Venerable Félix de Jesús Rougier Olanier (II)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Fotografía del Santo con el hábito de los Misioneros del Espíritu Santo.

Fotografía del Santo con el hábito de los Misioneros del Espíritu Santo.

En la primera parte de este artículo hablamos del Padre Félix en sus inicios como sacerdote, de su encuentro con Conchita Cabrera de Armida y de esa nueva llamada que Dios le hizo a cooperar con una nueva obra para la Iglesia. Ahora veremos como Dios permitió que sucedieran diversas pruebas, dificultades y renuncias para al fin llevar a cabo esta empresa y otras más.

Aprobación Pontificia, regreso a México y fundación de los Misioneros del Espíritu Santo
Mons. Ibarra estaba firmemente convencido de la autenticidad de las revelaciones de Conchita, y de que Dios quería la fundación de los Religiosos de la Cruz. Esta convicción lo resolvió a planear otro viaje a Roma, pero llevando esta vez al “punto negro del asunto”, es decir, a Conchita. Con este fin, Mons. Ibarra organizó una peregrinación a Roma y a Palestina. Las circunstancias no eran favorables, porque México estaba en plena revolución desde 1910. Había pobreza y había peligros en los viajes, pero a pesar de todo se inscribieron 123 personas… ¡Así somos los mexicanos! En este numeroso grupo iban Conchita y dos de sus hijos. Los peregrinos salieron de México el 26 de agosto de 1913 y llegaron a Roma el 13 de noviembre, después de visitar los San­tos Lugares en Palestina.

Tras muchas gestiones con la Curia, la muerte de dos cardenales protectores de la obra, una entrevista de Conchita con el mismísimo San Pío X y varias semanas de espera se consiguió lo anhelado. El 18 de diciembre recibió por escrito y oficialmente la decisión de Pío X: se autorizaba fundar a los misioneros. El Santo Padre había puesto, sin embargo, las siguientes condiciones:
1º Que el nuevo instituto se llame “Misioneros del Espíritu Santo”.
2° Que nunca formen parte de él los sacerdotes Alberto Cuscó y Mir y Félix Rougier, antiguos directores de la mencionada Sra. Cabrera.
La hora de Dios estaba sonando, pero había surgido un problema… El mismo Papa ordenaba que el P. Félix no formara parte del nuevo instituto. Mons. Ibarra parecía contrariado, pero pidió resolver sus dudas con el Papa. El 22 de diciembre, en una última audiencia que solicitó para despedirse y darle las gracias a Pío X, le preguntó sobre este asunto. El Papa contestó que su intención era que el P. Félix no saliera de su congregación para entrar a la de Misioneros del Espíritu Santo, pero que, con el permiso de su Superior General, podía encargarse de formar a los nuevos sacerdotes, hasta que pudieran gobernarse por sí mismos. Ahora sólo faltaba conseguir al fundador. Con esta intención, Mons. partió hacia Lyon, Francia, acompañado de una pequeña comitiva, en la que iban Conchita y sus hijos.

Llegaron a Lyon el 3 de enero de 1914 . De inmediato Mons. Ibarra envió al padre Juan Raffin, Superior General de los Maristas, una carta en la que le pedía una entrevista, y en la que le explicaba el motivo de su viaje a Lyon. Al día siguiente, después de consultar a su Consejo, el padre Raffin fue personalmente al hotel donde se encontraba Mons. Ibarra y le dijo que, con mucha pena, el Consejo había decidido que, por la escasez de personal, era imposible permitir al padre Félix que fuera a México a encargarse de la fundación. Sin embargo la familia de los señores Gréville, que habían sido diplomáticos en México y conocías a la Sra. Conchita obtuvieron del Superior General el permiso. Como anécdota, la hija mayor de este matrimonio entró al Carmelo de Lisieux ocupando el lugar que dejó vacante Santa Teresita. Finalmente en 1914 El P. Jean Raffin, Superior General de la Sociedad de María, concede un permiso, por dos años, al P. Félix para regresar a México y fundar a los Misioneros del Espíritu Santo.

El Venerable, fotografiado junto a los Misioneros del Espíritu Santo.

El Venerable, fotografiado junto a los Misioneros del Espíritu Santo.

Espiritualidad de la Congregación.
La Espiritualidad de la Cruz es la de Cristo Sacerdote y Víctima y se expresa en un símbolo rico en contenido: la Cruz del Apostolado. Este símbolo manifiesta la transformación del dolor humano por medio del amor de Dios, el Espíritu Santo. Símbolo sacerdotal que hace resaltar la salvación que Jesús realiza por medio de su entrega, la cual culmina en su muerte de cruz y es coronada por la resurrección gloriosa. La Espiritualidad de la Cruz ilumina el camino del Misionero del Espíritu Santo. Es una espiritualidad común a las cinco ramas de la Obra de la Cruz, con matices propios para cada una de ellas.

En los Misioneros del Espíritu Santo el matiz característico, como lo dice su propio nombre, es el de comunicar la salvación a los hombres, al compartirles el don que hace Cristo al momento de morir en la cruz: su Espíritu Santo, Espíritu de luz, de alegría, de vida y de paz.
Ser Misionero del Espíritu Santo significa ser testigo ante los hombres del amor que Cristo Sacerdote y Víctima ha venido a manifestarnos en su Cruz de salvación.

Llegada a México y fundación de los Misioneros
Apenas terminó el año escolar, el padre Félix se embarcó rumbo a Nueva York y desde allí, rumbo a Cuba. Allí recibió una noticia alarmante: a causa de la guerra civil mexicana, todas las compañías habían suspendido sus viajes a México. Pero, gracias a unos comerciantes influyentes, se logró un viaje a Veracruz. Allí el padre Félix se encontró con Mons. Francisco Orozco, Arzobispo de Guadalajara, que, obligado por la persecución religiosa, iba a embarcarse hacia La Habana. El padre Félix tomó el tren para Puebla, mientras los ejércitos revolucionarios del General Obregón entraban en la ciudad de México. Llegó a Puebla a principios de octubre y se ocultó ahí unos días antes de llegar al D.F. el 24 del mismo mes. Ese mismo día, se presentó el padre Félix en la casa de Conchita. Hacía 10 años que no se comunicaban para nada. El padre Félix le tendió la mano y le dijo simplemente: “Soy el mismo para las Obras de la Cruz”.

Con la ayuda de Mons. Ibarra, el padre Félix se dedicó a buscar a los primeros candidatos para inaugurar un noviciado, que sería como la fábrica de Misioneros del Espíritu Santo. Ambos habían decidido hacer oficialmente la fundación y abrir el noviciado el día de Navidad de ese año 1914. Los tiempos que corrían eran tan difíciles que el padre Félix sólo pudo conseguir dos novicios para empezar: un seminarista de Puebla, llamado Moisés Lira, y un sacerdote de la ciudad de México, que era el padre Domingo Martínez.

A causa de la persecución religiosa que se añadió a la Revolución Mexicana, la fundación se realizó a puerta cerrada, y con muchas precauciones, en una capilla situada en la cima del cerro del Tepeyac. Se le llama “la Capilla de las Rosas” porque se cree que en este lugar brotaron las rosas que Juan Diego cortó por orden de Nuestra Señora de Guadalupe. La ceremonia fue muy sencilla: se cantó el Veni Creator, y enseguida Mons. Ibarra celebró la Eucaristía. En primera fila estaban los dos novicios, y tras ellos, Conchita, dos Religiosas de la Cruz, dos de la Visitación, y los esposos Álvarez Icaza, dueños de la pequeña capilla. Terminada la Eucaristía, Mons. Ibarra leyó el Decreto Pontificio que autorizaba la fundación de los Misioneros del Espíritu Santo.

El Venerable, fotografiado con los novicios Misioneros del Espíritu Santo.

El Venerable, fotografiado con los novicios Misioneros del Espíritu Santo.

Primeros años de la obra
Fue nombrado superior y maestro de novicios del nuevo Instituto, aún sin poder formar parte de él. El P. Félix, a pesar de la persecución religiosa y de la penuria en que vivían, se dedicó a buscar y formar las nuevas vocaciones para su Congregación.

Al principio, podría decirse que fue una simple vereda, llena de vericuetos, tropiezos y altibajos (más “bajos” que “altos”). Número de novicios: uno, Moisés Lira; el segundo, el P. Domingo Martínez, de Morelia, no ingresaría al Noviciado sino hasta principios del siguiente año. La residencia: la “Casa de los tepalcates” [1], una humildísima vivienda cercana a la Villa de Guadalupe, con el mobiliario más austero que se pudiera pensar: la mesa del comedor era un simple cajón de madera, con un periódico por mantel. El formador: el P. Félix de Jesús, que había sido prestado por su congregación, con la terrible incertidumbre que eso significaba. Además estallaba en el país la persecución religiosa.

El noviciado fue cambiando de casa en casa, algunas sólo después de unos días de ocupadas, debido al peligro de ser descubiertos por los perseguidores. Antes de establecerse de manera más estable en Tlalpan, pasó por muchas casas. Los permisos del P. Félix se prorrogaban temporalmente hasta que, por fin, doce años después, se le permitió pasar a formar parte de la Congregación por él fundada. Fue hasta 1918 cuando se fundó en Tacubaya (Cd. de México) la primera comunidad de pastoral. Luego vendrían otras fundaciones. Éste fue el comienzo de un largo camino, muchas veces doloroso, del que aún le quedaba mucho por recorrer.

Misionero para siempre
Aún con penurias ya había logrado tener a 15 novicios y tres sacerdotes ya profesos, pero el día 15 de julio de 1920 se cumplía el plazo definitivo para que el padre Félix regresara a la Sociedad de María. Sabía que el Superior General no accedería a prestarlo por más tiempo, y esto lo angustiaba terriblemente. Se daba cuenta de que la Congregación por él fundada no estaba aún lo bastante desarrollada para poder seguir adelante sin su apoyo y sin su experiencia. Los obispos que lo respaldaban opinaban lo mismo. ¿Qué hacer entonces? La única solución viable era que el padre Félix pidiera al Papa el permiso necesario para dejar definitivamente la Sociedad de María y hacer sus votos religiosos como Misionero del Espíritu Santo. Así se lo aconsejó Mons. Valverde, su confesor y direc­tor espiritual.

Envió a Benedicto XV una carta para solicitar desvincularse de la congregación pero esta tardó en llegar años. Mientras tanto, el 29 de octubre de 1920, Mons. Leopoldo Ruiz, Arzobispo de Morelia, entregó a los Misioneros del Espíritu Santo el Templo de la Cruz, en el centro de esa ciudad. Esta iglesia fue el segundo campo de apostolado de la Congregación (tras la cesión del Templo del Espíritu Santo, en Tacubaya, Ciudad de México), y fuente de numerosas vocaciones.
Las circunstancias habían cambiado. Benedicto XV había muerto, y también el P. Raffin. El nuevo Papa era Pío XI, y el nuevo Superior General de los Maristas era el P. Ernesto Rieu. El P. Félix hizo, pues, una nueva solicitud el 15 de mayo de 1914, apoyada por una carta del Arzobispo de México, Mons. Mo­ra y del Río. Y cinco meses más tarde, todos los Misioneros del Espíritu Santo, sacerdotes y hermanos, escribieron al Papa diciéndole que les dejara definitivamente a su fundador. Cinco obispos secundaron esta petición. También al P. Rieu le escribieron todos en el mismo sentido. En ese lapso Félix estaría dando soporte y seguridad a su congregación pero con la incertidumbre de tener que regresar a Francia en cualquier momento, prueba que duraría 12 años.
Y por fin, el 9 de enero de 1926, Pío XI concedió al P. Félix el permiso de pasar definitivamente de la Sociedad de María a la Congregación de Misioneros del Espíritu Santo. La prolongada prueba de su fe había terminado. Ahora, el P. Félix podía trabajar en paz por su amada Congregación.

Última fotografía realizada al Venerable, ya anciano.

Última fotografía realizada al Venerable, ya anciano.

Persecución y otras fundaciones
Pronto sucedió lo que el P. Félix más temía, los agentes del gobierno descubrieron la Escuela Apostólica y el Noviciado. Pero aceptaron dinero a cambio de no hacer la denuncia. El P. Félix que no conocía el vocabulario mexicano para designar cierta clase de negocios le escribió al P. Iturbide: “Si podemos seguir adelante con limosnas a la policía, yo daría gracias con todo el corazón a la Divina Providencia”. En una carta a los estudiantes de Roma les dice: “Nuestra iglesia de Morelia está cerrada. Los dos padres viven separados en casas distintas; no se atreven a reunirse porque habría más peligro. Pero desde donde están, sin salir, hacen mucho bien a mucha gente”. Sin embargo este periodo de persecución es el más fecundo de su labor como Misionero. La fecundidad espiritual del P. Félix, fue más allá de lo que pudo haberse imaginado, pues además de trabajar intensamente a favor de las Obras de la Cruz, fue el fundador de tres congregaciones religiosas femeninas: Hijas del Espíritu Santo, Oblatas de Jesús Sacerdote y Misioneras Guadalupanas del Espíritu Santo. La escasez de sacerdotes en México le hizo pensar en una Congregación dedicada a promover vocaciones sacerdotales y a pedir para ellas gracias de santificación y perseverancia.

En 1920 conoció a la maestra Ana María Gómez, quien dirigía una escuelita llamada “Betania” [2], en su primera visita exclamó: “La Betania es un semillero de vocaciones” y poco tiempo después le propone a la Srita. Ana María fundar una Congregación que tenga como fin “la preparación de los sacerdotes del mañana, los futuros Misioneros del Espíritu Santo”. San Luis Potosí, tierra bendecida por Dios, donde nacieron las Obras de la Cruz, fue el lugar señalado por la Providencia para que surgiera, el 12 de enero de 1924, la Congregación de las Hijas del Espíritu Santo.

Posteriormente, se encontró con un grupo de señoritas con inquietudes de vida consagrada que venían de Saltillo, él tenía la inquietud de fundar una Congregación dedicada a la oración ante Jesús Eucaristía, la Oración y Sacrificio por los Sacerdotes, las Vocaciones Sacerdotales y el Pueblo Sacerdotal, después de varias entrevistas las llevó a una casa. Fue así como el Padre Félix, Funda esta segunda congregación femenina como Oblatas de Jesús Sacerdote, en Tlalpan, México, D.F. el 9 de febrero de 1924. Fueron reconocidas como Pía Sociedad el 31 de enero de 1935 el. El 12 de diciembre de 1937 erigidas con autorización de la Sede Apostólica, como Congregación de Derecho Diocesano y el 12 de febrero de 1975 la Santa Sede otorgó al Instituto la aprobación Pontificia.

En Morelia, el 15 de septiembre de 1930 funda, con ex alumnas del Colegio Motolinía y algunas seglares del Templo de la Cruz a las Misioneras Guadalupanas del Espíritu Santo [3]. Su carisma es sacerdotal-guadalupano. Se dedican primordialmente a la evangelización integral y catequesis de los indígenas, emigrantes, marginados y excluidos, de modo especial donde es escasa la presencia de presbíteros.

Otras obras por el bien de la Iglesia
No solamente se ocupó el Padre Félix de fundar congregaciones. Además de su fecundo ministerio sacerdotal obtuvo gracias especiales para sus obras y para nuestro país como en 1924 pues el 12 octubre de ese año obtiene del Papa la consagración de México al Espíritu Santo. El 11 junio de 1925 muere santamente su papá en Francia pero él, con el dolor que esto implicaba, decide no acudir a los funerales por dejar en mejor forma la congregación. El 28 diciembre de 1925 se hace cargo del Santuario de Nuestra Señora de los Remedios de Naucalpan por mandato del Arzobispo. El 9 de febrero de 1926 recibe por fin el indulto de la Santa Sede que le concede el permiso de pasar definitivamente a la Congregación de los Misioneros del Espíritu Santo. En 1932 en la casa central de Tlalpan se celebra el Primer Capítulo General. Electo Superior General por unanimidad continuará en el cargo hasta su muerte. En 1937, para alegría de todas sus hijas e hijos celebra sus Bodas de oro Sacerdotales.

Últimos trabajos y partida a la Casa del Padre
Félix de Jesús Rougier era reconocido en su época como un santo porque amaba su sacerdocio, su misión, y nunca perdía una oportunidad para trabajar en favor de un mundo mejor. Se adelantó a su época dando un gran apoyo a los laicos, así como promoviendo diversos medios de comunicación. Fundó la revista La Cruz que se sigue editando. Además de haber sido un buen egiptólogo, se dedició a la creación de colegios y a la promoción de hospitales.

Tras una fuerte enfermedad (aparentemente un cáncer) que lo tuvo postrado por casi seis meses, falleció el 10 de enero de 1938 en el Hospital Francés. El P. Félix vivió constantemente bajo la mirada de Dios y recomendaba siempre lo que él llamaba “atención amorosa”. María lo acompañó a lo largo de su vida, su amor a ella lo llevó a dejar como herencia a sus hijos e hijas la siguiente jaculatoria: “Con Ella todo, sin Ella nada”, que fueron las últimas palabras que pronunció sobre la tierra. Sus restos mortales se encuentran actualmente en el Templo Expiatorio Nacional de San Felipe de Jesús, en el Centro Histórico de la Ciudad de México. El papa San Juan Pablo II lo declara “Venerable” en el Jubileo del Año Santo del 2000.

Sepulcro del Venerable. Templo Expiatorio Nacional de San Felipe de Jesús, Ciudad de México.

Sepulcro del Venerable. Templo Expiatorio Nacional de San Felipe de Jesús, Ciudad de México.

Su herencia
Indudablemente que el legado espiritual del Padre Félix es incomparable, más si hablamos de un sacerdote que fundó una congregación masculina y tres femeninas. Muchas personas han puesto en duda su obediencia por haber cambiado de congregación, pero como ya se dijo en la primera parte de este escrito, no es el primero en la Iglesia en cambiarse de Orden para fundar otra [4], al contrario, el P. Félix siempre vivió en obediencia a sus superiores, a los obispos y al Papa.

Es de resaltar también su mansedumbre y humildad, su paciencia y su sentido del trabajo. Comentan los que lo conocieron (muchos de ellos novicios formados por el) que además era muy humano. Nunca lo observaron disgustado, aunque se le dificultaban ciertas palabras del español mexicano (en vez de Xochimilco decía Chochimilco) siempre logró conectar con quien se acercaba a él. Era muy bromista. Cada cinco de mayo, aniversario de la batalla de Puebla, decía “otro aniversario de cuando les ganamos a los franceses” lo cual era curioso siendo él francés de nacimiento.

A sus hermanos sacerdotes les llamaba Mon Père y era muy seguido por los niños, llegó a tener hasta 200 alumnos en la Escuela Apostólica que era y ha sido semillero de sacerdotes desde su fundación hasta la fecha, por lo cual esperamos que este sencillo y trabajador sacerdote francés que se hizo mexicano por amor a Dios y a los demás, sea pronto canonizado y puesto con ello de ejemplo e intercesor para todo el mundo.

Oración de intercesión del V.P. Félix de Jesús Rougier (Para uso privado)
Padre Celestial, concédeme por tu bondad la gracia de (pídase la gracia que se desea alcanzar) que confiadamente te pido por intercesión del Venerable P. Félix de Jesús Rougier, Sacerdote. Glorifica en la tierra a tu siervo y haz que a la luz de su vida aumente el número de sacerdotes, religioso/as y laicos transformados en tu Hijo Jesucristo Sacerdote y Víctima, para mayor Gloria de la Trinidad, santidad de la Iglesia y construcción del Reino de Dios. Amén.

Daniel

Bibliografía
– CARINI ALIMANDI, Lía, “Félix de Jesús Rougier: testigo del espíritu”, Editorial La Cruz, México, 1981.
– PEÑALOSA, Joaquín Antonio, “Yo soy Félix de Jesús”, Editorial Jus, Morelia, 1973.
– ZIMBRÓN L., Ricardo, “Vida y Espiritualidad del Venerable Félix de Jesús Rougier, M.Sp.S.”, M.Sp.S., México, 2000.


[1] Tepalcate es un utensilio de barro deteriorado, de ahí la analogía por ser una casa vieja y pobre.
[2] Este nombre se lo puso la Madre Anita a la escuela por ser Betania “la casa donde el corazón de Jesús descansaba con Lázaro mientras era servido por Marta y amado locamente por María”.
[3] Su antigua casa central ahora es un convento y museo dedicado a la memoria del Padre Félix.
[4] Caso similar al de varios santos benedictinos que han fundado órdenes distintas con carisma propio pero hundidas en la espiritualidad de San Benito.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

7 pensamientos en “Venerable Félix de Jesús Rougier Olanier (II)

  1. Gracias, Daniel, por esta segunda parte dedicada a este sacerdote francés que hizo de México su patria y allí acabó por reposar. Me ha gustado la foto de su sepulcro, elegante, limpio y sencillo, muy personal también por la presencia de su firma terrena.

    • Así es amiga! La congregación se distingue entre muchas otras por su sentido de la modernidad en la liturgia, de hecho son pioneros en el arte sacro contemporáneo adaptado a las reformas conciliares, por lo que la tumba de su fundador no escapo a esta tendencia. Además así como se ve en la foto se ve todos los días todo el año.

  2. Daniel, sobre lo que has escrito, no se puede agregar nada. En lo particular te voy te comentar dos cosas: la primera, que desconcía que este siervo de Dios estuviera sepultado en el Templo expiatoria Nacional de San Felipe de Jesús, es un abiena referencia. La otra, más particular, que tengo una estampa con una reliquia de su sangre. Al menos así dice la leyenda. Es curioso, en el Oratorio donde yo voy como agente de pastoral, unas religiosas le donaron al sacerdote encargado del lugar en su tiempo, muchos libros, en lso cuales, como ya sabes, encuentrass todo tipo de estampas devocionales. Buscando entre lso libros halle una etampa con su foto, muy vieja, con una tela pegada al aire libre, con el lacre correspondiente, que dice que tiene sangre del siervo de Dios. Esta muy maltratada por el tiermpo y algo llena de hongos que tuve que limpiar, la telita esté ennegrecida, pero creo que sigue siendo reliquia, No tengo mucho afán de tener reliquias, tengo algunas estampas con reliquias que supongo son de segunda o tercera clase, esta reliquia que tengo aunque no sea de un santo, la considero las màs importante. Quede esto para el anecdotario. Saludos.

    • Antes que nada Humberto: Te voy a robar la reliquia! jajaja broma! Pues consérvala muy muy bien por que es muy raro que los Misioneros den reliquias del Padre Félix, más si esde su sangre es de primer grado. Me da gusto que te haya gustado el artículo, muchas cosas de las que aquí se escriben nos eran relatadas en el Colegio y de viva voz de religiosas y religiosos que conocieron en vida al Padre o bien las leí en sus libros biográficos por lo cual para mi es un honor darlas a conocer. Hay que pedir mucho que se acelere su causa que con Juan Pablo II avanzó mucho pero ahora parece haberse estancado de nuevo. Saludos!!

  3. No había leido un trabajo tan completo y tan bien elaborado acerca de la vida de este gran Siervo de Dios… Muchas Gracias!!

    • Gracias a ti por leernos! Espero no haya sido pesada la lectura, por lo demás la información viene de varios libros sobre el Padre Félix y los estudios sobre su vida continúan hasta ahora dando para muchos libros más. Gracias por el elogio, ojalá que esta pequeña aportación lo de a conocer a todo el mundo.

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