Basílica Menor de Santa Maria in Aracoeli

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Exterior de la iglesia, a la cual se asciende subiendo una larga escalera en una colina.

Exterior de la iglesia, a la cual se asciende subiendo una larga escalera en una colina.

La iglesia fue construida sobre las ruinas del templo de Juno Moneta, que estaba situado en el “Arx”, una de las dos alturas de la Colina Capitolina. Pero, sin embargo, la identificación del lugar no parece del todo cierta, pues según otros estudios, la iglesia surgiría donde se encontraba el antiquísimo Auguraculum, lugar en el cual, los augures hacían sus predicciones observando el vuelo de las aves.

La primera construcción es del siglo IV; como en otros muchos casos, en torno a la primitiva iglesia se adhirieron otras construcciones que, en la parte superior se desarrollaron como un monasterio, mientras que en la pendiente de la colina surgiría un mercado y, posteriormente, un barrio pequeño. Restos de estas construcciones (la pequeña iglesia de San Blas del Mercado y la subyacente Insula Romana), salieron a la luz en los años treinta del siglo pasado.

En un documento del siglo XII que otorga al abad (benedictino) de “Santa Maria in Capitolio” la propiedad en el “montem Capitolii” se describen las tres entradas a la colina en aquel momento (como poco, podemos imaginarnos que eran caminos escarpados):
– El camino hacia la Clivo Argentariorum (la actual escalinata que sale desde la Prisión Mamertina) y que está orientada hacia los barrios pobres.
– La “vía publica que conduce hacia el Campidoglio” (corresponde aproximadamente a la actual Cordonata).
– El camino que conduce a San Teodoro, hacia el Foro, que aún existe.

Vista del altar mayor de la Basílica.

Vista del altar mayor de la Basílica.

El Capitolio volvió a surgir a la vida pública en el año 1143, cuando el pueblo romano se rebeló contra el papa Inocencio II, que había mombrado como jefe suyo a Giorgio dei Pierleoni, designándolo como “Patricius”, eligiendo aquel antiguo lugar como sede de reuniones (la construcción del primer Palacio Senatorial se sitúa en torno al año 1195).

En los decenios de la contienda entre los güelfos y los gibelinos, la plaza se convirtió en una experiencia comunal de la ciudad y con ella, su iglesia. Fue en estas circunstancias cuando Inocencio IV concedió en el año 1250, la propiedad del lugar (iglesia y monasterio) a los franciscanos, una Orden nueva en aquellos tiempos.

Éstos restauraron la iglesia, confiriéndole el aspecto románico-gótico actual, y ella, además de ser un lugar de culto, se convirtió en el centro de la vida política de Roma, hasta tal punto, que allí se celebraron asambleas populares. La sintonización de la renovada iglesia con los nuevos tiempos que se vivían en la ciudad, se manifestó concretamente en la modificación de su orientación primitiva (primero orientada hacia el Palacio Senatorial y el Foro y, después, orientada hacia San Pedro y el Campo Marcio) y en la construcción de una nueva imponente escalinata encargada por el propio municipio en el año 1348, como un voto hecho a la Virgen para que pusiera fin a la peste que asolaba Europa. La escala fue inaugurada por Cola di Rienzo.

Después de la Basilica Papal de San Pedro y de la Catedral de San Juan de Letrán, ambas dedicadas a las fastuosas ceremonias papales, esta iglesia del Aracoeli era la iglesia del pueblo y de sus instituciones civiles, en particular, del cercano Senado.

Aquí, en 1341 se graduó el poeta Francesco Petrarca; también tuvo lugar aquí en 1571, el triunfo del romano Marcantonio Colonna, comandante de la Liga Católica contra los turcos, celebrando la victoria en la batalla de Lepanto (en esa ocasión fue construido el techo que podemos admirar hoy en día). Aquí se oficia cada fin de año el Te Deum del pueblo romano. En el Aracoeli también se celebró solemnemente el preceptivo nacimiento de la Guardia de Palacio del Papa, la Milicia Urbana y la Guardia Cívica, que posteriormente sería la Guardia Palatina de Honor.

Sarcófago de pórfido con los restos de Santa Elena. Basílica de Santa Maria in Aracoeli, Roma (Italia).

Sarcófago de pórfido con los restos de Santa Elena. Basílica de Santa Maria in Aracoeli, Roma (Italia).

En el año 1797, durante la ocupación de Roma, los franceses tomaron posesión de la colina, persiguiendo a los frailes franciscanos y convirtiendo la iglesia en un establo: la mayoría de las decoraciones que la adornaban fueron destruidas. Conseguida la Unidad de Italia, la propiedad del convento pasó al Estado, que estableció en ella unos cuarteles y el mando de los agentes de tráfico. Durante los trabajos de construcción del Victoriano, que se iniciaron en el 1882 y se inauguraron en el 1911, fueron destruidos en pocos años y en varias ocasiones, los edificios existentes entre el lado sur de la colina del Capitolio y la entrada a la Via del Corso, incluyendo los edificios conventuales adosados a la iglesia y los yacimientos romano y medieval existentes en aquel lugar.

El interior tiene tres naves con arcos de medio punto, un transepto poco saliente está dotada de tres capillas con absides. Tiene una arquitectura que data de la reconstrucción de los frailes franciscanos, comenzada alrededor del año 1250. El techo de madera es del siglo XVI, el pavimento cosmatesco está bien conservado, excepto en las zonas de las lápidas insertadas en el siglo XIV.

Son muchos los tesoros presentes en la iglesia. En la contrafachada, a la izquierda del portal principal, está expuesto el monumento funebre del Cardenal Ludovico d’Albret, bella obra de Andrea Bregno del 1465. Ahora, al lado izquierdo está apoyada a la pared la lastra tombale dedicada a Giovanni Crivelli, archidiacono de Aquileia, la cual, originariamente estaba puesta en el pavimento, y que fue esculpida por Donatello en el año 1432. Más adelante, en la nave principal, se encuentra un altar con la “Madonna col Bambino” de escuela sienesa del siglo XV. Aun más adentro, detrás de las últimas columnas de la derecha y de la izquierda de la nave principal, se conservan dos bellísimos pergaminos comatescos, de principios del siglo XIII y que están atribuidos a Lorenzo di Cosma y a su hijo Jacopo.

El templete del siglo XIX cercano al púlpito de la izquierda está dedicado a Santa Elena, la madre del emperador Constantino; y allí se conservan sus restos dentro de una urna de pórfido, junto con reliquias de los Santos mártires romanos Artemio, Abundancio e Isidoro. Los restos de Santa Elena llegaron en una cajita de madera de sándalo del siglo XII. Según la tradición, el cuerpo de la Santa se encuentra en esta iglesia desde el año 1140, por expreso deseo del papa Inocencio II.

Imagen del Santo Niño de Aracoeli ("Santo Bambino", "Il Bambinillo") que se venera en esta iglesia.

Imagen del Santo Niño de Aracoeli (“Santo Bambino”, “Il Bambinillo”) que se venera en esta iglesia.

En el altar principal es venerado un icono bizantino del siglo XI, que representa a la Virgen. En la capilla Bufalini, que es la primera capilla a la derecha, encontramos un fresco de Pinturicchio que ilustra la “Historia de San Bernardino de Siena (1485), así como un bello pavimento muy bien conservado. En la segunda capilla de la derecha – la capilla de la Pietà – sobre el altar principal hay una Pietà de Marco Pino de Siena (siglo XVI), mientras que en las paredes laterales existen frescos de Pomarancio, de la misma época. También se evidencia un precioso pavimento.

En el corredor del lado derecho de la iglesia, que conduce hacia el exterior, están presentes la “Tumba de Cecchino Bracci” (muerto en el 1545), diseñada por Miguel Ángel y la “Tumba de Pietro Manzi”, obispo de Cesena, obra de Andrea Sansovino (1504). En la última capilla a la derecha ha sido descubierto recientemente un fresco del siglo XIII, que representa a la “Madonna con el Niño entre los Santos Juan Bautista y Juan Evangelista, atribuido a Pietro Cavallini y a Jacopo Torriti.

En la tercera y en la cuarta capillas de la izquierda, es interesante destacar respectivamente, una tela con San Antonio de Padua de Benozzo Gozzoli (siglo XV) y la “Historia de San Pablo del Pomarancio (siglo XVI).

En el crucero izquierdo encontramos la tumba del cardenal Matteo d’Aquasparta (muerto en el 1302), embajador del Papa Bonifacio VIII y ministro general de los Frailes Menores. El altar fue realizado por Juan de Cosla, mientras que el fresco que representa a la “Madonna con el Niño y algunos Santos” es obra de Pietro Cavallini. En el crucero derecho existe un monumento funebre esculpido por Arnolfo di Cambio (finales del siglo XIII).

En esta iglesia, en la capilla de San Gregorio, se conserva el cuerpo de San Juan Lantrua de Triora, sacerdote franciscano martirizado en China el 7 de febrero del año 1816. Los restos están recubiertos por el hábito franciscano y el rostro, por una mascarilla de plata realizada en el año 1966. Asimismo, en la capilla de San Francisco, descansan los restos del Beato Junípero, compañero del Serafín de Asís. Con ocasión del séptimo centenario de su muerte (22 de junio del 1958), los restos se trasladaron aquí, desde un pilar derecho de la nave central, donde fueron puestos en el año 1621 por parte de Alejandro Camerino, que era el prefecto de las bulas apostólicas.

Urna de San Juan Lantrua de Priora, sacerdote franciscano mártir en China.

Urna de San Juan Lantrua de Priora, sacerdote franciscano mártir en China.

La iglesia era y es famosa por el “Santo Bambino”, escultura de madera del Niño Jesús, tallada en el siglo XV, con la madera de un olivo del Huerto de Getsemani y que está recubierta con preciosos ex votos. Según la creencia popular, está dotada de poderes milagrosos y los fieles se acercan para pedirle la gracia cuando padecen de algún mal o sufren alguna desgracia. La escultura, robada en febrero de 1994, no ha sido encontrada y en su lugar se ha puesto ahora una copia, a la cual no le faltan nuevos ex votos.

Felice Stasio

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San Juan de Râşca y Secu

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Icono ortodoxo rumano del Santo jerarca.

Icono ortodoxo rumano del Santo jerarca.

San Juan de Râşca y Secu es uno de los santos rumanos del siglo XVII, contemporáneo de los santos metropolitas Barlaam (1632-1653) y Dositeo (1671-1686) de Moldavia y de San Pedro Movilă de Kiev (1633-1647), así como de los santos ascetas moldavos, Teodora de Sihla (~1650- ~1730) y Teodosio de Brazi.

Su vida
San Juan nació en un pueblo de hombres libres en el sur de Moldavia. Los nombres de sus padres fueron Jorge y Anastasia y eran parientes de Barlaam, el futuro metropolita de Moldavia. Barlaam era en ese tiempo egumeno del monasterio Secu, y habiendo oído hablar de los deseos monásticos de su sobrino, lo llevó a Râşca, un monasterio situado no muy lejos y que ya tenía una larga tradición monástica. El egumeno Agatón de Râşca lo tonsuró como monje y allí vivió durante los siguientes dieciocho años.

En 1632, su tío Barlaam fue elegido metropolita de Moldavia y llamó a Juan para que viviera en su celda en el monasterio Secu. Permaneció allí hasta 1641, cuando el voivoda Vasile Lupu (1634-1653) fundó el monasterio de San Nicolás en el burgo de Neamt y nombró a Juan como egumeno. En el 1650 Juan bautizó a la hija del armaş Joldea (comisario administrativo de la fortaleza de Neamţ), la futura Santa Teodora de Sihla, a quien sirvió como padre espiritual y confesor durante su juventud.

En el año 1666, San Juan era propuesto como egumeno del monasterio Secu y un año más tarde, obispo de Huşi (1667-1714). La mayor parte de su vida se escribe en un Paterikon local, escrito en 1888, en el que se describe su santidad, ascetismo, bondad, amor por la enseñanza de la fe y humildad cristiana hasta el día de su muerte. Este retrato se describe hoy también en su servicio litúrgico, junto con la virtud de la mansedumbre. Pero incluso antes, su colega obispo de Roman, San Dositeo (más tarde metropolita), al que siguió Juan de Roman (1674-1685) lo nombra ya, en un manuscrito de su libro Viata şi petrecerea sfinţilor (“La Vida y la desaparición de los santos”) que aun se mantiene en Neamţ, como “maravilloso y santo arzobispo”.

Vista del monasterio Secu (Rumanía) donde reposa el Santo.

Vista del monasterio Secu (Rumanía) donde reposa el Santo.

Como obispo de Roman, Juan se hizo cargo de la vida monástica en el sur de Moldavia, en la región en la que nació. La tradición nos dice que dos monasterios fueron fundados por él, es decir, los de Mera y Vărzăreşti, en el condado de Vrancea; el segundo es el monasterio donde Santa Teodora de Sihla comenzó su vida monástica. San Juan murió en el año 1685, siendo enterrado por el santo metropolita Dositeo en el monasterio Secu, cerca de su tío San Barlaam.

Veneración
El proceso de canonización de los ascetas de Neamt, promulgado por el Santo Sínodo rumano del 5 al 7 de marzo del año 2008, incluyó a San Juan “de Râşca y Secu”, junto con Simeón, Amfiloquio de Pangarati (7 de septiembre), Ciriaco de Tazlau (9 septiembre), José y Ciríaco de Bisericani (1 de octubre), Rafael y Partenio de la Antigua Agapia (21 de julio) y José de Văratec (16 de agosto). Su festividad es el 30 de agosto junto con su tío, el Santo Metropolita Barlaam. Su proclamación oficial tuvo lugar en la Fiesta del monasterio Secu, dedicada a la decapitación de San Juan Bautista, el día 29 de agosto del año 2008.

Detalle de la tumba del Santo en la pared del monasterio Secu, Rumanía.

Detalle de la tumba del Santo en la pared del monasterio Secu, Rumanía.

Troparion (himno) del santo
Buen discípulo de los Santos Barlaam y Dositeo, metropolitas de Moldavia, por orden de Dios fuiste un santo y maravilloso jerarca, obispo de Huşi y arzobispo de Roman. Mantuviste la fe correcta, siendo pastor del rebaño de Cristo, y viviste santamente, bendiciendo a los santos monasterios de Râşca y Secu. Santo Jerarca Juan, ¡ruega a Dios para que salve nuestras almas!

Mitrut Popoiu

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Contestando a algunas preguntas breves (VIII)

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Escultura de San Lupo, obispo de Troyes (s.XV) en la iglesia de Estissac, Francia.

Escultura de San Lupo, obispo de Troyes (s.XV) en la iglesia de Estissac, Francia.

Pregunta: Hola que tal, mi pregunta es: ¿cómo se ofrece un novenario y cómo se lleva a cabo? Muchas gracias y como comentario, su información me parece excelente.

Respuesta: Es que por novenario se pueden entender dos cosas:
– Culto que se da a la Virgen o a un santo durante nueve días (se llama también novena).
– Misa que se celebra al noveno día de fallecer una persona.
Si se está refiriendo a lo primero, pues es cuestión de realizar unas oraciones al santo que se quiera durante nueve días seguidos. Las oraciones a rezar son las que uno quiera, aunque hay santos que tienen novenas fijas, pero yo las desconozco. Lo más lógico es rezar la oración por excelencia, o sea, el Padrenuestro. Si lo que se quiere es lo segundo, basta con ir a una iglesia y encargar se oficie la misa por el difunto.

Pregunta: Me gustaría recabar información sobre san Lupo, creo que fue Obispo de Troyes en Francia. Y también me gustaría saber si hay más santos con ese mismo nombre. Muchas gracias.

Respuesta: San Lupo, obispo de Troyes, nació en Toul hacia finales del siglo IV, estando emparentado con las familias eclesiásticas más ilustres, pues su madre era hermana de San Germán obispo de Auxerre, su hermano fue San Vicente de Lerins y su esposa era hermana de San Hilario, obispo de Arlés. Antes de obispo, San Germán fue gobernador y San Lupo estaba a sus órdenes. Se casó con Pimeniola y, después de estar siete años casados, decidieron separarse e ingresar cada uno en un convento. San Lupo se fue al monasterio de Lerins, donde estaba como abad San Honorato y desde allí, en el año 426 se marchó a Mâcon.

Estando allí fue elegido para ocupar la sede episcopal de Troyes. Estuvo dos veces en Inglaterra con su tío San Germán de Auxerre para combatir contra el pelagionismo. Fue a la vuelta, cuando al pasar por Nanterre se encontraron con Santa Genoveva de París. En el año 451, se presentó ante Atila y consiguió que su ciudad no fuese destruida, por lo que fue acusado por los romanos de haber ayudado a los hunos y obligado a abandonar su sede. Fuese así o no, lo cierto es que el santo abandonó su ciudad y se retiró al monte Lansuine para hacer vida eremítica. Posteriormente volvió a su sede y allí murió el 19 de julio del año 479.

Santos de nombre Lupo:
San Lupo mártir, San Lupo obispo de Angers, San Lupo obispo de Bayeux, San Lupo obispo de Benevento, San Lupo obispo de Chalón, San Lupo obispo de Limoges, San Lupo obispo de Lyón, San Lupo obispo de Sens, San Lupo obispo de Soissons, San Lupo mártir de Tours, San Lupo obispo de Troyes y San Lupo obispo de Verona.

Panorámica de la plaza de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia) durante una ceremonia de canonización.

Panorámica de la plaza de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia) durante una ceremonia de canonización.

Pregunta: ¿Por qué habéis dicho en más de una ocasión que el santoral es “un cajón de sastre”?

Respuesta: Decimos a veces que el santoral ha sido un cajón de sastre porque en el Viejo Continente se han ido inscribiendo en él, durante dos mil años, todos los nombres de personas más o menos santas, más o menos piadosas de todos los lugares cristianos: países, regiones, pueblos… Pero para más “INRI” en ese saco no sólo han caído personas reales, históricas y santas, sino también infinidad de gentes que jamás han existido: monjes, eremitas obispos, fundadores de monasterios, reyes, presuntos mártires, etc. “Si este pueblo tiene un santo, el mío ¿por qué no lo va a tener?”

Ya a inicios del Segundo Milenio se quiso poner algo de orden y las canonizaciones, que antes eran locales, se las reservó el Papa. Aun así, más de la mitad del santoral estaba ya lleno de santos ficticios. Como comprenderás no voy a hacer una lista de “estos santos” porque me ocuparía muchísimo tiempo y bibliografía hay de sobras sobre este tema. En el siglo XV, con la creación de la Sagrada Congregación de Ritos, se pretendió y logró controlar aún más todo esto. En el siglo XX, el Beato Pablo VI, aprovechando una reforma de la liturgia para adaptarla al Concilio Vaticano II, quiso “expurgar el saco” y sacó a manojos a muchísimos de ellos, algunos muy conocidos y a mediados de esta primera decena del siglo XXI, con otra nueva reforma litúrgica, se ha hecho otro tanto. Ten en cuenta que, por ejemplo, reyes piadosos que habían sido asesinados por motivos políticos o económicos, estaban considerados como santos mártires.

Pero muchas veces, Roma va por un camino y el pueblo va por otro; y a santos que oficialmente se les ha sacado del santoral se le siguen festejando en distintos lugares, con el consentimiento más o menos explicito del obispo local. La fe, la superstición, las leyendas… se mezclan y ¡quién se atreve a quitar a un pueblo un santo que para ellos lo ha sido toda la vida! De todos modos, desde hace muchísimo tiempo ya los bolandistas iniciaron una recopilación estudiando a fondo cada caso para separar lo histórico de lo legendario, tarea que han continuado prestigiosos hagiógrafos durante los últimos siglos. Pero, en gran manera, el problema sigue a nivel de devoción popular: devocionarios, novenas, peregrinaciones, libros piadosos completamente inventados, etc.

¿Y en el Nuevo Continente? Pues en muchísimos lugares se han mezclado los ritos ancestrales con los ritos católicos y ello ha sido consentido por los obispos locales. Todo el mundo es libre de hacerse o no cristiano, pero si decides ser cristiano, lo anterior, hay que dejarlo, algo que desde luego no va en contra con lo que llamamos inculturización de la liturgia. De todas maneras, como ya te he dicho, allá cada obispo con su responsabilidad.

Pregunta: Deseo saber, porque me encantó la página. Ahorita la descubrí. Yo nací el 14 de febrero de 1960 y quiero saber que santo o santa se celebra ese día. Y una segunda pregunta es porque una amiga me pregunta qué santo ponen los árabes en sus negocios y le dije que iba a investigar. Por favor ayúdenme. Saludos

Respuesta: El 14 de febrero se celebran los siguientes santos y beatos: Abrahám de Carrhes, Adolfo de Osnabruck, Antonia de Siena, Armata, Arbasio, Dionisio, Oro, Pablo, Leviorio, Ortasio y Plesia, mártires, Auxencio de Bitinia, Basilio, Teodoro y Timoteo mártires, Caemhan obispo, Ceollach obispo, Cirilo y Metodio apóstoles de los eslavos, Cirión, Casiano, Agatón y Moisés, mártires, Conran monje, Cristina de Spoleto, Dionisio, Passamona, Jonás, Ammonio, Ipo, Proto, Precvonio y Moisés mártires, Eleucadio obispo, Filemón de Gaza, Jordán de Saxonia, Juan Bautista de la Concepción, Guerino obispo, Modestito, Florentino y Flaviano mártires, Nostriano obispo, Nicolás Paglia, Pauliano obispo, Pedro II obispo, Saturnino, Advocato, Máximo y Precuno mártires, Senador obispo, Sinach, Valentín de Roma, Vidal de Spoleto, Vidal, Felícula y Zenón mártires y Zenón de Roma.

Con respecto a qué santos conmemoran los árabes como patronos de sus negocios, pues tengo que decirte que no tengo ni idea. El que existan santos cristianos que tengan nombres árabes no quiere decir que nosotros, en este blog, nos dediquemos a investigar sobre los santos del Islam, si es que en esa religión los hay y los veneran. Nosotros nos dedicamos únicamente a la hagiografía cristiana.

Icono ortodoxo georgiano de los mártires de Kherkheulidze; nueve hermanos varones, una hermana y la madre de todos ellos.

Icono ortodoxo georgiano de los mártires de Kherkheulidze; nueve hermanos varones, una hermana y la madre de todos ellos.

Pregunta: He oído hablar de los nueve santos hermanos Kherkheulidze y no tengo ni idea de quienes son. ¿Me podríais informar? Gracias desde Estados Unidos.

Respuesta: Aunque no lo dices, tengo la impresión de que tu ascendencia es georgiana ya que estamos hablando de santos ortodoxos georgianos. Estos nueve hermanos, junto con su madre y su hermana murieron mártires en el año 1625, cuando el Shah de Persia atacó las provincias georgianas orientales de Kartli y Kakheti para imponerles el Islam. Estos nueve hermanos eran de familia noble, pertenecían al ejército georgiano y eran los encargados de llevar el estandarte de su patria. Los persas iban ganando la batalla e hirieron gravemente al general georgiano que dirigía el ejército. Entonces, se corrió la noticia entre los soldados y creció el pánico entre ellos porque se creían que el que había muerto era el rey Teimuraz I de Kakheti.

Cuando se dieron cuenta de su error, fue demasiado tarde y ya estaba echada la suerte sobre quién ganaría la batalla, o sea, los persas. Estos hermanos cayeron defendiendo a los obispos de Rustavi y Kharchasho; entonces, su hermana se apoderó de la bandera y junto con su madre, la levantaron y defendieron como símbolo de que la Georgia cristiana era invencible. También la hermana y la madre fueron asesinadas. Nueve mil georgianos dieron su vida en la batalla de Marabda, defendiendo su patria y su religión. Estos nueve mil soldados georgianos fueron canonizados por la Iglesia Ortodoxa de Georgia; algo parecido a lo ocurrido con los ochocientos santos mártires de Otranto, que fueron canonizados por el Papa Francisco el pasado mes de mayo. Estos nueve hermanos, junto con su madre y su hermana, digamos que simbolizan a estos mártires. Su fiesta se celebra el día 3 de agosto (calendario gregoriano) ó 16 de agosto (calendario juliano).

Pregunta: ¡Hola, Antonio! Resulta que vivo cerca de un pueblo llamado Carcaixent y allí es patrón San Bonifacio, del cual dicen que fue esclavo de Santa Áglae y murió mártir. También dicen que allí tienen las reliquias del Santo, sacadas de la catacumba de Santa Ciríaca en Roma y que fueron donadas primero a Llutxent, otro pueblo valenciano, y finalmente trasladadas a Carcaixent, pero a mí esta historia no me convence porque creo que lo que tienen es un cuerpo santo de las catacumbas. ¿Dónde está el auténtico Bonifacio del Martirologio? España

Vista de la imagen procesional de San Bonifacio, mártir de Tarso, venerada en Carcaixent, Valencia (España).

Vista de la imagen procesional de San Bonifacio, mártir de Tarso, venerada en Carcaixent, Valencia (España).

Respuesta: Tienes toda la razón porque las reliquias de este santo no están en Carcaixent, ya que está sepultado en la iglesia de los santos Alejo y Bonifacio, en Roma, dentro de una urna de mármol puesta bajo el altar mayor de la iglesia. Ya en el Itinerario del siglo VII “De Locis Sanctis Martyrum”, se dice que el santo está en Roma. Cuando sus reliquias fueron descubiertas el martes santo del año 1217, el Papa Honorio III ordenó trasladarlas a esa iglesia.

Te contaré algo de él, aunque sea escuetamente. Existe una “passio” griega, que fue traducida al latín en el siglo VII y en la traducción se dice que Bonifacio era el procurador (no el esclavo) de la riquísima matrona romana Áglae, con la cual vivía de manera pecaminosa, pero como eran buenas personas y se dedicaban a socorrer a los pobres, el Señor les dio la gracia de la conversión.

Sabiendo que Diocleciano estaba persiguiendo a los cristianos en Oriente, ella pidió a Bonifacio que marchara hacia aquellas tierras para socorrer a los cristianos y en Tarso, confesó su fe muriendo decapitado. Quienes lo habían acompañado a Tarso, recogieron su cuerpo y lo llevaron a Roma donde Áglae lo recibió, dándole sepultura en un cementerio (catacumba) en la vía Latina. Ella vendió todos sus bienes, repartió el dinero entre los pobres y posteriormente ingresó en un monasterio donde vivió trece años.

Además, por lo que he podido leer, lo que se trasladó de Llutxent a Carcaixent fue la urna con los restos completos de un mártir, pero que durante la Guerra Civil, fueron dispersados, profanados y quemados. El cuerpo del mártir de Tarso sigue en su iglesia de Roma, donde te decía, intacto. Como tú dices: seguro que el santo que veneran en Carcaixent, es un cuerpo santo extraído de las catacumbas de Roma; no es este santo en concreto.

Antonio Barrero

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Santa Ketevan, reina mártir de Georgia

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Icono ortodoxo georgiano de la Santa, obra de Shota Tsintsadze.

Icono ortodoxo georgiano de la Santa, obra de Shota Tsintsadze.

La mártir de quien hablaré hoy es realmente una figura notable, ya que fue reina de Kakheti, un reino situado al oriente de la actual Georgia. A pesar de haber nacido encumbrada y de regio linaje, y por tanto, haber estado destinada a una vida de lujos y comodidades, acabó su vida sufriendo una terrible muerte en defensa de su fe cristiana. Su nombre, ciertamente curioso, era Ketevan, aunque los ortodoxos rusos a veces la llaman Katviana.

Reina en tiempos de guerra
Ketevan, nacida en 1565, era hija del príncipe Ashotan de Mukhran, un gobernante destacado de la familia real de los Bagrationi. Por tanto, por parte de padre descendía de la familia y dinastía imperial bagratiana y era biznieta del emperador Constantino de Kartli (1469 -1505). Fue casada con David, sucesor del emperador Alejandro II de Kakheti (1577 –1605) y por tanto, heredero al trono de este reino de acuerdo a la ley del país, pese a que el rey tenía otros dos hijos, Jorge y Constantino-Mirza. Éste último, al que posteriormente se le otorgaría el sobrenombre de El Maldito, se convirtió al Islam y adoptó el nombre de Okayan. Fue criado en la corte del sha Abbas I, rey de Persia.

Como reina, Ketevan fue una mujer tan inteligente como piadosa, y solía prestar servicio a la Iglesia Ortodoxa de Georgia, edificando numerosas iglesias, hospitales y monasterios, así como albergues para mendigos y peregrinos. Siete años después de su boda, el rey Alejandro abdicó del trono y fue tonsurado como monje en Alaverdi, de modo que David fue coronado rey. Pero apenas cuatro meses después, en 1602, el joven rey David murió repentinamente, dejando viuda a Ketevan y huérfanos a los dos hijos que había tenido con ella; un varón, Teimuraz, y una hija, Elena. Por ello, su padre Alejandro se vio obligado a ocupar el trono de nuevo. En contra de lo que era costumbre en la época, Ketevan no volvió a casarse, y, cuando no se dedicaba a sus fundaciones y obras de piedad, se retiraba a menudo en soledad.

En 1605, al saber de la muerte de su hermano David y el nuevo ascenso de su padre al trono, Okayan, el hijo menor, siguiendo órdenes del sha, envió asesinos para matar a su hermano Jorge y a su padre Alejandro, que estaba enfermo entonces (según otras versiones, el asesinato lo cometería él mismo) y tomó el trono de Kakheti. A continuación, tomó las cabezas cortadas de su padre y de su hermano y las mandó al sha como regalo. Ordenó que cargaran los cadáveres decapitados en dos camellos, bien atados, y se los llevaran a la reina. Ketevan se horrorizó al recibir la espantosa carga y durante mucho tiempo lloró la pérdida de su suegro y cuñado. No obstante, les propició un digno sepelio en la catedral de Alaverdi.

Fresco georgiano representando a la Santa en su atuendo de reina.

Fresco georgiano representando a la Santa en su atuendo de reina.

Okayan no estaba todavía satisfecho con haber usurpado el trono de Kakheti de manos de su padre, por lo que decidió casarse con Ketevan para legitirmar todavía más su derecho. Cuando la reina se negó, la amenazó con casarse con ella a la fuerza y luego matarla. Pero Ketevan no se dejó amedrentar, ya que, a su juicio, no debía permitir que el reino fuera islamizado y tampoco gobernado bajo el asesino de sus familiares. La reina reunió a todos los nobles de Kakheti y les informó lo que había sucedido. No hizo falta más para alzar a la nobleza en rebelión. Luego, ella misma formó un ejército que se enfrentó a las tropas del sha, a la cabeza de las cuales marchaba Okayan. Éste murió en batalla y sus tropas fueron aplastadas por la gente de Ketevan. Con todo, ella le dio honrosa sepultura como correspondía a un príncipe de linaje real.

Tratando de mantener la paz a toda costa, Ketevan mandó generosos regalos al sha Abbas y le pidió que proclamara a su hijo, Teimuraz, heredero por derecho al trono de Kakheti. Mientras esperaba su respuesta, ella asumió personalmente el gobierno como regente. Por tanto, durante un tiempo Ketevan gobernó sola, llevando adelante las riendas del reino con sabiduría y corrección según las fuentes de que disponemos. Pero la paz no fue característica del reinado de Ketevan. El tiempo que esta ilustre mujer ciñó la corona estaría lleno de luchas entre familiares y tendría un trágico final.

Sin embargo, y tal como era costumbre con los príncipes herederos, el sha tomó como rehén a Teimuraz. Tras vivir varios años en la corte persa y mantenerse él en la fe cristiana, pese a los constantes intentos de que abrazara el Islam, Teimuraz fue finalmente devuelto a su madre, temiendo el sha que, si denegaba proclamarlo príncipe heredero, Kakheti se separaría del imperio persa y se uniría a Kartli. Por ello, Teimuraz regresó a Georgia, cargado de riquezas obsequiadas por el sha, y fue coronado rey de Kakheti.

Georgia destruida
Parecía que todo había acabado en un feliz desenlace, mas la paz duró pocos años: en 1614, el sha exigió nuevos rehenes, esta vez, al hijo menor del rey Teimuraz, Alejandro. Si no se le enviaba a la corte persa, amenazó con invadir el feudo de Kakheti y diezmar la población. Sus ejércitos eran muy superiores a los del difunto Okayan, y el rey vio que no había otra salida, sino aceptar lo que el sha exigía.

Fresco georgiano de la Santa en su atuendo de reina.

Fresco georgiano de la Santa en su atuendo de reina.

Ketevan, sin embargo, se ofreció también ella como rehén voluntariamente, y marchó a Isfahan para acompañar a su nieto, no sólo para evitar la guerra y la masacre, sino también por velar la fe cristiana del príncipe, puesto que era sabido que la intención de solicitar rehenes siempre implicaba el intento de conversión al Islam. Pero el sha no se dio por contento con esto, sino que exigió también la presencia del hijo mayor, Levan (León), y finalmente, acabó por someter también al rey Teimuraz.

Las intenciones del sha eran claras: dividir a la familia real de Kakheti, mantenerla secuestrada en Persia y enviar a sus propios virreyes a gobernar a Kakheti. También quería eliminar a Luarsab II, rey de Kartli, pero éste se alió con Teimuraz para atacar la armada persa y expulsar al enemigo de Georgia. El mismo sha envió a sus rehenes, Ketevan, Alejandro y León, hacia el interior de Persia, mientras él mismo lanzaba su ataque contra Kakheti y hacía sangrar Georgia con fuego y espadas. El palacio real fue saqueado, las iglesias y monasterios fueron destruidos, y aldeas enteras quedaron abandonadas. Los esfuerzos de Ketevan por mantener la paz y evitar que el reino sangrara habían sido inútiles. Finalmente, por orden del sha, más de tres mil georgianos fueron exiliados a Persia, y sus hogares fueron ocupados por tribus turcas procedentes de Asia Central. El hambre y la violencia se apoderaron de Georgia. Los reyes Teimuraz y Luarsab, derrotados, fueron a refugiarse al amparo del rey Jorge III de Imereti.

Rehén en la corte persa
Después de permanecer cinco años exiliados en Shiraz, Persia, los príncipes Alejandro y León fueron separados de su abuela Ketevan y, como se negaban a convertirse al Islam, fueron castrados en Isfahan. Alejandro no pudo soportar la espantosa mutilación y murió; mientras que León perdió el juicio y se volvió loco.

Ketevan, mientras tanto, quedó prisionera del gobernador de la zona sudoriental de Persia, el imán Quli-Khan Undiladze, quien trataba a la reina viuda de Kakheti con gran respeto, quizá porque él mismo había nacido georgiano. Prueba de ello es que dio severas órdenes para que ella jamás supiese cuál había sido el horrible destino de sus dos nietos.

La reina permaneció diez años en prisión, rezando por su tierra y por sus seres queridos con todas sus fuerzas. Se adhirió a un régimen estricto de ascetismo, con constantes ayunos y oraciones. Usaba una piedra como cama, lo que magulló su cuerpo, que tan mimado había sido en los lujos de la corte, pero en espíritu ella seguía llena de coraje y vitalidad. Se preocupaba de los que se encargaban de cuidarla y los instruía espiritualmente.

La reina Ketevan, rehén de los persas. Cerámica devocional en Lisboa, Portugal.

La reina Ketevan, rehén de los persas. Cerámica devocional en Lisboa, Portugal.

Pero ni siquiera entonces el sha podía dejarla en paz. En acto de venganza a la rebeldía de Teimuraz, Abbas I le ofreció desposarse con él y vivir dignamente. Sería emperatriz de Persia, pero para ello debía hacerse musulmana. Para más inri, la propuesta del sha le llegó el mismo día en que por fin, supo lo que les había ocurrido a sus dos desdichados nietos. Como es natural, Ketevan se negó rotundamente, tanto al matrimonio, como a la conversión al Islam.

El sha insistió y le hizo saber que, si aceptaba casarse con él y abrazar el Islam, el imán Quli-Khan tenía órdenes de tratarla como la reina que era, pero que si se negaba, le había ordenado que la sometiera a tortura pública. El imán, que la quería y admiraba, se alarmó muchísimo al saber las órdenes del sha y suplicó a la reina que obedeciera y salvara su vida. Pero fue en vano. Ketevan rechazó definitivamente la propuesta y empezó a prepararse, física y espiritualmente, para su martirio.

Martirio de la Santa
Las amenazas del sha se cumplieron. Ketevan fue vestida con ropas de gala y conducida a una plaza pública, donde una gran multitud se amontonaba para presenciar la tortura. La desnudaron de cintura para arriba en público y, a continuación, fue sometida a tormentos brutales: le desgarraron los pechos con tenazas calientes, le arrancaron trozos de carne del torso y la espalda, le sacaron las uñas de los dedos, le pincharon el cuerpo con lanzas ardientes, la apalearon con varas de hierro hasta romperle todos los huesos. La reina cayó al suelo, medio muerta, mientras seguía invocando al Señor.

Martirio de la Santa. Fresco ortodoxo georgiano.

Martirio de la Santa. Fresco ortodoxo georgiano.

Luego, le clavaron una tabla de madera a la columna vertebral y le pusieron una especie de casco o caldero al rojo vivo en la cabeza. Su cabellera prendió, haciendo arder toda la cabeza. El humo empezó a salir por las rendijas del casco y un horrible olor a carne quemada se propagó por la zona. En este estado falleció abrasada, pero para asegurarse, la remataron partiéndole la frente con una espada al rojo vivo. Luego, los verdugos tomaron su mutilado cuerpo y lo arrojaron a las bestias. Era el 13 de septiembre de 1624, y ella tenía 59 años de edad.

Aunque el relato del martirio parezca horrendo y exagerado, lo cierto es que sabemos que fue así porque fue presenciado por unos frailes agustinos misioneros, procedentes de Portugal, que nos han dejado la descripción de esas inhumanas torturas. Aunque, según versiones, este relato se simplifica, diciendo que tan sólo sufrió el tormento de las tenazas, del brasero o caldero y que finalmente fue estrangulada con una cuerda, como se narra en alguna representación. En cualquier caso, los frailes, que ya la habían conocido y visitado en prisión, quedando impresionados con su fortaleza cristiana, fueron quienes recuperaron el cuerpo de la mártir -según la tradición, guiados por una luz radiante que iluminaba sus restos- lo envolvieron con sábanas perfumadas con incienso y mirra; lo llevaron a Goa (India) y lo enterraron allí, en un convento agustiniano. Sin embargo, su cabeza y su mano derecha fueron separados del cuerpo y enviado a su hijo, el rey Teimuraz I, quien, tras llorar amargamente la terrible muerte de su madre, los puso en la catedral de Alaverdi. El Catholicós-Patriarca de Georgia, Zacarías (1613-1630) la canonizó con el título de Gran Mártir y señaló su fiesta el 26 de septiembre.

Reliquias y legado
Debido al prestigio y a la importancia que tenía para ellos su reina mártir, la Iglesia de Georgia se ha dedicado a buscar incansablemente sus reliquias desde hace décadas, especialmente en Goa, donde, desde 1989, una delegación de Georgia ha colaborado con el Servicio Arqueológico de la India para tratar de encontrar los restos de la Santa. Especialmente se ha excavado en las ruinas del convento agustino de Nuestra Señora de Gracia, en la vieja zona de Goa. Todo sus esfuerzos se vieron frustrados porque los equipos no supieron interpretar correctamente las pistas que se da en la documentación portuguesa sobre cómo hallar las reliquias. Estas fuentes históricas afirman que la palma y fragmentos óseos del brazo de Ketevan se mantuvieron dentro de una urna de piedra, debajo de una ventana específica en la Capilla capitular del convento agustino.

Detalle del martirio de la Santa. La filacteria que sale de su voca dice: "Ayúdame, Dios, en mi tormento". Cerámica devocional en Lisboa (Portugal).

Detalle del martirio de la Santa. La filacteria que sale de su boca dice: “Ayúdame, Dios, en mi tormento”. Cerámica devocional en Lisboa (Portugal).

En mayo de 2004, por fin, se encontró la capilla y la ventana mencionada; y aunque la presunta urna de piedra había desaparecido, en efecto se encontraron restos óseos, a los que se realizaron análisis de ADN. Sin embargo, es necesario cotejar estos resultados con los de las reliquias existentes en Georgia para confirmar que son de la misma persona, lo que sería un paso más para confirmar que son los huesos de Santa Ketevan. Algún texto menciona que los restos aparentemente llevados a Goa, fueron en realidad dejados en Roma por los frailes, que solicitaron su canonización al Papa (?) pero esto no parece muy claro ya que no se sabe dónde pueden estar.

El relato del martirio de la Santa, contemplado y registrado por los monjes que lo presenciaron, fue explotado por su hijo, Teimuraz I, en un poema que dedicó a su madre, el Libro y Pasión de la Reina Ketevan. En esta obra se conoce la relevancia que llegó a tener el martirio de Ketevan, aparente carnicería inútil. Si el sacrificio de la Santa, que sufrió un vergonzoso y terrible martirio por no abrazar el Islam ni desposarse con el sha de Persia, no hubiese sido ya lo suficientemente impresionante; lo cierto es que su ejemplo fue decisivo a la hora de retrasar la islamización de Georgia. Un observador extranjero en la corte del sha Abbas dejó escrito, que, dialogando sobre el tema con un converso georgiano, éste le dijo que los georgianos habían sido forzados en su mayoría a abrazar el Islam, no así sus madres. Cuando el extranjero se mostró extrañado de que las mujeres no hubiesen sido obligadas, el converso le explicó que se debía al ejemplo de Santa Ketevan, ya que, si su reina se había negado a convertirse y había muerto de aquella manera por su fe cristiana, ellas no iban a ser menos. Por lo que optaron, en lugar de iniciar un gran feminicidio, por dejarlas en paz. Ése fue el legado de la reina Ketevan: la pervivencia de la fe cristiana entre las mujeres georgianas.

Divina Liturgia celebrada ante el relicario de la Santa en Georgia.

Divina Liturgia celebrada ante el relicario de la Santa en Georgia.

Troparion (himno) de la Santa
Llena de divino celo, tú sufriste muchas heridas, soportaste incontables torturas, y renunciaste a la majestad terrena para ser llevada al Reino de los Cielos. ¡Oh tres veces bienaventurada Ketevan, ruega a Cristo Dios que tenga piedad de nuestras almas!

Meldelen

Enlaces consultados (13/07/2013):
http://www.georgianweb.com/religion/ketevan.html
http://www.pravoslavie.ru/english/7326.htm
http://www.santiebeati.it/dettaglio/94730
http://en.wikipedia.org/wiki/Ketevan_the_Martyr

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San Osio de Córdoba, obispo

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Icono ortodoxo español del Santo.

Icono ortodoxo español del Santo.

El obispo Osio de Córdoba es venerado como Santo por la Iglesia Ortodoxa, aunque no por la Iglesia Católica. Su nombre es griego (Όσιος), pero su procedencia es hispana – cosa que sabemos por nuestra historia – pero que además lo confirman San Atanasio y Simeón Metaphastes. Nació en Córdoba, probablemente en el año 256, deduciéndose esta fecha del hecho incontestable de que se sabe que murió en el año 357 en Sirmio con 101 años de edad. San Atanasio sigue diciendo que en el año 355 llevaba unos sesenta años como obispo de Córdoba, luego debió ser elegido alrededor del año 294. Participó en el Concilio de Nicea y según las actas del mismo, como era hispano y no conocía el griego, tuvo que explicarse mediante intérpretes.

Durante la persecución de Diocleciano fue torturado como confesor de la fe en Cristo y desterrado. Las huellas de esos tormentos eran aún visibles cuando participó en el Concilio de Nicea, conforme lo dice Nicéforo, en el capítulo XIV de su octavo libro. Sobre los tormentos a los que se vio sometido habla el mismo Osio en su carta al emperador Constancio: “He completado la tarea de la confesión, primero en la persecución promovida por tu abuelo Maximiano”.

Asistió también al concilio de Iliberis (Elvira), pues su firma aparece en las actas del mismo en el undécimo puesto y si las actas se firmaban por orden de antigüedad en el episcopado, esto nos da a entender que llevaba relativamente poco tiempo como obispo. Llamado por el emperador Constantino, dejó Hispania y marchó con él a Milán. Muy probablemente influyó en la conversión del emperador, ya que éste lo tenía en gran estima y solicitaba sus consejos, sobre todo cuando estaba confuso entre abrazar el cristianismo, como quería su madre Elena, o continuar en el paganismo. El historiador pagano griego Zósimo, que vivió en el siglo V, llega a decir que el emperador se convirtió “gracias a un egipcio de Hispania”, por lo que los historiadores, dándole a la palabra “egipcio” el significado de “mago, sacerdote o sabio” identifican a Osio como el “egipcio hispano” que en aquellas fechas vivía en la corte del emperador Constantino y tenía influencias sobre él.

Pintura historicista del Santo, obra de Ángel María de Barela. Sala Capitular del Ayuntamiento de Córdoba, España.

Pintura historicista del Santo, obra de Ángel María de Barela. Sala Capitular del Ayuntamiento de Córdoba, España.

Cuando los donatistas africanos depusieron al obispo Ceciliano de Cartago acusándolo de traidor y eligieron a Mayorino, la noticia llegó hasta el Papa San Melquíades, quien habiendo oído a Ceciliano, lo confirmó en su sede. Los donatistas apelaron al emperador Constantino, el cual confirmó la decisión del Papa y los amenazó. Entonces los donatistas acusaron al obispo Osio, que era consejero del emperador, y al Papa Melquíades, como traidores y cómplices del obispo Ceciliano. Dijeron que los obispos hispanos habían declarado a Osio como traidor, pero que éste había sido absuelto por los obispos de las Galias, por lo cual había podido acceder hasta el emperador, a quien instigó en contra de los donatistas. San Agustín, en su libro Primero “Contra Parmeniano” dice que estas acusaciones son falsas, añadiendo que precisamente Osio fue quien suavizó los ánimos del emperador.

Cuando Osio fue enviado a Alejandría para poner calma entre Arrio y San Atanasio, viendo que era imposible hacer cambiar de opinión a Arrio, propuso la celebración de un concilio. Éste se celebró en Nicea en el año 325, asistiendo trescientos dieciocho obispos, presididos por el mismo Osio que firmó el primero después de los legados enviados por el Papa. En su firma dice: “Yo, Osio, obispo de la ciudad de Córdoba en la provincia de Hispania, digo que creo lo que anteriormente se dice. Víctor y Vicente, presbíteros de la ciudad de Roma enviados por nuestro venerable Papa y Obispo Silvestre, subscribimos”. El concilio condenó las tesis de Arrio, confirmó la divinidad del Verbo (Λόγος) y Osio subscribió las tesis del Concilio, luego es absolutamente falso acusar a Osio de Córdoba como obispo arriano.

El Concilio de Nicea – ya lo hemos dicho anteriormente en alguna ocasión – confirmó la consustancialidad del Verbo tal y como se menciona en el primer capítulo del Evangelio de San Juan: “En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba en Dios y el Verbo era Dios”. El Hijo es consustancial al Padre, de su misma naturaleza y esto fue definido en el Credo Niceno, en cuya confección Osio había colaborado muy activamente. Osio redactó nuestra profesión de fe, que fue suscrita por todos los obispos presentes, a excepción de cinco arrianos. Previamente, Osio había asistido también al Concilio Gangrense, celebrado en Paflagonia en el año 324, aunque los cánones de este concilio, que no se considera Ecuménico, fueron todos de carácter disciplinario, no dogmático.

Concilio de Nicea. Fresco ortodoxo rumano (s.XVIII) en la iglesia Stauropoleos de Bucarest (Rumanía).

Concilio de Nicea. Fresco ortodoxo rumano (s.XVIII) en la iglesia Stauropoleos de Bucarest (Rumanía).

Cuando el emperador Constantino murió – que por cierto, fue bautizado por Eusebio de Nicomedia, que era un obispo arriano – Osio volvió a Hispania. Hay quienes afirman que en los últimos años de su reinado, Constantino se inclinó hacia el arrianismo y de hecho, desterró a San Atanasio, que era el patriarca de Alejandría, hasta las tierras germánicas de Tréveris, pero hay que decir también que en su testamento, el emperador revocó esta orden anterior suya. San Atanasio volvió a su sede alejandrina, pero allí fue duramente atacado por los arrianos e incluso se vio perseguido por el emperador Constancio. Para apoyar a San Atanasio se convocó el concilio de Sardis (Sárdica) en el año 347, asistiendo trescientos obispos griegos y setenta y seis latinos. También Osio presidió este concilio y redactó la mayor parte de sus cánones, todos los cuales, apoyaban las tesis de San Atanasio a quién se le restituyó su sede. Posteriormente, ya en Córdoba, Osio convocó un concilio provincial reiterando todos los acuerdos del concilio de Sardis.

El emperador Constancio se había puesto abiertamente al lado de los arrianos y en el año 355 desterró al Papa Liborio por no querer firmar la condena a San Atanasio; y no satisfecho con esto, pensando que Osio tenía una gran influencia sobre todos los obispos que profesaban la fe ortodoxa, arremetió contra él. A las amenazas del emperador respondió Osio, que ya tenía cien años de edad, con esta carta: “Yo fui confesor de la fe cuando la persecución de tu abuelo Maximiano. Si tú la reiteras, estoy dispuesto a padecerlo todo antes que a derramar sangre inocente ni ser traidor a la verdad. Haces mal al escribir tales cosas y en amenazarme. Acuérdate que eres mortal y debes temer al día del juicio. Consérvate puro para ese día y no te mezcles en cosas eclesiásticas ni aspires a enseñarme, puesto que eres tu quién debes recibir lecciones de mi. Dios te confió el imperio y a nosotros nos confió la Iglesia… Te digo esto porque me preocupa tu salvación. Ni estoy ni estaré de acuerdo con los arrianos ni les ayudo, sino que anatematizo esa herejía y por eso, no puedo suscribir la condenación de Atanasio, a quienes la Iglesia romana y un concilio, ha declarado inocente”. Por estas letras, podemos deducir que San Osio tenía muy clara la división de poderes entre Iglesia y estado.

Monumento dedicado al Santo en Córdoba, España.

Monumento dedicado al Santo en Córdoba, España.

Cuando el emperador recibió la carta se enfureció y ordenó que se presentara en Sirmio, ciudad de Panonia (la actual Sremska Mitrovica, en Serbia). Allí nuevamente se negó a condenar a San Atanasio, aunque fue azotado y sometido a tormentos por los verdugos del emperador. Bajo tormento, tuvo la debilidad de comulgar con los arrianos Ursacio y Valente, pero como indica el propio San Atanasio, inmediatamente se arrepintió de este acto: “Por lo tanto, a tal fin, tuvo una ligera debilidad: pero antes de morir, en su testamento, tuvo la autoridad de condenar la herejía arriana, prohibiendo aprobarla o recibirla”. Y en Sirmio murió, con 101 años de edad, conforme lo testifica Sócrates Escolástico en su Libro Segundo, capítulo XXXI.

Viendo cuál fue su trayectoria a lo largo de toda su vida, parece increíble que se le haya acusado de no ser fiel a la ortodoxia. Redactó el Credo de Nicea, absolvió a San Atanasio y con cien años de edad tuvo la valentía de escribirle al emperador en los términos descritos más arriba. Sometido a tormento, es verdad que tuvo la debilidad de comulgar con dos arrianos, pero inmediatamente se arrepintió. Por eso, sus detractores, principalmente católicos, dicen que claudicó al final de su vida, cosa que no es cierta. Han llegado a acusarle de que firmó un documento profesando la fe arriana y que incluso volvió a Hispania para propagarla, cosa que es absolutamente falsa. Es verdad que en la Iglesia Latina no recibe veneración, pero en las Iglesias de Oriente, tanto en las Iglesias Ortodoxas como en la Iglesia Católica de rito bizantino, sí que se le venera como Santo.

Se le acusa de tratar con herejes excomulgados, cosa que estaba prohibida en los antiguos cánones, pero es que Osio cedió porque lo estaban atormentando, y de inmediato se arrepintió amargamente. Hizo algo parecido a lo que hizo San Martín de Tours – cuya santidad no ponemos en duda – cuando consintió en comulgar con los obispos itacianos para salvar de los rigores del emperador a los priscilianistas. Y al igual que Osio, San Martín se arrepintió. El caso de Osio es exactamente igual, como lo cuenta el mismísimo San Atanasio, pero se le aplica distinto rasero de medir.

Se le acusa de firmar en Sirmio una profesión de fe arriana y eso, San Atanasio, que debía estar mejor informado que nadie, no lo menciona en absoluto, aunque los arrianos así lo propagaran. San Atanasio – que es la mejor defensa de Osio – llega a escribir: “Osio murió protestando contra la violencia, condenando la herejía arriana y prohibiendo que nadie la siguiese ni amparase. ¿Para qué he de alabar a este viejo santo, confesor insigne de Jesucristo? No hay nadie en el mundo que ignore que Osio fue desterrado y perseguido por la fe. ¿Qué Concilio hubo que él no presidiese? ¿Cuando habló delante de los obispos sin que todos le dieran la razón? ¿Qué Iglesia no fue defendida y amparada por él? ¿Qué pecador se le acercó que no recobrase aliento o salud? ¿A qué enfermo o menesteroso no favoreció y ayudó en todo?” (Apología “De fuga sua”).

Sinaxis de Santos Hispanos: Isidoro y Leandro de Sevilla, Santiago Apóstol y Osio de Córdoba, Eulalia de Mérida, Justa y Rufina de Sevilla. Obra del iconógrafo Andrei Davidov.

Sinaxis de Santos Hispanos: Isidoro y Leandro de Sevilla, Santiago Apóstol y Osio de Córdoba, Eulalia de Mérida, Justa y Rufina de Sevilla. Obra del iconógrafo Andrei Davidov.

Además, si la firma hubiese existido, habría sido conseguida bajo tortura, lo que la hace inválida. Otros se basan en la obra “De viris illustribus” de San Isidoro de Sevilla que habla de la “muerte del sacrílego Osio” que quiso imponer el arrianismo en la Bética, pero es que esta afirmación se cae por su peso, ya que San Isidoro no lo escribe “de motu proprio”, sino refiriéndose a un escrito de Marcelino, que era un sacerdote prisciliano. O sea, que no lo escribe como cosa que él sabe, sino como cosa que otro dice. Además, hay que recordar que después del episodio de Sirmio, Osio jamás volvió a Hispania, conforme lo confirma el Menologio griego: “Acabó la vida en el destierro”.

Todo esto queda confirmado aun más por los acontecimientos tal y como ocurrieron: Constancio salió de Roma hacia Sirmio el día 14 de las Kalendas de junio del año 357. Tardaría cierto tiempo en llegar a Sirmio. Allí convocó a varios obispos arrianos y torturó a Osio para que comulgase con Ursacio y Valente. Según escribe San Atanasio, Osio murió ese mismo año e incluso el Menologio griego afirma que fue el 27 de agosto. En pleno siglo IV, en un mes escaso, era muy difícil, y más para un anciano de cien años, ir de Sirmio a Hispania (desde la actual Serbia hasta la actual Andalucía, en España). Osio no volvió a Hispania.

Se conocen algunos escritos de San Osio obispo de Córdoba: en primer lugar, el “Credo de Nicea” en cuya redacción contribuyó activamente, una carta escrita al emperador Constantino y otra escrita al emperador Constancio, una carta escrita al Papa Julio, los cánones del concilio de Sardis, un tratado sobre la “interpretación de las vestiduras de los sacerdotes” en la Ley Antigua y una carta escrita a su hermana, de la que habla San Isidoro de Sevilla diciendo de ella que “está escrita en un apacible y hermoso estilo”. ¿Se puede deducir de esta frase de San Isidoro que tenía mala opinión de Osio? Yo creo que no. Hoy se conmemora su festividad en Oriente y yo estoy convencido de que algún día, la Iglesia Latina reconocerá su santidad. Con él se está cometiendo una injusticia, mayor incluso que la que se cometió con Galileo.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– MENÉNDEZ PELAYO, M., “Historia de los heterodoxos españoles” T.1, Madrid, 1880

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es