San Felipe II

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Icono ortodoxo ruso del Santo.

Icono ortodoxo ruso del Santo.

Puesto el título del artículo así, tal cual, parecerá que nos hemos vuelto locos o que este artículo es de broma, pero nada más lejos de la realidad, porque no nos estamos refiriendo a Felipe II, rey de España (1527-1598), a quien no vamos a juzgar ahora, sino a un santo metropolita mártir de Moscú, una de las personalidades eclesiásticas más notables de la Rusia de mediados del siglo XVI, contemporáneo de ese rey español y que llevó este mismo nombre: San Felipe II, metropolita mártir de Moscú.

Se llamaba Teodoro Stepanovic Kolycev y pertenecía a una familia de boyardos que estaba al servicio de los príncipes moscovitas desde los tiempos de Ivan Kalita, o sea, desde mediados del siglo XIV. Su padre, Esteban Ivanoviv, era uno de los hombres de confianza del zar Basilio III y su madre, llamada Bárbara, entró en un monasterio a la muerte de su esposo, cambiando su nombre por el de Barsanufia. Se sabe muy poco de los primeros treinta años de su vida, aunque los datos más antiguos que se tienen sobre él, dicen que “aprendió el valor militar” en tiempos de Iván el Terrible. Con toda probabilidad, recibió la educación propia de su clase social, basada principalmente en los temas propiamente cortesanos y, sobre todo, en la literatura eclesiástica. A la muerte del zar, su familia se vio envuelta en algunos problemas, por apoyar al hermano de éste, el príncipe Andrés Starickij. Teodoro, no queriendo entrar en polémicas, mientras asistía un domingo a la Divina Liturgia, al escuchar las palabras evangélicas “No puede servirse a dos señores”, decidió darle un vuelco radical a su vida y abandonando secretamente Moscú, se refugió en el norte del país.

Encontró refugio en la localidad de Chizach, junto al lago Onega, donde durante algún tiempo trabajó como pastor al servicio de un tal Subbota, que era agricultor de aquella zona. Posteriormente solicitó su entrada en el monasterio de Solovsky, donde después de pasar un año y medio de prueba, fue tonsurado como monje tomando el nombre de Felipe. Fue puesto bajo la guía espiritual del “starec” Jonás Samin, que era amigo personal de San Alejandro de Svir, aunque haciendo algo que era normal en su época: pasar un cierto tiempo en absoluta soledad en un lugar cercano al monasterio.

En el año 1548, la comunidad de Solovsky, contra su voluntad, lo nombró superior del monasterio, por lo que tuvo que ser ordenado de sacerdote y consagrado como egumeno por parte del obispo de Novgorod. Fue un sabio administrador de los bienes materiales y espirituales del monasterio, pues en sus veinte años de egumenato, Solovsky se convirtió en el centro espiritual, económico y cultural más importante de todo el norte de Rusia. A él se debe la sustitución de los viejos edificios de madera por otros de piedra y la edificación del actual complejo monumental de este monasterio, que sigue siendo una de las manifestaciones más extraordinarias de la arquitectura rusa del siglo XVI.

Vista del monasterio Solovskij, Rusia.

Vista del monasterio Solovskij, Rusia.

Hizo construir un refectorio coronado por un campanario, nuevas celdas para los monjes, un hospicio para los peregrinos, eremitorios para los monjes que querían vivir en soledad en el bosque e incluso, una especie de pista de aterrizaje en piedra y un monasterio en la isla Grande Zajackij. Dada la importancia de todos estos trabajos, tuvo que construirse previamente una fábrica de ladrillos. Los puertos se equiparon con terraplenes y con faros a fin de facilitar la navegación, se reguló el talado de los árboles del bosque y se inició un complejo sistema de regulación de las aguas para la recuperación de los pantanos y la alimentación de los molinos. Por ejemplo, el célebre Lago Santo debajo del monasterio es un depósito artificial de agua que él quiso expresamente hacer.

En el año 1557, después de cinco años de trabajos intensos, se terminó de construir la iglesia de invierno dedicada a la Dormición de la Madre de Dios, una de cuyas capillas estaba dedicada a San Juan Bautista, que era el santo patrono del zar. Un año después se iniciaron los trabajos para la iglesia utilizada en verano y que se dedicó a la Transfiguración, que sin embargo se terminó de construir en el año 1566, bajo el egumenato del sucesor de Felipe al frente del monasterio. En tiempos de San Felipe, la comunidad estaba compuesta por unos doscientos monjes, mientras que unas trescientas personas más vivían prestándoles servicios al mismo. Debido a la situación del monasterio – norte de Rusia y zona muy helada – aunque las tierras que le pertenecían eran muy extensas, su producción agrícola era insuficiente para la subsistencia de todos los que allí vivían, por lo que la principal fuente de ingresos fue garantizada por el comercio de la caza, la pesca y la sal, cosa que Felipe supo incrementar ampliando y regulando la explotación de las salinas, construyendo talleres para el curtido de cueros y pieles, utilizando siempre una tecnología que él mismo se inventaba. A todo esto hay que añadirle las prerrogativas conseguidas del estado, las numerosas donaciones de los fieles y de los nobles y el patrimonio familiar de los monjes, que se ponían a disposición del egumeno del monasterio.

Pintura contemporánea rusa del Santo.

Pintura contemporánea rusa del Santo.

San Felipe promovió el culto al icono de la Madre de Dios “Hodigitria”, que había sido llevada a aquella isla-monasterio por parte de San Sabacio, uno de los fundadores de Solovsky, junto con San Zosimo. Modificó en parte la regla cenobítica del monasterio, mejorando la comida y el vestuario de los monjes. Era tal la notoriedad tan exquisita de Felipe como egumeno, que llegó a atraerse la simpatía del propio zar Ivan IV, quién realizó numerosas donaciones personales a Solovsky.

En el año 1551 San Felipe participó en Moscú en el concilio de los “Cien capítulos” o “Stoglav”, que marcó el punto culminante de la reforma eclesiástica deseada por el metropolita Macario y el propio zar. A partir de 1554, en contra de su voluntad, tuvo que hacer las veces de “carcelero” o guardián de dos personajes allí recluidos: el ex egumeno Artemio de la Laura de la Trinidad y de San Sergio (acusado de hereje) y el todopoderoso Silvestre, consejero de Iván IV, que había caído en desgracia.

A partir del año 1560, el zar, aconsejado por una junta de boyardos, empezó a llevar una audaz política en contra de los nobles: en enero de 1565, la institución de la oprichnina dio origen a un régimen de terror. Después de la muerte del metropolita Macario en el año 1563, la Iglesia había capitulado a las pretensiones del zar, aunque el metropolita Atanasio, en el año 1565, pudo al menos interceder en dos ocasiones ante el zar a favor de Juan Jakovlev y Miguel Vorotynskij. Pero Atanasio, hastiado, se retiró al monasterio de Cudov en enero de 1566, siendo designado como metropolita el obispo Germán de Kazan. Éste condicionó la aceptación de la mitropolia a la derogación de la “oprichnina”, suscitando de esta forma la ira del zar.

El Catholicos de Georgia ante las reliquias del Santo en Moscú.

El Catholicos de Georgia ante las reliquias del Santo en Moscú.

Un concilio completamente sometido a la voluntad zarista eligió como metropolita al egumeno de Solovsky, o sea, a Felipe, quien tomó la misma decisión de Germán, pero que se vio forzado por el concilio y por el propio zar a aceptar el cargo, aunque se le reconoció el derecho a ser consultado por el zar “como un hijo pide consejo a su padre”. Felipe fue investido como metropolita de Moscú en una ceremonia solemne, celebrada el día 25 de julio de ese mismo año, en la catedral de la Dormición de la Madre de Dios, recibiendo la primacía como pastor de la Iglesia Rusa de las propias manos del zar Iván IV el Terrible. Pero aun siendo metropolita, San Felipe añoraba la vida monástica, porque entre las cartas suyas que se conservan: una al monasterio de San Cirilo de Beloozero (1567) y tres al monasterio de Solovsky (1566-1568), en todas ellas es visible la preocupación y el cariño de Felipe hacia los monjes, llegando incluso a decirles que deseaba ardientemente poder regresar con ellos.

En el 1567 el zar fracasó en una campaña contra Lituania y esto hizo que se acabara la relativa paz existente hasta entonces, pues se dedicó a expoliar, reprimir y realizar ejecuciones sumarísimas contra los boyardos y contra gran parte del propio pueblo ruso. Felipe, primero privadamente, intervino ante el zar pero vista la inutilidad de sus esfuerzos, entró en conflicto contra el soberano negándole públicamente su bendición el 22 de marzo de 1568 en la catedral de la Dormición: “Mientras aquí, oh zar, ofrecemos al Señor un sacrificio puro e incruento para la salvación de los hombres, en otros altares, tú viertes sangre cristiana y haces morir a la gente”. Con su extraordinaria oratoria y con su firmeza, se enfrentó abiertamente a Iván el Terrible.

Urna del Santo en Moscú.

Urna del Santo en Moscú.

El absolutismo del zar se sustentaba en la ideología teocrática, según la cual el sacerdote estaba sometido al rey, mientras que la respuesta de San Felipe se sustentaba en la independencia de ambos, pero que tenían que estar en sintonía, para ambos someterse al juicio de Dios: “Nuestro silencio impone un pecado sobre tu alma y causa la muerte en todo el país y es por eso, por lo que no puedo obedecer tus mandatos si no están en sintonía con los designios de Dios. Acuérdate de que Dios te pedirá cuentas por verter sangre inocente y es en el nombre de Dios por lo que te digo esto, aunque sea a costa de mi propia vida. Tú has estudiado las Sagradas Escrituras y si ha sido así, ¿por qué no las cumples?, porque cualquier persona que no ame a su hermano, no puede amar a Dios”. En una carta llegó a escribir que el zar no era un hijo de Dios, sino del diablo y que no era un soberano, sino un torturador, al que no había que obedecer ni aunque te torture o amenace de muerte.

La reacción del zar no se hizo esperar y ayudado por algunos obispos instruyó un proceso canónico contra San Felipe acusándolo de conducta inmoral y se las ingenió para que otros le acusaran de brujería. A inicios de noviembre del año 1568, reunió un concilio en Moscú para juzgarlo y entre los acusadores estaba el propio egumeno Paisio de Solovsky, que condenó a Felipe a ser encarcelado en un monasterio. Así, el zar, deponiendo y arrestando a San Felipe con la ayuda de algunos eclesiásticos, haciendo una demostración de fuerza, escogió el día de la festividad de San Miguel Arcángel (8 de noviembre según el calendario juliano) para enviar a un grupo comandado por un tal Maljuta Skuratov, para que despojaran a San Felipe de sus ornamentos litúrgicos y vestido con un simple saco lo encerraran en el monasterio de la Teofanía. Como el pueblo se conmovió ante esta acción, San Felipe se dirigió a ellos diciéndoles: “Si no os hubiera amado, no sería tratado de esta manera en este día. Me sostiene la palabra de Dios: el buen pastor ha de dar la vida por sus ovejas”.

Urna del Santo en Moscú.

Urna del Santo en Moscú.

Desde Moscú fue llevado al monasterio Otroceskij de Tver, donde el 23 de diciembre de 1569, durante una expedición de Iván contra Novgorod, fue asfixiado en su celda por el propio Maljuta, cumpliendo órdenes del zar. Dio realmente la vida por sus ovejas y por su obediencia a la ley de Dios, sufriendo muerte martirial.

En el año 1590, o sea, veintiún años después de su muerte, el nuevo egumeno de Solovsky solicitó al nuevo zar Teodoro Ivanovic los restos de San Felipe. Exhumado su cuerpo, fue encontrado incorrupto y sepultado en el atrio de la iglesia de los Santos Zósimo y Sabacio en Solovsky. Existen numerosos documentos que atestiguan la realización de milagros sobre su tumba.

En tiempos del patriarca Josafat (1634-1640) fue inscrito en el catálogo de los Santos, celebrándose su festividad el 23 de diciembre. En el año 1646, sus restos fueron trasladados a la iglesia de la Transfiguración del monasterio y en el año 1652, el patriarca José ordenó trasladarlos a la catedral de la Dormición de la Madre de Dios, en el interior del Kremlin de Moscú. Esta ocasión fue aprovechada por el zar Alejo Michailovic para pedir públicamente perdón por el crimen cometido por su antecesor Iván el Terrible. El patriarca Nicón, que siendo obispo de Novgorod había participado en el traslado de los restos del santo desde Solovsky a Moscú, en el año 1662, instituyó su fiesta para el día 10 de enero (antes era conmemorado el 23 de diciembre). Siete años más tarde, fue el propio zar quién fijó definitivamente sus dos festividades: 9 de enero y 3 de julio (traslado de las reliquias).

En el año 1875, a la festividad de los tres santos obispos de Moscú, Pedro, Alejo y Jonás, se unió el nombre de Felipe, uniéndose los cuatro santos en un solo icono, al que posteriormente se incluyó al patriarca San Hermógenes, celebrándose actualmente la festividad de los cinco el día 5 de octubre.

Urna del Santo en Moscú.

Urna del Santo en Moscú.

En los iconos se le representa con aspecto negruzco (entre el negro y el gris), con los cabellos cortos detrás de las orejas, con barba como la de San Nicolás aunque algo más cana. Sobre su cabeza, el tocado episcopal, el “sakkos”, el “omophorion” y los Evangelios.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– MAINARDI, A., “Bibliotheca sanctorum orientalium”, Città N. Editrice, Roma, 1998.
– JACHTONOV, I., “La vida de los santos ascetas del norte de Rusia”, Kazan, 1881.
– POLOZNEV, D., “La canonización del metropolita Felipe”, Moscú, 1990.
– PRIKLONSKIJ, A., “La vida del metropolita Felipe”, Solovsky, 1926.

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Beata Josefa Martínez Pérez, Hija de la Caridad mártir

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Fotografía de sor Josefa con el hábito de Hija de la Caridad.

Fotografía de sor Josefa con el hábito de Hija de la Caridad.

Siguiendo con la intención de escribir sobre muchas mártires de la Guerra Civil, debemos abordar las Hijas de la Caridad que han sido recientemente beatificadas el 13 de octubre de 1013 en Tarragona. En un principio, lo más adecuado hubiese sido agruparlas por Causa y narrar la historia del grupo, pero ello obligaría a ser demasiado superficial con cada una de las mártires, por lo que, sin pretender contarlo todo, parece mejor narrar la vida y el martirio de estas heroínas por grupos en que fueron martirizadas. En este caso, comenzamos con la que encabeza la causa de las mártires en Valencia, la Beata Josefa Martínez Pérez, que al ser martirizada sola, sin ninguna compañera, recibe un artículo para ella sola.

Juventud y vocación religiosa
Josefa nació en Alberic (Valencia) el 5 de agosto de 1897, en una familia formada por seis hermanos, de los cuales tres eran hombres y tres mujeres. Sus padres, José y Marcela, agricultores profundamente cristianos, la enviaron junto a sus hermanos al colegio que las Hijas de la Caridad tenían en el municipio valenciano desde 1877, donde recibieron una educación religiosa. Como niña, tuvo una infancia feliz a pesar de que alguna vez discutía con sus hermanos, pero era alegre, piadosa y servicial y sus hermanos la veían a menudo rezar con fervor de rodillas, en la iglesia y en su habitación. Perteneció a la asociación de las Hijas de María y con ellas se dedicaba a la ayuda de los pobres y a la visita diaria al Santísimo Sacramento. Pero también era muy aficionada a la música y al teatro, en el cual a veces participaba.

Como era guapa y simpática, ya joven tuvo muchos pretendientes, que acudían a verla a la iglesia, cuando visitaba al Santísimo. Pero algunos de estos admiradores declararían después, en la Causa, que por más que intentaban distraerla y atraer su mirada, ella no se dejaba perturbar y permanecía recogida en contemplación. Cuando iba al hospital de las Hijas de la Caridad o al parvulario para ayudar, se sentía admirada por las labores realizadas por estas religiosas, por lo que pronto sintió la vocación, pero no fue hasta los 27 años que dejó casa y familia y marchó a hacer el postulantado en el Hospital provincial de Valencia, donde estuvo algunos meses.

Fotografía de Josefa (izqda.) de su época como Hija de María, colaborando en las obras benéficas de Alberic.

Fotografía de Josefa (izqda.) de su época como Hija de María, colaborando en las obras benéficas de Alberic.

El 30 de octubre de 1925 dejaba tierras valencianas para hacer el noviciado. A su familia escribió dando cuenta de su entrega definitiva: “No podré escribir mucho, pues no tengo mucho tiempo, y sabiendo que estoy bien, basta. Aquí he venido a aprender y santificarme para después practicarlo y ser una buena Hija de la Caridad. Cada cual en su estado debe cumplirlo como se debe”. La Directora del seminario, Sor Justa Domínguez de Vidaurreta, se encargaría de su formación y en el verano de 1926 recibiría su primero y único destino: el mismo Hospital provincial de Valencia, comunidad de 86 hermanas que prestaban servicio desde 1817. Esta comunidad destacaba por su disponibilidad en tiempos de epidemias y catástrofes, siendo responsables de los servicios de maternidad, enfermos, ancianos inválidos e inclusa (niños huérfanos). Este hospital atendía nada menos que 700 enfermos internos y 11.200 pacientes en consultas externas. El equipo médico constaba de 28 especialistas y un farmacéutico, 36 practicantes y 70 religiosas más 66 auxiliares; así como cinco capellanes para los servicios religiosos. Estaba considerado como uno de los mejores hospitales de España en la época. Pues bien, ella y otras dos hermanas -Sor Coloma Bonín y Sor Carmen Martorell- fueron destinados a la inclusa o Pabellón de la Cuna. Cuidaban de los 40 huérfanos internos de 0 a 3 años y coordinaba el seguimiento de otros 150 que estaban confiados a nodrizas rurales, contando para ello con un equipo de colaboradores laicos.

El 1 de noviembre de 1930 Josefa emitió sus votos perpetuos y, sin abandonar su tarea en la inclusa, estudió Enfermería y obtuvo el título el 24 de junio de 1932 en la Facultad de Medicina de Valencia, con nota de Sobresaliente. Hasta el año 1936, el año de su martirio, le encargaron el cuidado de mujeres infecciosas. Era cordial, recta en cuanto a moral y prudente, siguiendo con detalle las indicaciones de los médicos. Preocupada por la situación en España, pedía oraciones por la paz constantemente en sus cartas.

Fotografía de Josefa joven, antes de ingresar en la Compañía.

Fotografía de Josefa joven, antes de ingresar en la Compañía.

Expulsión y retorno a Alberic
En mayo de 1936, la comisión gestora de la Diputación provincial decidió expulsar a las religiosas de los centros de beneficencia, en una maniobra de depuración religiosa que pretendía apartar a la Iglesia de las instituciones. Sor Josefa, intuyendo que venían tiempos difíciles, trataba de animar a sus compañeras diciendo: “No hay que tener miedo. Hemos de ser valientes… preparémonos, porque a alguna de nosotras les tocará el martirio”. Así pues, las hermanas fueron expulsadas entre el 24 de julio y el 3 de agosto de 1936, después de instruir a enfermeras que fueron enviadas a sustituir a las religiosas. Considerando a las religiosas enemigas del Gobierno, más de cien hermanas fueron apresadas en la cárcel situada en la Casa de Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados. Otras fueron llevadas a la checa del Seminario de la calle Trinitarios; y algunas pudieron regresar con sus familias.

Sor Ana Calles Pujol, la superiora, aconsejó a Sor Josefa que marchase a Sueca con otras dos religiosas jóvenes, pero su forma de vestir las delató, fueron identificadas como monjas y llevadas ante el Comité revolucionario. En aquella ocasión, tras un exhaustivo registro y el correspondiente interrogatorio, las dejaron marchar. La familia de una de las religiosas las acogió en Cullera y avisaron al padre de Sor Josefa, que acudió a recogerla y se la llevó de vuelta al hogar familiar, en Alberic.

Pero también allí las hermanas del pueblo habían sido dispersadas. Sor Josefa siguió organizando su jornada de oración y trabajo como si siguiera con su Comunidad. Pero también se dedicaba cariñosamente a los demás: ayudaba a su hermana Natalia, embarazada de su cuarto hijo; daba clases a los niños del pueblo y se dedicaba a otras tareas de beneficencia de forma discreta y silenciosa. Sabiendo que el alcalde del pueblo había organizado un Hospital de sangre, no dudó en presentarse ante el Comité revolucionario, sin miedo alguno, para ofrecerse a colaborar como enfermera dada su formación como tal, pero fue rechazada.

Así, el verano fue pasando con calma relativa, pero en las primeras horas del día 24 de septiembre, el cuñado de Josefa, Pascual, tras quince días de encarcelamiento, fue fusilado. Los cargos que le imputaron para ser reo de muerte fueron su pertenencia a Acción Católica, ser padre católico, haber practicado caridad con los necesitados y haber acogido en su casa a las religiosas expulsadas del hospital. La misma Josefa, tratando de salvarle la vida, se había presentado ante el Comité nuevamente ofreciéndose en lugar de él, insistiendo en lo injusto de su detención, pero fue rechazada por segunda vez. Sería la última.

Estampa contemporánea de sor Josefa, portando en brazos uno de los niños de la Inclusa, donde cuidaba de los huérfanos.

Estampa contemporánea de sor Josefa, portando en brazos uno de los niños de la Inclusa, donde cuidaba de los huérfanos.

Detención y ofrecimiento de vida
Todavía no se había cumplido un mes desde el fusilamiento de Pascual cuando Natalia y Josefa fueron detenidas. Era el 14 de octubre de 1936, por la mañana, cuando cuatro milicianos las apresaron y las condujeron al Tribunal del Juzgado de primera instancia, donde estaba la prisión; con la acusación de “ser personas de la Iglesia”. Allí, permanecieron varias horas encarceladas.

Para Josefa, su principal preocupación era su hermana: recién enviudada, dejaba en su casa tres hijos pequeños y, como ya hemos dicho, estaba esperando el cuarto. Postrándose de rodillas y con los brazos extendidos en cruz, Josefa permaneció muchas horas en oración, repitiendo: “Yo sí, Señor, pero mi hermana no, pues está en estado y tiene otros tres hijos”. Una testigo que la observó afirmaría posteriormente que repetía esto con gran fervor y entereza, ofreciendo su vida a cambio de salvar la de su hermana. Confiada en que su súplica sería escuchada, consolaba y animaba a Natalia, diciéndole: “Confía, Dios nos va a escuchar… Yo quiero ser mártir, pero temo verme en la carretera a merced de esos milicianos despiadados. Ayúdame con tu oración”. Así manifestaba que no temía a la muerte, pero sí a la violación; temor que por desgracia se cumpliría.

Por fin, los jueces del Comité popular tuvieron a bien escuchar el ruego de Josefa: compadeciéndose de la situación de Natalia, decidieron liberarla, soltándola a altas horas de la noche. Ambas hermanas se despidieron con un emotivo abrazo y Josefa dijo: “Nos veremos en la eternidad”. Natalia jamás olvidaría esta despedida y vivió siempre convencida de que Josefa había salvado su vida y la de su hijo: “Mi hermana decía que estimaba el martirio como un don especial de Dios y que entregaba su vida con gusto”. (Natalia Martínez Pérez, Summ. p. 46).

Martirio
A la una de la madrugada, sacaron de la cárcel a Sor Josefa junto a un hombre y otras dos mujeres; los tres eran católicos comprometidos con la parroquia local. Fueron metidos en un camión, con las manos atadas a la espalda. Al subir al camión, Josefa se dirigió a los milicianos y les dijo: “¿Por qué nos vais a matar? Sabéis que sólo hemos hecho el bien cuidándoos en los hospitales, precisamente a los más necesitados. ¿Nos lleváis a la cruz como Jesús?”. La respuesta que obtuvo fue que pretendían acabar con la religión.

Enfermería de niños en el Hospital Provincial de Valencia, donde trabajaba la Beata Josefa Martínez.

Enfermería de niños en el Hospital Provincial de Valencia, donde trabajaba la Beata Josefa Martínez.

El camión fue hasta el Pont dels Gossos, en el municipio de la Llosa de Ranes. Una de las dos mujeres, sin embargo, alegó ser conocida de uno de los jefes del Comité, por lo que decidieron liberarla, apeándola en el camino, antes de llegar al lugar del fusilamiento. Allí los bajaron del vehículo, mofándose de ellos con palabras soeces y groseras. La otra mujer y el caballero fueron fusilados a continuación. A Josefa la habían dejado la última con la aviesa intención de hacerla sufrir; pues la violaron, a pesar de que se resistió con todas sus fuerzas, hasta el último aliento. Luego, la fusilaron también, a las tres de la mañana del 15 de octubre de 1936. Tenía 38 años.

A la mañana siguiente, los tres cadáveres fueron enterrados en el cementerio de la Llosa de Ranes. Ya en julio de 1939, Natalia pudo reconocer el cadáver de su hermana por un pañuelo, tres medallas y un rosario que portaba; estos objetos fueron entregados a la familia. Los restos fueron trasladados a Alberic y se celebró un funeral en honor a los 43 mártires del pueblo. En diciembre de ese mismo año, los restos de Josefa fueron llevados al panteón de las Hijas de la Caridad en Valencia, después de haber sido velados en la capilla del hospital.

Proceso de beatificación
Las declaraciones de Natalia, hermana de la mártir, fueron cruciales para su proceso de beatificación. Así consta en su declaración del 7 de marzo de 1941 en la Causa General: “Al ser expulsada del hospital provincial de Valencia se refugia en casa de la que habla y el 14 de octubre se presentaron en su casa los apodados “Sacre” y “El Ratat” y se llevaron a la cárcel a su hermana Josefa, siendo las 6 de la tarde, y a la madrugada del día siguiente la subieron a un camión, detrás iba un automóvil, llevándola al Puerto de Cárcer, donde fue vilmente martirizada y asesinada después, ignorando quiénes fueron los autores, pero se supone que serían los mencionados. Que el cadáver fue trasladado al cementerio de Llosa de Ranes, en donde recibió sepultura y la inscripción de su defunción se verificó en dicha población”. Como vemos, la declaración de Natalia identifica a los milicianos responsables de la detención por los apodos con que eran conocidos en el pueblo, aunque ellos ya habían fallecido en el momento de la declaración.

Sepulcro de las Hijas de la Caridad mártires en Valencia. Capilla de la Casa Hogar de San Eugenio, Valencia (España).

Sepulcro de las Hijas de la Caridad mártires en Valencia. Capilla de la Casa Hogar de San Eugenio, Valencia (España).

Además, la Causa General también confirma que, a pesar de haberse defendido valientemente hasta la muerte, Josefa fue violada y después fusilada. Esto lo niegan o eluden algunas otras fuentes, seguramente por pudor o reparo. También sabemos que, antes de morir, perdonó a sus asesinos, puso su vida en manos de Dios y pidió la intercesión de la Virgen con el rezo del rosario.

Terminado el proceso diocesano de su martirio en 1996, los restos de Josefa fueron nuevamente exhumados y se trasladaron al sepulcro ubicado en la entrada de la capilla del Hogar San Eugenio de Valencia, donde siguen actualmente. Como decíamos al principio, ha sido finalmente beatificada el pasado 13 de octubre de 2013 en Tarragona, junto a sus compañeras de Congregación y muchos otros mártires de la guerra.

Meldelen

Bibliografía:
“Beatificación Tarragona 13 octubre 2013: los martirizados en la Comunidad Valenciana”. Artículo en el periódico PARAULA, edición del 13 de octubre de 2013, Valencia, pp. 4-7.
“Doce Hijas de la Caridad y una seglar, mártires en Valencia, serán beatificadas”. Artículo en el periódico PARAULA, edición del 3 de julio de 2011, Valencia, pp. 6-7.
– INFANTE, sor Ángeles y DÍEZ, sor Lucrecia, “Un diamante de treinta caras. Hijas de la Caridad mártires de la Fe”. Colección Testigos de la Fe. Ed. La Milagrosa, Madrid 2012, pp. 131-140.
– RODRÍGUEZ FERNÁNDEZ, Gregorio, “El hábito y la cruz. Religiosas asesinadas en la Guerra Civil española”. Ed. Edibesa, Madrid 2006.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Venerable Eusebio Francisco Kino

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Icono moderno americano del Venerable Eusebio Francisco Kino.

Icono moderno americano del Venerable Eusebio Francisco Kino.

El Venerable Eusebio Francisco Kino y el culto a San Francisco Javier en Sonora, México
Eusebio Kino nace en Segno, Italia, el 10 de agosto de 1645 y estudió en la Universidad de Friburgo en 1665, tal parece que en esta época Eusebio enfermó gravemente y, ya influenciado por el contacto que tenía con la Compañía de Jesús, se encomendó a San Francisco Javier y le prometió que, si sanaba, agregaría a su nombre el de Francisco y se uniría a la Compañía, lo cual sucedió; por lo que a partir de ese momento ingresó como jesuita y comenzó a llamarse Eusebio Francisco, su devoción por San Francisco Javier durará toda su vida y en sus misiones siempre la difundirá.

Posteriormente de haber ingresado a la Compañía en Landsberg, cursó teología, filosofía, matemáticas y geografía en la Universidad de Ingolstadt. Ejerció como maestro en el Colegio de Hala en el Tirol. Hacia 1678 el padre Kino solicitó ser enviado como misionero a China, pero en esa época solo había dos lugares para misiones disponibles, Filipinas y Nueva España; y echando a la suerte al padre Kino, le tocó ser enviado a esta última; sale hacia Nueva España en compañía de once jesuitas, pero antes permanece tres años en Sevilla y es hasta 1681 cuando llega a costas americanas.

Después de permanecer dos años en la ciudad de México, viaja como cosmógrafo real y misionero en la expedición de Isidoro de Atondo y Antillón para descubrir y colonizar el norte de la Nueva España, específicamente la actual Baja California, y aunque no fue muy fructífera misionalmente esta expedición, sí lo fue geográficamente, pues el conocer esta zona le permitió al padre Kino ser el primer en descubrir que Baja California no era una isla como se pensaba, sino una península. La bahía donde desembarcó el padre Kino actualmente en su honor lleva su nombre. Desafortunadamente, esta primera expedición no rindió muchos frutos, pero el padre Kino decidió insistir al Virrey para que le permitiera emprender una nueva expedición misionera, lo que logró hacia 1687 y emprendió la exploración de los actuales territorios de Sonora, Sinaloa y Arizona, región que es conocida como “Pimería Alta”.

El padre Kino fundó una extensa red de misiones que actualmente constituyen importantes ciudades en México y Estados Unidos, todo lo hacía cabalgando a caballo, en mula o caminando, se encargó de enseñar a los naturales de cada región el cultivo de la tierra y la ganadería. Todos estos caminos que recorrió le permitieron hacer cerca de 32 mapas, que fueron muy apreciados por exploradores y misioneros futuros.

Monumento ecuestre del Venerable en Arizona, Estados Unidos.

Monumento ecuestre del Venerable en Arizona, Estados Unidos.

También, como ya mencioné arriba, fue cosmógrafo, por lo que en varias ocasiones estuvo en disputas con otros científicos novohispanos referente a los cometas y otras cuestiones, de lo cual salió su libro “Libra astronómica y filosófica” y la “Exposición astronómica de el cometa que en el año de 1680 fue observado en Cádiz, España”.

Se dedicó a enseñar no sólo las verdades de la fe a los indígenas, sino también a leer y a escribir, bautizó miles de infieles y escribió vocabularios para su uso en las lenguas guaycura, nave y cohimi. Uno de sus escritos de mayor importancia, que narra la gran mayoría de sus correrías misionales, es “Favores celestiales de Jesús y de María y de San Francisco Javier en la Nueva España”.

Fue un hombre infatigable, pues celebraba misa diariamente y a la vez supervisaba la construcción de las misiones, adquiría el material para las mismas y se encargaba de cuidar el ganado y los cultivos, semanalmente recorría 100 millas, visitando tres pueblos en los que se construían misiones. Cuando el padre Kino se percataba que a sus preciados indios de las misiones les hacía falta alimento, no dudaba en sacrificar más de 500 reses para la alimentación de todos ellos. Toda esta valiosa acción en misiones le valió ser nombrado por el Obispo de Guadalajara como su Vicario en California.

El padre Kino falleció el 10 de agosto de 1711 en Magdalena, Sonora, actualmente Magdalena de Kino en su honor, cuando había ido a bendecir una capilla en honor a San Francisco Javier. Los restos del padre Kino habían sido extraviados, pero el 19 de mayo 1966 se hallaron en la actual plaza principal de Magdalena de Kino, donde se erigió un mausoleo en su honor y a partir de este momento se abrió su causa de canonización. El estado de Arizona, Estados Unidos, le considera uno de sus principales héroes fundadores, por lo que pidió le fuera erigido un monumento en el capitolio en Washington.

En el pueblo de Magdalena de Kino, Sonora, alrededor del padre Kino y su devoción a San Francisco Javier se da un extraño caso de devoción popular, puesto que en una ermita se venera una figura yacente de San Francisco Javier.

Reliquias del padre Kino conservadas en su mausoleo en Magdalena de Kino, Sonora.

Reliquias del padre Kino conservadas en su mausoleo en Magdalena de Kino, Sonora.

Todo parece indicar que en 1767, al ser expulsados los jesuitas de los territorios españoles, las misiones en Sonora le fueron entregadas a los franciscanos y, al llegar éstos al pueblo de Magdalena y ver el gran culto que se le tenía al Patrón de las Misiones, entraron en descontento y decidieron darle más culto a su fundador San Francisco de Asís, y de esta manera transformaron la imagen yacente de San Francisco Javier y le comenzaron a vestir de franciscano y a celebrarlo el 4 de octubre como hasta actualmente sucede. El problema es que en la conciencia popular, para ellos, esa imagen aunque vestida de otra forma seguía siendo San Francisco Javier y que es como aún actualmente le llaman, provocando una extraña unión de personajes en una imagen, de esta forma la imagen yacente es vestida indistintamente con el hábito franciscano o con el jesuita o en ocasiones se le puede ver de jesuita con el cordón franciscano; y como digo su fiesta se sigue celebran el 4 de octubre, pero esto no termina, puesto que, debido al gran recuerdo que se le tiene al venerable Eusebio Kino, a esta imagen yacente de San Francisco también muchos le veneran como si se tratare del padre Kino y narran sobre la imagen hechos sucedidos en la vida de este misionero italiano.

El culto a esta imagen donde se veneran a tres personajes a la vez se mezcla con la superstición, pues está la costumbre muy arraigada que al hacerle una petición al santo debes intentar levantar su imagen por la cabeza y que si es liviana tu pedido será concedido, pero que si se te hace pesada y difícil de cargar, quiere decir que tuviste poca fe y no se cumplirá tu petición.

Durante la persecución religiosa en México la imagen fue destruida, pero posteriormente, terminado el conflicto, se realizó una réplica, la cual es la que se venera actualmente, aunque ha sufrido muy malas intervenciones de restauración.

Imagen de "San Francisco" venerada en Magdalena de Kino, la cual es centro de la curiosa devoción a los tres Franciscos.

Imagen de “San Francisco” venerada en Magdalena de Kino, la cual es centro de la curiosa devoción a los tres Franciscos.

Actualmente, debido a que Magdalena de Kino ha sido nombrado como “Pueblo Mágico”, se ha anunciado que se construirá un Santuario para la devoción de este San Francisco triple. Muchos fieles, debido a este problema de múltiples personalidades de la imagen, prefieren llamarle simplemente “San Francisco” o los más confianzudos “San Pancho”, para evitar los apellidos de Asís, Javier o Kino, sea como fuere, los devotos dicen considerar a “San Francisco” como un santo muy milagroso. Cabe destacar que es tradición del mismo modo que todo el que llega a visitar a San Francisco posteriormente visite la tumba del padre Kino.

André Efrén

Bibliografía
– SAUCEDO ZARCO, Carmen, “Historias de Santos Mexicanos”, México, Planeta, Primera edición, 2002.

Consultado en línea (08/10/2013):
http://www.semanario.com.mx/ps/2009/08/sacerdote-ranchero-y-astronomo/
http://www.mexicodesconocido.com.mx/breve-semblanza-de-el-padre-kino.html

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San Rodrigo Aguilar Alemán

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Estampa contemporánea del Santo basada en un retrato suyo.

Estampa contemporánea del Santo basada en un retrato suyo.

Nacimiento e infancia
Nuestro santo nació en Sayula, Jalisco, el día 13 de marzo de 1875, hijo de José Buenaventura Aguilar y Petra Alemán. Recibió el Bautismo el día 15 del mismo mes en la parroquia del lugar, siendo sus padrinos sus abuelos maternos, Eutimio Aguilar y Guadalupe Carrión, conforme a la usanza de entonces de dar como ahijado el primer hijo a los papás de la esposa como muestra de gratitud. En las aguas lustrales recibió el nombre de Rodrigo, según la costumbre de poner el nombre al bautizado del santo que se celebra el día de su nacimiento. San Rodrigo fue otro santo presbítero y mártir, que murió dando testimonio de su fe durante la dominación árabe en España. [1]

El padre de nuestro santo era un humilde comerciante nacido en Tapalpa, y su madre, originaria también de Sayula, de familia pobre. Ninguno de los dos sabían leer y escribir. Pero no por ello fueron menos honestos, sencillos y trabajadores. Don Buenaventura Aguilar tuvo esa capacidad de pensar, reflexionar, decidir y amar como lo hacen las gentes de nuestro pueblo. Rodrigo fue el primero de una familia compuesta de doce hermanos. Recibió la confirmación el día 3 de abril de 1877 por ministerio del Señor Obispo Don Ignacio Montes de Oca. Su familia tuvo una formación cristiana sólida, con costumbres sanas y de maneras muy bien educadas.

Si bien Sayula fue su lugar de nacimiento e infancia, tuvo una segunda Patria, Zapotlán el Grande, la que tiene como Patrono a San José de Zapotlán. Ya de adolescente tendrá una especial devoción al Santo Patriarca, en cuyas fiestas participaba y que recordará en una poesía escrita ya siendo sacerdote. Desde chico supo colaborar con sus padres en la responsabilidad de sostener a sus once hermanos. Hacia 1884 es casi seguro que su familia se haya mudado a esta ciudad, estudiando en este lugar la educación primaria. A la edad de 15 años, 10 meses y 15 días tuvo su vocación madura para ingresar al Seminario, lo que sucedió el 1 de febrero de 1891, ya adelantado el curso, porque sus padres no podían habilitarle la ropa correspondiente. La pobreza de su familia retrasó el ingreso a esta casa de estudios, pero no fue obstáculo para crecer en virtudes. Lo que sus padres iniciaron en su hijo, pronto se manifestó en el seminario: responsabilidad, obediencia, constancia, amistad, respeto a los mayores, aprovechamiento. Bajo la guía del P. Ignacio Chávez, con su ejemplo y asesoría, se forjó como sacerdote. Este Padre era el Rector del Seminario Auxiliar de esta lugar, que en esos entonces, pertenecía a la Arquidiócesis de Guadalajara.

Fotografía del Santo ordenado de sacerdote. En primera fila y a la izquierda, el arzobispo de Guadalajara José de Jesús Ortiz.

Fotografía del Santo ordenado de sacerdote. En primera fila y a la izquierda, el arzobispo de Guadalajara José de Jesús Ortiz.

El Seminario
Según lo recuerda el P. Abraham Andrade Portillo, compañero de ordenación de San Rodrigo, fue un seminarista ejemplar, cumplido y piadoso, estudiante aprovechado, hombre lleno de oración y frecuente en la recepción de la confesión (lo hacia cada semana), se cultivó en literatura, sus escritos en prosa y poesía se publicaban en los periódicos de Ciudad Guzmán, donde adquirió notable dominio. Obtenía las mejores calificaciones, las de las “tres eses” (sobresaliente). Al concluir los estudios eclesiásticos, nadie imaginaba que aquel muchachito impedido a ingresar por falta de ropa, fuera a conseguir tanto aprovechamiento. Tuvo tiempo para dedicarle un espacio a la oración al deporte y al cultivo de amistades, entre los cuales destaca un compañero: Antonio Ochoa Mendoza, a quien llegó a tratar como verdadero hermano.

Sacerdote
Recibió el subdiaconado el 2 de septiembre de 1900 en el Santuario de San José de Gracia de Guadalajara, por ministerio del Arzobispo Metropolitano Don Jacinto López. El 18 del mismo mes y año, el mismo prelado le confirió el diaconado en la capilla del Palacio Arzobispal, donde ahora se encuentra el Ayuntamiento de Guadalajara. La Ordenación Sacerdotal la recibió en el Santuario de Guadalupe a las 6 de la mañana el día 4 de enero de 1903 por ministerio del Arzobispo de Guadalajara, Don José de Jesús Ortiz; con él fueron ordenados otros once presbíteros. Esta fecha marcó una etapa de su vida: su sacerdocio, y nunca la olvidó, recordándola con gran satisfacción durante los años de su ministerio.

Ministerio
Desde la fecha de su ordenación hasta el día de su martirio, su ministerio sacerdotal duró 24 años, 9 meses y 24 días. Su desempeño va a tener como testigos ocho lugares:
1.- La Yesca, Nayarit, como vicario de la Vicaría de San Pedro de Analco. (1 de Abril de 1903 – 29 de enero de 1906).
2.- Lagos de Moreno, Jalisco, donde tendrá, como párroco a Don Ignacio Chávez, su Rector en el Seminario, trabajando por ello en un buen equipo. Aquí también compartió su ministerio con San Justino Orona Madrigal, quien también sufriría el martirio durante la persecución religiosa y con quien comparte el honor de los altares con el grupo de los Santos Mártires mexicanos. (6 de febrero de 1910 – marzo de 1910).
3.- Parroquia de Atotonilco el Alto, Jalisco, como capellán de la Hacienda de las Margaritas. (Marzo de 1910 – noviembre de 1912).
4.- Parroquia de San Miguel en Cocula, Jalisco, Capellán de la Hacienda de La Sauceda. (22 de noviembre de 1912 – 13 de enero de 1918).
5.- Parroquia de Sayula, Jalisco, su tierra natal. (Febrero de 1918 a junio de 1921).
6.- Parroquia de Zapotiltic, Jalisco, aquí tiene su primer nombramiento como párroco. (27 de junio de 1921 – 20 de marzo de 1929).
7.- Parroquia de La Unión de Tula, Jalisco. (20 de marzo de 1925 – 28 de octubre de 1927).
8.- Ejutla, Jalisco, lugar de su martirio. (28 de octubre de 1927)

Letrero a la entrada de la parroquia de La Unión de Tula (México) que el Santo deseaba poner.

Letrero a la entrada de la parroquia de La Unión de Tula (México) que el Santo deseaba poner.

En todos estos lugares, como vicario o capellán, tuvo el cuidado de visitar a pie o a caballo todas las rancherías y comunidades bajo su jurisdicción. Cuando era subalterno, se caracterizó por su obediencia con los superiores y por ser acomedido en su labor ministerial. Su primer destino, en La Yesca, era un lugar alejado, en plena sierra. Ahí catequizó y bautizó a muchos indígenas huicholes y siendo un lugar de prueba, pues nadie duraba en ese lugar, superó el año, pues duró tres años, al cabo de los cuales pidió su cambio al resentir su salud.

En los lugares a donde iba duraba hasta dos semanas, aprovechaba el tiempo administrando la confesión y celebrando misa, asistiendo a los pobres, catequizando, promoviendo escuelas y conviviendo con sus feligreses, que lo recuerdan ameno en sus pláticas. Le gustaba celebrar exteriormente las fiestas religiosas con banda de música y fuegos artificiales. En la Unión de Tula, en octubre, celebraba con mucho esplendor y fervor las fiestas patronales de Nuestra Señora del Rosario. Hombre de mucha oración, siempre atento con las necesidades del prójimo, materiales y espirituales; tenía dotes musicales muy afinadas: en la Sauceda había una banda de música, que además de la música típica mexicana, tocaba piezas de autores clásicos como Mozart, Wagner y Beethoven. Asistía a sus ensayos y en ocasiones los orientaba, dado que tenía un conocimiento de teoría y práctica musical. Siendo párroco de la Unión de Tula, tuvo el cuidado de catequizar convenientemente a quienes se iban a casar.

Atendió las Conferencias de San Vicente de Paúl, Asociación de San José, la Santa Infancia, la Propagación de la Fe, la Tercera Orden de San Francisco, y las Hijas de María, Conferencia de Madres Cristianas, Apostolado de la Oración, Grupo de Catequistas. En todos los lugares en que estuvo era propagador del Sagrado Corazón de Jesús y muy amantísimo devoto de Nuestra Señora de Guadalupe, a quien celebraba especialmente los días 12 de cada mes. Dedicó tiempo y esfuerzo para dedicarse al confesionario. Los niños eran sus predilectos en el catecismo, donde se explayaba, regalándoles dulces, y los exhortaba a respetar a los mayores. Convivía fraternalmente con sus fieles, con quienes tenía mayor confianza, los visitaba con el pretexto de “vengo a descansar” y nunca más de una hora.

Monumento en la plaza de Ejutla (México) en el lugar donde fue ahorcado el Santo.

Monumento en la plaza de Ejutla (México) en el lugar donde fue ahorcado el Santo.

Teniendo 20 años de ordenado recibió su primera encomienda como Párroco expedida por el Arzobispo de Guadalajara, Don Francisco Orozco y Jiménez, debido con toda seguridad a su aplicación y dedicación al ministerio de la salvación de las almas. Obediente con su prelado diocesano, tenía la idea que “de todo con el obispo, nada sin el obispo”. Tuvo el detalle de enviar un escrito de solidaridad en nombre de la parroquia de Zapotiltic al Arzobispo Orozco, en una ocasión que éste tuvo un desencuentro con las autoridades civiles y antirreligiosas.

En la Unión de Tula, su último destino, promovió con dedicación el culto al Santísimo Sacramento, fomentó también en sintonía con ello, la Adoración Nocturna, y por celo pastoral, debido a que había solo dos sacerdotes, pidió autorización para poder binar primero uno y luego ambos, debido a la necesidad de celebrar misas tanto en la cabecera parroquial como en las rancherías [2]. Y como buen administrador y sin sentirse autosuficiente, luego de algunos meses en que estuvo solo al frente de esta parroquia, consideró conveniente, por el bien de las almas, que se le asignara otro ministro que le ayudara en estos quehaceres. Muy piadoso al celebrar la santa misa, era elocuente en sus predicaciones y si era necesario, regañaba a alguna muchacha por no vestir con decoro en la casa de Dios. Un detalle interesante para este blog es que se sabía la vida del Santo de cada día.

Escritor
San Rodrigo, como ya se mencionó antes, tuvo la cualidad de ser escritor. Es autor de varias y muy hermosas poesías, que tanto alcanzan la sublimidad celestial como llegan al detalle jocoso. Tiene un escrito inédito sobre su experiencia de un viaje a Tierra Santa, elaborado en dos tomos. En ellos describe minuciosamente lugares, fechas, datos interesantes, y sobre todo sus emociones al visitar los santos lugares. Se conservan de él 91 cartas. Al final de este artículo está transcrita una poesía que si no es la mejor, sí es emblemática.

Su peregrinación a Tierra Santa
Probablemente este sea el único de los Santos Mártires Mexicanos que tuvo la oportunidad de salir del país. En 1924, luego de unos ejercicios espirituales dirigidos por el Arzobispo Francisco Orozco y Jiménez, le nació el deseo de cumplir una ilusión largamente acariciada: conocer Tierra Santa. Aprovechando una peregrinación nacional a Roma y Jerusalén en noviembre de ese año y con el permiso y bendición de su prelado, pudo emprender el añorado viaje que duró de noviembre de 1924 a fines de febrero de 1925. En los escritos referentes a estos lugares, encontrará quien pueda leerlo, una descripción religiosa que brilla en todos estos lugares. Tuvo la oportunidad de celebrar la santa misa en la Basílica del Calvario.

Fotografía del Santo.

Fotografía del Santo.

Un punto interesante en estos escritos, digno de mencionar, es su sentido de gratitud para con España, la Madre en la fe. Encontramos muestras de afecto al recorrer lugares y ciudades de esta nación, a la cual quería que todos tuvieran muestras de respeto. Esto viene a colación ya que por largo tiempo y alentada por muchas personas con diversas y adversas intenciones, se propagó la leyenda negra sobre España. Actualmente hay sectores en México y aún en America Latina que siguen sintiendo y expresando resquemores respeto a la conquista y atribuyendo a España todos los males que aquejan a las sociedades latinoamericanas. Ésta es una voz que se levanta a favor de otras tantas cosas buenas que nos vinieron de este país.

Durante la persecución
En 1925, en noviembre, el agente del Ministerio Público, Lic. Salvador Zuno tenía la consigna del Gobernador de Jalisco, José Guadalupe Zuno, de clausurar un colegio de niñas en La Unión de Tula, con el pretexto de que lo atendían monjas y era un convento. Con prudencia, el párroco retiró de la capilla del lugar el Santísimo Sacramento, muebles y otros enseres y pidió a las religiosas que no usaran sus hábitos y vistieran como seglares. El mencionado funcionario se entrevistó con San Rodrigo y se avino a tratar un asunto particular que trataba sobre su novia, con la cual quería casarse inmediatamente, para quedar bien con la suegra. El santo le indicó que se debía sujetar a las normas y tiempos establecidos para cumplir con sentido cristiano el enlace religioso. Por respuesta le contestó que no era católico y no tenía porque sujetarse a lo que se le indicaba. Que si no lo apoyaba, se robaría a la joven, que total, casado sólo por lo civil, mejor; pues la dejaría cuando se le antojara. Y le pedía que hiciera el trámite para quedar bien con la suegra y vivir en paz con la mujer, entonces el párroco le dijo, “yo no puedo prestarme a esas farsas ni autorizar un concubinato”. Esto provocó la ira del agente, la clausura del colegio, la expulsión de la comunidad religiosa y, la inquina sobre el futuro mártir. De todo esto dio cuenta al Arzobispado, quien le pidió prudencia, a la vez que reconocía su actitud valerosa.

En plena persecución religiosa, en el mes de octubre de 1926, su feligresía acudía en masa al templo parroquial desde las rancherías y haciendas, con velas encendidas, para ensalzar y glorificar a Cristo Rey. Al comenzar el año de 1927, en el mes de enero, tuvo que abandonar Unión de Tula y esconderse en Ejutla, donde siguió escondido y ejerciendo su ministerio sacerdotal, animando a los fieles a sostener su fe. San Rodrigo vivía en un convento de religiosas Adoratrices. Celebraba la misa con mucha devoción, predicaba a los fieles que podían asistir a sus eucaristías y practicaba ejercicios espirituales para las monjas. Asiduo en la visita al Santísimo Sacramento, en el rezo de su breviario y en el rezo del santo Rosario. Tenía el cuidado de anotar en una libreta los nombres de las personas que bautizaba o casaba para luego, cuando pasara la persecución y se volvieran a abrir los templos, se hicieran los registros oportunos en los libros parroquiales.

Monumento y mango en que fue ahorcado el Santo. Ejutla, México.

Monumento y mango en que fue ahorcado el Santo. Ejutla, México.

Martirio
En el colegio de San Ignacio, anexo al convento, tenía San Rodrigo su morada, que compartía con otros sacerdotes. Luego por seguridad, pasaron al área del noviciado, viviendo en un salón donde disfrutaba la soledad y el silencio. Allí escribía y con frecuencia oraba delante de Jesús Eucaristía. Allí expresaba su deseo de ser mártir, a varias religiosas les decía: “¡Qué hermoso sería que el Señor nos concediera a todos los que vivimos en esta casa ser mártires, pero, no lo merezco, lo primero que haré al volver a mi parroquia, es poner un letrero muy grande en letras doradas que diga “Viva Cristo Rey”.

Su anhelo se cumplió el 27 de octubre de 1927, cuando el pueblo fue allanado por el Coronel Juan B. Izaguirre, quien como se refiere de Daciano en Hispania, iba tras los católicos para escarmentarlos. De hecho, él es el responsable del martirio de San Sabás Reyes Salazar. Ese día los habitantes del pueblo huyeron para refugiarse en las cuevas, barrancas y en el campo; en el convento, tres de los sacerdotes que vivían ahí, alcanzaron a escapar, sólo se quedó San Rodrigo Aguilar Alemán, quien se entretuvo en su cuarto guardando unos documentos referentes a un examen de latín que se había aplicado al seminarista José Garibay R. y donde había participado como sinodal. Fueron 10 minutos que le costaron la vida. Un ayudante trató de protegerlo, pero le dijo: “Se me llegó mi hora, usted váyase”.

Los soldados lo trataron groseramente, lo injuriaron y aprehendieron con el mencionado seminarista y algunas religiosas. Al ser conducido a un lugar diferente que los otros prisioneros, se despidió de las religiosas diciéndoles: “Nos vemos en el cielo”. Lo encerraron en la casa de la Tercera Orden, luego, como a las cinco de la tarde, lo llevaron al inmueble del Seminario. Testigos presenciales relatan el gozo que manifestaba el Santo ante la cercanía de su encuentro con Dios. Allí pudo recibir con amabilidad, tranquilidad y atención a unas religiosas, a quienes les pidió de comer unos taquitos de frijoles, no obstante estar en medio de una turba maldiciente y soez que lo injuriaba. A causa de Donato Arechiga, Jefe de los Agraristas, que odiaba al Señor Cura porque no lo quiso casar porque ya estaba casado, y quien intervino ante el Coronel Izaguirre, se determinó que no se le dejara en libertad y que fuera ajusticiado.

Vista del sepulcro del Santo en la parroquia de Ejutla, México.

Vista del sepulcro del Santo en la Unión de Tula, México.

Fue conducido a la plaza de Ejutla como a la una de la madrugada, amarraron una soga en las ramas de un mango que estaba en el lugar e hicieron una lazada. San Rodrigo tomó en sus manos la cuerda, la bendijo y perdonó a sus verdugos. Luego le regaló un rosario a uno de ellos y después le colocaron la soga al cuello, para poner a prueba su fortaleza, se le dijo que si contestaba a la pregunta de “¿Quien vive?” y él respondía “¡Viva el supremo Gobierno!”, se le perdonaría la pena de muerte. Fue tirada la soga con fuerza y quedó suspendido en el aire. Se le bajó y se le hizo la pregunta, a lo que él respondió, “¡Cristo Rey y Santa María de Guadalupe!”. Así tres ocasiones, contestando la última vez arrastrando la lengua. Fue suspendido entonces y su alma voló al cielo. Muchas personas refieren haber visto, desde los montes donde se escondían, en dirección del lugar del martirio, una luz muy brillante, como una estrella, en la misma hora que expiró.

Su cuerpo amaneció colgado en la plaza y allí estuvo hasta el mediodía. Estaba con camiseta, casi desnudo, sólo con calcetines y con un sombrero de paja puesto de lado como burla. No tenía heridas, pero había sangrado por la boca y la nariz. Por la tarde, como a las cinco, fue descolgado y puesto en una tabla para llevarlo al cementerio, amarrado por la misma soga para que no se cayera. Fue conducido al cementerio municipal y enterrado superficialmente, sin caja, colocando sobre su cadáver la tabla donde fue trasladado. Sobre la tumba se colocaron algunas piedras. Esta obra de caridad la hicieron Juan Ponce, Jesús y Silvano García. El pueblo estaba casi vacío y fue saqueado por la tropa. Cinco años después sus restos fueron exhumados y llevados a la parroquia de La Unión de Tula, donde actualmente se veneran en el crucero del lado derecho.

Culto
Fue beatificado por el Papa San Juan Pablo II en compañía del grupo de Martires encabezados por San Cristóbal Magallanes, el 22 de noviembre de 1992. Por el mismo Papa fue canonizado el 21 de mayo de 2000, fecha en que se celebra su conmemoración litúrgica. La Diócesis de Guadalajara, para promover el culto, conocimiento y devoción a los Santos Mártires, promovió entre sus parroquias que se escogiera uno de ellos como patrono secundario. Muchas parroquias lo han hecho, y en el caso de nuestro Santo, la Parroquia de Nuestra Señora del Sagrario, en la Vicaria del Santuario de Guadalupe, lo ha escogido como tal, promoviéndose en este tempo su culto y devoción. Gracias a la labor del párroco Don Macario Torres (Q.E.P.D.) quien alentaba su culto en la radio y promovía peregrinaciones hasta su sepulcro, su nombre ha ganado cierta fama en Guadalajara.

Humberto

Vista del altar-sepulcro del Santo en la Unión de Tula, México.

Vista del altar-sepulcro del Santo en la Unión de Tula, México.

Initia sun dolor
Rompiendo más tejas que un gato dañero,
saltando más tapias que un triste ladrón;
volando más ramas que un mono cirquero
y haciendo cabriolas un veinte de enero
ya entrada la noche salí de La Unión.

Vestido de charro, con barba postiza,
caí en los corrales de un indio nahaul,
más fue compasivo. Por una camisa
partimos la cena; me dio longaniza,
un chile tostado y un sope con sal.

Me vienen siguiendo -le dije- soy franco;
los guachos de Calle me quieren colgar…
Y el indio de marras me sube a un tapanco
y allí de barriga tendido en un banco
quería entre cien ratas ponerme a roncar.

La noche fue horrible, famélicos perros
aullando de rabia ladraban por mi;
gruñeron los guarros; mugían los becerros,
chillaban los grillos; trajinan los perros;
cien gallos me lanzan su ki ki ri kí.

Brilló la mañana, largué aquel castillo,
trepé por las peñas de un alto peñón;
topé con los restos de un viejo armadillo,
que el indio destaza con uñas de pillo,
y frito en la concha me dio un chicharrón.

El indio agrarista que fue mi escudero
vendió mi escondite, traidor, desleal;
llevó a sus compinches, les dio mi dinero,
mis barbas de chivo, mi traje de cuero…
dejándome en cueros los hijos de un tal.

Pasaron las noches de angustia infinita,
los días de tormento con hambre y pavor;
los perros de Calles con rabia inaudita,
catearon mi casa buscando al Curita
saciando en mis deudos su saña y furor.

¿Cuál era mi crimen? –Vestir la sotana
portar la corona y tener pantalón:
había de usar flechas, plumas y macana;
vender la conciencia y el alma cristiana;
y en fin, prostituirme al gobierno ladrón.

Prefiero la muerte. Yo soy sacerdote,
prefiero el destierro. No soy ser tan vil.
¡Mejor las guaridas del tigre y coyote!
¡Mejor el martirio que ser Iscariote!
¡Mejor ermitaño que infame y servil!

Y así desde entonces habito en la breñas,
disputo a los tigres su cueva y ración;
mejor es ser libre trepando en las peñas,
que allá con los gritos andar de las greñas…
¡Malditos verdugos!… ¡Maldito el Nerón!

Pbro. Rodrigo Aguilar Alemán
Enero de 1927

Bibliografía:
– Conferencia del Episcopado Mexicano, Viva Cristo Rey, México D.F. 31 de Julio de 1991, PP 21-26, Editado por ella misma.
– MÉNDEZ GARCÍA J. Francisco Pbro. Beato Rodrigo Aguilar Alemán, sacerdote fiel hasta la muerte Autlán, Jalisco 1992. No refiere Editorial.


[1] San Rodrigo tenía la idea de que el verdadero día de nuestro nacimiento era el día de nuestro bautismo. Esa fecha siempre la recordó con singular cariño.
[2] Los sacerdotes sólo pueden celebrar una misa al día, por razones pastorales pueden celebrar dos y hasta tres veces, lo que se llama binación o trinación. Actualmente, aún en lugares donde hay grandes concentraciones de fieles y con abundancia de sacerdotes, celebran muchísimas veces más que esas.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Santos mártires y confesores de Transilvania

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Icono ortodoxo griego de los Santos Moisés Macinic, Besarión Sarai, Nicolás Oprea, Sofronio de Cioara y Juan de Gales (izqda. a dcha).

Icono ortodoxo griego de los Santos Moisés Macinic, Besarión Sarai, Nicolás Oprea, Sofronio de Cioara y Juan de Gales (izqda. a dcha).

Tras el Acta de Unión que fue firmada por 38 decanos de los sacerdotes rumanos en Transilvania, la Iglesia Ortodoxa Rumana desapareció de iure de Transilvania hasta 1761, cuando el emperador Francisco I aceptó un obispo serbio ortodoxo para Transilvania. De facto, hubo muchas protestas entre la población rumana que no aceptó la unión. Entre ellos había monjes (Besarión Sarai y Sofronio de Cioara), sacerdotes (Juan de Gales y Moisés Macinic de Sibiel), pero también laicos (como Nicolás Oprea Miclaus de Salistea Sibiului) y muchos otros que abiertamente protestaron contra la situación, enviando representantes o yendo personalmente a Viena o San Petersburgo para quejarse de su falta de libertad religiosa. Algunos de ellos regresaron a casa. Otros, como los mencionados anteriormente, murieron en la prisión o en el exilio. Son venerados como defensores de la Iglesia Ortodoxa en Transilvania contra la unión eclesiástica impuesta.

San Besarión (Visarion) nació en Majdan, Bosnia, como Nicolás Sarai, siendo sus padres Máximo y María Sarai, que más tarde vivieron en Kostainica, Croacia. Su nacionalidad es objeto de disputa, porque la administración austríaca de Timisoara repetidamente se refirió a él como “el ermitaño de Valaquia”. En su juventud viajó a Tierra Santa, donde fue tonsurado como monje con el nombre de Besarión en 1738 por el patriarca Partenio de Jerusalén (1737-1766) en el monasterio de San Sabas. De vuelta a los Balcanes, primero pasó por Athos y después por Serbia, entrando en 1742 en el monasterio Pakra. En 1744 fue a Karlowitz, la sede el patriarca serbio Arsenio Ioannivic Shakabent, quien le entregó el 13 de febrero de 1742 una carta de recomendación y viajó como misionero por Transilvania. De allí marchó a Timisoara, con la intención de llegar al corazón de Transilvania, predicando contra el uniatismo. En Lipova, una ciudad rumana en el río Mures y una importante encrucijada comercial, plantó una cruz en una colina y empezó a predicar a los rumanos, que quedaron fascinados por su simplicidad tanto de acto como de palabra. El decano de Hateg, Nicolás Stoica, escribió la crónica de sus movimientos en Trasilvania y dio testimonio de que cerca de la cruz apareció una fuente milagrosa de repente, cosa que permaneció en la tradición local como “la fuente del Santo”.

Fresco ortodoxo rumano de los Santos Besarión Sarai, Nicolás Oprea y Sofronio de Cioara (izqda. a dcha.)

Fresco ortodoxo rumano de los Santos Besarión Sarai, Nicolás Oprea y Sofronio de Cioara (izqda. a dcha.)

Las prédicas de Besarión atrajeron a muchos lugareños que lo consideraban un Santo. Era muy ferviente contra el uniatismo y declaraba sus sacramentos inválidos, incluso alentando a la gente a oponerse a los sacerdotes uniatas. Los peregrinajes a la cruz de Besarión alarmaron al comité imperial de guerra, que repetidamente ordenó en 1744 y 1745 la destrucción de los edificios para peregrinos cerca de la cruz, pero no la cruz misma. Besarión dejó Lipova y marchó al este, a Deva, el 12 de abril de 1744, donde fue bienvenido no sólo por los ortodoxos, sino también por los calvinistas de la región. El monje llegó posteriormente a Salistea Sibiului, un centro fuerte de resistencia ortodoxa en la periferia de Sibiu, la capital austríaca de Transilvania. Allí se encontró incluso con el obispo uniata Juan Inocencio Micu y, después de una contradictoria discusión, el obispo huyó a Fagaras y más tarde a Viena, bajo la presión de los lugareños.

En el sínodo del 6 de julio de 1744 el obispo dijo que mucha gente había comenzado a desobedecer a los sacerdotes uniatas, no acudía a los servicios religiosos e incluso estaban bautizando a sus hijos ellos mismos. El 28 de mayo de 1744 la administración militar de Timisoara ordenó la detención de Besarión, que fue encarcelado en verano en Sibiu, y obligado a responder a un interrogatorio de 44 preguntas, que él respondió con prudencia. Entre otras cuestiones, él afirmó que los uniatas tenían dos religiones, pero que realmente no seguían ninguna de las dos. De Sibiu, Besarión fue enviado a Alba Iulia, Deva y Timisoara, y secretamente a Viena, para evitar alborotos. Fue acusado de misionar sin la autorización de su patriarca, pero el patriarca serbio rehusó condenarlo e incluso afirmó que él era el único capacitado para juzgar las acciones del monje. No se sabe si Besarión murió en la prisión de Kufstein, o fue liberado y huyó a Rusia, como dijeron algunos rumores.

Entre los luchadores por la fe estaba también el campesino Nicolás Oprea o “Miclaus”, nacido en Salistea, un suburbio de Sibiu, una región que mantuvo una importante resistencia contra la unión. Fue repetidamente enviado por la comunidad local con peticiones a Viena. En octubre de 1748, él alcanzó la capital austríaca junto con Juan Oancea, un carnicero de Fagaras. Sus peticiones fueron enviadas al marido de la emperatriz María Teresa, al general comandante de Transilvania y al embajador ruso, pero no se encontraron personalmente con la emperatriz. En su petición, pedían la libertad de confesión y sacerdotes ortodoxos para sus comunidades. Amenazaron con que morirían como mártires de la fe o provocarían una migración masiva en Valaquia.

Detalle de San Moisés Macinic en un icono ortodoxo rumano.

Detalle de San Moisés Macinic en un icono ortodoxo rumano.

De vuelta a casa, Juan Oancea fue golpeado por las autoridades locales y encarcelado. Salistea y otros pueblos fueron ocupados por el ejército, quien obligó a las comunidades locales a aceptar la comunión uniata de los enfermos y el bautismo de los niños, bajo la presión de las armas. Oprea escribió otra carta y la presentó personalmente a la emperatriz en 1749 con una delegación de otros cuatro campesinos de los pueblos de alrededor. De vuelta, Nicolás Oprea encontró refugio en Becicherec (cerca de Timisoara), donde se encontraron con el patriarca serbio de Karlowitz. En la última petición, demandaba la libertad de fe, el envío de una comisión que registrara el deseo personal de cada ciudadano respecto al uniatismo o la ortodoxia y la consagración de un obispo ortodoxo para los rumanos. Con dinero procedente de Salistea, él tradujo su carta y acudió por tercera vez, junto con Moisés Macinic, el sacerdote ortodoxo de Sibiel, que ya había sido encarcelado en torno a 1746 durante 17 meses por haber sido ordenado en Valaquia.

La audiencia con la emperatriz y el canciller Kaunitz no tuvo la impresión esperada. Los dos solicitantes fueron arrestados y encarcelados de por vida en la prisión de Kufstein, de donde uno de ellos -no se se sabe a dónde- escapó en 1756. En cualquier caso, ninguno de ellos regresó a casa. En 1784 Stana, la esposa de Oprea, envió una carta al emperador José pidiendo la libertad de su marido, pero no obtuvo ninguna respuesta, y él no regresó jamás, obteniendo la inmortal corona del martirio.

San Juan o Ioanes Varvorea de Gales fue sacerdote en su pueblo cerca de Sibiu. En 1756 el obispo uniata Pedro Pavel Aron informó al gobernador de Sibiu que Juan estaba predicando y agitando a la gente contra la unión. En mayo de 1756 fue arrestado y encarcelado en Sibiu. Un año más tarde fue trasladado a Deva y posteriormente a Graz. Allí recibió, en 1776, la visita de algunos mercaderes de Brasov. A ellos les dijo que prefería morir a abandonar su fe ortodoxa. Posteriormente, fue trasladado a Kufstein. En 1780 el archimandrita serbio Genadio Vasic, un antiguo candidato a la sede episcopal de los rumanos, pidió a la zarina Catalina II de Rusia que intercediera por su libertad, pero no obtuvo una respuesta positiva.

Hay otros muchos manifestantes contra la situación de los ortodoxos rumanos en Transilvania, como Juan, sacerdote en Aciliu, Stan, sacerdote en Glamboaca, Juan Piuariu, sacerdote de Sadu, Nicolás Pop, sacerdote de Balomir y el hieromonje Nicodemo, entre otros.

Detalle de San Juan de Gales en un icono ortodoxo rumano.

Detalle de San Juan de Gales en un icono ortodoxo rumano.

Otro monje confesor fue Sofronio de Cioara, un pueblo cercano a Orastie, una región donde la resistencia al uniatismo fue repetidamente registrada por las autoridades. Siendo Stan Popovici como laico, era hijo de una familia sacerdotal y fue tonsurado como monje en Cozia, en Valaquia. En torno a 1756 regresó a casa, viviendo como ermitaño en los bosques junto a unos pocos compañeros. Empezó a instruir a la gente de los alrededores, lo que provocó la irá de la guarnición militar local responsable de Vintu, que en la primavera de 1757 destruyó el eremitorio de Sofronio.

En 1759 Sofronio empezó a predicar contra el uniatismo, en el mismo año en que las autoridades austríacas empezaron a aplicar la ley de la libertad religiosa. En este contexto, Sofronio animó a los lugareños a desobedecer a los sacerdotes uniatas y a pedir la filiación con la Iglesia de Jerusalén. En torno a las Navidades de 1759 fue encarcelado en Bobalna, pero fue liberado por unos 600 campesinos, liderados por Juan, el sacerdote de Saliste. Una vez más fue arrestado en los Cárpatos Occidentales, en Abrud, pero las autoridades lo liberaron una vez más, para evitar otra revuelta.

Sofronio convocó un “sínodo” de sacerdotes y laicos el 10 de agosto de 1769 en Zlatna y escribió una petición a la emperatriz María Teresa, pidiendo un obispo ortodoxo, la restitución de las iglesias y de sus propiedades, y la libertad de los manifestantes arrestados Oprea Miclaus, Moisés Macinic, Juan de Gales, Juan de Sadu y Juan de Aciliu. El movimiento tuvo efecto en toda Transilvania, por lo que la emperatriz decidió, el 20 de octubre de 1760, enviar una comisión para investigar la situación local. El comité imperial envió al general Bukow a Transilvania, que llevó a cabo una campaña de investigación de la situación religiosa de los rumanos transilvanos. Los lugareños tuvieron en 1761 su primer obispo ortodoxo, el serbio Dionisio Novakovic. En este contexto, Sofronio se encontró el 1 de mayo de 1761 con el general Bukow y firmó una proclamación a los rumanos, pidiéndoles la paz. Abandonó Transilvania y vivió como egumeno en el eremitorio de Robaia, cerca de Arges en Valaquia, hasta su muerte.

La investigación imperial llevada a cabo en Transilvania por el general Bukow mostró que 2250 sacerdotes y 25223 familia había aceptado el uniatismo, mientras que 1365 sacerdotes y 128635 familia habían permanecido ortodoxos. En lugar de la prometida tolerancia, en 1761 el ejército austríaco destruyó casi todas las iglesias de madera y todos los monasterios de piedra de los ortodoxos rumanos. En medio de la represión tuvieron lugar masacres locales y conversiones forzadas, como las que ocurrieron en las regiones limítrofes de Bistrita y Transilvania del sur.

Veneración
La veneración local de los confesores tiene una larga historia, especialmente con Besarión Sarai, que fue considerando santo incluso en vida. Los otros fueron vistos siempre en el contexto de la resistencia ortodoxa en Transilvania como mártires de la fe.

Vista de la fortaleza de Kufstein, donde estuvieron prisioneros los Santos.

Vista de la fortaleza de Kufstein, donde estuvieron prisioneros los Santos.

Los Santos Besarión Sarai y Sofronio de Cioara, junto con San Nicolás Oprea “Miclaus”, fueron canonizados durante el contexto de unión con la Iglesia Greco-Católica con la Iglesia Ortodoxa Rumana bajo las presiones comunistas en 1947. A pesar de que el acto per se fue político, la lucha de estos hombres por la libertad de su fe es valiosa por confesar su fe incluso hasta la muerte. Por su testimonio fueron honrados con el título de santos confesores y santo mártir respectivamente -en el caso de Nicolás Oprea- durante el encuentro del Santo Sínodo de la Iglesia Ortodoxa Rumana el 28 de febrero de 1950. Su proclamación oficial tuvo lugar el 21 de octubre de 1955 en la catedral ortodoxa de Alba Iulia, que es el día de su celebración. Los otros dos confesores, los sacerdotes Moisés Macinis y Juan de Gales fueron proclamados en 1993 y son celebrados conjuntamente el 21 de octubre.

Después de la caída del comunismo se organizó una parroquia ortodoxa en Kufstein, cerca de la vieja fortaleza donde algunos de los mártires estuvieron prisioneros, en la iglesia del hospital de la prisión. El primer sacerdote de esta comunidad pertenecía a la Iglesia Rusa Fuera de Rusia (ROCOR en siglas inglesas), pero se celebraban servicios litúrgicos también por greco-católicos ucranianos y misioneros croatas y serbios. El número de serbios aumentó en el Tirol (donde está situada Kufstein) después de la guerra de Yugoslavia. En 2001 crearon la parroquia serbio-ortodoxa y desde entonces celebran regularmente servicios religiosos en esta iglesia, teniendo como patrón a San Besarión Sarai (Besarión de Erdelji, en serbio).

Troparion (himno de los Santos)
Luchadores de la ortodoxia, habéis refrescado como trompetas angélicas el valor de confesar la verdadera fe, y como sabios predicadores, habéis alimentado a la gente con la enseñanza correcta e iluminada. Vuestros trabajos fueron grandes; grande fue también vuestro celo predicador; grande fue el resultado de vuestra justa lucha, ¡soldados de Cristo por siempre memorables!

Mitrut Popoiu

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es