Siervo de Dios fray Antonio Alcalde y Barriga

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Lienzo-retrato del Siervo de Dios. Fotografía de Francesco Lay.

Lienzo-retrato del Siervo de Dios. Fotografía de Francesco Lay.

Introducción
La ciudad de Guadalajara, Jalisco, en México es también la sede de la Arquidiócesis del mismo nombre. Entre los hombres ilustres que han pastoreado esta Iglesia local y que han dejado grata memoria, refulge como un astro brillante en medio de la oscuridad Don Fray Antonio Alcalde y Barriga, XXVI Obispo de esta sede y gran benefactor de la humanidad. La obra de este hombre es determinante para que la ciudad y la diócesis tuvieran un progreso y un crecimiento social, científico y religioso.

Infancia
Nació en la Villa de Cigales, en la Provincia y Diócesis de Valladolid, en España. Vio la primera luz el 14 de marzo de 1701, siendo el cuarto y último hijo de José Alcalde e Isabel Barriga; fue bautizado en la Parroquia de Santiago de esa villa el 3 de abril del mismo año, recibiendo las aguas lustrales por ministerio de su tío paterno, de quien heredaría el mismo nombre: Antonio Alcalde; los hermanos de este niño se llamaban Fernando, Pedro e Inés; tuvo una familia dedicada la labranza, la ganadería y otras artesanías, sin ser ricos, tuvieron lo suficiente para tener lo necesario para vivir.

El 29 de julio del año en que nació, falleció su madre Doña Isabel Barriga y Balból; aunque la crianza que tuvo no se debió a unas maternales manos, su crecimiento se desarrolló en un hogar con ambiente cálido. En sus primeros años ya se desempeñó como pastor del ganado y cuidador de las tierras de labranza; recibió la primera educación de su propio padre Don José Alcalde, que lo forjó como hombre de bien, inculcándole un profundo sentido religioso, el apego a la tradición de la familia, el amor a la naturaleza, la honradez, la generosidad y respeto a los demás; y de su tío Antonio Alcalde, quién percibiendo su talento y capacidad intelectual lo impulsó para completar su educación académica, lo que provocó el despertar de una vocación religiosa.

Vocación
Con quince años cumplidos, Antonio sintió la llamada del señor y decidió abandonar el terruño para dedicarse al servicio de Dios en los hermanos. Su elección cayó en el convento dominico de San Pablo, en el que fue admitido al examinar su sincera vocación. En 1718 recibió el hábito de Fraile Predicador y continuó con esmero el estudio de las disciplinas eclesiásticas. En 1725 recibió el orden sacerdotal y ya ordenado, se dedicó por cuatro décadas al ministerio de la enseñanza. En 1751 fue nombrado prior del convento de Santo Domingo en Zamora. A partir de 1753, y por nueve años, desempeñó la misma función en el convento de Jesús María o de Nuestra Señora de Valverde, cercano a Madrid. Allí consolidó su formación religiosa y humanística, que le hizo comprender la magnitud de los cambios culturales, políticos y económicos de España y de la Europa de su tiempo. Estos conocimientos le fueron de gran utilidad cuando llegó a América.

Pintura que se ha colocado sobre su sepulcro en el Santuario de Guadalupe.

Pintura que se ha colocado sobre su sepulcro en el Santuario de Guadalupe.

El fraile de la calavera
Fue en este lugar, próximo a la corte, donde sucedió un evento que trastocaría definitivamente la vida del fraile dedicado a la investigación, la enseñanza y la predicación. Un domingo de julio de 1760 andaba de casería por las cercanías de Valverde el Rey Carlos III, quien fatigado por las correrías de esa jornada, eligió el convento de Jesús María para tomar un descanso en dicho convento, que tenía fama de observar rigurosamente la regla y las constituciones de la orden.
Al ingresar al vestíbulo, dado que la visita real no estaba programada, el fraile portero recibió sin ceremonia al monarca y su séquito; el real personaje decidió ocupar la mejor estancia, y se dirigió a la celda del prior. Los enseres de este lugar eran pobre, sencillos y sin ningún lujo, unas tablas formaban el lecho, un cilicio adornaba la pared, una silla y una mesa sobre la que había unos libros, un crucifijo y una calavera. La impresión del lugar, tuvo un mayor crecimiento cuando se presentó ante él el prior, que daba traza de no vivir en este mundo, sino que estaba de paso.

Muy fija quedó en la mente del monarca la personalidad de Fray Antonio Alcalde y la profunda sensación de la calavera en su celda, pues días después, cuando se le informó de la muerte de Fray Ignacio Padilla y Estrada, Obispo de Yucatán, en México, le dijo a su ministro que se había presentado ante él para suplir la sede vacante en virtud del regio patronato para las Indias, a quién había referido el incidente de Valverde: “Nombre usted al fraile de la calavera”.

Simultáneamente y sin presagiar el destino que se estaba preparando en la corte para el prior de Valverde, los dominicos nombraron a Fray Antonio Alcalde prior del convento de Santa Cruz de Segovia, el más venerable y antiguo de la orden, fundado por Santo Domingo de Guzmán. Ya estaba se estaba disponiendo Fray Antonio a tomar posesión, cuando recibió la real cédula en que se le nombraba Obispo electo de Mérida, Yucatán, con fecha de 18 de Septiembre de 1761.

Obispo de dos sedes
Apenas enterado de esta circunstancia, Fray Antonio Alcalde suspendió su marcha a Segovia y consultó con el superior de su orden si aceptaba o rechazaba la mitra. Fray Tomás de Boyander, que así se llamaba el Superior, le aconsejo que aceptara. El 29 de enero de 1762, el Papa Clemente XIII firmó la Bula en la cual autorizaba su consagración episcopal, en tanto el Rey Carlos III autorizó el paso del religioso a México.

Entrada del Hospital Civil, con dedicatoria del Siervo de Dios sobre ella.

Entrada del Hospital Civil, con dedicatoria del Siervo de Dios sobre ella.

Llegó a la ciudad episcopal el 1 de agosto de 1763 con más de sesenta años encima, su labor episcopal abarcaba además de Yucatán, Campeche, Tabasco, Quintana Roo, aparte de Belice y Guatemala; debió enfrentar un clima extremo, limitados recursos económicos, de pésimas o inexistentes vía de comunicación, transporte deficiente y un idioma desconocido: el maya, sin embargo, uno a uno, fue venciendo estos obstáculos.

El 15 de octubre de 1765 fundó una cátedra de teología moral en el seminario conciliar y en 1768 solicitó al monarca ya mencionado que se erigiera una real y pontifica universidad en el Seminario, proyecto que se consolidó tiempo después.

Gran filántropo, Fray Antonio Alcalde dejó huella en estas tierras: en 1768 donó camas para sacerdotes pobres y una vasta enfermería para mujeres en el ya existente Hospital de San Juan de Dios, empleando para ello 20 000.00 pesos. En 1769 – 1770 una plaga de langosta asoló la diócesis, circunstancia narrada por él mismo: “Las circunstancias en que aquí nos hallamos son tan deplorables y universales que comprimen mi corazón y por todas partes me cercan como dolores de infierno sin menor consuelo; la plaga oscurece el sol, el hambre crece, las enfermedades aumentan, empieza la peste, especialmente en Tabasco, donde los cadáveres no caben en los templos, en la mayor parte de estas provincias, se tiene que ir a los montes en busca de frutas para sustento”.

Ante la adversidad, el Pastor no se dio por vencido, pues agotó las rentas del obispado adquiriendo 64 000.00 pesos de víveres de la Isla de Jamaica, los cuales depositó en graneros para distribuirlos ordenadamente entre tantos necesitados.

El 13 de enero al 26 de octubre de 1771 sesionó el episcopado mexicano en la capital de la Nueva España en el IV concilio provincial mexicano. Don Fray Antonio Alcalde tuvo destacada participación por su discreción y por la exposición de sus ideas claras y oportunas.

Guadalajara
Ya no regresó a Mérida, pues el Rey dispuso que cubriera la cátedra episcopal de Guadalajara, con sede vacante por la muerte de su titular el obispo Don Diego Rodríguez y Velazco, quién por cierto fue el único obispo americano, que se opuso a la arbitraria expulsión de los jesuitas en 1767, ocasionada por el absolutismo de la Corona Española. El obispo Alcalde tomó posesión de su nueva sede mediante un apoderado, el Canónigo Maestrescuelas Don Manuel Colón de Larreategui, el 19 de agosto de 1771. Desde la capital del virreinato dispuso lo que había que menester para encaminarse luego a su nuevo destino. El recorrido del trayecto de la ciudad de México a Guadalajara, que son 400 km, lo hizo en tres día a lomo de burro.

Monumento dedicado al Siervo de Dios en la plazuela del Santuario de Guadalupe.

Monumento dedicado al Siervo de Dios en la plazuela del Santuario de Guadalupe.

El obispo que llegó a Guadalajara el 12 de diciembre de 1771 era un hombre anciano, de complexión robusta, cabello gris, tez de un color blanco pálido, frente despejada, ojos negros, nariz aguileña y alto de estatura, sin embargo, acababa de cumplir setenta años, no pareciera ser el más apto para guiar el destino de una Diócesis con más de medio millón de almas , dispersas en un territorio que ocupaba Jalisco, Colima, Nayarit, Aguascalientes, Zacatecas, San Luis Potosí, Nuevo León y Coahuila, así como Texas y Luisiana; este panorama abrumador antes de desanimarlo lo llenó de ánimos y encendido fervor apostólico.

Personalidad
Don Fray Antonio Alcalde era afable, muy sencillo, manso de corazón y lleno de paz, candoroso, amable, dulce, con un buen humor, jovial, franco y muy comunicativo, su vida se fundamentó en cuatro virtudes: austeridad, estudio, caridad y oración, por eso fue hombre lleno de Dios, que amó lo bueno, lo bello y lo grande.

Vestía ropa fabricada en el país, su ropa interior era de manta, su cama era una sencilla zalea a ras del suelo y una tarima de madera era su almohada, en invierno usaba una tosca frazada; ayunaba siente meses al año, se alimentaba de legumbres y a veces, añadía un poco de carne. Pertinaz estudiante, robaba horas al sueño para aprender y actualizarse, decía: “La noche es para mí, el día para el público”.

Hombre de caridad útil al necesitado, todos sus ingresos económicos los empleó en limosnas para los pobres y la fundación de escuelas, hospitales, templos y conventos. Sus beneficiarios directos fueron los pobres, las viudas, los huérfanos, los desempleados, los enfermos, los estudiantes, los menesterosos. Supo ejercer la justicia y con libertad denunció y corrigió sin que la mano le temblara los abusos de las autoridades civiles y eclesiásticas.

Siempre educado, respetaba a todos los que se cruzaban en su camino. Como tenía un muy fino sentido del humor, sabía reírse de sí mismo. Con ingenuidad y agudeza corregía a los que se burlaban de él con guante blanco. Una de las ideas fundamentales que difundió Fray Antonio Alcalde fue la de señalar que si bien las leyes civiles toleraban la esclavitud, esta condición era contraria a la fe cristiana, pues considera que en esencia todos los hombres son iguales y nadie está autorizado para someter a otros.

Predicaba con el ejemplo más que con la palabra, eligió vivir pobre para ser uno más entre ellos, de las cuantiosas rentas apenas tomaba lo indispensable para costear su sobria vida y dar lo demás a los necesitados.

Vista de la fachada del Santuario de Guadalupe, creado por el Siervo de Dios Antonio Alcalde.

Vista de la fachada del Santuario de Guadalupe, creado por el Siervo de Dios Antonio Alcalde.

La fuente de su fortaleza se debe buscar en su gran amor a la Eucaristía, su sólida piedad, su gran vida de oración, la limpieza de corazón y su profundo amor a la Santísima Virgen María; pese a que la Guadalajara del siglo XVIII padecía las secuelas del absolutismo español, estos tiempos de relajación sirvieron para que el espíritu de los primitivos pastores de la Iglesia se suscitara en la persona del Obispo de Guadalajara. El 10 de octubre de 1775, con todo y su edad, a pesar de sus achaques y las limitaciones de su época, determinó visitar su extensa diócesis.

Hay que hace notar que durante la época de la Colonia, había pocos Obispados. Las causas de ello, además de las vías de comunicación tan lentas y el tiempo para tramitar tan largo, así como los engorrosos trámites ante la Corona y la Santa Sede, era el que los Obispos no querían dejar de percibir las entradas de los diezmos, que por entonces se recibía en especie, monetario y bienes muebles e inmuebles. Fray Antonio no dudó en solicitar la fragmentación de su Diócesis, de la que se desprendieron otros dos obispados: Linares, hoy Monterrey, en Nuevo León y la de San Miguel de Culiacán, en Sinaloa.

Tampoco tuvo empacho en romper la hegemonía de una sola Parroquia de la Ciudad, la del Sagrario Metropolitano. (Cuyo edificio también se comenzó a construir durante su ministerio y con el apoyo de su peculio, en el lugar donde ahora se levanta el actual edificio) Creó dos más: la del Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe al Norte y la de San Juan Bautista de Mexicaltzingo al Sur.

El Hospital de San Miguel de Belén
Cuando Fray Antonio Alcalde llegó a Guadalajara, los servicios sanitarios eran atendidos en dos lugares: en el Hospital de San Miguel, atendido por los frailes betlemitas en una antigua y deteriorada construcción ubicada donde ahora se ubica el popular mercado Corona. El otro lugar se hallaba en un convento al oriente de la ciudad, atendido por la orden hospitalaria, por eso el río que estaba allí y que ahora yace entubado debajo de la calzada Independencia se llamaba de San Juan de Dios.

Vista de la urna que contiene el corazón del Siervo de Dios.

Vista de la urna que contiene el corazón del Siervo de Dios.

Así pues durante su episcopado y hacia 1786, la Nueva Galicia soportó una pérdida de cosechas seguida por la hambruna y una mortal epidemia que por sus síntomas se llamó la bola. Los muertos por día sumaban decenas, los espacios para los enfermos eran insuficientes, pronto los fallecidos sumaron casi la mitad de los habitantes de la ciudad conmovido por estos eventos y advirtiendo que el hospital en medio de la ciudad era un foco de infección, Fray Antonio ofreció al Ayuntamiento costear un hospital siempre y cuando, la real audiencia de la Nueva Galicia lo permitiera. Se aceptó la propuesta y el Ayuntamiento cedió un terreno al noreste de la ciudad, este lugar estaba acondicionado para atender mil enfermos y en caso de necesidad hasta dos mil. El Obispo Alcalde colocó la primera piedra en 1781, invirtió en esta obra 265,169 pesos, no vio concluida su terminación, pero garantizó su conclusión con un legado de 266,008.00 pesos y las rentas de 158 casas que mando edificar cerca de la Parroquia del Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe.

El hospital de San Miguel de Belén se inauguró el 3 de mayo de 1794 y la leyenda en la entrada principal perpetúa la memoria del fundador: “Fray Antonio Alcalde a la Humanidad Doliente”. Actualmente este hospital, llamado popularmente Hospital Civil, atiende a todas las personas que no tienen recursos económicos no solo de la zona metropolitana de Guadalajara y del interior del Estado, sino de una zona regional muy amplia del país. Hacia 1990 se pensó construir otro complejo hospitalario ante la insuficiencia de este lugar y darle otro destino, que tiene incluso dentro de sus instalaciones la facultad de medicina de la Universidad de Guadalajara y el servicio médico forense. Aún así con la torre de especialidades que se construy y el Hospital de la Mujer recientemente construido, los servicios hospitalarios siguen siendo insuficientes. El antiguo y benemérito hospital sigue en funciones.

Urbanista
Su amplia labor y humanitaria tuvo visión sin limites, realizó un experimento sin precedente en la ciudad Hispanoamérica que aventajo en mucho los proyectos gubernamentales para dotar de casa a los ciudadanos: la construcción de 158 viviendas populares bautizadas como las Cuadritas. Esta empresa tuvo un triple origen: dotar al Hospital de San Miguel de Belén en construcción de rentas, favorecer el crecimiento de la ciudad muy desarrollada al sureste y al poniente, pero desierta al norte, y abatir la carencia de vivienda para las clases populares. En esta magna obra el siervo de Dios invirtió 240,835.00 pesos. De esta magna obra sólo subsiste una reliquia, ubicada en la Av. Fray Antonio Alcalde 576, que después de un cuidadoso proceso de restauración sirve como albergue para los familiares que tienen enfermos en el Hospital Civil.

También alentó la creación de la primera zona industrial de Guadalajara, ya que a instancias suyas se instalaron muchas tenerías en el barrio del Retiro, aledaño al del Santuario de Guadalupe.

Vista del letrero que recubre la hornacina que contiene el corazón del Siervo de Dios.

Vista del letrero que recubre la hornacina que contiene el corazón del Siervo de Dios.

Promotor de la Educación
Por aquellos años el atraso cultural y la ignorancia de todos los tapatíos era impresionante, por esta razón otra de sus obras con trascendencia fue la educación. El 23 de abril de 1783 construyó una escuela de primeras letras con la capacidad de recibir trescientos alumnos en el barrio de las cuadritas, cuyos destinatarios principales eran los niños. Las niñas también se vieron favorecidas con la construcción de un beaterio o colegio dedicado a Santa Clara, en el predio oriental al Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, donde hoy se halla el Palacio Federal.

Gracias a su recia personalidad y por su esfuerzo, se creó el 18 de noviembre de 1781 la segunda Universidad del País, muy a pesar de la hasta entonces única Real y Pontificia Universidad de México. La educación superior en la Nueva Galicia fue atendida por casi 200 años por los religiosos de la Compañía de Jesús, primero en el colegio de Santo Tomás (donde hoy está la Biblioteca Iberoamericana ) casi a la par del Seminario Conciliar de San José.

En 1750 el Ayuntamiento de Guadalajara comisionó al Licenciado Matías Ángel de la Mota Padilla para gestionar ante la Real Audiencia de la Nueva Galicia la erección del plantel con fundamento en la distancia que había hasta la ciudad de México, pero no se obtuvo algún avance. En 1758, otro gestor, Tomás Ortiz de Landázuri gestionó en Madrid, otros trámites, sin embargo, la demora continuó.

En 1774 el Rey Carlos III interrogó al Virrey de la Nueva España, Al Presidente de la Real Audiencia de Nueva Galicia, al Obispo de Guadalajara, a la Real y Pontificia Universidad de México, al Cabildo civil de Guadalajara, sobre la conveniencia o prejuicios de este establecimiento. Los cuestionados avalaron el proyecto, excepto la Universidad de México, que argüía ser autosuficiente para satisfacer las necesidades intelectuales de la Nueva España. Afortunadamente se vencieron muchos trámites y dificultades para obtener de Rey el decreto de la erección de la Universidad de Guadalajara.

Cabe referir que en 1992, al celebrarse el bicentenario de la muerte de Don Antonio Alcalde, la Universidad de Guadalajara y la Arquidiócesis de Guadalajara firmaron un convenio en el cual la Universidad de Guadalajara reconocía los estudios de Bachillerato, conforme al plan y programa de estudios de esa Casa de Estudios, a los seminaristas diocesanos, que hasta entonces no tenían reconocimiento de validez oficial por parte del Estado y que en caso de abandonar los estudios eclesiásticos, sí serían validos como antecedente académico previo para estudiar alguna licenciatura.

Otra vista de la urna que contiene el corazón del Siervo de Dios.

Otra vista de la urna que contiene el corazón del Siervo de Dios.

Un obispo guadalupano
Este obispo tuvo un muy grande amor a la Santísima Virgen de Guadalupe, razón por la cual construyó un magnifico templo en su honor, pues esta advocación mariana tenía un hondo arraigo en la ciudad neogallega. A estos motivos se unió el Ayuntamiento de Guadalajara, para manifestar a la Virgen Santísima en su prodigiosa imagen de Guadalupe, la gratitud por su protección ante los repetidos y fuertes temblores sentidos en esos últimos años. Ya se refirió también como entró en Guadalajara precisamente el 12 de diciembre de 1771, para demostrar su particular afecto a la Morenita del Tepeyac, y para poner bajo su protección su ministerio episcopal.

La primera piedra del templo la colocó el señor Alcalde el 7 de enero de 1777 y el costo de la obra corrió por su cuenta, se invirtió en ella 240 835.00 pesos, en cuatro años de construcción. Ningún otro templo tapatío empleó tantos recursos en tan poco tiempo, esta iglesia se dedicó al culto en enero de 1781 y en julio de 1782 fue erigida parroquia. En su momento fue el templo más suntuoso de Guadalajara, pues el siervo de Dios lo dotó de todo lo necesario para el culto. Tuvo muchas alhajas, cuyo peso en oro excedían los cinco kilogramos y de plata que llegaban hasta las ciento setenta obras de arte como pinturas y esculturas, ornamentos y otros artículos le formaban un rico tesoro, que desgraciadamente se perdieron en épocas turbulentas, Fray Antonio Alcalde quiso tanto este santuario, que en él pidió ser sepultado.

Lleno de méritos vivió su pascua el 7 de agosto de 1792. Su sepulcro se halla en el muro poniente del presbiterio de este Santuario que también resguarda los restos mortales de los Beatos mártires Anacleto González Flores y Miguel Gómez Loza. Ningún Obispo había hasta entonces y lo ha hecho hasta entonces, de pedir ser sepultado fuera de la Catedral. Además del cariño que sentía por Nuestra Señora de Guadalupe y su santuario, quiso ser sepultado entre su gente de esta manera especial. Su epitafio, traducido del latín dice: “Aquí yacen en paz las cenizas de quien fue consigo generoso y con los demás. Con largueza, dispuso para Dios, culto; para los enfermos, medicina; para los niños y niñas, educación; para las doncellas, tutela; para el pueblo, viviendas, y para todos, consuelo eficaz: el venerable Obispo, Ilustrísimo Señor don Fray Antonio Alcalde, quien murió el 7 de agosto de 1792”.

El poeta mexicano Manuel Gutiérrez Nájera escribió sobre él: Era español, pero no de la raza de los conquistadores, sino de la raza de misioneros… y cuentan los que de cosas místicas entienden que el alma de Fray Antonio no quiso entrar al cielo, no hubiera sido dichoso entre los dichosos, está invisible en el hospital de Belén.

Vista del sepulcro del Siervo de Dios.

Vista del sepulcro del Siervo de Dios.

Fray Antonio Alcalde es considerado como el más grande benefactor de la urbe tapatía. Han existido voces que propusieron sin lograrlo y tal vez sea mejor, conforme al espíritu de este hombre, que la ciudad se llame Guadalajara de Alcalde, De hecho, la calle principal de la metrópoli que pasa afuera de la Catedral, se denominó precisamente Fray Antonio Alcalde. Esta calle iniciaba su tramo en el Convento de San Francisco, por tal motivo, la calle se llamaba “San Francisco” y al llegar a Catedral cambiaba de nombre por “Santo Domingo” porque terminaba en el convento de este Santo donde hoy se levante el templo de San José de Gracia. Dicha calle es ahora el eje Fray Antonio Alcalde – 16 de septiembre.

Un monumento de cantero se ha erigido para honrarlo en la Plazuela que está frente al Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, el más alto que se ha erigido en la ciudad. Si bien el monumento a los Niños Héroes de Chapultepec, es el más alto de la ciudad, ninguna estatua de prócer alguno le aventaja en tamaño. Otro monumento más reciente se le erigió frente a la entrada principal del Hospital Civil de Guadalajara con motivo del bicentenario de su muerte en 1992. En esa fecha, dicho nosocomio recibió el nombre de su Fundador: Hospital Civil Fray Antonio Alcalde. Algunas colonias también lo conmemoran: Jardines Alcalde, Alcalde Barranquitas y un popular parque recreativo tiene su nombre: Parque Alcalde.

Durante la gestión del Gobernador de Jalisco Don José de Jesús Gonzalez Gallo, un gran admirador de Don Antonio Alcalde, de 1947-1953, se modernizó el centro de la ciudad, destruyéndose mucho patrimonio arquitectónico como consecuencia de este proyecto, que contempló entre otras cosas, una cruz de plazas, dejando la Catedral Metropolitana en el corazón de la misma. En la plaza norte se derrumbó el Santuario de Nuestra Señora de la Soledad para construir en ella un monumento para los Hombres Ilustres de Jalisco. La idea principal de este propósito era depositar en ese lugar los restos mortales del Obispo Alcalde. Cuando se hizo la gestión ante el Arzobispo de Guadalajara, Don José Garibi Rivera, el primer cardenal mexicano, se cuenta que no aceptó la propuesta y respondió: “No, porque estaría rodeado de malas compañías”.

Detalle del monumento dedicado al Siervo de Dios en la plazuela del Santuario.

Detalle del monumento dedicado al Siervo de Dios en la plazuela del Santuario.

Este monumento, llamado la Rotanda de los Hombres Ilustres, se llamó así hasta hace unos pocos años, ya que solamente eran hombres los sepultados en ella, por esta razón, se le conoció en forma de burla, “El Club de Tobi”, en referencia a la historieta de dibujos de la Pequeña Lulú, en la que los niños no dejaban entrar a las niñas en ese espacio. En los últimos tiempos se han depositado en ella los restos mortales de dos mujeres: Irene Robledo García, Fundadora de la Escuela de Trabajo Social de la Universidad de Guadalajara, y con motivo del bicentenario del inicio de la Lucha de la Independencia Nacional, los restos de Doña Rita Pérez de Moreno, esposa del Insurgente Pedro Moreno, quien también trabajó por la causa.

Si es cierto lo que dijo el Cardenal Garibi sobre las malas compañías, algo tuvo de razón, pues en ese lugar ni están todos los que son ni son todos los que están. Hay líderes sindicales con dudoso derecho a ocupar un espacio y también está allí sepultado el General Manuel Macario Diéguez, Gobernador del Estado y furibundo perseguidor de la Iglesia durante la persecución religiosa. Dígase lo mismo sobre el anticlerical José Guadalupe Zuno, Gobernador del estado y curiosamente, refundador de la Universidad de Guadalajara.

La causa de Canonización se abrió en 1994, habiéndose paralizado lamentablemente por falta de interés y de promoción. En este año de 2013 el actual promotor de la Causa, el P. Tomás de Hijar Ornelas ha retomado con energía la causa, promocionando el avance de la misma y aprovechando que el actual Párroco del Santuario de Guadalupe, Don José Guadalupe Dueñas Gómez, ha tomado bastante interés en que sea esta parroquia el centro de la promoción. Se ha invitado a que intervengan también al Hospital Civil y la Universidad de Guadalajara.

Un agradecimiento a las RR. MM. Clarisas Capuchinas de la Purísima Concepción, que permitieron tomar las fotos de la reliquia del corazón del Siervo de Dios, que se resguarda en el monasterio de esta ciudad.

Humberto

Bibliografía
– HIJAR ORNELAS, Tomás; CEJA Gabriela, Fray Antonio Alcalde y Barriga a 300 años de su nacimiento. Semanario Arquidiocesano de Guadalajara, Órgano de Formación e Información Católica, 3 de junio de 2011.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

7 pensamientos en “Siervo de Dios fray Antonio Alcalde y Barriga

  1. Amigo Humberto,
    Este artículo han extenso hay que leerlo detenidamente antes de comentarlo. Como aquí es la una de la madrugada hay que irse a la cama y mañana lo comentaré, pero no sin antes recordar que hoy será beatificado en Istria (Croacia) el venerable Miroslav Bulešić, sacerdote croata martirizado en 1947, con veintisiete años de edad.

  2. Bueno, Humberto, parece que este sencillo y ascético fraile español, ya cargado de años y posiblemente de achaques (con sesenta años, entonces, ya se era viejo), obedeció aceptando la mitra que le obligaba a saltar el charco y en esas tierras que le fueron encomendadas pastoralmente, supo dar todo lo bueno de si para remediar la miseria que veía. Me parece muy significativo su mensaje: “Estas circunstancias son tan deplorables y universales que comprimen mi corazón“ y me edifica su entrega total a remediar las necesidades de sus fieles. Un verdadero obispo misionero, que lo mismo endeuda a su diócesis y a si mismo en favor de los más necesitados o que camina en burro por senderos en medio de la selva. Tengamos en cuenta que un hombre que había vivido de manera tan austera, no tendría muchas fuerzas físicas para tanto ajetreo y que sin embargo, como tu mismo dices, se mantenía dulce, amable, simpático, pacífico, estudioso, austero,…, y sobre todo caritativo en el verdadero sentido cristiano de la palabra, con obras en diversos campos de la actividad pastoral: sanitario, docente, etc.

    Me llama la atención el relato que nos haces acerca de la calavera encontrada por el rey Carlos III en su celda y que eso influyó en el monarca para que decidiera que este fuese nombrado obispo de Yucatán. No deja de parecerme un hecho curioso porque no creo que este monarca tuviese el más mínimo interés en que un obispo fuese un misionero virtuoso o no lo fuese, salvo que la tenebrosidad de la celda de Fray Antonio le produjese terror y prefiriera tenerlo lo más alejado posible. Esa antojadiza decisión del rey, le ayudó aun más a santificarse y sobre todo, produjo abundantes frutos en aquellas tierras. Dios quiera que su Causa avance de nuevo y pronto sea reconocida su santidad.
    Gracias, Humberto.

  3. Toño:
    Este fin de semana ha sido muy ajetreado para mi. Sin embargo, el dìa de ayer tuve la oportunidad de ir a conocer al nuevo museo de arte sacro de Guadalajara donde antes estuvo el arzobipado en unas instalaciones anexas a la Catedral . He tenido la oportunidad de encontrar en ella una casulla y una silla que pertenecieron a Fray Antonio Alcalde. De haber sabido que allì estaban esos dos recuerdos suyos, le hubiera tomado fotos para incluilos en este artículo. Otra cosa es saber si me hubieran dejado tomarlas.
    Antonio Alcalde es la antitesis que se tiene del español que vino a América en busca de fortuna personal. Doy por hecho que conoces la leyenda negra que se ha tejido en torno a España y como tantito que le pusieron los conquistadores y tantito las malas lenguas, (hasta Fray Bartolomè de las Casas sale raspado) se d auna imagen muy negativa del español.
    Sin meterme en vericuetos, doy por un hecho que Fray Antonio era de los españoles que hicieron de su fe y de su patria un emblema de vida. Si hubo colonizadores cuyos actos son vergonzos, el fue de los que han redimido a sus paisanos, mostranso que no todos son iguales y que los hay de verdasdera calidad humana porque llevan a Cristo en su corazón.
    Hay quien comenta que la Virgen de Guadalupe es el crisol de dos mundos, Fray Antonio Alcalde, devotísimo de esta Señora, fue de los que lograron que se diera el mestizaje, aliviando el dolor, apagando el hambre, refrendando al hombre su calidad de ser humano.
    El fraile de la Calavera dio una impresión muy fuerte al monarca. ¿Qué le causó tal impacto para proponerlo como obispo? ¿Miedo a su propia muerte, un reproche a su vida o realmente vio en él alguien con capacidad para ser pastor? No dejo de cuestionarme yo en las vidas de estos pastores que huelen a oveja y en otros que no, cómo el Espíritu Santo los ha escogido, y cómo unos han sabido responderle y otros no, aunque hayan sido propuestos en un`proceso burocrático como el derecho del Regio Patronato o propuesto por las mismas Conferencias Episcopales que se supone saben se vida pastoral.
    A esto viene la Calavera dichosa, a pensar en la eternidad y de las cuentas que Dios nos ha de pedir de nuestros actos. Supongo que Fray Antonio tenìa bien puesta esta idea, de que somos pasajeros en este mundo y que debemos dar cuentas claras de nuestros talentos.
    A mi me da gusto que se prosiga con responsabilidad este proceso. Te informo que se ha formado un grupo de Amigos de Fray Antonio Alcalde, que se reunirán el dìa 7 de cada mes. Se ha propuesto dar a conocer mejor su vida y su obra, especialmente en el Hospital Civil, para los efectos haya lugar.
    En octubre se publicará un artículo sobre San Rodrigo Aguilar, de él se dice que tenía un cariño especial a la Madre Patria porque de allí nos vino la fe. No está por demás decir que en este caso, no solo lGuadalajara y México, sino la Igleisa Universal y toda la humanidad, doliente siempre hasta llegar al cielo, están en deuda con España, por este hijo de la villa de Cigales.

  4. en verdad uno de los grandes hombres de los que España nos regalo, hombre que en verdad se fueron a tierras desconocidas sin otra armas que su fe en Cristo que quisieron hacerlo amar sin otra forma de vida mas autentica que el testimonio de su vida, al igual que en mi arquidiocesis el Beato Juan de Palafox hicieron de su trabajo pastoral un testimonio de vida plenamente sacerdotal y cristiano sobre todo por su preocupación por los mas desamparados y desvalidos… Excelente articulo

  5. Gracias Tacho por leer y comentar este artículo, donde comparas a Fray Antonio con un regalo. Efectivamente, Alcalde se hizo todo, de todos y para todos. Él sí supo hacer vida las palabras de Evangelio: yo estou en miedio de ustedes como el que sirve.
    Antonio Alcalde y el Beato Juan de Palafox tuvieron un interés de que sus diocesanos tuvieran educación y cultura. En este sentido, la Biblioteca Palafoxiana y la Universidad de Guadalajara tienen un origen común: la formación intelectual.
    Saludos.

  6. Agradeceré a quien pueda informarme en que año se instaló el monumento a Fray Antonio Alcalde, que se encuentra frente al Santuario de Guadalupe. Saludos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

CAPTCHA

*