Venerable Concepción Cabrera de Armida (II)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Fotografía de la Venerable Concepción Cabrera.

Fotografía de la Venerable Concepción Cabrera.

En el primer apartado leímos cómo una laica mexicana de muchísima vida interior, rompiendo esquemas de su época, fundaba toda una Congregación e introducía en la iglesia una nueva forma de espiritualidad. En este apartado veremos cómo después de numerosas pruebas y tras muchos sacrificios y sufrimientos, las vería por fin erigidas y se prepararía para su encuentro con el Padre.

Las Religiosas de la Cruz
Establecido el Apostolado de la Cruz y propagado por varias diócesis del país, la señora Cabrera, ahora viuda, decidió que era hora de llevar a cabo una gran ilusión que tenía desde niña: fundar una Congregación de vida contemplativa acorde a la nueva espiritualidad. No era común, de hecho fue casi un atrevimiento, que una seglar se metiera a fundadora, por lo cual la obra tuvo desde su inicio muchos obstáculos. Conchita se lo comunicó al P. Mir, su director, quien, aunque opuesto al principio, finalmente accedió al ver la buena intención de la Sra. de Armida y notar que tenía el beneplácito divino.

Conchita formó un pequeño grupo de jóvenes piadosas, miembros de la Archicofradía que, después de una peregrinación a la Basílica de Guadalupe en 1897, se establecieron en una pobre casa de Tacuba, en la ciudad de México, la cual fue llamada “El Oasis” y así, el 3 de mayo de ese año, en una cercana y pobre capillita, después de misa inició la Congregación con cuatro señoritas. A los dos meses ya eran 18 y finalmente el 9 de julio llegó a México Mons. Ibarra, quien dio el hábito a las primeras novicias el día 16, fiesta de Nuestra Señora del Carmen. Escribe Conchita: “¡Admirable, verdaderamente admirable es el Señor en sus obras! Él ordena todo a su fin, y aunque el infierno y el mundo se opongan, Él prosigue sus planes. Temblando de emoción pisé hoy esta santa casa. Allí, anonadada, recorrí este sagrado recinto. Tuve la dicha de desayunarme en su cocina. ¡Oh, si me fuera dado vivir sirviendo a las esposas del Señor!”

Al salir de la casa se le impuso a la Señora Cabrera un crucifijo sin Cruz, que simbolizaba que el alma debe de vivir crucificada, y sintió Conchita en su interior que ella también sería religiosa de la Cruz a su muerte, después de numerosas pruebas. Sin embargo poco duró la tranquilidad. Al crecer la naciente comunidad se vieron en la necesidad de cambiarse a una casa más grande. Con el cambio se rompió la clausura que tenían las monjas y un grupo de ellas iniciaron un conflicto por pedir que la nueva orden fuera de vida activa, mientras que un grupo fiel a la Sra. de Armida optaba por la contemplación. Finalmente se separaron del grupo 17 señoritas y Conchita, fiel a la obediencia a su confesor, decidió esperar a ver el desarrollo de la obra. En ese tiempo moriría su esposo y tendría que mudarse de San Luis al D.F., pero Dios cruzaría por su camino a un obispo y un sacerdote providenciales para la obra.

Icono de la Venerable, imitando el canon bizantino.

Icono de la Venerable, imitando el canon bizantino.

Encuentro con el Padre Félix y Mons. Leopoldo Ruíz. Primera Víctima de la obra.
En febrero de 1903, ya viuda, viviendo en la Ciudad de México en casa de su madre, acostumbraba Conchita a desplazarse en tranvía. Un día, pasando por el Colegio de los maristas, sintió el impulso de bajar a confesarse. Entonces, al tocar el timbre, le atendió un sacerdote con acento extranjero y sintió entonces el poderoso impulso de hablarle sobre las Obras de la Cruz, del Oasis y de su propia vida. El Padre se conmovió, le pidió su dirección y pocos días después la visitó en su casa y ella lo presentó a las religiosas. En el mes de marzo, Pedrito, el más pequeñito de sus hijos de entonces sólo 4 añitos, por un descuido de la abuelita y de la criada, murió ahogado en una fuente que había en la casa de la abuela. Entonces el P. Félix invitó a Conchita a ofrecer su dolor a Dios por la nueva obra a lo que ella, con todo el dolor de una madre, aceptó.

Pocos meses más tarde, Conchita fue invitada a la ciudad de Morelia, Michoacán, a hacer unos ejercicios espirituales. Enferma de la garganta, con el dolor de la muerte de Pedro y angustiada por sus religiosas accedió a ir y ahí conoció al Arzobispo de Morelia, Mons. Leopoldo Ruíz y Flores, que predicaba dichos ejercicios. Entonces el P. Félix habló con el Arzobispo y la Sra. Armida sobre los problemas del Oasis y Monseñor sugirió a la Sra. Cabrera cambiar de director, el cual sería el Padre Félix, a la vez que director de las religiosas, y al mismo tiempo cambiar de superiora de la comunidad para evitar disgustos. Todo se hizo puntualmente, pero la Congregación estaba sumida en una gran pobreza, por lo que hubo que buscar bienhechores pues las deudas también eran grandes. Sin embargo poco a poco fue normalizándose la situación y se consiguió, aunque de palabra, la aprobación diocesana de la Congregación por el canciller del Arzobispado de México Emeterio Valverde, después obispo de León, Guanajuato.

La gracia del 25 de Marzo y grandes pruebas
Hasta ahora, la incipiente Congregación sólo tenía una casa en Tacuba, donde ya vivían unas 30 personas. En 1904 se empezaron a redactar las primeras constituciones del nuevo Instituto por el Padre Félix de Jesús Rougier y la Sra. de Armida. El Padre Félix, sin embargo, estaba bajo la obediencia de la Congregación Marista a la que pertenecía y se cumplía el tiempo de volver a Francia, su tierra. Los amigos y benefactores de la obra iniciaron trámites para pedir al General de los maristas dejar al padre Félix más tiempo.

El 29 de junio de ese año dio inicio la adoración perpetua del Santísimo Sacramento en el convento de las Religiosas de la Cruz, característica primordial de este instituto. Por estar la superiora ocupada, fue Conchita quien la inauguró oficialmente. El 25 de agosto el Padre Félix escribía a la Sra. Conchita que el Padre General le había denegado el permiso y no podría escribirle, pero lo reconfortaba pidiéndole oración y diciéndole: “Si Dios quiere servirse de mí, aunque indigno, para fundar la Congregación de la Cruz, no le faltarán medios para abrirse camino: tengo en las promesas de Jesús una inquebrantable confianza”.

Fotografía de tres religiosas de la Cruz del Sagrado Corazón revestidas con el hábito de su orden.

Fotografía de tres religiosas de la Cruz del Sagrado Corazón revestidas con el hábito de su orden.

Las peripecias de este tiempo ya quedan resumidas en los artículos sobre el P. Félix de Jesús Rougier. Por acortar este artículo, hablaré sobre una gracia mística ocurrida a Conchita en estos días. El día 20 de febrero Conchita tuvo la pena de perder a su madre de forma violenta (al parecer un aparatoso accidente en la casa) y la Sra. de Armida al poco tuvo que cambiar de director, siendo Mons. Maximino Ruíz, entonces capellán de las religiosas y después obispo de Chiapas, hoy Diócesis de San Cristóbal de las Casas. Mientras tanto Mons. Ruíz y Mons. Valverde viajaban a Europa para tramitar el permiso para el P. Félix. El 25 de marzo de 1906, fiesta de la Encarnación, después de comulgar, la Sra. de Armida recibió una gracia especial y que es el centro de su vida espiritual: “La encarnación mística”.

Según sus palabras: “La encarnación mística es una gracia transformativa en el sentido de asimilar a la criatura con su modelo Jesús, que soy yo. Es gracia transformante unitiva que no repugna en nada con las infinitas misericordias mías. El Verbo hecho carne toma posesión íntima del corazón de la criatura, como tomando vida en él por cuanto a la unión transformativa, aunque siempre dándole Él la vida, esa Vida de la gracia, asimilable principalmente, por medio de la inmolación. Encarna, nace, crece y vive en el alma Jesús, no en el sentido material, se entiende, sino por la gracia unitiva y transformante. Es muy especial este favor y el alma que lo recibe siente más o menos periódicamente los pasos de la vida de su Jesús en ella. Se marcan estas etapas de vida siempre envueltas en dolor, en calumnias y humillaciones, en sacrificio o expiación, que esa fue la vida de tu Jesús en la tierra”. En pocas palabras, se iniciaba en ella una unión transformante en, por y para Cristo, equiparable a las experiencias de Santa Teresa, San Felipe Neri y San Pío de Pietrelcina.

Entretanto crecían las penas de Conchita. Su hijo Manuel entró en los Jesuitas (ella lo quería para la nueva fundación), sufría sequedades en la oración y las murmuraciones y habladurías de la gente. También se interponía la prohibición del General de los Maristas sobre el Padre Félix y malos entendidos de los obispos protectores de la naciente obra con la Curia Vaticana sobre los escritos y revelaciones de Conchita. Sin embargo, el 8 de febrero de 1908, el Delegado Apostólico entregó a la Sra. de Armida un rescripto pontificio para aprobar la adoración perpetua. Al año siguiente, el día 10 de mayo, tras un arduo examen canónico por un tribunal instituido por el Arzobispo de México, Mons. Mora, se declaró la validez de las visiones de Conchita.

Lienzo de la Venerable, inspirado en la última foto que se tomó de ella viva.

Lienzo de la Venerable, inspirado en la última foto que se tomó de ella viva.

Entonces vino la idea de fundar en Puebla de los Ángeles, fundación que inició el 18 de mayo. En ocasión de esa fundación, el Arzobispo de Puebla, Mons. Ibarra recibió el favorable informe del examen a Concepción: “El espíritu de la Sra. Armida es de Dios por su sencillez, sólo busca la Gloria de Dios, no es nerviosa, está dispuesta a darlo todo, etc.” Posteriormente Mons. Ibarra entraría en la Congregación masculina naciente, muriendo en olor de santidad. Mientras tanto, aún sin aprobación pontificia, se inició el noviciado de las religiosas en Tlalpan, D.F. A los Sres. obispos se les ocurrió que debía de mandarse la petición formal a Roma para aprobar a las religiosas y formar la Congregación masculina.

El 24 de octubre de 1908 nació una nueva obra: “La Alianza de Amor”. Ésta es la rama seglar de las Obras de la Cruz, integrada por laicos comprometidos y que desean gustar la espiritualidad de la congregación. Fue fundada por Conchita y Mons. Ibarra en México D.F. Monseñor viajaría entonces a Roma y obtendría el tan ansiado “Decretum laudis” con el cual, el Papa San Pío X aprobó las Constituciones como Congregación de derecho pontificio. Era el 5 de febrero de 1909, fiesta de San Felipe de Jesús.

¡Religiosa al fin! Nuevas obras, pruebas y consuelos
El día 15 de marzo de ese año llegó a la casa de Conchita en la calle del Mirto, un indulto de la Santa Sede que le concedía profesar “in articulo mortis” en su Congregación. Pero a los pocos días llegó un telegrama de Mons. Ibarra donde se le notificaban algunas trabas sobre sus escritos y una mujer que supuestamente había tenido gracias similares y alegaba que Conchita las había plagiado. Estas penas y el paso de los años hicieron que Conchita cayera en una dolorosa enfermedad. Por esos años se edificó la casa general de las religiosas en la calle del Mirto cerca de la casa de Conchita y al año siguiente, el 4 de junio de 1911 en plena revolución, la Arquidiócesis de Puebla fue consagrada al Espíritu Santo, iniciando este movimiento mundial que logró la consagración de varias diócesis y de la República Mexicana y algunos países al Paráclito.

Por esos días se reiteró la petición a la Santa Sede sobre la fundación de los Religiosos de la Cruz, cosa que sucedería después de numerosas peripecias relatadas en el segundo artículo sobre el Padre Félix. El 19 de enero de 1912 nació la cuarta Obra de la Cruz, la “Liga Apostólica”. Su objeto es el de propagar y proteger las obras de la Cruz y está formada por sacerdotes, especialmente por los que tienen cargos eclesiásticos: prelados, párrocos, rectores, etc.

Fotografía de los Misioneros del Espíritu Santo, fundados por la Venerable Concepción Cabrera.

Fotografía de los Misioneros del Espíritu Santo, fundados por la Venerable Concepción Cabrera.

La señora Armida después pronunció sus votos como religiosa de forma privada. Por ese entonces su hijo Pablo, de 18 años, cayó gravemente enfermo. Era un alma muy pura según su confesor. Él mismo le dijo a Conchita que no pidiera su salud, sino que lo dejara ir al cielo y que se ofreciera como víctima por las nuevas obras. Conchita lo ofreció y Pablo murió santamente. Es significativo que al fundar a las religiosas muriera su hijo Pedro y al fundar a los misioneros falleciera su hijo Pablo: “El 27 de junio – escribe Conchita – murió Pablito… Con todos los auxilios murió, dejando mi alma con un dolor sin nombre, caí en cama como herida de muerte. ¡Cuánto dolor, cuánto dolor! Hágase en mí, Jesús, como Tú quieras”.

En 1913 a pesar de las circunstancias políticas del país, salió una peregrinación a Roma y a los santos lugares en la que participó Conchita y que le sirvió para entrevistarse con el Papa Pío X, quien después de casi tres meses de trámites, consultas y exámenes teológicos a Conchita, aprueba a los religiosos de la Cruz pero con un nuevo y definitivo nombre: “Misioneros del Espíritu Santo”. El Papa además concedió a Conchita tener un oratorio privado con sagrario en su propia casa (raro privilegio papal para un seglar) y que en él se celebrara misa los domingos y fiestas. Estando en Roma, una llaga que padecía Mons. Ibarra se agrava por su diabetes y se convierte en gangrena, y muy enfermo regresa a México para hospedarse con Conchita, en cuya casa moriría santamente.

Pocos años después, se autoriza la fundación de los Misioneros, la cual se efectúa formalmente el día de navidad de 1914. Doce años después estalla en México la persecución callista, los religiosos tienen que vivir escondidos, los conventos son cerrados, pero la obra sigue en la clandestinidad. La primera hija de Conchita profesa como Religiosa de la Cruz, con el nombre de Teresa de María Inmaculada y daría nuevos sufrimientos y a la vez consuelos a su madre. Una vez profesa, fue enviada a Monterrey donde el clima le sentó mal y enfermó gravemente. Las superioras la regresaron a México donde su estado empeoró. La Sra. Armida, por su calidad de fundadora, tuvo permiso de permanecer en la clausura cuidando a su hija, a quien vio consumirse hasta el final y tuvo el consuelo de ayudarla a bien morir. “Después de 29 días de enfermedad y de agudísimos dolores murió mi niña. Sólo el día del juicio – escribe – se sabrá lo que he pasado en esta celda, las noches terribles y las lágrimas que he derramado por los dolores del cuerpo y el alma”.

Otra fotografía de los Misioneros del Espíritu Santo, fundados por la Venerable Concepción Cabrera.

Otra fotografía de los Misioneros del Espíritu Santo, fundados por la Venerable Concepción Cabrera.

Camino a la Casa del Padre
Durante los años de 1935 al 36 su salud empeoró considerablemente. La angustia y el trajín por los litigios para las fundaciones la consumieron considerablemente. Haciendo un último esfuerzo viajó a Morelia el 2 de octubre de 1936 para los últimos ejercicios espirituales que haría en su vida. A principios de 1937, ya instalada en México, sentada en un sillón de ruedas, era llevada ante el Santísimo en su capilla privada. La enfermedad que la consumía no le permitía estar en su lecho, sino sentada y con las piernas monstruosamente hinchadas y las llagas que tenía en la espalda. Sus sufrimientos llegaron al culmen en marzo de ese año, padecía una severa neumonía y pleuritis purulenta. Fueron entonces llamados a su casa sus hijos, sus nietos y varios sacerdotes y el Arzobispo de Morelia que la auxiliaron espiritualmente hasta el final. Para que pudiera respirar le tenían que levantar los brazos, quedando como Cristo agonizante en la Cruz. En esa posición recibió el viático y reclinada en su sillón, murió el 3 de marzo de 1937 a las 0h.20’ de la noche. Las religiosas la amortajaron con su hábito y en olor de multitudes, tras tres misas concelebradas en su casa y en la casa general de los misioneros, fue enterrada en el panteón francés de México.

Camino a los altares
Después de su entierro apoteósico, fueron numerosas las peticiones de obispos y sacerdotes para la apertura de la Causa de canonización, la cual se inició el 13 de abril de 1956. Actualmente la causa sigue su curso en Roma en la fase romana. Conchita fue declarada Venerable por el papa San Juan Pablo II el 20 de diciembre de 1999. Sus restos fueron exhumados de la cripta del panteón español encontrándose incorruptos, pero al ser expuestos al aire se desintegraron, quedando sólo el esqueleto. Actualmente reposan en una capilla del Templo de San José El Altillo de los Misioneros del Espíritu Santo en Tlalpan.

Placa del sepulcro de la Venerable. Iglesia de San José de Tlalpan, México.

Placa del sepulcro de la Venerable. Iglesia de San José de Tlalpan, México.

Conchita es tenida por muchos como una mujer admirable, a la altura de Santa Rita de Cascia o Santa Teresa. Supo dar el sí a Dios a través del Sacramento del Matrimonio, que vivió con toda su alma y supo educar cristianamente a sus hijos. Los santos no son siempre sacerdotes o religiosas, todos estamos llamados a la santidad y podemos ser privilegiados por Dios con gracias acordes a nuestro estado de vida, como lo fue Conchita. Pidámosle por las familias del mundo para que el Espíritu Santo reine en ellas y las transforme para ser sacerdotes, víctimas y altares agradables a Dios.

Daniel

Bibliografía:
– PHILIPON, Marie-Michel. Concepción Cabrera de Armida: Diario Espiritual de una madre de Familia. Ed. Ciudad Nueva, México, 2000.
– TREVIÑO, José Guadalupe M.Sp.S., Concepción Cabrera de Armida, Editorial La Cruz, México, 1981.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

6 pensamientos en “Venerable Concepción Cabrera de Armida (II)

  1. Daniel:

    Con mucho gusto he leído tu artículo de dos partes sobre esta venerable mujer. Hace ya muchos años en mi casa estábamos suscritos a la revista La Familia Cristiana, por allá en los 80, y hubo unos artículos sobre candidatos mexicanos al honor de los altares. De todos los que conocí entonces, solo 2 han llegado: Miguel Agustín Pro y Rafael Guízar.

    En esa serie de artículos, conocí a los personajes que intervinieron el la fundación de las Obras de la Cruz: Conchita, el P. Rougier, Monseñor Ibarra.

    En lo que concierne a esta mujer, es poco lo que se pueda decir sobre ella, siempre habrá mucho que decir. En mi opinión, es una mujer a la altura de Teresa de Jesús, de Mónica de Tagaste, de Catalina de Siena.

    Su vida de esposa y de madre de familia, abuela, de religiosa sin vivir en clausura, sus escritos, su alta vida mística, la hacen particularmente admirable pero cercana a nosotros. Es un ejemplo de santidad que a todos nos deja un mensaje y un ejemplo a imitar.
    En varias ocasiones he escuchado a un Obispo Auxiliar de Guadalajara, Don José Trinidad Rodríguez, que esta mujer muy probablemente sería la cuarta Doctora de la Iglesia. No contábamos que se iba a adelantar Santa Hildelgarda. En este tenor, tal vez tú puedas decirme más concretamente sobre su proceso. Alguien decía que la forma más fácil de ser santos era que en vida no hicieras milagros y tampoco escribieras libros. Creo que la tardanza de su proceso se deba precisamente a su inmensa obra literaria. (la que es muy bonita por cierto).

    Termino platicándote que le tengo especial afecto a esta mujer porque cuando llegue, si Dios quiere, al honor de los altares, su memoria se celebrará el día de su nacimiento al cielo, el 3 de marzo, que es la fecha de mi cumpleaños.

  2. Ana, en Polonia tenemo al Beato Edmundo Bojanowski, que fundo una Congregación de Siervas de María Inmaculada y que a final de cuentas, se termino derivando en dos o tres ramas.
    Por tanto, no es la única ni la primera laica fundadora.

  3. Vaya:
    Mi felicitación Dani me encanto este articulo ya ansiaba leerlo!!!! Fui a la Cdad. de SLP y en el Templo de la Compañía en la Capilla de Loreto existe una Cruz y una placa alusiva a la visión y en toda la ciudad hay devoción a la Cruz del Apostolado.
    En lo que se refiere a la fundación de una congregación religiosa por parte de un laico no es nada nuevo en la Iglesia…. Hay vemos a santa Briguida de Suecia fue terciaria franciscana pero jamas profeso como monja del Santísimo Redentor y quien fue la primera abadesa del Protomonasterio de Vastena fue su hija Sta. Catalina de Suecia quien impulso grandemente la canonización de su madre…. ya en el siglo XIX el Beato Bartolome Longo gran impulsor de la Devocion al Rosario y a la Virgen de la misma advocación que se venera en Pompeya Italia, fundo la Hijas Dominicas del Sato Rosario…. y hay mas por ahí que no me acuerdo!!!
    Saludos a todos

  4. Muchas gracias por este artículo. De pequeña asistíamos a las clases de catecismo de la iglesia de San José del Altillo, la placa siempre me fascinó, y la fotografía de la Venerable Conchita se me quedó grabada. Mis papás leyeron muchos de sus libros, como, he podido constatar años después tras su muerte al recorrer sus libreros. Lamento mucho que durante mis clases de catecismo nunca nos hayan contado más a fondo de esta admirable y humildes mujer católica, excepto que tuvo muchos hijos. Ahora saboreo su vida con añoranza y alegría n qué inspiradora es. Ahora vivo fuera de México, y gracias a esta página y a una entrevista que se le hizo a una Misionera del,Espiritu Santo en el programa de Radio Nuestra Señora del Encuentro me he enterado de esta bellísima mujer, ejemplo de lo,que es amar y seguir a Dios como mujer casada. Felicidades por esta pagina, muchas gracias y ¡Adelante con la causa!

  5. Primeramente agradezco todo el esfuerzo que hacen por ayudarnos a través de este medio de comunicación. Dios pague con bendiciones.
    La Venerable Conchita tuvo un hijo que fue Sacerdote. Sé que murió en Barcelona. ¿Me pueden decir en dónde están sus restos mortales?.
    Gracias por la información que puedan ofrecerme.

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