San Bernardo de Claraval, Doctor de la Iglesia (III)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Tabla del Santo, obra de Georg Andreas Wasshuber (1650-1732).

Tabla del Santo, obra de Georg Andreas Wasshuber (1650-1732).

Las casi quinientas cartas que el Santo escribió a todo tipo de personas son la mejor fuente de información sobre su gran actividad apostólica y sobre la historia de la Iglesia en aquella época. Como vimos en el primer artículo, trabajó duramente para desarrollar la Orden Cisterciense, pues cuando él ingresó, la Orden sólo tenía tres monasterios y cuando murió, ciento sesenta y ocho, de los cuales, sesenta y ocho fueron fundados por él mismo. Además, la dotó de una regla propia, “Carta de Caridad”, en la cual estableció las normas por las cuales habían de regirse sus monasterios.

En aquella época, Cluny representaba la fuerza mayor dentro del ámbito benedictino. Los cluniacenses se caracterizaban por una prudente adaptación de la regla a aquellos momentos, pero la observancia se fue relajando pues las abadías llegaron a poseer grandes riquezas, lo que distorsionaba la vida monástica. San Bernardo atacó duramente esta relajación de la disciplina, principalmente en sus primeros años como abad y sus duras polémicas con los cluniacenses consiguieron atraerse la amistad de Pedro el Venerable, amistad que siempre mantuvieron aunque a veces con discrepancias, como por ejemplo las surgidas cuando la elección del obispo de Langrés.

La concepción de la vida monástica que tenían los cistercienses era muy distinta a la de los cluniacenses. El mismo San Bernardo, en su “Apología a Guillermo” lo dice claramente: “Vuestros monasterios relumbran mientras los pobres tienen hambre. Los muros de vuestras iglesias están recubiertos de oro, pero los cristianos siguen desnudos. Ya que no os avergonzáis de estas estupideces, lamentad al menos tantos gastos”. Él se sentía responsable ante Dios y por eso quería que los monjes cumplieran rigurosamente la regla; era preferible ser un buen seglar a un mal monje. Y su trabajo dio sus frutos pues el protagonismo que tenían los cluniacenses en el siglo XI, se lo arrebataron los cistercienses, ya que muchos monjes y clérigos de otras Órdenes se pasaron a la suya y muchos monjes cistercienses fueron nombrados obispos.

Tanto se dedicó a su Orden, que llegó incluso a fijar los criterios que habrían de seguirse a la hora de construir una abadía cisterciense. Estaba en contra de que las iglesias fueran excesivamente grandes, adornadas con esculturas y frescos, pues en lo exterior quería también imprimir el ascetismo que imponía a sus monjes. Si los monjes habían huido del mundo, no necesitaban nada de eso para conseguir la unión con Dios. Consideraba que los adornos eran gastos superfluos y que ese dinero tenía que dedicarse a socorrer a los pobres. Quería que hubiese una cierta uniformidad entre sus monasterios; por lo cual, en el año 1135, se planteó que éstos no podían seguir siendo construcciones de madera y adobe y que, para darles perpetuidad, había que construirlos de piedra. Intervino personalmente en la construcción de las abadías de Claraval y de Fontenay, siendo el inspirador de ambas construcciones: tenían que predisponer al monje y al visitante a la sencillez, la pobreza, el ascetismo y el silencio.

Detalle del Santo en un grabado decimonónico de Gutenburg, Suiza.

Detalle del Santo en un grabado decimonónico de Gutenburg, Suiza.

Pero su apostolado traspasó los muros de los monasterios y alcanzó la propia curia papal. Recordemos sus esfuerzos para conseguir el reconocimiento universal del Papa Inocencio II y su influencia en el Papa Eugenio III, de origen cisterciense, quien incluso llegó a solicitarle que escribiera un tratado sobre las obligaciones del Papa, cosa que él hizo, escribiendo los cinco libros del tratado “De Consideratione”, en el que entre otras muchas cosas le recordaba que un Papa jamás debe abandonar la oración por atender los asuntos de Estado. Pero mantuvo una posición que hoy en día rechazaríamos de plano: el Papa estaba investido de una doble autoridad: la espiritual y la temporal, pues como cabeza de la Iglesia tenía autoridad sobre los estados cristianos. Es la célebre “teoría de las dos espadas”. No la desarrollo más para no alargar el artículo y a la espera de que sobre este tema entablemos un debate.

Como en su tiempo se daban casos de discrepancias entre obispos sobre todo en asuntos temporales, en el año 1126 escribió “Tractatus de moribus et officio episcoporum”, que envió al arzobispo Enrique de Sens y que tenía como fin intervenir en los conflictos entre obispos. Su prototipo de obispo era su amigo, San Malaquías de Armagh, – cuyas reliquias están en la misma urna que las de San Bernardo – y a tal fin, escribió “De vita et rebus gestis sancti Malachiae”. Esta es una obra de carácter biográfico y hagiográfico, muy útil como fuente histórica sobre la Iglesia irlandesa en el siglo XII, pues el célebre San Malaquías era el legado del Papa en Irlanda.

No quiero extenderme sobre su apostolado en tiempos de la Segunda Cruzada, que como dije, para él era una guerra santa – y que puede ser otro tema para polemizar – aunque algo si habrá que decir sobre sus controversias contra algunas “herejías populares”, como los cátaros. En los ya mencionados “Sermones super Cantica”, refutó a estos grupos de cátaros y evangélicos que estaban muy localizados en la ciudad de Colonia. En el año 1145 predicó personalmente contra ellos en el Languedoc, pero sobre todo, contra los seguidores del monje Enrique, que se caracterizaban por llevar hasta el extremo el mensaje del evangelio, defendiendo la existencia de una Iglesia puramente espiritual, libre de todo apego a lo terrenal, considerando incluso mundana a la propia jerarquía eclesiástica. Pero siempre lo hacía intentando no excluir a nadie, sino previniendo de esos errores, por lo que con “estos futuros herejes” siempre usaba la persuasión y nunca la confrontación. Sus orígenes le habían proporcionado una sensibilidad muy humana, pero es verdad que, como monje, su severidad le hizo perder “los papeles” en alguna ocasión.

Su comportamiento, en algunas ocasiones, había desatado ciertos problemas e incluso, algunas sentencias contradictorias. Sabemos de su amistad con Pedro el Venerable, pero por ejemplo, éste deplora suave pero firmemente, la vehemencia y la precipitación mostrada por San Bernardo en la controversia de Langres, como consecuencia de la elección y consagración del cluniacense Guillermo de Sabran como obispo de aquella diócesis. Algo parecido ocurrió cuando fue elegido Guillermo Fitzherbert como arzobispo de York. Estas controversias impresionaron por su dureza, pero hay que tener en cuenta que se estaba violando, en contra de Bernardo, un procedimiento que había sido fijado de acuerdo con el Papa para el nombramiento del obispo del lugar donde hubiese un monasterio cisterciense. Podríamos citar muchos otros casos que nos mostrarían cuál era la personalidad humana de San Bernardo, pero creo que no debo excederme, sobre todo cuando hay mucha bibliografía sobre este Santo.

Escultura del Santo en su iglesia de Fontaine-les-Dijon, Francia.

Escultura del Santo en su iglesia de Fontaine-les-Dijon, Francia.

En el primer artículo dijimos que San Bernardo murió en Claraval el día 20 de agosto del año 1153. Fue canonizado por el Papa Alejandro III mediante una bula decretada el día 18 de enero del 1174, o sea, veintiún años después de su muerte. Nos parecerá poco tiempo, pero aun así, ya el Papa la había retrasado deliberadamente: “Estando en París, muchos hombres venerables me pidieron la canonización de Bernardo abad de Claraval, de santo recuerdo, sugiriendo con humildes peticiones que ya que se iba a celebrar próximamente el Concilio de Tours, sería digno y laudable dar el permiso en esa ocasión. Cuando ya estábamos de acuerdo en esta cuestión, llegó una gran cantidad de peticiones que desde diversas provincias pedían otras canonizaciones. Y así, viendo que no se podía satisfacer a todos de modo congruente, se decidió, para evitar el escándalo, diferir en este caso lo que en los otros había que denegar por cuestión de tiempo”.

San Bernardo fue proclamado Doctor de la Iglesia por el Papa Pío VIII en el año 1830. El Ven. Papa Pío XII, en el octavo centenario de su muerte, en la encíclica “Doctor mellifluus”, le dio esta denominación. Este apelativo empezó a emplearse en el siglo XV refiriéndose a San Bernardo y estaba en consonancia con la suavidad y la dulzura de sus escritos.

Los restos del Santo, a excepción del cráneo, se perdieron en el 1793 durante la Revolución Francesa. Esta reliquia, en el año 1813 fue llevada a la catedral de Troyes. Su culto está muy difundido, siendo el patrón de Gibraltar y de la Liguria italiana. Su festividad se celebra el día de su muerte (20 de agosto). Las principales etapas en el desarrollo de su culto litúrgico son: el mismo año de su canonización, el Papa Alejandro III compuso una primera Misa para uso de los cistercienses. En el año 1201, Inocencio III aprobaba una nueva Misa con oraciones propias. Desde el punto de vista del desarrollo del Oficio de las Horas, la única lección que se encontraba en el Oficio de Maitines en la primera mitad del siglo XVI, se convirtió en tres lecciones con la reforma de San Pío V.

Existen numerosos testimonios de contemporáneos del santo que le atribuyen la realización de milagros. El propio Godofredo de Auxerre, su primer biógrafo, nos narra alguno, que de alguna manera, hasta el propio San Bernardo lo reconoce implícitamente en el capítulo segundo de su obra “De consideratione”. Como era natural y lógico, también las leyendas escritas sobre él le atribuyen la realización de numerosos milagros.

Detalle del cráneo del Santo en su urna de Troyes, Francia.

Detalle del cráneo del Santo en su urna de Troyes, Francia.

San Bernardo es uno de los santos que más influencia ha ejercido en la vida de la Iglesia, pues ya antes del 1500 se habían realizado cuarenta y cinco ediciones parciales de sus obras; y hasta el día de hoy, más de quinientas. Esta influencia se debe principalmente tanto a su doctrina como a su espiritualidad cristocéntrica (infancia de Cristo, nombre de Cristo, pasión de Cristo…) y al papel de María en la obra de la Redención. Por poner sólo un ejemplo, diré que el autor de la “Imitación de Cristo” basa su obra principalmente en la doctrina de San Bernardo. Iconográficamente se le representa con una pluma o un libro, con una colmena y con la figura de María.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– LECLERCQ, J., ”Saint Bernard mystique”, París, 1948
– VACANDARD, E., “Vie de Saint Bernard abbé de Clairvaux”, Paris, 1927
– ZERBI, P., “Bibliotheca sanctorum” vol. III, Città N. Editrice, Roma, 1990

Enlace consultado (01/06/2013):
http://es.wikipedia.org/wiki/Bernardo_de_Claraval

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

10 pensamientos en “San Bernardo de Claraval, Doctor de la Iglesia (III)

  1. Toño:
    Dice una anécdota que en una ocasión San Bernardo saludo a una imagen de Nuestra Señora: “Ave María” y que esta se animó y le respondió en agradecimiento por la predicación que hacía sobre Ella: “Ave, Bernardo”. A que voy con esto, en que espero que en su momento, también San Bernardo te salude y te recompense por este trabajo que has presentado y con el que has actualizado y hecho asequible su figura y su obra a nuestros lectores. Alguien alguna vez me dijo que para formar al santo, debes primero forjar al hombre y ese hombre, llamado Bernardo de Clairvaux, lo has proyectado como un hombre cercano a nosotros, triste y melancólico a veces, pero estudioso y diplomático, con dotes de gobierno, capaz de aceptar sus equivocaciones, apasionado, terco y tenaz, enamorado y poeta. ¡Enfermo del estómago! El libro que leí sobre su vida lo angeliza demasiado y refiere como por su s grandes dotes diplomáticas, a recorres media Europa, muchas veces atravesó campiñas, bosques y lugares con paisajes donde casi se podía tocar el cielo con el dedo pero no lo hizo, porque iba sumido en sus meditaciones o haciendo penitencia refrenando la vista. No creo que haya un santo capaz de hacerle un desaire a Dios amor y creador que nos ha dado un mundo tan bello. Y menos que ninguno, Bernardo.

    Opino que su figura sigue siendo actual y muy atractiva, distiendo de la opinión de que la cruzada que preparó y que le fracasó es un obstáculo enorme en su vida para amarlo. ¿Qué persona, que santo no ha cometido errores? Yo opino, salvo la mejor opinión de alguien más instruido, que ese pasaje se desdibuja cada vez más.
    Por otro lado, quiera Dios que Ojos Grandes (como lo apodan en su familia según el libro de la Familia que alcanzó a Cristo) alcance de Dios que los seminarios y conventos y monasterios no solo de hombres, sino de mujeres, se vean a rebozar por su intercesión de fecundas y santas vocaciones. Él, que fue el terror de casadas y novias, que escondían a sus hombres para que no fueran seducidos por sus proyectos monásticos.
    Quiero platicarte algo sobre sus reliquias y que no coincide con lo que tú dices; esta versión la bajé hace algunos meses de internet y pensaba enviártela para pedirte tu opinión. Según esa versión, en Claraval habían los restos de cuatro santos: dos mártires cuyo nombre no recuerdo, que por lo que refiere bien podrían ser corposantos. Allí estaban también los restos de San Malaquías y de San Bernardo, a quienes por la bendita costumbre de la época, separaron los cráneos y que fueron puestos en sendos relicarios y que por ello están bien identificados ahora. Como bien refieres, la Revolución Francesa hizo sus estragos en Claraval y luego de la amortización y exclaustración de los monjes, las reliquias de cada santo fueron puestas en su correspondiente cofre y sacadas del lugar y llevadas a otro. Allí permanecieron varias décadas entre escondidas y olvidadas por la devoción de los lugareños que quisieron quedarse con ese preciado tesoro. Hasta que llegó a ese templo un sacerdote que quien sabe qué tenía en el cerebro, tuvo la ocurrencia de depositar todos los restos juntos en un solo cofre, revolviéndose de esta manera las osamentas de cuatro personas. Dice ese artículo que a San Bernardo y san Malaquías, tan amigos en vida, ni el sepulcro pudo separarlos y ahora yacen juntos (o revueltos que es el caso) en ese cofre que refiere si existe. La foto que pusiste en el primer artículo me dio la impresión que sería este cofre, pero tal vez se trate de un relicario dúplex para los cráneos del santo obispo y del santo abad.
    Gracias nuevamente por haber hablado de uno de los santos que más quiero y admiro.

    • Humberto,
      Que San Bernardo preparase la Segunda Cruzada – fracasara o no – y que nosotros no estemos de acuerdo con este tipo de guerras santas, no quiere decir que no admiremos la personalidad del santo o que pongamos en menoscabo su colosal figura. Nada más lejos de mi intención y de hecho verás, que en el artículo expongo hechos y no los valoro y que la valoración que hago de su personalidad, pensamiento y santidad es altamente positiva como no podía ser menos. Solo que en él, como en todo ser humano, hay sus luces y sus sombras y, al menos para mi, las Cruzadas fueron unas de las sombras más grandes no solo de él, sino de toda la Iglesia de Occidente.
      Lo fueron entonces y lo siguen siendo ahora todas las “guerras santas” que, por desgracia, aun en la actualidad hacen sufrir a tantos millones de seres humanos. Las guerras santas, son en mi modesta opinión, una verdadera maldad vengan de la religión que venga, ya que el único Dios – lo llamemos como le llamemos – es un Dios de amor.

      Yo me hubiese extendido muchísimo más en el tema de la subordinación de las ciencias profanas a las sagradas, pero como veo que en eso no se ha discutido casi nada, no seré yo quién incida de nuevo.

      Y en cuanto a las reliquias, por lo que yo se, en esa urna se conservan los restos de los dos santos sin estar mezclados. De dos, no de cuatro. Es verdad que de San Bernardo existen otros relicarios distintos, pero el cráneo no deja de ser la más preciada reliquia insigne.

  2. Amigo Toño, descargué el texto en PDF sobre el Amor a Dios y me sorprende que sea tan sencillo y fácil de entender: Amor por amor, nada más. La medida del amor es el amor mismo. Se adelantó varios siglos a Erich Fromm, el autor de El arte de amar. De todas formas leeré ese trabajo con calma para comprenderlo mejor, aunque las ideas principales ya las sé -ahora, iré a hacerlas-.

    Qué te diré, se justifica que Bernardo era hijo de su tiempo y por ello predicara apasionadamente la segunda cruzada, incluso en territorio imperial sin autorización papal -si no mal recuerdo, éste era su discípulo y aquél su padre espiritual, así que se sentiría con autoridad moral sobre el Papa- y con tanto fervor que lo consideraron profeta y ya sabemos los desastrosos resultados. Menos mal, como dijo el santo, lo culparon a él y no a Dios del fracaso de la empresa. De todas maneras, Dios no es un dios de guerreros que blande la espada de su boca contra los infieles ni querría que al grito de ¡Deus le volt! y ¡En el nombre de Jesucristo! se cercenaran las cabezas de miles de inocentes civiles y de soldados por una tierra santa, aunque la verdadera razón era mantener un territorio cercano a la ruta de las especias cuyo monopolio mantendría el imperio bizantino durante otro buen rato. Y la empresa armada estaba condenada desde el principio, los musulmanes poseían mejor tecnología y logística que los cruzados, eran un núcleo homogéneo al contrario de los occidentales y la política y la religión sí estaban bien amalgamadas, contrario a las naciones individuales, donde los reyes luchaban encarnizadamente entre sí.

    Sin duda también de su tiempo -y durante largo tiempo- la teoría de las dos espadas -nunca la peor “teología” sacada de una versión bastante confusa por parte de Lucas, a diferencia, con ciertos grados, de lo escrito por Juan y los otros dos- pretendió que el Papa tuviera el poder absoluto sobre la cristiandad, aunque delegara la espada temporal en manos del Emperador, pronto los pontífices se harían nombrar Vicario de Cristo en cuyas manos estaba la potestad de atar y desatar sin que nadie pudiera apelar su decisión, y aún hoy sus resoluciones parecen inapelables… ¿quién les dio esa autoridad? ¿Es lo que quiere Dios? Menos mal que hoy nadie con suficiente criterio ni inteligencia se la cree, pero son extravagancias que nada tienen de evangélicas y debemos cuidar que no vuelvan a ocurrir.

    Cuando detallas el plan de reforma del abad Bernardo, me acordé del de San Francisco de Asís: iglesias pequeñas, de materiales rústicos, conventos a la misma usanza, sin demasiados o ningún adorno que distrajera, pobreza y ascetismo… Y ya sabemos cómo acabaron.

    A decir verdad, estoy a favor de los cátaros en cuanto a la espiritualización de la religión y el decremento e importancia nula de la jerarquía eclesiástica. Eso es vivir también el Evangelio, sine glosa. Qué lástima que los monjes posteriores al santo fueran montados en mulos bien pertrechados y con delicados ropajes para convencer de sus “errores” a los cátaros, cuando estos eran ejemplo de sencillez y pureza. Ninguna reforma dura lo suficiente sin sufrir una decadencia o involución.

    ¿San Malaquías de Armagh, es el presunto autor de las profecías papales? De quien tanto se ha hablado en los tiempos recientes.

    • Amigo Alejandro,
      No incido más en el tema de las Cruzadas porque tu lo das dejado muy claro: Dios, no es un Dios guerrero, sino un Dios de amor. Todas las “guerras santas” y las Cruzadas lo fueron, son una auténtica maldad humana, llevadas a cabo por integristas, que intentan imponer su forma de ver la vida amparándose en que es designio de Dios.

      La teoría de las dos espadas: rechazo completamente su posicionamiento acerca de la doble autoridad del Papa, señor absoluto – o absolutista – dueño de cuerpos y almas, de voluntades y de territorios, que imponía su poder incluso blandiendo personalmente la espada. Nada más lejos del espíritu del evangelio y de la práctica personal de Jesús, que solo muestra en una ocasión su irritación cuando ve que el templo, lugar de oración, se estaba convirtiendo en cueva de ladrones. ¡Cuantos Papas, a lo largo de la historia, no han convertido en eso a la Iglesia!

      Pero veo en él una cierta contradicción, porque mientras apoyaba teóricamente esta práctica, por otro lado no deja de aconsejarle al Papa que no tiene que abandonar la oración para atender las cuestiones de Estado. ¿En qué estamos? Porque está dando a entender, que deje en las manos de los poderes terrenales los asuntos terrenales y él se dedique a presidir la Iglesia en el amor; el Papa es un obispo que preside a los otros, en el amor. Yo creo que el mejor título que tiene el Papa – y quizás debería ser el único – es el de “Siervo de los siervos de Dios” y, repito, ningún otro más.

      Y yo no me atrevería a comparar a San Bernardo con San Francisco, ni siquiera en algo tan material como la forma de los conventos; no me gustan las comparaciones, pero es que además, para mi, San Francisco de Asís es un punto y aparte, el santo que más se ha identificado con Cristo a lo largo de toda la historia de la Iglesia. El santo que más me cautiva y quizás, el que más ha influenciado, para bien, en la Iglesia. Exceptuando a la Santísima Virgen, San Francisco es un punto y aparte.

      Y por último, decirte que si, que a San Malaquias de Armagh se le atribuyen las presuntas profecías papales, en las que, por supuesto, yo no creo en absoluto. Pero actualmente, hay quienes dudan razonablemente de su supuesta autoría, pues aparecieron a finales del siglo XVI, cuando el santo había vivido en el siglo XII.

  3. La reforma espiritual y arquitectónica de Cluny es un hito en la historia del arte europeo, cosa que cualquiera que haya estudiado arte sabe. Hay cierta belleza en esa austeridad y ausencia de decoración, cierta pureza en esa desnudez de muros, donde todo es piedra y luz. Pero, para bien o para mal, el espíritu asceta de Cluny se pervirtió y las iglesias volvieron a cubrirse de decoración y suntuosidades, de modo que hizo falta una segunda reforma, la del Císter, que nuevamente se vino abajo hasta que, ya en época barroca, el recargamiento y lujo de las iglesias tuvo que ser justificado por un lenguaje y explicaciones totalmente opuestas a este pretendido espíritu. Y es que la cabra tira al monte, a los seres humanos nos gustan las cosas bonitas más que a las urracas, y supongo que así ha de ser, ya que cada estilo artístico nos habla de quienes lo crearon, pagaron y vivieron: son patrimonio ante todo. Aunque para mí, no existe arte comparable al gótico.

    La teoría de las dos espadas no deja de ser otro de los pretendidos intentos de la Iglesia de mandar, gobernar y ordenar por encima de todo. Es la constante lucha, eterna hasta la era contemporánea, entre poder temporal y poder espiritual, entre Iglesia y Estado. O mejor digamos, que es la lucha de la Iglesia para acaparar ambos poderes y de los reyes, por mantener sus prerrogativas. Saliéndonos bastante de época, nos pintan a Enrique VIII como un demonio por dar portazo en las santas narices de Roma, cuando ha habido Papas y clero que eran para echarles de comer aparte, también. Al final, lo más deseable para la humanidad es la separación Iglesia-Estado y si no, mirad lo que pasa en los países que todavía no lo tienen.

    Por último, lo de la preeminencia de las ciencias religiosas sobre las profanas está adquiriendo tintes dramáticos aquí y ahora, en el siglo XXI. No quería hablar de esto para no sonar apocalíptica, pero nadie lo ha hecho, qué remedio. Veo barbaridades cada día de gente -creyente y no creyente- que está haciendo muchísimo mal a la sociedad con su actitud escéptica -cuando no de desprecio- a los avances científicos y a todo lo que hemos conseguido, especialmente en medicina, en ciencias naturales y en educación. Y no hablo sólo de ignorantes que, dándoselas de religiosísimos y confiar sólo en el Señor, negan tratamientos médicos necesarios a sus seres queridos o a ellos mismos; generando sufrimiento atroz e inútil; o personas que hacen el ridículo más absoluto a la hora de opinar sobre temas como el aborto, la eutanasia, la anticoncepción, la investigación sobre células madre y demás temas polémicos, pretendiendo sentar cátedra y adoctrinar a los demás sobre lo que hay y lo que no hay que hacer, cuando no tienen ni puñetera idea de lo que están diciendo, no. Me refiero también a esas personas, no creyentes, pero imbuidas por un falso ecologismo y las modas de la corriente new-age, que hacen barbaridades todavía peores: no llevan a vacunar a sus hijos, no van al médico, no toman ninguna medicina y se fabrican sucedáneos caseros sin tener ningún control ni idea de lo que están ingiriendo, justificándolo todo con que es “natural”, adoctrinan en todas partes para transmitir su odio y desprecio a la ciencia y fomentando prácticas peligrosísimas en la alimentación, en el ejercicio y en el cuidado de enfermedades, “desinformando” a la juventud y a las mujeres sobre temas que estaban ya más que superados, alentando absurdas teorías de la conspiración y otras cosas que mejor no decir, pero que yo he visto con mis propios ojos. Pues bien, todos esos, unos justificándolo con la fe y con Dios, y otros, justificándolo con “lo natural” y la Madre Tierra, están escupiendo sobre los avances de sus semejantes y avergonzando la memoria de todos aquellos que estudiaron y lucharon para que éste fuera un mundo mejor y más habitable; cuando precisamente, si ellos viven, viven bien y pueden hacerlo, ha sido gracias a esos a los que desprecian. Preparaos, porque a este paso, en nada volvemos a la Edad Media. Y no sigo, que me enciendo.

    • Ana Maria,
      Me estáis dando “excesivo trabajo” con estos comentarios tan largos, pero al mismo tiempo, tan argumentados. Como yo, en arte, me considero un lego y se que tu entiendes más que yo, digo amén a todo lo que tu dices, aunque haciendo hincapié en que a mi personalmente, me gusta más la sobriedad que la ostentación, no solo en los templos, sino en general, en todo.

      En cuanto a la separación de la Iglesia y el Estado, me arrimo completamente a lo afirmado por el Papa Francisco en Brasil, diciendo que quería estados laicos que dieran las mismas oportunidades a todas las personas y a todas las creencias.
      A ver cuando de una puñetera vez, eso cala en las mentes de algunos jerarcas, que tienen ya edad para estar jubilados y jugando a la petanca en vez de estar incordiando continuamente no solo a nivel interno de su iglesia local, sino en todo el Estado en el que vive. Por desgracia, en España tenemos algunos esperpénticos ejemplos que no harían mal si se recluyesen en conventos, como ha hecho Benedicto XVI, aunque este lo haya hecho por otros motivos. Desde luego, le harían un gran favor al pueblo de Dios.

      No te enciendas defendiendo a las llamadas ciencias profanas, porque aunque tu lo has hecho muy bien defendiendo los avances en la medicina moderna que ha dado calidad de vida de los hijos de Dios – por desgracia, no a todos – , lo mismo ha ocurrido con otras ciencias: física, química, astronomía, biología, ecología…. Cuantas barbaridades han dicho y siguen diciendo personas totalmente ignorantes en las mencionadas materias, bajo la premisa de que todo debe estar supeditado a lo que ellos interpretan qué es la voluntad de Dios.
      ¿Hablamos de la teoría del Big Bang? ¿Hablamos de la evolución de las especies? ¿Hablamos de la deriva continental? ¿Hablamos de…..? Cuantos borricos sagrados se han opuesto y siguen oponiendo a estas teorías científicas, cada vez más confirmadas a nivel científico, simplificándolo todo en que Dios hizo el mundo en seis días, hizo al hombre de barro, somos el centro del universo y muchas barbaridades más.
      Gran servicio le hizo a la ciencia y a la Iglesia, el paleontólogo jesuita Pedro Teilhard de Chardin y otros muchos como él, que han comprendido que la fe y las ciencias no están reñidas, que la evolución de las especies o que el bosón de Higgs no están en contra de la creación, sino que pueden explicarla. Hoy no condenamos a Galileo, pero si condenamos al ostracismo a quienes se atreven a investigar no siguiendo los rigurosos cánones de quienes se creen señores custodios de toda verdad.

      Y si hablamos de la investigación en la teología….., ¿qué decir? ¡Pues Santo Oficio y tente tieso! Y si no, que se lo pregunten a Leonardo Boff por un lado y a Don Benito por el otro. En fin, mejor que me calle.

  4. Gracias Antonio. Me consta el tremendo trabajo y esfuerzo que has puesto en desgranar tantos aspectos de la vida y obra de Bernardo de Claraval y eso no sha ayudado definitivamente a comprender mejor su impacto y relevancia históricas indudables. Es obvio decir que sin tu ilusión y dedicación este blog no sería lo que es.

    • Muchas gracias, Salvador, por tus halagos, pero para ser justos hay que decir que este blog es lo que es, gracias al trabajo de muchos: colaboradores, técnicos y las personas que nos preguntan, comentan y visitan. Es cosa de todos y tu eres uno de ellos.

      Una cosa si tengo que reconocerte: hacer estos tres artículos no ha sido tarea fácil porque sobre San Bernardo hay tanto escrito y tanto escribió el mismo, que he tenido que coger las tijeras de podar y quitar cantidad de información para no hacer insufrible su lectura. Pero bueno, en este mismo blog hay otros muchos artículos tanto o más difíciles que estos.

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