San Bernardo de Claraval, Doctor de la Iglesia (I)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Miniatura del Santo en la inicial de su nombre, códice manuscrito del s.XIII.

Miniatura del Santo en la inicial de su nombre, códice manuscrito del s.XIII.

Nació en el año 1090 en Fontaine-lès-Dijon, un castillo muy cercano a Dijon capital. Pertenecía a una familia aristocrática, ya que su padre (Tescelino), era uno de los caballeros más notables del duque de Borgoña y oficial en su corte; y su madre (Aletta) era hija de un potente señor feudal borgoñés llamado Bernardo de Montbard, del cual tomó el nombre. Sus padres tuvieron siete hijos y Bernardo era el tercero de los hermanos. Desde niño frecuentó la escuela que los canónigos seculares de San Vorles tenían cerca de Châtillon-sur-Seine, cerca de la cual la familia tenía una casa.

Godofredo de Auxerre, que es quien redactó su “Prima Vita”, nos dice que el niño era muy sensible y reservado, predispuesto a la contemplación y que progresaba en la piedad y en la virtud; y que una noche de Navidad, tuvo un sueño en el que se le presentó el Niño Jesús, que le dejó una huella muy profunda desde esos primeros años de su infancia. El 1 de septiembre del año 1107 murió su madre, cosa que le afectó muy profundamente, tal como nos lo cuenta su biógrafo, que nos dice que “su dolor era el de un joven muy sensible y muy callado”. La verdad es que existía un lazo muy afectivo, muy estrecho entre Bernardo y su madre, ya que ella, antes del nacimiento de su hijo, había tenido una visión profética sobre lo que éste llegaría a ser, por lo que Bernardo era su hijo predilecto.

La dolorosa pérdida de su madre terrenal fue una de las razones que orientaron la piedad y devoción del joven Bernardo hacia la Madre de los cielos. En verdad, su amor a María es uno de los pilares fundamentales de la espiritualidad bernardina. En este período de cierta desorientación, que se puede intuir más que documentar, es perfectamente verosímil entender la prueba sobre la castidad a la que se vio sometido. Las narraciones de los biógrafos en este sentido tienen al menos cierta consistencia. De estos cuatro años dolorosos e intensos que siguieron a la muerte de su madre, se conoce con precisión sólo el hecho de que en el año 1111, Bernardo abandonó el mundo y se retiró en la casa de Chântillon, donde se le unieron todos sus hermanos y algunos familiares. Lo hizo con la intención de formar un grupo muy unido que fuese capaz de adaptarse a la vida de un monasterio y así, ya en el año 1112, entraron con él treinta personas en la abadía de Cîteaux, fundada pocos años antes por San Roberto de Molesme y que estaba sometida a la regla de San Benito.

Vista de la Basílica erigida en la casa natal del Santo,  Fontaine-les-Dijon, Francia.

Vista de la Basílica erigida en la casa natal del Santo, Fontaine-les-Dijon, Francia.

Con este hecho, San Bernardo nos demuestra su capacidad de fascinación y de convicción, que sería reconocida por sus propios contemporáneos y por todos los historiadores sucesivos. Llegó a convencer a su hermano Gil, que estaba casado, a su hermano menor e incluso a su propio padre: todos se hicieron monjes y él ¡sólo tenía veintitrés años de edad! Tantos monjes de una misma familia y el repentino hacinamiento que habían provocado en el monasterio, hizo que el abad Esteban Harding, viendo que el joven monje se distinguía por su virtud y por su austeridad como para ser el guía de un nuevo monasterio, sólo tres años más tarde, lo envió para que fundara una nueva abadía. Él y doce compañeros más, eligieron un valle solitario y luminoso en los territorios del conde de Troyes, en la diócesis de Langrés, al que denominaron “Clara Vallis” (Claraval), siendo elegido Bernardo como el primer abad de la misma, responsabilidad que ocupó hasta su muerte; ésta fue una de las primeras fundaciones cistercienses y por eso lo conocemos como San Bernardo de Claraval.

El nuevo abad recibió la bendición y probablemente también la ordenación sacerdotal de manos del famoso filósofo y teólogo Guillermo de Champeaux, obispo de Châlon-sur-Marne, que quedaría unido a Bernardo por una estrecha amistad. Con sólo veinticinco años de edad ya era sacerdote y abad, por lo que desde el punto de vista jurídico, su carrera estaba ya acabada: los treinta y ocho años que le quedaban de vida, siempre sería “el abad de Claraval”. Pero esto no impedirá que sus contemporáneos le tuvieran gran estima, ya que por su forma de vida y su santidad llegaría a ser de hecho el centro de conexión y de propulsión de la vida eclesial.

Los primeros años de la abadía fueron muy duros y su tarea se vio absorbida sobre todo por los problemas de la vida monástica. Había que organizar y fortalecer a la comunidad que, regida por la ejemplar austeridad del joven abad, se convertiría en modelo de observancia religiosa y en centro de atracción para todos aquellos que aspiraban a la perfección. Su austeridad era tan extrema que llegó a afectarle a su salud, por lo que tuvo que intervenir su amigo el obispo, para obligarle a suavizar su forma de vida, tanto en la alimentación como en las mortificaciones corporales que se imponía. Durante un cierto tiempo, sin dejar de ser abad, tuvo que abandonar la comunidad y retirarse a una pequeña cabaña a modo de enfermería, dentro del claustro.

Vista aérea de la actual abadía de Claraval, Francia.

Vista aérea de la actual abadía de Claraval, Francia.

Como abundaban las vocaciones y el número de monjes iba en aumento, Bernardo se vio obligado a realizar nuevas fundaciones, de tal modo que cuando murió ya había en Europa 68 monasterios filiales de Claraval, o sea, cistercienses. La primera abadía española sería la de Moreruela, fundada en el año 1132. Pero el trabajo se San Bernardo se extendió también fuera de la Orden Cisterciense: en el año 1119 se inició la polémica con los cluniacenses, pues Bernardo quería obligarles a llevar una vida de más austeridad y más conforme con la regla de San Benito. El origen de esta polémica fue la huida de su primo Roberto – que había entrado con él en la abadía de Cîteaux – a la abadía de Cluny. La fuga tuvo lugar en el año 1117 durante uno de los períodos en los que Bernardo estaba en la enfermería, agotado por el trabajo. Al calor de la controversia originada por la huida de su primo, que buscaba una “abadía más cómoda”, se forjó una singular amistad entre Bernardo y Pedro el Venerable, abad de Cluny que, aunque nunca ha sido canonizado, es venerado como Santo.

Fuera de la vida monástica, el hecho que más que ningún otro mostró que San Bernardo era un hombre de acción, fue el cisma que se originó en la Iglesia de Occidente en el año 1130 con la doble elección de los Papas Inocencio II y Anacleto II, representantes de dos facciones opuestas dentro de la Iglesia. Cuando murió el Papa Honorio II, se produjo esta doble elección papal que trajo consigo el que media cristiandad apoyara a un Papa y la otra media, al otro. Este hecho apartó a Bernardo de la vida de clausura del monasterio, adhiriéndose inmediatamente al Papa Inocencio II y trabajando duramente para que fuese reconocido por los reyes Luís VI de Francia y Enrique I de Inglaterra, por el emperador Lotario II de Alemania, Guillermo de Aquitania, los reyes de Aragón y de Castilla y las repúblicas de Génova y Pisa. A fin de apoyar al Papa Inocencio II, Bernardo no sólo recorrió a pie buena parte del territorio francés, sino también parte de Alemania, Inglaterra e Italia, llegando a Pisa y a Génova, obteniendo en el año 1135 la adhesión de Milán e intentando, dos años más tarde, conseguir la del rey de Sicilia Ruggero II, que era uno de los que apoyaban al antipapa Anacleto II.

Escudo de armas del Santo, rematado con las insignias de abad. Iluminación de un códice medieval.

Escudo de armas del Santo, rematado con las insignias de abad. Iluminación de un códice medieval.

La disputa que mantuvieron públicamente San Bernardo y el cardenal Pedro de Pisa, que era partidario de Anacleto II, no modificó la posición del rey, pero indujo a que el cardenal abandonase el apoyo al antipapa. Este trabajo en defensa del legítimo Papa lo ocupó casi por completo desde el año 1130 al 1137, lo que le convirtió en uno de los hombres públicos más influyentes de su tiempo. Ganada la lucha a favor del Papa Inocencio II y excomulgado el antipapa Anacleto II en el concilio de Estampes, Bernardo regresó al claustro, pero no gozó de mucha paz, ya que en el año 1140 tuvo que dirigir la delicada operación que conduciría a la condena de Pedro Abelardo en el concilio de Sens. Entre los años 1144-45 intervino en Roma para conseguir que los romanos obedecieran a los papas Lucio II y Eugenio III; en ese tiempo también se opuso a Arnaldo de Brescia, que con su vehemente predicación contra las riquezas y a favor de la pobreza en la Iglesia, había favorecido la rebelión de los romanos contra el Papa.

Con la elección de Eugenio III, que había sido discípulo de Bernardo en la abadía de Claraval y que en el año 1140 lo había enviado a Roma como abad de la Abadía alle Tre Fontane, creció su influencia sobre la vida eclesiástica. Los años de su apogeo coinciden con los primeros años del nuevo pontificado. El pontífice le encargó oficialmente la predicación a favor de la Segunda Cruzada y esto le hizo asumir el papel de predicador de una nueva guerra santa, consiguiendo la adhesión de Francia y de parte de Alemania, donde el mismo rey Conrado III, influido por Bernardo, se puso al frente. Él le escribe al Papa diciéndole: “Vos me lo ordenasteis y yo obedecí. Vuestra autoridad hizo fecunda mi obediencia. Abrí mis labios, prediqué y se multiplicaron los cruzados hasta tal punto que quedaron vacías las ciudades y los castillos; difícilmente se encontrará un hombre por cada siete mujeres”.

El fracaso de esta Cruzada provocó un gran pesimismo en la Iglesia de Occidente y en él mismo, que había sido el gran animador: comenzaron a llamarle embaucador y falso profeta. Esto le produjo una gran amargura a Bernardo, afectando negativamente a su influencia y a su carisma y haciéndolo profundamente, como él mismo le hizo saber al Papa. Pero creyendo que las naciones cristianas tenían que defender a la Iglesia contra el Islam, apoyó el proyecto de Sigerio de San Dionisio, intentando convencer al Papa para acometer una nueva cruzada, cosa que no consiguió.

En el año 1148, en el concilio de Reims, estando presente el Papa Eugenio III, Bernardo formó parte activa del intento de condena de las doctrinas trinitarias defendidas por Gilberto Porretano, obispo de Poitiers. Hay que añadir que fue uno de los grandes predicadores de su tiempo, que convenció a muchos nobles y plebeyos para que ingresaran en su Orden, que – como hemos visto – participó en las principales controversias de su época, que influyó en la creación y expansión de los templarios, llegando incluso a redactar sus estatutos, pero que también cometió errores, como sostener que las ciencias profanas tenían escaso valor comparado con las ciencias sagradas; una posición muy propia de la época y que por desgracia, todavía mantiene más de un ignorante.

Urna con los restos de San Bernardo y San Malaquías, Troyes (Francia).

Urna con los restos de San Bernardo y San Malaquías, Troyes (Francia).

En el año 1153, como consecuencia de sus andanzas y de sus penitencias, enfermó del estómago, vomitaba todo lo que comía y se le hincharon las piernas. Estaba consumido por la enfermedad y por la austeridad y así, murió a la hora de tercia del día 20 de agosto de aquel mismo año.

Ésta es una breve exposición de lo que fue su laboriosa vida, estando convencido de que muchas cosas “han quedado en el tintero”, pero seguiremos hablando de él, tratando ya sobre su espiritualidad y sobre su obra, cosa que haremos en los dos próximos artículos.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– LECLERCQ, J., ”Saint Bernard mystique”, París, 1948
– VACANDARD, E., “Vie de Saint Bernard abbé de Clairvaux”, Paris, 1927
– ZERBI, P., “Bibliotheca sanctorum” vol. III, Città N. Editrice, Roma, 1990

Enlace consultado (01/06/2013):
http://es.wikipedia.org/wiki/Bernardo_de_Claraval

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

17 pensamientos en “San Bernardo de Claraval, Doctor de la Iglesia (I)

  1. Toño:
    Yo soy un ferviente admirador del Doctor Melifluo desde que leí el liro de la Familia que siguió a Dios. Siempre me ha impresionado su valor juvenil, su gran conocimiento, sus dotes de gobierno y de diplomacia y su gran amor a la Santísima Virgen María. Recuerdo que en ese libro le llaman Ojos Grandes y que las esposas y novias le temían como a la peste por su capacidad de llevarse a sus hombres al monasterio, como lo hizo la vez que llegó a Clairvaux. Me ha facidnado ese arratre que tenía, ha de haber tenido una personalidad magnética.
    De hecho tengp un libro sosbre sus sermones marianos y dos de los qué más me gustan es el del Acueducto Divino, y el otro el de la invocación del nombre de María.
    Este gran hombre estoy convencido que con justicia se le llama el árbitro de su tiempo y que la cruzada quie predicó y que resultó un fracaso fue un proceso de purificación que le puso Dios.Me gusta también leer sobre sus escritos sobre Cristo. Se nota a leguas cómo estaba enamorado de él. El himno de Iesus dulcis memoriae ¿es suyo?
    He leido en varios textos como una vez excomulgó un enjambre de moscas porque éstas no dejaban poner atención en las funciones litúrgicas y que se recogieron a paletadas las moscas muertas. ¿Anécdota, cierto? ¿Qué me sabes decir?
    No refieres nada sobre sus reliquias, espero que en los próximos artículos digas algo y a ver si coincidimos en lo que yo se.
    ¿Sobre las pinturas de como bebe un chisguete de leche del Seno de la Virgen María, también irás a platicarnos algo?
    Creo que me he extendido demasiado, te pido seas indulgente conmigo. Te platico para finalizar de que en México tiene iconografía notoria. En la Ciudad de México, en la Catedral Metropolitana, (que por cierto aaba de celebrar el pasado 15 de agosto su bicentenario de haber sido terminada) tiene una bella imagen y hay otro templo a él dedicado en esa ciudad con una imagen muy bella.
    Aquí en Guadalajara tiene una parroquia, la más grande de la ciudad, muchas veces usada para eventos masivos y su imagen es también muy devota. En el templo de San José de Gracia hay otra imagen, que portaba una cruz y que curiosamente se le ha retirado.
    En fin, nos vemos D.M. en el sugundo artículo que supongo será publicado mañana. Dios te bendiga.

    • Tranqui, Humberto, que todo se andará. Como sabes, son tres artículos que se publicarán correlativamente y en los otros dos, se dan explicaciones a tus preguntas.
      Sin embargo a dos si que quiero responderte:
      1.- El himno “Iesu dulcis memoria” si es suyo y de él tratamos en el artículo http://www.preguntasantoral.es/2012/01/03/ cuando escribimos sobre el Dulce nombre de Jesús.
      Al final del artículo pusimos tres vídeos de su canto en los oficios de Maitines, Laudes y Vísperas de ese día.

      2.- En cuanto a lo de la excomunión de las moscas, creo que eso es un cuento de caminos y si desde luego, eso se le ocurrió en realidad, en esos momentos no estaba en sus cabales.

  2. Yo, a diferencia de Humberto, he de confesar que Bernardo de Claraval no ha sido nunca ni creo que sea jamás santo de mi devoción. Respeto su dignidad y su aportación a la cultura y la teología cristianas, especialmente por el tema mariano, e indirectamente, al arte, con sus mil bellas representaciones de su lactación por parte de la Virgen. Pero sinceramente no me apasiona ni me apasionará nunca por el tema de la predicación de las Cruzadas, su implicación en un acto tan deleznable y que derivó en el sufrimiento de muchos, también cristianos.

    Por supuesto, sé que fue ingenioso por desviar la violencia feudal de Europa y dar a los nobles algo con lo que “entretenerse”, pero toda esa violencia y crueldad caída sobre sus vasallos fue a caer sobre cristianos ortodoxos y sobre musulmanes. Hijas de su época, por supuesto, pero aún así, Cruzadas son y sus consecuencias aún se siguen pagando.

    Tampoco es que me crea la visión de Bernardo que algunos novelistas han transmitido en sus dramas medievales, las de un fanático violento ansioso de sangre infiel. Pero sabiendo que la cosa no fue tan exagerada, sigue sin entusiasmarme. Qué se le va a hacer.

    • En tu derecho estás y desde luego yo coincido plenamente contigo en el controvertido tema de las Cruzadas. Las Cruzadas y la Inquisición creo que fueron dos grandes pecados colectivos de la Iglesia, que jamás podrán repararse y que hicieron muchísimo daño y escaso o nulo beneficio.
      A mi entender y, comprendiendo que era hombre de su época, en ese tema metió la pata hasta el corbejón (como decimos en mi tierra) y aun estamos pagando sus consecuencias porque entiendo que a nuestros hermanos ortodoxos, estas cuestiones no se les olviden y sabemos de sobras, que es uno de los grandes obstáculos para conseguir la unidad plena de los cristianos.
      Aunque condeno asimismo el ataque de los cruzados a los musulmanes, hay que recordar también que estos hicieron “de lo suyo”, lo cual no justifica en absoluto la acción de los cruzados.

      Yo si admiro otras muchas cosas de San Bernardo, pero también discrepo en el “tema de las ciencias”.

  3. Muchas gracias Antonio. Más allá de la discrepancia sobre su papel en las cruzadas, el de San Bernardo de Claraval ha sido un papel troncal en la iglesia coronándose como melifluo y gran Doctor. En su día me extrañó que dos localidades de la provincia de Castellón tan pequeñas y cercanas entre ellas como Montán y Cirat le tuvieran como patrón, acostumbrado a que personajes como San Roque, San Antonio Abad o Santa Bárbara copen el ranking de patronazgos populares. Os adjunto sus gozos http://gogistesvalencians.blogspot.com.es/2012/01/gozos-al-melifluo-doctor-y-gran-padre.html

    • Salvador,
      Yo no tengo la menor duda de que San Bernardo fue uno de los grandes santos de la Edad Media y que el título de Doctor de la Iglesia lo tiene más que merecido, como veremos en los dos próximos artículos, pero eso es una cosa y otra es que yo comparta su visión de las cruzadas y su concepción sobre las llamadas ciencias profanas.
      Que en la Edad Media lo vieran así, puede comprenderse, pero lo malo es que actualmente, hay muchos cristianos que tienen sus mismos conceptos, sus mismos puntos de vista y así nos va.

  4. Toño, el artículo es excelente aunque, como a Bernando, me has dejado con la miel en los labios -al buen entendedor 😉 – Ya conocía algo del santo en mis tiempos de estudiante en el internado, nos lo presentaron como hombre de oración y con la imagen de María a un lado ofreciéndole su leche en premio a su defensa. Era sin duda alguna una imagen incompleta. Ya con el tiempo descubrí que sin duda fue un hombre bastante persuasivo y con grandes dotes de negociador para lograr convencer a sus numerosos parientes masculinos para ingresar en una orden religiosa, pero si los mantuvo aislados durante tanto tiempo fue para mover la lealtad de éstos a él únicamente, no era tonto. Y pronto lograría convertirse en abad.

    Igual que Ana María, no simpatizo mucho con él porque con todo y su espíritu elevado, como bien dijiste, exageró la importancia de las letras divinas sobre las humanas… seguramente más de un intelectual de hoy se reiría de él en su cara y le acusaría de provocar la caída de Abelardo; y su intromisión en las cruzadas es una mancha de sangre en su biografía. No me atrevo a llamarlo el poder detrás del trono con uno de sus discípulos en la sede romana, aunque me llamó mucho la atención que le hiciera una guía para un papado según Dios, donde le dice claramente y esto pocas veces se dice: No eres el señor de los obispos, eres uno de ellos.

    Ojalá en los siguientes menciones la trascendencia de su gesto al aprobar las visiones de Santa Hildegarda de Bingen.

    Se dice que él creo la Salve Regina, pero todo indica que sólo el estribillo Oh clemente, Oh piadosa, Oh dulce Virgen María. ¿qué sabes al respecto?

    • La frase: “No eres el señor de los obispos, eres uno de ellos”, parece que está tomando de nuevo relevancia en este pontificado. Es muy significativo que cuando el Papa Francisco habla de sí mismo, dice que él es el obispo de Roma. Ya sabemos todo lo que trae consigo esta responsabilidad según la Iglesia Católica, pero él solo de denomina obispo de Roma. Creo que Francisco tiene claro que es un obispo que, aunque presida a los demás, lo tiene que hacer desde la caridad y no desde el poder. Este es sin duda el mensaje que le dió San Bernardo al Papa Eugenio III y que, quiera Dios, se haga de nuevo realidad.

      Con respecto al himno “Salve Regina”, tengo que decirte que su composición se le atribuye a San Hermanno de Reichenau. Es verdad que existe una leyenda que dice que cuando San Bernardo estaba en Alemania, una noche de Navidad, al escuchar el final del himno “O clemens, O pia, O dulcis Virgo Maria”, se puso de rodillas tres veces, mientras que otra leyenda, le atribuye a él esta triple invocación a Maria. Es posible, pero el himno es de San Hermanno.

      En los artículos de mañana y pasado, seguro que salen otros temas de controversia. En este, aparte del tema de las Cruzadas, para mi, lo más descabellado fue el desprecio a las ciencias y su subordinación a las “ciencias sagradas”. ¡Ay de la humanidad si eso se hubiera llevado a cabo!

  5. Antonio muchas gracias, ya hacia falta una artículo sobre este gran Santo, hace mucho que le conozco y siempre le eh admirado por su amor a la Santísima Virgen, pero eso si a pesar de todo no dejo de ver lo mal que hizo en predicar las cruzadas pero como bien han dicho fue un hombre de su tiempo y no dudo que además ante el fracaso de la misma el mismo San Bernardo se haya retractado mil y un veces el haberla apoyado. Ya espero ansioso leer lor próximos artículos sobre sus escritos y espiritualidad, quede muy sorrpendido con la abadía de Claraval que es toda una ciudad. Aproposito aunque no creo que lo lea pero no esta de más que felicite a nuestro amigo y colabador fray Eddy Lorenzo debido a que la parroquia que atiende su orden celebra precisamente a San Bernardo.

    • André,
      Yo tengo la impresión de que Eddy visita el blog de vez en cuando. Lo que sería bueno es que se decidiera a escribir sobre algunos santos y beatos franciscanos.
      ¿Tu te has dado cuenta de que haciendo clip sobre las imágenes, aparecen estas en su tamaño original?

  6. Antonio

    Tengo entendido de que Martin Lutero lo admiró bastante. De hecho se basó mucho en su teología. Nuestro Padre San Bernardo y San Roberto es la expresión que si mal no recuerdo dicen los Cistercienses o los Trapenses jeje

    Con respecto a las Cruzadas tengo entendido que de las 9 que son si mal no recuerdo solo la primera fue la que de alguna u otra forma podemos decir que triunfó porque las demás no cumplieron su objetivo. Siempre será el acontecimiento histórico junto con la Inquisición que llevaremos los cristianos latinos cargando, ni mucha penitencia borrará tremendo daño que causamos.

    • Es verdad que Martin lutero estudió las obras de San Bernardo, como también lo hizo con las de San Agustín y San Anselmo y lo hizo para consolar su fe cuando se sentía inseguro y buscaba ayuda para consolarse. Este es un tema muy profundo, que yo prefiero dejarlo aqui en este momento. No se si se tocará cuando se hable de la Reforma en los artículos de Heresiología.

      • Afirmativo, Toño. Martín Lutero encontró algunas pistas en los escritos de San Bernardo y ya en sus tiempos de reformador afirmó que San Bernardo superaba a todos los demás doctores de la iglesia. No sé aún si hablaré de la Reforma, podría hacerlo, aunque en lo personal no son herejías.

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