Beato Víctor III, papa

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

El papa Beato Víctor III en un antiguo grabado. Abajo aparece la S. de Santo debido al culto antiquisimo que entre los benedictinos se le ha tenido y que fue confirmado por León XIII.

El papa Beato Víctor III en un antiguo grabado. Abajo aparece la S. de Santo debido al culto antiquisimo que entre los benedictinos se le ha tenido y que fue confirmado por León XIII.

Uno de los papados más cortos en la Edad Media ha sido el del Beato Víctor III, cuya semblanza aquí trataremos de exponer, junto con los pormenores de su fama de santidad, virtudes y acciones en el gobierno de Montecasino como abad, y luego como papa reformador, a pesar del poco tiempo en que ocupó la sede romana.

Su nombre era Daufar de Fausi, nació hacia el 1026, hijo del príncipe Landolfo V, de la familia de los duques de Benevento. Como era hijo único, sus padres cifraron esperanzas en un matrimonio prometedor que continuaría su descendencia, pero el joven se sentía atraído a la soledad del claustro. Hacia el 1047, teniendo apenas 21 años, muere su padre en una batalla y Daufar se ve en la obligación de ocupar su lugar. Aprovecha esta oportunidad para desligarse de los bienes materiales y vivir como ermitaño. Poco después, su familia le encuentra y le desgarran el tosco hábito que llevaba, obligándolo a regresar a su hogar. Es mantenido bajo estrecha vigilancia y, al cabo de un año de encierro, se escapa de su casa para refugiarse en el monasterio benedictino de La Cava, donde pide ser admitido. Ante la perseverancia del joven, la familia acepta su vocación con la condición de ingresar al Monasterio de Santa Sofía en Benevento, donde recibe el nombre religioso de Desiderio.

Buscando la perfección y la unión con Dios, el joven monje estuvo en diversos monasterios para luego probar la vida de ermitaño en los Abruzos. En el 1054 el Papa San León IX le mandó llamar a Roma donde continúo al servicio del papado hasta Víctor II. Terminó por fin uniéndose a los monjes de Montecasino tras una peregrinación a la cuna del monaquismo benedictino.

El Papa Esteban IX, anterior abad de Montecasino y quien aún retenía tal título, convocó a la elección de un nuevo abad del monasterio. Desiderio fue el elegido, ocupando así la sede de una de las más importantes e influyentes abadías. El papa le llama de nuevo a Roma en el 1057 con el fin de que el abad fuese su legado pontificio en Constantinopla. Tal misión no pudo concretarse debido a la muerte del pontífice. De regreso a Roma, apoyó la elección del Papa Nicolás II, el cual, antes de permitirle regresar a Montecasino, le otorgó el cardenalato.

Como abad de Montecasino, por más de 30 años, se destacó por la promoción del mismo y la aplicación de la Regla. Durante su gobierno el monasterio alcanza el clímax a nivel material con la reconstrucción de la Iglesia abacial, y reflejándose este esplendor con la ampliación de los edificios y el embellecimiento de los mismos, combinando los elementos arquitectónicos y artísticos de Lombardía y Bizancio.

El Abad Desiderio de Montecasino, Papa Víctor III, recibe la bendición de San Benito. Codex Vaticanus Latinus, siglo XI.

El Abad Desiderio de Montecasino, Papa Víctor III, recibe la bendición de San Benito. Codex Vaticanus Latinus, siglo XI.

Las reliquias de San Benito fueron redescubiertas durante la reconstrucción del monasterio. La producción literaria en el “scriptorium” monástico hizo famosa a la abadía por la calidad y cantidad de libros allí producidos, algunos de los cuales aún sobreviven. A nivel espiritual sometió a la observancia regular a todo el monasterio que llegó a los doscientos miembros. Un antiguo amigo del abad, el más notable de los médicos de Salerno, Constantino Africano, atraído por los ideales monásticos, ingresa en Montecasino como lo hicieron otros a la sombra del santo abad.

Son los tiempos de la reforma monástica y eclesial suscitada por la Abadía benedictina de Cluny contra los abusos que se cometían en el seno de la Iglesia, en especial la simonía, la intromisión de los reyes en la política interna de la Iglesia y el relajamiento de las costumbres entre el clero y los fieles. Los papas alentadores de esta reforma son monjes de eminente santidad y comprometidos con la reforma de la Iglesia, a pesar de la podredumbre que carcome institucionalmente a la cristiandad por el alejamiento de los ideales evangélicos, que lamentablemente también tiene como cómplices a clérigos y a pontífices.

El abad de Cluny, Hildebrando, es elegido Papa con el nombre de Gregorio VII y continúa una serie de reformas eclesiásticas que le costaran el destierro y adversidades con quienes no desean la reforma espiritual. Conocedor de las virtudes del abad de Montecasino, no duda en convertirle en un aliado para la reforma de la Iglesia.

Gregorio VII muere desterrado, pero su obra no muere con él. El abad Desiderio, sabedor de que su nombre se encuentra entre los “papables”, permanece en Montecassino, pero el 24 de mayo de 1086 es aclamado por decisión unánime como nuevo sucesor de San Pedro, recibiendo el nombramiento en la iglesia de Santa Lucía con el nombre de Víctor III, en honor de Víctor II. Días más tarde regresa a su monasterio debido a dificultades en la ciudad de Roma.

Ante la huida del papa electo, surge un antipapa aprovechando la situación, Clemente III. La presión de la Iglesia, del mismo pueblo y de la nobleza cristiana (en especial de la condesa Matilde de Toscana) hacen que el papa regrese a Roma, pero debido a que la ciudad estaba ocupada, por aliados del antipapa Clemente III, se vio obligado a regresar al monasterio tras ser entronizado como Obispo de Roma.

El abad Desiderio de Montecasino ofrece el modelo del monasterio, detalle de un fresco de Sant´Angelo in Formis, Capua, siglo XI.

El abad Desiderio de Montecasino ofrece el modelo del monasterio, detalle de un fresco de Sant’Angelo in Formis, Capua, siglo XI.

En agosto de 1087 preside un sínodo en Benevento. Tal asamblea excomulga al antipapa Clemente III y, continuando con la política de Gregorio VII, se prohíbe la ley de las investiduras. Como un antecedente a las cruzadas se promovió en este sínodo una acción bélica contra las hordas musulmanas del norte de África. El papa, agotado, cae enfermo durante el sínodo y se retira a Montecasino. Murió el 16 de septiembre de 1087 en la sala del Capítulo, dando las últimas recomendaciones a los monjes y encomendando la Sede de San Pedro al cardenal obispo de Ostia. Su Papado efectivo duró cuatro meses, durante los cuales edificó con su palabra y ejemplo. Inmediatamente después de su muerte se le reconocieron sus virtudes heroicas y se ratificó popularmente su fama de santidad; el culto público no tardó en aparecer ya que hay indicios 60 años después de su muerte.

En Montecasino se le llamó desde antiguo “San Víctor” y como tal era honrado de manera local. En 1727 el Papa Benedicto XIII otorga el permiso a Montecasino para celebrar su fiesta litúrgica. En 1887, con ocasión del 800 aniversario de la muerte del papa, León XIII sanciona el culto antiquísimo y beatifica a su predecesor, que entre los benedictinos ya era honrado como santo, se reconoce por fin oficialmente a este Papa “de transición” que continuó la obra de reforma eclesial de San Gregorio VII y que seguiría otro monje de Cluny, el Beato Urbano II.

El cuerpo del Papa Víctor III fue inhumado en Montecasino, donde se le tributaba culto local. En 1515 las reliquias son llevadas a la Basílica de Montecasino, al altar de la capilla de San Bertario. En 1890, tras el reconocimiento del culto, una nueva remoción de los restos tiene lugar y el cuerpo es entronizado en la Capilla de San Víctor, como se le llama al Beato. Durante la II Guerra Mundial el cuerpo del Papa es llevado a la Basilica de San Pablo Extramuros en Roma y devuelto a Montecasino en 1963. Tal remoción fue providencial, ya que debido al bombardeo de la abadía, la capilla original fue totalmente destruida.

Altar en la capilla de San Víctor, donde se encuentran los restos mortales del Papa.

Altar en la capilla de San Víctor, donde se encuentran los restos mortales del Papa.

La iconografía del Beato, aunque escasa, es importante, sobre todo porque algunas de las imágenes son contemporáneas a su gobierno como abad de Montecassino. Se le representa como abad recibiendo la Regla de San Benito u ofreciendo el monasterio restaurado.

Poncho

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8 pensamientos en “Beato Víctor III, papa

  1. poncho, dicen que de los bueno, poco. Este Papa no duró mucho, pero lo que hizo, lo ha hecho trascender. Yo ya conocia su vida, realmente comprometida en esos tiempos de la lucha de las investiduras. Me alegra mucho que hayas publicado una foto del altar con su sepulcro.
    Gracias.

  2. Gracias Poncho por este artículo sobre un nuevo beato benedictino.
    La verdad es que aunque quiso vivir tranquilo en su abadía, ajetreado si que estuvo. Desde luego la historia de la Iglesia en aquella época fue de lo más catastrófica y escandalosa; quién realmente quisiera vivir dentro de sus normas, tenía que tener una fe de caballo, porque argumentos habían de sobras para renegar, al menos del poder temporal de los Papas. Aquella Iglesia y la Iglesia predicada por Cristo muy poquito, por no decir nada, tenían en común.
    Y a San Gregorio VII, mejor que lo dejemos aparte para otro artículo, porque nos dará para “jalar y tirar de la manta”.

    • En tiempos de crisis Dios hace surgir figuras que restauren la PAX (la tranquilidad en el orden). Bueno es reflexionar en torno a estos santos y figuras de Iglesia, humanos ciertamente, pero con la gracia y el compromiso de personal y eclesial. Ciertamente Victor III es admirable e imitable. Un campanazo para la jeraraquia y la iglesia.

  3. Como los compañeros ya han apuntado ciertos aspectos mucho mejor de lo que yo lo haría, me limitaré a señalar el curioso detalle del nimbo cuadrado en el bellísimo fresco de Capua y en el Codex Vaticanus. Estamos acostumbrados a ver nimbos o aureolas circulares en la iconografía cristiana; que denotan santidad, pero también había, en el arte paleocristiano, presencia de aureolas cuadradas, que denotan no santidad, sino dignidad, probablemente -se dice- porque cuando se representaba a estas personas así todavía vivían o todavía no se proclamaba su santidad. Me acuerdo de citar ahora mismo otro ejemplo, el de la Teodora “episcopa” (madre de un obispo) de la iglesia de Santa Práxedes en Roma: http://farm1.static.flickr.com/161/344259942_fc8cd5196f.jpg

    • Gracias amiga Ana María por este interesante apunte, era una pregunta que me hacia y pensaba que se trataba de simple estética de la época.

  4. Me llama la atención que el culto a este hombre sea el de beato cuando el pueblo y la orden benedictina lo consideran santo y León XIII lo reconociera por su antigüedad. Me parece muy similar a las canonizaciones espontáneas de parte del pueblo donde la jerarquía se limitaba a dar su visto bueno ante lo evidente.

    Tampoco me sorprende que quisiera estar ejerciendo sólo su liderazgo abacial a diferencial del Papado, si Gregorio VII no se la dejó fácil, ahora el Papado no se le consideraría sin poder político y económico, sin ese Dictatus Papae que tanto daño hizo a la iglesia como lo fue la intervención de los emperadores en sus asuntos internos. Que la iniciativa de reforma partiera de los monjes fue muy buena, pero la mayoría de los abades eran ricos terratenientes tan poderosos como los señores feudales laicos con quienes disputaban títulos y poderío. Gregorio VII fue quien inicio ese agustinismo político que Inocencio III culminaría al intitularse “Vicario” de Cristo, añadiendo títulos profanos al estilo de reyes a la dignidad de Obispo de Roma -que veo que nunca les bastó- y Su Santidad (¿?)-

  5. Gracias Poncho por presentarnos a este Beato Papa, como ya sabéis muchos de vosotros, ami me apasiona toda la hagiografía de los Papas.
    De Víctor III en concreto no tenía mucho conocimiento de su vida, pero lo que si que es cierto es que le toco poner orden donde había un caos tremendo.
    Gracias a estos Papas ” monjes” que sin buscarlo fueron proclamados sucesores de Pedro, podemos decir que hoy la Iglesia sigue en pie, de no haber sido así se habría convertido en una monarquía o en un ir y venir de influencias y chantajes.
    El dato que apuntas del traslado de sus reliquias a la Basílica de San Pablo con motivo de la Guerra Mundial me parece muy acertado ademas de curioso, ya que si no hubiese sido así hoy no tendríamos que lamentarlo.

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