La espiritualidad de San Jerónimo a través de su iconografía y su vida

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Apoteosis de San Jerónimo. Francisco de Zurbarán. Sacristía del Monasterio de Guadalupe.

Apoteosis de San Jerónimo. Francisco de Zurbarán. Sacristía del Monasterio de Guadalupe.

1. Introducción
A la hora de presentar la espiritualidad de san Jerónimo he decidido hacer un recorrido biográfico e introducir algunas obras iconográficas a fin de hacer una comparativa con fuentes de la realidad biográfica de dicha espiritualidad y lo que nos ha llegado a través del arte. No en vano, suele ocurrir que la imagen que tenemos de tal o cual santo se ve muy influenciada siempre por su iconografía, hasta el punto de no reflejar habitualmente con fidelidad su realidad histórica o su espiritualidad. En san Jerónimo, como luego comentaré en cada caso, destaca esto especialmente, con sucesos legendarios o con una veracidad biográfica nula en numerosas obras artísticas.

He de decir que otras obras que también aparecen en el presente trabajo no serán comentadas, aunque he decidido que pueden expresar con veracidad el pasaje biográfico correspondiente y servir de fondo a la narración.

Aparte de esto, la razón de hacer un recorrido biográfico es que en este santo su vida va a marcarle especialmente en su espiritualidad. Sus años de juventud, sus estudios, su experiencia en el desierto, sus viajes, sus años en Roma, y, finalmente, su etapa de Palestina, fueron enriqueciendo su vivencia cristiana y espiritualidad. No se entiende san Jerónimo sin el desierto, sin Roma, sin Belén. Son ingredientes biográficos que dan cuerpo y sazonan a su pensamiento y experiencia cristiana.

2. Recorrido iconográfico-espiritual de san Jerónimo
2.1. Sus inicios

Ilustración 1. Bautismo de san Jerónimo. Valdés Leal. Museo de Bellas Artes de Sevilla.

Ilustración 1. Bautismo de san Jerónimo. Valdés Leal. Museo de Bellas Artes de Sevilla.

San Jerónimo tuvo la suerte de nacer en una familia cristiana (hacia 347 aprox), la cual sembró en él la semilla de la fe y se empeñó desde pronto en que las ideas cristianas arraigasen firmemente. Fue enviado a estudiar gramática, retórica y filosofía a Roma y, estando allí, recibió el bautismo, costumbre normal en aquellos años en los que se esperaba a que pasasen los años de la infancia para recibir este sacramento. Aunque se desconoce la fecha exacta, podemos situar este acontecimiento sobre los años 360-365. A lo largo de sus numerosos escritos cita su bautismo en varias ocasiones, como por ejemplo en un par de cartas al papa san Dámaso. Y menciona con un gran orgullo el haber sido bautizado junto a la Cátedra de Pedro, razón que le hacía sentirse romano de adopción y con una fidelidad férrea al Papado. Esta fidelidad se verá puesta a prueba en varias ocasiones a lo largo de su vida.

Curiosamente, estos años de juventud en la capital del Imperio, al contrario de lo que solía suceder habitualmente, forja en el espíritu del joven jerónimo una piedad que favoreció su vida religiosa. Las buenas compañías que se granjeó allí (algunos amigos, como Panmaquio y Rústico, están canonizados como él), y su carácter austero y sobrio fortaleció esta fe, a pesar de convivir con los libertinos ambientes estudiantiles romanos. Él mismo cuenta algunas de sus andanzas con estos amigos, como por ejemplo ir a visitar a las tumbas de los apóstoles y mártires [1].

En el cuadro que nos ocupa (Ilustración 1), de la serie que pintó Valdés Leal al monasterio de san Jerónimo de Buenavista (Sevilla), se ve al joven santo en su bautismo. Como ministro celebrante, a la izquierda, se ve al papa, por cronología, Liberio. Sin embargo nada hace pensar, según Francisco Moreno [2], que éste administrara el bautismo al santo. Las ropas, como ocurre habitualmente, por el conocido anacronismo iconográfico, son más bien las de la corte de Felipe III, que las de la Roma del siglo IV.

Ilustración 2. San Jerónimo flagelado. Francisco de Zurbarán. Sacristía del Monasterio de Guadalupe.

Ilustración 2. San Jerónimo flagelado. Francisco de Zurbarán. Sacristía del Monasterio de Guadalupe.

2.2. Hacia el desierto
Tras acabar sus estudios, sobre los años 368-375 san Jerónimo hace un recorrido errante por diversas ciudades: Tréveris (residencia imperial entonces), Estridón (su ciudad natal) y Aquilea. En estos lugares, a modo de viaje de fin de carrera, compagina más estudio con pequeños escritos, trabajos copistas y traducciones. En Aquilea convive con un grupo de austeros clérigos cuya vida marcarán en él un antes y un después. La entrega total a Dios de éstos y su rigidez de vida conmueven al joven san Jerónimo, le llenan de fervor por el anacoretismo, tan en boga entonces, y le hacen decidirse a marchar a Oriente a vivir esa vida ascética. Camino, pues, al este, se detiene sin embargo una temporada en Antioquia de Siria. Era una ciudad muy floreciente entonces, helenista (buscaba perfeccionar su griego), y con importantes raíces cristianas, pues por allí habían pasado en sus viajes san Pablo, san Pedro y san Bernabé, y era allí donde los cristianos habían sido llamados de esta manera por primera vez.

En Antioquia le acontece el pasaje que ilustra el cuadro (Ilustración 2), aunque, por error, a veces se diga que le sucedió en el desierto. Parece ser que, hallándose enfermo san Jerónimo por, en su opinión, el exceso de lectura de obras clásicas, tuvo una visión en la que nuestro supremo Juez le hizo azotar por desatender la lectura de la Sagrada Escritura. A partir de este castigo, que a nuestro santo le pareció real, se apasionó por los libros divinos como nunca lo había hecho por los profanos [3]. Su nueva obsesión, esta vez santa, sería la Palabra de Dios. Ya nunca más se separaría de ella el resto de su vida.

2.3. El Desierto
La siguiente etapa de su vida es, contra lo que suele creerse, una etapa corta, de apenas dos años (375-377), aunque ha de reconocerse que muy importante en la vida de san Jerónimo porque forja su espiritualidad, su conocido carácter duro, austeridad y vocación continua a la perfección cristiana. El lugar elegido para vivir su fervor eremítico es el desierto de Calcis, en Egipto. Allí, en compañía de otros eremitas, pasa los días entre la oración, las penitencias, el estudio y alguna carta. De hecho, según cuenta el mismo santo [4], comienza allí su aprendizaje del hebreo gracias a un compañero eremita convertido del judaísmo. No abandonará jamás este estudio que perfeccionará posteriormente en Roma y Belén.

Ilustración 3. Tentaciones de San Jerónimo. Valdés Leal. Museo de Bellas Artes de Sevilla.

Ilustración 3. Tentaciones de San Jerónimo. Valdés Leal. Museo de Bellas Artes de Sevilla.

El fervor de juventud le hizo idealizar el desierto, pero se topa de bruces con su dureza. En la famosa carta a su discípula santa Eustoquia, recuerda las penalidades que pasó entonces. Merece la pena extraer un pequeño fragmento:

…Vivía aislado y molesto. Un tosco sayal cubría mis miembros flacos y resecos. Mi piel tosca ennegrecida parecía la de un etíope. Me pasaba el día entre lágrimas y suspiros. Cuando, contra mi voluntad, me vencía el sueño, acomodaba mis desvencijados huesos en el mismo suelo. Prefiero no hablar con detalle de la comida y de la bebida…

En esta misma carta, más adelante, nos cuenta las tentaciones que solía tener, a pesar del castigo continuo al que sometía su cuerpo: … Me figuraba muchas veces estar bailando con chicas jóvenes. Los ayunos habían deslucido mi rostro y aniquilado el vigor de mi cuerpo. Así con todo, mi voluntad estaba invadida de torpes deseos y en mi carne se encabritaba la sensualidad… En estas situaciones críticas me echaba a los pies de Jesús, los regaba con lágrimas… Recuerdo… mis incesantes golpes de pecho hasta que el Señor tenía a bien sosegar el oleaje. [5]

Precisamente este suceso es el que pinta, con buen acierto, Valdés Leal en el lienzo que se acompaña (Ilustración 3). Pertenece, como la ilustración 1, a la serie que el pintor hizo para el monasterio de San Jerónimo de Buenavista.

Ilustración 4. San Jerónimo penitente.  Pietro Torrigiano. Museo de Bellas Artes de Sevilla.

Ilustración 4. San Jerónimo penitente. Pietro Torrigiano. Museo de Bellas Artes de Sevilla.

Todos estos recuerdos y vivencias narradas por el santo son los que forjaron la extensa iconografía de este período de su vida. Sin embargo dos son los errores clásicos de estas representaciones: a) presentan a un san Jerónimo muy anciano (ilustración 4), cuando, como vemos, es una época de su vida en la que contaba unos treinta años y b) otros períodos de su vida, más extensos y también determinantes en su vida, son muchísimo menos tratados por la iconografía clásica. Por tanto, cualquiera, influido por esta iconografía, pudiera pensar que la vida de san Jerónimo estuvo anclada en el desierto, aunque no es así, al menos, físicamente. Curiosamente, las obras iconográficas provenientes de la Orden Jerónima, suelen conocer estos detalles erróneos y presentan al santo más joven en este periodo, así como aciertan al variar la temática iconográfica y no reducirla sólo al san Jerónimo penitente.

2.4. Su vida en Roma
San Jerónimo no puede más y abandona el desierto. Las penalidades y austeridades de esta vida, los problemas de convivencia y su ansia de ampliar conocimientos han podido con él. No todo ha sido malo en la experiencia eremita, la oración y las continuas penitencias le habrán hecho ganar un pedacito de cielo. También se lleva en su zurrón conocimientos bíblicos y de lenguas orientales, que de mucho le valdrán más adelante.

Viaja entonces a Antioquia y recibe allí, de manos del obispo Paulino, el presbiterado. También escucha a sabios estudiosos de la Escritura, debate con ellos sobre cuestiones trinitarias (tan en boga entonces) y escribe alguna que otra obrita (Altercatio Luciferiani et Orthodoxi). Sobre el 379 viaja a Constantinopla deseoso de más y más conocimientos. Allí, a la sombra del gran san Gregorio Nacianceno, se dedica al estudio, la traducción de obras de autores orientales y la apologética. Aunque no le fue todo lo bien que él hubiera querido en Calcis, no olvida su vocación monástica. No hemos de olvidar que, aunque vocaciones diferentes hoy en día, en aquellos años no existía clara distinción entre el eremitismo y el cenobitismo.

Ilustración 5. San Jerónimo. El Greco. Museo Metropolitano de Nueva York.

Ilustración 5. San Jerónimo. El Greco. Museo Metropolitano de Nueva York.

Cuando parecía que su vida iba a discurrir ya por el Mediterráneo Oriental, es convocado a la Cátedra de Pedro, junto al papa san Dámaso, para la preparación del Concilio de Roma del 382. Fue convocado dicho Concilio para limar asperezas entre Oriente y Occidente y para intentar cerrar las luchas intestinas en las sedes de Constantinopla, Antioquia y Jerusalén. Las brillantes intervenciones de san Jerónimo en dicho Concilio, sus conocimientos sobre la Escritura y su experiencia en “temas orientales”, hacen que el papa lo retenga junto a sí como su secretario personal.

De este cargo eclesiástico que ocupó, le viene la leyenda de que nuestro santo fue investido con los honores cardenalicios. No pudo serlo de ninguna manera, pues el Colegio Cardenalicio no comenzó su andadura hasta el s. XI. El fervor de la Orden jerónima en colmar con honores a su santo patrón (su biógrafo más famoso, fr. José de Sigüenza defiende a ultranza este cardenalato [6]) y la iconografía clásica, han promovido este error hasta el punto de añadir en muchas representaciones artísticas los ropajes cardenalicios a los instrumentos penitenciales del desierto de Calcis (antes, como sabemos, de su viaje a Roma). Vemos claros ejemplos de esta iconografía errada en las ilustraciones que nos acompañan en esta página (ilustraciones 5 y 6).

Cuentan la mayoría de los estudiosos del tema, que es aquí en Roma cuando comienza su obra magna de traducir la Sagrada Escritura al latín. Ya existían otras versiones anteriores de algunos libros, por lo que se cree que todo comenzó cuando san Dámaso le encarga revisar los textos ya existentes del Nuevo Testamento y del Salterio. Si bien ya hemos dicho que realizó traducciones durante bien pronto, ésta sería su obra cumbre, la llamada Vulgata, de la que aún bebemos y nos beneficiamos. La traducción completa no culminaría hasta los años 407 aproximadamente, ya en Belén.

Ilustración 6. San Jerónimo traduce las Sagradas Escrituras. Stefano Maria Legnani.

Ilustración 6. San Jerónimo traduce las Sagradas Escrituras. Stefano Maria Legnani.

En estos años es cuando san Jerónimo conoce y tutela a un grupo de matronas romanas que habían renunciado a los placeres y comodidades de su holgada posición social para dedicarse a la oración y a la ascesis cristiana. Destacan aquí santa Marcela, cuyo palacio se convierte en lugar de estudio bíblico-ascético, santa Asela, santa Paula, su hija Eustoquia y otras. Seguramente fue huésped de alguna de ellas en el tiempo que permaneció en Roma (todo parece indicar que de santa Paula). Puede decirse sin recatos que san Jerónimo se convierte en “forjador de santas”, guiándolas, en sus ratos libres, en la vida monástica, el amor y el estudio de la Sagrada Escritura. Aquí y allí, en los escritos de san Jerónimo, habla de este grupo de santas matronas, de sus biografías, de sus virtudes. En las cartas dirigidas a ellas las aconseja, las instruye y las tutela como padre espiritual y amigo. Nace en este grupo una profunda amistad que perdurará toda la vida, en especial entre nuestro santo y santa Paula y su hija Eustoquia.

Con la muerte de su amigo y valedor, el papa san Dámaso, en el 384, san Jerónimo ya no se siente cómodo en Roma. Enemigos, que también los tuvo allí, no dejan de acosarle y lanzar insidias sobre la amistad de san Jerónimo y sus discípulas. Tampoco ha olvidado los deseos de realizar su ideal monástico en Oriente. Parte, entonces, con gran dolor de su corazón, de la Ciudad Eterna en el verano del 385.

2.5. Belén, meta de su vida
Libre de las ataduras de Roma, san Jerónimo emprende camino hacia Oriente en compañía de un grupo de clérigos. A mitad de camino se reúne con santa Paula y su hija santa Eustoquia que salen poco después que él. Todos ellos tienen en su mente vivir su ideal monástico en Belén, junto al pesebre de Jesús. Lo más probable es que este viaje fuese costeado por la matrona romana, así como gran parte de las fundaciones que en Belén realizarían. El viaje es largo y penoso, pero de una profundidad espiritual intensa, pues san Jerónimo lo cuenta con bastante detalle aquí y allí en sus obras. El itinerario, en especial visitar los Lugares Santos, debió causarles honda conmoción al grupo de viajeros. También se desplazan unas semanas a Egipto, a Alejandría, donde se dedican al estudio, y visitan algunas de las numerosas comunidades monásticas que salpicaban los desiertos de esta región, a fin de recopilar información y reglas de vida monásticas.

Ilustración 10. San Jerónimo y San Agustín. Sánchez Coello. Monasterio del Escorial.

Ilustración 10. San Jerónimo y San Agustín. Sánchez Coello. Monasterio del Escorial.

Vueltos a Belén, logran fundar, tras tres años de penalidades, una comunidad masculina, en las afueras de Belén, otra femenina, junto a la basílica de la Natividad, y una hospedería de peregrinos, en la calle principal [7]. Conseguido esto, el viejo sueño monástico de san Jerónimo se ve cumplido. Ya puede dedicarse plenamente al estudio, a la oración, a las penitencias y a atender a los viajeros y cuantos acudan a él. Esta vocación de acogida ha sido muy olvidada por sus biógrafos, pero siempre la Orden jerónima la ha vivido con naturalidad, hasta el punto que nunca se entendió un monasterio jerónimo sin su hospedería. De esta época son sus mejores escritos, sus mejores cartas, sus mejores traducciones. No en vano perfeccionó mucho sus conocimientos en la lengua hebrea gracias a las clases nocturnas que tomó de un rabino (por miedo a los de su raza). De esta época también es su correspondencia con san Agustín, todo un monumento al debate epistolar (ilustración 10).

Nos resume F. Moreno las tareas de san Jerónimo en Belén: La mayor parte de su quehacer diario será meditar, estudiar y escribir o dictar… cartas de cultura o espiritualidad, vibrantes y documentados tratados apologéticos, algo de historia eclesiástica, unos cuantos trabajos de temas monásticos y, mucho más meritorio que nada, traducciones y comentarios de la Biblia [8].

También la leyenda y la iconografía clásica (a partir del s. XIV) sitúan en estos años de Belén la figura del león, el cual cuida, custodia y ayuda a los monjes en sus tareas diarias. Sobra decir que esto no tiene base real, aunque el fervor de algunos biógrafos del san Jerónimo como Fr. José de Sigüenza [9], Mabilonio y Juan de Andrés defienden su veracidad histórica. Lo que sí podemos decir es que el conocido carácter áspero del santo, su vigor y su fortaleza en la defensa de la doctrina pueden tener como icono la figura de un fiero león (ilustración 11).

Ilustración 11. San Jerónimo y el león en el monasterio. Carpaccio, Vittore. Scuola di San Giorgio degli Schiavoni, Venecia.

Ilustración 11. San Jerónimo y el león en el monasterio. Carpaccio, Vittore. Scuola di San Giorgio degli Schiavoni, Venecia.

En cuanto a su vida monástica, ¿fue san Jerónimo un legislador monástico? Pues podemos decir que no, que no escribió ninguna regla ni tratado alguno, aunque sus conocimientos sobre el monacato son extensísimos. En sus escritos, sobre todo en sus cartas, de manera muy diseminada, podemos hallar numerosa doctrina monástica en forma de consejos, dirección a aspirantes a monjes, breves biografías de padres del desierto (Pablo, Malco e Hilarión) e invitaciones a seguir el camino del desierto. Destaca entre sus cartas la 22, cuyo final es todo un resumen de la vida de las comunidades del desierto. También algunas de sus traducciones son de temas monásticos: regla de san Pacomio y escritos del desierto de Egipto. Y no hay que olvidar sus escritos apologéticos sobre la castidad y el ascetismo. Podemos, por tanto, decir que san Jerónimo es todo un experto en monacato, por lo que podemos intuir que toda esta sabiduría fue implementada en sus monasterios de Belén. Extrayendo de estos escritos podemos decir que su espiritualidad monástica se resume en estos puntos:

1. San Jerónimo tiene especial predilección por el tema de la milicia espiritual. El monje es un soldado y la vida monástica no es refugio de cobardes, sino un campo de batalla para los valientes, los esforzados [10]. Es un soldado de Cristo que lo imita, se deja llevar y capitanear por Él.

2. La soledad es esencial para un monje. En su carta a Heliodoro le reprocha: Traduce la palabra monachus: ese es tu nombre. ¿Qué haces entre la muchedumbre, tú que eres un solitario? Y, en la misma carta, hablando del desierto: ¡Oh desierto adornado con las flores de Cristo! ¡Oh soledad donde tienen su origen las piedras de las que habla el Apocalipsis, con las que se construye la ciudad del gran Rey! ¡Oh tierra yerma donde se goza de la familiaridad de Dios! [11]

3. Ama profundamente el desprendimiento y la pobreza. De esta manera hace elogio de la conversión y la pobreza de santa Blesila: Antes, nuestra viuda gastaba mucho tiempo en engalanarse, mirarse en el espejo y cuidar su espléndida cabellara rubia a manos de jovencitas esclavas… Ahora se conforma con ir cubierta con un velo, vestir túnica parda, llevar un ceñidor de lana y calzar zapatos de material tosco. Antes, le parecía duro echarse en colchones de pluma… Ahora duerme en el suelo… [12]

4. Un punto sobre el que san Jerónimo evoluciona claramente es sobre la vida en comunidad. Si su ideal monástico pasó en su juventud, como hemos visto, por el eremitismo estricto, en la edad madura se decanta por las ventajas de la vida cenobítica, pues no en vano, a partir de su llegada a Belén no abandonará ya más esta forma de vida.

5. Si el monacato occidental tomaría de san Benito su ora et labora, aquí san Jerónimo incluye al binomio la lectura. Orar, leer y trabajar será las tareas principales del monje. Pero entre ellas pondera las dos primeras, que es lo propio del monje. Se lo presenta así a la virgen Eustoquia en la carta dirigida a ella: Sea tu custodia lo secreto de tu aposento y allí dentro recréese contigo tu Esposo. Cuando oras, hablas a tu Esposo; cuando lees, Él te habla a ti [13]. Los textos sobre la importancia que da a la lectura asidua de la Sagrada Escritura son abundantísimos. Pondré aquí sólo una frase muy conocida de una carta a un clérigo, Nepociano: … Lee con frecuencia la Sagrada Escritura. Mejor dicho, ten siempre en tus manos las lecturas santas… [14]

6. A pesar de lo que la iconografía nos presenta, no es san Jerónimo amante de la penitencia excesiva sino que la sobriedad es su meta: … Su comida sean hortalizas y harinas y rara vez algunos pececillos. Coma de manera que siempre se quede con hambre y que después de las comidas esté en condiciones normales para leer, orar y salmodiar. Me desagradan sobre todo en las personas de pocos años, los ayunos prolongados y excesivos durante semanas y semanas sin probar el aceite y la fruta. La experiencia me ha enseñado que cuando el asno va extenuado busca el pesebre de la cuadra… [15]

¿Y todos estos consejos para qué? ¿Para qué malgastar tiempo en oración, trabajo, lectura, ascesis… Dejemos responder al propio san Jerónimo que nos da una lección magistral de vida teologal en la antes mencionada carta a santa Eustoquia: … Todo esto que aquí he reunido parece duro al que no ama a Cristo… Pero nada arredra al que lo ama. Amemos también nosotros a Cristo y todo lo difícil se nos hará fácil. Tendremos por breve todo lo que es largo, y, heridos por su dardo, diremos a cada momento: ¡Ay de mí, que se ha prolongado mi peregrinación! [16]

Ilustración 12. Última comunión de san Jerónimo.  Domeniccino. Museos Vaticanos.

Ilustración 12. Última comunión de san Jerónimo. Domeniccino. Museos Vaticanos.

2.5. Una vida que da fruto
Ya nunca dejaría más Belén nuestro santo. Sus últimos años serán muy fructíferos en la producción epistolar, de traducción y comentarista. De ellos tenemos sus mejores, sensibles y más cuidadas obras. De su muerte, precedida por las de santa Paula y su hija, tenemos pocos datos fiables, aunque sí una historia novelada por fr. José de Sigüenza [17] y una imaginativa y rica iconografía (ilustración 13). Su muerte es fechada por la mayoría de los estudiosos el 30 de septiembre del 420. Sus restos, fueron depositados, como él quería, en la cueva de Belén. Siglos más tarde serían trasladados a Roma, a la basílica de Santa María la Mayor [18], donde están actualmente.

Las vicisitudes de la historia hicieron que los monasterios fundados por san Jerónimo desaparecieran probablemente antes del s. VII, siglo en que Palestina fue invadida por los eslavos, los ávaros, los persas, y finalmente los musulmanes. Toda Tierra Santa fue arrasada y los cristianos martirizados, y difícilmente sobrevivirían estos cenobios en esas condiciones. Pero, de aquel martirio y su fruto nos habla el ya mencionado fr. José de Sigüenza: … bebió la tierra la sangre de aquellos gloriosos monjes y ermitaños, primero de san Jerónimo, y después mártires de Jesucristo, y como río caudaloso, que se esconde, por lo secreto de sus entrañas largo espacio, y torna después con nueva claridad y frescura a aparecer a nuestros ojos: así tornó al mundo cerca de los años 1350 esta sagrada religión [19].

Se refiere aquí a la aparición de grupos de ermitaños que, bebiendo de la espiritualidad jerominiana, intentan imitar al santo de Belén buscando a Cristo en la soledad y el silencio. De estos primeros monjes ermitaños surgiría algunos años después la Orden monástica de san Jerónimo (masculina y femenina) y, derivadas de ésta, un par de congregaciones femeninas de vida activa: Jerónimas de la Adoración y Jerónimas de Puebla. Su historia ha alternado épocas de gloria y otras de penalidades, pero todos ellos no han perdido de su punto de mira a la figura de su santo patrón y su rica espiritualidad.

David Jiménez


[1] S. Jerónimo. Comentario al profeta Ezequiel.
[2] F. Moreno. San Jerónimo. La Espiritualidad del desierto, pág. 28
[3] San Jerónimo. Carta a Eustoquia (22, 30)
[4] San Jerónimo. Carta a Rústico (125, 12)
[5] San Jerónimo. Carta a Eustoquia, (22, 7)
[6] Fr. José de Sigüenza. Vida de San Jerónimo Doctor Máximo de la Iglesia.
[7] San Jerónimo. Carta 108.
[8] F. Moreno. San Jerónimo. La Espiritualidad del desierto, pág. 83
[9] Fr. José de Sigüenza. Vida de San Jerónimo Doctor Máximo de la Iglesia, pág. 474 y ss
[10] Fr. Ignacio de Madrid, OSH. Orando en el monte con Cristo. San Jerónimo y la Orden Jerónima, pág. 5
[11] San Jerónimo. Carta 14
[12] San Jerónimo. Carta 38, 4
[13] San Jerónimo. Carta a Eustoquia, (22)
[14] San Jerónimo. Carta 52
[15] San Jerónimo. Carta 107
[16] San Jerónimo. Carta a Eustoquia, (22)
[17] Fr. José de Sigüenza. Vida de san Jerónimo Doctor Máximo de la Iglesia, pág. 571
[18] Benedicto XV. Encíclica Spiritus Paraclitus
[19] Fr. José de Sigüenza. Historia de la Orden de san Jerónimo, pág 5.

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San Miguel del Milagro: la aparición del Arcángel en Tlaxcala, México

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Imagen de San Miguel venerada en su Santuario, en Nativitas, Tlaxcala, México. Tomada de Flickr cortesía de Rodolfo de Guadalupe.

Imagen de San Miguel venerada en su Santuario, en Nativitas, Tlaxcala, México. Tomada de Flickr cortesía de Rodolfo de Guadalupe.

Es conocido que del arcángel San Miguel se narran varios hechos milagrosos como apariciones, las más importantes sin duda las del Monte Gargano y Saint-Michel, pero existe otra aparición de este arcángel no tan famosa como las dos anteriores pero reconocida como tal y que además a diferencia de estas otras dos aun conserva su liturgia propia que hace referencia a esta aparición, me refiero a la aparición de San Miguel en territorio mexicano a un indígena de nombre Diego Lázaro de San Francisco en la región de Nativitas, Tlaxcala.

Según nos dice la leyenda un 8 de mayo de 1631 (otras versiones dicen que un 25 de abril), el indígena de nombre Diego Lázaro de San Francisco de aproximadamente 17 años de edad iba en una procesión (las otras versiones dicen que en honor a San Marcos), cuando iban pasando por el sitio llamado la barranca de Tzopiloatl (Agua de Zopilotes, lugar que decían era habitado por demonios), se le apareció el arcángel San Miguel y le habló de esta manera: “Has de saber, hijo mío, que yo soy San Miguel arcángel, vengo a decirte que es voluntad de Dios y mía que digas a los vecinos de este pueblo y de su contorno que, en una quebrada que hacen dos cerros y es aquella que está frente a este lugar, hallarán una fuente de agua milagrosa para todas las enfermedades, la cual está debajo de una peña muy grande. No dudes de lo que te digo ni dejes de hacer lo que te mando”.

Pero Diego Lázaro no atendió a la solicitud del arcángel y dice la leyenda que al poco tiempo enfermó gravemente al grado de estar agonizando. Al estar en cama un día un resplandor invadió la habitación donde se encontraba postrado el indio y los familiares que se encontraban acompañándolo salieron asustados [1], esta fue la segunda aparición de San Miguel en esta le devolvió la salud y lo llevo a una quebrada cerca del pueblo en el que habitaba, el arcángel le refirió que en ese sitio se encontraba la fuente de agua que le había dicho, que debía anunciarle a todo el pueblo sobre esas aguas que traerían salud a los enfermos y remedio para los necesitados, en caso de no hacerlo le vendría un castigo por su desobediencia.

"La aparición de San Miguel arcángel a Diego Lázaro y el milagro del pocito", óleo/tela, Luis Barruecos, Museo Soumaya.

“La aparición de San Miguel arcángel a Diego Lázaro y el milagro del pocito”, óleo/tela, Luis Barruecos, Museo Soumaya.

Diego Lázaro se dirigió posteriormente a Tlaxcala para comunicar el mensaje del arcángel a las autoridades pero estos no le creyeron, entonces Diego Lázaro acompañado de su familia, en el lugar encontraron una enorme roca que tapaba el sitio, entre los cuatro intentaron moverlo pero sin conseguir nada; de repente apareció un joven muy hermoso que con solo poner sus manos sobre la roca esta se movió para después desaparecer misteriosamente de la misma forma como había llegado, Diego Lázaro y su familia cavaron con las manos y al poco rato broto el agua.

Después de encontrar la fuente de agua Diego Lázaro se dirigió a la fiesta de San Diego de Alcalá y durante la misa sintió que una mano lo apaleaba fuertemente y al volver a su casa estaba ya muy enfermo, se le apareció de nuevo San Miguel y le instó a que cumpliera con sus ordenes de manifestar a todos de las bondades del agua de aquella fuente milagrosa.

El indio ante las advertencias de San Miguel tomo un poco del agua y se la llevó al obispo de Puebla, don Gutiérrez Bernardo de Quiroz, quien escucho el relato de Diego Lázaro y le prometió que lo investigaría. El Obispo envió el agua que distribuyera entre los enfermos del Hospital Real; los que tomaron del agua de San Miguel recobraron de inmediato la salud. Esto llevó a que el obispo de Puebla mandara a construir una ermita en el sitio y poner una imagen de San Miguel, posteriormente su sucesor el Beato Juan de Palafox y Mendoza decretó la construcción del actual Santuario de San Miguel del Milagro y una capilla para el pocito de agua, debido en especial a que el Beato le tenía gran devoción a San Miguel y solía visitar frecuentemente el Santuario.

Algo que se debe destacar en el caso de la aparición de San Miguel es que muchos investigadores lo ven como otro caso para extirpar las antiguas prácticas en la región y explicare a que se debe.

El dios alado del maíz adorado en el sitio arqueólogico de Cacaxtla en el municipio de Nativitas, Tlaxcala, cercano al Santuario de San Miguel.

El dios alado del maíz adorado en el sitio arqueólogico de Cacaxtla en el municipio de Nativitas, Tlaxcala, cercano al Santuario de San Miguel.

Muy cercano al pueblo donde actualmente se encuentra el Santuario de San Miguel se encuentra el sitio arqueológico de Cacaxtla famoso por sus murales y que perteneció al grupo de los olmecas xicalancas [2]; en los murales se representa al dios del maíz el cual curiosamente es representado con alas en referencia a las aves que son las que se encargan de diseminar las semillas por la tierra, todo parece indicar que esta era la deidad de más culto en esta ciudad que era la más importante de los olmecas xicalancas, esto pudo llevar a que a la llegada de los misioneros quisieran terminar con este culto y decidieran buscar un “equivalente” cristiano a este dios del maíz y lo encontraron en otro ser alada como san Miguel, bien se sabe que este tipo de acciones fue muy común durante la época colonial, y la aparición del mismo ayudo muchísimo a lograr este cambio de culto a los santos cristianos.

La aparición de San Miguel del Milagro además forma parte de las cuatro apariciones mexicanas junto a la de Nuestra Señora de Guadalupe, Nuestra Señora de Ocotlán y Nuestra Señora de las Nieves de Ixpantepec y a la vez junto con estas dos últimas forma parte de las apariciones que según los historiadores es copia de la aparición de la Virgen de Guadalupe a San Juan Diego y sin duda tiene especial relación con la de Ocotlán no sólo por haber sucedido en el mismo territorio de Tlaxcala si no por la coincidencia en los milagros.

Capilla del pozo de San Miguel donde según la leyenda le ordeno cavar a Diego Lázaro para que al salir el agua la diera a los enfermos.

Capilla del pozo de San Miguel donde según la leyenda le ordeno cavar a Diego Lázaro para que al salir el agua la diera a los enfermos.

El caso de la aparición de San Miguel sucede exactamente 100 años después de la de Guadalupe que acaeció en 1531 y la de San Miguel en 1631, del mismo modo la de Ocotlán fue en 1541, la coincidencia de fechas es notable. El nombre en los videntes se repite Juan Diego, Juan Diego Bernardino y Diego Lázaro de San Francisco, en todos los casos la Virgen o San Miguel pide se avise al pueblo y autoridades eclesiásticas sobre su aparición y además existe el milagro del pozo de agua, que curiosamente en los casos de Ocotlán y San Miguel es lo más destacable y en el caso de Guadalupe aunque no lo más recordado también existe la leyenda tardía referente a este mismo milagro. Todo esto ha llevado a que los investigadores lleguen a la conclusión de que las leyendas referentes a las imágenes de San Miguel y Ocotlán no se tratan más que de una copia de la leyenda guadalupana.

En muchas ocasiones el pozo de San Miguel se ha secado lo que ha llevado en un principio a los devotos a pensar que se debía a “los pecados de los hombres” y también a “que se le ha dado mal uso al agua de San Miguel”, existe un mayordomo encargado del cuidado del pozo y que es quién la distribuye a los peregrinos, se cuentan muchos los milagros en este Santuario donde se celebra al arcángel y su aparición el 8 de mayo y el 29 de septiembre en una gran romería llena de peregrinos y fieles que se acercan a agradecer los favores concedidos.

André Efrén


[1] Otra de las versiones al contrario no es tan “sobrenatural” pues nos dice que un joven extranjero llegó al pueblo de Nativitas donde estaba Diego Lázaro enfermo y entró en su casa para visitarle y al estar frente a este le revelo que era San Miguel que había ido a instarlo para cumplir sus ordenes y buscar el agua, curiosamente esta versión recuerda mucho la imagen que se nos presenta de San Rafael en el libro de Tobías. Esta otra versión ha hecho surgir un sentimiento local pues se dice que es el único sitio “donde San Miguel caminó por sus calles”.
[2] Estos olmecas no deben ser confundidos con los olmecas históricos conocidos como “la cultura madre” y que habitó la región de Veracruz y Tabasco, los olmecas xicalancas son un grupo posterior a los olmecas históricos y que se desarrolló en el área de Puebla y Tlaxcala, específicamente en Cholula, destacando el cerro donde está el Santuario de los Remedios que es una pirámide de esta cultura y el sitio de Cacaxtla en Tlaxcala. Los olmecas xicalancas se piensa fueron influenciados por los mayas y la cultura náhuatl.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Siervo de Dios fray Antonio Alcalde y Barriga

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Lienzo-retrato del Siervo de Dios. Fotografía de Francesco Lay.

Lienzo-retrato del Siervo de Dios. Fotografía de Francesco Lay.

Introducción
La ciudad de Guadalajara, Jalisco, en México es también la sede de la Arquidiócesis del mismo nombre. Entre los hombres ilustres que han pastoreado esta Iglesia local y que han dejado grata memoria, refulge como un astro brillante en medio de la oscuridad Don Fray Antonio Alcalde y Barriga, XXVI Obispo de esta sede y gran benefactor de la humanidad. La obra de este hombre es determinante para que la ciudad y la diócesis tuvieran un progreso y un crecimiento social, científico y religioso.

Infancia
Nació en la Villa de Cigales, en la Provincia y Diócesis de Valladolid, en España. Vio la primera luz el 14 de marzo de 1701, siendo el cuarto y último hijo de José Alcalde e Isabel Barriga; fue bautizado en la Parroquia de Santiago de esa villa el 3 de abril del mismo año, recibiendo las aguas lustrales por ministerio de su tío paterno, de quien heredaría el mismo nombre: Antonio Alcalde; los hermanos de este niño se llamaban Fernando, Pedro e Inés; tuvo una familia dedicada la labranza, la ganadería y otras artesanías, sin ser ricos, tuvieron lo suficiente para tener lo necesario para vivir.

El 29 de julio del año en que nació, falleció su madre Doña Isabel Barriga y Balból; aunque la crianza que tuvo no se debió a unas maternales manos, su crecimiento se desarrolló en un hogar con ambiente cálido. En sus primeros años ya se desempeñó como pastor del ganado y cuidador de las tierras de labranza; recibió la primera educación de su propio padre Don José Alcalde, que lo forjó como hombre de bien, inculcándole un profundo sentido religioso, el apego a la tradición de la familia, el amor a la naturaleza, la honradez, la generosidad y respeto a los demás; y de su tío Antonio Alcalde, quién percibiendo su talento y capacidad intelectual lo impulsó para completar su educación académica, lo que provocó el despertar de una vocación religiosa.

Vocación
Con quince años cumplidos, Antonio sintió la llamada del señor y decidió abandonar el terruño para dedicarse al servicio de Dios en los hermanos. Su elección cayó en el convento dominico de San Pablo, en el que fue admitido al examinar su sincera vocación. En 1718 recibió el hábito de Fraile Predicador y continuó con esmero el estudio de las disciplinas eclesiásticas. En 1725 recibió el orden sacerdotal y ya ordenado, se dedicó por cuatro décadas al ministerio de la enseñanza. En 1751 fue nombrado prior del convento de Santo Domingo en Zamora. A partir de 1753, y por nueve años, desempeñó la misma función en el convento de Jesús María o de Nuestra Señora de Valverde, cercano a Madrid. Allí consolidó su formación religiosa y humanística, que le hizo comprender la magnitud de los cambios culturales, políticos y económicos de España y de la Europa de su tiempo. Estos conocimientos le fueron de gran utilidad cuando llegó a América.

Pintura que se ha colocado sobre su sepulcro en el Santuario de Guadalupe.

Pintura que se ha colocado sobre su sepulcro en el Santuario de Guadalupe.

El fraile de la calavera
Fue en este lugar, próximo a la corte, donde sucedió un evento que trastocaría definitivamente la vida del fraile dedicado a la investigación, la enseñanza y la predicación. Un domingo de julio de 1760 andaba de casería por las cercanías de Valverde el Rey Carlos III, quien fatigado por las correrías de esa jornada, eligió el convento de Jesús María para tomar un descanso en dicho convento, que tenía fama de observar rigurosamente la regla y las constituciones de la orden.
Al ingresar al vestíbulo, dado que la visita real no estaba programada, el fraile portero recibió sin ceremonia al monarca y su séquito; el real personaje decidió ocupar la mejor estancia, y se dirigió a la celda del prior. Los enseres de este lugar eran pobre, sencillos y sin ningún lujo, unas tablas formaban el lecho, un cilicio adornaba la pared, una silla y una mesa sobre la que había unos libros, un crucifijo y una calavera. La impresión del lugar, tuvo un mayor crecimiento cuando se presentó ante él el prior, que daba traza de no vivir en este mundo, sino que estaba de paso.

Muy fija quedó en la mente del monarca la personalidad de Fray Antonio Alcalde y la profunda sensación de la calavera en su celda, pues días después, cuando se le informó de la muerte de Fray Ignacio Padilla y Estrada, Obispo de Yucatán, en México, le dijo a su ministro que se había presentado ante él para suplir la sede vacante en virtud del regio patronato para las Indias, a quién había referido el incidente de Valverde: “Nombre usted al fraile de la calavera”.

Simultáneamente y sin presagiar el destino que se estaba preparando en la corte para el prior de Valverde, los dominicos nombraron a Fray Antonio Alcalde prior del convento de Santa Cruz de Segovia, el más venerable y antiguo de la orden, fundado por Santo Domingo de Guzmán. Ya estaba se estaba disponiendo Fray Antonio a tomar posesión, cuando recibió la real cédula en que se le nombraba Obispo electo de Mérida, Yucatán, con fecha de 18 de Septiembre de 1761.

Obispo de dos sedes
Apenas enterado de esta circunstancia, Fray Antonio Alcalde suspendió su marcha a Segovia y consultó con el superior de su orden si aceptaba o rechazaba la mitra. Fray Tomás de Boyander, que así se llamaba el Superior, le aconsejo que aceptara. El 29 de enero de 1762, el Papa Clemente XIII firmó la Bula en la cual autorizaba su consagración episcopal, en tanto el Rey Carlos III autorizó el paso del religioso a México.

Entrada del Hospital Civil, con dedicatoria del Siervo de Dios sobre ella.

Entrada del Hospital Civil, con dedicatoria del Siervo de Dios sobre ella.

Llegó a la ciudad episcopal el 1 de agosto de 1763 con más de sesenta años encima, su labor episcopal abarcaba además de Yucatán, Campeche, Tabasco, Quintana Roo, aparte de Belice y Guatemala; debió enfrentar un clima extremo, limitados recursos económicos, de pésimas o inexistentes vía de comunicación, transporte deficiente y un idioma desconocido: el maya, sin embargo, uno a uno, fue venciendo estos obstáculos.

El 15 de octubre de 1765 fundó una cátedra de teología moral en el seminario conciliar y en 1768 solicitó al monarca ya mencionado que se erigiera una real y pontifica universidad en el Seminario, proyecto que se consolidó tiempo después.

Gran filántropo, Fray Antonio Alcalde dejó huella en estas tierras: en 1768 donó camas para sacerdotes pobres y una vasta enfermería para mujeres en el ya existente Hospital de San Juan de Dios, empleando para ello 20 000.00 pesos. En 1769 – 1770 una plaga de langosta asoló la diócesis, circunstancia narrada por él mismo: “Las circunstancias en que aquí nos hallamos son tan deplorables y universales que comprimen mi corazón y por todas partes me cercan como dolores de infierno sin menor consuelo; la plaga oscurece el sol, el hambre crece, las enfermedades aumentan, empieza la peste, especialmente en Tabasco, donde los cadáveres no caben en los templos, en la mayor parte de estas provincias, se tiene que ir a los montes en busca de frutas para sustento”.

Ante la adversidad, el Pastor no se dio por vencido, pues agotó las rentas del obispado adquiriendo 64 000.00 pesos de víveres de la Isla de Jamaica, los cuales depositó en graneros para distribuirlos ordenadamente entre tantos necesitados.

El 13 de enero al 26 de octubre de 1771 sesionó el episcopado mexicano en la capital de la Nueva España en el IV concilio provincial mexicano. Don Fray Antonio Alcalde tuvo destacada participación por su discreción y por la exposición de sus ideas claras y oportunas.

Guadalajara
Ya no regresó a Mérida, pues el Rey dispuso que cubriera la cátedra episcopal de Guadalajara, con sede vacante por la muerte de su titular el obispo Don Diego Rodríguez y Velazco, quién por cierto fue el único obispo americano, que se opuso a la arbitraria expulsión de los jesuitas en 1767, ocasionada por el absolutismo de la Corona Española. El obispo Alcalde tomó posesión de su nueva sede mediante un apoderado, el Canónigo Maestrescuelas Don Manuel Colón de Larreategui, el 19 de agosto de 1771. Desde la capital del virreinato dispuso lo que había que menester para encaminarse luego a su nuevo destino. El recorrido del trayecto de la ciudad de México a Guadalajara, que son 400 km, lo hizo en tres día a lomo de burro.

Monumento dedicado al Siervo de Dios en la plazuela del Santuario de Guadalupe.

Monumento dedicado al Siervo de Dios en la plazuela del Santuario de Guadalupe.

El obispo que llegó a Guadalajara el 12 de diciembre de 1771 era un hombre anciano, de complexión robusta, cabello gris, tez de un color blanco pálido, frente despejada, ojos negros, nariz aguileña y alto de estatura, sin embargo, acababa de cumplir setenta años, no pareciera ser el más apto para guiar el destino de una Diócesis con más de medio millón de almas , dispersas en un territorio que ocupaba Jalisco, Colima, Nayarit, Aguascalientes, Zacatecas, San Luis Potosí, Nuevo León y Coahuila, así como Texas y Luisiana; este panorama abrumador antes de desanimarlo lo llenó de ánimos y encendido fervor apostólico.

Personalidad
Don Fray Antonio Alcalde era afable, muy sencillo, manso de corazón y lleno de paz, candoroso, amable, dulce, con un buen humor, jovial, franco y muy comunicativo, su vida se fundamentó en cuatro virtudes: austeridad, estudio, caridad y oración, por eso fue hombre lleno de Dios, que amó lo bueno, lo bello y lo grande.

Vestía ropa fabricada en el país, su ropa interior era de manta, su cama era una sencilla zalea a ras del suelo y una tarima de madera era su almohada, en invierno usaba una tosca frazada; ayunaba siente meses al año, se alimentaba de legumbres y a veces, añadía un poco de carne. Pertinaz estudiante, robaba horas al sueño para aprender y actualizarse, decía: “La noche es para mí, el día para el público”.

Hombre de caridad útil al necesitado, todos sus ingresos económicos los empleó en limosnas para los pobres y la fundación de escuelas, hospitales, templos y conventos. Sus beneficiarios directos fueron los pobres, las viudas, los huérfanos, los desempleados, los enfermos, los estudiantes, los menesterosos. Supo ejercer la justicia y con libertad denunció y corrigió sin que la mano le temblara los abusos de las autoridades civiles y eclesiásticas.

Siempre educado, respetaba a todos los que se cruzaban en su camino. Como tenía un muy fino sentido del humor, sabía reírse de sí mismo. Con ingenuidad y agudeza corregía a los que se burlaban de él con guante blanco. Una de las ideas fundamentales que difundió Fray Antonio Alcalde fue la de señalar que si bien las leyes civiles toleraban la esclavitud, esta condición era contraria a la fe cristiana, pues considera que en esencia todos los hombres son iguales y nadie está autorizado para someter a otros.

Predicaba con el ejemplo más que con la palabra, eligió vivir pobre para ser uno más entre ellos, de las cuantiosas rentas apenas tomaba lo indispensable para costear su sobria vida y dar lo demás a los necesitados.

Vista de la fachada del Santuario de Guadalupe, creado por el Siervo de Dios Antonio Alcalde.

Vista de la fachada del Santuario de Guadalupe, creado por el Siervo de Dios Antonio Alcalde.

La fuente de su fortaleza se debe buscar en su gran amor a la Eucaristía, su sólida piedad, su gran vida de oración, la limpieza de corazón y su profundo amor a la Santísima Virgen María; pese a que la Guadalajara del siglo XVIII padecía las secuelas del absolutismo español, estos tiempos de relajación sirvieron para que el espíritu de los primitivos pastores de la Iglesia se suscitara en la persona del Obispo de Guadalajara. El 10 de octubre de 1775, con todo y su edad, a pesar de sus achaques y las limitaciones de su época, determinó visitar su extensa diócesis.

Hay que hace notar que durante la época de la Colonia, había pocos Obispados. Las causas de ello, además de las vías de comunicación tan lentas y el tiempo para tramitar tan largo, así como los engorrosos trámites ante la Corona y la Santa Sede, era el que los Obispos no querían dejar de percibir las entradas de los diezmos, que por entonces se recibía en especie, monetario y bienes muebles e inmuebles. Fray Antonio no dudó en solicitar la fragmentación de su Diócesis, de la que se desprendieron otros dos obispados: Linares, hoy Monterrey, en Nuevo León y la de San Miguel de Culiacán, en Sinaloa.

Tampoco tuvo empacho en romper la hegemonía de una sola Parroquia de la Ciudad, la del Sagrario Metropolitano. (Cuyo edificio también se comenzó a construir durante su ministerio y con el apoyo de su peculio, en el lugar donde ahora se levanta el actual edificio) Creó dos más: la del Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe al Norte y la de San Juan Bautista de Mexicaltzingo al Sur.

El Hospital de San Miguel de Belén
Cuando Fray Antonio Alcalde llegó a Guadalajara, los servicios sanitarios eran atendidos en dos lugares: en el Hospital de San Miguel, atendido por los frailes betlemitas en una antigua y deteriorada construcción ubicada donde ahora se ubica el popular mercado Corona. El otro lugar se hallaba en un convento al oriente de la ciudad, atendido por la orden hospitalaria, por eso el río que estaba allí y que ahora yace entubado debajo de la calzada Independencia se llamaba de San Juan de Dios.

Vista de la urna que contiene el corazón del Siervo de Dios.

Vista de la urna que contiene el corazón del Siervo de Dios.

Así pues durante su episcopado y hacia 1786, la Nueva Galicia soportó una pérdida de cosechas seguida por la hambruna y una mortal epidemia que por sus síntomas se llamó la bola. Los muertos por día sumaban decenas, los espacios para los enfermos eran insuficientes, pronto los fallecidos sumaron casi la mitad de los habitantes de la ciudad conmovido por estos eventos y advirtiendo que el hospital en medio de la ciudad era un foco de infección, Fray Antonio ofreció al Ayuntamiento costear un hospital siempre y cuando, la real audiencia de la Nueva Galicia lo permitiera. Se aceptó la propuesta y el Ayuntamiento cedió un terreno al noreste de la ciudad, este lugar estaba acondicionado para atender mil enfermos y en caso de necesidad hasta dos mil. El Obispo Alcalde colocó la primera piedra en 1781, invirtió en esta obra 265,169 pesos, no vio concluida su terminación, pero garantizó su conclusión con un legado de 266,008.00 pesos y las rentas de 158 casas que mando edificar cerca de la Parroquia del Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe.

El hospital de San Miguel de Belén se inauguró el 3 de mayo de 1794 y la leyenda en la entrada principal perpetúa la memoria del fundador: “Fray Antonio Alcalde a la Humanidad Doliente”. Actualmente este hospital, llamado popularmente Hospital Civil, atiende a todas las personas que no tienen recursos económicos no solo de la zona metropolitana de Guadalajara y del interior del Estado, sino de una zona regional muy amplia del país. Hacia 1990 se pensó construir otro complejo hospitalario ante la insuficiencia de este lugar y darle otro destino, que tiene incluso dentro de sus instalaciones la facultad de medicina de la Universidad de Guadalajara y el servicio médico forense. Aún así con la torre de especialidades que se construy y el Hospital de la Mujer recientemente construido, los servicios hospitalarios siguen siendo insuficientes. El antiguo y benemérito hospital sigue en funciones.

Urbanista
Su amplia labor y humanitaria tuvo visión sin limites, realizó un experimento sin precedente en la ciudad Hispanoamérica que aventajo en mucho los proyectos gubernamentales para dotar de casa a los ciudadanos: la construcción de 158 viviendas populares bautizadas como las Cuadritas. Esta empresa tuvo un triple origen: dotar al Hospital de San Miguel de Belén en construcción de rentas, favorecer el crecimiento de la ciudad muy desarrollada al sureste y al poniente, pero desierta al norte, y abatir la carencia de vivienda para las clases populares. En esta magna obra el siervo de Dios invirtió 240,835.00 pesos. De esta magna obra sólo subsiste una reliquia, ubicada en la Av. Fray Antonio Alcalde 576, que después de un cuidadoso proceso de restauración sirve como albergue para los familiares que tienen enfermos en el Hospital Civil.

También alentó la creación de la primera zona industrial de Guadalajara, ya que a instancias suyas se instalaron muchas tenerías en el barrio del Retiro, aledaño al del Santuario de Guadalupe.

Vista del letrero que recubre la hornacina que contiene el corazón del Siervo de Dios.

Vista del letrero que recubre la hornacina que contiene el corazón del Siervo de Dios.

Promotor de la Educación
Por aquellos años el atraso cultural y la ignorancia de todos los tapatíos era impresionante, por esta razón otra de sus obras con trascendencia fue la educación. El 23 de abril de 1783 construyó una escuela de primeras letras con la capacidad de recibir trescientos alumnos en el barrio de las cuadritas, cuyos destinatarios principales eran los niños. Las niñas también se vieron favorecidas con la construcción de un beaterio o colegio dedicado a Santa Clara, en el predio oriental al Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, donde hoy se halla el Palacio Federal.

Gracias a su recia personalidad y por su esfuerzo, se creó el 18 de noviembre de 1781 la segunda Universidad del País, muy a pesar de la hasta entonces única Real y Pontificia Universidad de México. La educación superior en la Nueva Galicia fue atendida por casi 200 años por los religiosos de la Compañía de Jesús, primero en el colegio de Santo Tomás (donde hoy está la Biblioteca Iberoamericana ) casi a la par del Seminario Conciliar de San José.

En 1750 el Ayuntamiento de Guadalajara comisionó al Licenciado Matías Ángel de la Mota Padilla para gestionar ante la Real Audiencia de la Nueva Galicia la erección del plantel con fundamento en la distancia que había hasta la ciudad de México, pero no se obtuvo algún avance. En 1758, otro gestor, Tomás Ortiz de Landázuri gestionó en Madrid, otros trámites, sin embargo, la demora continuó.

En 1774 el Rey Carlos III interrogó al Virrey de la Nueva España, Al Presidente de la Real Audiencia de Nueva Galicia, al Obispo de Guadalajara, a la Real y Pontificia Universidad de México, al Cabildo civil de Guadalajara, sobre la conveniencia o prejuicios de este establecimiento. Los cuestionados avalaron el proyecto, excepto la Universidad de México, que argüía ser autosuficiente para satisfacer las necesidades intelectuales de la Nueva España. Afortunadamente se vencieron muchos trámites y dificultades para obtener de Rey el decreto de la erección de la Universidad de Guadalajara.

Cabe referir que en 1992, al celebrarse el bicentenario de la muerte de Don Antonio Alcalde, la Universidad de Guadalajara y la Arquidiócesis de Guadalajara firmaron un convenio en el cual la Universidad de Guadalajara reconocía los estudios de Bachillerato, conforme al plan y programa de estudios de esa Casa de Estudios, a los seminaristas diocesanos, que hasta entonces no tenían reconocimiento de validez oficial por parte del Estado y que en caso de abandonar los estudios eclesiásticos, sí serían validos como antecedente académico previo para estudiar alguna licenciatura.

Otra vista de la urna que contiene el corazón del Siervo de Dios.

Otra vista de la urna que contiene el corazón del Siervo de Dios.

Un obispo guadalupano
Este obispo tuvo un muy grande amor a la Santísima Virgen de Guadalupe, razón por la cual construyó un magnifico templo en su honor, pues esta advocación mariana tenía un hondo arraigo en la ciudad neogallega. A estos motivos se unió el Ayuntamiento de Guadalajara, para manifestar a la Virgen Santísima en su prodigiosa imagen de Guadalupe, la gratitud por su protección ante los repetidos y fuertes temblores sentidos en esos últimos años. Ya se refirió también como entró en Guadalajara precisamente el 12 de diciembre de 1771, para demostrar su particular afecto a la Morenita del Tepeyac, y para poner bajo su protección su ministerio episcopal.

La primera piedra del templo la colocó el señor Alcalde el 7 de enero de 1777 y el costo de la obra corrió por su cuenta, se invirtió en ella 240 835.00 pesos, en cuatro años de construcción. Ningún otro templo tapatío empleó tantos recursos en tan poco tiempo, esta iglesia se dedicó al culto en enero de 1781 y en julio de 1782 fue erigida parroquia. En su momento fue el templo más suntuoso de Guadalajara, pues el siervo de Dios lo dotó de todo lo necesario para el culto. Tuvo muchas alhajas, cuyo peso en oro excedían los cinco kilogramos y de plata que llegaban hasta las ciento setenta obras de arte como pinturas y esculturas, ornamentos y otros artículos le formaban un rico tesoro, que desgraciadamente se perdieron en épocas turbulentas, Fray Antonio Alcalde quiso tanto este santuario, que en él pidió ser sepultado.

Lleno de méritos vivió su pascua el 7 de agosto de 1792. Su sepulcro se halla en el muro poniente del presbiterio de este Santuario que también resguarda los restos mortales de los Beatos mártires Anacleto González Flores y Miguel Gómez Loza. Ningún Obispo había hasta entonces y lo ha hecho hasta entonces, de pedir ser sepultado fuera de la Catedral. Además del cariño que sentía por Nuestra Señora de Guadalupe y su santuario, quiso ser sepultado entre su gente de esta manera especial. Su epitafio, traducido del latín dice: “Aquí yacen en paz las cenizas de quien fue consigo generoso y con los demás. Con largueza, dispuso para Dios, culto; para los enfermos, medicina; para los niños y niñas, educación; para las doncellas, tutela; para el pueblo, viviendas, y para todos, consuelo eficaz: el venerable Obispo, Ilustrísimo Señor don Fray Antonio Alcalde, quien murió el 7 de agosto de 1792”.

El poeta mexicano Manuel Gutiérrez Nájera escribió sobre él: Era español, pero no de la raza de los conquistadores, sino de la raza de misioneros… y cuentan los que de cosas místicas entienden que el alma de Fray Antonio no quiso entrar al cielo, no hubiera sido dichoso entre los dichosos, está invisible en el hospital de Belén.

Vista del sepulcro del Siervo de Dios.

Vista del sepulcro del Siervo de Dios.

Fray Antonio Alcalde es considerado como el más grande benefactor de la urbe tapatía. Han existido voces que propusieron sin lograrlo y tal vez sea mejor, conforme al espíritu de este hombre, que la ciudad se llame Guadalajara de Alcalde, De hecho, la calle principal de la metrópoli que pasa afuera de la Catedral, se denominó precisamente Fray Antonio Alcalde. Esta calle iniciaba su tramo en el Convento de San Francisco, por tal motivo, la calle se llamaba “San Francisco” y al llegar a Catedral cambiaba de nombre por “Santo Domingo” porque terminaba en el convento de este Santo donde hoy se levante el templo de San José de Gracia. Dicha calle es ahora el eje Fray Antonio Alcalde – 16 de septiembre.

Un monumento de cantero se ha erigido para honrarlo en la Plazuela que está frente al Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, el más alto que se ha erigido en la ciudad. Si bien el monumento a los Niños Héroes de Chapultepec, es el más alto de la ciudad, ninguna estatua de prócer alguno le aventaja en tamaño. Otro monumento más reciente se le erigió frente a la entrada principal del Hospital Civil de Guadalajara con motivo del bicentenario de su muerte en 1992. En esa fecha, dicho nosocomio recibió el nombre de su Fundador: Hospital Civil Fray Antonio Alcalde. Algunas colonias también lo conmemoran: Jardines Alcalde, Alcalde Barranquitas y un popular parque recreativo tiene su nombre: Parque Alcalde.

Durante la gestión del Gobernador de Jalisco Don José de Jesús Gonzalez Gallo, un gran admirador de Don Antonio Alcalde, de 1947-1953, se modernizó el centro de la ciudad, destruyéndose mucho patrimonio arquitectónico como consecuencia de este proyecto, que contempló entre otras cosas, una cruz de plazas, dejando la Catedral Metropolitana en el corazón de la misma. En la plaza norte se derrumbó el Santuario de Nuestra Señora de la Soledad para construir en ella un monumento para los Hombres Ilustres de Jalisco. La idea principal de este propósito era depositar en ese lugar los restos mortales del Obispo Alcalde. Cuando se hizo la gestión ante el Arzobispo de Guadalajara, Don José Garibi Rivera, el primer cardenal mexicano, se cuenta que no aceptó la propuesta y respondió: “No, porque estaría rodeado de malas compañías”.

Detalle del monumento dedicado al Siervo de Dios en la plazuela del Santuario.

Detalle del monumento dedicado al Siervo de Dios en la plazuela del Santuario.

Este monumento, llamado la Rotanda de los Hombres Ilustres, se llamó así hasta hace unos pocos años, ya que solamente eran hombres los sepultados en ella, por esta razón, se le conoció en forma de burla, “El Club de Tobi”, en referencia a la historieta de dibujos de la Pequeña Lulú, en la que los niños no dejaban entrar a las niñas en ese espacio. En los últimos tiempos se han depositado en ella los restos mortales de dos mujeres: Irene Robledo García, Fundadora de la Escuela de Trabajo Social de la Universidad de Guadalajara, y con motivo del bicentenario del inicio de la Lucha de la Independencia Nacional, los restos de Doña Rita Pérez de Moreno, esposa del Insurgente Pedro Moreno, quien también trabajó por la causa.

Si es cierto lo que dijo el Cardenal Garibi sobre las malas compañías, algo tuvo de razón, pues en ese lugar ni están todos los que son ni son todos los que están. Hay líderes sindicales con dudoso derecho a ocupar un espacio y también está allí sepultado el General Manuel Macario Diéguez, Gobernador del Estado y furibundo perseguidor de la Iglesia durante la persecución religiosa. Dígase lo mismo sobre el anticlerical José Guadalupe Zuno, Gobernador del estado y curiosamente, refundador de la Universidad de Guadalajara.

La causa de Canonización se abrió en 1994, habiéndose paralizado lamentablemente por falta de interés y de promoción. En este año de 2013 el actual promotor de la Causa, el P. Tomás de Hijar Ornelas ha retomado con energía la causa, promocionando el avance de la misma y aprovechando que el actual Párroco del Santuario de Guadalupe, Don José Guadalupe Dueñas Gómez, ha tomado bastante interés en que sea esta parroquia el centro de la promoción. Se ha invitado a que intervengan también al Hospital Civil y la Universidad de Guadalajara.

Un agradecimiento a las RR. MM. Clarisas Capuchinas de la Purísima Concepción, que permitieron tomar las fotos de la reliquia del corazón del Siervo de Dios, que se resguarda en el monasterio de esta ciudad.

Humberto

Bibliografía
– HIJAR ORNELAS, Tomás; CEJA Gabriela, Fray Antonio Alcalde y Barriga a 300 años de su nacimiento. Semanario Arquidiocesano de Guadalajara, Órgano de Formación e Información Católica, 3 de junio de 2011.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San Antimo de Iberia

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Fresco ortodoxo rumano de San Antimo de Iberia.

Fresco ortodoxo rumano de San Antimo de Iberia.

San Antimo de Iberia (en rumano: Antim Ivireanul, en georgiano: ანთიმოზ ივერიელი – “Antimoz Iverieli”) es uno de los más importantes jerarcas de Rumanía, teólogo y filçósofo, impresor de libros litúrgicos y bíblicos, metropolita de Valaquia entre 1708-1715, y mártir de la fe.

Sus primeros años de vida
San Antimo nació en torno a 1650, en Iviria o Iberia, la actual Georgia, siendo Andrés su nombre de laico. Durante las guerras entre el imperio otomano y Georgia, fue llevado cautivo a Constantinopla. Liberado poco después, vivió cerca del Patriarcado Ecuménico, donde aprendió muchas artes, como el grabado de la madera, caligrafía, pintura y bordado. Tenía mucho talento al aprender idiomas, de modo que cuando conoció al voivoda Constantino Brâncoveanu de Valaquia, en torno a los años 80 del siglo XVII, el príncipe rumano, amante de la cultura y de las artes, debió quedar estupefacto ante la habilidad de Antimo para hablar griego, árabe y turco. Fue probablemente en Constantinopla donde Antimo fue ordenado monje y sacerdote.

Por 1689-1690, Antimo marchó a Valaquia, a la corte de Constantino Brâncoveanu. Allí aprendió dos lenguas más, el rumano coloquial y la lengua oficial, el viejo eslavónico, y en 1691 le fue confiada la máquina impresora que el voivoda tenía en Bucarest. Antimo empezó a imprimir aquí sus primeros cuatro libros, incluyendo unas “Enseñanzas del emperador bizantino Basilio II el Macedonio a su hijo León”, en griego; los servicios litúrgicos de Santa Parasceve (sus reliquias fueron traídas en 1641 por el voivoda moldavo Basilio Lupu a Iaşi) y de Gregorio de Decápolis (un Santo griego, pero cuyas reliquias están en el monasterio Bistrita, en Valaquia occidental); el libro de los Salmos en rumano y el “Evangheliar”, una antología de textos de los Evangelios que son leídos en la Liturgia durante el año entero, en edición bilingüe. Antimo se convirtió en el abad del monasterio Snagov, el convento donde se cree que el voivoda Vlad Tepes (“Drácula”) está sepultado. Antimo estuvo muy pronto familiarizado con la máquina de imprimir, un artilugio muy raro en sus tiempos, de modo que se la llevó al monasterio. Allí imprimió quince libros, parte en griego, parte en rumano, pero no sólo eso. Entre ellos debe mencionarse la “Confesión Ortodoxa” de Pedro Movila, metropolita de Kiev (1699), que fue uno de los catecismos ortodoxos de la Edad Media y la primera confesión oficial de la fe tras las “Enseñanzas de la Fe” escritas por San Juan Damasceno 900 años antes. Otro libro importante es la edición bilingüe en árabe y griego del Libro de los Servicios Litúrgicos (similar al Misal Católico), que él imprimió en 1701, siendo el primer libro impreso en árabe del mundo y que pretendía usarse en el Patriarcado de Antioquía.

Mosaico del Santo en su monasterio de Bucarest (Rumanía).

Mosaico del Santo en su monasterio de Bucarest (Rumanía).

En 1699 Antimo envió al hipodiácono Mihail Ştefan, su aprendiz, a Alba Iulia en Transilvania, donde imprimió “Bucoavna” (“Lector del ABC”) y “Chiriacodromion” (“Libro de predicación”) para el uso de los cristianos ortodoxos rumanos de Transilvania. Antimo estaba acostumbrado a su nuevo país, pero no había olvidado de dónde procedía. Así que envió a Mihail Ştefan a Georgia, donde creó la primera máquina de imprimir en 1709 e imprimió la primera edición de los cuatro evangelios en georgiano, en 1710.

Después de 1701, Antimo regresó a Bucarest, donde imprimió otros quince libros en sólo cuatro años, la mayoría en griego, pero no todos. Entre ellos, había una edición bilingüe en griego y árabe del Libro de Horas y la primera edición rumana completa del Nuevo Testamento (1703).

Obispo y metropolita
El 16 de marzo de 1705 Antimo fue elegido obispo de Râmnic en Valaquia occidental (hoy, Râmnicu Vâlcea). Por supuesto, se llevó consigo su querida máquina de imprimir y la instaló en el monasterio Govora, situado no lejos de su cátedra de obispo. Durante su cargo de no menos de tres años, imprimió otros nueve libres (esta vez sólo en rumano, eslavo y griego, para uso local). Entre ellos estaba su propia obra “Breves enseñanzas sobre el misterio del arrepentimiento” (1705). Antimo ofreció en 1706 esta máquina impresora, junto con los caracteres árabes que él había creado, al patriarca Atanasio Dabas de Antioquía, que la instaló en Alepo.

El 28 de enero de 1708 fue elegido metropolita de Valaquia. Con la ayuda de Pedro Movilă de Kiev, instaló una nueva máquina de imprimir en la vieja capital, Târgovişte, donde imprimió 18 libros. Esta vez predominaban los que estaban en rumano (unos once), y entre ellos, unas “Enseñanzas de la Iglesia para diversas necesidades y especialmente para instrucción de los sacerdotes” (1710) y “Mandamientos para todo el clero de la Iglesia” (1714); ambos escritos por él mismo para revivir la vida ritual y especialmente la moralidad del clero. Otros libros, todos en rumano, fueron impresos para cubrir las necesidades de cada parroquia de su diócesis, como el Salterio, el “Octoih” (Libro de los 8 Tonos), “Lithurgier” (Misal), “Evhologhion” (libro de servicios especiales, como los 7 sacramentos, servicios de funerales y Requiem y otras oraciones) o “Catavasier” (un libro de himnos para ser cantados en las vísperas y mañanas de las grandes fiestas).

Fresco del Santo en la catedral de Râmnic, Rumanía.

Fresco del Santo en la catedral de Râmnic, Rumanía.

Esta gran acción de imprimir libros misales en rumano ayudó no sólo a revivir la vida litúrgica en Valaquia, sino también a la unificación de la lengua rumana, que todavía no estaba estandarizada y que se usaba raramente durante los servicios litúrgicos, debido a que el clero conservador prefería el griego antiguo o el antiguo eslavo. Sus libros se difundieron también en Transilvania y Moldavia. Es interesante el hecho de que el texto de la Divina Liturgia de Juan Crisóstomo en su “Liturghier” (Misal) es casi el mismo que hoy en día usa la Iglesia Ortodoxa Rumana, y la lengua no se percibe como antigua o imposible de entender. Este hecho es todavía más interesante si consideramos que el rumano no era su lengua materna.

La nueva máquina de imprimir fue trasladada en 1715 a Bucarest, donde él pudo imprimir otros dos libros en griego hasta su deposición, en septiembre de 1716. En total, Antimo imprimió 63 libros en 24 años y es considerado, junto con el diácono transilvano Coresi de Braşov (finales del siglo XVI) uno de los hombres de cultura más importantes en la Edad Media rumana.

Además de sus obras impresas, escribió otros trabajos que han permanecido manuscritos, a veces con miniaturas y borradores. Uno de ellos habla de las figuras bíblicas del Antiguo y Nuevo Testamento. En cualquier caso, el trabajo más importante de Antimo es su “Didache”, que comprende 28 sermones para diversas fiestas y 7 discursos ocasionales. La lengua empleada por Antimo es la de un nativo rumano. Muestra su habilidad cultural citando la Biblia, la literatura patrística, pero también la antigua filosofía y los escritos profanos. Sus sermones eran a veces muy críticos con la moral de sus tiempos, que extrañamente llegan a situaciones contemporáneas. En cualquier caso estos sermones fueron muy duros y dirigidos contra las clases nobles, lo que pudo haber causado su encarcelamiento, exilio y muerte.

El monasterio de Antimo en Bucarest
Antimo fundó también un monasterio dedicado a Todos los Santos en Bucarest (1713-1715), hoy día conocido como “Monasterio Antimo” y situado en el centro de la capital. Es uno de los más destacados monumentos arquitectónicos, escultóricos y pictóricos en Valaquia, y fue durante un largo tiempo un importante centro cultural. Hoy acoge la Biblioteca del Santo Sínodo y hasta 1950 el Santo Sínodo de la Iglesia Rumana se reunía allí. Antimo escribió una especie de testamento llamado “Enseñanzas para el establecimiento del Santo Monasterio de Todos los Santos en 32 capítulos”, que establece el inicio de una impresionante labor de caridad. Cada año en la fiesta de Todos los Santos (que es el primer domingo después de Pentecostés) los monjes del monasterio Antimo ayudan con dinero y otros materiales a muchas personas pobres, especialmente jóvenes chicas pobres que están para casarse.

Vista del monasterio Antimo en Bucarest (Rumanía). Fotografía: Mitrut Popoiu.

Vista del monasterio Antimo en Bucarest (Rumanía). Fotografía: Mitrut Popoiu.

El martirio de San Antimo
Antimo amaba su nuevo país, pero luchó fuertemente contra los malos hábitos que él calificaba de “indignos de cristianos” (indiferencia por la vida espiritual, por el ayuno y la comunión, los pequeños hurtos, los chantajes, engaños, intrigas, etc). Entretanto, mantuvo una abierta política anti-otomana y especialmente contra la corrupción que era permitida, e incluso alentada, por los otomanos entre los vasallos rumanos. En 1714 algunos nobles lo acusaron de conspiración contra Constantino Brâncoveanu. El voivoda de Valaquia lo encarceló durante un corto período de tiempo, pero, convencido de su inocencia, lo restituyó a su cargo.

En 1716, Constantino Brâncoveanu murió en Constantinopla como mártir de la fe y víctima de complots locales. Antimo no resistió en su cargo mucho tiempo después de él. Nicolás Mavrocordatos, el primer voivoda “fanariot” (llamado así porque no era un nativo local, sino un griego de El Fanar, un barrio de Constantinopla) exigió que Antimo fuera depuesto. Así que el único metropolita georgiano de Valaquia fue depuesto por el patriarca de Constantinopla, encarcelado y poco después exiliado al monasterio de Santa Catalina del Sinaí. En cualquier caso, mientras se dirigía hacia el Sinaí, los soldados otomanos que lo escoltaban lo asesinaron y arrojaron su cuerpo en Maritsa o el río Tundja, en algún lugar entre la actual frontera entre Bulgaria y Turquía. Se afirma que su asesinato fue ordenado por el mismo Mavrocordatos. Sólo algunos años después de su muerte martirial, el Patriarcado Ecuménico canceló la injusta deposición y lo rehabilitó.

Veneración
San Antimo fue un gran hombre de cultura. Amó a su patria adoptiva y la fe ortodoxa, y luchó por la causa de los creyentes ortodoxos imprimiendo libros en la lengua local, enriqueciendo las parroquias con libros litúrgicos y escribiendo él mismo diferentes libros morales para el clero. A través de sus sermones a menudo criticó la injusticia y la falta de moralidad. Nunca aceptó los malos hábitos que fueron para él “indignos de un cristiano” y abiertamente criticó las políticas y la inmoralidad sin miedo. Su actitud fue incómoda para muchos, que finalmente lograron su destitución y enviarlo al exilio. Su muerte se considera una muerte martirial por la fe. El metropolita Antimo fue canonizado muy tarde por la Iglesia Ortodoxa Rumana, en 1992. Es conmemorado cada año el 27 de septiembre, a pesar de que este día puede no ser exactamente el día de su muerte. La Iglesia georgiana lo conmemora el 13 de junio.

Vista del monasterio Snagov (Rumanía), donde el Santo fue abad.

Vista del monasterio Snagov (Rumanía), donde el Santo fue abad.

Troparion (himno) del Santo
Santo padre jerarca Antimo, tú has puesto pastores y maestros para tu grey con honor y has desbordado los ríos con tus santas palabras con divina sabiduría. Has dado tu vida por tus ovejas y has obtenido la corona del martirio por Cristo, ¡a quien, por favor, ruégale, Santo padre jerarca Antimo, que dé paz y gran misericordia a los que te conmemoramos!

Mitrut Popoiu

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San Flaviano y Santa Filomena en la Sierra Norte de Puebla, México

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San Flaviano mártir en Tlatlauquitepec, Puebla.

San Flaviano mártir en Tlatlauquitepec, Puebla.

Pregunta: Saludos y felicidades por tan interesante página, mi duda con respecto a San Flaviano surge con su investigación acerca de los corposantos y una mía acerca de mi pueblo de origen: Tlatlauquitepec. En esta población se encuentra este tipo de relicario dedicado a San Flaviano, según una fuente, este corposanto fue traído gracias al cura Ambrosio López del Castillo desde Roma y contiene sus reliquias, ¿es posible que en verdad sean sus reliquias?, además ¿quien fue este santo?. Otra duda surge con respecto a Santa Filomena, pues en el pueblo cercano de Hueyapan existe un corposanto dedicado a ella, ¿sería posible que también contenga alguna reliquia? Ante su respuesta gracias.

Respuesta: Gracias a ti por tus comentarios y un saludo de regreso. Como sabes, el tema de los corposantos ha dado lugar a muchos debates y aún se requiere más investigación para conocer estos relicarios tan especiales. Los casos que nos comentas son similares a varios que ya hemos expuesto aquí en el blog y solamente haré algunas precisiones. Comenzaré hablando sobre San Flaviano.

San Flaviano se encuentra resguardado en una capilla de la iglesia del ex convento franciscano de Santa María de la Asunción, en Tlatlauquitepec, Estado de Puebla, México. Como bien señalas, se trata de un cuerpo relicario o corposanto, elaborado en cera. De acuerdo con la fotografía que nos compartes, en la urna se puede leer S. FLAVINVS M. N.P., las últimas siglas significan que posee “nombre propio”, esto significa que el nombre real del mártir aparecía en la lápida que cerraba su tumba.

Ambrosio López del Castillo. Tomado de: http://www.vivetlatlauqui.mx/historia/attachment/cura-ambrosio/

Ambrosio López del Castillo. Tomado de: http://www.vivetlatlauqui.mx/historia/attachment/cura-ambrosio/

Tú nos comentas que fue Ambrosio López del Castillo quien lo trajo, y aumentando un poco la información que proporcionas, he encontrado una referencia acerca de este hecho. En el Diario de un cura de pueblo y la relación de los señores curas que han servido la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción de Tlatlauqui, escrita por el señor cura don Ramón Vargas López, el texto señala que:

“Y últimamente, con el cuerpo de este santo mártir [San Flaviano] y reliquias que le fueron enviadas por nuestro santo Padre, que desde Roma, que desde Roma hizo venir, costéandolo todo el digno cura de su peculio particular”. [1]

Si Ambrosio López del Castillo ejerció su curato entre 1856 y 1864, San Flaviano llegó en una fecha indeterminada entre estos dos años y fue donado por el papa Pío IX, cuyo pontificado abarcó hasta el año de 1878. Lamentablemente no contamos con la auténtica que seguramente acompañó a este cuerpo relicario, documento con el que sería posible saber de qué catacumba se extrajeron los restos o en qué fecha llegó a tierras mexicanas.

Respondiendo a tu pregunta, de acuerdo con los datos que ya tenemos, sabemos que las reliquias de San Flaviano, (aunque no se precisa si es la osamenta completa o solamente algunos huesos) fueron extraídas de alguna catacumba romana, donadas por el papa Pío IX y traídas a México por solicitud del cura Ambrosio López del Castillo. No debemos confundirlo con ninguno de los Flavianos del santoral (San Flaviano de Constantinopla, San Flaviano de Montefiascone, etc.), pues se trata de un santo de catacumba. Además de su nombre y el vas sanguinis que acredita su muerte violenta, no podemos tener más datos sobre su vida.

Un rasgo interesante es que la urna de San Flaviano se encuentra cubierta por un “antependio”: una pintura del mártir en su urna, que se abre para revelar al relicario. La pintura reproduce con exactitud la urna actual, pintada de rojo y dorado y con un pequeño cortinaje, así como la postura del mártir, que lleva una mano en el pecho y la otra sosteniendo la palma del martirio. El vas sanguinis se puede apreciar a sus pies, aunque en la foto actual no es completamente visible debido a los floreros que lo adornan.

Antependio de San Flaviano mártir. Fotografía cortesía de Eduardo Limón.

Antependio de San Flaviano mártir. Fotografía cortesía de Eduardo Limón.

Santa Filomena. Gracias a las fotografías de Catedrales e Iglesias de México, pude conocer esta imagen. Es la segunda patrona del poblado de Hueyapan, Estado de Puebla, México y su festividad se celebra el 11 de agosto. Se encuentra resguardada en capilla propia.

El Diario de un cura de pueblo… menciona que fue Ambrosio López del Castillo quien inició la construcción de la capilla de Santa Filomena y de su ornato: “En el pueblo de Hueyapan, a las continuas exhortaciones y excitaciones que se ha hecho, se debe la continuación del templo de Santa Filomena, para cuyo culto y mejor ornato, se ha comprado un precioso ornamento”. [2]

Podemos inferir que para cuando Ambrosio López del Castillo llegó al curato de Tlatlauquitepec, ya existía un culto a Santa Filomena, aunque carecía de capilla propia. Observando las fotografías podemos ver que cuentan con dos imágenes: la que se encuentra en el altar mayor y una réplica más pequeña para uso procesional.

Santa Filomena en Hueyapan, Puebla. Fotografía cortesía de "Catedrales e Iglesias".

Santa Filomena en Hueyapan, Puebla. Fotografía cortesía de “Catedrales e Iglesias”.

Analizando la escultura me parece que se trata de una “imagen yacente” réplica de Santa Filomena de Mugnano del Cardinale, Italia, y no de un corposanto o cuerpo relicario. Recordemos que la devoción a esta virgen y mártir cobra gran importancia durante el siglo XIX, por lo que no resulta extraño encontrar réplicas de su imagen en otros sitios del mundo, por ejemplo: Santa Filomena en Guadalajara, Jalisco, México; o Santa Filomena en Gaillac, Francia. Para conocer la historia de esta célebre Santa, te invito a leer los siguientes artículos.

En conclusión, San Flaviano es un auténtico mártir de catacumba, traído desde Roma por el cura Ambrosio López del Castillo, elaborado en cera, presenta la marca simbólica del martirio y está acompañado por la palma del martirio y el vas sanguinis, elemento que inequívocamente nos señala que tuvo una muerte violenta. Santa Filomena en Hueyapan se trata solamente de una imagen yacente que no posee reliquias (hasta donde podemos saber debido a que no tenemos contacto directo con las personas que la resguardan), no posee vas sanguinis ni otro elemento que nos indique que se trata de un cuerpo relicario. Es importante señalar que no todos las esculturas yacentes de mártires son relicarios, algunos solamente reproducen la imagen sin que obligatoriamente resguarden reliquias.

Santa Filomena en Gaillac, Francia. Fotografía de Montserrat Báez.

Santa Filomena en Gaillac, Francia. Fotografía de Montserrat Báez.

Galería de fotografías de Santa Filomena.

MontseB


[1] Diario de un cura de pueblo y la relación de los señores curas que han servido la parroquia de nuestra señora de la asunción de tlatlauqui, escrita por el señor cura don ramón Vargas López, Investigación, transcripción paleográfica, estudio preliminar, notas y edición (con la colaboración de Ramiro Navarro de Anda) de Ernesto de la Torre Villar, México, Universidad Nacional Autónoma de México, Dirección General de Publicaciones y Fomento Editorial, Instituto de Investigaciones Históricas/ Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Instituto Nacional de Antropología e Historia/Gobierno del Estado de Puebla, Secretaría de Cultura de Puebla/ Universidad de las Américas, Puebla, 2006, p.126.
[2] Ibid., p.156

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es