Santa Damiana y compañeras, mártires en Egipto

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Santa Damiana y compañeras mártires de Egipto. Lienzo de Samy Hennes. Catedral  del monasterio de San Menas, Alejandría (Egipto).

Santa Damiana y compañeras mártires de Egipto. Lienzo de Samy Hennes. Catedral del monasterio de San Menas, Alejandría (Egipto).

La mártir de la que hablaremos hoy, llamada también Damyanah, Dimyanah, Dumyanah o Gimyanah -y en inglés simplemente Demiana– es una Santa de los siglos III-IV. La vida de esta mártir fue traducida por Juan de Parallos en el siglo VII, a partir de unos manuscritos árabes más antiguos, como los manuscritos de Graf y de F’A Girgis que se conservan en el Centro Franciscano de Estudios Cristianos Orientales de al-Muski, en El Cairo (Egipto). Dice también Juan de Parallos que él conoció la vida de la Santa a través de un texto de Cristodoulos, discípulo de Julio de Aqfahs, que fue un famoso hagiógrafo antiguo. Por lo que respecta al relato, lo cierto es que nos hallamos ante una nueva leyenda de vírgenes martirizadas en comunidad, aunque esta vez de culto mayoritariamente copto. Este relato nos dice lo siguiente:

Marcos era el gobernador de los distritos de Borolos (Parallos) y al-Za’faran, en Wadi al-Saysaban, Egipto. Era cristiano, y se encargó de transmitir la fe a su única hija, Damiana, a la que había bautizado cuando cumplió un año de edad. La niña pasaba horas encerrada en su aposento, de rodillas en el suelo, leyendo las Sagradas Escrituras y rezando. Se emocionaba tanto en sus ratos de oración, que se le llenaban los ojos de lágrimas y gritaba a voz en cuello. Cuando cumplió quince años, Marcos pensó en darle un buen matrimonio, casándola con uno de sus nobles amigos, pero ella le dijo: “Quiero consagrarme a Cristo y permanecer soltera toda mi vida. Constrúyeme una casa en las afueras de la ciudad, para que pueda vivir con mis amigas lejos del mundo.” Marcos, que la amaba, aceptó complacido su idea y le hizo un magnífico palacio, donde Damiana se recluyó con sus amigas. Con el tiempo llegaron a ser cuarenta las vírgenes que vivían bajo el mismo techo, dedicadas a la oración y a las tareas domésticas, como si se tratase de un primitivo monasterio.

Por entonces, el césar Diocleciano, que había sido cristiano (???) pero renegó de su fe y abrazó el paganismo, se hizo fabricar setenta ídolos, la mitad de aspecto masculino y la otra mitad femenino, y quiso obligar a todos a que los adoraran (!!). Estando en la ciudad de Antioquía y, habiendo sabido que el gobernador Marcos, quien por cierto, era amigo personal suyo, era cristiano, lo convocó y lo obligó a arrodillarse ante las efigies de Apolo y Diana. Aunque al principio el pretor se negó rotundamente, acabó aceptando después que el emperador le ofreció un alto cargo en Roma. Luego, regresó a Egipto.

Cuando Damiana supo esto, dejando su palacio, se presentó ante él y le gritó: “¿Qué acabo de oír sobre ti? ¿Cómo has podido negar a tu Salvador, que vertió su sangre por salvarte, y arrodillarte ante ídolos de piedra? Lo que has hecho, padre, es cobarde y vergonzoso. Preferiría haber recibido la noticia de tu muerte a oír que has renunciado a tu fe e injuriado al Dios que te creó de la nada. Toma nota de que si no regresas a tu fe y renuncias al culto de las piedras, tú no eres mi padre y yo no soy tu hija.” Y se marchó tan rápida como había venido.

Icono ortodoxo copto de las mártires. A su alrededor, secuencia del martirio de Santa Damiana.

Icono ortodoxo copto de las mártires. A su alrededor, secuencia del martirio de Santa Damiana.

Marcos, profundamente avergonzado, se agarró la cabeza y gimió: “¡Ay de mí! ¿Cómo he podido caer en la trampa del emperador y adorar a sus dioses?” De inmediato fue ante Diocleciano, se santiguó, y le dijo: “Haz saber a todo el mundo que adoro al Dios del cielo y la tierra, mi único Señor Jesucristo.” El césar trató de hacerlo reflexionar con palabras conciliadoras, pero viendo que no lo lograba, mandó matarlo. Luego supo que aquel repentino cambio se debía a la influencia de su hija Damiana, y mandó llamar a un centurión y le dijo: “Primero trata de convencerla para que presente sus respetos a los dioses del Imperio. Pero si se niega, amenázala, tortúrala, e incluso mátala si es necesario, para que sirva de ejemplo.”

El centurión partió con sus cien soldados hacia Egipto, hacia el palacio de Damiana. Cuando ella los vio llegar, supo que su fin había llegado, y rezó pidiendo fuerza y valor hasta la muerte. Luego dijo a sus compañeras: “Si queréis morir por Jesucristo, podéis quedaros, mas si creéis que no podréis resistir las torturas de los soldados, mejor que huyáis ahora mismo.” Las cuarenta vírgenes quisieron quedarse, y dijeron: “No perderemos la vida eterna por gozar de unos pocos momentos en este mundo cruel.”

Cuando los soldados tomaron el palacio, Damiana acudió serena a abrir la puerta, y el centurión le dijo: “Soy un mensajero enviado por el divino césar. Te ordeno pues, en su nombre y de acuerdo con su voluntad, que presentes al menos una vez tus respetos a los dioses de Roma, y te dará cuanto pidieres.”

“¡Dios castigue al mensajero y a quien lo envió!”, le respondió ella, “¿No te da vergüenza adorar a dioses de piedras y madera? No hay dios en el cielo y la tierra excepto uno, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, el Creador Eterno, el Inmortal, que está en todas partes, que conoce todos los secretos y que puede lanzarte al infierno. En cuanto a mí, soy su sierva, y le confieso, de Él dependo y en Su Nombre muero, y por Él viviré para siempre.”

El centurión mandó que la torturaran delante de sus amigas. Primero la pusieron en un hinbazeon o hinbaseen, esto es, una especie de prensa, y la aplastaron hasta romperle todos los huesos y su sangre encharcó el suelo. Entre angustiosos gritos de dolor, Damiana decía mirando al cielo: “Mi Señor Jesús, Hijo del Altísimo que fuiste crucificado para salvarme, dame fuerza para resistir este dolor.” Las jóvenes lloraban al ver este horroroso espectáculo, y viendo su sufrimiento, Damiana las animó diciéndoles: “No lloréis, hermanas. Nuestro Señor fue torturado y asesinado porque nos amaba, aunque no cometió ni un solo pecado. ¡Cuánto agradezco morir en Su Nombre, pues estoy segura de que el cielo me espera!” Agotados los soldados, arrojaron a Damiana en un aposento y la encerraron toda la noche, pero un ángel del Señor la visitó y curó todas sus heridas. Los soldados, por su parte, trataron de abusar de las otras cuarenta jóvenes, pero por intervención divina no lo lograron (!!).

Icono y reliquias de la Santa veneradas en una iglesia copta de El Cairo, Egipto.

Icono y reliquias de la Santa veneradas en una iglesia copta de El Cairo, Egipto.

Al día siguiente reanudaron la tortura en Damiana, rasgando su carne con pinzas y garfios. Contemplando esto, las muchachas, que ya habían perdido toda esperanza, decidieron resistir por respeto a su amiga, observando con entereza la horrorosa visión. Al tercer día, la metieron en un caldero de aceite hirviendo, pero, viendo que era inútil tratar de doblegarla, el centurión mandó decapitarla y, tras ella, las cuarenta muchachas fueron pasadas por la espada.

No hubo testigo de aquella espantosa masacre, pues al parecer el palacio se encontraba muy aislado. El caso es que los cadáveres de Damiana y sus amigas permanecieron en aquellas habitaciones, y quedaron totalmente insepultos, pero, a pesar de ello, incorruptos. Sería años más tarde cuando el césar Constantino enviaría a su madre, Helena, al palacio de la joven mártir. La emperatriz recogió los huesos de las mujeres y les dio sepultura. A Damiana la colocó en un sepulcro de marfil que cubrió con telas de seda, y convirtió el ruinoso palacio en una bella iglesia. Esta iglesia fue consagrada por el Patriarca Alejandro I (312-326) el día 12 del mes de basan (7 de mayo).

Hasta aquí el relato del martirio que, como se ve, es muy fantasioso por la gran cantidad de detalles inverosímiles y por lo elaborado y artificial de los diálogos. Todo parece ser una leyenda piadosa construida a partir de unos datos reales e históricos que han sido deformados por el desarrollo de la tradición. Las inconsistencias históricas -Diocleciano nunca fue cristiano; los monasterios femeninos no existían en la época- los números y datos simbólicos y exagerados -cuarenta vírgenes, apariciones de ángeles- exigen cautela a la hora de ponderar este relato.

En la primera redacción del Sinaxario no se hace mención de ellas, pero en una redacción posterior hecha por Forget, sí se menciona la consagración de esa iglesia a estas mártires. ¿Cómo puede explicarse que una Santa tan famosa y popular no fuese recordada en la primera redacción del Sinaxario? Graf dice que Damiana era conocida sólo a nivel local, mientras que Butcher dice que quizás fuese confundida con Santa Catalina de Alejandría o con Santa Teodora; al tratarse de una mártir egipcia que, a veces, aparece en los iconos siendo torturada con una rueda, y no específicamente aplastada en una prensa.

Reliquias de la Santa, veneradas en su santuario de Wadi-el-Natroom (Egipto).

Reliquias de la Santa, veneradas en su santuario de Wadi-el-Natroom (Egipto).

Santa Damiana es una de las Santas más populares y veneradas de la Iglesia Copta y su santuario en el delta del Nilo es meta de peregrinación de todo copto que se precie de ello. Al ser una Santa virgen mártir de la época de Diocleciano, es venerada asimismo por todas las iglesias cristianas; pero es fundamentalmente conocida en ámbito copto, siendo su devoción tan intensa como la de las mártires Bárbara, Marina, Arapsima (Hripsime) o Catalina. Su iconografía, con todo, es inconfundible: una joven princesa o monja rodeada de cuarenta vírgenes como ella. Se la suele representar con tres coronas: una por su virginidad, otra por su resistencia a las torturas, y una tercera por su muerte martirial.

Hay reliquias suyas, además de en su santuario de Wadi el Natroom en el delta del Nilo, en su iglesia de El Cairo (Egipto) y en el monasterio de San Atanasio de Londres, Reino Unido, aunque es posible que haya algunas más en otras iglesias y santuarios coptos del mundo.

Santa Damiana está considerada, en el mundo copto, como la fundadora del monasticismo femenino en Egipto -la primera monja copta- e incluso, hay quien explica que la vemos representada llevando una especie de hábito blanco, porque el hábito negro habitual en las monjas ortodoxas no estaba configurado en aquella época todavía. También se la llama “la princesa de las santas mártires de la Iglesia Ortodoxa Copta”, colocándola en rango por encima del resto de santas mártires veneradas en la misma, por entender que es la que más sufrió de todas (!!). La Iglesia Copta la conmemora 13 del mes tooba (21 de enero), día de su martirio.

El monasterio de la Santa en Barray-Belqas, Egipto, es un cenobio femenino que se dice construido sobre el primitivo palacio-monasterio de la Santa. Fue consagrado el 24 de septiembre de 1978 por el papa Shenouda III. La tumba de la Santa es meta de grandes peregrinaciones, como decíamos, pero la sesión más intensa de visitas tiene lugar entre el 4 y el 12 de basan (del 12 al 20 de mayo).

Dejo una película copta dedicada a Santa Damiana que reproduce con fidelidad la historia y martirio de la Santa, con comentarios del papa Shenouda III. Es una producción de bajo presupuesto, pero concienzuda y edificante, que está en árabe y puede seguirse con subtítulos en inglés.

Primera Parte:

Segunda Parte:

Meldelen

Fuentes:
The Coptic Synaxarium: The Thirtheen Day of the Blessed Month of Tubah
– VVAA, Bibliotheca Sanctorum (Enciclopedia dei Santi), Ed. Cità Nuova, Roma.

Enlaces consultados (11/06/2013):
http://suscopts.org/resources/literature/138/the-life-of-saint-Damiana/
http://www.cccnet.ca/saints_stories/St_Damiana.htm

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

12 pensamientos en “Santa Damiana y compañeras, mártires en Egipto

  1. Muchas gracias, Ana Maria, por este artículo sobre Santa Damiana de Egipto, que como muy bien has dicho, es muy venerada por la Iglesia Copta, la cual no tiene ningún templo o monasterio importante que no posea reliquias de la santa o de sus compañeras.

    No cabe ninguna duda de que es una santa mártir histórica, independientemente de las florituras de la “passio”, pero en cuanto a su “acompañamiento de mártires”, se ve cierta semejanza con Santa Úrsula de Colonia, santa también histórica y casi contemporánea, pero a la que le endosaron once mil compañeras.
    No se podrá confirmar nunca si las compañeras del monasterio de Santa Damiana eran cuarenta, más o menos, pero lo que si está claro es que era una comunidad de vírgenes que fueron masacradas junto con su guía espiritual.

    En Occidente, el nombre de Damiana no es común, lo contrario que ocurre con Damián y santos varones con ese nombre hay más de uno muy importantes y muy venerados; no se si eso habrá contribuido a eclipsar a la santa, pero si ha sido así en Occidente, en Oriente no ha ocurrido en absoluto.

    • A mí eso de las cuarenta vírgenes se me antoja una cifra absolutamente simbólica -no es cuestión aquí de entrar en todas las ocasiones que nosotros, en nuestra religión, usamos el número 40, pero está claro que tiene su simbolismo-; así como improbable la existencia del monacato -ni femenino ni masculino- en tiempos de Diocleciano. Como mucho sería un grupo, una comunidad de mujeres, consagradas a Dios, pero de ahí que fueran precisamente cuarenta… lo que está claro es que es una Santa muy importante en el mundo copto, la mártir que más lo es, seguro, y tras ella vienen Marina de Antioquía, Bárbara, Hripsime, Febronia… llama la atención lo eclipsada que está Catalina de Alejandría en comparación a todas éstas, cuando nosotros los occidentales, que la tenemos en tanto, la pondríamos la primera en este marco geográfico.

      Sí es cierto que el nombre de Damiana, con ser simplemente el femenino de Damián (Damiano), es poco frecuente en Occidente, donde creo que no hay ni una Santa con este nombre.

      Espero seguir hablando de alguna otra mártir copta muy venerada, por ejemplo, la niña mártir Santa Mohrail y su hermano Abahor. Lo que pasa con los santos coptos es que, por la estética árabe de sus nombres e iconografía, muchos creerán que son santos coptos modernos, cuando en realidad, son mártires de la Antigüedad y tan santos de una Iglesia como de la otra.

  2. Pues según creo, mañana sale un artículo mio también de santos mártires egipcios muy venerados por la Iglesia Copta. Supongo que a más de uno le dará miedo leer o ver el artículo, jaja.

  3. Casi pensaba que era un feminicidio por las 40 vírgenes y con las que menciona Antonio de Santa Úrsula y sus compañeras pues una masacre, sean las que hayan sido martirizadas, se mantuvieron firmes en la fe.

    Ana María en la primera imagen que nos muestras la santa tiene una especie de corona, ¿se representa así por ser la hija de un gobernador?. y ¿qué es esa cinta que le baja del cuello y cruza en el abdomen? Me llama la atención que tambien carga en su mano una cruz como la que usa el papa copto.

    • Bueno, en tanto que se matan mujeres, sí es feminicidio… pero matar a muchas, definitivamente es una masacre.

      La iconografía de Santa Damiana, como pasa con otras santas mártires, es más orientativa que fidedigna históricamente. La corona lo mismo puede aludir a su origen noble -no real, ya que, como bien dices, no era hija de rey ni de emperador, sino de un gobernador- que a su corona de martirio. La cinta dorada que le cruza el vestido, yo no sé que significará exactamente, pero sé que se lo ponen a todas las Santas que aparecen vestidas de princesas, emperatrices, o simplemente entronizadas -caso, por ejemplo, de Santa Parasceve de Iconio o Santa Catalina de Alejandría-. Para mí, es un adorno propio de las vestiduras reales.

      La cruz es el símbolo oriental de martirio. Recuerda que los mártires, en los iconos orientales, llevan la cruz en lugar de la palma. Aquí, como los coptos son mucho más sincréticos, le ponen las dos, la palma y la cruz. Y naturalmente la cruz adopta la forma propia del lugar, por eso es una cruz copta. También es posible que sea una cruz monacal, porque los coptos la consideran monja, aunque ello sea anacrónico.

  4. Ana María, pues si que hoy me has dado una novedad, pues yo creía a grandes rasgos, conocer a la mayoría de los mártires de la antigüedad y ahora Santa Damiana me resulta una novedad muy antigua. No recuerdo haber leído algo sobre ella. Ya he aprendido algo nuevo hoy. Me sorprende lo que dices que su culto opaca a Santa Catalina de Alejandría, lo que son las cosas ¿Verdad? Solamente te pido me ilustres en esta cuestión: ¿Esta santa está en el martirologio romano? Si no está y es una santa antigua e histórica, porqué no está incluido en él. Gracias.

    • Humberto, créeme que es francamente imposible que tú, yo o nadie conozca a la mayoría de los mártires de la Antigüedad… su cantidad es innombrable. La mayoría, precisamente, no tiene nombre, no los conocemos, así que… ¿cómo los vamos a conocer todos, mayoría o no mayoría? Sólo Dios, que reconoce a los suyos, los conoce, los recuerda uno por uno y los llama por su nombre.

      “Después de esto miré, y he aquí una gran multitud de todas las naciones y razas y pueblos y lenguas, y nadie podía contar su número. Están de pie delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y llevando palmas en sus manos.” Apocalipsis, 66:7:9.

      Muchos mártires hay, sin embargo, conocidos, con nombre propio, que también se nos escaparán, como era tu caso con Santa Damiana, porque son Santos que no reciben culto de todas las Iglesias o que no son conocidos en todas partes. Es lógico. Pero me alegro muchísimo de habértela dado a conocer.

      Santa Catalina de Alejandría no es, en efecto, tan venerada en el mundo copto como lo es Santa Damiana, Santa Marina o Santa Bárbara. Cosas que pasan. En el mundo ortodoxo griego, ruso y oriental en general sí es una de las más veneradas, y en Occidente ya es poco más que una leyenda, pero entre los coptos, incluso una Santa tan poco conocida para nosotros como Arapsima (Hripsime) tiene más veneración que Catalina.

      Que yo sepa, Santa Damiana no está incluida en el Martirologio Romano, pese a ser santa antigua e histórica. ¿Que por qué no? Pues ya lo he dicho otras veces: el Martirologio Romano no incluye la totalidad de Santos, ni mucho menos. Ni están todos los que son, ni son todos los que están, como suele decir a menudo, y muy acertadamente, nuestro amigo Antonio.

      • Pues claro que no están todos. ¿Quién se puede imaginar que San Fulgencio, hermano de los santos Isidoro, Leandro y Florentina y al que la Iglesia venera al igual que a los otros tres, no consta en el Martirologio?
        Por algo, al final de cada día, se dice: “Et alibi aliorum plurimorum sanctorum Martyrum et Confessorum atque sanctarum Virginum”.

  5. Según anuncia el Vaticano, el próximo viernes, el Papa Francisco dará a conocer su primera encíclica: “Lumen fidei”.

  6. Para mí, la passio es sólo eso, una leyenda. Pudo basarse en hechos reales, pero como sucede con las tradiciones que se transmiten oralmente, estos se magnificaron y con el paso del tiempo se volvieron irreconocibles y el pueblo los tomó como literales y a la jerarquía le interesaba más que el mártir en cuestión muriera defendiendo la ortodoxia doctrinal -explícita o implícitamente- que los detalles descritos como anacrónicos: protomonacato, cuarenta vírgenes, un emperador apóstata del cristianismo -Sí que me reí cuando leí que Diocleciano lo era- que puede revelar que influyó la actitud de un emperador denostado: Juliano el apóstata. Y sí, también pensé en la leyenda de Santa Úrsula y sus miles de compañeras, pero a una escala mucho más reducida para hacerla más creíble. Sin afán de ofender, la iglesia copta debería ser más seria en cuanto a la inclusión de santos cuya pista histórica sea muy confusa.

    • Alejandro, que la passio sea una leyenda no significa que la Santa tenga una pista histórica “muy confusa”. De hecho, es poco confusa, nada confusa. Siempre han tenido sus reliquias allí y las han repartido ampliamente por todas las iglesias coptas de Egipto para que a nadie le faltara su trocito de Damiana.

      Aunque el martirio de la Santa se sitúa en el siglo IV y los manuscritos que hablan de su vida son traducidos en el VII, es cierto que eran más antiguos, por lo que no debían irse mucho de su época de martirio. Está considerada una Santa histórica, la cabecilla de una comunidad de vírgenes masacrada en tiempo de las persecuciones; al igual que Santa Úrsula. No me parece poco serio considerar tanto a una como a otra, la verdad. Me parece bastante razonable. Claro, que de ahí a decir que es la fundadora del monacato femenino copto… pues tanto no diría yo.

  7. Vaya pues yo tampoco conoci ninguna santa con este nombre, es bastante interesante su vida y martirio aunque como bien dices se nota que muchos de sus aspectos no pasan de ser leyenda, gracuas Ana.

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