sin embargo, durante muchos años se estuvo discutiendo acerca del lugar de nacimiento, época y demás detalles sobre la vida de la mártir, a fin de poder “concretar” algo sobre la Santa, ya que realmente era muy venerada y muy querida por el pueblo. Algunos hagiógrafos han sugerido la posibilidad de retrasar el martirio de la Santa al siglo V (concretamente, año 454) o VI en lugar del X, en tiempos de la invasión de Sicilia por parte de los vándalos liderados por Genserico, y no de los sarracenos. Por lo que quienes la habrían raptado y vendido como esclava en Túnez serían los vándalos, no los sarracenos.

Martirio de la Santa. Lienzo en la catedral de Palermo, Italia.

Martirio de la Santa. Lienzo en la catedral de Palermo, Italia.

Pero ello casa difícilmente con los datos aportados por la passio y por las evidencias documentales, que no la mencionan hasta una etapa muy tardía. Otros, sin embargo, establecen que hay las mismas probabilidades de que fuese en tiempos de los vándalos, que de los sarracenos, porque los datos disponibles son muy imprecisos: lo fundamental es que fue una jovencita cristiana que fue raptada, vendida como esclava y que, para salvaguardar su virginidad y su fe, se enfrentó a los tormentos y murió confesando a Jesucristo [2]. No vale la pena concretar más estas diatribas porque, realmente, no se ha llegado a ninguna conclusión satisfactoria, pero su existencia nadie la pone en duda, aunque no se sepa nada concreto de ella.

Aunque este relato que hemos narrado es del siglo XV, como decíamos, ya en el año 1310 había una iglesia en Palermo que estaba dedicada a ella, pero en aquella época se estaba convencido de que su cuerpo se encontraba en Túnez, y en el año 1402 el rey Martín de Aragón, ni corto ni perezoso, se lo solicitó al califa Abû Fâris Azir.

En 1470, Anselmo Adorne decía que en Túnez se creía que el cuerpo estaba sepultado en una pequeña mezquita, cercana a la Gran Mezquita de Túnez capital y que era llamada “mezquita de los olivos” o “mezquita de Oliva” (en árabe, Jāmiʿ al-zaytūna, de donde deriva nuestra palabra para el fruto del olivo: la aceituna). Esto dio lugar a una curiosa creencia que se hizo popular entre los devotos de la Santa: que la mártir era venerada tanto en la Palermo cristiana como en la Túnez musulmana, siendo celebrada el 10 de junio tanto por cristianos como por musulmanes. Incluso se dice que los tunecinos tenían un dicho popular que decía: “Desdichado el que hable mal de la mártir Santa Oliva, porque Alá con toda seguridad lo castigará”.

Este bonito relato de acercamiento entre dos religiones históricamente enfrentadas no sería cierto según unos escritores árabes del siglo XIII, quienes afirman que el nombre de la mezquita se debía a que estaba cercada de olivos o que en su patio tenía un gran olivo; y que su nombre no podía derivarse de alguna antigua iglesia existente en el lugar y dedicada a la Santa, construida como su tumba, como popularmente se creía. Sin embargo, hay quienes dudan de estas teorías, ya que el culto a Santa Oliva en Sicilia proviene de Túnez. Pero conociéndose las estrechas relaciones y las vicisitudes históricas en el transcurso del tiempo entre estas dos regiones, esta hipótesis parece menos absurda cuando se quiere explicar el origen, la historia y las incertidumbres de la mismísima passio.

Relicario del siglo XV con el cráneo de la Santa. Iglesia de Nuestra Señora de Tongeren, Bélgica.

Relicario del siglo XV con el cráneo de la Santa. Iglesia de Nuestra Señora de Tongeren, Bélgica.

Sea cual sea la verdad sobre la existencia histórica de Santa Oliva, lo que sí es cierto es que su culto en Palermo se difundió a otras muchas ciudades sicilianas, como Monte San Giuliano, Termini Imerese, Alcamo, Pettineo, etc. También se la venera en alguna ciudad española, como Olesa de Montserrat en Cataluña, que la tiene por patrona. Su fiesta se celebra, como ya he dicho, el día 10 de junio.

El mismo proceso de relegación y olvido ha ido sufriendo la Santa en su misma ciudad de Palermo, siendo eclipsada especialmente por el culto a Santa Rosalía. Es muy importante no confundirla con otra Santa llamada Olivia, que es una virgen eremita de Anagni.

La Santa aparece en la iconografía como una joven mártir -no una niña, sino una muchacha ya, siguiendo la passio que le atribuye 20 años de edad en el momento de su muerte- portando la palma del martirio y una rama de olivo en su mano, en alusión a su nombre, o incluso un puñado de aceitunas (olivas). También es frecuente verla acompañada de un caldero ardiendo o de una fogata, aludiendo al tormento sufrido por su fe cristiana; o incluso, con una cabeza de sarraceno a los pies, aludiendo a su triunfo sobre sus perseguidores.

Meldelen

Bibliografía:
– DI MATTEO, Salvo, La vita avventurosa e il martirio di Oliva Vergine siciliana uccisa a Tunisi, en el Giornale di Sicilia, 12 de enero de 1988.
– VVAA, Bibliotheca Sanctorum (Enciclopedia dei Santi), Ed. Cità Nuova, Roma.

Enlaces consultados (08/07/2013):
http://www.palermoweb.com/panormus/curiosita/santoliva.htm
http://www.santaoliva.diocesipa.it


[1] Este mismo detalle del alma, en forma de paloma, saliendo de la boca de la mártir moribunda se encuentra narrado de forma idéntica en el caso de Santa Eulalia, Santa Devota y Santa Reparata.
[2] Esto ocurre también en el caso de Santa Máxima, que fue esclavizada y martirizada bajo la opresión de los vándalos, o Santa Julia de Córcega, de la que se decía lo mismo, aunque parece ser que se trate de una mártir africana de la Antigüedad.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San Pedro Poveda, sacerdote mártir

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Fotografía más conocida del Santo, utilizada para estampas devocionales.

Fotografía más conocida del Santo, utilizada para estampas devocionales.

Pedro José Luís Francisco Javier Poveda Castroverde, ése era su nombre completo, nació en Linares (Jaén) el día 3 de diciembre de 1874. Sus primeros años los pasó en Linares, centro minero e industrial, uno de los mayores productores de plomo de Europa. Desde muy joven decidió hacerse sacerdote, por lo que con catorce años de edad, en 1889, ingresó en el seminario de Jaén, donde realizó tanto estudios eclesiásticos como seculares, diplomándose en el año 1892. Fue allí donde se enteró de la labor realizada por el padre Manjón en Granada, lo que le ayudó a inclinarse hacia la educación de los niños más desfavorecidos.

En el año 1894 obtuvo una beca para estudiar en el seminario de la diócesis de Guadix-Baza y fue allí donde se ordenó de sacerdote el día 7 de abril del año 1897. Se le confiaron diversos cargos, como el de secretario de la diócesis y confesor del seminario. Toda esta labor la compaginaba con los estudios, consiguiendo en el año 1900 el grado de bachiller y la licenciatura en teología. En el año 1902 comenzó su labor apostólica en las casas-cuevas típicas de aquella ciudad andaluza, viviendo incluso en una de ellas. Viendo que la gente sufría carencias y que incluso vivían en la indigencia, dedicó toda su labor apostólica a los habitantes del lugar, ayudándoles tanto material como espiritualmente; y convencido de la importancia de la educación de los niños, fundó las Escuelas del Sagrado Corazón, aplicando los métodos de la Nueva Escuela, adaptándose a la gente, dando incluso clases por las tardes a los adultos, emulando lo que realizaba el padre Manjón en las Escuelas del Ave María de Granada. En Guadix realizó una intensa actividad de promoción social e intelectual entre los más pobres.

En el año 1906, fue nombrado canónigo de la Basílica de Santa María de Covadonga. Tuvo que animar la vida espiritual del santuario y, al mismo tiempo, mediante lecturas, reflexiones, conversaciones y largas horas de oración, fue captando con una intuición muy particular el problema social, planteándolo en términos pedagógicos. Allí comenzó el proyecto de preparar profesores cristianos laicos que ayudasen a los sacerdotes en las tareas evangelizadoras y a publicar diversas obras sobre la problemática educativa y la formación del profesorado. Era consciente de la realidad de la España de la época, de los problemas de la sociedad civil y de la propia iglesia y trató de ofrecer programas de actuación a todos cuantos estuvieran interesados como él. Con esa intención, en el año 1911, escribió y publicó sus primeros folletos “Ensayo de proyectos pedagógicos para la fundación de una Institución Católica de Enseñanza”, del que se hicieron tres ediciones consecutivas; “Simulacro pedagógico” y “El diario de una fundación” en el año 1912, y “Alrededor de un proyecto”, en el 1913. A lo largo de su vida escribiría muchas otras obras, que aconsejo consultar en la web que pongo en la bibliografía.

El Santo fotografiado con los niños pobres de Guadix, año 1902.

El Santo fotografiado con los niños pobres de Guadix, año 1902.

El año 1911, abrió en Gijón una Academia Pedagógica para maestros y, preocupado por la promoción de la mujer, abrió una Academia Femenina para estudiantes de Magisterio. Proyectaba coordinar a los educadores católicos, de modo particular a los que enseñaban en los colegios públicos, dotándolos de medios complementarios de formación humana, cristiana y profesional. Cuando el mundo científico y secularizado de la época buscaba nuevos modos de entender al hombre y a la sociedad, Pedro lanzó su propuesta con un programa basado en el binomio fe-ciencia, estando sus proyectos impregnados de valores profundamente cristianos y humanos, en sintonía con los tiempos y con amplias perspectivas de futuro.

En el año 1913 fue nombrado canónigo de la catedral de Jaén y en esta ciudad vivió hasta el año 1921, escribiendo durante estos años importantes textos de espiritualidad. Allí consiguió el título de maestro, fue profesor del seminario, miembro de la Junta de Beneficencia, de la Asociación de impresores y de la Sociedad de los Amigos del País; director espiritual del Centro Catequístico de los Obreros y decano de la Academia de Estudios de Jaén. En Jaén recibió la ayuda inestimable de Josefa Segovia Morón, que era una joven estudiante de la Escuela Superior de Magisterio y junto con ella, en el año 1911, fundó la Institución Teresiana, trabajando con profesores y maestros, tomando el peso de la misión de los seglares en la Iglesia. Esta Institución fue reconocida tanto a nivel eclesiástico como civil.

El Santo fotografiado junto a Josefa Segovia y otras compañeras que marcharon a América.

El Santo fotografiado junto a Josefa Segovia y otras compañeras que marcharon a América.

En el año 1921 fue nombrado Capellán Real, por lo que tuvo que trasladarse a Madrid, trabajando activamente en la Comisión Nacional contra el Analfabetismo, dedicada a ayudar a los mendigos y a los enfermos que vagabundeaban por las calles de Madrid; asimismo, colaboró con María de Echarri, que era una periodista fundadora de los sindicatos femeninos católicos. Trabajó por conseguir la aprobación pontificia de la Institución Teresiana, cosa que consiguió del Papa Pío XI en el año 1924 como Pía Unión Primaria, una obra muy compleja, formada por hombres y mujeres especialmente del mundo de la enseñanza y de la cultura, que trabajaban para conseguir transformar humana y socialmente la sociedad, según el espíritu evangélico. La primera directora general de esta Institución sería Josefa Segovia Morón.

Atento al mundo universitario, creó residencias de estudiantes y la Liga Femenina de Orientación y Cultura (Estudiantes Católicas y Juventudes Femeninas Universitarias). Colaboró activamente con quienes sentían la inquietud por los problemas sociales de su tiempo. En el 1927 participó en la fundación de la Academia del Divino Maestro; dos años más tarde aceptó ser uno de los miembros fundadores de la F.A.E. y en el 1934 le ofrecieron formar parte de la Facultad de Pedagogía de una Universidad Católica que proyectaba construirse en Madrid.

El Santo fotografiado durante su estancia en Madrid.

El Santo fotografiado durante su estancia en Madrid.

Participó en la Acción Católica, organizando a los jóvenes obreros y estudiantes y, estando convencido de la importancia que tienen los distintos agentes educativos, especialmente la familia, fue consejero de la Asociación Nacional de Padres de Familia. Toda su actividad estaba orientada a favor de la educación y de los pobres, los cuales eran el objetivo final de toda su labor apostólica. Es por eso, por lo que el año 1930 ingresó en la Hermandad del Refugio de Madrid para servir a los pobres y a los niños huérfanos y abandonados.

La figura de Pedro Poveda era la de un hombre sencillo y su grandeza se basa en la coherencia de su vida, en la claridad de sus ideas y en su absoluta entrega a Dios y a los hermanos. Fue un hombre que lo daba todo sin esperar recompensa alguna, condescendiente y comprensivo con los demás, fiel hijo de la Iglesia a la que amaba con ternura y servía con discreción, poniendo en evidencia la importante función y misión de los seglares en la Iglesia. Vivió completamente entregado a los demás, pero al mismo tiempo, era profundamente espiritual experimentando intensamente su condición de sacerdote. Por esto mismo, diciendo “soy sacerdote de Cristo”, con sesenta y un años de edad, murió fusilado en la mañana del día 28 de julio de 1936.

Fue muy conocido y respetado en su tiempo y el testimonio de sus obras y el recuerdo de su persona han perdurado después de su muerte. En el año 1974, en diversos lugares del mundo se conmemoró el centenario de su nacimiento. La UNESCO incluyó su nombre en un calendario de celebraciones, como humanista y pedagogo, considerándolo “una de las personalidades más ilustres en el campo de la educación, de la ciencia y de la cultura, que ha influido profundamente en el desarrollo de la sociedad humana y de la cultura mundial”.

El proceso informativo de su Causa de beatificación se inició en la archidiócesis de Madrid el día 21 de abril del 1955 y concluyó el día 1 de marzo de 1958. Sus escritos fueron aprobados el 20 de julio de 1960 y el 15 de marzo de 1980, la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos dictaminó la introducción de la Causa. El proceso apostólico fue abierto en la diócesis de Madrid el día 14 de febrero de 1981 y concluido el 15 de abril de 1983, siendo presentado en la Santa Sede el día 2 de mayo del mismo año y declarado su validez el 2 de marzo de 1984.

Sepulcro del Santo, bajo el altar. Centro Santa Maria de los Negrales,  Institución Teresiana, Madrid (España).

Sepulcro del Santo, bajo el altar. Centro Santa Maria de los Negrales, Institución Teresiana, Madrid (España).

El 21 de diciembre de 1992 fue reconocido el martirio y junto con Victoria Díez, miembro mártir de la Institución Teresiana, fue beatificado en Roma por el papa San Juan Pablo II, el día 10 de octubre de 1993. El mismo Papa lo canonizó en Madrid el día 4 de mayo del año 2003, junto con los beatos españoles José María Rubio Peralta, Genoveva Torres Morales, Ángela de la Cruz Guerrero González y María de las Maravillas de Jesús Pidal y Chico de Guzmán. Sus reliquias son veneradas en el Centro Santa María de los Negrales, perteneciente a la Institución Teresiana, a cuarenta kilómetros de Madrid. Su festividad se celebra en el día de hoy.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– GONZÁLEZ, E., “Bibliotheca sanctorum”, App. I, Città N. Editrice, Roma, 1987

Enlace consultado (15/05/2013):
http://www.pedropoveda.org/

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Beato Cristóbal de Santa Catalina, fundador

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Lienzo del Beato repartiendo limosna.

Lienzo del Beato repartiendo limosna.

El Beato Padre Cristóbal de Santa Catalina –Cristóbal López de Valladolid en el siglo-, nació en el seno una familia de labradores, numerosa y católica. Fue en la histórica ciudad de Mérida (Badajoz) el día 25 de Julio de 1638 y a los pocos días fue bautizado en la iglesia de Santa Eulalia de Mérida. Desde muy temprana edad ayudaba a sus padres en las labores de labranza y sufrió los graves efectos del hambre que azotaba su población natal. A todo esto su familia cada vez crecía más y sus padres hacían grandes esfuerzos para sacarla adelante.

Su infancia fue transcurriendo como la de un niño normal, con la excepción de que cuando no contaba aún con los nueve años de edad, fue adquiriendo una enorme sensibilidad religiosa, cosa que le llevó a presentarse al convento de Franciscanos de su ciudad solicitando al padre guardián su intención de ser fraile. El Padre quedó sorprendido por las inquietudes y sabiduría de este niño de tan corta edad y lógicamente no lo admitió, pero sí le dio grandes consejos e invitaciones a participar en el sacrificio de la misa (consejos que le sirvieron durante toda su vida).

Ya como adolescente destacaba por su buen comportamiento, su inteligencia superior al resto y su religiosidad. Por testimonio de sus confesores se sabe que fue gran amante de la penitencia y mortificación corporal, cosa que no abandonó ni aun estando enfermo. Ayudaba como sacristán en el convento de las Franciscanas Concepcionistas, madrugaba mucho para asistir a misa y trabajaba como enfermero en el Hospital de San Juan de Dios. Un día el sacerdote y director de este Hospital, viendo su forma de trabajar y de desvivirse por los más necesitados, le planteó un interrogante, insinuándole su clara vocación al sacerdocio.

Sacerdocio
El joven Cristóbal se planteó por muy poco tiempo el ser sacerdote, a lo que finalmente y muy decidido de su vocación, ingresó en el seminario; durante 5 años se formó y una vez concluida esta formación se ordenó el 10 de Marzo de 1663. Durante un breve periodo de tiempo compaginó a la perfección su ministerio sacerdotal en la catedral con el antiguo oficio de enfermero en el hospital, donde sus paisanos admiraban su labor; y es que Cristóbal se sentía muy realizado en los pobres, diciendo: “Cuán suave es el Señor servido en sus pobres”. Pero pronto fue destinado como capellán en los tercios españoles que luchaban en la guerra de Portugal; fue una experiencia dura y fuerte; ya que pasaba días socorriendo a los heridos, escuchando las últimas confesiones y todo ello en primera línea del frente abierto. Explican sus biógrafos que muchas veces escapó de una muerte segura inexplicablemente: un día, estando recostado en un árbol, éste fue alcanzado por una bomba de cañón, el árbol quedó destrozado y él se libró saliendo ileso; en otra ocasión iba montado a caballo junto con su pelotón y súbitamente su caballo se desbocó, desviándose bosque adentro, cosa que lo salvó de una emboscada que sufrió su pelotón, donde todos los soldados murieron, víctimas de los portugueses.

Lienzo del Padre Cristóbal en la fundación del hospital.

Lienzo del Padre Cristóbal en la fundación del hospital.

Así, hasta que un día, muy enfermo, estuvo a punto de perder la vida y su hermano que luchaba en el tercio lo recogió para llevarlo a la casa paterna de Mérida, donde se repondría de sus graves dolencias. Estando convaleciente, siente la llamada de Dios a una vida de soledad y penitencia, lo consulta con un sacerdote, pero en su interior no terminaba de decidirse y mientras tanto le ofrecen buenos trabajos, que él rechazó por no tratarse de lo que buscaba. Una desgracia inesperada, el asesinato de una gran amigo suyo sacerdote, le hace meditar y dar el pequeño paso que le faltaba para una vida más llena y cercana a Dios. Se enteró que la sierra de Córdoba se hallaba un eremita y hacia allí se dirigió, con la esperanza de ser admitido.

Una vida como ermitaño
Era el año 1667 y el padre Cristóbal se dirigió desde Mérida a Córdoba en busca de otra vida más llena para él: durante este trayecto de más de doscientos kilómetros, se encomendaba a Dios diciendo “Mi ánimo, oh Dios, es servirte en la soledad. Mi viaje no ha de ser por camino conocido. Guíame para que sin ser visto, pueda llegar a donde tu amor me llama”. Finalmente Cristóbal llega al eremitorio del desierto del Bañuelo y, encontrándose con el hermano mayor, le dice: “Soy un pecador que viene buscando quien le enseñe a hallar a Dios por el camino de la penitencia, porque no tiene otro que el que ha pecado. Te pido que me recibas como hijo y me enseñes como Padre que yo prometo ser obediente a tus mandatos”.

Desde ese momento el ermitaño lo acepta y vive como un ermitaño más bajo su gobierno y obediencia, comienza una vida de radicalización en oración, silencio y penitencia. Pero aun pasados los meses no desvela su condición de sacerdote para no ser distinguido entre los demás. Más tarde y durante mucho tiempo sin celebrar misa, lo desveló al hermano mayor. En adelante continua con su vida pero celebrando misa diaria en una ermita que le designaron, también ayudaba en las tareas agrícolas y ejercía la caridad haciendo leña y picón, para dejarlas sin ser visto en las puertas de los más necesitados al caer la noche.

Su biógrafo dijo de él estas palabra,s definiendo su paso por el eremitorio: “El Señor labró a su siervo en los campos y soledad del Bañuelo, para que bien asentado fuese fundamento y principio de la nueva congregación”.

Lienzo del Padre Cristóbal socorriendo a los pobres.

Lienzo del Padre Cristóbal socorriendo a los pobres.

En 1670, atraído por la espiritualidad franciscana, profesó en la Orden Tercera de San Francisco de Asís, donde tomó el sobrenombre de Santa Catalina. Sus grandes virtudes, afabilidad, respeto y buen mando hicieron que los demás ermitaños le propusieran ser su guía y maestro, lo que hizo que se constituyera el congregación de ermitaños de San Francisco y San Diego según el espíritu de la Orden Franciscana.

Hospitalidad franciscana en Córdoba
En sus asiduas visitas a la ciudad de Córdoba, puede ver con sus propios ojos las necesidades por las que pasan la mayoría de sus habitantes, son incontables las personas que pasan hambre. El corazón del Padre Cristóbal de Santa Catalina se estremece y lleva a tomar esta determinación: “Serviré a Dios sustentando pobres”.

El padre Posadas, de la Orden de los Predicadores, su confesor y hoy en día Beato, explica en una carta que teniendo noticia de las graves situaciones por las que atravesaban las mujeres de Córdoba se vio en la obligación de socorrer a los pobres por calles y casas. Y hallando caridad donde emplearse dio comienzo a la obra y fundación del Hospital el día once de Febrero de 1673, a la edad de 35 años.

“No vivir nunca para sí mismo, sino para la pública utilidad”, éstas serían sus palabras al ver nuevamente la tarea que le confía la Providencia. Después de llamar a muchas puertas, finalmente la Cofradía de Jesús Nazareno le cedió un hospitalito de seis camas, no era mucho para tanta necesidad, pero él vio con los ojos de la fe y con el tiempo se convertiría en un gran Hospital. A los pies de Jesús Nazareno le confía que sostuviera esta obra que emprendía diciéndole: “Mi providencia y tu fe mantendrán esta obra en pie”. Él mismo cargaba con los enfermos a hombros hasta llevarlos al Hospital y en muy poco tiempo quiso Dios premiarlo con la primeras vocaciones: uno de los ermitaños del desierto y otras dos mujeres, madre e hija, con los que empezó la nueva Congregación de Franciscanos Hospitalarios de Jesús Nazareno.

Reliquias del Beato Cristóbal el día de su beatificación en la catedral de Córdoba.

Reliquias del Beato Cristóbal el día de su beatificación en la catedral de Córdoba.

El obispo Salizanes aprueba las reglas de la comunidad y sólo tres años después reciben la aprobación de la Santa Sede y Padre Cristóbal redacta las reglas con la espiritualidad Franciscana: Hablar poco, sufrir mucho, amar a todos, amar el recogimiento y resistir las tentaciones del demonio, ocupar bien el tiempo, tratar siempre con la verdad y aborrecer la avaricia, comer sólo para vivir, morir antes que pecar, tener en poco y despreciar las cosas mundanas, leer cosas útiles para el alma, pensar en la muerte, huir de malas compañías, tener a Dios siempre presente y amar muchísimo al prójimo.

Había veces que se aglomeraban muchos niños huérfanos, peregrinos, pecadores, reos y demás personas solicitando su ayuda y él siempre procuraba atenderlos, hasta llegar a entregar sus propias ropas y pagar las dotes de mujeres huérfanas para que se pudiesen casar.

La rama femenina de la Congregación, por disposición del concilio de Trento, debía permanecer en clausura, y se encargaban del cuidado de las señoras enfermas y de todos niños huérfanos. El padre Cristóbal les aconsejaba llevar una vida santa en la oración y en la mortificación, aconsejaba a sus enfermos la oración diaria y las prácticas de algunas devociones como el Vía Crucis, pero los comienzos no estuvieron exentos de problemas, pues algunos miembros renunciaron por considerar aquella vida propuesta por el padre muy exigente con los pobres y para los pobres. Él, aun así, no perdía la paz y decía a Jesús Nazareno: “Váyanse sus caridades, Dios no me ha de faltar”. A pesar de la falta de recursos siguió adelante y en situaciones límites siempre contó con la ayuda de Dios. Se cuentan milagros como el de las monedas y el arca llena de pan.

Su constancia en la oración era de tal importancia para él que, fatigado por los quehaceres del día se adormecía; y para que no se volviese a repetir ese hecho, halló un remedio ingenioso: se arrodillaba en una columna trunca de piedra en difícil equilibrio “Si te duermes y caes has de romperte la cabeza, ten cuidado Cristóbal siquiera por el cuidado del cuerpo, ya que no del alma”.

Jesús Nazareno de Córdoba. A sus pies estaba sepultado el Beato.

Jesús Nazareno de Córdoba. A sus pies estaba sepultado el Beato.

Al padre Posadas le gustaba describirlo como el “Girasol de Dios”, siempre orientado a Dios para cumplir su voluntad; y tal era su intimidad con Dios que en ocasiones se le vio levitar a la vista de todos en el patio de los naranjos de la Catedral de Córdoba.

Muerte y proceso de beatificación
En el mes de Julio de 1690, tras diecisiete años de total entrega, llega a su fin la vida del heroico fundador; y alrededor de su lecho se acumulan muchos de sus hijos para escuchar su testamento espiritual: “La hora es llegada de partida al Señor, pido con todo encarecimiento que atiendan a la honra y gloria del Señor, procurando guardar el instituto con grande humildad de sí mismos, con caridad de los pobres amándose unidos en el Señor”, entrega después de estas palabras su alma a Dios a los cincuenta y dos años, el 24 de Julio de 1690, contagiado de cólera por uno de sus enfermos; como Jesús Nazareno dio su vida por sus amigos.

En 1770, la Sagrada Congregación de Ritos declara válido el proceso de fama de santidad del Siervo de Dios. En el año 2007 dio un gran paso el proceso gracias a un posible milagro acaecido en el año 2002 y que tiene que ver con la curación inexplicable de una mujer embarazada; también este mismo año termina la fase diocesana. En el 2008 comienza la etapa en Roma, donde se analizaron los documentos en las fases médica y teológica. Finalmente el 20 de diciembre de 2012 el papa Benedicto XVI firmó el decreto del milagro, lo que permitió su beatificación, que finalmente se celebró el día 7 de Abril de 2013 en la Catedral del Córdoba, siendo presidida por el cardenal Angelo Amato. Fue la primera beatificación del pontificado del Papa Francisco.

David Garrido

Enlaces consultados (02/07/2013):
http://www.diocesisdecordoba.com/
http://fhjnazareno.org/web/
http://www.artencordoba.com/SEMANA-SANTA/Semana-Santa-Cordoba-Nazareno-cofradia.html

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