Beatas Olimpia Bida, Lorenza Herasymiv y compañeras, religiosas mártires ucranianas

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Icono de los mártires católicos de Ucrania, entre los cuales destacan tres religiosas de las Hermanas de San José.

Icono de los mártires católicos de Ucrania, entre los cuales destacan tres religiosas de las Hermanas de San José.

Las Beatas que recordamos hoy forman parte de los mártires católicos ucranianos que sufrieron bajo el comunismo. Hasta el estallido de la Segunda Guerra Mundial existió en la localidad de Zöblen -perteneciente a la región de Lviv en Ucrania- la Casa Generalicia de la Comunidad de San José, de religiosas pertenecientes al rito bizantino católico. Después de la adhesión de los territorios occidentales de Ucrania a la Unión Soviética y con ella, la forzada liquidación de la Iglesia greco-católica, todos los monasterios de la comunidad fueron cerrados y diez de las hermanas fueron enviadas a los gulags -campos de trabajo- en la fría e inhóspita Siberia. Cuatro de ellas, entre las cuales estaban Olimpia Bida y Lorenza Herasymiv, morirían a causa de los maltratos y brutales condiciones del gulag, por lo que son veneradas como mártires y han sido beatificadas en 2001.

Una de ellas, la Beata Olimpia, en el siglo Olga (Olha, en ucraniano) Bida, había nacido en el año 1903 en el pueblo de Tsebliv, distrito de Lviv. Su familia tenía tres hijos. Olga se graduó de cuarto grado en la escuela primaria, y luego entró en las Hermanas de San José. A medida que pasaba el tiempo, ella hizo la profesión perpetua y se dedicó a trabajos de archivera. La obediencia a la comunidad la llevó a trabajar en la escuela de las zonas rurales de Zhuzhel, dedicándose a la educación cristiana de las niñas. Posteriormente, cuatro de sus alumnas se convirtieron en hermanas de la Comunidad de San José. En su vida religiosa, a lo largo de diversas ciudades y pueblos, desempeñó tareas como maestra de novicias, catequista (como ya se ha dicho) y también se dedicó a atender a ancianos y enfermos. Tenía un carisma especial para los jóvenes y personalmente se preocupó de la educación de diversas muchachas. En 1938, la hermana Olimpia fue elegida abadesa en Khyriv, y trabajó lo mejor posible para atender las necesidades sociales y espirituales de la gente a pesar de la presión comunista que pronto rodeó su trabajo.

Otra de ellas fue la Beata Lorenza, en el siglo Leocadia (en ucraniano, Leukadia) Herasymiv, había nacido el 31 de septiembre de 1911 en el pueblo de Rudnyky, distrito de Lviv. En 1931 había entrado en las Hermanas de San José, y en 1933 hizo sus primeros votos.

Fotografía de la Beata Olimpia (Olga Bida), religiosa mártir ucraniana.

Fotografía de la Beata Olimpia (Olga Bida), religiosa mártir ucraniana.

En el año 1939, en el momento de la entrada de las tropas soviéticas en el territorio de Ucrania occidental, se inició una ofensiva contra la intelectualidad local. Las monjas advirtieron que, si querían evitar ser arrestadas, tenían que quitarse los hábitos y volver a sus casas. Durante la ocupación nazi, los ciudadanos pasaban hambre y las hermanas se reunían para repartir comida a los hambrientos y para celebrar conjuntamente las oraciones. Pero posteriormente, con la aprobación de las autoridades soviéticas, comenzaron las deportaciones masivas de gente a Siberia, acusadas de apoyar al movimiento nacionalsocialista. Una vez más, hubo hambre, y de nuevo, Olimpia buscaba entre las cosechas algo de grano para distribuirlos entre las familias que tenían niños pequeños.

En 1946, las autoridades soviéticas recogieron la proclamación realizada en Lviv por el sacerdote Gabriel Kostelnik, de que parte del clero greco-católico rompía relaciones con la Santa Sede y pasaban bajo la jurisdicción del Patriarcado de Moscú. Quienes se opusieron a esta decisión fueron pronto arrestados y llevados ante la justicia. Se inició el cierre de todos los monasterios y la expulsión de los monjes. En Chyrowa, las monjas de San José pasaron a la clandestinidad, aunque sin dejar de vivir en el edificio del monasterio y de preparar a los niños a la Primera Comunión. La comunidad monástica y la parroquia eran atendidas en secreto por un monje basiliano, llamado Taras Bobkovich, que fue detenido en 1949, en la víspera de Navidad, mientras las hermanas horneaban el pan para la comunión y lo distribuían a los niños del pueblo, diciéndoles: “Por favor, tomad el pan como comunión que os da la Iglesia, para que lo comáis en la Natividad de Cristo.”

Pronto, las hermanas pasaron a estar bajo la supervisión de la NKVD -posteriormente llamada la KGB- la policía secreta soviética. Las monjas tuvieron que trabajar bajo la constante y atenta mirada de las “autoridades competentes”: venían repetidamente con una orden de registro, y se llevaban lo que querían, aconsejando a la religiosas que “desapareciesen”. Tras el cierre de las iglesias greco-católicas, las monjas comenzaron a asistir a la misa en el rito latino de la Iglesia Católica de la cercana ciudad de Dobromyl.

A principios de 1950, en una calle de la ciudad, se detuvo una camioneta cerca de las religiosas que pasaban. Bajaron hombres uniformados, que obligaron a las monjas a subir a la camioneta y sentarse. En la estación de policía dijeron a las detenidas que el NKVD tenía evidencias de actividades ilegales por parte de ellas; y para evitar la detención, les ofrecieron pasarse oficialmente a la jurisdicción del Patriarcado de Moscú. Pero ellas se negaron.

Fotografía de la Beata Lorenza (Leocadia Herasymiv), religiosa mártir ucraniana.

Fotografía de la Beata Lorenza (Leocadia Herasymiv), religiosa mártir ucraniana.

En una noche del mes de abril de 1950, fueron a buscarlas algunos agentes de seguridad. Las monjas estaban esperando la detención, por lo que los objetos de la iglesia y los iconos los habían repartido con antelación entre los laicos. Olimpia estaba realizando una oración general, en el cementerio, donde había cerca de un centenar de fieles. De repente, el cementerio fue rodeado por los agentes de la NKDV y las hermanas Olimpia, Gliceria, Lorenza, entre otras, fueron arrestadas por celebrar un acto ilegal y enviadas a un campamento en Borislav.

En el campamento, las hermanas dormían en el piso de cemento, aunque todavía con el hábito de monja. Los primeros diez días no les dieron comida y luego, sólo pan y agua. El 18 de marzo del 1950, la hermana Olimpia fue condenada al exilio indefinido en la región de Tomsk – “por actividades anti-soviéticas y proselitismo.” Junto con ella fueron enviadas las hermanas Lorenza, Gliceria, Areta y Macrina. El 12 de junio, las prisioneras fueron cargadas en vagones de tren, de manera ordenada y enumeradas según el apellido. Pero, en la estación, Olimpia tuvo la idea de decirles a los guardias que la hermana Lorenza tenía necesidad de ser atendida, por lo que les permitieron viajar juntas.

El viaje hacia Tomsk, Siberia, duró dos semanas. A su llegada, el 30 de junio de 1950, Olimpia hizo que a las tres monjas las inscribiesen como miembros de una misma familia, imaginamos que para evitar que fueran separadas. Desde Tomsk, fueron trasladadas al pueblo de Cherkasova en el barco “Bogdan Khmelnitsky”. Cherkasova era un lugar de tránsito, donde las monjas fueron alojadas durante cuatro días. Los barracones donde las alojaron estaban llenos, por lo que ellas mismas se tuvieron que buscar un sitio donde aposentarse, aunque de mala manera. Además, la guardia local las enviaba todos los días a trabajar en condiciones muy duras: en invierno, a cortar madera; y en verano, a segar el heno. Si querían obtener asistencia cuando estaban enfermas, tenían que recorrer doce millas para solicitar una cita con el médico en el pueblo vecino de Kapustin.

Los habitantes del lugar trataban con hostilidad a las hermanas, a las que consideraban como “enemigas del pueblo”. Las monjas trataban de orar por la mañana y por la noche, pues así lo prescribían las normas de la comunidad. Sor Olimpia escribió varias cartas a las hermanas que habían quedado en Ucrania, animándolas a mantenerse en la fe. A pesar de que estaba sometida a fuertes trabajos forzados, la hermana Olimpia intentó cumplir con sus obligaciones de superiora y organizó a sus monjas y a otras monjas encerradas en otros campos para que acudiesen a rezar juntas y a sostenerse unas a otras. Ella encontró la paz en el Señor el día 28 de enero de 1952, a la edad de 49 años: murió a causa de las enfermedades y del exceso de trabajo. Seis meses más tarde murieron por las mismas causas las hermanas Lorenza y Gliceria. En el caso de la Beata Lorenza, siempre había sido de salud delicada y cuando fue reubicada en Tomsk, la obligaron a compartir habitación con un hombre paralítico y tuberculoso, con el que nadie quería estar. En efecto, este enfermo le contagió la terrible enfermedad que acabaría matándola, pero ella nunca dejó de atender a sus oraciones y de cumplir con el trabajo manual requerido. Pacientemente soportó estas condiciones infrahumanas, hasta que murió. Un sacerdote greco-católico recorrió más de ochenta kilómetros para consagrar la tierra de sus tumbas.

Sepulcro de las Beatas Olimpia Bida y Lorenza Herasymiv, religiosas mártires.

Sepulcro de las Beatas Olimpia Bida y Lorenza Herasymiv, religiosas mártires.

Las hermanas de la Comunidad de San José pensaron dejar en Tomsk a las mártires de la fe. Después de la liberación de la Iglesia greco-católica ucraniana, comenzaron a reunir pruebas acerca de sus vidas y de su muerte. En junio de 2001, durante una visita a Ucrania, el papa San Juan Pablo II beatificó a las cuatro hermanas. En junio de ese año, fueron a Siberia para visitar el lugar del martirio algunas hermanas de la comunidad de San José, junto con un sacerdote católico griego de Novokuznetsk. Alexei Barannikova organizó una expedición al lugar. Las hermanas se reunieron en la estación de tren de Tomsk. El sacerdote Andrzej Duklevsky en su camioneta condujo hasta Harska a las hermanas. Los últimos treinta kilómetros para llegar a Harska, el coche tuvo que ser arrastrado por un tractor a causa del barro. En el cementerio encontraron las tumbas y mientras el sacerdote celebraba una liturgia, las monjas cantaban. Así, medio siglo después de la muerte de estas mártires, se rezó por ellas en sus tumbas.

Meldelen

Enlaces consultados (11/08/2013):
http://www.santiebeati.it/dettagl io/92949
http://www.vatican. va/news_services/liturgy/saints/20010626_beatif_ucraina_sp.html
http://www.vatican.va/news_services/liturgy/saints/ns_lit_doc_20010627_carneckyj_sp.html

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

14 pensamientos en “Beatas Olimpia Bida, Lorenza Herasymiv y compañeras, religiosas mártires ucranianas

  1. Me sorprendió que las beatas sean consideradas martires aunque no murieron de una forma violenta. Luego recordé que dentro del martirio hay diferentes clasificaciones y al volver a leer el Articulo del 25 de septiembre de 2012 lo entendi y creo que se podria considerar, con temor a equivocarme, su martirio como “Ex Acertatibus Et Vexationibusque Pro Fidei Quibus Perluit” pues es lo mas parecido a la forma como murieron las Beatas.
    Aunque me gustaria saber la opinón de un experto. Saludos.

    • Efectivamente, Jhonatan. Verás que la mayoría de mártires del comunismo, a diferencia de los del nazismo, no murieron por ejecución sino por la degradación sufrida en los campos de trabajo o en prisión. Los gulags, a diferencia de los campos de exterminio nazis, no buscaban liquidar a sus internos sino emplearlos como mano de obra, eso sí, sin ninguna preocupación por su bienestar; algo así como los campos de trabajo nazis, que también los había. Muchas veces, ni siquiera tenían que esforzarse mucho: las brutales condiciones de Siberia son bien conocidas por todos. Si no los mataban las palizas, el hambre o la falta de higiene y salubridad, lo hacía el frío.

      Sin embargo, eso sigue siendo martirio porque sufrieron y murieron a causa de su fe y por el apostolado y proclamación de Jesucristo. En el futuro, seguiré hablando de más mártires del comunismo y del nazismo, tanto católicas como ortodoxas, que las hay en cantidad.

  2. Muchas gracias, Ana Maria, por este artículo sobre las beatas Olimpia y Lorenza, muy desconocidas por estas tierras aunque muy veneradas por la Iglesia católica ucraniana de Rito Bizantino y por los religiosos redentoristas, ya que todos los hombres del grupo son de esa Congregación.
    Concuerdo contigo en la interpretación que das al significado de martirio, porque realmente sufrieron todas esas penalidades y murieron como consecuencia de ellas, por su condición de religiosas católicas.
    Recuerdo la ceremonia de su beatificación, realizada en Ucrania y en la que el Papa Juan Pablo II ofició en Rito Bizantino. Espero que algún día escribamos también, aunque sea de manera somera, sobre el resto del grupo, donde hay varios obispos.

    • Gracias, Antonio. Yo conocí a estas mártires por verlas mencionadas en el santoral de mi Evangelio de bolsillo, que se actualiza cada año con una nueva edición; y también, al poco tiempo, porque me enviaron unas estampas de ellas. Tengo una estampa de la Beata Olimpia y otra de la Beata Lorenza, los duplicados que he recibido los he distribuido entre otros coleccionistas, para que vayan siendo cada vez más conocidas. Espero que este artículo también suponga un avance en ese aspecto.

  3. Ana María

    Gracias por este artículo, grandes mujeres que por su fe “las consideraron peligrosas” y sin atender las obligaciones impuestas por aquellos que las rebutieron y sin atender sus obligaciones como religiosas resistieron firmes en la fe.

    ¿Sabes si sis reliquias ya fueron instaladas en alguna Iglesia o sigue ahí mismo en esos remotos lugares en sus sepulcros originales?

    ¿Tienes idea si continuó la vida en el monasterio en Ucrania mucho tiempo después aún de la muerte de estas beatas?

    Por último. Creo que hay un error en el párrafo que comienza “El viaje hacia Tomsk, Siberia …. con la fecha 1059.

    • Así es, el año es 1950, no 1059, lógicamente. Gracias por el aviso, se ve que he tecleado mal el número.

      Sobre lo que preguntas, imagino que las reliquias seguirán ahí, ya que no tengo más noticia al respecto. En el segundo caso, tengo entendido que la Congregación de las Hermanas de San José se mantiene hasta la actualidad. Serían ellas, precisamente, como digo en el artículo, las que decidieron no trasladar a las mártires y dejarlas en Tomsk. Así que la comunidad habrá perdurado hasta ahora.

  4. Gracias Ana Maria, no te quepa duda que este articulo es un gran avance para conocer a estas beatas tan poco conocidas ( yo ya lo e recomendado a varias personas), y es que muchas veces pensamos que en la época del comunismo no hay mártires; pero como podemos ver, fueron muchos.
    Estamos de acuerdo en que no sufrieron grandes y llamativas torturas, como por ejemplo la que vimos en el articulo de ayer, pero como dices los inhumanos trabajos, las pésima alimentación y el intenso frío, son un martirio que va desgastando poco a poco.
    Es sobrecogedor el testimonio de la Beata Olimpia que a pesar de estar en este campo de trabajo, siguió cumpliendo sus tareas de superiora, guiando a las hermanas, aconsejando y animando a permanecer unidas en la Fe.

    • Muchas gracias, David, por tus recomendaciones. En cuanto al martirio, está claro, y si no, recordemos a Santa Flavia Domitila, que murió de hambre y de privaciones en el exilio, y jamás nadie ha dudado lo más mínimo en que era una auténtica mártir de Cristo. Pues en este caso, el de las religiosas ucranianas, ocurre exactamente lo mismo.

  5. Impresionante la vida de estas religiosas, además me has hecho aprender mucho de la historia y de la situación de estos países durante la época del comunismo es muy interesante este sometimiento al patriarcado de Moscú, una duda después de todo esto la iglesua grec-catolica volvio a estar en comunión con la Santa Sede?

  6. Ana María:

    He leído con interés el artículo publicado sobre estas dos religiosas beatificadas en el grupo de mártires víctimas de la Cortina de Hierro.

    Cuando yo me di cuenta de este evento, antes de que sucediera y luego de que se realizó, me dio mucho gusto de que se incorporaran al elenco de los beatos de la Iglesia Católica estas personas del rito católico griego.

    Aunque yo ya sabía de la existencia de este rito, este evento me dio pauta para conocerlo más a fondo y me sirvió para entender desde esos tiempos el grito que lanzaba Juan Pablo II al invocar que la Iglesia y no solo Europa debía respirar con sus dos pulmones: orienta y occidental.

    La Iglesia del Silencio, como se le conoce a este periodo y estos lugares bajo el totalitarismo soviético, cuyas víctimas se cuentan en multitudes, y que también se encuentran en los países que fueron satélites de este sistema ideológico han dado un ejemplo de fidelidad a la Sede Apostólica Romana, a la Iglesia Universal y sobre todo, a Jesucristo Nuestro Señor.

    Como bien han comentado ya, el martirio de estas dos mujeres no fue sino como consecuencia de los maltratos y de las penalidades causadas por la prisión. Algo nada nuevo, pues ya en los tiempos de San Cipriano se da noticias de ello y que ustedes en España, tienen un caso concreto en Santa Leocadia de Toledo.

    Qué bueno que hayas puesto al conocimiento de los lectores de esta página la vida de estas dos beatas, para que conozcan la riqueza de estos tesoros: de su testimonio y su victoria, de pertenecer a otro rito dentro de esta familia, que no es únicamente el latino. Pido a Dios por intercesión de ellas la pronta unificación entre la Iglesia latina y ortodoxa, pues su rito, que es oriental, tiene la unión con occidente y esto es un buen puente que en vez de separar une.

    Felicidades por este artículo.

    • Muchas gracias por tu amable comentario, Humberto, pero quiero insistir en que Santa Leocadia de Toledo no es un ejemplo de mártir muerta por las penalidades de la prisión. Ya me la pusieron una vez de ejemplo para esto -no sé si eras tú quien lo hizo- y ya lo dije en su momento: Santa Leocadia tenía en el cuerpo una buena sarta de latigazos en el momento de ser arrojada en prisión, por lo que la muerte debió producirse por la pérdida de sangre y la infección de sus heridas; exactamente igual que en el caso de Santa Águeda.

      Si hubiese muerto exclusivamente por las penalidades de la prisión -hambre, sed, asfixia, falta de higiene- sí que te diría que es un buen ejemplo, pero habiendo sido salvajemente azotada antes… yo creo que la flagelación tuvo más que ver en su muerte que las penalidades de la cárcel; sin pretender negar éstas. Hay unos cuantos mártires de Lyon que sí murieron “sofocados en la cárcel”, se entiende que a consecuencia del hacinamiento y las malas condiciones de las celdas; éstos sí que serían un buen ejemplo, y así constan en la cripta de Saint-Nizier de Lyon.

  7. Pues ahora si que me dejas con otro conocimiento, porque lo que yo tenìa entendido de esta màrtir es que murio de a causa de las penalidades y malos tratos de la prisiòn, ignoraba que hubiese recibido el suplicio de la flagelación. Gracias.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

CAPTCHA

*