Nuestra Señora de Guadalupe: reina de México y emperatriz de América (VII)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

"San Juan Diego Cuautlatoatzin", óleo de Miguel Cabrera.

“San Juan Diego Cuautlatoatzin”, óleo de Miguel Cabrera.

Controversias Guadalupanas: Las reliquias de San Juan Diego
Hace algunos meses a la redacción llegó una consulta que hacía referencia a si era cierto que la única reliquia de San Juan Diego era el ayate de Guadalupe, pregunta a la cual respondí en su momento a grandes rasgos, pero que me hizo meterme a investigar un poco más al respecto y decidir escribir un artículo dedicado a este tema para reforzar aquella respuesta. He de confesar que no soy especialista en reliquias, como sí lo es Antonio o Poncho y es el primer artículo que escribo con un tema sobre reliquias, pero espero que mis apreciaciones no sean tan alejadas del tema.

Entre los temas más polémicos que existen alrededor del guadalupanismo mexicano es sin duda el referente a la existencia de San Juan Diego, debido en primera instancia a la falta de reliquias suyas que comprueben que fue una persona real. Válgase que, como bien sabemos, aun esto en el caso de los santos, no siempre es un testimonio fidedigno, y esto hace que San Juan Diego siga quedándose tan sólo en la leyenda, ¿pero hubo reliquias de San Juan Diego? Esto es lo que trataré de esclarecer. Aunque narraré parte de la biografía de este Santo, no profundizaré debido a que ya existe un artículo anteriormente publicado en el que se trata a más detalle el polémico caso de si San Juan Diego existió o no; yo sólo mencionare lo suficiente para tratar de dilucidar si existieron reliquias suyas.

Juan Diego Cuautlatoatzin (“águila de habla”) nació en Cuauhtitlán, cerca de México-Tenochtitlán hacia 1474. La tradición dice que pertenecía a la casta de los macehuales, que estaba formada por campesinos y artesanos; a pesar de esto, últimamente los investigadores guadalupanos dicen que se ha descubierto que era descendiente del rey de Texcoco, Netzahualcóyotl “el rey poeta” y que fue caballero águila en su juventud en las guerras floridas. Se casó con una mujer de nombre Malintzin. Después de la conquista y evangelización, Cuautlatoatzin y su esposa se convirtieron gracias a la predicación de fray Toribio de Benavente, mejor conocido como “Motolinía” [1], lo que les llevo a ser bautizados con el nombre de Juan Diego y María Lucía respectivamente y a casarse ahora por la Iglesia. Parece que en este momento de su conversión es también según los investigadores el momento en que decide dejar las posesiones que tenía y convertirse en simple macehual. Hacia 1529 fallece María Lucía y Juan Diego decide irse a vivir a casa de su tío Juan Bernardino.

Ermita y Santuario del "Cerrito" en Cuauhtitlán,  Estado de México, construidos sobre los vestigios de la que fuera la casa de San Juan Diego.

Ermita y Santuario del “Cerrito” en Cuauhtitlán,  Estado de México, construidos sobre los vestigios de la que fuera la casa de San Juan Diego.

Es dos años después de que Juan Diego vive en casa de su tío, que entre el 9 y el 12 de diciembre de 1531, se convierte en el vidente de Nuestra Señora de Guadalupe. Posteriormente al ya conocido milagro de la Virgen de Guadalupe, parece que Juan Diego decidió dedicarse por completo al cuidado de la imagen guadalupana y por lo mismo decidió mudarse a la ermita donde ésta se conservaba, donde se dedicaba a predicar a sus hermanos y contarles las palabras que la Señora del cielo le había dicho. Se dice que dos veces más se le apareció la Virgen: una para avisarle que su tío Juan Bernardino moriría y la siguiente para decirle que ya se acercaba también su hora; el vidente de la Virgen de Guadalupe fallece hacía 1548 y al parecer es sepultado en la misma ermita donde vivió y donde se veneraba el milagroso ayate.

Las primeras reliquias a las que haré referencia es a los restos de las casas en las que vivió San Juan Diego, en Cuautitlán y el Tulpetlac respectivamente. Los descubrimientos arqueológicos en Cuauhtitlán, donde actualmente existe un templo dedicado a Nuestra Señora de Guadalupe y San Juan Diego, han sacado a la luz que tanto los muros y las cuatro columnas de la ermita corresponden al siglo XVI; ya para 1798 existe un documento en donde se pide permiso para construir una nueva ermita en ese sitio, por ser donde vivió Juan Diego. Hacia finales del mismo siglo XVIII y principios del XIX son encontradas los vestigios de lo que se supone fue la casa de San Juan Diego, y según el dictamen del arqueólogo Jorge R. Acosta se trata de una “habitación que perteneció a la cultura azteca III-IV, por lo tanto, corresponde al momento de la conquista de México por los españoles”. A un lado de los vestigios de la casa y fuera del actual templo, se hallaron las ruinas de una primitiva ermita, lo que nos indica que en ese sitio existió una muy temprana devoción a san Juan Diego, por considerar que en ese sitio fue donde vivió, lo que refuerza a un más la idea de que el dicho vidente realmente vivió en ese lugar. Además en esta ermita se conserva una pila bautismal donde se dice fue bautizado el Santo.

La Parroquia de indios, donde se supone esta o estuvo sepultado San Juan Diego. Fuente: www.virgendeguadalupe.org.mx

La Parroquia de indios, donde se supone esta o estuvo sepultado San Juan Diego. Fuente: www.virgendeguadalupe.org.mx

La siguiente reliquia que de Juan Diego podemos encontrar es la casa en Tulpetlac, donde vivió con su tío Juan Bernardino y que, actualmente, es el Santuario de la quinta aparición. En este sitio la veneración parece ser un poco más tardía que en Cuauhtitlán; existe en el Archivo General de la Nación un documento del siglo XVIII donde se pide se construya una ermita en ese sitio, donde se cree fue la quinta aparición a Juan Bernardino y donde vivió Juan Diego; y algunos documentos más narran que, ya anteriormente, los indios de esa zona tenían una pequeña ermita dedicada a Juan Diego, por la fama de santidad que éste tenía. En el sitio de Tulpetlac los vestigios arqueológicos que se han encontrado corresponde a pedazos de cuatro paredes de una casa del siglo XVI, una de ellas parece ser de una barda divisoria entre la casa y la hortaliza.

Una de las más importantes y polémicas reliquias de San Juan Diego es su tumba y por consiguiente su cuerpo. A través de los años ha existido mucho interés por encontrarlas y parece que eran encontradas y desaparecidas de nuevo, hasta el punto de que actualmente no se sabe dónde están, lo que hace que Juan Diego, a pesar de todo, siga rodeándose de la leyenda al no poder encontrar un cuerpo real. Como ya mencioné arriba todo parece indicar que San Juan Diego fue sepultado en la primera ermita de la Virgen de Guadalupe, la cual es conocida actualmente como “Parroquia de Indios”. En esta misma existe un antiguo epitafio que dice “En este lugar se le apareció la Virgen de Guadalupe al indio Juan Diego, el cual está enterrado en esta iglesia”. Todo indica que desde el siglo XVIII se ha intentado encontrar los restos de San Juan Diego siempre con la idea de poder llevarlo a los altares.

Santuario de la Quinta aparición, que conmemora la aparición de la Virgen de Guadalupe al tío Juan Bernardino y construido sobre la casa de ambos en Tulpetlac, Estado de México.

Santuario de la Quinta aparición, que conmemora la aparición de la Virgen de Guadalupe al tío Juan Bernardino y construido sobre la casa de ambos en Tulpetlac, Estado de México.

Uno de los más antiguos registros sobre esto se encuentra en la obra de Mariano Fernández de Echeverría y Veytia, “Baluartes de México” obra escrita entre 1775-1779; este mismo historiador dice haber participado en la búsqueda, por lo cual es una fuente de primera mano en este caso. Se dice que se hizo una excavación en el templo y que se encontraron varios restos mortales, entre ellos, el cuerpo incorrupto de un sacerdote, posiblemente capellán de la misma ermita, pero que ninguno de los cuerpos pudo ser identificado, por lo cual no pudieron dar con cuál de todos pudiera ser el de Juan Diego. Curiosamente un siglo después, en la primera mitad del siglo XIX según un documento denominado “Inventario Razonado” asegura que en la Parroquia de Indios se encuentras los restos de Juan Diego y su tío Juan Bernardino: “Constrúyase la que llaman parroquia de indios, o iglesia provincial dedicada el año de 1695. En este año se trasladaron de la Yglesia Artezonada a la de Yndios la celestial pintura la imagen de plata, por que se iba a destruir la Artezonada; en este mismo año se transformó en sacristía la ermita. Ytem: se trasladaron de ella a la iglesia de indios los huesos de Juan Diego y Juan Bernardino…”

A finales de este mismo siglo XIX, curiosamente, el abad de la Colegiata de Nuestra Señora de Guadalupe, don José Antonio Plancarte y Labastida, ante la inminente coronación pontificia del ayate de Nuestra Señora de Guadalupe, declara en sus cartas que pedía insistentemente a Nuestra Señora para que apareciera la tumba de Juan Diego, y refería también que en varias ocasiones habían intentado encontrarlo, pero sin éxito.

Posteriormente con la Guerra Cristera, al ser trasladada la imagen original de Nuestra Señora de Guadalupe a un refugio para protegerla de algún atentado como el ocurrido en noviembre de 1921, y según refería el abad de la basílica, también se trasladaron las reliquias de Juan Diego para evitar su profanación, pero posteriormente al terminar el conflicto solo volvió a su lugar la tilma con la Virgen y no así las reliquias del vidente, de las cuales se olvidó la localización.

Nuestra Señora de Guadalupe con fray Juan de Zumarraga, San Juan Bautista y San Juan Diego, óleo de Miguel Cabrera.

Nuestra Señora de Guadalupe con fray Juan de Zumarraga, San Juan Bautista y San Juan Diego, óleo de Miguel Cabrera.

Ya entrado el siglo XX hacia 1979, cuando se abre la causa de beatificación de Juan Diego, la Congregación para la Causa de los Santos pide a los postuladores la búsqueda de las reliquias del propuesto a beato, a lo que los encargados de la causa alegaron que “después de 400 años ni polvo ha de haber”, por lo que la Congregación de los Santos les pidió que probaran que fue sepultado. Tres años después se presentó el cardenal Giovanni Papap ante el postulador de Juan Diego y después de escucharle detenidamente le dijo: “Mire, lo de Juan Diego no hay nada. Lo de la Virgen de Guadalupe fue un mito con lo que los misioneros se ayudaron para la evangelización de México y Juan Diego ni existió, y la documentación que se tiene (en la Congregación para la causa de los Santos) ni siquiera la hemos leído”. Sin embargo algunos años después, basándose en documentos e investigación y posiblemente con algo de ayuda externa, se logra proseguir con la causa y que esta sea aceptada por la Congregación y que como sabemos sea beatificado Juan Diego en 1990 y posteriormente canonizado en 2002 por el papa San Juan Pablo II.

Aun con todo esto, hasta el día de hoy no se ha podido localizar la supuesta tumba de Juan Diego ni el cuerpo del mismo. Sin embargo, como vemos hay constancia documental de un culto muy temprano a un indio de vida virtuosa en los sitios que según el Nican Mopohua coinciden con los rasgos de San Juan Diego, el vidente de Guadalupe. Acaso pudiera ser que uno de esos restos no identificados bajo la Parroquia de Indios, ¿será el de San Juan Diego?, o tal vez ni siquiera estuvo enterrado en ese sitio nunca, pudiera ser también factible la idea de que fueron ocultas sus reliquias durante la Cristiada y que se hayan extraviado y por lo mismo actualmente no estén en la Parroquia de Indios o ni si quiera en la circunscripción de la Basílica de Guadalupe. Creo que las pruebas documentales y arqueológicas son suficientes para pensar que realmente existió un indio virtuoso que recibió veneración tempranamente, trátese o no del mismo Juan Diego, vidente de la Virgen de Guadalupe. Cabe la posibilidad del mismo modo que los mismos españoles hayan “ocultado” los restos de Juan Diego para evitar su culto y veneración desde épocas muy tempranas, pues es sabido que aun tratándose de un prospecto a santo, por el hecho de ser indígena o hasta defensor de los indios era visto con recelo por las élites ibéricas de la Nueva España. Cosa similar sucedió con los restos de fray Pedro Lorenzo de la Nada, defensor de los indios en Tabasco y Chiapas; sea como sea, son sólo hipótesis, los hechos son que las dichas reliquias de San Juan Diego no aparecen y por lo mismo hace que Juan Diego siga inmerso en la leyenda y la polémica aunque existan vestigios y documentos que afirman su existencia.

André Efrén

Bibliografía:
– ÁLVAREZ DEL REAL, María Eloísa, “Santuarios de la Virgen María apariciones y advocaciones”, Panamá, Editorial América, primera edición, 1991.
– ISLAS VÍCTOR, Hugo y PÉREZ SOUZA, Virginia, “Juan Diego a los altares”, México, La Prensa, primera edición, s/a.
– ROMERO SALINAS, Joel, “Juan Diego: su peregrinar a los altares”, México, Ediciones Paulinas, primera edición, 1992.
– SAUCEDO ZARCO, Carmen, “Historias de Santos mexicanos”, México, Planeta, primera edición, 2002.


[1] Curiosamente, “Motolinía” en sus obras, aunque menciona que varios de los indios que el bautizo habían sido objeto de manifestaciones milagrosas, jamás menciona a Juan Diego ni a la aparición guadalupana; válgase que sus textos están incompletos y las versiones originales están perdidas, pero a pesar de ello no deja de ser curioso el dato.

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10 pensamientos en “Nuestra Señora de Guadalupe: reina de México y emperatriz de América (VII)

  1. Pues buena polémica levantas con este tema tan apasionante para los que creemos en san juan Diego y para los que dudan de su existencia. He leído varios textos al respecto, cada uno tratando de que triunfe su causa. Más allá del hecho Guadalupano, que tampoco pongo en duda, la exposición arqueológica que has expuesto, muestra de manera indirecta su existencia.
    Me parece curioso que no lo menciones, pero hay un códice de Fray Toribio de Benavente, “Motolinía” que apareció cuando la cuestión de la canonización de Juan Diego estaba en medio de la lumbre, cuando el abad Schulemberg prendió la mecha y negó las apariciones y la existencia de Juan Diego. Ese códice al parecer fue el documento histórico que comprobó la existencia de Juan Diego. Por ahí debo tener algo al respecto, tenme paciencia y te lo hago llegar.
    Por otro lado, te platico, sin afan de polemizar, que en la Parroquia de Santiago Tlatelolco hay una pila bautismal enorme, con un letrero alusivo que en esa pila recibió el bautismo San Juan Diego. Será? Quien sabe!
    Termino mi intervención dándote este testimonio particular:
    Soy ferviente Guadalupano, pero el estudio de la historia me hizo tener mis dudas sobre la existencia de Juan Diego. Para 1998 mi mamá se enfermó de diabetes y los riñones se le fueron desgastando. en el año 2000 su salud degeneró rapidamente y llegó así el año 2001, para el meses de julio y agosto en que yo tengo un periodo vacacional. Precisamente el 31 de julio, el día en que fue canonizado, la luz se fue en mi colonia y no pude ver la ceremonia de canonización en la tele, así que la escuché por radio. En el preciso momento en que Juan Pablo II recitaba la fórmula de canonización, le pedí a San Juan Diego que ayudara a mi mamá en su salud, muy delicada en esos días, al grado de temer por su vida. Le pedí que me la controlara, no que la aliviara, y que con eso me ayudaría a tener seguridad sobre su existencia.
    Al lunes siguiente volví a trabajar y cuando volví a casa lo primero que hice fue entrar a la recamara de mi mamá, que me dijo: ” Ví a un hombre moreno vestido de blanco, con los pelos parados viéndome, inclinado sobre mi, y mientras yo lo miraba, se desapareció en el aire”. Por la uremia, el cerebro de las personas suele hacerles ver visiones o escuchar ruidos, y yo me preocupe y dije, esto va de mal en peor, pero al rato me acorde de mi petición a San Juan Diego y lo relacioné. Mi mamá se levantó de la cama, su salud se controló y todavía vivió un par de años más, como era lo convenido, no la curación, pero un control. Ese favor me ha hecho creer firmemente que San juan Diego existió y que está en el cielo intercediendo por nosotros.
    No impongo mi punto de vista, ni quiero obligar a que lo crean quienes lean esto, simplemente lo comparto para que se conozca que es cierto lo que dice el Evangelio dice: Pidan y se les dará, toquen a la puerta y se les abrirá…

    • Vaya pues si seria interesante si tiene la información de ese documento de fray Toribio de Benavente que me lo facilitara pues no lo habia escuchado mencionar. Sobre lo que menciona de la pila bautismal ya ve que tambien en Cuautitlan tiene una pila que dicne ahi se bautizo Juan Diego, como usted sabe en esto de las reliquias es fácil decir que cada quien tiene la verdadera pila bautisimal pero como sabemos san Juan Diego no pudo haber sido bautizado dos veces en diferentes pilas, por obviedad alguna es falsa o quizás ninguna la verdadera porque los frailes cuando bautizaban no siempre tenian una pila bautismal a la mano, pero dejemoslo en duda. Su testimonios don Humberto es impresionante sin duda una prueba más de la intercesión de los Santos, como bien mencione e el artículo por los vestigios que se han encontrado se puede afirmar que ahí existió un indio de vida virtuosa que fue venerado tempranamente aunque no puedo afirmar que sea el mismo vidente. Muchisimas gracias por sus valiosos comentarios

  2. Realmente este Articulo viene como anillo al dedo, Yo tambien me interese mucho por saber donde estaba enterrado Juan Diego despues de que vo un Documental de su Vida. Hasta donde pude averiguar si hay reliquias de San Juan Diego, pero solo de Segunda Clase y ninguna de primera clase.

    • Pues siendote sincero Jhonatan cuando empece con esta serie de artículos sobre la Virgen de Guadalupe el año pasado no tenía planeado escribir sobre san Juan Diego o sus reliquías en especial porque como ya mencione las reliquias no son mi especialidad ni conozco mucho al respecto, pero debido a la pregunta que nos llego me puse a investigar y eso me llevo a interesarme en el tema y bueno termino convirtiendose en artículo y que me da gusto les sirva de provecho a todos, saludos y muchas gracias.

  3. Gracias, André, por este artículo tan informativo sobre otra interesante controversia guadalupana: las reliquias de San Juan Diego. Yo, en todo el asunto guadalupano, ya dije que no me creía con derecho “a poner ni a quitar rey” (como dice Antonio), es decir, que no gano nada ni poniéndome de su parte ni oponiéndome a ello. Mis dudas y creencias personales tengo al respecto, que creo ya las he ido expresando en mis opiniones a lo largo de esta riquísima serie de artículos que nos has presentado, pero son sólo eso, mis impresiones personales, que tampoco quiero imponer a nadie.

    Sobre San Juan Diego… pues parece que poco se sabe y reliquias no hay. Eso permite que haya dudas fundadas sobre su existencia. En lo personal; quiero decir que la ausencia de reliquias no implica necesariamente la inexistencia del Santo; puesto que yo misma he hablado en algunos artículos de muchas mártires de cuya existencia no se duda, pero cuyas reliquias se han perdido por los motivos que fuere y actualmente no se conservan (Salsa de Tipasa, por ejemplo). Así que el hecho de que no haya reliquias de San Juan Diego no implica que no haya existido. Las reliquias o cuerpo de un indio tenían en esa época tan poco valor… seguro que nadie se molestó en que fueran señaladas y conservadas.

    De todos modos, he de decir que me da risa la excusa soltada por los responsables de la causa para justificar la ausencia de reliquias (“después de 400 años ni polvo ha de haber”). Bueno, pero si conservamos santos de las catacumbas, mártires de la Antigüedad, de la Edad Media, incluso de la época moderna que tienen muchísimo más que 400 años y ahí están, algunos íntegros, algunos incorruptos, algunos simplemente una pila de huesos, pero todavía no reducidos a polvo. En Roma debieron soltar la carcajada al oír excusa tan mala, con perdón.

    • Muchas gracias Ana por tus acertadas observaciones, ienes mucha razón y yo mismo lo menciono que el que no existan reliquias no quire decir que dicho santo no exista y bueno es lo mismo que trato de decir en el artículo, aunque como bien saben tampoco esto quiere decir que ese indígena que recibio veneración sea precisamente el vidente de la Virgen de Guadalupe, como bien mencionas yo igual me vienen a la mente varios santos de los que de sus reliquias nada se sabe pero no se duda de su existencia. A mi también me parecio una tonteria esa excusa para justificar la ausencia de reliquias cuando se conservan de santos un más antiguos, pero pues sabra Dios realmente que sucedio con las reliquias de Juan Diego o si realmente existió.

  4. Muchas gracias, André, por este nuevo artículo sobre la Virgen de Guadalupe.
    Yo soy de los que tienen sus dudas sobre la existencia histórica de San Juan Diego, pero quiero comentar una cosa. En el verano del año 1968, estuvo unos días en mi casa, un amigo mío griego con el que yo me carteaba intercambiando sellos desde hacía unos años: Giorgios Rouvalis, de Navplion.
    Posteriormente, hizo en su país la carrera diplomática y, como hablaba perfectamente el castellano, fue enviado a la embajada de Grecia en México. Con una mexicana se casó y en 1992 vivieron a Sevilla con motivo de la Exposición Universal. Yo le solicité una foto del sepulcro de Juan Diego y cuando volvió a México me la envió: el santuario de Guadalupe se la había facilitado a la embajada griega.

    La foto tiene como fondo una pared de piedra y se trata de un mausoleo culminado por una enorme cruz de piedra totalmente labrada y con un penacho de florituras pétreas en el lugar que ocuparía el INRI. Tiene delante un altar también de piedra, en el que un sacerdote está celebrando misa según las normas emanadas del Concilio, o sea, de cara al pueblo, lo que da a entender que este altar es posterior al Concilio Vaticano II. Debe existir un gran ventanal porque la pared del fondo se ve en parte iluminada por el sol que le da de frente. ¿Será ese el “presunto” sepulcro del santo? Si lo fuese, ¿estará vacío? Yo no lo se, pero así se lo dieron a él hace veintiún años. Es una foto normal, o sea, que no es digital pero se puede escanear.

    Ahora trabaja en la Comunidad Económica Europea en Bruselas, como traductor simultaneo de griego, alemán, español, francés e ingles, ya que domina perfectamente estos cinco idiomas.

    • Si Antonio, tienes razón yo también eh visto fotos del lugar que mencionas en algunos libros esa cruz se encuentra al parecer precisamente en la Parroquia de Indios en la Basílica de Guadalupe de la cual se muestra una foto en el artículo, no se la verdad en que parte pero las referencias la ubican ahi, tal parece que según la tradición en ese sitio exacto fue sepultado San Juan Diego y debido a eso en ese lugar se celebra misa mensualmente en su honor desde que se comenzo su causa y me parece que aun ahora ya canonizado se sigue haciendo, del mismo modo me parece que ese sitio fue el que muchas ocasiones propicio las excavaciones en las que se encontraron muchos restos pero sin poder identificarlos, lo que hace pensar que exactamente debajo de esa cruz o no hay nada o hay muchos restos mezclados lo que hace imposible su identificación, a pesar de esto la gente que le tiene devoción a San Juan Diego llegan a esta parroquia a pedir su intercesión con la fé de que en alguna parte de ese templo esta enterrado el vidente.

  5. Leí con interés y un poco a las prisas el artículo, apenas un rato después de haber sido publicado. Hasta hoy he podido releerlo y pensar con calma, así que aquí va mi comentario.
    En primer lugar, muchas gracias por presentar un panorama sobre la escasa y dispersa información en torno al cuerpo de Juan Diego y otros posibles indicios desu existencia. Yo, como he señalado antes, no soy aparicionista, tengo dudas muy razonables al respecto, pero en último caso, tampoco soy enemigo de la tradicion: el presunto hecho guadalupano no quita ni pone nada esencial a la figura de María. Desde esa posición quisiera aportar algo, en ánimo de dialogar y no de generar controversias que en último caso resultan irresolubles.
    1) La inexistencia de un cuerpo y un lugar plenamente identificado de sepultura de Juan Diego, plantea la posibilidad de que el vidente nunca haya existido. Por otro lado, el hecho de que el cuerpo apareciera y desapareciera en los registros que están disponibles sin que podamos asegurar sin ningún duda si en verdad se trató alguna vez de él, ¿no podría estar señalándonos que con el desarrollo del guadalupanismo, se sucedieron algunas invenciones de reliquias?
    2) La existencia e identificación plena del cuerpo de cualquier manera no garantizaría las apariciones. Garantizaría que hubo alguien que se llamaba Juan Diego, que fue muy santo y que dijo haber hablado con la Virgen…la existencia del vidente no asegura objetivamente sino una sola cosa: que hay alguien que da testimonio de una aparición. Así por ejemplo, nadie duda de la existencia de Santa Bernardita, sabemos muchísimos detalles objetivos de su vida y los hechos que rodearon su testimonio, pero si habló o no con la Virgen, bueno, objetivamente no se puede asegurar objetivamente la veracidad del testimonio. Por algo hasta dónde entiendo, la Iglesia nunca “garantiza” las apariciones o visiones, sólo se pronuncia respecto de sí hay o no en ellas algo contrario a la fe. Claro que el testimonio pierde veracidad si no hay indicios suficientes de la existencia del testigo.
    3) Resulta insostenible la tesis de que el cuerpo fue escondido por españoles recelosos. No es descabellado, pero tampoco hay pruebas de ello. Y por otro lado, tenemos un caso geográfica y temporalmente cercano, donde el candidato a santo fue proscrito a vista de todos: la esclava Catarina de San Juan, mejor conocida como “la china poblana”. Ahí tenemos todo: un personaje piadoso de la clase más baja durante la colonia, visiones, sepulcro, prohibición del culto por parte de los españoles vía la inquisición, etc.
    4)Hasta ahora, la mayor parte de los argumentos del lado de los defensores del fenómeno guadalupano, me resultan conjeturas (y algunas incluso, conjeturas forzadas). Del otro lado, tampoco es que hayan pruebas irrefutables de la inexistencia de Juan Diego y la falsedad del acontecimiento guadalupano, pero sí tenemos un dato irrefutable: la ausencia de pruebas que permitan dejar de dudar.
    5) Una petición: sería interesante contar con una entrega sobre el santuario de la quinta aparición, además de información sobre el destino del tío Bernardino (¿alguna vez ha recibido culto o ha habido interés en beatificarlo también?) del cual seguro se sabe menos todavía.
    6) Aunque ya se habló del nombre de la advocación, planteo una duda que apenas me acaba de asaltar: se supone que Guadalupe es una deformación de los conquistadores, de un vocablo en náhuatl. Pero, si el documento por excelencia que narra las apariciones (el Nican Mopohua) fue escrito en náhuatl, ¿cómo es posible que no conserve el vocablo con el cual a Virgen se habría auto-nombrado? Sobre todo si se da por bueno que dicho documento habría sido redactado por un indígena culto (Antonio Valeriano) que hablaba y escriba fluidamente náhuatl, latín y español, y que además habría recibido el relato directamente de Juan Diego. Está para pensar.

    Por cierto que en la iglesia de San Miguel Arcángel, en el centro histórico, hay una cruz relicario con reliquias presuntamente de Juan Diego.
    Saludos a todos.

  6. Moisés muchas gracias porque se que eres asiduo lector de esta serie de articulos. Respecto a los puntos que me das tratare de responderte

    1. Tienes razón y es lo que más o menos doy a entender, que mientras no se encuentren reliquias de San Juan Diego este sigue en medio de la leyenda y viendose por muchos como eso un personaje casi legendario, sobre lo de la invención pudiera ser pero vamos ¿’y donde estan esas reliquias “inventadas”? porque aun suponiendo que realmente en toda la extension de la palabra se hayan inventado unas reliquias ¿porque estas no aparecen tampoco? es algo bastante extraño y que quien sabe si se resuelva, tal vez realmente esten extraviadas a partir de la cristiada, solo Dios sabe. Aun lo que usted menciona de las reiquias en el templo de San Miguel seria interesante verlas y analizar si son reliquias de primer grado y no por ejemplo pedazos de la piedra de alguna de las supuestas casas de san Juan Diego porque también es extraño que existiendo esas supuestas reliquias del santo en un templo, el día de su canonización no hayan sido llevadas.
    2.- Por supuesto y creo que lo dejo bastante claro en el artículo de que aun existiendo unas reliquias esto no quiere decir que ese indio al que se le dio devoción tan temprana sea el mismo san Juan Diego al que se le aparecio la Virgen de Guadalupe, porque además como ya bien usted dice una aparición ni la Iglesia te obliga a creer en ella.
    3.- Eso bien mencione yo es solo una hipotesis una simple idea sin apoyarme en nada más que en mis conjeturas no es algo que yo quiera imponer ni mucho menos.
    4.- Más adelante espero tratar el tema al que vas acerca de las posiciones aparicionistas y antiaparicionistas y debo decir que llevas algo de razón, sobre todo porque muchas de las tesis aparicionistas se basan en conjeturas o en documentos que no existen ya o que no se han encontrado ni copias, lo que no ayuda en nada a la causa, pero como bien dijiste arriba pues realmente el si la aparición sucedio o no, poco interés debe tener para el fiel católico, al fin y al cabo la Virgen de Guadalupe es la madre de Dios e intercede por nosotros, el que se le haya aparecido o no a un indio en el cerro del Tepeyac en 1531 no cambia para nada su intercesión.
    5.- Sobre el Santuario de la Quinta aparición no te lo puedo prometer, porque aun para este artículo intente buscar más información en especial arqueoligica sobre el sitio que se encuentra ahi y del mismo templo y es poquisima, realmente este Santuario es muy poco conocido a comparación de la Basílica y supongo que por lo mismo no hay mucha investigación al respecto, asi que no puedo prometer que hare algo sobre ese Santuario pero si encuentro más información al respecto con gusto lo hare.
    6.- Sinceramente debo decirle que hasta ahora no tengo pensado tocar el tema de la validez del Nican Mopohua por el simple hecho de que no estoy muy familiarizado con literatura nahuatl al menos no pienso tocarlo tan profundo pero al hablar de antiaparicionistas logicamente esbozare el tema, sobre eso que dice yo igual eh tenido la duda, porque pensaba lo mismo que tu, en una de las bibliografías no le cito ahora en cual porque no recuerdo, menciona que para cuando se escribe el Nican Mopohua el nombre Guadalupe era ya tan común que el otro se había olvidado, y tal es así que no hay un solo escrito que recuerde cual fue el original nombre, todo se basa en conjeturas de los estudiosos contemporaneos a la época colonial como el padre Florencia de que ese no fue el nombre original de la imagen, cosa que a pesar de todo tiene algo de sentido pues hay casos de otras advocaciones marianas contemporaneas a Guadalupe a las cuales si se les llamo con algun nombre indígena como el caso de la Virgen de Ocotlan, también cabe la posibilidad que simplemente a los españoles quisieron ponerle Guadalupe por recordarles a la de Extremadura por la tez morena, yo a pesar de todo siempre defendere que la Guadalupe mexicana no es la misma extremeña más que en que ambas son imagenes de la Madre de Dios. No se la verdad en donde leyó que Valeriano lo que escribió lo escucho de boca de Juan Diego, es la primera vez que lo escucho, debido a que la gran mayoría de estudiosos e historiadores aclaran que el autor se baso en la tradición oral de gente que había conocido a Juan Diego y en algunas bibliografías, de todos modos le reitero que no conozco mucho el caso del Nican Mopohua porque lo poco que eh leído al respecto sinceramente es bastante complicado de entender, aunque muchas veces lo eh usado de bibliografía para esta serie.

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