¿Son auténticas las reliquias de San Lucas veneradas en Padua?

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Sarcófago de mármol que se encuentra en la Basílica de Santa Justina de Padua, dentro de la cual está la caja de plomo con los restos del evangelista.

Sarcófago de mármol que se encuentra en la Basílica de Santa Justina de Padua, dentro de la cual está la caja de plomo con los restos del evangelista.

Sí que lo son y vamos a escribir hoy sobre este interesante tema, que durante muchos años trajo de cabeza a multitud de historiadores, pero cuyas dudas se resolvieron cuando el obispo de Padua, monseñor Mattiazzo, decidió abrir el sepulcro y realizar una exhaustiva investigación de los restos contenidos en el mismo. Esta decisión se tomó, en parte, a instancias del metropolita ortodoxo de Tebas, en Beocia (Grecia), monseñor Hieronimus, que deseaba tener una reliquia del evangelista en aquella ciudad, donde fue primitivamente sepultado y que se expresaba en estos términos: “Creemos que estas celebraciones acercarán a los fieles de las dos diócesis, hará más profunda la fraternidad entre los dos obispos y ayudarán en el camino del ecumenismo”. El propio obispo de Padua lo explicaba en estos términos: “El arzobispo de Tebas no tenía ninguna duda de que las reliquias veneradas en santa Justina pertenecían a San Lucas. Yo formé una comisión histórica para examinar la consistencia de esta antigua tradición e inmediatamente, nos dimos cuenta de que era necesario también un examen científico. Escribí al cardenal Miloslav Vlk, arzobispo de Praga, pidiendo prestada la reliquia del cráneo para realizar ulteriores comprobaciones e informé a la Santa Sede sobre la petición del arzobispo de Tebas y sobre la conveniencia de realizar ese examen científico. La Congregación para las Causas de los santos, tras consultar a la Secretaría de Estado y al Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos, dio su aprobación”.

Antes de seguir con la lectura de este artículo, aconsejo a quien no lo haya hecho, lea el artículo que en su día escribimos sobre la vida y martirio de este santo evangelista y apóstol. En aquel artículo, algo dijimos sobre su muerte, aunque en este vamos a aportar algún dato más.

Sarcófago de San Lucas en Tebas (Grecia).

Sarcófago de San Lucas en Tebas (Grecia).

Sabemos que San Lucas era de origen sirio, médico de profesión y discípulo del apóstol Pablo. Es el escritor del Tercer Evangelio y del Libro de los Hechos de los Apóstoles, pero muy probablemente no conoció físicamente a nuestro Señor. Acompañó a San Pablo a Roma y después del martirio del apóstol, poco más se sabe de él.

En el conocido “Prólogo antimarcionista”, escrito por un escriba anónimo a finales del siglo II en un códice del Nuevo Testamento, se dice que San Lucas padeció martirio a principios de ese siglo en Tebas de Beocia, cuando tenía ochenta y cuatro años de edad. Allí se conserva un sarcófago de mármol vacío que se considera su primera sepultura. San Jerónimo, en el siglo IV, manteniendo la edad del apóstol, dice que sufrió martirio en Bitinia y San Gaudencio de Brescia insinúa que fue en Patras, hecho que actualmente nadie admite.

En el “De viris illustribus” III, 7,6, se dice que en tiempos de Constantino, su cuerpo y el de San Andrés fueron llevados a Constantinopla; allí, junto con el cuerpo de San Timoteo, fue puesto en la Basílica de los Santos Apóstoles y cuando Justiniano reconstruyó esta basílica en el año 527, fueron encontrados los tres, según nos lo confirma Procopio de Cesarea (De aedificiis I, 4, 18-23). Existen diversos testimonios de la Edad Media que hablan del traslado del cuerpo del evangelista, desde Constantinopla hasta la península italiana a fin de sustraerlo de la profanación de Juliano el Apóstata o de que el traslado lo realizó San Urio (sacerdote que también está sepultado en la basílica de Santa Justina de Padua, donde se encuentra San Lucas) en el siglo VIII, a fin de salvarla de los iconoclastas. Junto con los restos de San Lucas, se trajo también los de San Matías apóstol.

Quiero aquí recordar que los restos de San Matías se encuentran repartidos entre la Basílica romana de Santa María la Mayor, la padovana de Santa Justina y la abadía benedictina de su nombre en la alemana ciudad de Trier. De todos modos, los historiadores no se ponen de acuerdo en la fecha exacta del traslado, pero ya veremos más adelante cómo las investigaciones realizadas a los restos también aportan luz en este sentido. Estos restos ya habían sido reconocidos canónicamente con anterioridad, siendo los reconocimientos más importantes los realizados en el año 1354 por orden del emperador Carlos IV; en el año 1463 para determinar si este era el auténtico cuerpo de San Lucas y no uno venerado en Venecia, que resultó ser falso y también en el año 1562 a fin de ponerlo a la veneración de los fieles.

Reliquia del cráneo de San Lucas en Praga (República Checa).

Reliquia del cráneo de San Lucas en Praga (República Checa).

La cabeza correspondiente al esqueleto localizado en Padua, se encuentra en Praga desde el día 9 de noviembre del 1354, como un regalo de Carlos IV. El Vaticano decía poseerla dentro de un bellísimo relicario dorado, desde el pontificado de San Gregorio Magno, pero las investigaciones han demostrado que esta “reliquia” no pertenece al esqueleto de Padua, luego no pertenece a San Lucas. A un pequeño fragmento del cráneo existente en el Vaticano, se le realizaron también las pruebas del radiocarbono 14, registrándose una datación del año 420 al 540, luego esta es una prueba científica fehaciente de que esa reliquia no es la auténtica.

Hechas estas consideraciones previas, digamos que el 17 de septiembre del año 1998, fue abierta el arca de mármol que contiene los restos del evangelista y que se encuentra a la izquierda del crucero de la Basílica padovana de Santa Justina. Estaban presentes representantes de ambas diócesis – Padua y Tebas – y algunos monjes del Monte Athos. Dentro del arca, se encontraba una caja de plomo, de 180 x 48 x 40 centímetros, con un esqueleto sin cabeza. Según documento acreditativo, esta caja de plomo había sido encontrada en el cementerio de la abadía de Santa Justina, el día 14 de abril del año 1177. Estos restos óseos, la caja de plomo y otros restos fósiles encontrados en la misma, fueron analizados por diversos equipos técnicos, pertenecientes a múltiples disciplinas científicas: genetistas, historiadores, biólogos, médicos forenses, antropólogos, etc., coordinados por el anatomopatólogo italiano Vito Terribile Wiel Marín, que entre otras cosas, determinaron lo siguiente:

1. El esqueleto corresponde a un individuo anciano de sexo masculino, de una estatura de 163 centímetros, que sufría de osteoartritis debido a la edad y que demostraba que había sufrido episodios cíclicos de desnutrición (Mariantonia Capitanio, Wiel Marin, Raffaele Scapinelli y Luigi Capasso). Al esqueleto no sólo le faltaba la cabeza, sino también, el cúbito derecho y el astrágalo izquierdo.

2. El estudio del ADN mitocondrial extraído de dos dientes descarta que el cuerpo perteneciese a una persona de origen griego y muestra muy probablemente su origen sirio (Guido Barbujani).

Apertura de la caja de plomo el día 17 de septiembre del año 1998 y exposición posterior de las reliquias.

Apertura de la caja de plomo el día 17 de septiembre del año 1998 y exposición posterior de las reliquias.

3. Realizadas las pruebas del radiocarbono 14, por parte de dos laboratorios de Tucson y Oxford, se puede determinar que el esqueleto pertenece a un individuo que vivió en la segunda mitad del siglo I o inicios del siglo II (Gianmario Molin).

4. El cráneo conservado en la catedral de San Vito de Praga y que a instancias de monseñor Mattiazzo fue llevado a Padua para comprobar su autenticidad, pertenece al esqueleto de la basílica de Santa Justina de Padua, ya que existe una articulación perfecta entre este cráneo y el atlas (primera vértebra cervical); “la articulación cráneo-atlas, se considera altamente específica, del tipo llave-cerradura”. Esto demuestra que el cráneo que San Gregorio Magno depositó en la basílica vaticana, era un cráneo de otro esqueleto diferente, lo que pudiese demostrar que a finales del siglo VI, el cuerpo del evangelista no estaba sepultado en la Basílica de los Apóstoles de Constantinopla, bien porque había sido trasladado previamente a otro lugar o bien porque nunca estuvo en Constantinopla. El cráneo de Praga y el esqueleto de Padua son del mismo individuo. Asimismo, al comprobarse que el sarcófago de Tebas se ajusta perfectamente a las medidas de la caja de plomo de Padua, es verosímil descartar que el cuerpo de San Lucas fuera llevado a Constantinopla.

5. El esqueleto es contemporáneo de la caja de plomo en la que se encontraba, como lo demuestran la presencia de dípticos carroñeros fosilizados en cerusita (carbonato de plomo producto de la alteración del metal) y los análisis isotópicos del plomo y de las monedas encontradas junto al hueso de la pelvis (Sergio Zangheri y Gianmario Molin). Asimismo, la existencia de elementos óseos más pequeños demuestra que el esqueleto se descompuso rápidamente, ya que fue depositado dentro de la caja plúmbea desde el momento de su muerte. O sea, en la caja de plomo se depositó el cadáver poco después de su muerte y no los huesos.

6. Como he dicho anteriormente, dentro de la caja de plomo se encontraron numerosas monedas de distintas épocas, la más antigua de las cuales es del tiempo del emperador Maximiano. Esto quiere decir que, además de los tres reconocimientos canónicos que mencioné con anterioridad, la caja de plomo había sido abierta en algunas otras ocasiones antes del siglo VI.

Dentro de esta caja fue transportada la caja de plomo con las reliquias desde Tebas hasta Padua.

Dentro de esta caja fue transportada la caja de plomo con las reliquias desde Tebas hasta Padua.

7. El descubrimiento dentro de la caja de numerosos esqueletos de serpientes típicas del Valle del Po, que datadas por el método del radiocarbono 14 las fechan entre los años 410-545, demuestra que en esa época, la caja estaba en el norte de Italia (Padua) pues los colúbridos habían penetrado en ella a través de tres agujeros existentes en la parte inferior de la misma caja y allí dentro murieron durante el período de letargo debido a unas inundaciones, ya que la caja de plomo estuvo depositada en los siglos V y VI, en una zona susceptible de ser inundada (Benedict Hall). Se determinaron tres niveles de inundación y unos agujeros causados probablemente por el proceso natural de la corrosión del plomo. Este hecho descarta la hipótesis de que las reliquias fueron llevadas a Padua por parte de San Urio (siglo VIII).

8. El análisis palinológico de los fósiles de polen existentes fuera de la caja, muestran una palinoflora representada por plantas autóctonas de Padua, mientras que el análisis realizado al polen encontrado dentro de la caja, indican la presencia de especies típicas del Mediterráneo (pino y abeto griegos), pero ausentes en Padua (Arturo Paganelli). Luego puede deducirse que la caja con los restos del evangelista fueron llevadas directamente desde Grecia hasta Italia.

9. La caja de plomo contenía en su exterior residuos de hierbas y larvas de insectos que se alimentan de granos (Sergio Zangheri y Paul Fontana). Esto da verosimilitud a la hipótesis de que la caja de plomo pudo estar en algún momento en un almacén o transporte de grano, como pudiese ser un buque de carga. De hecho, la caja fue transportada desde Oriente hasta el norte de Italia y, muy probablemente, por mar.

Apertura de la caja de plomo el día 17 de septiembre del año 1998 y exposición posterior de las reliquias.

Apertura de la caja de plomo el día 17 de septiembre del año 1998 y exposición posterior de las reliquias.

Esta caja de plomo que en el año 1313, por deseo del abad Mussato Gualpertino, se metió dentro del sarcófago de mármol, tenía marcados unos símbolos similares a tres cabezas de carnero, una especie de estrella de ocho brazos (una doble cruz grabada) y una inscripción con el nombre del santo en latín y en griego: “Huesos de Lucas el Evangelista”. Las características de la escritura y la terminología utilizada atentiguan que es un texto de la época imperial, desde luego, anterior al siglo IV. El análisis isotópico-geoquímico de las incrustaciones de cerusita en el esqueleto, en la cabecera de la caja y en la tapa son iguales entre sí. La composición isotópica del plomo nos permite identificarlo con el proveniente de algunas minas del Mediterráneo, minas que eran explotadas durante la época imperial. En cuanto a la doble cruz grabada es una combinación de dos cruces griegas, ajustadas exactamente en el mismo centro y recuerda la forma de una estrella judeo-cristiana de ocho terminaciones, símbolo que ya aparece en los osarios de la Palestina de los siglos I y II.

Una vez realizados todos los análisis, los restos se repusieron en la caja en el mes de mayo del 2001 y ésta se introdujo nuevamente en el arca de mármol. Todos estos estudios fueron recopilados por el Sagrado Colegio de Padua y presentados oficialmente el día 21 de enero del año 2004. El presidente del Comité Científico y los profesores Claudio Bellinati, Gianmario Molin y Mariantonia Capitanio concluyeron diciendo que no existía ningún elemento en contra de que aquel esqueleto fuera el del evangelista Lucas.

Pero, ¿cuál es la actitud de la Iglesia? Queda expresada por las palabras del padre Gianandrea Di Donna, secretario del Congreso realizado para exponer todos estos estudios: “Ciertamente, la ciencia no podrá decirnos con certeza absoluta si son las reliquias de San Lucas, pero podemos decir que los resultados obtenidos gracias a este estudio científico, no niegan, sino que confirman, la tradición secular respecto a los restos del santo evangelista”.

Reliquia enviada desde Padua a Tebas.

Reliquia enviada desde Padua a Tebas.

En esta web puede leerse en italiano una entrevista realizada al profesor Wiel Marín.

Antonio Barrero

Bibliografía:
“San Luca evangelista, testimone della fede che unisce”, Actas del Congreso Internacional, Padova, 16-21 Ottobre 2000.

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