Venerables Santos José (Iosif) y Ciríaco (Chiriac) de Bisericani

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Icono ortodoxo rumano de los Santos.

Icono ortodoxo rumano de los Santos.

Los Santos José y Ciríaco fueron ermitaños en la montaña de Bisericani, en el condado de Neamt, al noroeste de Rumanía, y son venerados entre los fundadores del monasterio que lleva el mismo nombre, cerca del pueblo de Scaricica y no lejos de Pangarati, otro asentamientos monástico conocido por los Santos Simeón y Anfiloquio, que allí vivieron.

San José de Bisericani
San José nació a inicios del siglo XV en un pueblo del condado de Neamt y vivió una fuerte vida religiosa desde su infancia, de modo que entró en el monasterio de Bistrita desde su juventud. Después de recibir el skema monástico, aprendió rápidamente cómo luchar con sus pensamientos contra el mal, para poder recibir las virtudes monásticas del auto-sentido, obediencia y humildad. Los ejercicios ascéticos más importantes para lograr esto eran el ayuno y la incesante oración.

Poco después San José llegó a la conclusión de que no tenía suficiente calma en el monasterio de Bistrita y decidió peregrinar al Santo Sepulcro de Nuestro Señor en Jerusalén. Recibió la bendición del abad Domiciano y habiendo venerado el Santo Sepulcro, intentó encontrar la calma que buscaba en lo agreste del valle del Jordán. En pocos años se convirtió en un famoso ermitaño, viviendo primero solo en una cueva, donde solía comer una vez al día o cada dos días, y sólo pan seco y agua del río Jordán, mientras soportaba visiones y tentaciones malignas.

Posteriormente se reunieron en torno a él diecisiete ermitaños (quince rumanos y dos griegos) que crearon un pequeño eremitorio. El nombre de los discípulos más conocidos de San José es Simón, Metodio, Bernabé, Pedro, Averquio y Germán. Todos ellos siguieron estrictamente el consejo de su padre espiritual. Su regla ascética consistía en el ejercicio de la oración y el ayuno en la propia celda (de hecho, una cueva), con sólo una comida al día y tras la puesta del sol. En domingo todos iban al monasterio de San Gerásimo, cerca del Jordán, para tomar parte en la Divina Liturgia y comulgar con el Cuerpo y la Sangre del Señor. De vuelta en el desierto, los discípulos cenaban juntos en la celda de José. Su comunión duraba hasta el anochecer, cantando himnos y manteniendo conversaciones espirituales. Después de esta reunión semanal recibían la bendición del abad y regresaban todos a sus cuevas, para una nueva semana de vida solitaria.

Vista de la capilla de la Theotokos en el monasterio de Bisericani (Rumanía).

Vista de la capilla de la Theotokos en el monasterio de Bisericani (Rumanía).

El eremitismo de José no duró mucho. Después de una invasión árabe, José y sus 17 discípulos decidieron abandonar el desierto palestino y regresar a Moldavia, al monasterio Bistrita. Poco después, se trasladaron más allá de las montañas y permanecieron en la montaña Bisericani (la montaña de “los amantes de la iglesia” o “los religiosos”, puesto que “Biserica” significa “Iglesia” en rumano). San José y sus discípulos habían construido en un prado una cabaña para él mismo y una iglesia de madera dedicada a la Anunciación. Sus discípulos Simón, Metodio, Bernabé, Averquio, Germán, Pir y Grecul (“el griego”) construyeron también para sí mismos pequeñas cabañas de madera en ocho picos de las montañas de alrededor, viviendo la misma vida que antes, en el desierto del Jordán. La regla eremítica de la comunidad de José fue la misma: tras seis días de ayuno y oración en soledad, los monjes se reunían todos la noche del sábado en vigilia nocturna combinada con el sacramento de la confesión, que terminaba con la celebración de la Divina Liturgia. El domingo cenaban con el abad José, y luego se retiraban a sus celdas durante otra semana.

Después de un ataque turco en julio de 1442, se dice que San José y sus discípulos querían trasladarse una vez más, esta vez al monte Athos. Durante su viaje, la Santa Virgen se les apareció frente a un roble, preguntándoles a dónde iban. Los monjes respondieron que querían ir a Athos, al “jardín de la Santísima Virgen”. Entonces ella les pidió que regresaran, porque su jardín no estaba sólo en Athos, sino también en su eremitorio. Los monjes encontraron, escondido en un hueco del roble, un icono de la Santa Virgen, y lo trajeron de vuelta consigo a Bisericani. Allí construyeron una nueva iglesia de madera, los restos de la cual están a 200 metros de la actual iglesia del monasterio. Problablemente esta historia es la base de la creencia rumana de que Rumanía es “el Jardín de la Santa Virgen”, expresión usada, entre otros, por el papa Juan Pablo II durante su visita a Bucarest en 1999.

San José fue un padre espiritual no sólo para los monjes, sino para los cristianos de los pueblos que acudían a buscarle, buscando consejo y curaciones. Fue venerado como santo en la región de Neamt incluso estando vivo.

Aparición de la Virgen a San José y sus discípulos en el roble.

Aparición de la Virgen a San José y sus discípulos en el roble.

San José murió a finales del siglo XV. Su memoria era celebrada cada año en el eremitorio. A inicios del siglo siguiente, sus discípulos murieron también. Su nombre quedó en las montañas y en los valles: “los prados de José”, “la montaña de Simón”, “la montaña de Metodio”, etc.

El eremitorio de Bisericani no desapareció tras la muerte de José. En las primeras décadas del siglo XVI hubo más de 30 ermitaños. Los voivodas moldavos Esteban IV (1517-1527) y Pedro Rares (1527-1538; 1541-1547) ayudaron a la construcción de una iglesia de piedra, para sustituir a la de madera. Un documento de 6 de febrero de 1607 recordaba el “eremitorio de José, llamado Bisericani”, que iba seguido de un “akoimite”, un ritmo para celebraciones según el orden impuesto en el monasterio Studion de Constantinopla: los monjes se dividían en tres grupos. Mientras uno oraba en la iglesia, el otro se ocupaba del trabajo y el tercero descansaba.

San Ciríaco de Bisericani
San Ciríaco fue uno de los ermitaños que vivió posteriormente en Bisericani. Después de recibir la bendición del abad del eremitorio, vivió en una cueva ubicada en “la montaña de Simón”. Su duro ascetismo implicaba luchar no sólo contra las pasiones del cuerpo; sino también contra el frío clima de la montaña. Después de unos años, sus ropas estaban raídas, pero incluso así las vestía, pidiéndole a Dios poder vivir como San Onofre de Egipto.

Icono de la Virgen que fue hallado en el roble por San José y sus discípulos.

Icono de la Virgen que fue hallado en el roble por San José y sus discípulos.

Ciríaco estaba al tanto de lo que ocurría a su alrededor, incluso en su soledad. Parece que estaba interesado también en los libros espirituales, por lo que copió el manuscrito de Sbornic (un libro ascético difundido entre los monjes ortodoxos que contenía algunas vidas de los Santos, y algunos cánones, como los Apostólicos). Él anotó en el mismo: “El gran pecador Ciríaco lo escribió con sus débiles y pecadoras manos”, a pesar de que no es seguro que él pudiera ser el copista o que lo fue otro monje, con el mismo nombre, que hubiese vivido en Bisericani en esa misma época.

El abad Mitrófanes de Bisericani, contemporáneo de Ciríaco, fue llamado por el metropolita Dositeo de Moldavia (1617-1674 y 1675-1686) a Iasi para trabajar en la máquina impresora. Probablemente él informó a Dositeo sobre la especial vida del ermitaño Ciríaco, de modo que el metropolita escribió sobre él en su “Vida y muerte de los Santos”, como uno de los que son “elevados en las cosas buenas y que, en cuanto a modo de vida, descendieron a una profunda humildad, viviendo desnudos en las montañas durante sesenta años”.

El hieromonje Juanucio Balan, quien escribió el “Patericon Rumano” (Patericul Romanesc) en 1990, se refirió a San Ciríaco usando una información de un viejo manuscristo llamado “El Patericon de los santos de Moldo-Rumanía”, (1888, página 14A). Es una paráfrasis de la información transmitida por Dositeo, que recuerda el hecho de que el Santo vivía en soledad, bajo el frío y el calor del sol durante 60 años hasta el momento de su muerte, y que “es celebrado el 31 de diciembre”, junto a San Ciríaco de Tazlau.

San Ciríaco fue enterrado en la cueva donde vivió, que posteriormente fue transformada en una pequeña capilla. Hoy su montaña es llamada “la montaña de San Ciríaco”.

Celda donde vivió San Ciríaco, hoy transformada en capilla.

Celda donde vivió San Ciríaco, hoy transformada en capilla.

Veneración de los Santos
San José y San Ciríaco fueron venerados incluso en vida. Sus nombres fueron dados a conocer en el siglo XVII por San Dositeo de Moldavia, quien los mencionó entre otros santos locales en su “Vida y muerte de los Santos”. Los iconos de José y Ciríaco, aunque no estaban oficialmente canonizados todavía, fueron pintados en el siglo XIX por el Skete Prodoromos del Monte Athos y su memoria permaneció viva entre los monjes de la región de Neamt.

San José y San Ciríaco de Bisericani fueron oficialmente canonizados por el Santo Sínodo de la Iglesia Rumana los días 5 y 7 de marzo de 2008 y su proclamación oficial tuvo lugar el 5 de junio del mismo año. Su fiesta, en contra de lo que reza el trabajo de Dositeo, es el 1 de octubre, el mismo día que la fiesta de la Protección de Nuestra Señora.

Otras informaciones sobre el monasterio de Bisericani y la celda de San Ciríaco pueden hallarse aquí y aquí. Sobre las reliquias de los Santos José y Ciríaco, aquí y aquí, con la historia del roble donde la Virgen se apareció a los monjes. Aquí hay un artículo sobre el icono de la Theotokos, encontrado por los monjes en el roble.

Vista de las reliquias de los dos Santos expuestas a veneración de los fieles.

Vista de las reliquias de los dos Santos expuestas a veneración de los fieles.

Troparion (himno) de los Santos
Guías de los ermitaños, patronos de los necesitados y consoladores de los afligidos, Santos Padres José y Ciríaco, adquiristeis el fuego de la oración y os convertisteis en vasos escogidos del Espíritu Santo. ¡Rogad a Dios para que conceda paz y gran misericordia a nuestras almas!

Mitrut Popoiu

Bibliografía:
– Arhim. Ioanichie Bălan, Patericul Românesc, Editura Arhiepiscopiei Tomisului și Dunării de Jos, Galați, 1990
– ***, Sfinți români și apărători ai Legii strămoșeșsti, Editura Institutului Bibilic și de Misiune a Bisericii Ortodoxe Române, București, 1987

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

5 pensamientos en “Venerables Santos José (Iosif) y Ciríaco (Chiriac) de Bisericani

  1. Muchas gracias, Mitrut, por este nuevo artículo sobre santos ascetas de tu país. Me ha gustado la historia del icono hallado en el roble porque en España son de muchísima tradición los relatos sobre las Vírgenes -la mayoría imágenes (estatuas), no iconos; y no siempre ligadas a apariciones, aunque a menudo sí- encontradas de forma casual, a menudo también dentro, bajo o cerca de un árbol. Sin ir más lejos, la patrona de mi pueblo, la Virgen de la Salud, fue encontrada en el interior del tronco de una morera. En España, casi todas estas vírgenes halladas son celebradas el 8 de septiembre.

    Creo que son tradiciones bonitas, que forman parte de nuestro patrimonio cultural y religioso y que vale la pena conservar. La ligazón de la religión y el hallazgo de objetos sagrados en el espacio sagrado del bosque (o del árbol como símbolo del hogar de lo divino) es también un tema de estudio muy interesante que tiene antecedentes en otras religiones, especialmente en la grecorromana; pero eso sería salirse mucho de tema, así que lo dejaré aquí.

    • Dear Ana Maria,
      the tradition of finding a miraculous icon is quite spread. The most famous in the East is the case of St. Onouphrios the Egyptian, the icon of whom came on the River Bug, in Poland, in the place where today there is a big monastery.
      Also there were in Romania two phenomena which in the 30s were interpreted as miracles / and they involved a strong popular devotion / but today watched with suspicion by the official Church. There is the aparition of God the Father to a peasant called Petrache Lupu from Maglavit, in southern Romania, and the aparition of the H. Trinity to Vasilica Barbu Gurau, later Nun Veronica. Both phenomena seem very similar to Fatima and Lourdes. Sometime in 2014 I shall write about them.

  2. Gracias, Mitrut, por este nuevo artículo.
    Aunque yo estoy más por los religiosos de vida activa, dedicados a la enseñanza, cuidados sanitarios, ayuda a los necesitados, etc., comprendo también que es absolutamente necesario que en el seno de la Iglesia se encuentren comunidades de vida contemplativa, que se dediquen especialmente a la alabanza divina. Jesús le llegó a decir a Marta que Maria había escogido la mejor parte.
    Y hablando de vida contemplativa, ya sea ascética, eremítica o cualquier otra, me ha llamado mucho la atención la forma de organización que San José de Bisericani dio al grupo que se reunió junto a él en el valle del Jordán. Se me viene especialmente a la cabeza las palabras del salmo 133. “¡He aquí, cuán bueno y cuán agradable es que los hermanos habiten juntos en armonía!”, comparándolo con el buen aceite y el buen rocío, indispensables para la vida. Es verdad que huyeron y tuvieron que volver a Moldavia para vivir en comunidad, pero manteniéndose juntos y separados al mismo tiempo. En fin, explicas perfectamente esta forma de vida, que creo vital para la vida de la Iglesia, pero yo me atrevería a pedirte que, cuando termines con la serie de santos ascetas y eremitas rumanos, nos hables también de otros santos más activos, que aunque se que en parte lo has hecho, siempre te has referido a obispos y jerarcas.

    • Dear Antonio,
      The saints I am writing about are the ones marked in the Romanian Calendar as “romanian saints”. I know that their lives tend to be repetitive, but that is what I have planned. Shall I change the plan? I don’t know what to say. I really do not intend to be boring.
      For the next year I am planning to write some about the newest saints, still uncanonized, such as Antonie Boca, Mircea Vulcanescu, Valeriu Gafencu, but not only these. Also on 21 and 28 i guess, respectively at the beginning of November I will have a series about the Uniatism in Transylvania and the martyr saints in this period. On 30 November is Andrei Saguna, a very active metropolitan of Transylvania who hat very much to do with the politic of his time, with the education and so on.

  3. Iti multumesc mult! Am un prieten bun in Spania, si ma bucur sa ii pot trimite un articol, despre Sfintii nostrii, scris in spaniola. Nici ca se putea mai bine!

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