San Osio de Córdoba, obispo

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Icono ortodoxo español del Santo.

Icono ortodoxo español del Santo.

El obispo Osio de Córdoba es venerado como Santo por la Iglesia Ortodoxa, aunque no por la Iglesia Católica. Su nombre es griego (Όσιος), pero su procedencia es hispana – cosa que sabemos por nuestra historia – pero que además lo confirman San Atanasio y Simeón Metaphastes. Nació en Córdoba, probablemente en el año 256, deduciéndose esta fecha del hecho incontestable de que se sabe que murió en el año 357 en Sirmio con 101 años de edad. San Atanasio sigue diciendo que en el año 355 llevaba unos sesenta años como obispo de Córdoba, luego debió ser elegido alrededor del año 294. Participó en el Concilio de Nicea y según las actas del mismo, como era hispano y no conocía el griego, tuvo que explicarse mediante intérpretes.

Durante la persecución de Diocleciano fue torturado como confesor de la fe en Cristo y desterrado. Las huellas de esos tormentos eran aún visibles cuando participó en el Concilio de Nicea, conforme lo dice Nicéforo, en el capítulo XIV de su octavo libro. Sobre los tormentos a los que se vio sometido habla el mismo Osio en su carta al emperador Constancio: “He completado la tarea de la confesión, primero en la persecución promovida por tu abuelo Maximiano”.

Asistió también al concilio de Iliberis (Elvira), pues su firma aparece en las actas del mismo en el undécimo puesto y si las actas se firmaban por orden de antigüedad en el episcopado, esto nos da a entender que llevaba relativamente poco tiempo como obispo. Llamado por el emperador Constantino, dejó Hispania y marchó con él a Milán. Muy probablemente influyó en la conversión del emperador, ya que éste lo tenía en gran estima y solicitaba sus consejos, sobre todo cuando estaba confuso entre abrazar el cristianismo, como quería su madre Elena, o continuar en el paganismo. El historiador pagano griego Zósimo, que vivió en el siglo V, llega a decir que el emperador se convirtió “gracias a un egipcio de Hispania”, por lo que los historiadores, dándole a la palabra “egipcio” el significado de “mago, sacerdote o sabio” identifican a Osio como el “egipcio hispano” que en aquellas fechas vivía en la corte del emperador Constantino y tenía influencias sobre él.

Pintura historicista del Santo, obra de Ángel María de Barela. Sala Capitular del Ayuntamiento de Córdoba, España.

Pintura historicista del Santo, obra de Ángel María de Barela. Sala Capitular del Ayuntamiento de Córdoba, España.

Cuando los donatistas africanos depusieron al obispo Ceciliano de Cartago acusándolo de traidor y eligieron a Mayorino, la noticia llegó hasta el Papa San Melquíades, quien habiendo oído a Ceciliano, lo confirmó en su sede. Los donatistas apelaron al emperador Constantino, el cual confirmó la decisión del Papa y los amenazó. Entonces los donatistas acusaron al obispo Osio, que era consejero del emperador, y al Papa Melquíades, como traidores y cómplices del obispo Ceciliano. Dijeron que los obispos hispanos habían declarado a Osio como traidor, pero que éste había sido absuelto por los obispos de las Galias, por lo cual había podido acceder hasta el emperador, a quien instigó en contra de los donatistas. San Agustín, en su libro Primero “Contra Parmeniano” dice que estas acusaciones son falsas, añadiendo que precisamente Osio fue quien suavizó los ánimos del emperador.

Cuando Osio fue enviado a Alejandría para poner calma entre Arrio y San Atanasio, viendo que era imposible hacer cambiar de opinión a Arrio, propuso la celebración de un concilio. Éste se celebró en Nicea en el año 325, asistiendo trescientos dieciocho obispos, presididos por el mismo Osio que firmó el primero después de los legados enviados por el Papa. En su firma dice: “Yo, Osio, obispo de la ciudad de Córdoba en la provincia de Hispania, digo que creo lo que anteriormente se dice. Víctor y Vicente, presbíteros de la ciudad de Roma enviados por nuestro venerable Papa y Obispo Silvestre, subscribimos”. El concilio condenó las tesis de Arrio, confirmó la divinidad del Verbo (Λόγος) y Osio subscribió las tesis del Concilio, luego es absolutamente falso acusar a Osio de Córdoba como obispo arriano.

El Concilio de Nicea – ya lo hemos dicho anteriormente en alguna ocasión – confirmó la consustancialidad del Verbo tal y como se menciona en el primer capítulo del Evangelio de San Juan: “En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba en Dios y el Verbo era Dios”. El Hijo es consustancial al Padre, de su misma naturaleza y esto fue definido en el Credo Niceno, en cuya confección Osio había colaborado muy activamente. Osio redactó nuestra profesión de fe, que fue suscrita por todos los obispos presentes, a excepción de cinco arrianos. Previamente, Osio había asistido también al Concilio Gangrense, celebrado en Paflagonia en el año 324, aunque los cánones de este concilio, que no se considera Ecuménico, fueron todos de carácter disciplinario, no dogmático.

Concilio de Nicea. Fresco ortodoxo rumano (s.XVIII) en la iglesia Stauropoleos de Bucarest (Rumanía).

Concilio de Nicea. Fresco ortodoxo rumano (s.XVIII) en la iglesia Stauropoleos de Bucarest (Rumanía).

Cuando el emperador Constantino murió – que por cierto, fue bautizado por Eusebio de Nicomedia, que era un obispo arriano – Osio volvió a Hispania. Hay quienes afirman que en los últimos años de su reinado, Constantino se inclinó hacia el arrianismo y de hecho, desterró a San Atanasio, que era el patriarca de Alejandría, hasta las tierras germánicas de Tréveris, pero hay que decir también que en su testamento, el emperador revocó esta orden anterior suya. San Atanasio volvió a su sede alejandrina, pero allí fue duramente atacado por los arrianos e incluso se vio perseguido por el emperador Constancio. Para apoyar a San Atanasio se convocó el concilio de Sardis (Sárdica) en el año 347, asistiendo trescientos obispos griegos y setenta y seis latinos. También Osio presidió este concilio y redactó la mayor parte de sus cánones, todos los cuales, apoyaban las tesis de San Atanasio a quién se le restituyó su sede. Posteriormente, ya en Córdoba, Osio convocó un concilio provincial reiterando todos los acuerdos del concilio de Sardis.

El emperador Constancio se había puesto abiertamente al lado de los arrianos y en el año 355 desterró al Papa Liborio por no querer firmar la condena a San Atanasio; y no satisfecho con esto, pensando que Osio tenía una gran influencia sobre todos los obispos que profesaban la fe ortodoxa, arremetió contra él. A las amenazas del emperador respondió Osio, que ya tenía cien años de edad, con esta carta: “Yo fui confesor de la fe cuando la persecución de tu abuelo Maximiano. Si tú la reiteras, estoy dispuesto a padecerlo todo antes que a derramar sangre inocente ni ser traidor a la verdad. Haces mal al escribir tales cosas y en amenazarme. Acuérdate que eres mortal y debes temer al día del juicio. Consérvate puro para ese día y no te mezcles en cosas eclesiásticas ni aspires a enseñarme, puesto que eres tu quién debes recibir lecciones de mi. Dios te confió el imperio y a nosotros nos confió la Iglesia… Te digo esto porque me preocupa tu salvación. Ni estoy ni estaré de acuerdo con los arrianos ni les ayudo, sino que anatematizo esa herejía y por eso, no puedo suscribir la condenación de Atanasio, a quienes la Iglesia romana y un concilio, ha declarado inocente”. Por estas letras, podemos deducir que San Osio tenía muy clara la división de poderes entre Iglesia y estado.

Monumento dedicado al Santo en Córdoba, España.

Monumento dedicado al Santo en Córdoba, España.

Cuando el emperador recibió la carta se enfureció y ordenó que se presentara en Sirmio, ciudad de Panonia (la actual Sremska Mitrovica, en Serbia). Allí nuevamente se negó a condenar a San Atanasio, aunque fue azotado y sometido a tormentos por los verdugos del emperador. Bajo tormento, tuvo la debilidad de comulgar con los arrianos Ursacio y Valente, pero como indica el propio San Atanasio, inmediatamente se arrepintió de este acto: “Por lo tanto, a tal fin, tuvo una ligera debilidad: pero antes de morir, en su testamento, tuvo la autoridad de condenar la herejía arriana, prohibiendo aprobarla o recibirla”. Y en Sirmio murió, con 101 años de edad, conforme lo testifica Sócrates Escolástico en su Libro Segundo, capítulo XXXI.

Viendo cuál fue su trayectoria a lo largo de toda su vida, parece increíble que se le haya acusado de no ser fiel a la ortodoxia. Redactó el Credo de Nicea, absolvió a San Atanasio y con cien años de edad tuvo la valentía de escribirle al emperador en los términos descritos más arriba. Sometido a tormento, es verdad que tuvo la debilidad de comulgar con dos arrianos, pero inmediatamente se arrepintió. Por eso, sus detractores, principalmente católicos, dicen que claudicó al final de su vida, cosa que no es cierta. Han llegado a acusarle de que firmó un documento profesando la fe arriana y que incluso volvió a Hispania para propagarla, cosa que es absolutamente falsa. Es verdad que en la Iglesia Latina no recibe veneración, pero en las Iglesias de Oriente, tanto en las Iglesias Ortodoxas como en la Iglesia Católica de rito bizantino, sí que se le venera como Santo.

Se le acusa de tratar con herejes excomulgados, cosa que estaba prohibida en los antiguos cánones, pero es que Osio cedió porque lo estaban atormentando, y de inmediato se arrepintió amargamente. Hizo algo parecido a lo que hizo San Martín de Tours – cuya santidad no ponemos en duda – cuando consintió en comulgar con los obispos itacianos para salvar de los rigores del emperador a los priscilianistas. Y al igual que Osio, San Martín se arrepintió. El caso de Osio es exactamente igual, como lo cuenta el mismísimo San Atanasio, pero se le aplica distinto rasero de medir.

Se le acusa de firmar en Sirmio una profesión de fe arriana y eso, San Atanasio, que debía estar mejor informado que nadie, no lo menciona en absoluto, aunque los arrianos así lo propagaran. San Atanasio – que es la mejor defensa de Osio – llega a escribir: “Osio murió protestando contra la violencia, condenando la herejía arriana y prohibiendo que nadie la siguiese ni amparase. ¿Para qué he de alabar a este viejo santo, confesor insigne de Jesucristo? No hay nadie en el mundo que ignore que Osio fue desterrado y perseguido por la fe. ¿Qué Concilio hubo que él no presidiese? ¿Cuando habló delante de los obispos sin que todos le dieran la razón? ¿Qué Iglesia no fue defendida y amparada por él? ¿Qué pecador se le acercó que no recobrase aliento o salud? ¿A qué enfermo o menesteroso no favoreció y ayudó en todo?” (Apología “De fuga sua”).

Sinaxis de Santos Hispanos: Isidoro y Leandro de Sevilla, Santiago Apóstol y Osio de Córdoba, Eulalia de Mérida, Justa y Rufina de Sevilla. Obra del iconógrafo Andrei Davidov.

Sinaxis de Santos Hispanos: Isidoro y Leandro de Sevilla, Santiago Apóstol y Osio de Córdoba, Eulalia de Mérida, Justa y Rufina de Sevilla. Obra del iconógrafo Andrei Davidov.

Además, si la firma hubiese existido, habría sido conseguida bajo tortura, lo que la hace inválida. Otros se basan en la obra “De viris illustribus” de San Isidoro de Sevilla que habla de la “muerte del sacrílego Osio” que quiso imponer el arrianismo en la Bética, pero es que esta afirmación se cae por su peso, ya que San Isidoro no lo escribe “de motu proprio”, sino refiriéndose a un escrito de Marcelino, que era un sacerdote prisciliano. O sea, que no lo escribe como cosa que él sabe, sino como cosa que otro dice. Además, hay que recordar que después del episodio de Sirmio, Osio jamás volvió a Hispania, conforme lo confirma el Menologio griego: “Acabó la vida en el destierro”.

Todo esto queda confirmado aun más por los acontecimientos tal y como ocurrieron: Constancio salió de Roma hacia Sirmio el día 14 de las Kalendas de junio del año 357. Tardaría cierto tiempo en llegar a Sirmio. Allí convocó a varios obispos arrianos y torturó a Osio para que comulgase con Ursacio y Valente. Según escribe San Atanasio, Osio murió ese mismo año e incluso el Menologio griego afirma que fue el 27 de agosto. En pleno siglo IV, en un mes escaso, era muy difícil, y más para un anciano de cien años, ir de Sirmio a Hispania (desde la actual Serbia hasta la actual Andalucía, en España). Osio no volvió a Hispania.

Se conocen algunos escritos de San Osio obispo de Córdoba: en primer lugar, el “Credo de Nicea” en cuya redacción contribuyó activamente, una carta escrita al emperador Constantino y otra escrita al emperador Constancio, una carta escrita al Papa Julio, los cánones del concilio de Sardis, un tratado sobre la “interpretación de las vestiduras de los sacerdotes” en la Ley Antigua y una carta escrita a su hermana, de la que habla San Isidoro de Sevilla diciendo de ella que “está escrita en un apacible y hermoso estilo”. ¿Se puede deducir de esta frase de San Isidoro que tenía mala opinión de Osio? Yo creo que no. Hoy se conmemora su festividad en Oriente y yo estoy convencido de que algún día, la Iglesia Latina reconocerá su santidad. Con él se está cometiendo una injusticia, mayor incluso que la que se cometió con Galileo.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– MENÉNDEZ PELAYO, M., “Historia de los heterodoxos españoles” T.1, Madrid, 1880

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18 pensamientos en “San Osio de Córdoba, obispo

  1. Toño, pues solo puedo decirte que conozco ampliamente la figura de este obispo dado que estudié a fodo el arrianismo y el I Concilio Ecuménico de Nicea. Su figura es trascendente. Basta.
    Solamente una queja, porqué diantres no le damos culto los catolicos, si las probables razones en contra las dejas bien tumbadas. Sabía que se le daba culto en la Iglesia Ortodoxa, pero no en a catolíca de de rito bizantino. ¿Esto no sería suficiene para venerarlo como santo como comentabamos hace un tiempo como a San Sergio de Radonez y San Esteban de Perm?
    Saludos.
    P.D. No me has respondido mi letanía del artículo anterior.

    • Ya te respondí a las letanías de ayer y te he enviado otras letanías de e-mails con fotos para que te empaches, jaja.

      Si que es una gran injusticia la que tradicionalmente, la Iglesia Católica, ha cometido con San Osio. Con su ejemplo, nuestros hermanos ortodoxos están machacando nuestras cabezas, porque lo que se hace con este obispo hispano, es realmente injusto. El, desde el cielo, estará riéndose de nuestra mezquindad, que canonizamos a algunos a los que posiblemente no deberíamos canonizar – y tampoco digo nombres para que no me asaeteen – y mantenemos en el olvido a auténticos atletas de la fe.
      San Osio de Córdoba, perdónanos y ruega por nosotros.

  2. Esta sí que es un verdadera sorpresa, amigo Toño. Con este artículo te adelantas a mis conclusiones sobre el arrianismo, donde sin duda este padre de la iglesia tuvo una importante implicación para la salvaguarda de la ortodoxia junto con San Atanasio de Alejandría.

    Al igual que Humberto, no sé por qué no se le rinde homenaje en la iglesia latina si ya se sabe que el libelo es infundado. No sé porqué incluso apologistas católicos lo repiten sin citar fuentes más fidedignas que contradicen esa calumnia. Sin duda alguna es la “perfecta venganza” de aquellos cuyos delirios no lograron vencer la sólida evidencia de la naturaleza divina consustancial del Logos y su humanidad verdadera.

    Desde que supe de este santo me llamó la atención su marcada convicción de la separación de poderes y la no injerencia del uno en los asuntos del otro y viceversa. Más de un jerarca de cualquier confesión debería repasar y grabarse de memoria la carta de Osio y dar al César y a Dios lo que les corresponde sin mezclarlo.

    Creo que no sólo Osio es acusado de firmar un papel con un credo herético, también hay un Papa que en este momento no recuerdo. Que algún día se le haga justicia a un hombre que más que confesor, debiera ser considerado mártir y doctor de la iglesia.

    • Yo sabía, Alejandro, que con este artículo te iba a dar una gran alegría porque conecta directamente con uno de los próximos temas que tu vas a tratar: el arrianismo.

      Yo creo que a San Osio, lo que no se le perdona es que supo sentar a cada uno en su sitio: al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios, o sea, separación de poderes y nosotros nunca hemos estado por eso, ni siquiera ahora, por lo que al Papa Francisco, milagro sea que no le hagan la vida imposible.

      Deliberada y tergiversadamente se le ha dado más validez a lo escrito por San Isidoro – que no lo conoció – que a lo escrito por San Atanasio de Alejandría, que si que lo conocío muy estrechamente. Nada más hay que leer el texto de San Atanasio sobre San Osio para saber que fue un auténtico Padre de la Iglesia y uno de los príncipales artífices del dogma emanado del Concilio de Nicea. Yo espero que algún día se haga justicia, pero muchas cosas han de cambiar antes

  3. Bueno, confieso mi vergüenza porque jamás he sabido ni se me ha hablado de esta importante figura de la Iglesia durante la carrera, ni tampoco en los libros consultados ni estudiados, ni en ninguna parte. ¡Lo he descubierto aquí y ahora! Una vergüenza, especialmente para aquellos ideólogos de regímenes pretéritos que tanto se llenaron la boca en exaltar “glorias hispanas” de dudosa glorificación -no digo nombres, no sea cosa que vengan los lobos a morderme- y a este gran hombre lo olvidaron. ¿Olvido intencionado? Seguro que sí.

    Gracias, Antonio, y espero que se le haga justicia tanto como a Galileo. Comparto con Alejandro que debiera ser venerado como Santo, Doctor y mártir; o como mínimo, más dado a conocer en los libros de Historia, ¡que fue un hispano con protagonismo en el extranjero! ¿O es que siempre vamos a estar hablando de los mismos?

    • ¿Olvido intencionado? Ana Maria, claro que si.
      ¿A ti se te pasa por la cabeza que la jerarquía española lo reivindique? Con lo a gustito que está pegadita a la sopa boba de papaíto Estado, que además pone en práctica todas sus políticas más retrógradas….

      Ya es raro que al menos en Córdoba haya una estatua suya, pero ¿verlo en los altares? Mucho tienen que cambiar las cosas y si alguien, desde España, reivindicara su figura eclesial, ya se encargarán de trabajar todo lo posible por arrumbar esta reivindicación. Es por esto, por lo que he querido poner mi granito de arena, reivindicando su figura y rogándole para que interceda ante Nuestro Señor, a ver si nos sacudimos más de una tela de araña que nos tiene enmarañado.

  4. Muchas gracias Antonio. A pesar de mi desconocimiento sobre Osio de Córdoba, o precisamente por él, me llamó la atención de mi visita a la ciudad califal la escultura que presidía uno de los rincones de la Plaza de Capuchinas. Posteriormente me enteré que había sido erigido a principios del S.XX en conmemoración de un centenario del Concilio de Nicea. Hete tú que hoy nos traes el magnífico relato de su heróica apuesta por la ortodoxia.

    • ¿No te parece significativo que para conmemorar el XVI Centenario de la celebración del Concilio de Nicea, se erigiese una estatua a San Osio? Aunque por estos lares no se le reconozca su santidad, al menos algún estamento si que reconoció su importancia.

  5. Vaya pues muy interesante, desconocía por completo a este Obispo al que como bien dicen se le hace una injusticia al no ser venerado por la Iglesia Latina ya que dejo un gran legado para todos y que trasciende aun actualmente, ojalá y pronto esto cambie y sea venerado.

  6. Great article about a great Churchfather. 2013 was in the Romanian Church the year of the holy emperors Constantine and Helena. St. Osius had a very important role in the religious life of Constantine and according to the tradition he was the first to read the Credo of Nicaea in 325. I believe he contributed actively to its writing. A venerable saint and a martyr of the faith against Arianism, a heresy which starts to be “re-evaluated” mostly in the academic circles…

    • Es verdad lo que dices, Mitrut: se reconozca o no, San Osio de Córdoba es un Padre de la Iglesia y su influencia sobre el emperador Constantino fue decisiva para conseguir la paz constantiniana. Escribió el Credo de Nicea, fue realmente un mártir de la fe y sigue siendo injustamente tratado por gran parte de la Iglesia.
      Hoy, cuando vemos en los altares a algunos santos que nada o casi nada han aportado al pueblo de Dios, que veamos a uno de los redactores de nuestro Credo sumido en el olvido – cuando no, denigrado – es una verdadera vergüenza e injusticia.

      ¡No sabía que en los círculos académicos empieza a tomar de nuevo consistencia la herejía arriana!

  7. DESDE MUY NIÑO , HE SENTIDO INCLINACION POR LA ANTROPOLOGIA CRISTIANA.
    CUANDO ERA JOVEN DESEABA ANCONTRAR DOCUMENTACION ACERCA DE ELLO
    SOLO A LOS 40 AÑOS VINE A ENCONTRAR LA HISTORIA DE OSSIO DE CORDOVA, Y DE ALGUNA MANERA ME SENTÌ PARTICIPE DE SU HISTORIA
    HOY A MIS SETENTA AÑO, HE ENCONTRADO EN SU PAGINA UN ALIVIO A ESA INQUIETUD. GRACIAS.

    • Muchísimas gracias por tu cariño y apreciación, Enrique. Quedamos a tu disposición para lo que precises.
      Cordiales saludos.

  8. España , España, Iberia iberia Hesperides, no se como llamarte.
    Hay España de mis amores tres veces salvaste la Cristiandad y no se yo, vaya a saber quienes pretenden que olvidemos una tal vez la mas importante,fundacional basicamente fundacional, uno de los doctores mas grandes de la Iglesia Catolica Apostolica y Romana, Autor del Credo, oso que golpeando su pecho, en Nicea es seguido por casi todos, salvo cinco, salva nuevamente la Cristiandad, la primera empequeñece Covadonga .
    Luego vendra Lepanto pero esta batalla hay mamita mia solo un docto podia librarla y no pretendieron casi lo logran Damnatio Memoriae.
    Uno de los mas grandes , pasa al olvido y muchos pequeños a la verba del pueblo Español,
    Hay España de mis amores

  9. Disculpe, pero el Obispo de Córdoba, Monseñor Demetrio está haciendo todo lo posible para canonizar a Osio de Córdoba. De hecho, se publicó en Junio de 2013 un Tomo en la BAC, dirigido por el Patrologo de la Universidad Eclesiástica San Damaso, Juan José Ayan Calvo sobre este titan de la Fe Católica contra el Arrianismo, donde aparecen todas las noticias sobre este gran Obispo, algunas en Siriaco y en Octubre del 2013, Monseñor Demetrio Fernández, organizó un Ciclo de Conferencias de altísimo nivel sobre este Padre de la Iglesia, con el objeto de Canonizarlo. De hecho, las Actas del Congreso están en Roma, en la Congregación de la Causa de los Santos. El que en Occidente no sea venerado como Santo se debe a que desde el s.VII, mi querido, pero aquí equivocado, San Isidoro de Sevilla, se guio por los bulos difundidos pir los Cismaticos luciferianos.

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