Santos mártires y confesores de Transilvania

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Icono ortodoxo griego de los Santos Moisés Macinic, Besarión Sarai, Nicolás Oprea, Sofronio de Cioara y Juan de Gales (izqda. a dcha).

Icono ortodoxo griego de los Santos Moisés Macinic, Besarión Sarai, Nicolás Oprea, Sofronio de Cioara y Juan de Gales (izqda. a dcha).

Tras el Acta de Unión que fue firmada por 38 decanos de los sacerdotes rumanos en Transilvania, la Iglesia Ortodoxa Rumana desapareció de iure de Transilvania hasta 1761, cuando el emperador Francisco I aceptó un obispo serbio ortodoxo para Transilvania. De facto, hubo muchas protestas entre la población rumana que no aceptó la unión. Entre ellos había monjes (Besarión Sarai y Sofronio de Cioara), sacerdotes (Juan de Gales y Moisés Macinic de Sibiel), pero también laicos (como Nicolás Oprea Miclaus de Salistea Sibiului) y muchos otros que abiertamente protestaron contra la situación, enviando representantes o yendo personalmente a Viena o San Petersburgo para quejarse de su falta de libertad religiosa. Algunos de ellos regresaron a casa. Otros, como los mencionados anteriormente, murieron en la prisión o en el exilio. Son venerados como defensores de la Iglesia Ortodoxa en Transilvania contra la unión eclesiástica impuesta.

San Besarión (Visarion) nació en Majdan, Bosnia, como Nicolás Sarai, siendo sus padres Máximo y María Sarai, que más tarde vivieron en Kostainica, Croacia. Su nacionalidad es objeto de disputa, porque la administración austríaca de Timisoara repetidamente se refirió a él como “el ermitaño de Valaquia”. En su juventud viajó a Tierra Santa, donde fue tonsurado como monje con el nombre de Besarión en 1738 por el patriarca Partenio de Jerusalén (1737-1766) en el monasterio de San Sabas. De vuelta a los Balcanes, primero pasó por Athos y después por Serbia, entrando en 1742 en el monasterio Pakra. En 1744 fue a Karlowitz, la sede el patriarca serbio Arsenio Ioannivic Shakabent, quien le entregó el 13 de febrero de 1742 una carta de recomendación y viajó como misionero por Transilvania. De allí marchó a Timisoara, con la intención de llegar al corazón de Transilvania, predicando contra el uniatismo. En Lipova, una ciudad rumana en el río Mures y una importante encrucijada comercial, plantó una cruz en una colina y empezó a predicar a los rumanos, que quedaron fascinados por su simplicidad tanto de acto como de palabra. El decano de Hateg, Nicolás Stoica, escribió la crónica de sus movimientos en Trasilvania y dio testimonio de que cerca de la cruz apareció una fuente milagrosa de repente, cosa que permaneció en la tradición local como “la fuente del Santo”.

Fresco ortodoxo rumano de los Santos Besarión Sarai, Nicolás Oprea y Sofronio de Cioara (izqda. a dcha.)

Fresco ortodoxo rumano de los Santos Besarión Sarai, Nicolás Oprea y Sofronio de Cioara (izqda. a dcha.)

Las prédicas de Besarión atrajeron a muchos lugareños que lo consideraban un Santo. Era muy ferviente contra el uniatismo y declaraba sus sacramentos inválidos, incluso alentando a la gente a oponerse a los sacerdotes uniatas. Los peregrinajes a la cruz de Besarión alarmaron al comité imperial de guerra, que repetidamente ordenó en 1744 y 1745 la destrucción de los edificios para peregrinos cerca de la cruz, pero no la cruz misma. Besarión dejó Lipova y marchó al este, a Deva, el 12 de abril de 1744, donde fue bienvenido no sólo por los ortodoxos, sino también por los calvinistas de la región. El monje llegó posteriormente a Salistea Sibiului, un centro fuerte de resistencia ortodoxa en la periferia de Sibiu, la capital austríaca de Transilvania. Allí se encontró incluso con el obispo uniata Juan Inocencio Micu y, después de una contradictoria discusión, el obispo huyó a Fagaras y más tarde a Viena, bajo la presión de los lugareños.

En el sínodo del 6 de julio de 1744 el obispo dijo que mucha gente había comenzado a desobedecer a los sacerdotes uniatas, no acudía a los servicios religiosos e incluso estaban bautizando a sus hijos ellos mismos. El 28 de mayo de 1744 la administración militar de Timisoara ordenó la detención de Besarión, que fue encarcelado en verano en Sibiu, y obligado a responder a un interrogatorio de 44 preguntas, que él respondió con prudencia. Entre otras cuestiones, él afirmó que los uniatas tenían dos religiones, pero que realmente no seguían ninguna de las dos. De Sibiu, Besarión fue enviado a Alba Iulia, Deva y Timisoara, y secretamente a Viena, para evitar alborotos. Fue acusado de misionar sin la autorización de su patriarca, pero el patriarca serbio rehusó condenarlo e incluso afirmó que él era el único capacitado para juzgar las acciones del monje. No se sabe si Besarión murió en la prisión de Kufstein, o fue liberado y huyó a Rusia, como dijeron algunos rumores.

Entre los luchadores por la fe estaba también el campesino Nicolás Oprea o “Miclaus”, nacido en Salistea, un suburbio de Sibiu, una región que mantuvo una importante resistencia contra la unión. Fue repetidamente enviado por la comunidad local con peticiones a Viena. En octubre de 1748, él alcanzó la capital austríaca junto con Juan Oancea, un carnicero de Fagaras. Sus peticiones fueron enviadas al marido de la emperatriz María Teresa, al general comandante de Transilvania y al embajador ruso, pero no se encontraron personalmente con la emperatriz. En su petición, pedían la libertad de confesión y sacerdotes ortodoxos para sus comunidades. Amenazaron con que morirían como mártires de la fe o provocarían una migración masiva en Valaquia.

Detalle de San Moisés Macinic en un icono ortodoxo rumano.

Detalle de San Moisés Macinic en un icono ortodoxo rumano.

De vuelta a casa, Juan Oancea fue golpeado por las autoridades locales y encarcelado. Salistea y otros pueblos fueron ocupados por el ejército, quien obligó a las comunidades locales a aceptar la comunión uniata de los enfermos y el bautismo de los niños, bajo la presión de las armas. Oprea escribió otra carta y la presentó personalmente a la emperatriz en 1749 con una delegación de otros cuatro campesinos de los pueblos de alrededor. De vuelta, Nicolás Oprea encontró refugio en Becicherec (cerca de Timisoara), donde se encontraron con el patriarca serbio de Karlowitz. En la última petición, demandaba la libertad de fe, el envío de una comisión que registrara el deseo personal de cada ciudadano respecto al uniatismo o la ortodoxia y la consagración de un obispo ortodoxo para los rumanos. Con dinero procedente de Salistea, él tradujo su carta y acudió por tercera vez, junto con Moisés Macinic, el sacerdote ortodoxo de Sibiel, que ya había sido encarcelado en torno a 1746 durante 17 meses por haber sido ordenado en Valaquia.

La audiencia con la emperatriz y el canciller Kaunitz no tuvo la impresión esperada. Los dos solicitantes fueron arrestados y encarcelados de por vida en la prisión de Kufstein, de donde uno de ellos -no se se sabe a dónde- escapó en 1756. En cualquier caso, ninguno de ellos regresó a casa. En 1784 Stana, la esposa de Oprea, envió una carta al emperador José pidiendo la libertad de su marido, pero no obtuvo ninguna respuesta, y él no regresó jamás, obteniendo la inmortal corona del martirio.

San Juan o Ioanes Varvorea de Gales fue sacerdote en su pueblo cerca de Sibiu. En 1756 el obispo uniata Pedro Pavel Aron informó al gobernador de Sibiu que Juan estaba predicando y agitando a la gente contra la unión. En mayo de 1756 fue arrestado y encarcelado en Sibiu. Un año más tarde fue trasladado a Deva y posteriormente a Graz. Allí recibió, en 1776, la visita de algunos mercaderes de Brasov. A ellos les dijo que prefería morir a abandonar su fe ortodoxa. Posteriormente, fue trasladado a Kufstein. En 1780 el archimandrita serbio Genadio Vasic, un antiguo candidato a la sede episcopal de los rumanos, pidió a la zarina Catalina II de Rusia que intercediera por su libertad, pero no obtuvo una respuesta positiva.

Hay otros muchos manifestantes contra la situación de los ortodoxos rumanos en Transilvania, como Juan, sacerdote en Aciliu, Stan, sacerdote en Glamboaca, Juan Piuariu, sacerdote de Sadu, Nicolás Pop, sacerdote de Balomir y el hieromonje Nicodemo, entre otros.

Detalle de San Juan de Gales en un icono ortodoxo rumano.

Detalle de San Juan de Gales en un icono ortodoxo rumano.

Otro monje confesor fue Sofronio de Cioara, un pueblo cercano a Orastie, una región donde la resistencia al uniatismo fue repetidamente registrada por las autoridades. Siendo Stan Popovici como laico, era hijo de una familia sacerdotal y fue tonsurado como monje en Cozia, en Valaquia. En torno a 1756 regresó a casa, viviendo como ermitaño en los bosques junto a unos pocos compañeros. Empezó a instruir a la gente de los alrededores, lo que provocó la irá de la guarnición militar local responsable de Vintu, que en la primavera de 1757 destruyó el eremitorio de Sofronio.

En 1759 Sofronio empezó a predicar contra el uniatismo, en el mismo año en que las autoridades austríacas empezaron a aplicar la ley de la libertad religiosa. En este contexto, Sofronio animó a los lugareños a desobedecer a los sacerdotes uniatas y a pedir la filiación con la Iglesia de Jerusalén. En torno a las Navidades de 1759 fue encarcelado en Bobalna, pero fue liberado por unos 600 campesinos, liderados por Juan, el sacerdote de Saliste. Una vez más fue arrestado en los Cárpatos Occidentales, en Abrud, pero las autoridades lo liberaron una vez más, para evitar otra revuelta.

Sofronio convocó un “sínodo” de sacerdotes y laicos el 10 de agosto de 1769 en Zlatna y escribió una petición a la emperatriz María Teresa, pidiendo un obispo ortodoxo, la restitución de las iglesias y de sus propiedades, y la libertad de los manifestantes arrestados Oprea Miclaus, Moisés Macinic, Juan de Gales, Juan de Sadu y Juan de Aciliu. El movimiento tuvo efecto en toda Transilvania, por lo que la emperatriz decidió, el 20 de octubre de 1760, enviar una comisión para investigar la situación local. El comité imperial envió al general Bukow a Transilvania, que llevó a cabo una campaña de investigación de la situación religiosa de los rumanos transilvanos. Los lugareños tuvieron en 1761 su primer obispo ortodoxo, el serbio Dionisio Novakovic. En este contexto, Sofronio se encontró el 1 de mayo de 1761 con el general Bukow y firmó una proclamación a los rumanos, pidiéndoles la paz. Abandonó Transilvania y vivió como egumeno en el eremitorio de Robaia, cerca de Arges en Valaquia, hasta su muerte.

La investigación imperial llevada a cabo en Transilvania por el general Bukow mostró que 2250 sacerdotes y 25223 familia había aceptado el uniatismo, mientras que 1365 sacerdotes y 128635 familia habían permanecido ortodoxos. En lugar de la prometida tolerancia, en 1761 el ejército austríaco destruyó casi todas las iglesias de madera y todos los monasterios de piedra de los ortodoxos rumanos. En medio de la represión tuvieron lugar masacres locales y conversiones forzadas, como las que ocurrieron en las regiones limítrofes de Bistrita y Transilvania del sur.

Veneración
La veneración local de los confesores tiene una larga historia, especialmente con Besarión Sarai, que fue considerando santo incluso en vida. Los otros fueron vistos siempre en el contexto de la resistencia ortodoxa en Transilvania como mártires de la fe.

Vista de la fortaleza de Kufstein, donde estuvieron prisioneros los Santos.

Vista de la fortaleza de Kufstein, donde estuvieron prisioneros los Santos.

Los Santos Besarión Sarai y Sofronio de Cioara, junto con San Nicolás Oprea “Miclaus”, fueron canonizados durante el contexto de unión con la Iglesia Greco-Católica con la Iglesia Ortodoxa Rumana bajo las presiones comunistas en 1947. A pesar de que el acto per se fue político, la lucha de estos hombres por la libertad de su fe es valiosa por confesar su fe incluso hasta la muerte. Por su testimonio fueron honrados con el título de santos confesores y santo mártir respectivamente -en el caso de Nicolás Oprea- durante el encuentro del Santo Sínodo de la Iglesia Ortodoxa Rumana el 28 de febrero de 1950. Su proclamación oficial tuvo lugar el 21 de octubre de 1955 en la catedral ortodoxa de Alba Iulia, que es el día de su celebración. Los otros dos confesores, los sacerdotes Moisés Macinis y Juan de Gales fueron proclamados en 1993 y son celebrados conjuntamente el 21 de octubre.

Después de la caída del comunismo se organizó una parroquia ortodoxa en Kufstein, cerca de la vieja fortaleza donde algunos de los mártires estuvieron prisioneros, en la iglesia del hospital de la prisión. El primer sacerdote de esta comunidad pertenecía a la Iglesia Rusa Fuera de Rusia (ROCOR en siglas inglesas), pero se celebraban servicios litúrgicos también por greco-católicos ucranianos y misioneros croatas y serbios. El número de serbios aumentó en el Tirol (donde está situada Kufstein) después de la guerra de Yugoslavia. En 2001 crearon la parroquia serbio-ortodoxa y desde entonces celebran regularmente servicios religiosos en esta iglesia, teniendo como patrón a San Besarión Sarai (Besarión de Erdelji, en serbio).

Troparion (himno de los Santos)
Luchadores de la ortodoxia, habéis refrescado como trompetas angélicas el valor de confesar la verdadera fe, y como sabios predicadores, habéis alimentado a la gente con la enseñanza correcta e iluminada. Vuestros trabajos fueron grandes; grande fue también vuestro celo predicador; grande fue el resultado de vuestra justa lucha, ¡soldados de Cristo por siempre memorables!

Mitrut Popoiu

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

8 pensamientos en “Santos mártires y confesores de Transilvania

  1. Querido Mitrut, muchas gracias por este artículo.
    Como ya dije en el artículo anterior, personalmente condeno las prácticas llevadas a cabo, tanto a nivel eclesiástico como político, para forzar el abandono de la ortodoxia y aceptar el catolicismo de manera obligatoria. En aquellas ocasiones en las que estas prácticas se dieron al contrario, también las condeno. Vaya eso por delante. También tengo que decir que es verdad que en aquellos tiempos, los conceptos de tolerancia y ecumenismo que hoy tenemos, sencillamente, no existían.

    Pero fíjate que extremismos hubo en “ambos lados”. Yo te fuerzo para que tú te hagas católico, pero tú, que sabes que mis sacramentos son tan válidos como los tuyos porque no hemos perdido la sucesión apostólica, niegas mi validez. Pues eso fue exactamente lo que hizo San Bisarión en respuesta a las injustas presiones que su pueblo sufría para abandonar la ortodoxia. Solo quiero poner este ejemplo como muestra.

    Además, si no se sabe cómo murió, si en prisión o fue liberado, ¿cómo se le puede considerar mártir de la fe? Tu mismo afirmas al final de tu artículo que el acto de la canonización “per se”, fue un acto político, lo que sin embargo, al menos desde mi punto de vista, no presupone que no fuera un hombre santo. Hay muchos hombres santos que no fueron ni serán nunca canonizados.

    Resumiendo: condeno las prácticas de intolerancia, apoyo la defensa que hicieron de su fe aquellos que creían en la ortodoxia y no pongo en duda la santidad de estos santos, independientemente de si fueron mártires o no.

    • Dear Antonio,
      Any practice of forcing someone to believe so or so, there is clear, it’s wrong. In the case of St. Visarion, of course his thinking was very extreme. He did not simply preach against the uniate, he went further, considering their rituals as nule. Matter fact the Catholics had the same point of view, that the orthodox Sacraments are nule. Nothing quite new.
      As about knowing nothing exactly about his death, what can I say in order to defend him? How I suppose to believe that he really was freed and ran to Russia, as the Austrian officialities spread the rumour? Visarion came by himself, from his own belief, in Transylvania, in order to defend the Orthodox believers. I cannot conceive – 1. that he was let free by the Austrians – who were very harsh by punishing the leaders of any rebellion. A few years later they have killed another rebel from Bistrita, aged 104 years! and -2. that even let free by Austians, he fled in Russia without any trace. It was not in his character, was it?
      And saying that this canonization was per se a political act, that is a personal opinion, which shall be interpreted in this form. It happened a few years after 1948, so I have concluded something like that, without having a clear information. That must be interpreted not like a retractation of what I have already written, but as a nouance.
      Finally, these saints are confessors of faith, only Nicolae Oprea is considered as martyr, as one from whom it is quite sure, he has died having a life sentence to prison at Kufstein

  2. Yo también comparto lo expresado por Antonio. Desde luego que se les puede considerar confesores y defensores de su fe o, cuanto menos, de la libertad religiosa de su tierra y nación, pero, ¿mártires? Si he seguido bien el artículo, uno fue encarcelado y no se sabe si murió en la cárcel o logró escapar, otros dos fueron encarcelados y uno escapó, dos más quedaron encarcelados y el último, también fue encarcelado y acabó siendo liberado, así que, ¿dónde está el martirio? Es cierto que el martirio no es únicamente el sufrir tortura o muerte violenta, sino que incluso dentro de las clasificaciones de los mártires, los católicos admitimos el martirio de los que mueren en las penalidades de la prisión por la fe (ex aerumnis carceris)… pero, ¿y al que lo soltaron? ¿y el que escapó? ¿y del que no se sabe qué le ocurrió? ¿Cómo se les puede considerar a ellos mártires? Confesores sí, pero, ¿mártires? No acabo de entender el criterio de las Iglesias Ortodoxas en este sentido, especialmente por lo que se refiere al que no se sabe qué le ocurrió.

    Creo que estas canonizaciones, como dices al final del artículo, tienen más de político (y de nacionalista, si se quiere) que otra cosa. Lo que no significa que defienda el trato que se les dio ni que cuestione sus intenciones, claro. Pero de ahí a que sea martirio… pues entonces cualquier persona encarcelada injustamente es un o una mártir.

  3. Dear Ana Maria,

    thank you for your feedback and the questions.
    from my written articles you might have made an image of the fact, that the acts of canonization in the Orthodox Church are a little bit different comparing them with the acts of canonization in the West. In fact this processus is something relatively new, only beginning with the late middle ages. Usually the saints were proclaimed by the simple local veneration. That is why the condition of canonization have other strength comparing with the saints of the Catholic Church.
    About the fact that their ends are not quite known, that it is something normal in the 18th/19th centuries. The Romanians were emprisoned in a separate bastion with harsh conditions of detention. Generally the politic concerning them was in this way: their petitions were hardly heard by any autority, and also the way they might have been emprisoned or killed. They were simply seen as an inferior race and not once some of them simply killed by local autorities without process or conviction. But this is another story. What I want to point, is that their ends are indeed not so clear by many of them. They were considered saints much more because of their opposition to imposing a religion, and that is why they are confessors. And yes, martyr without blood is not a martyr stricto sensu. A life sentence to prison is quite the same, even not exactly. In any case the life sentence was an injust one. Maybe too easy canonized – I don’t know. I am not the autority to judge. I already did a little, saying that the decision was a little political. What can I say more?
    The one freed – that is Sofronie who lived his latest years in Wallachia is not a martyr, but a confessor.
    I would say more, that these persons were canonized as saints also because they were models> priests, monks, laymen. Indeed, as Antonio said, there are many saints remaining uncanonized. Among them are surely others who opposed this forced conversion. Among them are mothers and wives remained without their sons or husbands. They are anonymous. But by celebrating these martyrs and confessors it is marked a historical episode, in order not to be forgotten.

  4. Mitrut:

    He leído con interés tu artículo sobre estos penosos incidentes. Que situación tan distinta es leer sobre el algo que sucedió a que alguien que vive don de pasaron las cosas te lo platique.
    Estas confrontaciones entre hijos de Dios y hermanos de Jesucristo no debieron haber pasado nunca y deseo que no estén sucediendo todavía.
    Las razones que aduces para venerarlos como confesores y mártires tienen lógica, pero no dejo de hacer una comparación con ciertos beatos mártires de la Guerra Civil, que se refieren como desaparecidos y se han considerado mártires. Entre ellos un paisano mio, el Beato Reginaldo de la Cruz OP, y de los cuales en este mismo blog han levantado voces que se inconforman con ello. En fin, donde quiera se cuecen habas.
    Muchas gracias por haberme dado a conocer a estos santos.
    Saludos.

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