Heresiología (V): El Arrianismo

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Estatua en bronce del emperador Constantino. Cd. de York, Gran Bretaña.

Estatua en bronce del emperador Constantino. Cd. de York, Gran Bretaña.

Desarrollo
Es el año 320 de nuestra era. La ciudad, Alejandría, capital de la provincia de Egipto y una de las urbes más prósperas de todo el imperio romano que Constantino ha reunificado en torno suyo y que gobierna desde Nicomedia, en la actual Turquía. El cristianismo goza de tolerancia oficial y su número de adeptos aumenta día a día. Pero pronto ocurriría un cisma tal no visto desde hacía tiempo. Lo que no lograron las persecuciones de los emperadores paganos (dividirla) lo lograría un hasta entonces oscuro personaje: Arrio, presbítero.

De origen libio o beréber, había estudiado teología y las Sagradas Escrituras en la escuela de Antioquía bajo la tutela de Luciano, discípulo a su vez de Pablo de Samosata (adopcionista y subordinacionista), era poseedor de un talento retórico y discursivo tal que al pueblo alejandrino le encantaba escucharlo predicar porque por su medio entendía la liturgia y la Palabra. Posiblemente en el año 318, Arrio tuvo un enfrentamiento con su obispo, Alejandro, un hombre culto y venerable, egresado de la escuela de Alejandría (que defendía una enseñanza alegórica de la Escritura a diferencia de la antioquena), sobre el modo de entenderse la divinidad de Cristo, objetando al mismo tiempo su eternidad e igualdad con el Padre.

Arrio admitía sin paliativos que el Salvador es divino, pero no por naturaleza, sino por adopción, creado, no engendrado, y por lo tanto, diferente a Dios, y éste, siguiendo la línea arriana, no siempre fue Padre. Al ser creado, por lo tanto, existe a partir del tiempo, y por lo tanto es criatura, la primera de todas, existente antes de la creación y de la encarnación, pero criatura siempre, aunque por ella se hizo todo. Arrio temía que el monoteísmo cristiano se confundiera con politeísmo al explicar la Trinidad como una triada de dioses al modo griego o romano (Zeus, Hera y Atenea), así que explicaba que antes del tiempo hubo un único Dios, increado y poseedor absoluto de todas las cualidades, que se reveló a los profetas del Antiguo Testamento, que creó de una sustancia (hipóstasis) al Logos que sería denominado Hijo, y siguiendo con este hilo, el Espíritu Santo sería una segunda sustancia o criatura del Hijo y sometida a Él. Cuando el Hijo se encarnó en María, de esta tomó cuerpo, pero no tenía alma sino que el Logos, por ser espíritu, la sustituyó. Como vemos, es muy parecida su enseñanza a la herejía doceta, salvando la distancia de la apariencia corporal, y quizás, asumió una postura gnóstica sobre la divinidad al suprimirle su alma y dándole sólo forma corporal; padeciendo bajo este aspecto la pasión y muerte y fue por Dios Padre que al resucitar fue elevado a la categoría de Hijo suyo.

Detalle de un icono ortodoxo que representa el Concilio de Nicea.

Detalle de un icono ortodoxo que representa el Concilio de Nicea.

Un breve paréntesis, tanto Arrio como los demás protagonistas presenciaron los martirios cruentos de la última persecución y es probable que confesara la fe, pero al caer en desgracia muchos detalles de su vida permanecen en la oscuridad hasta hoy en día.

El primero en oponerse a Arrio fue su obispo, Alejandro, que respondía que la posición de Arrio negaba la divinidad del Verbo, y por tanto de Jesucristo.  Además, puesto que la iglesia desde los inicios había adorado a Jesucristo, si aceptáramos la propuesta arriana tendríamos, o bien que dejar de adorar a Jesucristo, o bien que adorar a una criatura. Ambas alternativas eran inaceptables, y por tanto Arrio debía estar equivocado.

El origen de la controversia entre los dos hombres es desconocida, pero la mayoría la colocan alrededor del año 318. En ese tiempo, Alejandro, tanto en la iglesia como en las reuniones presbiteriales, había censurado y refutado la enseñanza de Arrio como una falsa doctrina. Alejandro dio más o menos el primer impulso a la controversia por medio de insistir sobre la naturaleza eterna del Hijo. Luego, Arrio abiertamente lo retaría.

En los siguientes dos o tres años que siguieron, Alejandro convocó a un sínodo de obispos en Alejandría e inmediatamente excomulgaron a Arrio y a sus seguidores. No obstante, Arrio no aceptó este veredicto, sino que apeló a su vez a las masas y a varios obispos prominentes que habían sido sus condiscípulos en Antioquia, uno de los más influyentes era Eusebio de Nicodemia, obispo de Berito –actual Beirut, Líbano- que le dio asilo. Este personaje estaba lejanamente emparentado con Constantino y su dinastía, por lo que pronto accedió a la diócesis de la residencia imperial, más prestigiosa que la perdida ciudad fenicia, y desde esa posición favoreció a Arrio y a los disidentes. Pronto hubo protestas populares en Alejandría, donde las gentes marchaban por las calles cantando los refranes teológicos de Arrio, siendo el más popular: “Hubo cuando no lo hubo”. Además, los obispos a quienes Arrio había escrito, respondieron declarando que Arrio tenía razón, y que era Alejandro quien estaba enseñando doctrinas falsas. Luego, el debate local en Alejandría amenazaba volverse un cisma general que podría llegar a dividir a toda la iglesia oriental.

Alejandro escribió una epístola católica –ya en el sentido eclesial que hoy entendemos- donde advierte a sus colegas que el obispo está extendiendo la herejía arriana y quien se alíe con él está fuera de la comunión, pero Arrio, respaldado por Eusebio de Nicomedia, escribió una carta donde alega maltratos e injusticias. Y la redacción de cartas y apologías continuó. De lado de los ortodoxos, Alejandro escribió al obispo de Bizancio y a los obispos orientales del peligro de la herejía que Pablo de Samosata y Luciano de Antioquía prepararon y que Arrio propagaba. Cabe mencionarse que el redactor de esas misivas no era otro que un joven diácono de corta estatura pero de grandes virtudes que llegaría mucho más lejos y a quien el destino le depararía muchos sufrimientos por causa de la justicia: Atanasio de Alejandría.

Icono ortodoxo que representa a San Atanasio de Alejandría.

Icono ortodoxo que representa a San Atanasio de Alejandría.

Cabe aclarar que Arrio no inventó la herejía que lleva su nombre, sino que esta tenía precedentes más antiguos como ya mencioné. También es necesario aclarar, en honor a la verdad, que Arrio estaba lejos de sentirse indignado por no haber sido elegido obispo de Alejandría y como muestra de recelo inventó la doctrina que hoy leemos. Arrio reconocía la autoridad de los obispos, pero ante todo defendió sus opiniones basándose en las Escrituras. Es más, el apodo “arrianos” nunca lo quiso para sus seguidores, sino que se consideraban cristianos plenos y así se presentaban.

Ya hemos visto que la controversia alejandrina superó los límites de su urbe y abarcó todo el Oriente del imperio y los rumores de herejía llegaron a Occidente, donde el Obispo de Roma, Silvestre I, residía como el primero entre los iguales y permaneció si no a la saga, como una figura secundaria pero no al margen de los acontecimientos. De todos modos, el Occidente no se cimbró en aquél tiempo con la controversia como sucedió en Oriente.

Y se armó la de Dios es Padre… y Cristo
Ya es el año 320 o 322 de nuestra era y entra en escena Atanasio de Alejandría, diácono y secretario de su Obispo Alejandro, con su tratado “Contra los paganos y sobre la Encarnación del Verbo”, tratando la refutación del helenismo, la Trascendencia del único Dios verdadero, el carácter redentor de la Encarnación y en su punto central, la muerte y la resurrección de Jesús. Brillante escritor que expone teológicamente y defiende la fe contra las herejías apoyándose en el estudio de las Escrituras y en la Tradición: la fe en la Santísima Trinidad.

Otro personaje que también combatió a la herejía fue nada más y nada menos que San Antonio Abad, hombre muy respetado por su virtud y vida. Dejó su retiro en el desierto del Mar Rojo para recorrer los caminos y llegar a Alejandría para culminar su predicación contra el arrianismo. Conoció a San Atanasio y entre ambos surgió una gran amistad.

Icono del II Concilio de Nicea. siglo XVII, monasterio Novodévichy, Moscú (Rusia).

Icono del II Concilio de Nicea. siglo XVII, monasterio Novodévichy, Moscú (Rusia).

Para ese momento, Constantino acababa de consolidarse como único emperador y no hacía mucho que tuvo que “mediar” –imponer- su poder para contrarrestar a los cismáticos donatistas de Cartago en unión con los obispos de Occidente, entre ellos Melquíades obispo de Roma. Ahora se enteraba de este nuevo problema y a él le preocupaba más la cohesión de su imperio que las disputas doctrinales, pero sabía muy bien que éstas podían destruir la unidad imperial, y aconsejado por Osio, envió a éste para mediar entre los contendientes, pero el obispo cordobés vio que el problema ya era demasiado grande –y demasiado tarde- para resolverse con negociaciones particulares y la medida era demasiado lenta. Constantino se dejó aconsejar nuevamente por Osio, y tomó una decisión que cambiaría el curso de la historia de la iglesia: convocar una reunión de las partes en conflicto en un lugar cercano a su residencia para mantenerse al tanto y en control de la misma. Tenemos aquí a los verdaderos artífices del Primer Concilio Ecuménico –General- de Nicea. Una ironía del destino: un emperador pagano convocando una reunión de líderes cristianos.

La reacción de los obispos de ambos bandos fue grande. No hacía muchos años que la iglesia había salido de las catacumbas y sufrido una de sus más sangrientas persecuciones y muchos de los clérigos implicados mostraban aún secuelas físicas y psicológicas de las torturas sufridas por confesar la fe en Cristo, ¡Y un emperador pagano los convocaba a una reunión! Un concilio no era algo nuevo, los obispos de las diversas regiones los habían convocado a modo de sínodos regionales cuyas conclusiones aceptaban los comulgantes en señal de hermandad, pero nunca a gran escala. El emperador dio todas las garantías para que los obispos –se convocó a 1800 entre orientales y occidentales- asistieran a Nicea y en una sala del palacio se llevarían a cabo las sesiones. Como se sabe por Eusebio de Cesarea, el número de obispos asistentes fue de 300, pero cada uno llevó máximo dos presbíteros y tres diáconos, así que en total harían aproximadamente 1500 congregados (el número es especulativo, se menciona genéricamente “una muchedumbre”). No eran miembros de una élite, sino pastores que vivían de sol a sol con sus feligreses, muchos de ellos casados y con hijos, o viudos y célibes o solteros, y no todos se conocían entre sí. Los confesores de la fe jugaron un papel crucial en las deliberaciones.

Desgraciadamente, las actas originales del Concilio no se han conservado, lo cual tampoco es de extrañar en medio del turbulento mundo de la época. Sin embargo sí tenemos noticias del Concilio transmitidas a través de varios personajes que asistieron al mismo o que conocieron las actas originales: Eusebio de Cesarea, Atanasio de Alejandría, Sócrates, Sozomenes, Teodoreto, Rufino y una historia del Concilio de Nicea escrita en el siglo V por Gelasio de Cícico. Esto nos permite reconstruir razonablemente bien lo que fue el Concilio.

Pintura historicista del Santo, obra de Ángel María de Barela. Sala Capitular del Ayuntamiento de Córdoba, España.

Pintura historicista de San Osio de Córdoba, obra de Ángel María de Barela. Sala Capitular del Ayuntamiento de Córdoba, España.

Eusebio de Nicomedia y Eusebio de Cesarea se encuentran también entre los asistentes más conocidos, el primero, arriano, y luego amigos del emperador; Leoncio de Cesarea (que había sido eremita), Spyridion de Trimitous (que incluso de obispo seguía llevando vida de pastor de ovejas), Atanasio de Alejandría (que destacará especialmente en este Concilio), y Alejandro de Constantinopla (que también asistió en calidad de presbítero acompañando a su anciano obispo). Los únicos obispos occidentales que acudieron fueron Osio de Córdoba, que presidió el concilio, Ceciliano de Cartago (ratificado en su cargo por Melquiades, obispo de Roma, contra los donatistas), Marcos de Calabria, Nicasio de Dijon (de la Galia), Dono de Estridón, y los dos delegados de Silvestre de Roma, Víctor y Vicente, presbíteros. De fuera del imperio vinieron el obispo Juan de Persia e India, el godo Teófilo (de los germanos) y Estratófilo de Georgia. Veintidós de los obispos vinieron junto con Arrio como defensores de la causa arriana.

Contrario a lo que algunos cuadros y libros muestran, el Papa Silvestre no presidió, ni convocó ni asistió al Concilio, al no estar su firma entre los que aceptaron el credo niceno.

En este ambiente de euforia, los obispos se dedicaron a discutir las muchas cuestiones legislativas que era necesario resolver una vez terminada la persecución.  La asamblea aprobó una serie de reglas para la readmisión de los caídos, acerca del modo en que los presbíteros y obispos debían ser elegidos y ordenados, y sobre el orden de precedencia entre las diversas sedes (la Tetrarquía de Obispos: Roma, Antioquía, Alejandría y Jerusalén). En lo referente al asunto central, el 20 de mayo del 325 de la era cristiana, con Constantino como convocante y Osio de Córdoba como presidente del Concilio, dieron inicio las sesiones. Hubo largas discusiones entre los bandos arrianos, ortodoxos, monarquianistas y conciliadores. Las discusiones eran seguidas con mucha dificultad por la minoría de obispos que no hablaban griego como lengua materna porque estaban llenas de conceptos filosóficos muy sutiles y era necesario explicarlos. En esto estaban las cosas cuando Eusebio de Nicomedia, el jefe del partido arriano, pidió la palabra para exponer su doctrina. Al parecer, Eusebio estaba tan convencido de la verdad de lo que decía, que se sentía seguro de que tan pronto como los obispos escucharan una exposición clara de sus doctrinas las aceptarían como correctas, y en esto terminaría la cuestión.  Pero cuando los obispos oyeron la exposición de las doctrinas arrianas su reacción fue muy distinta de lo que Eusebio esperaba. La doctrina según la cual el Hijo o Verbo no era sino una criatura -por muy exaltada que fuese esa criatura- les pareció atentar contra el corazón mismo de su fe.  A los gritos de “¡blasfemia!”, “¡mentira!” y “¡herejía!”, Eusebio tuvo que callar, y se nos cuenta que algunos de los presentes le arrancaron su discurso, lo hicieron pedazos y lo pisotearon. Se cuenta una anécdota que no se sabe en qué momento ocurrió: Arrio tomó la palabra para defender sus opiniones ante una abrumadora oposición que lo miraba con desprecio, y en el momento que dijo “Debió existir un tiempo en que el Hijo no existía y Dios no era Padre”, uno de los obispos se adelantó y le dio una bofetada para callarlo. No era otro que Nicolás de Myra o de Bari, pero en las antiguas listas no se le menciona.

Concilio de Nicea. Fresco ortodoxo rumano (s.XVIII) en la iglesia Stauropoleos de Bucarest (Rumanía).

Concilio de Nicea. Fresco ortodoxo rumano (s.XVIII) en la iglesia Stauropoleos de Bucarest (Rumanía).

El resultado de todo esto fue que la actitud de la asamblea cambió.  Mientras antes la mayoría quería tratar el caso con la mayor suavidad posible, y quizá evitar condenar a persona alguna, ahora la mayoría estaba convencida de que era necesario condenar las doctrinas expuestas por Eusebio de Nicomedia.

Al principio se intentó lograr ese propósito mediante el uso exclusivo de citas bíblicas (Una de las citas bíblicas más decisivas fue las del Evangelio de Juan, 10:30 (“El Padre y yo somos una sola cosa”) o Juan 17:21 (“Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti,”) y Juan 1:1-3 (“Al principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios”)… Pero pronto resultó claro que los arrianos podían interpretar cualquier cita de un modo que les resultaba favorable -o al menos aceptable. Atanasio, con el permiso de su obispo, tomó la palabra y se dirigió a Arrio y sus aliados con estas cuestiones fundamentales: “Si el Verbo fue creado, ¿cómo es que Dios que lo ha creado no podía crear el mundo?” y “Si el mundo no ha sido creado por el Verbo, ¿por qué no podía haber sido creado por Dios?” Fue tal su elocuencia y serenidad que los herejes le temieron más que a ninguno.

Por estas razones, la asamblea decidió componer un Credo que expresara la fe de la Iglesia en lo referente a las cuestiones que se debatían. Entonces Constantino inaugura oficialmente el Concilio, da un elocuente discurso haciendo ver a los obispos que es mucho lo que estaba en juego y no podían entretenerse en reproches personales o visiones locales. Ahora que no eran comunidades perseguidas y semiaisladas tenían que formar un bloque común y homogéneo, aparcar sus diferencias y procurar limpiar la doctrina original de todos los elementos que se hubieran adherido.

Pero después de su discurso Constantino tuvo que escuchar a los obispos relatarle todos los acuerdos doctrinales que ya se habían alcanzado. Su margen de maniobra, pues, era escaso, pero a Constantino no le interesaba -ni en realidad estaba formado lo suficiente como para entender- las discusiones doctrinales, sólo estaba realmente interesado en que se pusieran de acuerdo. Lo cierto es que, por el análisis de las cartas escritas por Constantino, se evidencia una gran carencia de formación teológica, y los estudiosos descartan la posibilidad de que él pudiese haber influido en la doctrina de la Iglesia debido justamente a este desconocimiento en teología, y menos aún, como le atribuye únicamente su entusiasmado Eusebio, haber discurrido él solito el término clave “homoousios” (consustancial) que recabó el consenso de casi todos, como veremos más adelante.

Quizá al emperador le pareció buena idea el término, y así lo expresó, pero no resulta creíble pensar que él fuera quien lo ideó, dada las complicaciones teológicas que supuso aceptarlo. Este término ya se había usado en ocasiones anteriores al discutir sobre la naturaleza de Jesús, pero suscitaba no pocos recelos; el auténtico mérito no fue el uso del término sino justificar lo apropiado de su uso para definir la doctrina cristológica. El acuerdo sobre el término zanjó la postura oficial frente al arrianismo: Jesús era consustancial al Padre (“de la misma naturaleza que el Padre” según nuestra actual traducción).

La palabra Homousios (consustancial), empleada la primera vez por el Niceno, no es más que una paráfrasis del Verbum erat apud Deum et Deus erat Verbum. El Cristianismo no ha variado ni variará nunca de doctrina. Que Osio redactó esta admirable fórmula, modelo de precisión de estilo y de vigor teológico lo afirma expresamente San Atanasio (Ep. Ad Solitarios): «Hic formulam fidei in Nicaena Synodo concepit». La suscribieron 318 Obispos, absteniéndose de hacerlo cinco arrianos tan sólo. En algunos Cánones disciplinarios del Concilio Niceno, especialmente en el III y en el XVIII, parece notarse la influencia del Concilio Iliberitano, y por ende la de Osio.

Icono ortodoxo griego de los padres del Séptimo Concilio Ecuménico.

Icono ortodoxo griego de los padres del Séptimo Concilio Ecuménico.

El Credo Niceno
“Creemos en un Dios Padre Todopoderoso, hacedor de todas las cosas visibles e invisibles. Y en un solo Señor Jesucristo, el Hijo de Dios; engendrado como el Unigénito del Padre, es decir, de la substancia del Padre, Dios de Dios; luz de luz; Dios verdadero de Dios verdadero; engendrado, no hecho; consubstancial al Padre; mediante el cual todas las cosas fueron hechas, tanto las que están en los cielos como las que están en la tierra; quien para nosotros los humanos y para nuestra salvación descendió y se hizo carne, se hizo humano, y sufrió, y resucitó al tercer día, y vendrá a juzgar a los vivos y los muertos. Y en el Espíritu Santo.
A quienes digan, pues, que hubo cuando el Hijo de Dios no existía, y que antes de ser engendrado no existía, y que fue hecho de las cosas que no son, o que fue formado de otra substancia o esencia, o que es una criatura, o que es mutable o variable, a éstos anatematiza la iglesia católica.”

En otras palabras, se reafirmó que Cristo no es un segundo Dios o un semi-Dios, sino que es Dios como el Padre lo es, y sólo Dios es el único mediador a través del Logos (o Verbo), el Hijo de Dios que es Dios, como el Padre es Dios. En consecuencia, sólo Dios puede realizar la divinización a través de la Encarnación y de la Redención. En todo caso, los obispos se consideraron satisfechos con este credo, y procedieron a firmarlo (comenzando por Osio y a continuación los legados del Obispo de Roma), dando así a entender que era una expresión genuina de su fe.  Sólo unos pocos -entre ellos Eusebio de Nicomedia y Arrio- se negaron a firmarlo.  Estos fueron condenados por la asamblea, y depuestos. Pero a esta sentencia Constantino añadió la suya, ordenando que los obispos depuestos abandonaran sus ciudades. Esta sentencia de exilio añadida a la de herejía tuvo funestas consecuencias, pues estableció el precedente según el cual el Estado intervendría para asegurar la ortodoxia de la Iglesia o de sus miembros.

El Credo Niceno tuvo modificaciones, pero en la tercera parte contaré su conformación actual que todos aprendimos en el catecismo y recitamos hoy en día reconociendo la doctrina fundamental de nuestra fe, así como las consecuencias inmediatas y a largo plazo de esta reunión histórica.

Alejandro

Bibliografía:
– GONZÁLEZ, Justo L. “Diccionario manual teológico”. Arrianismo, páginas 43 a la 45. Edición 2010. Editorial Clie. Barcelona, España.
– MENÉNDEZ PELAYO, Marcelino. Historia de los heterodoxos españoles. Libro primero, capítulo quinto: Osio en sus relaciones con el arrianismo, Potamio y Florencio. Librería católica de San José. Madrid, España, 1880.

Enlaces consultados (19/08/2013):
http://apologia21.wordpress.com/2012/12/21/el-concilio-de-nicea/
http://www.bible.ca/spanish/trinidad-posiciones-historicas-deidad-cristo-arrianismo-2.htm
http://www.cristianismo-primitivo.com/siglo-iv/el-concilio-de-nicea
http://www.cristianismo-primitivo.com/siglo-iv/los-arrianos
http://www.filosofia.org/aut/mmp/hhe1065.htm
http://mercaba.org/TESORO/atanasio01.htm
http://usuarios.advance.com.ar/pfernando/DocsIglAnt/Arrio_Cronologia.html

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

15 pensamientos en “Heresiología (V): El Arrianismo

  1. Gracias por otra entrega de tu informativa serie sobre las herejías, que son todas parte de nuestra Historia, pero la arriana, que comienzas hoy, es más que ninguna otra. Estos temas los estudié en la carrera pero de forma superficial; había una asignatura perteneciente a la rama de Historia Medieval, titulada Historia de la Iglesia, que seguro trató estos temas, pero por incompatibilidad de horarios con otras asignaturas que necesitaba o me interesaba más cursar, no pude matricularme en ella. De modo que supongo que esto, en parte, lo compensa.

    Ahora bien, la anécdota de que San Nicolás abofeteó a Arrio en público… tela marinera…

    Un dato a puntualizar: mencionas la tríada de dioses Zeus, Hera y Atenea. En realidad esta tríada no se daba en el mundo griego, sino en el romano; la llamada Tríada Capitolina: Júpiter, Juno y Minerva. Sí, sabemos que éstos vienen a ser el equivalente romano de los dioses griegos anteriormente mencionados, pero para ser estrictos, hay que mencionar la Tríada romana, pues en la religión griega, Zeus, Hera y Atenea no forman ninguna tríada. De hecho, si buscas “Tríada griega”, verás que este concepto, en la religión griega, responde a tres divinidades distintas: Deméter, diosa de la tierra; Perséfone, diosa del Inframundo; y Hécate Triformis, la diosa de la magia y lo oculto. Por tanto, tríada griega y Tríada Capitolina romana son conceptos distintos aunque en esencia responden a tríadas divinas, pero a la que tú te has querido referir en el artículo, es exclusivamente la Tríada romana.

    Si me pongo rollera con esto, puedo decirte que sí existían otras tríadas de dioses griegos: masculinas (Zeus/Poseidón/Hades), femeninas (Hera/Atenea/Afrodita) y también hay tríadas en otras religiones, pero sería salirme demasiado de tema. Todo esto viene a cuento porque los padres de la Iglesia debieron esforzarse en intentar distinguir la Santísima Trinidad de estas tríadas divinas clásicas y ancestrales que eran bien conocidas en el mundo mediterráneo. Y me consta que, en cierto sentido, todavía no está resuelto, pues los musulmanes siguen pensando que los cristianos somos politeístas y adoramos a tres dioses distintos… ahí lo dejo.

    • De nada, Ana María. Soy yo quien agradece el interés de todos ustedes y el tuyo en seguir mis ensayos en un tema que me apasiona y en el cual me gustaría especializarme algún día.

      Me dirás “¿qué te dije?” pero no pude evitarlo. La anécdota de la bofetada la saqué de un programa de la BBC de Londres sobre el Concilio de Nicea que descargué de Yotube y me acordé de un viejo libro de Historia de la Iglesia de mis tiempos del seminario donde se menciona ese incidente, aunque no aclaraban si se trataba de una leyenda o no.

      Tienes razón, debieron las las “versiones” romanas de los dioses griegos. Las nombré por ser las deidades tutelares del Capitolio y como referente. Desconocía la triada de las tres diosas y mira que no mencioné a las Moiras o los Tres destinos.

      Ya somos dos, a los musulmanes y a los hindúes les es muy complicado entender que la Santísima Trinidad está muy lejos de sus concepciones de la divinidad, con la diferencia de ser estos politeístas aunque reconozcan incluso un dios por encima de todo su super equipo de deidades, y aquellos estrictos monoteístas. Y a nosotros también el misterio de la Santísima Trinidad nos supera y por ende recurrimos a metáforas como la del sol o la del huevo, o la del trébol para “explicar” la unidad de Dios en tres Personas. Ante esto, mejor hacer un acto de fe y humildemente aceptar que somos limitados.

  2. Muchas gracias, Alejandro, por este nuevo artículo de la serie Heresiología.
    Quienes tenemos fe y creemos en la Santísima Trinidad, no podemos por menos que asombrarnos al leer la explicación que daba Arrio al origen de las divinas personas del Hijo y del Espíritu Santo. Para mí, visto desde la distancia, su razonamiento es sencillamente rocambolesco, por muy preparado que Arrio estuviese a nivel intelectual y por mucho que su doctrina tuviese una especial acogida en algunos lugares o por algunos personajes.

    Me parece buenísima la exposición que has hecho de los prolegómenos y de la celebración del Concilio de Nicea. Lo has hecho de manera muy pedagógica, no enrollándote, pero no dejando de anotar todas las cuestiones de procedimiento y todas las intervenciones importantes, destacando las posiciones de San Atanasio de Alejandría y de San Osio de Córdoba, así como el acuerdo conciliar que dio origen al Credo de Nicea.

    Lo de la bofetada de San Nicolás a Arrio, queda en el terreno de la anécdota, pues precisamente San Nicolás destacaba por su dulzura. Muchas gracias de nuevo porque esta serie promete ser muy buena.

    • De nada, amigo Toño, por seguir mi serie. De hecho, soy yo quien te agradece por haberme invitado a colaborar con ustedes.

      De hecho, cuando leí la explicación arriana por momentos detuve mi lectura para no explotar ante semejantes blasfemias. ¿Acaso Arrio no había leído las Escrituras? Pero el problema de su escuela era que entendía todo en un sentido muy literal. Quizás Arrio se embriagó de soberbia intelectual -sacado de “El nombre de la rosa”- y su afán de explicar al pueblo una verdad de fe tan abrumadora lo terminó abrumando.

      Traté de hacerlo lo más sencillo, aunque como antiguo profesor y humanista se me enseñó que todo debe ser contemplado holísticamente, con todos los detalles posibles, para que nuestra perspectiva se amplíe y podamos llegar al entendimiento de lo que estamos investigando. Si esto fuera una clase en vivo, se me ocurrirían unas ideas más atrevidas para explicarlas. Lo admito, en esta parte me esforcé, me lucí 🙂

      Es posible que sólo sea una anécdota y sé que San Nicolás era muy paciente, aunque como se dice en la tradición oral, tenía un fuerte temperamento y en su juventud tuvo algunos problemas, pero se corrigió. Pero me imagino que si escuchó la exposición arriana seguro se tapó los oídos. Basta con poner como ejemplo las estupideces que dicen algunos teleevangelistas para tenerlos enfrente y callarlos.

      Te veré en las conclusiones. Gracias, Toño.

  3. Muchas gracias Alejandro por este magnífico artículo que me ha dado muchas pistas sobre una herejía que he oído en muchas ocasiones como propia de los reyes visigodos en España. Recuerdo qu een el colegio nos hablaban que la influencia de Teodosia, hermana de San Fulgencio, San Isidoro y San Leandro, fue decisiva para que Hermenegildo primero, y Recaredo después abjuraran definitivamente del arrianismo en el Concilio de Toledo.

    • A ti, Salvador, por seguir mi trabajo. Dices bien, el pueblo visigodo se convirtió al arrianismo por la iniciativa de los perseguidos herejes que huyeron del imperio. Y dejó tal influencia en el arte como podemos contemplar aún hoy en día en el hermoso bautisterio construido por el rey ostrogodo Teodorico el Grande en Rávena, Italia. Te veo en las conclusiones del próximo mes.

  4. Excelente Artículo Alejandro

    Ni en el seminario me lo explicaron de la forma en que tu desenvuelves el tema. Se me olvidaba la magnífica participación de San Atanasio en el Concilio, y lo que veo es que al parecer las Iglesias de Oriente estaban más cimentadas que las Iglesias en Occidente puesto que se ve la casi nula participación de la Iglesia Latina.

    El concilio de Nicea siempre me ha gustado desde el ámbito de que participaron en el Obispos, Presbíteros y Diáconos, donde hablaron y defendieron su fe.

    • Gracias, Emmanuel. De eso se trata el trabajo que desempeñamos en conjunto: hacer entendible y accesible a todos las vidas de los santos y sus momentos históricos. En mi caso, que las herejías sean explicadas tal cual son sin incluir, en un principio, las respuestas de los apologistas y también hablar de su contexto histórico para ampliar nuestro panorama y comprender a sus protagonistas. ¿Para qué hacerlas difíciles con latinajos y explicaciones rebuscadas?

      No sé si una u otra iglesia esté más cimentada que otra, lo que sí es que el oriente cristiano durante los primeros siglos tuvo una marcada participación en la definición de nuestra fe, ya con el paso de los siglos, con la centralización del poder en la iglesia romana, las cosas cambiaron de rumbo como bien sabemos.

      Sin duda se merece el adjetivo ecuménico el primer concilio de Nicea, pues la participación fue plural y amplia. Luego la dejaron a presbíteros y obispos. Sin duda te gustarán las conclusiones de la próxima entrega. Saludos.

  5. Alejandro:

    Ha sido grato leer tu artículo, para mi la historia de la Iglesia es un tema apasionante. Y al mencionar el tema del arrianismo, un tema bastante interesante, me has hecho recordar cuando inicié a estudiar con profundidad estos asuntos.
    Como bien dices, Constantino o San Constantino, tuvo una decisiva trascendencia en el primer Concilio Ecuménico. Recuerdo haber leído que en esa ocasión el emperador dijo a la asamblea: “Ustedes son los obispos del rebaño de Dios, y ahora yo soy el obispo de los obispos”, utilizando esto como un juego de palabras con la etimología del termino obispo, episcopoi = vigilante. Sin duda el hijo de Santa Elena buscaba más la paz y el orden en sus dominios que hacer la de catequista o teólogo.
    El arrianismo duró muchos años en ser extirpado definitivamente, y eso se debió como dices por la protección imperial o gubernamental y causó muchas persecusiones. Es triste o de admirarse a la vez, que para poder recitar el credo actualmente, muchos dieron su vida para que se cimentara con seguridad estos dogmas trinitarios y cristológicos.
    He leído en algún comentario que el protagonismo fue de la Iglesia Oriental, y me agrada que hayas referido que entonces no había sino una sola iglesia. Añado a esto que si bien San Atanasio “el inmortal”, tiene el protagonismo en los comienzos de estas luchas, al ser desterrado a occidente tuvo la oportunidad de presentar y promover sus ideas. Y no olvidemos a San Hilario de Poitiers, que al igual que San Atanasio, fue desterrado a oriente por defender la sana doctrina.
    Un último comentario sobre el episodio de San Nicolás de Bari.
    Se refiere que su firma estaba en las actas. Se piensa que sui era suya la firma, otros lo ponen en duda. Refieres que se perdió la documentación de este concilio por razones de los avatares históricos. ¿Cómo se ha llegado a conocer quienes firmaron estas actas? ¿Por referencias, o por copias de copias de copias? Y opinando sobre la bofetada de San Nicolás a Arrio, yo me quedo con la idea de que si fue probable. Y esta es mi razón: Los santos no son de palo, tienen sentimientos y emociones que van forjando y canalizando a lo largo de su vida. Decir que no se indignó una persona al escuchar estas ideas y más en ese tiempo en que la religión era el deporte nacional, es errático. Este acto no le quitaría santidad en caso de que hubiese sucedido, lo hace más humano y más cercano a nosotros, los mortales hijos de Eva. Los santos también han pecado y han tenido fallas, y para ejemplo, las negaciones de San Pedro. No sería nada de raro, si tenemos en cuenta los carácteres de San Jerónimo (con su rencor a cuestas) y San Cirilo de Alejandría (con sus delirios de grandeza y prepotencia), que un Obispo de ese tiempo se exaspere por tener enfrente a quien es causante directo de los oleajes que se han levantado entre sus ovejas y a sus alrededores. Imagina simplemente que luego de barrer y trapear tu casa, luego de una mañana de gran labor, llega alguien de la calle con los zapatos enlodados y al entrar a tu hogar deja huellas por todos lados. ¿No es para disgustarte? No afirmo que lo haya golpeado, porque no hay datos seguros, pero creo que haya sido posible. Dicen por allí que la ira es un pecado, pero la indignación es una santa virtud, pero en el terreno psicológico, las emociones, los sentimientos y las reacciones subsiguientes, van junto con pegado.

    Saludos.

    • Gracias, Humberto. Tu comentario es bastante completo y trataré de contestar las dudas más esenciales:

      Como referí al principio, Constantino fue, junto con Osio de Córdoba, el artífice del primer concilio ecuménico y sus razones fueron, como bien dije y dices, mantener la cohesión de su imperio. No dudo que se refiriera a sí mismo como el obispo de los obispos jugando con el significado de estos términos griegos, pero me habría hecho el artículo más largo de lo que ya es.

      Sinceramente, me enfoqué más en el oriente porque fue donde más arraigó el conflicto y donde se presentó la solución un tiempo después. Las repercusiones en occidente las escribí para las conclusiones, igual muy resumidas. Mi intención es que no se queden con lo que yo escribí, sino que investiguen por su cuenta 😉

      Al menos las fuentes que consulté dicen que las actas originales se perdieron. Las noticias más fidedignas nos llegan de los testigos presenciales que ya mencioné renglones arriba: Eusebio de Cesarea, Atanasio de Alejandría, etc. Cada quien desde su propia óptica y experiencia, siguiendo la misma intención: la defensa de la fe.

      También me quedo con la posibilidad de que ocurrió el bofetón. Bien dices, los santos son humanos y estuvieron sometidos a las mismas pasiones de todos nosotros. No eran de palo sino de carne y hueso. Si no sentimos, expresamos ni actuamos somo meros autómatas. Somos seres humanos, las emociones en sí no son malas ni pecaminosas, las acciones a causa de estas lo son cuando lastimamos a nuestro prójimo y a nosotros mismos de palabra, obra y omisión, jamás cuando debemos dejar en claro lo que es correcto y lo incorrecto.

      Para mí, Constantino no es santo por mucho que “defendiera” la fe ortodoxa al principio de la controversia. Sus acciones posteriores dejan en duda la sinceridad de su conversión.

      • Para mí, Constantino tampoco es Santo. Jugó en beneficio del cristianismo porque convenía a su política, porque supo ver el elemento sincrético y aglutinador que podía conformar con el Estado; pero si no le hubiese convenido, no doy un duro con él… nunca en vida se bautizó y sólo lo hizo al final, ya moribundo, cuando le entró “la mieditis” que le entra a todo el que mira a la hermana muerte cara a cara. ¿Eso es un Santo? Conozco cristianos tibios que lo son más que él.

  6. Ana María y Alejandro:

    Al referirme al Emperador Constantino como Santo, no he hecho sino referirlo como lo considera la Iglesia Ortodoxa. Lo curioso del caso es que hay algunos calendarios y almanaques mexicanos, algunos con conocimiento de la Jerarquía católica, donde se le refiere el 21 de mayo como San Constantino el Grande, que dio libertad de culto a los cristianos. Esto me parece curioso, dado en en México no ha habido convivencia con cristianos ortodoxos como para que se reconociera su santidad y se refiriera en la onomástica como es el caso de San Esteban de Perm, San Sergio de Radonez.
    Ahora bien, su vida no es ejemplar, ciertamente tiene muchos lunares, pero, partiendo de que Sólo Dios es santo, y todo lo que tiene contacto con Él se santifica, no tiene nada de raro que Constantino haya sido reconocido santo. Hemos leído la vida de Santa Olga y de otros santos en donde brillan por su ausencia los buenos ejemplos.
    Pero, creo que debemos sentir cum eclessia, en este caso, con la parte oriental. Los santos no son solo los canonizados, sino todos los que están en la presencia de Dios. Decir que Constantino no está en el cielo, es atrevido, aunque pudiera ser. ¿Acaso Dios ha hecho almas para valerse de ellas y luego enviarlas a la eterna condenación? No me atrevo a opinar como ustedes tan a la ligera un culto venerable por su antigüedad como es el del hijo de Santa Elena.
    Al contrario, yo me alegro que haya santos así de humanos y de pecadores, porque son un aliento para todos aquellos que dudan o niegan la misericordia de Dios. La parábola de los viñadores tiene la enseñanza del mismo pago para los que llegaron desde la madrugada como para los que llegaron al anochecer. El Buen Ladrón o San Dimas, como se le conoce popularmente, no es el caso más concreto de las sagradas escrituras de que quien se arrepiente puede ganar el cielo aunque sea el último momento, y esto, se lo vamos a negar nosotros, pobres pecadores, a una alma a quien Dios hace lo imposible por que se arrepienta aunque sea hasta el último momento.
    Además por lo que se refiere a su bautismo a último momento (y recibido de manos de un arriano) era una práctica común en esa época. El Sacramento de la confesión no estaba desarrollado como lo conocemos ahora. Muchísimos lo posponían hasta el último momento porque querían asegurar la salvación. San Agustín y San Jerónimo son un ejemplo de los que habían pospuesto el bautismo por razones semejantes.
    No quiero hacer de esto una apología de Constantino, su apologeta oficial fue Eusebio. Pero lo que si me preocupa es que tan a la ligera se exprese una opinión que incomode a lectores que no comparten nuestra eclesialidad, pero si le tienen afecto a San Constantino, que dicho sea de paso, es conocido por ustedes que nunca ha tenido culto litúrgico en el rito latino, pero sí en el rito griego, al grado de ser llamado “Igual a los Apóstoles”.
    Quedo fraternalmente de ustedes.

    • Pues los hermanos ortodoxos sabrán porqué lo veneran como santo, pero para cualquiera con dos dedos de frente y que ha investigado sabe que la vida de Constantino fue todo menos ejemplar. Por intrigas de su esposa asesinó a su hijo heredero Crispo; primero favorece a los cristianos ortodoxos y después cede a las persuasiones de su pariente lejano Eusebio de Nicomedia y permite que los herejes tomen el control, sólo para mantener su imperio en unidad. Si postergó el bautismo -del cual dudo de su validez por ser un hereje quien lo bautizó y en aquél tiempo era motivo de dura controversia- hasta el último momento sí que fue por el miedo a la muerte, concuerdo con Ana María, y estrategia, ya que un no bautizado y por lo tanto un pagano no podía ser excomulgado, no tendría problemas con la jerarquía pronicena… en fin, que promulgara la tolerancia al cristianismo ortodoxo y construyera iglesias es para aplaudirle, pero no para canonizarlo porque cristiano comprometido jamás lo fue. Hacer una comparación con el Buen “ladrón” es incorrecta y rebuscada.

    • Humberto, yo no he opinado “a la ligera” sobre Constantino, como dices, sino basándome en mis estudios de Historia Antigua. No voy a juzgar aquí la posición de las Iglesias Ortodoxas -que ya conocía de antemano- ni a elucubrar sobre si su alma está con Dios o no porque eso sí sería opinar a la ligera, creo yo. Digo simplemente que aquí, en la Tierra, su actitud fue más política que religiosa y supretendida fe fue más astucia, habilidad y oportunismo que devoción. No le juzgo como político ni desde luego creo que se condenara, pero Santo no era. por más que lo pinten con la aureola, siempre vivió como pagano y sólo se bautizó in extremis, asustado por la muerte y presionado por los de su alrededor. A cualquier otro así nadie lo llamaría santo ni cristiano, pero como este jugaba sus cartas a favor de los cristianos… Pues hala, coronita y altarcito que te crío. Y que conste que no pretendo ofender a nadie y mucho menos a mis hermanos ortodoxos, pero es lo que hay aquí y en otras vidas de gobernantes que están en los altares.

      • Sobre Constantino el Grande, tal vez tuvo sus motivos para dar la libertad a los cristianos, no porque fuera un apasionado defensor de la libertad religiosa, sino que el aceptar el cristianismo como una realidad política es como reconocer esa realidad para jugarla a su favor. Constantino tal vez puede que utilizara la religión como medio de sometimiento de masas, y una disputa teológica entre ortodoxos y arrianos para el simbolizaba el peligro de la unidad de su imperio, pero tienen razón pensar que jugaba a dos bandos, primero como defensor de la ortodoxia nicena y luego como tolerante y hasta influenciado por arrianos. Si los ortodoxos lo veneran como Santo pues ellos dicen que el bautismo oficiado por un hereje es considerado inválido, entonces si fue bautizado por un arriano en que quedamos, es el modelo del político que se va a donde los vientos son mas favorables pero eso si, inspiraba miedo, dicen que en su sepelio nadie quería acercarce hasta varios días después de muerto, ejemplo de cristiano en matar a sus hijo, e imponer justicia dura, cristiano, en qué, aunque aprovecho a que hablen de algunos “santoa emperadores” como Mauricio, Teodosio, Justiniano, la emperatriz Irene, Ana Paleogina, Piroska de Hungría y entre otras santas bizantinas, obviamente a su juicio crítico

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

CAPTCHA

*