Heresiología (II)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Icono ortodoxo que representa la parábola de Jesús sobre la oración del fariseo y la del publicano.

Icono ortodoxo que representa la parábola de Jesús sobre la oración del fariseo y la del publicano.

Judaizantes, Ebionitas y Nazarenos
En esta segunda entrega hablaré de una situación que perduró en gran parte de la historia del cristianismo primitivo y que, cómo no, se inició en su propia tierra de origen.

Introducción
Ningún historiador serio pone en duda que el cristianismo emergió y se mantuvo en sus primeros años como una rama o secta más del judaísmo, aunque debe aclararse que el mismo judaísmo vivió tres grandes separaciones, de las cuales deja constancia Flavio Josefo en su “Historia de los judíos”, escrita en Roma ya concluida la primera guerra judía contra el imperio. Fueron las siguientes:

Los fariseos, los puros –llamados en sentido despectivo- por su apego a las tradiciones y al cumplimiento estricto de la Ley oral y escrita, divididos en dos ramas internas: la Escuela de Hillel, más liberal y flexible, y la escuela de Shamaii, más rígida y conservadora, ambas contemporáneas de Jesús, aunque el mismo fariseísmo provenía desde los tiempos de los reyes asmoneos y se opusieron a la helenización del pueblo y de la religión.

Los saduceos, también conocidos como zadokitas en honor al Sumo Sacerdote Sadoq de la época del rey Salomón. Inicialmente fue una facción política, pero ganaron importancia religiosa en los tiempos de la persecución del rey seléucida Antíoco IV Epífanes, ya que protestaron contra la usurpación del cargo de Sumo Sacerdote por un favorito de este rey y que acabaron colaborando con los romanos para mantener sus privilegios. No fueron excesivamente numerosos pero sí influyentes –recordemos que Caifás fue un saduceo o compartía sus posturas, según consta en el libro de los Hechos de los Apóstoles- y su teología los enfrentó a los fariseos.

Los esenios, un grupo del cual se ha dicho mucho últimamente. Posiblemente fueron la primera influencia de Juan el Bautista debido a las similitudes entre su teología de la parusía y los ritos de ablución catártica o purificación. Se enfrentaron a los primeros por su materialismo y apego a la letra y no al espíritu de la Ley y denostaron el culto en el templo, aunque compartieron similitudes teológicas con los fariseos sobre la venida del Mesías, la inmortalidad del alma y la resurrección de los muertos, que los saduceos rechazaban en base a su apoyo en el Pentateuco escrito, sin interpretaciones ni profetas. Desaparecieron al finalizar el siglo I.

Las imprecaciones que Jesús hace en el Templo tras la curación del ciego de nacimiento van dirigidas a los dos primeros grupos, siendo los fariseos de Shamaii, junto con los saduceos y los escribas, los hipócritas, sepulcros blanqueados, etc. Éstos fueron los que, junto con los romanos, conspiraron para eliminar a Jesús por su influencia sobre el pueblo y el peligro de rebelión, que era lo único que importaba a los segundos y no las cuestiones religiosas. Y más adelante fueron los que trataron de detener la predicación de los apóstoles –en este caso, de Pedro y Juan; de los otros no se habla- e incluso llegaron a azotarlos y amenazarlos de muerte, pero la oportuna intervención del Rabino Gamaliel, maestro de Saulo-Pablo de Tarso, los salvó y puso en advertencia a sus colegas de no obstaculizar la obra de Dios.

Vista de un rollo con la Torá judía.

Vista de un rollo con la Torá judía.

Desarrollo
La pronta introducción de los paganos –griegos en su mayoría, por cultura, idioma o procedencia- comenzó a crear problemas entre los judíos conversos que aún consideraban sagradas las normas dictadas por Moisés. Recordemos que los apóstoles y los creyentes iban a orar al Templo de Jerusalén según consta en el final del Evangelio de Marcos y en los Hechos de los Apóstoles, y posteriormente se reunían en casas particulares (probablemente en la misma casa donde celebraron la Última Cena) para realizar la fracción del pan en recuerdo del Señor. La historia de Esteban es un perfecto ejemplo del choque entre comunidades y el entendimiento de estas del mensaje de salvación no sólo para los judíos, sino también para los paganos, y su desenlace trágico comprueba que el conflicto se solucionó más de una vez de modo poco edificante y sí muy vergonzoso para ambas comunidades.

Indirectamente, la muerte de Esteban aceleró la apertura del mensaje de salvación a los países de habla griega, pues éstos (los helenistas), tras su muerte, huyeron de Judea hacia Siria y en la capital, Antioquía, establecieron la primera comunidad fuera de Israel con judíos y llegaron incluso más lejos, estableciendo comunidades en Fenicia (actual Líbano) y Chipre; predicando inicialmente a los judíos y posteriormente a los paganos, siendo éstos los que entraron en mayor número a la iglesia. Ya por entonces se les llamó cristianos.

En este momento de la historia entró quien difundiría el mensaje por todo el mundo antiguo: Saulo. De Damasco (tras muchos peligros y peripecias) volvió a Jerusalén y pasó varios días con Pedro, siendo general el asombro de la comunidad. Pronto le asignaron sus primeras misiones y como él mismo relata en su carta a los Gálatas, Pedro, Santiago el hermano del Señor (líder de la comunidad de Jerusalén y alrededores) y Juan de Zebedeo, aprobaron su espíritu y le dieron libertad de acción. Previamente tenemos constancia del viaje de Pedro a Cesarea Marítima y su encuentro con el centurión Cornelio, hombre piadoso –quizá prosélito del judaísmo- y la conversión de éste y su familia al cristianismo. Ya por aquél entonces, los integrantes del consejo de la iglesia de Jerusalén cuestionan el actuar de Pedro y éste se defiende conciliadoramente y defiende el ingreso de los paganos a la par de los judíos, existiendo calma y asombro, por un tiempo.

La predicación de Pablo y Bernabé comenzó a rendir sus frutos; pronto se dirigieron a los paganos cuando sus connacionales comenzaron a rechazar e injuriar su predicación y exponerlos constantemente a peligros mortales. No obstante algunas sinagogas les permitían la entrada todos los sábados para predicar y comprobar mediante las escrituras que Jesús era el Mesías esperado para Israel. Tras Jerusalén, la segunda iglesia más importante fue Antioquía de Siria, ciudad más pagana que judía, pero de los judíos en su mayoría se eligieron a los ancianos para liderar a las comunidades. Teológicamente, por la influencia del helenismo filosófico, las prácticas judías fueron dejándose de lado, lo que sin duda llamó la atención de algunos integrantes de la iglesia jerosolimitana –fariseos convertidos- que comenzaron a predicar que, primeramente, debían circuncidarse los paganos y respetar al pie de la letra la Ley de Moisés, aspecto en lo que algunos no estaban de acuerdo, entre ellos Pablo –ya apóstol con todo derecho-, Bernabé, Pedro y seguramente los demás apóstoles, y Santiago el hermano del Señor.

Disputa de San Pedro y San Pablo en Antioquía, tras finalizar el concilio de Jerusalén. Óleo de  Rembradnt.

Disputa de San Pedro y San Pablo en Antioquía, tras finalizar el concilio de Jerusalén. Óleo de Rembradnt.

El “concilio” de Jerusalén. La Iglesia, ¿será judía?
A raíz de la controversia de los fariseos conversos –los primeros judaizantes, aunque no se les nombra de tal manera-, fue preciso tomar medidas para evitar confusiones y cismas. Los apóstoles –no se menciona quiénes ni cuántos, salvo Pedro y Juan, aunque este dato lo dice Pablo en su Carta a los Gálatas en el capítulo 2-, Santiago el hermano del Señor y los ancianos de ambas comunidades, se reunieron en Jerusalén para discutir y llegar a un acuerdo.

Los Hechos de los Apóstoles resumen que la discusión se resolvió a favor de no imponer un yugo imposible de llevar, “incluso para nuestros padres y nosotros mismos”, a los paganos conversos a Cristo, y sólo se impusieron como normas morales el abstenerse de comer sangre, la carne no desangrada, las relaciones sexuales prohibidas y la no asistencia a los banquetes en templos paganos, desautorizando a los perturbadores del orden evangélico. Cualquiera con un poco de conocimientos básicos del judaísmo se dará cuenta de que estas normas son las leyes de la santidad o pureza ritual, punto medular del judaísmo contra las cuales Jesús mismo luchó y combatió contra la hipocresía de los fariseos y saduceos. Para evitar rupturas, en este mismo concilio se permitió que Pablo, Silas y Bernabé predicaran a los paganos, mientras que Pedro y los demás predicarían a los judíos. Como veremos a continuación, el problema no finalizó con el “concilio”.

En el capítulo 2, versículos 11- 21 de la carta de Pablo a los Gálatas –ubiquémonos en el tiempo, estamos más o menos en el año 56 d.C. – Pablo relata lo inmediatamente sucedido tras el concilio en el año 49 d.C., que no resolvió del todo la controversia judaizante. Por aquél entonces Pedro llegó a Antioquía y Pablo le enfrentó por su doble comportamiento, primeramente al ir libremente con los paganos sin importarle su condición de judío, y cómo tras las murmuraciones de los allegados de Santiago, dio marcha atrás y se apartó de los paganos, actitud que contagió incluso a Bernabé el apóstol. Con toda justicia Pablo le reprende, aunque no menciona cómo se resolvió el problema “entre ambos”, en realidad entre comunidades, que persistió durante el primer siglo de la era actual.

Las cartas dirigidas a los gálatas, a los romanos, a los corintios y a los tesalonicenses reflejan claramente que el problema judaizante era general. Cada ciudad importante del imperio romano tenía una colonia judía y la prioridad de los misioneros era dirigirse a estas para hacerles partícipes de la venida del Mesías, de Jesús, el que predicaron los profetas y que llevó al cumplimiento toda la Ley sin derogarla, pero los intransigentes no los escucharon o si se hicieron bautizar, impusieron también las leyes de pureza propias del judaísmo más estricto y para evitarse problemas, se dirigieron a los paganos o prosélitos, con apenas derechos de admisión en la sinagoga, que mostraron mayor apertura al mensaje de salvación.

La cercana conclusión del libro de los Hechos revela que la presencia de Pablo en Jerusalén desató la alarma. La iglesia de esta ciudad era dirigida por Santiago y sus ancianos, sin duda fariseos y saduceos y gente común venida del judaísmo tradicional que aún respetaban el sábado, el ayuno ritual, las oraciones en el templo y quisieron conocer la congruencia de Pablo con sus tradiciones –que él mismo recalca en la mayoría de sus epístolas, pero ante Cristo las considera nada, niñerías sin autoridad ante la madre (metáfora de la comparación entre Agar y Sara)- y le hacen acudir al Templo para purificarse él y sus compañeros –griegos- y así acallar los rumores de su apostasía. Pero esto tuvo un efecto contrario y entonces los judíos lo acusaron de profanar el templo introduciendo paganos –no circuncidados – delito tal, que se castigaba con la muerte (lapidación). Pero la rápida intervención de los guardias romanos impidió el linchamiento y aceleró los acontecimientos narrados por Lucas en su libro, describiendo finalmente el encuentro de Pablo con los judíos de Roma y su disposición a escucharlos con calma –sus dirigentes no recibieron ningún informe de Jerusalén sobre Pablo- y tras una breve mención de su relativa libertad termina. No así la controversia, que quedó reflejada en todas las cartas paulinas y en la epístola de Santiago, al final conciliador entre ambas tendencias.

Fotografía del Muro de las Lamentaciones en Jerusalén (Israel), con rabinos ortodoxos rezando.

Fotografía del Muro de las Lamentaciones en Jerusalén (Israel), con rabinos ortodoxos rezando.

El artículo se ha vuelto muy largo y si sigo, no acabo. En otro momento retomaré el tema. Por ahora basta explicar la herejía del ebionismo. De la palabra hebrea-aramea ebionim cuyo significado es “pobre”, no se aplicaron a sí mismos este nombre, sino que les fue impuesto despectivamente por Epifanio de Salamis, Ireneo de Lyon y Orígenes de Alejandría. Su doctrina aceptaba la humanidad de Jesús y su papel mesiánico, pero negaban su divinidad y aceptaba la Ley de Moisés como todavía válida y obligatoria, rechazando a Pablo de Tarso. Vivieron al margen de los cristianos “helénicos” y se aislaron tras la destrucción de Jerusalén. Según Jerónimo de Estridón usaban una versión del evangelio de Mateo en hebreo, y sólo éste, asemejándose al gnosticismo.

En cambio, los nazarenos fueron cristianos ortodoxos, herederos de la iglesia de Jerusalén, que si bien respetaban y cumplían las normas mosaicas, creían en la divinidad de Cristo y en el evangelio. Estos descendientes, por circunstancias políticas y el aislamiento geográfico, no participaron de las controversias cristológicas posteriores y se fusionaron con los cristianos griegos durante el dominio bizantino en el siglo V.

Para concluir, se denominan judaizantes a todos aquellos individuos sobre los que se sospechaba que en secreto practicaban los ritos de la religión de Moisés tras el bautismo –muchas veces bajo coacción, como por ejemplo tras la reconquista española-. Para cerrar el tema, tomo la opinión del abogado y filósofo peruano David Efraín Misari Torpoco que dice que, por algunas de sus prácticas, los adventistas del séptimo día son judaizantes. Del lado ortodoxo, la iglesia copta etíope es heredera del judaísmo.

Alejandro

Bibliografía:
– ÁLVAREZ VALDÉS, Ariel, “¿Cómo murió San Pablo?”, El blog de Xavier Pikaza, Periodista Digital.
– Biblia Latinoamericana.
– FLAVIO JOSEFO, “Antigüedades de los judíos. La guerra de los judíos”. Libro 18, capítulo 1, página 12.

Enlaces consultados:
– Blogs sobre Cristianismo primitivo e Historia eclesiástica. Ebionitas y Nazarenos.
http://historiaeclesiastica.blogspot.mx/2006/11/1202-los-ebionitas.html
http://www.cristianismo-primitivo.com/siglo-ii/la-iglesia-judia

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

6 pensamientos en “Heresiología (II)

  1. AMIGO!!! Aquí leyendo con toda calma y atención tu reciente artículo el cual me ha parecido fascinante. Sinceramente yo solo sabía sobre fariseos y saduceos pero no tenía idea de las otras fracciones que se desataron durante los primeros siglos del cristianismos en ese ajuste de la Iglesia primitiva entre decidir por imponer o no a los nuevos cristianos las leyes mosáicas.
    Me ha parecido maravilloso conocer a los escenios y ebionitas y sus principales corrientes, ideas y campos de acción porque nos da una idea muy cercana de cómo eran los problemas de la iglesia primitiva.
    La parte del concilio de Jerusalen sí la había leido en Hechos pero me apreció que complementa bastante y fundamenta la explicación que haces de estas primeras (NO SE SU HEREJÍAS, MAS BIEN CORRIENTES) formas de entender la religión que a partir de Cristo se parte en 2, la tradición judía y la nueva religión cristiana con todas las dificultades que implica conciliar ambas, porque incluso Jesús murió en gran medida por esas diferencias.
    Una parte que me gusta bastante y que no incluiste (no es crítica, tu mismo dices que es un artículo y que se ha hecho más largo de lo previsto) es la de Hechos 23:6-9 cuando Pablo ante el Sanedrín sabiamente y mucho mejor que cualquier abogado usa las diferencias entre fariseos y saduceos para librarse de su sentencia.
    Como siempre muy enriquecedor leer tus artículos, amigo, siempre aprendiendo cosas nuevas de la historia de la religión cristiana y viendo que las dificultades para acordar detalles humanos y de dogma por desgracia está presente desde el inicio de la iglesia. Quizá es inevitable como toda institución humana pero lo importante y que rescatas sin duda es darse cuenta del trasfondo divino que permea en ésta.
    ¿Será cierto que cada forma de pensar y cada corriente religiosa es hereje? no se puede asegurar porque la institución que determina dicho denominativo es quien lo decide, y como se lee en este artículo en algún momento incluso las enseñanzas de Saulo pudieron ser consideradas como tales. Lo importante de conocer esta historia es que nos damos cuenta de esa parte humana de la iglesia y nos ayuda o se supone debería ayudarnos a comprender nuestro presente y entender y cuestionar en caso de ser necesario nuestra espiritualidad.
    Gracias por el tiempo que te tomas en investigar y redactar con claridad y precisión estos artículos, amigo, orgullosa de llamarte tal y de que me compartas siempre tus nuevas creaciones las cuales disfruto y festejo poder leer y compartir.
    Tu amiga que siempre se maravilla con el don que Dios te regalón, de transmitir a los demás con tu palabra: CLARA

    • Soy yo quien te agradece, amiga, tu tiempo y atención a uno más de mis trabajos, de esos que tantas veces pero ninguna igual hemos platicado.

      Creo que alguna vez platicamos sobre el cristianismo y la identidad nacional, podemos decir que el conflicto con los judaizantes tiene este origen, después de todo, los judíos del tiempo de Jesús y de nuestro tiempo, nacen con la mentalidad y la creencia de ser el pueblo elegido por Dios cuya descendencia será numerosísima, y al convertirse al cristianismo, se sintieron desnudos, despojados de los ritos y creencias -identidad- que marcaron su infancia y buena parte de su vida. A los que Pablo amonesta, que no condena, es a aquellos que prejuzgaban el acceso de los paganos al camino de Jesús previa aceptación de lo que nuestro Señor juzgó como secundario y llegó a condenar: las leyes y ritos externos, que lavan por fuera pero por dentro sigue igual todo. Es cierto, me faltó mencionar el juicio y la intervención de Pablo ante el Sanedrín, pero por espacio ya no lo pude incluir. Y también un comentario a la carta a los Hebreos, los judeocristianos no judaizantes.

      Quizás como bien dices, no fue una herejía sino hasta el momento de negar la divinidad y la humanidad de Jesús, ¿por qué? Porque el judaísmo es monoteísta y la Trinidad les parecería un politeísmo condenable. Incluso a algunos cristianos les fue muy difícil, pero esa será otra historia que contaré más adelante 😉

      Bien decimos, con Jesús la historia y la religión quedaron divididas en un antes y un después… pero para mí, la religión de Jesús es un hoy constante y permanente, no un recuerdo ni un rito de expiación. Cada vez que vivimos su evangelio, lo hacemos en memoria suya -parafraseando la última cena-.

      Planteas un punto interesante, cada corriente de pensamiento “es” una herejía, o sea, una interpretación distinta y un modo diferente y hasta opuesto de vivirlo, no necesariamente tiene que llegar a ser condenable, pero tú y yo bien sabemos que si choca con los intereses de los poderosos, éstos reaccionarán y acabarán con esos núcleos “rebeldes”. Sucedió con el cristianismo y dentro de él. Las herejías incluso pueden ser protestas por la usurpación de un mensaje universal y libre, no podemos volver a la Ley cuando Jesús nos dio la libertad, y esa libertad le costó muy caro porque puso en evidencia la hipocresía y el sistema opresor y caduco con que se sometía al pueblo en aras de mantener un orden. ¿No ha hecho y sigue haciéndolo nuestra iglesia?

  2. Más que un artículo sobre Heresiología, yo diría que éste es un artículo sobre Historia de la Iglesia, sobre sus inicios. No entiendo mucho del tema y todo esto es, si no nuevo para mí, como mínimo enriquecedor.

    Quisiera hacer una reflexión en torno a un tema en concreto que me ha recordado el presente artículo. Se habla de los fariseos, quienes en la cultura hebrea eran los más estrictos observantes de la Ley, irreprochables aparentemente en su conducta, fe y devoción. Bien, pues llega Cristo, el Hijo de Dios; y todo el tiempo que estuvo entre mortales los critica duramente, les recrimina su hipocresía, les afea su conducta estricta observada sólo con los gestos y la mente, pero no con el corazón, y finalmente, éstos acaban llevándolo a la muerte.

    Yo no puedo olvidarme de este Jesús crítico con la religiosidad fanática de su tiempo y extrapolarlo a nuestro tiempo, aunque salvando las distancias porque el contexto no es el mismo, el mundo no es el mismo, las personas no son las mismas que entonces. Algunos católicos -aunque podría decir lo mismo de otras confesiones cristianas y aun de otras religiones, especialmente el Islam- creen que con cumplir ritual y estrictamente todos los mandatos de la Iglesia, observar estrictamente ciertas prácticas, decir sí sin más a ciertas verdades, opiniones o mandatos, lo tienen todo hecho y aun persiguen y critican a los menos observantes que ellos. Algunos entienden que cuanto más ritualista se es, cuanto más se cierra la mente a todo aquello que no sea una estricta observancia y pensamiento dictado por cierta moral retrógrada e intransigente, más cristiano y mejor se es. Algunos piensan que con el cumplimiento de la doctrina, está todo hecho, y miran por encima del hombro a los que no llegan, o no quieren llegar, a tanta perfección externa y aparente. Bueno, son los fariseos de hoy, tan susceptibles de crítica como los fariseos del ayer.

    El cristiano, el creyente, no tiene por qué ser un cabeza dura, un intolerante -esto lo ha dicho el Papa Francisco en su primera encíclica Lumen Fidei, por cierto- ni un estricto ritualista. Ser cristiano, o creyente de la religión que sea, no significa ser un borrego o un inquisidor. Dios nos dio la libertad de pensamiento y también la capacidad de crítica, tanto propia como ajena, para reflexionar sobre nuestros actos y sobre los demás. Cristo, por lo demás, dio el ejemplo, criticando lo que veía mal en sus contemporáneos. Intento repetirme eso en ciertas situaciones de mi vida en las que me veo cuestionada como cristiana porque en mi fuero interno voy más allá de ciertas prácticas y mandatos y me doy a la crítica y a la reflexión. Por eso, los creyentes deberíamos ser fieles, sí, pero también abiertos y críticos con nosotros mismos y con la realidad, de modo que cuando un día se nos pidan cuentas por lo hecho, podamos decir que fuimos más humanos que borregos o inquisidores, más publicanos que fariseos.

    • Ana María, estoy completamente de acuerdo contigo. A Jesús lo asesinaron por exponer la verdad desnuda, tal cual, de la hipocresía de los poderosos del orden espiritual, y estos reaccionaron como sucede con todos sistema que se ve amenazado por un sujeto carismático y contradictorio, como lo es Jesús. Jesús cuestiona, incluso a nosotros con muchísima mayor razón; nos recuerda que su religión no es un sistema de ritos que entre más solidificados estén nos mereceremos la salvación… creo que si volviera a la tierra un día de estos de manera incógnita seguro diría sus verdades a más de uno, laicos y clérigos por igual. ¿Y le haríamos caso? Porque incluso, con su amor, nos confronta y nos invita a seguirlo en la división, a ir contracorriente a la mayoría y ser escándalo para poner en evidencia lo que en verdad necesitamos.

      Te comprendo, al no estar ni con unos ni con otros mi perspectiva se amplía. El corazón de la religión de Jesús es el amor, así que vale más ayudar al (estar con él) prójimo en su necesidad que llegar temprano al templo para el servicio, etc. La parábola del buen samaritano es un aviso, un recordatorio de la verdadera religión.

      Jesús nos dio libertad y con libertad cuestionó a los poderosos de su tiempo y al sistema. Nosotros también podemos hacerlo desde su Espíritu, amando (lo digo fácil, ¡y no lo es!) a los que están entregados al sistema creyendo que están con Dios. Así que, Ana, toma la cruz de la vida (esa es tu única cruz, la que Dios te da, no las que otros quieren que cargues) y síguelo. No estás sola, ninguno lo estamos.

      A veces es mejor no decir nada, porque nos llevaremos cada sorpresa. Quizás nosotros estamos más lejos del reino cuando decimos esto u aquello, y los sencillos (no ignorantes, pues saben) nos precederán, siempre.

  3. Muchas gracias, Alejandro, por este segundo artículo sobre esta serie denominada Heresiología. En un principio se podría pensar que ibas a irlas exponiendo, más o menos en orden cronológico y a desarrollar cada una de ellas, pero está claro que, quizás sobre todo, quieres contextualizarlas y desarrollarlas, no solo como hoy las podamos conocer, sino como fueron en su tiempo. Creo que es una forma correcta de plantear el tema aunque inevitablemente, coincida con una especie de recordatorio de lo que fue la historia de la Iglesia de los primeros siglos.

    Fariseos, saduceos y esenios no fueron sectas de la primitiva Iglesia ya que lo fueron del judaísmo contemporáneo a Cristo, pero bien es verdad que estas corrientes influyeron en las primeras comunidades cristianas. Yo me sitúo en aquel lugar y en aquel momento y comprendo cómo algunos discípulos entendían que la nueva doctrina era desarrollo y perfeccionamiento de la antigua Ley, mientras que otros, tenían claro que era algo totalmente nuevo. Quizás los dos extremos puedan personalizarse en los dos grandes apóstoles Pedro y Pablo, pero está claro que, con altibajos, las cosas se fueron asentando y todos comprendieron que, aunque Jesús había dicho que había venido a dar cumplimiento a la Ley, su doctrina era completamente nueva. Aquellas discrepancias se saldaron principalmente en el Concilio de Jerusalén y la primitiva Iglesia fue predicando la palabra a judíos y gentiles, creando una nueva comunidad de santos, como decía San Pablo y como nos lo recordaba ayer Mitrut en uno de sus comentarios.

    La primera herejía propiamente dicha fue el ebionismo ya que negaba la divinidad de Cristo y no debió tener mucha influencia; a los nazarenos no los veo como tales herejes, sino como un grupo que vivía de una manera especial y a los judaizantes, yo los llamaría recalcitrantes porque, aun aceptando la nueva doctrina y sus normas, no querían renunciar a algunas de sus prácticas antiguas. Aunque en la actualidad, la Iglesia Ortodoxa Etiópica pueda decirse que ha seguido heredando alguna de estas prácticas judaizantes, en realidad, estas “tres herejías” son anécdotas que poco a nulo daño hizo a la unidad de la Iglesia.

    • Toño, si decido contextualizarlo y ubicarlo en su momento, es precisamente como bien dijiste: recordar la historia de la Iglesia, que no está separada de la historia humana y como tal, evolucionó. Recordar de dónde somos y hacia dónde vamos, qué hay que hacer. No es volver hacia atrás.

      Yo me sitúo, como humano tomando posturas, con aquellos que acertaron en vislumbrar que aquél mensaje era -y es- algo nuevo, liberador, salvador. Que es un volver a empezar y un presente constante. Quienes creen que sigue en la linea de los antiguos profetas y del judaísmo no se equivocaron, sólo tomaron una decisión de seguir en la tradición, en aquello que los identificaba y unía como nación, que les daba sentido a sus vidas, que buscaban seguridad, cosa que Jesús no planteó, sino una revolución espiritual, dejando en claro que no son los ritos, sino el Amor lo único válido, pero ya sabemos cómo acabó todo. Hoy, parafraseando a Erasmo, oímos las palabras Cristo, Evangelio, Amor, en muchos labios, y nos matamos y atacamos los unos a los otros, por minucias como si la misa del viejo orden es la única válida y no la del orden nuevo postconciliar, o si para ser cristiano hay que estar en comunión con -¿no será sometidos a?- X o Y jerarca. Definitivamente hay que buscar y querer la comunión -unión, entrega, amor-, de otra forma no seremos cristianos más que de nombre, y lo que Dios quiere es que estemos entregados a Él plenamente.

      Lo más probable del conflicto entre Pedro -que por su carta se deduce que era moderado en cuanto a la tradición judía- y Pablo -liberal- es que se solucionara dividiendo los campos de acción de cada uno para no enfrentarse, por eso habría dos comunidades diferentes y dos teologías distintas. Leyendo a Ariel Álvarez Valdéz supe de la hipótesis de la muerte de Pablo no a causa de la persecución de Nerón, sino por culpa de los hermanos que se sintieron amenazados y desacreditados como débiles -se refería sin duda a los judeocristianos más tradicionalistas- y aprovecharon la persecución para vengarse. Bien lo dice Clemente de Roma en su carta: por culpa de envidias y celos, el Apóstol Pablo alcanzó el premio de la paciencia. Lo mismo para Pedro. Así que sí hicieron daño, y mucho, Toño. Recalcitrantes hubo, y falsos hermanos que pusieron en peligro a los Apóstoles, también. Pablo -o quien escribió la segunda carta a Timoteo- en el versículo 11 del capítulo 3 lo deja claro. Con toda seguridad hay hoy falsos cristianos que están dispuestos a salvar los sistemas rituales que a entregarse al Evangelio.

      Yo creo que los Apóstoles, con toda su fe y buenas intenciones y acciones, no alcanzaron a comprender a Jesús y su mensaje. Y lo mismo va para nosotros. Y Dios es tan misericordioso que nos da y dará oportunidades, aquí o allá, para hacerlo nuestro.

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