San José de Damasco, hieromártir

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Icono ortodoxo estadounidense del Santo.

Icono ortodoxo estadounidense del Santo.

Nació en Beirut (Líbano) en el mes de mayo del 1793, en el seno de una familia pobre, pero muy piadosa, que le dio una educación muy elemental. Su padre se llamaba Moisés y su abuelo, Mouhana Al-Haddad, por lo que, de mayor, fue conocido como el Padre José Mouhana Al-Haddad. Siendo niño, su familia tuvo que abandonar el Líbano y establecerse en Damasco, donde aprendió el árabe y algo de griego, aunque por falta de medios económicos, tuvo que ponerse a trabajar en la industria de la seda. Sin embargo, sus deseos de saber hicieron que buscara una solución a su problema educacional: trabajaba de día y estudiaba por su cuenta de noche, ayudado por su hermano mayor, que era una persona muy culta y que tenía una pequeña biblioteca que ayudó a José en su empeño por aprender. Pero su hermano murió con sólo veinticinco años y eso le afectó no sólo anímicamente, sino también en sus estudios. Solo y sin la ayuda de su hermano, se encontraba con dificultades para entender muchas de las cosas que leía, pero pensaba que si el escritor de ese texto era un hombre como él, ¿por qué él no iba a comprender el significado de lo que leía? Y eso lo animaba aun más.

Aunque era ortodoxo, estudió con un maestro musulmán de Damasco llamado Mouhamad Al-Attar, que era uno de los más grandes eruditos de su época, y con él perfeccionó el árabe, estudió humanidades y se inició en la discusión y en el razonamiento. Pero esta alegría no le duraría mucho, porque el coste de los libros y la pobreza familiar eran incompatibles, por lo que tuvo que volver a trabajar de día y estudiar él solo de noche, de forma autodidacta. Estudió a fondo la Biblia, especialmente el Libro de los Salmos y el Nuevo Testamento, comparando el texto griego de la Septuaginta (Biblia de los Setenta) con la traducción al árabe. Pero, en su anhelo por saber más, estudió teología e historia bajo la dirección del profesor George Shahadeh Sabagh y, ayudado por unos estudiantes judíos, aprendió hebreo y empezó a impartir clases en su casa.

Esto no gustó en demasía a sus padres, que trataron de disuadirlo de tanto estudio y de su dedicación a la enseñanza, temiendo que pudiera correr la misma suerte que su hermano Moisés. Como no lo consiguieron, buscaron otra alternativa: casarlo; y lo prometieron en matrimonio con la joven Mariam Al-Kourshi, cuando sólo tenía diecinueve años de edad. El matrimonio, sin embargo, no lo apartó de su búsqueda del conocimiento, ya que se cuenta que, incluso en la noche de boda, se dedicó a leer y a estudiar (!!). De este matrimonio nacieron tres hijos: Moisés, Abrahán y José.

Icono ortodoxo árabe del Santo dedicado a sus estudios.

Icono ortodoxo árabe del Santo dedicado a sus estudios.

Dada su reputación, la parroquia ortodoxa de Damasco solicitó al Patriarca Serafín (1813-1823) que lo ordenase como sacerdote para dirigirlos. Como también el Patriarca lo admiraba, así que con sólo veinticuatro años de edad y en una semana, fue ordenado de diácono y posteriormente, de sacerdote. Cuando su sucesor, el Patriarca Metodio entró en contacto con él y comprobó su piedad, sus conocimientos y su valentía, lo elevó a la dignidad de arcipreste. Como era buen predicador, durante muchos años, desde el púlpito de la Catedral Patriarcal, logró muchas conversiones, por lo que algunos llegaron a compararlo con San Juan Crisóstomo. Más de un siglo después de su muerte, el escritor melquita Habib Al-Zaiat recordaba que era muy conocido entre los árabes ortodoxos por sus conocimientos y su elocuencia.

Además de buen predicador, siempre estaba atento a las necesidades de sus feligreses, en ayudar a los necesitados y en el fortalecimiento de los más débiles en la fe. En el año 1848, cuando la fiebre amarilla se extendió por Damasco, el Padre José se dedicó por completo a atender a los enfermos, sin preocuparse por la posibilidad de contagiarse, aun habiendo perdido a uno de sus hijos que había sido contagiado por la enfermedad; todo lo hacía porque tenía una fe profunda en Dios. Se ganó la simpatía y el respeto de todos los habitantes de Damasco, tanto de los cristianos de los diversos ritos orientales como de los musulmanes, llegando a convertir a muchos a la ortodoxia.

Aunque no se sabe cuándo fue creada la Escuela Patriarcal de Damasco, sin embargo, en el siglo XIX quedó plenamente asociada al Padre José, ya que él se hizo cargo de ella en el año 1836, cuando reunió a sus alumnos con sus propios estudiantes. Nombró un consejo de administración, hizo que los gastos del mantenimiento fueran sufragados por los fieles y por el Patriarcado, normalizó los salarios de los profesores y la convirtió en fuente de atracción para los estudiantes sirios y libaneses. Como quería educar a los jóvenes a fin de prepararlos para el sacerdocio, potenció los estudios teológicos hasta conseguir que la Escuela se convirtiera en uno de los seminarios teológicos de más prestigio dentro de las Iglesias Ortodoxas; doce de sus discípulos llegaron a ser obispos, metropolitanos o patriarcas.

Se caracterizaba por su pobreza, su familia vivía gracias a su esfuerzo y al de sus hijos; y no consintió jamás que la Iglesia le abonase un salario. Tal era su prestigio, que el Patriarca Cirilo II de Jerusalén le pidió que enseñara árabe en la escuela de clérigos Al-Mousalabach. Él rehusó y el Patriarca recurrió al soborno, ofreciéndole el salario de varios sacerdotes, además de una vivienda. A pesar de vivir pobremente, volvió a negarse, argumentando que Dios lo había destinado a servir a su parroquia en Damasco y que no necesitaba nada más.

Icono ortodoxo norteamericano de los Santos José de Damasco y Rafael de Brooklyn.

Icono ortodoxo norteamericano de los Santos José de Damasco y Rafael de Brooklyn.

Era extremadamente paciente, amable, humilde, compasivo, cultísimo: un hombre de fe, que jamás hablaba de sí mismo y que incluso se avergonzaba cuando era elogiado. Muy delicado en su trabajo pastoral, en que él se permitía rebatir a los más letrados y convencer a los sencillos, hablándoles a cada uno en su propia lengua. A todos les tocaba el corazón. Fue un intelectual, una de las personas más eruditas de su tiempo; sabemos por un sobrino suyo que tenía una biblioteca de casi tres mil volúmenes, pero no nos ha llegado porque fue saqueada y quemada durante los disturbios del año 1860. Era asimismo un gran teólogo, un hombre de Iglesia, un sacerdote con una fe tan profunda, que mereció la recompensa del martirio.

Sus escritos son numerosos: comparó con los textos originales las traducciones existentes del libro de los Salmos y las Epístolas, el Breviario, el Liturgikon y muchos textos de los Santos Padres. Tradujo al árabe el libro catequético de San Filareto de Moscú, editó la traducción que del libro de San Basilio sobre el Génesis, había realizado el diácono Abdallah Al-Fadel Al-Antaki. Cuando terminaba de corregir un manuscrito, añadía: “Este libro fue copiado de un viejo manuscrito y completamente comparado con el original”, firmaba, sellaba e imprimía. Tal era su garantía, que muchas imprentas ortodoxas de Rusia, Israel, Siria y Líbano recurrían a él antes de validar algunas publicaciones teológicas y literarias.

En su tiempo, las relaciones entre el Patriarcado Greco-Ortodoxo de Antioquía y los melquitas católicos eran difíciles y dolorosas, ya que mutuamente se trataban como cismáticos. Él, aun sin renunciar a su fe ortodoxa, siempre tuvo un trato exquisito con la comunidad melquita católica. Odiaba la violencia y no toleraba la opresión ejercida por los turcos contra los melquitas. En el año 1857, el Patriarca melquita Clemente obligó a su iglesia a aceptar el calendario gregoriano; eso provocó malestar dentro de la comunidad católica, por lo que muchos se replantearon volver a la Iglesia Ortodoxa. Un grupo de ellos, dirigidos por Al-Shibli Demashki, Jorge Anjouri, José Fouraeig, Moisés Al-Bahri, Sarkis Dibanah y Pedro Al Jahel, contactaron con el Padre José, quien los recibió con los brazos abiertos y se esforzó por convencerlos de la verdad de la ortodoxia. Fue tanta su influencia y su carisma que hay quienes afirman que si no hubiese sido martirizado tres años más tarde, habría desaparecido totalmente la Iglesia Católica Melquita, atrayendo a todos a la Ortodoxia.

Interior de la Catedral del Patriarcado Greco-Ortodoxo de Antioquía en Damasco (Siria).

Interior de la Catedral del Patriarcado Greco-Ortodoxo de Antioquía en Damasco (Siria).

Sin lugar a dudas, el Padre José fue el hombre más grande del renacimiento de la Iglesia de Antioquía en el siglo XIX. En ese momento, Antioquía estaba en una situación patética: el cisma de los melquitas había provocado repercusiones muy importantes, sobre todo a nivel pastoral. Por otro lado, los misioneros protestantes eran muy activos y agresivos, mientras que la Iglesia Ortodoxa era débil, ignorante y pobre. A partir de 1724, los jerarcas estaban ajenos a las necesidades de su pueblo. La Iglesia Antioquena estuvo a punto de desintegrarse por completo y convertirse al catolicismo. En nombre de la ortodoxia, tanto Constantinopla como Jerusalén se atribuyeron la autoridad de nombrar a los obispos antioqueños, tratando de determinar su destino. En ese momento no había sacerdotes competentes, no existía la atención pastoral. La Iglesia de Antioquía se podría describir como un barco azotado por las olas y listo para hundirse. Con el Padre José se inició de nuevo un camino de piedad, de pobreza, de amor por el conocimiento, persistiendo la pastoral, la predicación, la orientación, los escritos, traducciones, la escuela y la vigilancia, creándose una atmósfera que motivó a los fieles ortodoxos y les tocó el corazón. Apareció una nueva generación, una nueva forma de pensar bajo una nueva dirección espiritual. Con él se formaron numerosos obispos y sacerdotes que hicieron florecer nuevamente el Patriarcado Ortodoxo de Antioquía. El metropolita Gabriel Shatila llegó a decir: “Las estrellas de Damasco son tres: el apóstol Pablo, Juan Damasceno y José Mouhana Al-Haddad.”

Pero el 9 de julio de 1860, los drusos y los turcos iniciaron una matanza de cristianos en Damasco. Muchos se refugiaron en la Catedral Patriarcal, viniendo algunos desde las ciudades libanesas de Hasbaia y Rashaia, donde la masacre había comenzado antes. Como era costumbre, el Padre José tenía la Eucaristía en su casa y, ocultándola bajo su ropa, fue saltando de un tejado a otro hasta llegar a la catedral. Allí, distribuyó la Eucaristía entre los fieles y los fortalecía con las palabras de Cristo: “No temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; temed más bien a aquel que puede llevar a la perdición del alma y cuerpo en la gehenna” (Mateo 10, 28).

Distrito cristiano de Damasco destrozado en el año 1860.

Distrito cristiano de Damasco destrozado en el año 1860.

En la mañana del martes 10 de julio, los perseguidores atacaron la catedral, robando, matando y quemándolo todo. Muchos cristianos fueron asesinados, mientras que otros huyeron por las calles y callejones adyacentes; uno de ellos era el Padre José. Mientras caminaba por las calles, un erudito religioso musulmán, que era uno de los atacantes, reconoció al Padre José, pues éste le había refutado en un debate entre ambos. Al verlo gritó: “Éste es el líder de los cristianos; si lo matamos, matamos a todos.” Al oír estas palabras, el Padre José sabía que su fin había llegado. Sacó de sus mangas la Eucaristía y comulgó. Los turcos, como si fueran leñadores, destrozaron su cuerpo con sus hachas y, atándole las piernas, lo arrastraron por las calles de Damasco hasta destrozarlo. Aunque murió mártir, su vida había sido todo un modelo de santidad. La Iglesia Greco-Ortodoxa de Antioquía lo canonizó en el año 1993 y anualmente celebra su festividad el día 10 de julio, fecha de su martirio.

Troparion
“A través de las oraciones del hieromártir José de Damasco y de sus compañeros, te pedimos, Señor Jesucristo, que tengas misericordia de nosotros y salves nuestras almas”.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– KESICH, V., “Conflict and diversity in the Earliest Christian Community”, O.C.A.
– New York Times. “Details of the Damascus Massacre”, NYT, 13 agosto, 1860

Enlace consultado (15/06/2013):
http://www.antiochianarch.org.au/

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

8 pensamientos en “San José de Damasco, hieromártir

  1. Gracias por relatarnos la vida de este gran sabio, totalmente desconocido para mí, que practicó la erudición y ansió la búsqueda del saber. Creo que su mérito más grande, aparte del martirio, fue el saber atraerse el respeto no sólo de los cristianos de varios ritos orientales, sino también de los musulmanes. Eso es considerablemente meritorio, la verdad, siendo la mayoría de jerarcas y eruditos de un rito o religión objeto de recelo, odio o despecho de los jerarcas y creyentes de ritos o religiones contrarias.

    Y por último, cómo no, llorar los enfrentamientos y odios entre diferentes creyentes en el mismo Dios en Oriente y la repetida y constante destrucción de la bella Damasco desde tiempos inmemoriales… levantándose sólo para volver a caer. ¿Aprenderemos algún día?

    • Yo no creo que aprendamos y si no, fijémonos en lo que está pasando últimamente en Egipto, en el cual, un enfrentamiento político deriva también en enfrentamientos religiosos quemándose iglesias coptas.

      San José de Damasco fue un hombre fuera de serie y un faro de atracción en su tiempo. Fíjate que en aquellos momentos la Iglesia bizantina de Antioquia “estaba hecha unos zorros”, había habido el cisma melquita pasándose muchos al catolicismo y dentro de la Iglesia Melquita también hubo sus más y sus menos a cuenta del cambio de calendario. Todos recurrieron a él y si llega a vivir más años, la Iglesia Católica Melquita hubiera desaparecido porque todos hubieran vuelto a la ortodoxia y la Iglesia Antioquena se recuperaría, como de hecho se recuperó.

      Y todo eso lo hizo, siendo un sacerdote casado, con hijos, esposa y cargas familiares. ¿Quién puede defender que para dedicarse al apostolado al completo, un sacerdote tiene que ser célibe por fuerza?

  2. Muchas gracias Antonio. Sin duda la vida de San José de Damasco se nso antoja ejemplar por su humildad , sentido de la pobreza y sabiduría, cualidades que en ocasiones milagrosamente se reunen en la misma persona. Su muerte a hachazos sin duda debió ser terrible y lo expresas muy gráficamente diciendo que sus verdugos parecían leñadores.

    • Y un detalle muy importante: cuando se inició la matanza de cristianos, pudo quitarse de enmedio y no lo hizo. Tenía la Eucarístía en su casa y de tejado en tejado fue a distribuirla para confortar a sus fieles. Eso fue lo que le provocó la muerte y por eso, en los iconos se le representa con un cáliz en la mano.

  3. Pues una buena vida y un buen testimonio debió haber dado este hombre entre los suyos para haerse ganado la antipatía de los musulmanes. El cristianismo lleva el signo de la cruz y la persecusión en su nombre, a pesar que en algunas ocasiones en vez de perseguido sea perseguidor. Qué de buena ha de haber sido su vida que sin palabras o actos su sola presencia era un reproche para el que lo señaló y que causó su bárbaro martirio.
    La lucha entre religiones no debiera haberse dado y sin embargo lo sigue habiendo.
    Lo mas triste es cuando se enfrentan cristianos entre si, busando la imposición de su manera o forma de pensar. Gracias a Dios el ecumenismo ha ido fortaleciéndose y aunque falta mucho por recorrer, se ha avanzado más que uando vivía San José de Damasco. Afortunadamente obtuvo la palma del martirio y ya no anduvo en rollos de conversión de melquitas en ortodoxos. El Espíritu Santo sabe soplar y hasta donde y cuando hacerlo. Pidamso a este santo que goza dekl cielo, que desde allí, los catolicos, ortodoxos y cristianos reformados seaso uno solo, coom quiere Cristo.

    • El fue un precursor del ecumenismo porque a todos atendía y comprendía sin hacer proselitismo. Y no solo entre los cristianos de los distintos ritos (en Siria están prácticamente todos), sino también con los musulmanes y los judíos.
      Otra cosa fue cuando los melquitas se “despellejaban” entre si a cuentas del calendario y recurrían a él porque lo consideraban sobre todo un santo y un padre. Lógico que al acercarse y unirse a él, se unieran de nuevo a la ortodoxia que sus abuelos habían abandonado para abrazar el catolicismo.

  4. St. Joseph, please comfort the souls of the persecuted Christians in Syria and help them to understand that God is more important than the life, because He is in fact, the Life!
    Dear Antonio, thanks for this wonderful article!

    • Si leemos a Mateo, 22, 36-38, veremos que el segundo mandamiento es similar al primero: amar a Dios y amar al prójimo, luego el amor a Dios es igual de importante, está al mismo nivel que el defender la vida de los hermanos, ya sean cristianos, musulmanes o de cualquier otra religión. No se puede, es imposible, amar a Dios si no se ama profundamente a los hombres, si no se trabaja por ellos.

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