San Francisco Blanco, fraile franciscano mártir en Japón

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Imagen del Santo en la parroquia de su localidad natal.

Imagen del Santo en la parroquia de su localidad natal.

Nació en Santa María de Tameirón (La Gudiña), al sur de la provincia de Orense, en el año 1570. Es verdad que otros biógrafos lo hacen natural de Santa María de Monterrey (Monterrey) o de San Pedro de Pereiro (La Mezquita), pero hay que decir que las tres localidades pertenecen a la provincia de Orense y que distan entre sí alrededor de cuarenta kilómetros. Cobra fuerza la primera de las opciones, pues el obispo orenzano, don Juan Muñoz de la Cueva, encontró allí a principios del siglo XVIII a algunos familiares del Santo, constatando que le daban culto en una capilla.

La partida de bautismo dice que fue bautizado el 18 de septiembre de 1577 y se sabe que la fecha de su martirio fue el 5 de febrero de 1597, luego ¿fue martirizado con sólo diecinueve años y algo más de cuatro meses? ¿Con esa edad habría sido ya sacerdote? Parece que los datos no cuadran, pero ¿no pudo haber sido bautizado a los seis años de edad? Si fuese así, cuadran los datos porque según todos los historiadores franciscanos, San Francisco murió con veintiséis años de edad. Y es posible que fuese bautizado con seis años porque en su tiempo, el clero escaseaba y Tameirón pertenecía a la diócesis de Astorga, siendo probablemente atendida de vez en cuando por el párroco de La Gudiña.

Era hijo de Antonio Blanco y de Catalina Pérez y de pequeño, ayudaba a sus padres guardando el ganado. El cura del pueblo contaba una anécdota que decía que “yendo una vez a buscar un carro de “toxos” (pienso o yerba), se distrajo y se le volcó el carro. Su padre le regañó y fue a llamar a algunos hombres para que le ayudaran a levantarlo. Mientras tanto, el niño rezó a su ángel de la guarda y cuando regresó su padre, el carro estaba en pie”. Manuela Pliego, contemporánea suya, cuenta que “a veces, las cabras se metían en otras propiedades, haciendo daño a los vecinos. Cuando el niño se daba cuenta, rezaba y los daños desaparecían”. Hay muchas anécdotas más, pero sabéis que no soy muy dado a contar este tipo de cosas, aunque sin embargo diré que existen unos versos muy antiguos, escritos en gallego, que dicen: “O Santo Francisco Blanco / Nacéu alá en Tameirón / E, farto da gardar cabras / Foi misionar o Xapón”.

Los padres eran de mediana cultura, pero bastante religiosos, y parece que, becado por el conde de Monterrey, lo enviaron al colegio que los jesuitas tenían en aquella localidad, cercana a Verín. Allí estudió humanidades y posteriormente, pasó a estudiar derecho en la Universidad de Salamanca y allí, al mismo tiempo que estudiaba, empezaba a nacer en él su vocación religiosa. En sus días libres visitaba el convento franciscano de San Antonio, donde estaba su director espiritual y donde maduró su vocación franciscana en contacto con los frailes. Convencido de que su camino eran las Indias, abandonó sus estudios y solicitó a Fray Francisco Alderete, que era el Padre Provincial, le admitiese en la Orden, cosa que ocurrió a mediados del año 1586 en el convento de Villalpando.

Pila bautismal donde fue bautizado el Santo, en su parroquia natal.

Pila bautismal donde fue bautizado el Santo, en su parroquia natal.

En el noviciado se hizo cargo de la enfermería del convento y eso fue providencial, porque el primer trabajo que más tarde tendría como misionero, sería el de encargado del hospital de leprosos; por eso, la Divina Providencia hizo que, desde el noviciado, tomase cariño por los enfermos. Su carácter era sereno y dulce; nunca fue apático y prueba de ello es el sorprendente dinamismo espiritual que muy pronto demostraría en Pontevedra, cuando quiso enrolarse para misiones. Era optimista, conforme a la “perfecta alegría” de San Francisco de Asís; y Fray Juan Pobre, un fraile contemporáneo suyo, decía que “de todos los estudiantes, era el más recogido y callado y el que más aprovechaba el tiempo: ni porfiaba ni vociferaba, como hacían los demás estudiantes”.

Profesó en el año 1587 y, posteriormente, el mismo solicitó continuar sus estudios de filosofía y teología en el convento de Salamanca, donde estaba su director espiritual. Allí, sus ocupaciones fueron: estudio, oración, trabajo y mortificación; y tanto abusó de ellas, que su salud se resquebrajó. Tuvo que ser cuidado por los frailes y sus superiores lo enviaron a Pontevedra, donde el clima era más benigno.

En Pontevedra conoció al padre misionero Juan Álvarez, a quien se ofrecería como voluntario para marchar a las Indias, aunque tenía el problema de su endeble salud. Pero se le ocurrió una idea: durante nueve noches seguidas durmió en el cementerio del convento sobre la tumba del padre Juan de Navarrete, que había muerto en olor de santidad. Cuando se levantó a la mañana del noveno día, estaba completamente curado.

Pronto llegó una circular reclutando religiosos para las misiones en Filipinas y él se ofreció junto con los padres Alonso Cuadrado y Juan Álvarez. No fue fácil la cosa, porque estos dos sacerdotes eran muy populares en Pontevedra, y Francisco Blanco sólo era corista y no muy fuerte de salud, pero con la ayuda de la Virgen y del padre Luís Maldonado, vencieron las dificultades y marcharon rumbo a las Indias.

Pintura japonesa del siglo XVII representando el martirio de cristianos y misioneros en Nagasaki.

Pintura japonesa del siglo XVII representando el martirio de cristianos y misioneros en Nagasaki.

Hicieron parada en Sevilla y allí se encontraron con otros religiosos que tenían los mismos planes. A principios de enero zarpaba la Armada, que capitaneaba el general Marcos de Aramburu y se embarcaron cincuenta religiosos que tuvieron que soportar ocho meses de travesía y el adiós definitivo a sus familiares y a su tierra. Los religiosos iban en la nao del Maestre Bernardo de Paz, que formaba parte de la flota y que zarpó el 9 de enero de 1593; entre los cincuenta, iban dos futuros mártires: San Francisco Blanco y San Martín Aguirre de la Ascensión. Hicieron escala en Tenerife, Santo Domingo, La Española, Cuba y Veracruz, llegando a México el 19 de agosto.

En el convento de Santa María de Churubusco reanudó sus estudios con San Martín de la Ascensión y juntos seguirían hasta el martirio. Como en Filipinas no había obispo, en México recibió todas las órdenes sagradas. Los versos a los que hice mención anteriormente decían que “de Tameirón, harto de guardar cabras, fue a misionar a Japón”, pero el trayecto en realidad no fue tan simple: Tameirón, Monterrey, Salamanca, Villalpando, Salamanca, Pontevedra, Sevilla, Veracruz, México, Acapulco y Manila. Decía Santa Teresa que “Dios escribe derecho con renglones torcidos”; el renglón derecho era de Tameirón a Japón; y en zig-zag, el viaje real, era el renglón torcido. Ya estaba en Filipinas.

Por aquel entonces, después de muchas intentonas, los franciscanos habían conseguido entrar en Japón y el primero de ellos había sido San Pedro Bautista, en el mes de julio del 1593, como embajador del rey de España ante el Imperio japonés. Valiéndose de su influencia ante el emperador Taicosama, había fundado conventos, hospitales y escuelas en Meaco, Osaka y Nagasaki. San Pedro Bautista pedía a la Orden en Filipinas que enviase a Japón a nuevos sacerdotes, pero jóvenes a fin de conseguir aprender la lengua. Decidieron enviar a Fray Martín y a otro sacerdote que no estaba en Manila, pero como urgía el tiempo de la partida y éste no llegaba, fue sustituido por San Francisco Blanco. Los dos frailes amigos iban a entrar juntos en el Imperio del Sol Naciente. Fray Juan Pobre fue el primero que empezó a enseñarles la lengua nipona durante el viaje. Llegaron a Nagasaki y fueron recibidos por el padre Jerónimo de Jesús, que era el superior, y allí descansaron unos días.

A finales de junio siguieron hacia Meaco y allí se presentaron ante San Pedro Bautista. Fray Martín fue destinado a Osaka y Fray Francisco se quedaría en Meaco atendiendo el hospital de leprosos. Tuvo claro desde un principio que para que su trabajo rindiese, tenía que dominar la lengua nipona, aunque corriera el riego de olvidarse del gallego y del castellano. Él decía: “Los religiosos no tenemos patria; ahora mi patria es Japón y mis compatriotas, los japoneses”. Providencialmente, a los tres meses, sabía predicar en japonés. Esta capacidad de aprendizaje dejó a todos maravillados porque San Pedro Bautista llegó a escribir al Custodio de Filipinas: “Este año nos habéis enviado a un estudiante muy hábil, al que se le pega la lengua como el lodo a la pared”. El padre Ribadeneira resume sus cinco meses de misionero con estas palabras: “En tres meses estuvo tan suficientemente enterado en la lengua y de sus dificultosas pronunciaciones, que parecía cosa maravillosa que en tan breve espacio de tiempo, pudiese confesar a los japoneses, los cuales, de esta forma recibían una particular consolación…”.

Martirio de los misioneros en Nagasaki. Pintura de Mosén Pedro Garcia Ferer, pintor aragonés de formación valenciana.

Martirio de los misioneros en Nagasaki. Pintura de Mosén Pedro García Ferrer, pintor aragonés de formación valenciana.

Pero ante los ojos humanos, las cosas se torcerían porque los bonzos y los portugueses provocarían la persecución y la sentencia de muerte contra los franciscanos. Los bonzos, porque heridos en su amor propio y envidiosos por la abnegación de los misioneros, temían perder su popularidad y su influencia religiosa. Los portugueses, porque víctimas de un malentendido patriotismo, no soportaban que aquellos franciscanos españoles pudieran ser el primer paso para la entrada definitiva de las tropas del rey de España. Unos y otros intentaron por todos los medios indisponer a los franciscanos con el emperador y la ocasión se les presentó cuando el galeón San Felipe se vio obligado a arribar al puerto de Urando por haber quedado casi destrozado en una tormenta.

Los portugueses influyeron en el gobernador de Meaco para que convenciera al emperador Taicosama de que diese orden de decomisar el galeón. Apoyaron la idea el obispo portugués Pedro Martínez y el bonzo Yacuino, que era el médico y el favorito del emperador. Decomisaron el galeón y empezó el calvario para los hijos de San Francisco. El emperador decretó la muerte de todos los cristianos, aunque después suavizó esta orden y se conformó con arrestar a los religiosos.

El 8 de diciembre los soldados rodearon los conventos de Meaco y Osaka. Los frailes se confesaron unos a otros y se confortaban espiritualmente entre ellos. Pocos días después, el emperador, exasperado por nuevas calumnias, mandó que cortasen las orejas y las narices a los frailes y a sus catequistas y que luego, los paseasen para vergüenza pública, por las principales ciudades del Imperio. El 2 de enero los llevaron a la cárcel mientras los franciscanos, rodeados por los soldados, iban cantando el “Te Deum”. El 3 de enero se le unieron Fray Martín de la Ascensión y otros cristianos de Osaka y en la plaza pública, les cortaron parte de la oreja izquierda. Fueron paseados por la ciudad montados en carros tirados por bueyes.

Reliquias de los mártires del Japón en Goa.

Reliquias de los mártires del Japón en Goa.

Al día siguiente, los llevaron maniatados a Fushimi y desde allí a Osaka, donde les esperaba el emperador. Allí, a los que aun tenían la nariz, querían cortárselas, pero a instancia de unos españoles, desistieron. El día 5 fueron trasladados a Sacay donde permanecieron hasta el día 8 de enero y fue entonces cuando el emperador pronunció la sentencia definitiva: “Por cuanto yo mandé en tiempos pasados que nadie predique esta Ley de Dios y estos Padres vinieron de Luzón por embajada al Japón y la predicaron, mando que mueran crucificados en cruces en Nagasaki, con estos japoneses en su Ley. Y de aquí en adelante, mando que el que se hiciere cristiano sea castigado con pena de muerte, él y toda su parentela”. A pie, burlándose de ellos, sin darles de comer y medio desnudos, los llevaron a Nagasaki para ser crucificados.

Amaneció el 5 de febrero y en el monte Tateyama, veintiséis cruces fueron testigos del martirio de seis franciscanos, dos jesuitas y diecisiete terciarios franciscanos japoneses. Las cruces fueron enfiladas, señalándose el orden de los mártires para que todos supieran donde estaba la víctima que más le interesaba. La cruz constaba de dos travesaños clavados a un tronco y el reo quedaba sujeto por medio de cinco anillos de hierro, que le aprisionaban las manos, los pies y el cuello. La muerte se producía con dos lanzas que, entrando por los costados, se cruzaban en el pecho y salían por los hombros. A la señal del capitán las veintiséis cruces fueron izadas y quedaron alineadas mirando a la ciudad. Mientras iban ascendiendo en el patíbulo, iban cantando el Te Deum. Eran los 26 protomártires del Japón.

El general Matías Landecho, capitán del galeón San Felipe y testigo del martirio, recogió las pocas reliquias que pudo y con ellas, se embarcó para Manilas. Al desembarcar el 16 de mayo de 1597, el pueblo, los sacerdotes y religiosos, el obispo y el gobernador las recibieron en procesión solemne, con salvas de artillería y con el canto del Te Deum. Y lo mismo ocurrió en Macao, Goa, México y Sevilla. Pero los cuerpos de los mártires quedaron en la colina de Tateyama. Según se dice en las actas del proceso de beatificación “los cuervos y otros animales respetaron los cuerpos y sobre ellos, los viernes, aparecía una columna de fuego y, a los dos meses, todavía la sangre estaba fresca; a los tres meses, los cuerpos seguían incorruptos. Al año siguiente, un legado de Filipinas, previa autorización de Toyotomi Hideyoshi – uno de los hombres más importantes del país – recogió los últimos restos de las víctimas y sus cruces, quedándose únicamente los hoyos, que poco a poco, fueron cegándose.

Cráneo de San Francisco Blanco venerado en Outarelo, O Barco de Valdeorras.

Cráneo de San Francisco Blanco venerado en Outarelo, O Barco de Valdeorras.

El proceso informativo se inició ese mismo año en Manilas, llevándose algo más de doce meses recogiendo datos. Concluido el proceso, el Padre Rivadeneira lo trajo a España y, desde aquí, por recomendación del rey Felipe II fue directamente al Papa Urbano VIII. Este dio orden de que inmediatamente se incoase el proceso apostólico del martirio y el 19 de julio de 1627, Urbano VIII firmaba el decreto de martirio declarándolos beatos. El 8 de junio del año 1862, el beato Papa Pío IX, los canonizó solemnemente, extendiendo su culto a toda la Iglesia Universal. Su festividad se celebra el 5 de febrero.

Junto con San Francisco Blanco, fueron martirizados y canonizados: San Pedro Bautista, San Martín de la Ascensión, San Felipe de Jesús, San Gonzalo García, San Francisco de San Miguel, San Francisco carpintero de Kyoto, San Cosme Takeya, San Pedro Sukejiro, San Miguel Kozaki, San Diego Kisai, San Pablo Miki, San Pablo Ibaraki, San Juan de Goto, San Luís Ibaraki, San Antonio Deynan, San Matías, San León Karasumaru, San Ventura, Santo Tomás Kozaki, San Joaquín Sakakibara, San Francisco médico de Kyoto, Santo Tomás Dangui, San Juan Kinuya, San Gabriel de Ise y San Pablo Suzuki.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– FERNÁNDEZ, A., “Orensanos ilustres”, Orense, 1916.
– Fr. J. de Jesús, “Relación del glorioso martirio de seis frailes descalzos”, 1925
– GIL, C., “Santos gallegos”, Editorial Porto, S.A., Santiago de Compostela, 1976
– PLACER, G., “San Francisco Blanco”, Editorial Logos, 1931.
– SICARDO, J., “Cristiandad del Japón”, Madrid, 1698
– VV.AA. Bibliotheca sanctorum, vol. V, Città N. Editrice, Roma, 1991.

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29 pensamientos en “San Francisco Blanco, fraile franciscano mártir en Japón

  1. Magnifico, la verdad no sabia mucho acerca de los martires japoneses en Nagasaki, primero he leido este rticulo de San Francisco Blanco y luego el de San Felipe de Jesús. Historias realmente Magnificas e inspiradoras.
    Saludos.

    • Es verdad, Jhonatan, que normalmente, al hablar de los mártires de Nagasaki, se hace generalmente del grupo. Yo creo que es interesante entrar en la vida de cada uno de ellos y descubir su riqueza espiritual, que fue la que le condujo al martirio.

      Cuando el mes pasado escribí sobre los santos mártires vietnamitas, describiendo con más detalles las vidas de los mártires españoles del grupo, eso fue lo que intenté hacer: descubrir sus personalidades. Como alguien comentó que por qué no se hacía lo mismo con los mártires oriundos de Vietnam, me he planteado hacerlo y estoy escribiendo algunos artículos sobre ellos, aunque bien es verdad que se conocen menos al detalle.

  2. Un artículo bastante claro y preciso de una época turbulenta en la cual también ocurrieron historias y vivieron personas excepcionales. No sé porqué relacioné la historia de las cabras del santo de hoy con las mulas que buscaba el rey Saúl y lo que terminaron encontrando: su destino.

    Con los 26 protomártires, en México encabeza la lista nuestro Felipillo, allá en España lo es San Pedro Bautista, y en Japón el controvertido Pablo Miki, como oficialmente lo es también en el santoral. Creo que cada uno tiene su historia que contar y enriquece de forma holística un suceso que ha sido abordado de forma parcial. ¿A qué me refiero? Tú lo sabes, Toño. La evangelización de Japón no estuvo exenta de cierta sospecha de invasión y colonización como sucedió en Filipinas y en India, y sin duda Toyotomi Hideyoshi no ignoraba esto y él, ardiente nacionalista y no el Nerón japonés como se le retrata, quiso impedirlo. Más truculento y nada evangélico fue el actuar del obispo Pedro Martínez y de los jesuitas, así como de los portugueses que en ese momento de la historia estaban bajo el dominio de Felipe II como rey de España y Portugal, puesto que aún los Braganza no recuperaban el trono, esta acción mermaba aún más los intentos de independencia del país luso y, también, les quitaban el derecho exclusivo del monopolio del comercio y la evangelización. Los franciscanos, en primer lugar, y los japoneses convertidos, junto con los tres jesuitas japoneses, fueron las víctimas -peones- de la lucha de poderes mundanos; si bien los primeros no actuaban tampoco tan legalmente al ser los jesuitas los autorizados únicamente a evangelizar Japón y si fueron, fue con la autorización de Felipe II más que con la del Papa en turno.

    • Alejandro,
      Ya hemos hablado en alguna otra ocasión acerca de cuales fueron las complejas condiciones que originaron estas persecuciones contra los cristianos, a quienes muchos veían, si no como colonizadores comerciales o territoriales, si como colonizadores espirituales.
      Los gobiernos europeos querían abrir nuevos mercados en Oriente y conseguir nuevas tierras rivalizando entre ellos, pero era normal que los religiosos se apuntaran a esas expediciones con la intención de dar a conocer a Cristo en otras tierras distintas a las europeas.

      En aquellos tiempos, salvo raras excepciones como las del obispo portugués, los religiosos no se metían en cuestiones políticas y no buscaban enfrentamientos con las autoridades locales, ni con las civiles ni con las religiosas, pero sufrieron las consecuencias de ser también considerados como colonizadores.

      Es normal que los japoneses encabecen el grupo con San Pablo Miki, vosotros, con San Felipe de Jesús y en España con un español como San Pedro Bautista que era el más veterano del grupo, pero eso es exactamente igual, porque por igual se veneran los 26 mártires.

      Sobre Felipe II y comparsa, prefiero no opinar. Un día escribiré sobre San Felipe II, pero refiriéndome a un santo ruso que lleva ese nombre.

      • Hideyoshi sabía perfectamente que llegando los misioneros llegaban los soldados, como sucedió en Filipinas y en la India, y en China, y eso a él no le convenía en pleno proceso de unificación del Japón y expansión por el Oriente. Tras la cruz llegaba la espada.

        Yo conozco al menos dos ejemplos de religiosos que sí se involucraron en la política para defender los intereses evangélicos, si bien ya estaría hablando de post conquista.

        • Yo no creo que primero llegaran los misioneros y detrás los colonizadores. A mi entender fue al revés porque si los colonizadores, al menos los comerciantes, no hubieran puesto los medios de transportes, los misioneros no podrían haber viajado. Los misioneros no tenían medios económicos.

    • Estimado Antonio…hace ya muchos años hicimos un reportaje para TVE de un misionero español en Japón,…me falla la memoria,creo que era de un pueblo de Zamora o quizás de León,en ese pueblo se conservan ciertas reliquias,había incluso una espada samurai, una katana,no recuerdo ni el nombre del pueblo ni del misionero,..necesito ayuda,mil gracias

      • Bueno, compañeros de San Francisco Blanco fueron los españoles San Pedro Bautista (de San Esteban del Valle, Avila), San Francisco de la Parrilla (de La Parrilla, Valladolid), San Martín Aguirre de la Ascensión (de Vergara, Guipúzcoa) y otros dos, de ascendencia española, pero nacidos fuera de España: San Felipe de Jesús y San Gonzalo Garcia).
        Creo que te estás refiriendo a San Pedro Bautista, cuyo cráneo se conserva en su localidad natal: San Esteban del Valle, en Avila.
        En el convento de las Concepcionistas de Toro (Zamora), se guardan su mano derecha y un antebrazo.

  3. Gracias, Antonio. Me gusta mucho que se hable de estos mártires que son muy conocidos en grupo, pero se suele conocer mal la personalidad y vida de cada uno, por lo que haces un gran trabajo al difundirlo.

    Coincido con Alejandro en no compartir la visión, por lo demás propia de la época, de evangelizar a toda cosa y además ir frontalmente contra una cultura ya de por sí muy frontalizada contra toda injerencia oriental. No justifico la persecución y matanza de cristianos, especialmente la de sus propios compatriotas, lo que es cruel y no se puede tolerar; pero las culturas asiáticas en general eran enormemente reacias -y a menudo, con razón- con la injerencia y control occidental, de modo que acabaron pagando justos por pecadores y quizá hubiese dado más fruto de vidas conversas, que no de mártires, una actitud más de “mano izquierda”. Claro que lo hecho, hecho está.

    • Ana Maria,
      Si Dios quiere, seguiremos escribiendo individualmente sobre algunos de ellos.
      Yo creo que, a su manera, si que utilizaron de “mano izquierda” y eso se podrá ver mucho más claramente cuando escribamos sobre San Pedro Bautista que era, digamos, el padre espiritual de todos ellos. Ya lllegará su momento.

      • Y de San Pedro Bautista me sorprende que fuera el embajador de Felipe II y éste no enviara sus galeones armados de cañones para someter al Japón por su asesinato. Quizás, como dije, no fueron sino peones en un juego de poderes.

        • ¿No pudo ser un embajador de buena voluntad? Ten en cuenta que a Felipe II, a veces, le salía “la vena religiosa” y pretendía difundir el evangelio y las buenas relaciones, más que las conquistas.

          • Ojalá hubiese hecho lo mismo en el continente americano y cuántos males nos habríamos evitado: exterminio de las civilizaciones originarias, enfermedades no endémicas, esclavitud y crueldad… pero era un rey de este mundo y por lo tanto el oro le pesó más que su rosario. El gesto de Hideyoshi fue una advertencia: No nos dejaremos someter.

          • San Francisco Javier también fue embajador y nunca hizo uso político de ello, su vocación misionera comprueba que puede haber buena voluntad

  4. Antonio

    Impresionante la vida de San Francisco Blanco. No se dejó vencer por sus enfermedades, y siendo débil de condición, accedió a tratar a los enfermos.

    Que triste encontrarse en la historia siempre acontecimientos de poder y mal aún en cuestiones entre religiosos, obispos, los intereses están por encima que el mismo Evangelio.

    Ya tengo a un santo más para encomendarme pues creo que en parte nos parecemos en cuanto a algunas cosas que personalmente te he contado Antonio.

    Tienes idea del ¿Por qué pasó tanto tiempo entre la beatificación y la canonización?

    • Emmanuel,
      Seguro que de él podemos, puedes, aprender muchas cosas y se que puede “ser un santo a tu medida”. Me entiendes y espero que así sea.
      ¿Por qué pasaron mas de dos siglos entre la beatificación y la canonización? Pues sinceramente, no lo se. Canonizados fueron todos juntos, pero beatificados, no. Los franciscanos lo fueron el 15 de septiembre de 1627 y los tres jesuitas, dos años más tarde.

      • Y me refería al largo tiempo entre la beatificación y canonización porque se ve una fuerza emotiva en querer pronto recopilar toda la documentación y luego parece que ya siendo beatos todo se enfría.

        Y es verdad, de él podemos aprender mucho, muchísimo, sabes… acabo de llegar del rancho y llovió mas de 7 horas, ya sabrás cómo está todo, pero por lo menos ya germinó en algo significativo las cosechas jejejeje y eso nos pone contentos 😀 Fue mucho trabajo e inversión que veíamos ya casi perdida.

        • Emmanuel:
          yo opino que los procesos se detuvieron simplemente por las largas distancias entre Roma, Japón y México en lo particular. Los medios de comunicación eran lentos y el ir y venir eternizaba la vida. Tengo entendido también que mucha información se llegó a perder porque los barcos que la transportaban se llegaron a hundir. Y volver a empezar.

          • Y además las guerras de religión en Europa y la Unificación de Italia en el S. XIX también.

  5. Muchas gracias Antonio, por este documentado articulo de San Francisco Blanco y los mártires de Nagasaki, al escribir individualmente sobre ellos podemos conocer los aspectos de su vida en profundidad, como por ejemplo su procedencia de tierra Gallegas.
    ” LOS RELIGIOSOS NO TENEMOS PATRIA; AHORA MI PATRIA ES JAPÓN Y MIS COMPATRIOTAS LOS JAPONES”, analizando estas palabras suyas, veo en ellas una gran verdad , y es que los misioneros de esta época en concreto eran conscientes de que dejaban todo por llevar la palabra de Dios a otros lugares, aun sabiendo que no volverían a ver a sus familiares, a volver a sus tierras y sabiendo que podían morir en el intento ( aunque algunos precisamente buscaban esto).
    Al describirnos este cruel martirio, observo que los verdugos que lo tramaron se empeñaron en que fuese parecido al del mismo Jesús ( aun mas espantoso ), ¿ se sabe si era la practica habitual contra los cristianos en estas tirras, o solo fue ideado para este grupo de mártires?.
    Gracias Antonio, me ha gustado mucho tu articulo.

    • Los japoneses también utilizaron otros tipos de martirios. Se calcula que durante el siglo XVII fueron asesinados más de cinco mil cristianos; por ejemplo, acuérdate del Gran Martirio de Nagasaki en el año 1622, donde muchos fueron quemados vivos (crucificados o no), decapitados, echados dentro de fuentes de agua hirvientes, atados a postes rodeados de hogueras, etc.
      Richard Cocks, miembro de la tripulación de un barco inglés que por entonces se hallaba en el Japón, dio testimonio de haber visto unas cincuenta y cinco personas martirizadas al mismo tiempo en Miako. “Entre aquellas gentes había niños pequeños, de cinco o seis años, a los que quemaban en los brazos de sus madres y que gritaban con ellas: ¡Jesús, recibe nuestras almas!”.
      En fin, que los japoneses fueron muy refinados en sus métodos de torturas y martirizaron a multitud de cristianos. Acuérdate pr ejemplo de la beatificación de Pedro Kibe Kasui y 187 compañeros, beatificación que se realizó en Nagasaki el 24 de noviembre del 2008.

  6. Toño:

    Pues me has sorprendido gratamente con esta artículo, en el que le das personalidad a uno de los santos mártires de Japón.
    En otras ocasiones he expresado mi parecer en este mismo sentido en lo que respecta a nuestros santos mártires mexicanos. En manojo no es lo mismo que uno por uno. Cada santo tiene algo particular que enseñarnos. Sean de Japón, Vietnam, Uganda o Ucrania.
    Cuando me dio la locura por estudiar a los santos, sobre todo en grupos grandes, este equipo de santos lo estudie a profundidad porque en él está mi paisano San Felipe de Jesús. Fue entonces cuando supe que este santo, con San Francisco de San Miguel, San Pedro Bautista y San Martín Aguirre vivieron un tiempo en México, al igual que otros santos y beatos mártires que murieron en Japón, en China y Vietnam.
    Su vida personal me ha gustado en lo particular, su afán de ser misionero y como a pesar de su salud endeble, logró su cometido.
    Me permito opinar algo sobre lo que se comentaba arriba de la evangelización y la colonización y estoy totalmente de acuerdo contigo, luego de los colonizadores, vino la conquista espiritual. El comercio abrio esas puertas y es así como se dio el proceso de la evangelización por lo menos en México.
    En el caso de Japón, eran varios reinos que Hideyhosi quería unificar, pero quien lo logró realmente fue Yayatzu, el sucesor y también implacable perseguidor de los cristianos. Al respecto difiero de la opinión de Alejandro de que estos hombres y los que les siguieron fueran “Nerones”. Realmente actuaron con los mismos fines políticos que los emperadores romanos. Unos como otros, no toleraban un estado dentro de otro estado, como veían a la religión cristiana. Estas persecuciones no fueron cuanto a la fe, sino a la religión. El estado romano sabía perfectamente que los dioses de su panteón no existían, pero lograban catalizar el mundo social. Por eso el cristianismo fue proscrito, por atentar a la unidad de imperio. En este sentido, la religión cristiana fue perseguida en Japón con el pretexto de la colonización, nunca por sus enseñanzas. O sea, fueron razones políticas para lograrlo. Lo que si fue lamentable, por lo menos en esta primera persecución, fue la grilla que había entre jesuitas y franciscanos. Divididos y confrontados hasta no se que punto, se obtuvo un caldo de cultivo que los comerciantes no católicos y no españoles lograron consolidar.
    Y tal fue el resultado que Japón se cerró al mundo occidental, persiguiendo y destruyendo con más saña y métodos más refinados y crueles que los romanos, a todo el que fuera cristiano. Si mal no recuerdo fue hasta el S. XIX cuando Japón volvió a abrir su puertas al Occidente y todavía en ese tiempo hubo persecución.
    Políticamente se consolido un estado, conservó su cultura y sus tradiciones, no se destruyó ni se arrasó con nada, pero, cuántas almas no conocieron la verdad del Evangelio y cuántas no se habrán perdido a pesar de la Ley Natural. Escandalizarse ahora por la destrucción de culturas no remedia nada, creo en un sentido antropológico que es completamente natural que un ser superior o una cultura más fuerte absorba a una inferior. Es un proceso evolutivo natural. Qué sucede con nuestra cultura actual: en occidente se respeta más la vida de un toro, se lucha por quitar la fiesta brava y hacen manifestaciones y leyes para protegerlos de la violencia. Sin embargo, se propone la eutanasia y el aborto y todos contentos y satisfechos porque somos una cultura que subió de nivel. Me salí mucho del tema….
    Quiero preguntarte sobre las reliquias de estos santos mártires en general. Sabía de la existencia de ellas, pero no su ubicación, estado y ubicación. Sabía del prodigio de la incorruptibilidad de sus cuerpos por mucho tiempo y de su recuperación. Aquí en México llegó hasta donde se gran parte de reliquias de San Felipe. Que se perdieron con las guerras y revoluciones. Y a comentaba en el artículo sobre el publicado que en al Parroquia a él dedicada en Guadalajara hay un resto óseo muy pequeño y que en la Parroquia de Jesús Nuestra Pascua se consagró el altar depositando en el otra partícula ósea.
    Las fotos que has puesto me han dejado con la boca abierta. Puedes decirme de quienes son las que se conservan en Goa. Pero con lo que te llevaste la palma fue la calavera del santo hoy presentado, te graduaste con summa cum laude.
    Alguna vez vi fotos en internt de reliquias de estos santos, recuerdo algo de San Pablo Miki. Sabes si se conservaron de todos los santos o desaparecieron sin dejar vestigios?
    Una vez más gracias Toño por compartirnos estos conocimientos tan profundos y tan edificantes.

    • Este comentario es larguísimo, pero yo me voy a ceñir solamente al tema de las reliquias. Se conservan las reliquias de muchos de ellos, unas identificadas individualmente y otras mezcladas entre si como las que están en Goa o en el propio Santuario de Nagasaki.
      A bote pronto y sin mirar mis archivos, te diré que tengo fotos de relicarios de San Pablo Miki, San Pedro Bautista (el cráneo), San Felipe de Jesús, San Francisco Blanco, San Martin Aguirre, San Cosme Takeya, San Juan de Goto, San Diego Kisai y de otros, pero ya estas mezcladas entre si. Si, se conservan reliquias aunque no todas.

      • Estimado Antonio, una duda que ya había expresado antes; ¿sabes de reliquias identificadas como de San Felipe (ciertas o atribuidas), dentro y fuera de México? Más allá de un presunto fragmento oseo en la catedral metropolitana en Ciudad de México y las que se mencionan en Guadalajara, no se de ninguna más en nuestro país.

  7. Este grupo a mi siempre me ha gustado en primer lugar porque forma parte de él mi querido paisano San Felipe de Jesús y en segundo porque estos misioneros del oriente siempre me han sorprendido como saben enfrntarse a situaciones tan adversas como la cultura tan diferente, el idioma, la distancia, la oposición imperial y aun así lograr la conversión de muchos ciudadanos y ofrendar su vida. Pocas veces eh podido leer información detallada de cada uno de los miembros de este grupo salvo excepciones asi que agradezco el que lo hagas Antonio. En algunas bibliografías eh leido que el obispo jesuita intercedio para que no fueran martirizados los jesuitas y franciscanos pero que no le hicieron caso y por otro lado eh leido lo mismo que tu dcies que al contrario el fue participe en que terminaran martirizados. Ahora sobre lo de las reliquias veo que mencionas que fueron recogidas sus cruces y esto me lelve a una duda que siempre tuvimos Eddy y yo, ya que en el vecino estado de Campeche, aqui en México en una parroquia se venera una tabla de la cruz de San Felipe de Jesús pero siempre tuvimos la duda de si alguien se había tomado el trabajo de conservar la cruz de San Felipe, por lo que veo en este artículo parece que si es muy posible que esa tabla sea una reliquia original. Muchas gracias

    • André,
      Pudiera ser que ese madero sea auténtico. Como he dicho en el artículo, en cada cruz se puso el nombre del ajusticiado en ella.

  8. Muchas gracias Antonio. Conocía a estos mártires en tierras niponas por el cuadro que en el Museo de Bellas Artes de Valencia se expones, obra de Mosen Pedro García Ferrer, y que es distinto al que tan amablemente nos presentas en la ilustración pues el autor es contemporáneo de los hechos que representa. Con posterioridad tuve la posibilidad de conseguir los gozos que os adjunto http://gogistesvalencians.blogspot.com.es/2012/06/gozos-los-santos-martires-de-japon.html

    • Muchas gracias, Salvador, por los gozos de los santos protomártires de Japón. ¿Te parece normal que habiendo entre ellos varios santos españoles, estén dedicados los gozos a los tres santos jesuitas japoneses? ¡¡¡!!!

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