Venerable Concepción Cabrera de Armida (II)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Fotografía de la Venerable Concepción Cabrera.

Fotografía de la Venerable Concepción Cabrera.

En el primer apartado leímos cómo una laica mexicana de muchísima vida interior, rompiendo esquemas de su época, fundaba toda una Congregación e introducía en la iglesia una nueva forma de espiritualidad. En este apartado veremos cómo después de numerosas pruebas y tras muchos sacrificios y sufrimientos, las vería por fin erigidas y se prepararía para su encuentro con el Padre.

Las Religiosas de la Cruz
Establecido el Apostolado de la Cruz y propagado por varias diócesis del país, la señora Cabrera, ahora viuda, decidió que era hora de llevar a cabo una gran ilusión que tenía desde niña: fundar una Congregación de vida contemplativa acorde a la nueva espiritualidad. No era común, de hecho fue casi un atrevimiento, que una seglar se metiera a fundadora, por lo cual la obra tuvo desde su inicio muchos obstáculos. Conchita se lo comunicó al P. Mir, su director, quien, aunque opuesto al principio, finalmente accedió al ver la buena intención de la Sra. de Armida y notar que tenía el beneplácito divino.

Conchita formó un pequeño grupo de jóvenes piadosas, miembros de la Archicofradía que, después de una peregrinación a la Basílica de Guadalupe en 1897, se establecieron en una pobre casa de Tacuba, en la ciudad de México, la cual fue llamada “El Oasis” y así, el 3 de mayo de ese año, en una cercana y pobre capillita, después de misa inició la Congregación con cuatro señoritas. A los dos meses ya eran 18 y finalmente el 9 de julio llegó a México Mons. Ibarra, quien dio el hábito a las primeras novicias el día 16, fiesta de Nuestra Señora del Carmen. Escribe Conchita: “¡Admirable, verdaderamente admirable es el Señor en sus obras! Él ordena todo a su fin, y aunque el infierno y el mundo se opongan, Él prosigue sus planes. Temblando de emoción pisé hoy esta santa casa. Allí, anonadada, recorrí este sagrado recinto. Tuve la dicha de desayunarme en su cocina. ¡Oh, si me fuera dado vivir sirviendo a las esposas del Señor!”

Al salir de la casa se le impuso a la Señora Cabrera un crucifijo sin Cruz, que simbolizaba que el alma debe de vivir crucificada, y sintió Conchita en su interior que ella también sería religiosa de la Cruz a su muerte, después de numerosas pruebas. Sin embargo poco duró la tranquilidad. Al crecer la naciente comunidad se vieron en la necesidad de cambiarse a una casa más grande. Con el cambio se rompió la clausura que tenían las monjas y un grupo de ellas iniciaron un conflicto por pedir que la nueva orden fuera de vida activa, mientras que un grupo fiel a la Sra. de Armida optaba por la contemplación. Finalmente se separaron del grupo 17 señoritas y Conchita, fiel a la obediencia a su confesor, decidió esperar a ver el desarrollo de la obra. En ese tiempo moriría su esposo y tendría que mudarse de San Luis al D.F., pero Dios cruzaría por su camino a un obispo y un sacerdote providenciales para la obra.

Icono de la Venerable, imitando el canon bizantino.

Icono de la Venerable, imitando el canon bizantino.

Encuentro con el Padre Félix y Mons. Leopoldo Ruíz. Primera Víctima de la obra.
En febrero de 1903, ya viuda, viviendo en la Ciudad de México en casa de su madre, acostumbraba Conchita a desplazarse en tranvía. Un día, pasando por el Colegio de los maristas, sintió el impulso de bajar a confesarse. Entonces, al tocar el timbre, le atendió un sacerdote con acento extranjero y sintió entonces el poderoso impulso de hablarle sobre las Obras de la Cruz, del Oasis y de su propia vida. El Padre se conmovió, le pidió su dirección y pocos días después la visitó en su casa y ella lo presentó a las religiosas. En el mes de marzo, Pedrito, el más pequeñito de sus hijos de entonces sólo 4 añitos, por un descuido de la abuelita y de la criada, murió ahogado en una fuente que había en la casa de la abuela. Entonces el P. Félix invitó a Conchita a ofrecer su dolor a Dios por la nueva obra a lo que ella, con todo el dolor de una madre, aceptó.

Pocos meses más tarde, Conchita fue invitada a la ciudad de Morelia, Michoacán, a hacer unos ejercicios espirituales. Enferma de la garganta, con el dolor de la muerte de Pedro y angustiada por sus religiosas accedió a ir y ahí conoció al Arzobispo de Morelia, Mons. Leopoldo Ruíz y Flores, que predicaba dichos ejercicios. Entonces el P. Félix habló con el Arzobispo y la Sra. Armida sobre los problemas del Oasis y Monseñor sugirió a la Sra. Cabrera cambiar de director, el cual sería el Padre Félix, a la vez que director de las religiosas, y al mismo tiempo cambiar de superiora de la comunidad para evitar disgustos. Todo se hizo puntualmente, pero la Congregación estaba sumida en una gran pobreza, por lo que hubo que buscar bienhechores pues las deudas también eran grandes. Sin embargo poco a poco fue normalizándose la situación y se consiguió, aunque de palabra, la aprobación diocesana de la Congregación por el canciller del Arzobispado de México Emeterio Valverde, después obispo de León, Guanajuato.

La gracia del 25 de Marzo y grandes pruebas
Hasta ahora, la incipiente Congregación sólo tenía una casa en Tacuba, donde ya vivían unas 30 personas. En 1904 se empezaron a redactar las primeras constituciones del nuevo Instituto por el Padre Félix de Jesús Rougier y la Sra. de Armida. El Padre Félix, sin embargo, estaba bajo la obediencia de la Congregación Marista a la que pertenecía y se cumplía el tiempo de volver a Francia, su tierra. Los amigos y benefactores de la obra iniciaron trámites para pedir al General de los maristas dejar al padre Félix más tiempo.

El 29 de junio de ese año dio inicio la adoración perpetua del Santísimo Sacramento en el convento de las Religiosas de la Cruz, característica primordial de este instituto. Por estar la superiora ocupada, fue Conchita quien la inauguró oficialmente. El 25 de agosto el Padre Félix escribía a la Sra. Conchita que el Padre General le había denegado el permiso y no podría escribirle, pero lo reconfortaba pidiéndole oración y diciéndole: “Si Dios quiere servirse de mí, aunque indigno, para fundar la Congregación de la Cruz, no le faltarán medios para abrirse camino: tengo en las promesas de Jesús una inquebrantable confianza”.

Fotografía de tres religiosas de la Cruz del Sagrado Corazón revestidas con el hábito de su orden.

Fotografía de tres religiosas de la Cruz del Sagrado Corazón revestidas con el hábito de su orden.

Las peripecias de este tiempo ya quedan resumidas en los artículos sobre el P. Félix de Jesús Rougier. Por acortar este artículo, hablaré sobre una gracia mística ocurrida a Conchita en estos días. El día 20 de febrero Conchita tuvo la pena de perder a su madre de forma violenta (al parecer un aparatoso accidente en la casa) y la Sra. de Armida al poco tuvo que cambiar de director, siendo Mons. Maximino Ruíz, entonces capellán de las religiosas y después obispo de Chiapas, hoy Diócesis de San Cristóbal de las Casas. Mientras tanto Mons. Ruíz y Mons. Valverde viajaban a Europa para tramitar el permiso para el P. Félix. El 25 de marzo de 1906, fiesta de la Encarnación, después de comulgar, la Sra. de Armida recibió una gracia especial y que es el centro de su vida espiritual: “La encarnación mística”.

Según sus palabras: «La encarnación mística es una gracia transformativa en el sentido de asimilar a la criatura con su modelo Jesús, que soy yo. Es gracia transformante unitiva que no repugna en nada con las infinitas misericordias mías. El Verbo hecho carne toma posesión íntima del corazón de la criatura, como tomando vida en él por cuanto a la unión transformativa, aunque siempre dándole Él la vida, esa Vida de la gracia, asimilable principalmente, por medio de la inmolación. Encarna, nace, crece y vive en el alma Jesús, no en el sentido material, se entiende, sino por la gracia unitiva y transformante. Es muy especial este favor y el alma que lo recibe siente más o menos periódicamente los pasos de la vida de su Jesús en ella. Se marcan estas etapas de vida siempre envueltas en dolor, en calumnias y humillaciones, en sacrificio o expiación, que esa fue la vida de tu Jesús en la tierra». En pocas palabras, se iniciaba en ella una unión transformante en, por y para Cristo, equiparable a las experiencias de Santa Teresa, San Felipe Neri y San Pío de Pietrelcina.

Entretanto crecían las penas de Conchita. Su hijo Manuel entró en los Jesuitas (ella lo quería para la nueva fundación), sufría sequedades en la oración y las murmuraciones y habladurías de la gente. También se interponía la prohibición del General de los Maristas sobre el Padre Félix y malos entendidos de los obispos protectores de la naciente obra con la Curia Vaticana sobre los escritos y revelaciones de Conchita. Sin embargo, el 8 de febrero de 1908, el Delegado Apostólico entregó a la Sra. de Armida un rescripto pontificio para aprobar la adoración perpetua. Al año siguiente, el día 10 de mayo, tras un arduo examen canónico por un tribunal instituido por el Arzobispo de México, Mons. Mora, se declaró la validez de las visiones de Conchita.

Lienzo de la Venerable, inspirado en la última foto que se tomó de ella viva.

Lienzo de la Venerable, inspirado en la última foto que se tomó de ella viva.

Entonces vino la idea de fundar en Puebla de los Ángeles, fundación que inició el 18 de mayo. En ocasión de esa fundación, el Arzobispo de Puebla, Mons. Ibarra recibió el favorable informe del examen a Concepción: “El espíritu de la Sra. Armida es de Dios por su sencillez, sólo busca la Gloria de Dios, no es nerviosa, está dispuesta a darlo todo, etc.” Posteriormente Mons. Ibarra entraría en la Congregación masculina naciente, muriendo en olor de santidad. Mientras tanto, aún sin aprobación pontificia, se inició el noviciado de las religiosas en Tlalpan, D.F. A los Sres. obispos se les ocurrió que debía de mandarse la petición formal a Roma para aprobar a las religiosas y formar la Congregación masculina.

El 24 de octubre de 1908 nació una nueva obra: “La Alianza de Amor”. Ésta es la rama seglar de las Obras de la Cruz, integrada por laicos comprometidos y que desean gustar la espiritualidad de la congregación. Fue fundada por Conchita y Mons. Ibarra en México D.F. Monseñor viajaría entonces a Roma y obtendría el tan ansiado “Decretum laudis” con el cual, el Papa San Pío X aprobó las Constituciones como Congregación de derecho pontificio. Era el 5 de febrero de 1909, fiesta de San Felipe de Jesús.

¡Religiosa al fin! Nuevas obras, pruebas y consuelos
El día 15 de marzo de ese año llegó a la casa de Conchita en la calle del Mirto, un indulto de la Santa Sede que le concedía profesar “in articulo mortis” en su Congregación. Pero a los pocos días llegó un telegrama de Mons. Ibarra donde se le notificaban algunas trabas sobre sus escritos y una mujer que supuestamente había tenido gracias similares y alegaba que Conchita las había plagiado. Estas penas y el paso de los años hicieron que Conchita cayera en una dolorosa enfermedad. Por esos años se edificó la casa general de las religiosas en la calle del Mirto cerca de la casa de Conchita y al año siguiente, el 4 de junio de 1911 en plena revolución, la Arquidiócesis de Puebla fue consagrada al Espíritu Santo, iniciando este movimiento mundial que logró la consagración de varias diócesis y de la República Mexicana y algunos países al Paráclito.

Por esos días se reiteró la petición a la Santa Sede sobre la fundación de los Religiosos de la Cruz, cosa que sucedería después de numerosas peripecias relatadas en el segundo artículo sobre el Padre Félix. El 19 de enero de 1912 nació la cuarta Obra de la Cruz, la “Liga Apostólica”. Su objeto es el de propagar y proteger las obras de la Cruz y está formada por sacerdotes, especialmente por los que tienen cargos eclesiásticos: prelados, párrocos, rectores, etc.

Fotografía de los Misioneros del Espíritu Santo, fundados por la Venerable Concepción Cabrera.

Fotografía de los Misioneros del Espíritu Santo, fundados por la Venerable Concepción Cabrera.

La señora Armida después pronunció sus votos como religiosa de forma privada. Por ese entonces su hijo Pablo, de 18 años, cayó gravemente enfermo. Era un alma muy pura según su confesor. Él mismo le dijo a Conchita que no pidiera su salud, sino que lo dejara ir al cielo y que se ofreciera como víctima por las nuevas obras. Conchita lo ofreció y Pablo murió santamente. Es significativo que al fundar a las religiosas muriera su hijo Pedro y al fundar a los misioneros falleciera su hijo Pablo: “El 27 de junio – escribe Conchita – murió Pablito… Con todos los auxilios murió, dejando mi alma con un dolor sin nombre, caí en cama como herida de muerte. ¡Cuánto dolor, cuánto dolor! Hágase en mí, Jesús, como Tú quieras”.

En 1913 a pesar de las circunstancias políticas del país, salió una peregrinación a Roma y a los santos lugares en la que participó Conchita y que le sirvió para entrevistarse con el Papa Pío X, quien después de casi tres meses de trámites, consultas y exámenes teológicos a Conchita, aprueba a los religiosos de la Cruz pero con un nuevo y definitivo nombre: “Misioneros del Espíritu Santo”. El Papa además concedió a Conchita tener un oratorio privado con sagrario en su propia casa (raro privilegio papal para un seglar) y que en él se celebrara misa los domingos y fiestas. Estando en Roma, una llaga que padecía Mons. Ibarra se agrava por su diabetes y se convierte en gangrena, y muy enfermo regresa a México para hospedarse con Conchita, en cuya casa moriría santamente.

Pocos años después, se autoriza la fundación de los Misioneros, la cual se efectúa formalmente el día de navidad de 1914. Doce años después estalla en México la persecución callista, los religiosos tienen que vivir escondidos, los conventos son cerrados, pero la obra sigue en la clandestinidad. La primera hija de Conchita profesa como Religiosa de la Cruz, con el nombre de Teresa de María Inmaculada y daría nuevos sufrimientos y a la vez consuelos a su madre. Una vez profesa, fue enviada a Monterrey donde el clima le sentó mal y enfermó gravemente. Las superioras la regresaron a México donde su estado empeoró. La Sra. Armida, por su calidad de fundadora, tuvo permiso de permanecer en la clausura cuidando a su hija, a quien vio consumirse hasta el final y tuvo el consuelo de ayudarla a bien morir. “Después de 29 días de enfermedad y de agudísimos dolores murió mi niña. Sólo el día del juicio – escribe – se sabrá lo que he pasado en esta celda, las noches terribles y las lágrimas que he derramado por los dolores del cuerpo y el alma”.

Otra fotografía de los Misioneros del Espíritu Santo, fundados por la Venerable Concepción Cabrera.

Otra fotografía de los Misioneros del Espíritu Santo, fundados por la Venerable Concepción Cabrera.

Camino a la Casa del Padre
Durante los años de 1935 al 36 su salud empeoró considerablemente. La angustia y el trajín por los litigios para las fundaciones la consumieron considerablemente. Haciendo un último esfuerzo viajó a Morelia el 2 de octubre de 1936 para los últimos ejercicios espirituales que haría en su vida. A principios de 1937, ya instalada en México, sentada en un sillón de ruedas, era llevada ante el Santísimo en su capilla privada. La enfermedad que la consumía no le permitía estar en su lecho, sino sentada y con las piernas monstruosamente hinchadas y las llagas que tenía en la espalda. Sus sufrimientos llegaron al culmen en marzo de ese año, padecía una severa neumonía y pleuritis purulenta. Fueron entonces llamados a su casa sus hijos, sus nietos y varios sacerdotes y el Arzobispo de Morelia que la auxiliaron espiritualmente hasta el final. Para que pudiera respirar le tenían que levantar los brazos, quedando como Cristo agonizante en la Cruz. En esa posición recibió el viático y reclinada en su sillón, murió el 3 de marzo de 1937 a las 0h.20’ de la noche. Las religiosas la amortajaron con su hábito y en olor de multitudes, tras tres misas concelebradas en su casa y en la casa general de los misioneros, fue enterrada en el panteón francés de México.

Camino a los altares
Después de su entierro apoteósico, fueron numerosas las peticiones de obispos y sacerdotes para la apertura de la Causa de canonización, la cual se inició el 13 de abril de 1956. Actualmente la causa sigue su curso en Roma en la fase romana. Conchita fue declarada Venerable por el papa San Juan Pablo II el 20 de diciembre de 1999. Sus restos fueron exhumados de la cripta del panteón español encontrándose incorruptos, pero al ser expuestos al aire se desintegraron, quedando sólo el esqueleto. Actualmente reposan en una capilla del Templo de San José El Altillo de los Misioneros del Espíritu Santo en Tlalpan.

Placa del sepulcro de la Venerable. Iglesia de San José de Tlalpan, México.

Placa del sepulcro de la Venerable. Iglesia de San José de Tlalpan, México.

Conchita es tenida por muchos como una mujer admirable, a la altura de Santa Rita de Cascia o Santa Teresa. Supo dar el sí a Dios a través del Sacramento del Matrimonio, que vivió con toda su alma y supo educar cristianamente a sus hijos. Los santos no son siempre sacerdotes o religiosas, todos estamos llamados a la santidad y podemos ser privilegiados por Dios con gracias acordes a nuestro estado de vida, como lo fue Conchita. Pidámosle por las familias del mundo para que el Espíritu Santo reine en ellas y las transforme para ser sacerdotes, víctimas y altares agradables a Dios.

Daniel

Bibliografía:
– PHILIPON, Marie-Michel. Concepción Cabrera de Armida: Diario Espiritual de una madre de Familia. Ed. Ciudad Nueva, México, 2000.
– TREVIÑO, José Guadalupe M.Sp.S., Concepción Cabrera de Armida, Editorial La Cruz, México, 1981.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Venerable Concepción Cabrera de Armida (I)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Fotografía de la Venerable Conchita en su juventud.

Fotografía de la Venerable Conchita en su juventud.

Escribir este artículo fue interesante, a la vez que rico y un poco complicado para un servidor, pues fue muy difícil resumir una vida tan intensa y rica con temor de omitir datos importantes y por tratarse de una mística con una espiritualidad un tanto controvertida para muchos. El caso de nuestra biografiada de hoy es excepcional pues, aunque por privilegio papal murió como consagrada, en realidad fue una mujer seglar mexicana, casada, madre de una familia numerosa y que en este estado de vida, fue favorecida por Dios con gracias sobrenaturales excelsas, por lo cual se quiere poner su ejemplo a todos los cristianos como modelo de vida. Sirva pues este párrafo de introducción a la reseña de su vida, obra y legado.

Infancia y primeras experiencias
Su nombre completo era María Concepción Antonia Cabrera Arias y nació en Jesús María, al norte de San Luis Potosí (México) el 8 de diciembre de 1862, hija natural de Octaviano Cabrera y Clara Arias, siendo la séptima de nueve hermanos.

Su familia era acomodada (pues vivían en una hacienda) a la vez que piadosa, no en vano su tío materno, Luis Gonzaga Arias, fue canónigo de la Catedral de San Luis Potosí. Desde muy pequeña fue de condición enfermiza, a los cinco meses de nacida ya había tenido nada menos que siete nodrizas y ella misma escribía que sus penas siempre eran “de recámara”, pues si no caía enferma ella, era alguien de su familia. Al mismo tiempo que la enfermedad, experimentó gracias sobrenaturales desde niña; ella misma menciona que llegó a ver al Niño Jesús que jugaba con ella en su habitación o bien veía al demonio en forma de un viejo horripilante o bien de un animal desconocido y aterrador. Según los postuladores de su Causa, estas visiones se debían más que nada al espíritu mortificado de Conchita, como era llamada por su familia, pues desde muy pequeña amó las penitencias (algunas de ellas ingenuas como pincharse los dedos con alfileres “por recordar la Pasión) y por ser un alma contemplativa muy dada a la oración. Por ello le fue concedido hacer su primera comunión a una edad temprana para aquella época (a los 10 años), el 8 de diciembre de 1872.

Su adolescencia, la primera gran prueba y su vocación matrimonial
Conchita se convirtió a los 13 años en una señorita precoz y según la costumbre de la época asistía a bailes de familias pudientes de San Luis. Combinaba su tiempo entre la hacienda y temporadas en San Luis. Conchita no era, a pesar de su posición económica, una mujer instruida (estudió hasta el equivalente de tercer año de primaria), y además tenía carácter fuerte y era muy cariñosa; además de la virtud de dominar tanto los trabajos del deporte nacional de la charrería (era reconocida como una excelente amazona) y de las labores domésticas, pues por orden de su madre ayudaba a la servidumbre en el día y en la noche asistía a las reuniones sociales.

Reliquia “ex indumentis” de la Venerable, junto a otra fotografía de su juventud,

Reliquia “ex indumentis” de la Venerable, junto a otra fotografía de su juventud,

Sin embargo le repugnaban los bailes por su pomposidad, pero asistía por órdenes de la familia. Por su natural belleza tenía numerosos pretendientes, algunos de ellos muy mayores, como el entonces gobernador del estado, que la rebasaba por más de 20 años; sin embargo, ingenuamente, sabía decirles no. Es en esos bailes, el 12 de diciembre de 1875, donde conoció al que sería su esposo, Francisco Armida García. Por su ingenuidad y candidez, fue encantadora la forma en que se conocieron, teniendo Conchita apenas 13 años y Francisco casi 18. Conchita cuenta: “Me lo presentaron en un baile. Él se acercó a bailar conmigo y yo no podía decir palabra alguna. Entonces me dijo muy quedamente que me quería. Nunca me había imaginado capaz de inspirar cariño, así que callé. Entonces vi cómo de sus ojos rodaban lágrimas. ¿Por qué llora usted?, le dije; Por que sufro mucho, me respondió. Me dijo que sufría por que yo no le quería, entonces me enternecí y respondí, ¿Por eso nada más? Pues le querré, ¡no sufra por tan poca cosa!”. Y entonces inició un noviazgo que duraría nueve años.

A pesar de tantas gracias recibidas en su infancia, de su inclinación natural a la oración, Conchita nunca pensó en hacerse religiosa. Ella misma cuenta en su Diario que se pensaba indigna y que, a pesar de que su tío el canónigo la empujaba hacia algún convento, mejor deseaba casarse y darle a Dios muchos hijos, de los cuales alguno por lo menos le sirviera, cosa que en efecto se cumplió.

Por esa época de su adolescencia ocurrieron dos sucesos que la marcarían para siempre. Por su atractivo natural y su fino talle (siempre fue delgada) fue muy dada a los adornos, maquillajes y vestidos y como gozaba de talentos naturales para la música y la escritura, fue muy vanidosa en los primeros años de noviazgo, además de ser extremadamente sensible, modosa y cariñosa. Un día de esos años, su hermano Manuel, a quien ella amaba mucho, murió por accidente al disparársele una pistola que le mostraban, al caer el arma al suelo. Fue tal el impacto de esa muerte que la orilló a una vida de mayor sencillez y a prepararse a ofrecerse a sí misma y a los suyos como víctimas a Dios. “El corazón ha sido mi verdugo por querendona aunque por fuera parezca fría e indiferente. Yo he amado mucho, he sido muy sensible. ¡Pobre Jesús, cuántos estorbos para su amor encontró en mi pobre alma!”.

La Venerable, fotografiada el día de su boda con su matrido, Francisco Armida.

La Venerable, fotografiada el día de su boda con su marido, Francisco Armida.

Matrimonio, espiritualidad y sacrificio
A los 21 años fue pedida formalmente en matrimonio el cual se efectuó en el Templo del Carmen de San Luis, el 8 de noviembre de 1884. Como anécdota, durante la fiesta, en el brindis y las felicitaciones, Conchita le pidió a su esposo que no fuera celoso y la dejara ir a comulgar a diario, cosa que él aceptó e incluso alentó durante toda su vida. Su matrimonio fue un matrimonio común en muchos aspectos pero lleno de amor.

Francisco trabajaba en una fábrica y ella se dedicaba al hogar. La familia de Francisco no era lo que se puede llamar muy religiosa, Conchita incluso se vio criticada por su suegra, a quien logró acercar a la fe, y por una tía soltera de Francisco, altanera y adinerada, quien la humillaba por su sencillez en el vestido y que – ironías del destino – terminó en la miseria y atendida por Conchita con mucha caridad y amor. Francisco, a pesar de ser un buen esposo, era de carácter muy fuerte, casi “peleonero”, pero se controlaba mucho. Fue tal el cambio que Conchita logró en él, que moriría santamente y admirado por su propia familia. En cuanto a la vida espiritual de su esposa, fue siempre discreto y alentaba discretamente el quehacer de Conchita.

El 28 de diciembre de 1885 nació su primer hijo, a quien bautizaron como el padre. Al nacer lo ofreció a Dios, cosa que haría con todos sus hijos y nietos. El segundo hijo fue Carlos, que moriría a los 6 años. Era el primer hijo que se le moría y ella, con gran dolor, guardó alguno de sus vestiditos, mas un día del novenario sintió que debía desprenderse de ellos. Pasando un niño pobre fuera de su casa lo llamó, lo aseó y ella misma lo vistió con la ropa de Carlitos. Pocos días después, le pareció que Jesús le decía “¿A quien quisieras ver, a Carlitos o a mí?”. Venciendo su dolor de madre respondió “A ti Señor, aunque a mi niño no lo vea hasta la eternidad”, y entonces se iniciaron una serie de gracias místicas que durarían toda su vida y que ella sólo comunicaría a sus confesores y, en un determinado momento, a una comisión de cardenales y al mismísimo Papa San Pío X.

La Venerable, fotografiada con siete de sus hijos.

La Venerable, fotografiada con siete de sus hijos.

El tercero de sus hijos fue Manuel, en 1889. A la hora que él nació, moría un sacerdote y tan pronto lo supo Conchita, ofreció a ese niño en sustitución del sacerdote difunto; 17 años después, Manuel entraría en la Compañía de Jesús. Conchita, después de tres varones, dio a luz a una niña en 1890 y le puso su mismo nombre. La niña fue enfermiza desde bebé y sería, sin embargo, religiosa de la Congregación fundada por su madre y moriría en brazos de ella. Después vendrían otros hijos: Ignacio, Pablo, Salvador, María Guadalupe y Pedro.

Durante esta época Conchita asistía a ejercicios espirituales y formó parte de la Tercera Orden de San Francisco, (actualmente Orden Franciscana Seglar) y era una mujer normal que, sin embargo tenía una vida interior poco común que llegaría a su culmen tras nuevos y enormes sacrificios.

Vida de esposa y de mística
En 1893 había conocido a un sacerdote, el P. Mir, quien sería su primer director espiritual. Él la orientaría sobre su espíritu de sacrificio y le daría un consejo que sería eje rector de su espiritualidad: “Creo que Ud. debe resolverse siempre a hacer lo más perfecto con humildad profunda, confianza suma y amor inmenso”. En este consejo se basa su itinerario espiritual, que combinaría con la atención de las tareas del hogar y que la llevaría a hacer incluso un horario casi monástico: Conchita se levantaba de madrugada a orar en las “rosas” (una corona de espinas que se ponía para orar y que así llamaba para disimular la penitencia), iba a misa al alba, regresando a casa daba de desayunar, hacía tareas del hogar, bordado para los pobres y costura para la familia y amigos, lectura espiritual, visita al Santísimo, Rosario con los criados, examen diario de conciencia y además visitas a enfermos y huérfanos, ¡y todo esto a la vez que educaba a sus hijos y atendía a su marido!

No es de extrañar que con una espiritualidad y caridad tan grandes, Dios la escogiera para ser portadora de un gran mensaje y fundadora de una obra única. Y todo empezó años antes, en vida de su esposo, con un símbolo externo y que llevaría grabado para siempre en su carne. El 14 de enero de 1894, por inspiración divina, se gravó en el pecho, a la altura del corazón con un cuchillo y con un hierro candente el monograma IHS. Su confesor se opuso en un principio, pero finalmente accedió. Al grabar el monograma, Conchita, impulsada por una fuerza misteriosa, exclamó esta jaculatoria “Jesús Salvador de los hombres, ¡sálvanos, sálvalos!”. Sin darse cuenta en ese día empezaron las obras de la Cruz.

Visión de la Venerable que representa la Cruz de su Apostolado.

Visión de la Venerable que representa la Cruz de su Apostolado.

Aparición de la Cruz, nacen las Obras de la Cruz
Después de este hecho del monograma, inició Concha un camino de muchísima penitencia que incluso llegó a extremos, como permitir que una pordiosera le escupiera en la cara, explicándole Conchita que era para cumplir una promesa y expiación de sus pecados (!!!). La noche del Jueves al Sábado Santo de 1894 experimentó lo que podría ser una estigmatización interna, dolores en manos, pies y costado, intensísimos al punto de verse en la necesidad de guardar cama durante esos días.

Todavía el Jueves Santo en la mañana, llamó a una viejecita de la calle, la sentó al comedor y después de alimentarla y darle comida para que se llevara a su casa, le lavó y besó los pies por imitar a Cristo. En esos días escribió algunos pensamientos, entre los cuales destaca el de “escoger siempre el padecer”, que haría característica de su vida hasta el final.

En la Pascua de ese año, tuvo una visión, probablemente en la iglesia de la Compañía en San Luis, donde vio una Cruz refulgente de luz, en el centro de la cual se encontraba el Corazón de Jesús traspasado por una lanza y el Espíritu Santo descendiendo sobre ella. Era el nacimiento de la obra y de la Cruz del Apostolado. Sería muy largo escribir la rica significación teológica de esta Cruz, pero en resumen, Jesús mismo le explicó que “La Cruz es la salvación de la humanidad; sobre ella está mi corazón traspasado y sobre ella y por ella el Espíritu inflama los corazones. Sólo por mi amor y por el dolor (sacrificios) los hombres alcanzarán la salvación”. Hay que destacar que su esposo nunca interfirió con su espiritualidad, al contrario, se mortificaba de preguntarle, pues siempre que la veía escribir, o cuando ella le pedía permiso para viajar a México con sus directores espirituales él le preguntaba «Concha, ¿qué escribes? Es de cosas espirituales ¿verdad? Bueno, yo no entiendo esas cosas, sigue». Y la acompañaba a tomar el tren.

Comunicó esta visión a su director espiritual y él, después de consultarlo con otros sacerdote no se opuso a su propagación y pidió al obispo de Chilpancingo-Chilapa, amigo suyo, aprobar la fundación de una cofradía dedicada a extender esa devoción nueva y de provecho para la Iglesia. Conchita mandó pintar un óleo según las descripciones de su visión y el 3 de mayo de 1894, fiesta en México de la Santa Cruz, se erigió la primera Cruz del Apostolado en la hacienda de Jesús María, actualmente Santuario de la Cruz. Luego serían erigidas muchas cruces más, una incluso en la cima del cerro del Tepeyac, el lugar más sagrado de México. En 1895 el Apostolado de la Cruz, del cual Conchita redactó su ideario y estatutos, fue aprobado por el entonces obispo de Chilpancingo–Chilapa, Ramón Ibarra y González, posteriormente arzobispo de Puebla y gran benefactor de la Obra. Finalmente en 1898, Mons. Ibarra, que iba de peregrinación a Roma, logró que la Sede Apostólica diera la aprobación pontificia al Apostolado de la Cruz y su erección en Archicofradía.

Fachada de la hacienda de Jesús María, donde vivió la Venerable. Actualmente Santuario de la Cruz.

Fachada de la hacienda de Jesús María, donde vivió la Venerable. Actualmente Santuario de la Cruz.

La muerte de su esposo y su entrega total
En el año de 1901, el 12 de septiembre, Conchita sintió una pena y angustia muy grande, como si algo grave fuera a ocurrir. Su esposo Francisco enfermó repentinamente el día 11. Postrada en el suelo sobre sus “rosas”, se ofreció a Dios para cumplir su voluntad. Al día siguiente el médico diagnosticó a Francisco un tifus avanzado y mortal.

El día 15, al pie del lecho de su esposo, le pareció que Jesús le decía: “O él o yo, escoge”. Por su natural amor a su esposo decía: “Los dos, Señor” y sufría una lucha interior terrible, pues veía a sus hijos pequeños y sin padre. Finalmente, tras derramar muchas lágrimas, contestó: “¡Tú, Señor, a Ti te prefiere mi alma! ¡Lo que Tú quieras, sólo ten misericordia!”. Sintió, según sus propias palabras, que un cuchillo la traspasaba, pero a la ve le daba nuevas fuerzas y tranquilidad en la pena. Procuró a su esposo los auxilios espirituales, rezaba en el lecho junto con Manuel, que era el mayor, y finalmente, reconciliado con Dios, Francisco murió el 17 de septiembre a los 43 años. Conchita tenía 39 años. Días después sintió en su alma que Dios había liberado a su esposo del Purgatorio y que tenía preparados otros designios para ella.

Todavía tendría que pasar Conchita por numerosas pruebas para ver aprobada la obra y aún debería de fundar, también por inspiración divina, la rama contemplativa, la masculina y misionera de las Obras de la Cruz, donde el P. Félix Rougier sería un instrumento decisivo, pero por no alargar demasiado este apartado (que ya de por sí es muy largo) lo trataremos mañana.

Daniel

Bibliografía:
– PHILIPON, Marie-Michel. Concepción Cabrera de Armida: Diario Espiritual de una madre de Familia. Ed. Ciudad Nueva, México, 2000.
– TREVIÑO, José Guadalupe M.Sp.S., Concepción Cabrera de Armida, Editorial La Cruz, México, 1981.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

¿Son auténticas las reliquias de San Lucas veneradas en Padua?

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Sarcófago de mármol que se encuentra en la Basílica de Santa Justina de Padua, dentro de la cual está la caja de plomo con los restos del evangelista.

Sarcófago de mármol que se encuentra en la Basílica de Santa Justina de Padua, dentro de la cual está la caja de plomo con los restos del evangelista.

Sí que lo son y vamos a escribir hoy sobre este interesante tema, que durante muchos años trajo de cabeza a multitud de historiadores, pero cuyas dudas se resolvieron cuando el obispo de Padua, monseñor Mattiazzo, decidió abrir el sepulcro y realizar una exhaustiva investigación de los restos contenidos en el mismo. Esta decisión se tomó, en parte, a instancias del metropolita ortodoxo de Tebas, en Beocia (Grecia), monseñor Hieronimus, que deseaba tener una reliquia del evangelista en aquella ciudad, donde fue primitivamente sepultado y que se expresaba en estos términos: “Creemos que estas celebraciones acercarán a los fieles de las dos diócesis, hará más profunda la fraternidad entre los dos obispos y ayudarán en el camino del ecumenismo”. El propio obispo de Padua lo explicaba en estos términos: “El arzobispo de Tebas no tenía ninguna duda de que las reliquias veneradas en santa Justina pertenecían a San Lucas. Yo formé una comisión histórica para examinar la consistencia de esta antigua tradición e inmediatamente, nos dimos cuenta de que era necesario también un examen científico. Escribí al cardenal Miloslav Vlk, arzobispo de Praga, pidiendo prestada la reliquia del cráneo para realizar ulteriores comprobaciones e informé a la Santa Sede sobre la petición del arzobispo de Tebas y sobre la conveniencia de realizar ese examen científico. La Congregación para las Causas de los santos, tras consultar a la Secretaría de Estado y al Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos, dio su aprobación”.

Antes de seguir con la lectura de este artículo, aconsejo a quien no lo haya hecho, lea el artículo que en su día escribimos sobre la vida y martirio de este santo evangelista y apóstol. En aquel artículo, algo dijimos sobre su muerte, aunque en este vamos a aportar algún dato más.

Sarcófago de San Lucas en Tebas (Grecia).

Sarcófago de San Lucas en Tebas (Grecia).

Sabemos que San Lucas era de origen sirio, médico de profesión y discípulo del apóstol Pablo. Es el escritor del Tercer Evangelio y del Libro de los Hechos de los Apóstoles, pero muy probablemente no conoció físicamente a nuestro Señor. Acompañó a San Pablo a Roma y después del martirio del apóstol, poco más se sabe de él.

En el conocido “Prólogo antimarcionista”, escrito por un escriba anónimo a finales del siglo II en un códice del Nuevo Testamento, se dice que San Lucas padeció martirio a principios de ese siglo en Tebas de Beocia, cuando tenía ochenta y cuatro años de edad. Allí se conserva un sarcófago de mármol vacío que se considera su primera sepultura. San Jerónimo, en el siglo IV, manteniendo la edad del apóstol, dice que sufrió martirio en Bitinia y San Gaudencio de Brescia insinúa que fue en Patras, hecho que actualmente nadie admite.

En el “De viris illustribus” III, 7,6, se dice que en tiempos de Constantino, su cuerpo y el de San Andrés fueron llevados a Constantinopla; allí, junto con el cuerpo de San Timoteo, fue puesto en la Basílica de los Santos Apóstoles y cuando Justiniano reconstruyó esta basílica en el año 527, fueron encontrados los tres, según nos lo confirma Procopio de Cesarea (De aedificiis I, 4, 18-23). Existen diversos testimonios de la Edad Media que hablan del traslado del cuerpo del evangelista, desde Constantinopla hasta la península italiana a fin de sustraerlo de la profanación de Juliano el Apóstata o de que el traslado lo realizó San Urio (sacerdote que también está sepultado en la basílica de Santa Justina de Padua, donde se encuentra San Lucas) en el siglo VIII, a fin de salvarla de los iconoclastas. Junto con los restos de San Lucas, se trajo también los de San Matías apóstol.

Quiero aquí recordar que los restos de San Matías se encuentran repartidos entre la Basílica romana de Santa María la Mayor, la padovana de Santa Justina y la abadía benedictina de su nombre en la alemana ciudad de Trier. De todos modos, los historiadores no se ponen de acuerdo en la fecha exacta del traslado, pero ya veremos más adelante cómo las investigaciones realizadas a los restos también aportan luz en este sentido. Estos restos ya habían sido reconocidos canónicamente con anterioridad, siendo los reconocimientos más importantes los realizados en el año 1354 por orden del emperador Carlos IV; en el año 1463 para determinar si este era el auténtico cuerpo de San Lucas y no uno venerado en Venecia, que resultó ser falso y también en el año 1562 a fin de ponerlo a la veneración de los fieles.

Reliquia del cráneo de San Lucas en Praga (República Checa).

Reliquia del cráneo de San Lucas en Praga (República Checa).

La cabeza correspondiente al esqueleto localizado en Padua, se encuentra en Praga desde el día 9 de noviembre del 1354, como un regalo de Carlos IV. El Vaticano decía poseerla dentro de un bellísimo relicario dorado, desde el pontificado de San Gregorio Magno, pero las investigaciones han demostrado que esta “reliquia” no pertenece al esqueleto de Padua, luego no pertenece a San Lucas. A un pequeño fragmento del cráneo existente en el Vaticano, se le realizaron también las pruebas del radiocarbono 14, registrándose una datación del año 420 al 540, luego esta es una prueba científica fehaciente de que esa reliquia no es la auténtica.

Hechas estas consideraciones previas, digamos que el 17 de septiembre del año 1998, fue abierta el arca de mármol que contiene los restos del evangelista y que se encuentra a la izquierda del crucero de la Basílica padovana de Santa Justina. Estaban presentes representantes de ambas diócesis – Padua y Tebas – y algunos monjes del Monte Athos. Dentro del arca, se encontraba una caja de plomo, de 180 x 48 x 40 centímetros, con un esqueleto sin cabeza. Según documento acreditativo, esta caja de plomo había sido encontrada en el cementerio de la abadía de Santa Justina, el día 14 de abril del año 1177. Estos restos óseos, la caja de plomo y otros restos fósiles encontrados en la misma, fueron analizados por diversos equipos técnicos, pertenecientes a múltiples disciplinas científicas: genetistas, historiadores, biólogos, médicos forenses, antropólogos, etc., coordinados por el anatomopatólogo italiano Vito Terribile Wiel Marín, que entre otras cosas, determinaron lo siguiente:

1. El esqueleto corresponde a un individuo anciano de sexo masculino, de una estatura de 163 centímetros, que sufría de osteoartritis debido a la edad y que demostraba que había sufrido episodios cíclicos de desnutrición (Mariantonia Capitanio, Wiel Marin, Raffaele Scapinelli y Luigi Capasso). Al esqueleto no sólo le faltaba la cabeza, sino también, el cúbito derecho y el astrágalo izquierdo.

2. El estudio del ADN mitocondrial extraído de dos dientes descarta que el cuerpo perteneciese a una persona de origen griego y muestra muy probablemente su origen sirio (Guido Barbujani).

Apertura de la caja de plomo el día 17 de septiembre del año 1998 y exposición posterior de las reliquias.

Apertura de la caja de plomo el día 17 de septiembre del año 1998 y exposición posterior de las reliquias.

3. Realizadas las pruebas del radiocarbono 14, por parte de dos laboratorios de Tucson y Oxford, se puede determinar que el esqueleto pertenece a un individuo que vivió en la segunda mitad del siglo I o inicios del siglo II (Gianmario Molin).

4. El cráneo conservado en la catedral de San Vito de Praga y que a instancias de monseñor Mattiazzo fue llevado a Padua para comprobar su autenticidad, pertenece al esqueleto de la basílica de Santa Justina de Padua, ya que existe una articulación perfecta entre este cráneo y el atlas (primera vértebra cervical); “la articulación cráneo-atlas, se considera altamente específica, del tipo llave-cerradura”. Esto demuestra que el cráneo que San Gregorio Magno depositó en la basílica vaticana, era un cráneo de otro esqueleto diferente, lo que pudiese demostrar que a finales del siglo VI, el cuerpo del evangelista no estaba sepultado en la Basílica de los Apóstoles de Constantinopla, bien porque había sido trasladado previamente a otro lugar o bien porque nunca estuvo en Constantinopla. El cráneo de Praga y el esqueleto de Padua son del mismo individuo. Asimismo, al comprobarse que el sarcófago de Tebas se ajusta perfectamente a las medidas de la caja de plomo de Padua, es verosímil descartar que el cuerpo de San Lucas fuera llevado a Constantinopla.

5. El esqueleto es contemporáneo de la caja de plomo en la que se encontraba, como lo demuestran la presencia de dípticos carroñeros fosilizados en cerusita (carbonato de plomo producto de la alteración del metal) y los análisis isotópicos del plomo y de las monedas encontradas junto al hueso de la pelvis (Sergio Zangheri y Gianmario Molin). Asimismo, la existencia de elementos óseos más pequeños demuestra que el esqueleto se descompuso rápidamente, ya que fue depositado dentro de la caja plúmbea desde el momento de su muerte. O sea, en la caja de plomo se depositó el cadáver poco después de su muerte y no los huesos.

6. Como he dicho anteriormente, dentro de la caja de plomo se encontraron numerosas monedas de distintas épocas, la más antigua de las cuales es del tiempo del emperador Maximiano. Esto quiere decir que, además de los tres reconocimientos canónicos que mencioné con anterioridad, la caja de plomo había sido abierta en algunas otras ocasiones antes del siglo VI.

Dentro de esta caja fue transportada la caja de plomo con las reliquias desde Tebas hasta Padua.

Dentro de esta caja fue transportada la caja de plomo con las reliquias desde Tebas hasta Padua.

7. El descubrimiento dentro de la caja de numerosos esqueletos de serpientes típicas del Valle del Po, que datadas por el método del radiocarbono 14 las fechan entre los años 410-545, demuestra que en esa época, la caja estaba en el norte de Italia (Padua) pues los colúbridos habían penetrado en ella a través de tres agujeros existentes en la parte inferior de la misma caja y allí dentro murieron durante el período de letargo debido a unas inundaciones, ya que la caja de plomo estuvo depositada en los siglos V y VI, en una zona susceptible de ser inundada (Benedict Hall). Se determinaron tres niveles de inundación y unos agujeros causados probablemente por el proceso natural de la corrosión del plomo. Este hecho descarta la hipótesis de que las reliquias fueron llevadas a Padua por parte de San Urio (siglo VIII).

8. El análisis palinológico de los fósiles de polen existentes fuera de la caja, muestran una palinoflora representada por plantas autóctonas de Padua, mientras que el análisis realizado al polen encontrado dentro de la caja, indican la presencia de especies típicas del Mediterráneo (pino y abeto griegos), pero ausentes en Padua (Arturo Paganelli). Luego puede deducirse que la caja con los restos del evangelista fueron llevadas directamente desde Grecia hasta Italia.

9. La caja de plomo contenía en su exterior residuos de hierbas y larvas de insectos que se alimentan de granos (Sergio Zangheri y Paul Fontana). Esto da verosimilitud a la hipótesis de que la caja de plomo pudo estar en algún momento en un almacén o transporte de grano, como pudiese ser un buque de carga. De hecho, la caja fue transportada desde Oriente hasta el norte de Italia y, muy probablemente, por mar.

Apertura de la caja de plomo el día 17 de septiembre del año 1998 y exposición posterior de las reliquias.

Apertura de la caja de plomo el día 17 de septiembre del año 1998 y exposición posterior de las reliquias.

Esta caja de plomo que en el año 1313, por deseo del abad Mussato Gualpertino, se metió dentro del sarcófago de mármol, tenía marcados unos símbolos similares a tres cabezas de carnero, una especie de estrella de ocho brazos (una doble cruz grabada) y una inscripción con el nombre del santo en latín y en griego: “Huesos de Lucas el Evangelista”. Las características de la escritura y la terminología utilizada atentiguan que es un texto de la época imperial, desde luego, anterior al siglo IV. El análisis isotópico-geoquímico de las incrustaciones de cerusita en el esqueleto, en la cabecera de la caja y en la tapa son iguales entre sí. La composición isotópica del plomo nos permite identificarlo con el proveniente de algunas minas del Mediterráneo, minas que eran explotadas durante la época imperial. En cuanto a la doble cruz grabada es una combinación de dos cruces griegas, ajustadas exactamente en el mismo centro y recuerda la forma de una estrella judeo-cristiana de ocho terminaciones, símbolo que ya aparece en los osarios de la Palestina de los siglos I y II.

Una vez realizados todos los análisis, los restos se repusieron en la caja en el mes de mayo del 2001 y ésta se introdujo nuevamente en el arca de mármol. Todos estos estudios fueron recopilados por el Sagrado Colegio de Padua y presentados oficialmente el día 21 de enero del año 2004. El presidente del Comité Científico y los profesores Claudio Bellinati, Gianmario Molin y Mariantonia Capitanio concluyeron diciendo que no existía ningún elemento en contra de que aquel esqueleto fuera el del evangelista Lucas.

Pero, ¿cuál es la actitud de la Iglesia? Queda expresada por las palabras del padre Gianandrea Di Donna, secretario del Congreso realizado para exponer todos estos estudios: “Ciertamente, la ciencia no podrá decirnos con certeza absoluta si son las reliquias de San Lucas, pero podemos decir que los resultados obtenidos gracias a este estudio científico, no niegan, sino que confirman, la tradición secular respecto a los restos del santo evangelista”.

Reliquia enviada desde Padua a Tebas.

Reliquia enviada desde Padua a Tebas.

En esta web puede leerse en italiano una entrevista realizada al profesor Wiel Marín.

Antonio Barrero

Bibliografía:
“San Luca evangelista, testimone della fede che unisce”, Actas del Congreso Internacional, Padova, 16-21 Ottobre 2000.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Santa Jacoba: historia, devoción y folklore

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Imagen de Santa Jacoba entronizada en su santuario.

Imagen de Santa Jacoba entronizada en su santuario.

La piedad popular en México se vive con una mezcla de tradiciones autóctonas y sentimientos de fe cristiana que raramente se encuentran amalgamados de forma tan peculiar en otra parte del mundo. Quiero exponer ahora un fenómeno religioso poco conocido, me refiero a la devoción a “Santa Jacoba” que representa un caso único a nivel nacional, sin paragón en la cristiandad posiblemente, debido al nombre con que se conoce a esta advocación de la Inmaculada Concepción. Con los datos no tenemos elementos suficientes para hacer una valoración del desarrollo del culto, que es antiquísimo, pero se hará el intento en base a los testimonios locales y a posibles hipótesis que puedan dar una solución en torno a la confusión de nombres y fiestas.

En el pintoresco poblado de Ajacuba, Hidalgo, en el centro de la República Mexicana cada 25 de julio es celebrada con gran fervor la fiesta de Santa Jacoba, con manifestaciones de tradición propia del lugar; son numerosos los habitantes que se llaman Jacoba, Jacobo o Jacob en honor a esta advocación cuya devoción es muy sentida en los alrededores.

Axocopan, como se llamaba en un principio, era un pueblo que se funda con tres culturas: chichimeca, tolteca y mixteca, teniendo como centro el cerro del Ponzha (que significa lugar donde hay leña); aquí es donde se tiene el lugar sagrado del Teotlalpan o camino de los dioses, donde se encontraba el lugar de los siete Templos. Las ruinas de estos adoratorios idolátricos aún se pueden apreciar cerca del cerro.

Para 1548 y 1571 se nombra Santa María Ajacuba aunque en 1522 Jerónimo López y Valeriano de la Cruz la llamaron Axocopanque y al irla transcribiendo la identificaban como: Axacuba o Xacuba, reiterando que los escribanos españoles lo fueron modificando a su arbitrio como Axocopan y Santa María Jacuba, nombre que influye en la devoción mariana.

Evangelizaron el lugar los frailes Agustinos como consta en las distintas ermitas que construían donde se concentraban grupos numerosos de indígenas que estaban dispersos en toda la comarca del valle de Ajacuba. Los actuales edificios religiosos son del siglo XIX y XX.

Vista de la ermita y atrio de Santa Jacoba en Ajacuba, México.

Vista de la ermita y atrio de Santa Jacoba en Ajacuba, México.

Entre las imágenes que llegaron poco después de la llegada de los agustinos a la comunidad se encuentra el Señor de Maravillas, que está colocado en el altar mayor de la Iglesia del Arenal, Hgo. También una talla de un crucifijo llamado el Cristo de Santa Teresa, venerado anualmente en octubre, Santiago Apóstol (llamado Señor Santiaguito) y la imagen de la Santísima Virgen en su advocación de la Inmaculada Concepción, a quien actualmente se le llama Santa Jacoba y que es venerada cada 25 de Julio. El hecho de que se honre a la Santísima Virgen en el día de la fiesta del Apóstol Santiago al parecer se debe a que en ese día se conmemora la llegada de Don Antonio de Valeriano a tierra ajacubense.

La imagen mariana fue llevada al templo de la Virgen de Guadalupe, (el templo recibió el título de Parroquia hasta 1987) a inicios del siglo XX ya que antes esta imagen estaba colocada en el altar de la Hacienda “el Tenguedo”, después de la Revolución Mexicana, y es venerada como patrona del pueblo, junto con la Guadalupana y el Cristo de Santa Teresa como los principales patrones de la región.

A raíz del Concilio pastoral Vaticano II, no dogmático, la imagen es retirada del culto público y guardada en la sacristía para ser expuesta solamente una vez al año con motivo de la fiesta del 25 de Julio; los fieles protestan y al poco tiempo se levanta un templo en el actual barrio de Santa Jacoba donde es entronizada la antigua imagen.

Cabe destacar que después de que la Imagen fue guardada y luego regresada al culto público, hace aproximadamente 30 años, la Virgen Inmaculada era llevada en procesión a las faldas del cerro Ponzha donde se construyó el actual templo en su honor. Durante el tiempo de la construcción del Templo en su honor la imagen fue resguardada en la casa de una persona devota, la señora Socorro Ramírez. En esos años la fiesta se llevaba a cabo debajo de un árbol que aún se encuentra en la plaza principal de la colonia Santa Jacoba.

Una vez construido el templo la imagen mariana es entronizada solemnemente por el P. Rubén Medrano. Dice la leyenda que en la base del actual templo, el cual tiene una nave de 30 metros, se encuentra la base de una pirámide precolombina en donde se hacían ceremonias de índole pagana y posiblemente sacrificios humanos.

Antigua fotografía donde se aprecian ruinas precolombinas cerca de la ermita de Santa Jacoba.

Antigua fotografía donde se aprecian ruinas precolombinas cerca de la ermita de Santa Jacoba.

Desde entonces el culto se ha arraigado nuevamente entre la feligresía aunque en el lugar donde se encuentra la iglesia es una zona donde la tecnología y los servicios han tardado en llegar, (a pesar de ser la cabecera municipal); ante estas carencias las personas acuden a venerar a Santa Jacoba y a responderle como hijos devotos. Como se ha dicho arriba, son muchos los pobladores del lugar y de otras regiones que en acción de gracias por los favores recibidos bautizan a sus hijos con el nombre de la advocación, las flores y las veladoras abundan delante de la taumaturga imagen en especial durante la fiesta patronal de julio y en el rezo de la novena preparatoria a la solemnidad. El día de la solemnidad hay fiesta en torno a la imagen con muestras de devoción filial en especial las danzas, los arreglos florales y las “mandas” o promesas que hacen los peregrinos en acción de gracias por los beneficios recibidos.

La devoción por esta imagen mariana es muy antigua, arraigada en la población local y entre los pueblos vecinos. Lamentablemente muchos desconocen los pormenores de la advocación y llegan a decir que la imagen representa a una santa italiana o griega, otros la confunden con Santa María Magdalena o alguna de las santas mujeres; los más informados quisieron darle los atributos de Santa María Salomé (madre de los apóstoles Santiago y Juan) la cual es conocida en Italia como Santa María Jacoba por la referencia a su hijo Santiago el Mayor.

El reto pastoral en referencia a esta devoción es principalmente erradicar la ignorancia. Las sectas evangélicas de origen norteamericano pululan entre los pueblos sencillos y, poco a poco, destruyen no solo las tradiciones de origen católico, sino también arrasan con el folklor y la algarabía propia de los pueblos. A esto debe añadirse que entre los pobladores hay mucha rebeldía y fanatismo para ver más allá de la simple imagen, pero lo que más importa, como nos lo mencionan miembros de la catequesis local, es lograr que todos puedan leer en la imagen de Santa Jacoba a la Santísima Virgen María, la misma Madre de Dios. Para esto se propugna que se retome el nombre original de Santa María Jacoba.

Cerro Ponzha, centro de idolatría, en sus cercanías los misioneros evangelizaron y sentaron la devoción a la Inmaculada como Santa Jacoba.

Cerro Ponzha, centro de idolatría, en sus cercanías los misioneros evangelizaron y sentaron la devoción a la Inmaculada como Santa Jacoba.

¿Qué problemas se plantean para el que quiera investigar más ahondo? Surge primeramente la cuestión alrededor de las circunstancias en las que se desarrolla la devoción local, primeramente porque el 25 de Julio es fiesta de Santiago Apóstol, Sanctus Iacobus. Pero el culto se tiene en referencia a una “santa”, no al apóstol, por lo que existe la duda de cómo pudo haber una trasposición de nombres y de fiesta. Primeramente porque el día de la celebración corresponde a una fiesta tradicional en honor a Santiago, es decir Iacobus, pero la imagen venerada es femenina. La respuesta que se da, al menos en teoría, es porque según la tradición fue en un 25 de Julio que llegó a Ajacuba Don Antonio de Valeriano uno de los principales forjadores de la región.

Poncho

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Beato Pedro Jorge Frassati

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Fotografía y firma del Beato con su lema de vida: "Hacia lo alto".

Fotografía y firma del Beato con su lema de vida: «Hacia lo alto».

Perteneciente a la orden seglar de los Predicadores, Pier Giorgio Frassati era hijo de una familia acomodada de Turín (Italia), formada por Alfredo Frassati, de mente liberadora, político, empresario y de otros oficios; y Doña Adelaida Ametis, de afición a la pintura. Ella era mujer religiosa, lo contrario a su esposo, que era religiosamente agnóstico. De este matrimonio nació Luciana, mayor que nuestro Beato Pedro Jorge, nacido el 6 de abril de 1901. Es la propia madre de Jorge quien le enseña la caridad hacia los pobres y la piedad religiosa a sus hijos.

Desde los 13 años estaba inscrito en la Asociación del Santísimo Sacramento y en el Apostolado de la Oración, posteriormente estaría en la Liga Eucarística. Comulgaba todos los días y perteneció a la Cofradía del Rosario. Era un hombre de contemplación y de acción, comprometido con su tiempo, recordando a Santa Catalina de Siena, que llegó a expresar “Las flores para Dios (hablando de las oraciones) y los frutos para el hombre (refiriéndose al trabajo apostólico activo)”; en eso me atrevo a resumir la vida de Jorge como un hombre contemplativo-activo.

Estudió en el Liceo Massimo d´Azaglio y posteriormente estudiaría en el Istituto Sociale atendido por la Compañía de Jesús, en cuya institución desarrollaría una formación humana cristiana. No se caracterizó por ser de mente brillante, sino ser un hombre religioso y deportista; sobre todo el ciclismo y el fútbol, también practicó la equitación y el alpinismo, sencillo para con todos y un joven de caridad.

Con la edad de 18 años ingresó a la orden de los predicadores como seglar; lo hizo por el amor a la verdad, a la verdad del Evangelio y al Evangelio de la verdad. El padre dominico Filippo Robotti sería quien lo alentaría a seguir el carisma dominico, además ingresó al Politécnico en Ingeniería de Minas para continuar sus estudios. El ideal de sus estudios no eran las minas, sino un ideal apostólico seglar, según él mismo confesó: «Yo seré ingeniero de minas para poder consagrarme a Cristo entre los mineros. Como sacerdote, no podría hacerlo, pero como laico, que da buen ejemplo, verdaderamente católico, podré lograrlo… Como ingeniero puedo, dando buen ejemplo, actuar de modo eficaz… Yo quiero ayudar de todas las maneras posibles a mi gente, y esto podré hacerlo mejor como laico, que como sacerdote». En mayo de 1923 hizo su profesión en la Fraternidad Dominicana.

Fotografía del Beato.

Fotografía del Beato.

Se introdujo en las ideas de la doctrina social de la Iglesia desde que recientemente le había dado auge a ello el Papa León XIII, estuvo afiliado en el Partido Popular Italiano, fue opositor de las ideologías fascistas y comunistas, a las que consideraba en contra de la doctrina de la Iglesia. Desde que ingresó a la carrera de Ingeniería, ingresaría también en la Federación Universitaria Católica Italiana.

Su manera típica de acercarse al necesitado lo hizo de una forma tan evangélica que tuvo presente la Sagrada Escritura «Cuando das limosna, no debe saber la mano izquierda lo que hace la derecha» (Mt 6,3). Daba de lo que tenía de lo que le daban de comer, cuanto regalo recibía, lo daba al pobre; iba a las manos de los pobres que le salían al paso: «En verdad les digo que cuando lo hicieron con alguno de estos mis hermanos más pequeños, lo hicieron conmigo» (Mt 25,40). Visitaba a enfermos y familias necesitadas, llevándoles medicinas o alimentos, que no podían comprar. A los que habían empeñado algún objeto en el Monte de Piedad, les pedía los recibos y Pedro Jorge los pagaba con su dinero. Todo esto hacia sin antes vivir la Eucaristía porque era el centro de su vida, y su acción era reflejo de este amor que vivía.

Un amigo íntimo de Pedro Jorge nos brinda una radiografía o perfil de su personalidad: «¿Quién era Pedro Jorge Frassati? Era un hombre, un hombre maduro, que llevaba la recia coraza de la fe y no temía a los enemigos. Un hombre que no había sentido la contaminación de los tiempos. Un hombre ingenuo… que siempre estaba al lado de la verdad. Un hombre recto, todo de una pieza, de los que la sociedad estima desagradables, o quizá maleducados, verdaderamente extraño a su tiempo, porque nunca cambio el cáliz de la Hostia consagrada por la copa del placer. (…) Su diplomacia tenía una sola credencial: la verdad. Por lo tanto era irritante. Era un hombre irritante para toda aquella masa gelatinosa de cristianos perfumados, que piensan que, al fin y al cabo, el diablo, decentemente vestido, puede entrar en la sociedad. Este hombre, Pedro Jorge, no había tenido nunca ninguna línea de comunicación entre la luz y las tinieblas. Y todo esto lo había aprendido del Evangelio».

Jorge fue un joven laico que siempre tuvo presente su futuro, su porvenir, decidió quedarse de laico, creyendo que era la forma más útil hacia sus hermanos. De su vida íntima la cuentan quienes lo rodearon: amigos, hermana, miembros de la OP, los necesitados y pobres con los que convivía mas. Lo conocieron mejor los pobres y amigos que sus propios familiares, quienes no tenían idea de muchas cosas que él mismo hacía. Llegó a pensar en su mujer ideal, aquella que lo acompañaría como una sola carne, en los hijos que tendría y así en un futuro que quiso escribir y no se realizó. Al parecer estuvo enamorado de Laura Hidalgo, con quien al parecer nunca tuvo noviazgo alguno, quizá por el rechazo de sus padres hacia Laura. Pero quizá poseía las cualidades de la compañera que quería para si, pues describía a su mujer ideal como una mujer de fe práctica, además de la belleza natural del cuerpo, un alma limpia y transparente, sencilla y dialogal, capaz de darse a sí misma con delicadeza y sonrisa permanente, con aspiraciones a lo sublime y, por supuesto, una compañera apasionada por la montaña, por las flores y por todo lo bello.

Teca con reliquia procedente del arca sepulcral del Beato.

Teca con reliquia procedente del arca sepulcral del Beato.

Y refiriéndose a los hijos: «A mis hijos, no les dejaré dinero, porque estoy persuadido de que las riquezas, lejos de favorecer la posición social, con sobrada frecuencia no sirven sino para fomentar las pasiones. Me preocuparé de darles una instrucción completa y una educación cristiana, de manera que, si quieren, puedan por sí mismos hacerse una posición social digna y decorosa. Pero, cumplido esto, si tengo dinero, lo emplearé en obras de caridad». Jorge era de la idea de «Podría casarme con ella contra la voluntad de mis padres, pero destruir un hogar para crear otro nuevo sería absurdo, en lo que ni siquiera hay lugar a pensar. Seré yo el sacrificado; si Dios lo quiere así, hágase su voluntad». Cosa que, aunque admiro al beato, no estoy de acuerdo con su idea.

Pronto el Señor lo llamaría a su presencia ya que en la mañana del 1 julio de 1925 amaneció con mucha fiebre, esto era signo de la enfermedad que lo llevaría a la muerte. Por ese entonces la abuela se encontraba en agonía y toda la familia se centraba en la enfermedad y últimos días de ella. Todo esto ocasionó que no se le diera importancia a Jorge considerando una simple enfermedad de verano. Mas sin embargo, con sus síntomas asistió a dar sepultura a su abuela el viernes 3 de julio donde en pleno acto se agravó y se le dio aviso al médico, pero el diagnóstico no lo esperaban: una forma aguda de poliomielitis galopante de origen infeccioso. Con serenidad se preparó para recibir los últimos sacramentos muriendo el sábado 4 de julio de 1925 en los brazos de su madre. Su entierro fue la primera revelación para su familia sobre la grandeza que ocultaba su hijo, pues a su funeral asistió una avalancha de personas desconocidas y pobres que se congregaron para rendir homenaje a este joven. Este acontecimiento fue el hecho de que se iniciara el proceso de canonización de Pedro Jorge. Así murió de veinticuatro años el joven estudiante de ingeniería que, siendo un amante de la Eucaristía y de los pobres, se enfermó al atender a los que son los preferidos por el Señor.

Sepulcro del Beato. Sus restos están en la urna sobre el altar.

Sepulcro del Beato. Sus restos están en la urna sobre el altar.

Lo que hizo su causa todavía más intrigante eran los rumores que comenzaron a circular después de su muerte, divulgados principalmente por fascitas hostiles a la reputación antifascista de la familia Frassati. Algunos afirmaban que Pedro Jorge había mantenido relaciones ilícitas con una mujer; otros decían que fue enterrado vivo. Las habladurías eran tan persistentes que la causa quedó suspendida durante varias décadas. Pero cuando se realizó finalmente la autopsia en 1981 – casi seis décadas después de su fallecimiento – desenterraron su cuerpo como parte de la proceso de canonización. Tuvieron una sorpresa. Cuando abrieron su ataúd, descubrieron que su cuerpo estaba incorrupto por motivos médicos, se dijo – su rostro, asombrosamente bien conservado, apareció en perfecta serenidad. Incluso los ojos estaban, según los observadores, intactos, claros y luminosos. Poco después, la causa se reactivó y fue finalmente beatificado por el Papa San Juan Pablo II el 20 de mayo de 1990.

Emmanuel

Bibliografía:
– MARTÍNEZ PUCHE, José A. (Coord.), MONTIU DE NUIX, José María (Coord.), Jóvenes Testigos de Cristo. Ejemplos de vida y fe en nuestro tiempo, Col. “Santos. Amigos de Dios”, vol. 10. Ed- Edibesa, Madrid 2010.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es