San Felipe II

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Icono ortodoxo ruso del Santo.

Icono ortodoxo ruso del Santo.

Puesto el título del artículo así, tal cual, parecerá que nos hemos vuelto locos o que este artículo es de broma, pero nada más lejos de la realidad, porque no nos estamos refiriendo a Felipe II, rey de España (1527-1598), a quien no vamos a juzgar ahora, sino a un santo metropolita mártir de Moscú, una de las personalidades eclesiásticas más notables de la Rusia de mediados del siglo XVI, contemporáneo de ese rey español y que llevó este mismo nombre: San Felipe II, metropolita mártir de Moscú.

Se llamaba Teodoro Stepanovic Kolycev y pertenecía a una familia de boyardos que estaba al servicio de los príncipes moscovitas desde los tiempos de Ivan Kalita, o sea, desde mediados del siglo XIV. Su padre, Esteban Ivanoviv, era uno de los hombres de confianza del zar Basilio III y su madre, llamada Bárbara, entró en un monasterio a la muerte de su esposo, cambiando su nombre por el de Barsanufia. Se sabe muy poco de los primeros treinta años de su vida, aunque los datos más antiguos que se tienen sobre él, dicen que “aprendió el valor militar” en tiempos de Iván el Terrible. Con toda probabilidad, recibió la educación propia de su clase social, basada principalmente en los temas propiamente cortesanos y, sobre todo, en la literatura eclesiástica. A la muerte del zar, su familia se vio envuelta en algunos problemas, por apoyar al hermano de éste, el príncipe Andrés Starickij. Teodoro, no queriendo entrar en polémicas, mientras asistía un domingo a la Divina Liturgia, al escuchar las palabras evangélicas “No puede servirse a dos señores”, decidió darle un vuelco radical a su vida y abandonando secretamente Moscú, se refugió en el norte del país.

Encontró refugio en la localidad de Chizach, junto al lago Onega, donde durante algún tiempo trabajó como pastor al servicio de un tal Subbota, que era agricultor de aquella zona. Posteriormente solicitó su entrada en el monasterio de Solovsky, donde después de pasar un año y medio de prueba, fue tonsurado como monje tomando el nombre de Felipe. Fue puesto bajo la guía espiritual del “starec” Jonás Samin, que era amigo personal de San Alejandro de Svir, aunque haciendo algo que era normal en su época: pasar un cierto tiempo en absoluta soledad en un lugar cercano al monasterio.

En el año 1548, la comunidad de Solovsky, contra su voluntad, lo nombró superior del monasterio, por lo que tuvo que ser ordenado de sacerdote y consagrado como egumeno por parte del obispo de Novgorod. Fue un sabio administrador de los bienes materiales y espirituales del monasterio, pues en sus veinte años de egumenato, Solovsky se convirtió en el centro espiritual, económico y cultural más importante de todo el norte de Rusia. A él se debe la sustitución de los viejos edificios de madera por otros de piedra y la edificación del actual complejo monumental de este monasterio, que sigue siendo una de las manifestaciones más extraordinarias de la arquitectura rusa del siglo XVI.

Vista del monasterio Solovskij, Rusia.

Vista del monasterio Solovskij, Rusia.

Hizo construir un refectorio coronado por un campanario, nuevas celdas para los monjes, un hospicio para los peregrinos, eremitorios para los monjes que querían vivir en soledad en el bosque e incluso, una especie de pista de aterrizaje en piedra y un monasterio en la isla Grande Zajackij. Dada la importancia de todos estos trabajos, tuvo que construirse previamente una fábrica de ladrillos. Los puertos se equiparon con terraplenes y con faros a fin de facilitar la navegación, se reguló el talado de los árboles del bosque y se inició un complejo sistema de regulación de las aguas para la recuperación de los pantanos y la alimentación de los molinos. Por ejemplo, el célebre Lago Santo debajo del monasterio es un depósito artificial de agua que él quiso expresamente hacer.

En el año 1557, después de cinco años de trabajos intensos, se terminó de construir la iglesia de invierno dedicada a la Dormición de la Madre de Dios, una de cuyas capillas estaba dedicada a San Juan Bautista, que era el santo patrono del zar. Un año después se iniciaron los trabajos para la iglesia utilizada en verano y que se dedicó a la Transfiguración, que sin embargo se terminó de construir en el año 1566, bajo el egumenato del sucesor de Felipe al frente del monasterio. En tiempos de San Felipe, la comunidad estaba compuesta por unos doscientos monjes, mientras que unas trescientas personas más vivían prestándoles servicios al mismo. Debido a la situación del monasterio – norte de Rusia y zona muy helada – aunque las tierras que le pertenecían eran muy extensas, su producción agrícola era insuficiente para la subsistencia de todos los que allí vivían, por lo que la principal fuente de ingresos fue garantizada por el comercio de la caza, la pesca y la sal, cosa que Felipe supo incrementar ampliando y regulando la explotación de las salinas, construyendo talleres para el curtido de cueros y pieles, utilizando siempre una tecnología que él mismo se inventaba. A todo esto hay que añadirle las prerrogativas conseguidas del estado, las numerosas donaciones de los fieles y de los nobles y el patrimonio familiar de los monjes, que se ponían a disposición del egumeno del monasterio.

Pintura contemporánea rusa del Santo.

Pintura contemporánea rusa del Santo.

San Felipe promovió el culto al icono de la Madre de Dios “Hodigitria”, que había sido llevada a aquella isla-monasterio por parte de San Sabacio, uno de los fundadores de Solovsky, junto con San Zosimo. Modificó en parte la regla cenobítica del monasterio, mejorando la comida y el vestuario de los monjes. Era tal la notoriedad tan exquisita de Felipe como egumeno, que llegó a atraerse la simpatía del propio zar Ivan IV, quién realizó numerosas donaciones personales a Solovsky.

En el año 1551 San Felipe participó en Moscú en el concilio de los “Cien capítulos” o “Stoglav”, que marcó el punto culminante de la reforma eclesiástica deseada por el metropolita Macario y el propio zar. A partir de 1554, en contra de su voluntad, tuvo que hacer las veces de “carcelero” o guardián de dos personajes allí recluidos: el ex egumeno Artemio de la Laura de la Trinidad y de San Sergio (acusado de hereje) y el todopoderoso Silvestre, consejero de Iván IV, que había caído en desgracia.

A partir del año 1560, el zar, aconsejado por una junta de boyardos, empezó a llevar una audaz política en contra de los nobles: en enero de 1565, la institución de la oprichnina dio origen a un régimen de terror. Después de la muerte del metropolita Macario en el año 1563, la Iglesia había capitulado a las pretensiones del zar, aunque el metropolita Atanasio, en el año 1565, pudo al menos interceder en dos ocasiones ante el zar a favor de Juan Jakovlev y Miguel Vorotynskij. Pero Atanasio, hastiado, se retiró al monasterio de Cudov en enero de 1566, siendo designado como metropolita el obispo Germán de Kazan. Éste condicionó la aceptación de la mitropolia a la derogación de la “oprichnina”, suscitando de esta forma la ira del zar.

El Catholicos de Georgia ante las reliquias del Santo en Moscú.

El Catholicos de Georgia ante las reliquias del Santo en Moscú.

Un concilio completamente sometido a la voluntad zarista eligió como metropolita al egumeno de Solovsky, o sea, a Felipe, quien tomó la misma decisión de Germán, pero que se vio forzado por el concilio y por el propio zar a aceptar el cargo, aunque se le reconoció el derecho a ser consultado por el zar “como un hijo pide consejo a su padre”. Felipe fue investido como metropolita de Moscú en una ceremonia solemne, celebrada el día 25 de julio de ese mismo año, en la catedral de la Dormición de la Madre de Dios, recibiendo la primacía como pastor de la Iglesia Rusa de las propias manos del zar Iván IV el Terrible. Pero aun siendo metropolita, San Felipe añoraba la vida monástica, porque entre las cartas suyas que se conservan: una al monasterio de San Cirilo de Beloozero (1567) y tres al monasterio de Solovsky (1566-1568), en todas ellas es visible la preocupación y el cariño de Felipe hacia los monjes, llegando incluso a decirles que deseaba ardientemente poder regresar con ellos.

En el 1567 el zar fracasó en una campaña contra Lituania y esto hizo que se acabara la relativa paz existente hasta entonces, pues se dedicó a expoliar, reprimir y realizar ejecuciones sumarísimas contra los boyardos y contra gran parte del propio pueblo ruso. Felipe, primero privadamente, intervino ante el zar pero vista la inutilidad de sus esfuerzos, entró en conflicto contra el soberano negándole públicamente su bendición el 22 de marzo de 1568 en la catedral de la Dormición: “Mientras aquí, oh zar, ofrecemos al Señor un sacrificio puro e incruento para la salvación de los hombres, en otros altares, tú viertes sangre cristiana y haces morir a la gente”. Con su extraordinaria oratoria y con su firmeza, se enfrentó abiertamente a Iván el Terrible.

Urna del Santo en Moscú.

Urna del Santo en Moscú.

El absolutismo del zar se sustentaba en la ideología teocrática, según la cual el sacerdote estaba sometido al rey, mientras que la respuesta de San Felipe se sustentaba en la independencia de ambos, pero que tenían que estar en sintonía, para ambos someterse al juicio de Dios: “Nuestro silencio impone un pecado sobre tu alma y causa la muerte en todo el país y es por eso, por lo que no puedo obedecer tus mandatos si no están en sintonía con los designios de Dios. Acuérdate de que Dios te pedirá cuentas por verter sangre inocente y es en el nombre de Dios por lo que te digo esto, aunque sea a costa de mi propia vida. Tú has estudiado las Sagradas Escrituras y si ha sido así, ¿por qué no las cumples?, porque cualquier persona que no ame a su hermano, no puede amar a Dios”. En una carta llegó a escribir que el zar no era un hijo de Dios, sino del diablo y que no era un soberano, sino un torturador, al que no había que obedecer ni aunque te torture o amenace de muerte.

La reacción del zar no se hizo esperar y ayudado por algunos obispos instruyó un proceso canónico contra San Felipe acusándolo de conducta inmoral y se las ingenió para que otros le acusaran de brujería. A inicios de noviembre del año 1568, reunió un concilio en Moscú para juzgarlo y entre los acusadores estaba el propio egumeno Paisio de Solovsky, que condenó a Felipe a ser encarcelado en un monasterio. Así, el zar, deponiendo y arrestando a San Felipe con la ayuda de algunos eclesiásticos, haciendo una demostración de fuerza, escogió el día de la festividad de San Miguel Arcángel (8 de noviembre según el calendario juliano) para enviar a un grupo comandado por un tal Maljuta Skuratov, para que despojaran a San Felipe de sus ornamentos litúrgicos y vestido con un simple saco lo encerraran en el monasterio de la Teofanía. Como el pueblo se conmovió ante esta acción, San Felipe se dirigió a ellos diciéndoles: “Si no os hubiera amado, no sería tratado de esta manera en este día. Me sostiene la palabra de Dios: el buen pastor ha de dar la vida por sus ovejas”.

Urna del Santo en Moscú.

Urna del Santo en Moscú.

Desde Moscú fue llevado al monasterio Otroceskij de Tver, donde el 23 de diciembre de 1569, durante una expedición de Iván contra Novgorod, fue asfixiado en su celda por el propio Maljuta, cumpliendo órdenes del zar. Dio realmente la vida por sus ovejas y por su obediencia a la ley de Dios, sufriendo muerte martirial.

En el año 1590, o sea, veintiún años después de su muerte, el nuevo egumeno de Solovsky solicitó al nuevo zar Teodoro Ivanovic los restos de San Felipe. Exhumado su cuerpo, fue encontrado incorrupto y sepultado en el atrio de la iglesia de los Santos Zósimo y Sabacio en Solovsky. Existen numerosos documentos que atestiguan la realización de milagros sobre su tumba.

En tiempos del patriarca Josafat (1634-1640) fue inscrito en el catálogo de los Santos, celebrándose su festividad el 23 de diciembre. En el año 1646, sus restos fueron trasladados a la iglesia de la Transfiguración del monasterio y en el año 1652, el patriarca José ordenó trasladarlos a la catedral de la Dormición de la Madre de Dios, en el interior del Kremlin de Moscú. Esta ocasión fue aprovechada por el zar Alejo Michailovic para pedir públicamente perdón por el crimen cometido por su antecesor Iván el Terrible. El patriarca Nicón, que siendo obispo de Novgorod había participado en el traslado de los restos del santo desde Solovsky a Moscú, en el año 1662, instituyó su fiesta para el día 10 de enero (antes era conmemorado el 23 de diciembre). Siete años más tarde, fue el propio zar quién fijó definitivamente sus dos festividades: 9 de enero y 3 de julio (traslado de las reliquias).

En el año 1875, a la festividad de los tres santos obispos de Moscú, Pedro, Alejo y Jonás, se unió el nombre de Felipe, uniéndose los cuatro santos en un solo icono, al que posteriormente se incluyó al patriarca San Hermógenes, celebrándose actualmente la festividad de los cinco el día 5 de octubre.

Urna del Santo en Moscú.

Urna del Santo en Moscú.

En los iconos se le representa con aspecto negruzco (entre el negro y el gris), con los cabellos cortos detrás de las orejas, con barba como la de San Nicolás aunque algo más cana. Sobre su cabeza, el tocado episcopal, el “sakkos”, el “omophorion” y los Evangelios.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– MAINARDI, A., “Bibliotheca sanctorum orientalium”, Città N. Editrice, Roma, 1998.
– JACHTONOV, I., “La vida de los santos ascetas del norte de Rusia”, Kazan, 1881.
– POLOZNEV, D., “La canonización del metropolita Felipe”, Moscú, 1990.
– PRIKLONSKIJ, A., “La vida del metropolita Felipe”, Solovsky, 1926.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

12 pensamientos en “San Felipe II

  1. Gracias, Antonio. Creo que este Santo es un ejemplo de lo que los jerarcas deberían ser. La Iglesia -y quien dice Iglesia, dice Iglesias cristianas en general- ha pecado mucho a lo largo de la Historia de alinearse con la aristocracia, la plutocracia y los gobernantes y poderosos en general; y cuando no ha estado con ellos, sólo les ha plantado cara porque veían amenazadas sus prebendas, privilegios, ingresos y estatus en general. ¡Qué pocos se han destacado por realmente hacer lo que tenían que hacer, estar con el pueblo cristiano y trabajar por ellos! San Felipe II ruegue por todos aquellos que, ayer y hoy, no se han olvidado de que ser jerarcas es servir, no mandar.

    • Pues es cierto eso que dices. En qué poquitos sitios la Iglesia – todas – no están ligadas de una u otra manera al poder… Hay casos de verdadera vergüenza, como la foto en la que aparecen dándole la comunión a Pinochet o la de algunos obispos españoles levantando el brazo con el saludo fascista junto al dictador Franco.
      Menos mal que el Espíritu de Dios también envía a pastores que saben estar en su sitio, que llevan a la práctica el lema “la verdad os hará libres” y que denuncian a los regímenes injustos. Dios nos envíe pastores santos, que sirvan y no manden, porque de lo contrario, el pueblo llano se irá alejando cada vez más de la Iglesia. Por eso tenemos puestas tantas esperanzas en el Santo Padre Francisco.

  2. Muchas gracias, amigo Toño, por compartirnos la vida de este valiente y santo hombre que abandonando el confort y la sencillez de su monasterio pasó a convertirse en la cabeza de la Iglesia rusa aunque tuvo graves encontronazos con la otra cabeza -analogía del escudo imperial ruso que es un águila de dos cabezas- y al final pagara con su vida haber denunciado las injusticias y crímenes de uno de los zares más conocidos el mundo. Pobre, ya eran tiempos en que Iván el Terrible estaba ya empezando a mostrar signos de psicosis y dentro de poco mataría a su hijo heredero.

    No sólo fue hombre de oración, sino de trabajo. Como sucedió en Europa, los monasterios que san Felipe construyó fueron centros urbanos de trabajo y desarrollo. Se interesó por su pueblo y quiso mejorar sus condiciones de vida.

    Lo sucedido en Rusia es bastante similar a lo que ocurría en Bizancio: el sometimiento de la jerarquía al emperador, cesaropapismo. Ante la denuncia de San Felipe me acordé de la carta que San Osio de Córdoba escribió a Constancio II donde deja en claro la independencia de la Iglesia sobre el Estado sin dejar de reconocerlo soberano legítimo… aunque San Felipe prácticamente se rebeló y desconoció a Ivan por sus crímenes, faltó poco para que lo excomulgara, quizás se detuvo para darle tiempo al arrepentimiento. Curioso, ambos pagaron caro su osadía. Lástima que unos siglos después la Iglesia rusa se sometería plenamente al Zar.

    Concuerdo contigo y Ana María, necesitamos pastores, de todas las Iglesias, llenos de coraje y Espíritu Santo para denunciar los males de la sociedad y ayudarnos a construir un mundo más humano.

    • Está claro, Alejandro, que además de ser un buen pastor, San Felipe II de Moscú fue un magnífico organizador, proveedor, “gobernante”, de un monasterio y de todos cuantos vivían alrededor de él, ya que no solo se preocupó del bien espiritual de sus monjes, sino del bien material de todos los habitantes de la región. Gracias a él, la región prosperó económicamente y Solovsky se convirtió en uno de los principales monasterios de Rusia. Este monasterio que ya había sido fundado por los santos Zoísmo y Sabacio, ha dado otros frutos de santidad a la Iglesia Ortodoxa Rusa, entre ellos, varios mártires de la época bolchevique.

      San Felipe, a su pesar, tuvo que abandonar su monasterio, del que siempre tuvo añoranza, para ocuparse del pastoreo de iglesia moscovita – la más importante de Rusia – , pero el mismo empeño que puso en construir espiritual y materialmente Solovsky, lo puso en defender a su pueblo no solo en Moscú, sino en toda Rusia de las barbaries cometidas por el sanguinario Iván el Terrible. Seguro que esa fortaleza de ánimo y ese espíritu de trabajo lo mamó en su propia familia, pero está claro que el Espíritu Santo lo trabajó y él se dejó trabajar para convertirse en el referente que, aun hoy es, para toda la Iglesia Rusa y para todos los pastores – ortodoxos o no – que quieran dedicarse de lleno a la labor que les ha sido confiada. Tuvo las cosas meridianamente claras y supo poner a cada uno en su sitio, aunque eso le costara la vida.

  3. Toño:;
    Gracias por dar a conoce a este santo que para mi era desconocido. Al leer su vida, me doy cuenta de que el cesaropapismo no fue un patrimonio exclusivo de la Iglesia latina.
    Conozco muy en lo general la vida de la Iglesia Rusia, su entorno y cultura, que me parecen muy atractivas. La primera vez que tuve contacto con esta Iglesia fue cuando conocí la vida del Patriarca Ticón de Moscú con todas las barbaridades que padeció por el régimen rojo. De allí algunas lecturas o articulos en general que me dan una visión global.
    He tenido la oportunidad de conocer algo de la biografía del zar Iván el Terrible, por ello, no parece raro que tomara estas represalias contra nuestro santo.
    Cuando uno conoce la vida de estos pastores con espíritu apostólico y evangélico, no queda otra sino dar gracias a Dios porque da a su pueblo pastores según su corazón; San Felipe II mereció la pama del martirio porque supo defender al rebaño de los ataques del lobo.
    A este santo le encomiendo a la Santa Rusia, y también la unidad de las Iglesias.
    Saludos.

    • Humberto,
      Por mucho que nuestro Señor dijera: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”, la realidad es que a lo largo de estos veinte siglos de existencia, la Iglesia casi siempre ha vivido agarrada como una lapa al poder temporal. A veces, ella ha dominado al poder temporal, pero en otras ocasiones, ha sido el poder temporal quién la ha dominado a ella. Bien es verdad que, para ser justos hay que decir, que siempre han existido hombres y mujeres de Iglesia que se han opuesto a este maridaje, incluso derramando su sangre por defender, conforme al mandato de Cristo, la independencia de “los dos poderes”. Está claro que San Felipe II de Moscú fue uno de ellos.
      Tratar con el sanguinario Iván el Terrible no debió ser cosa fácil y sufrimientos morales y físicos tuvo que tener San Felipe durante todo ese tiempo, pero no desanimó, puso el interés de sus fieles por encima incluso de su propia vida y se encaró al tirano. Mereció la palma del martirio y hoy es un referente para muchos hombres de Iglesia.

  4. what a personality! I have personally first heard of Filip II after seeing the film “Tsar” which is a real masterpiece. Pyotr Mamonov, before of this film known as the fool for Christ “Father Anatoliy” in the Masterpiece “Ostrov”-The Island, is this time “Ivan the Terrible”. The acting is great. Oleg Yankowski plays the role of Metropolitan Filip. The film is a masterpiece, a kind of Russian “Goyas Ghosts”. http://www.imdb.com/title/tt1424431/. It is here to find online, though only with Romanian subtitles … http://vimeo.com/8492641

    Thanks Antonio for this article. Metropolitan Filip is a great example of service for Christ and the fight against the caesaro-papism imposed in Russia so many times.

    • Muchas gracias, Mitrut, por el enlace de la película. La he visto y he de decirte que me ha impactado. Es cierto que San Felipe tuvo que ser un hombre de coraje para tener el valor de enfrentarse a aquel sanguinario zar. ¡Cómo fueron las cosas en realidad y cómo nos las imaginamos en nuestras mentes que tienden a endulzar y embellecer muchas realidades que de dulces y bellas no tienen nada!

  5. Pues tienes razón Antonio que llama mucho la atención el nombre de este Santo, pero sabes que, desde que mencionaste que tenia enfrentamientos con Iván el Terrible comencé a sospechar que este santo terminó martirizado, porque no hubo quien se le interpusiera a este Zar que no terminara en la tumba y lo admirable de San Felipe II es que sabiendo seguramente esto no tuvo miedo del Zar y se enfrento a él y como bien dijo el pastor se entregó por sus ovejas.

    • ¿Miedo? Lo que tuvo es un valor de tres pares de narices. Estamos acostumbrados a ver a jerarcas sumisos como corderitos y santos como San Felipe II nos demuestran que, si se quiere, se puede tener toda la fuerza para defender lo que es justo pues el Espiritu de Dios da la fortaleza suficiente.

  6. Pues que me perdonen los miembros del blog pero san Felipe tuvo huevos para hacer lo correcto. Cosa por lo contrario que no vemos hoy en día en la Iglesia. Dios quiera que no se pierda la memoria de Monseñor Romero

    • Como bien dices, fueron necesarias varias unidades ovulares, jejeje, para enfrentarse a un personaje como Ivan el Terrible , del que precisamente lo que nos cuenta la historia es que no se andaba con chiquitas a la hora de imponer su ley del terror. Y es significativo que acabara mandando a un intermediario para que lo asfixiara pues así actúan los cobardes ante un hombre de la categoría humana de San Felipe II. Ojalá hubieran muchos así y menos cesaropapistas que incluso actualmente nos sobran.

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