Beatas Mínimas de Barcelona, religiosas mártires

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Estandarte de la beatificación de las mártires Mínimas de Barcelona.

Estandarte de la beatificación de las mártires Mínimas de Barcelona.

Siguiendo en nuestra intención de narrar el martirio de tantas mujeres en la Guerra Civil Española (1936-1939), aprovechamos para hablar de las nueve religiosas mínimas que fueron ejecutadas en Barcelona en julio de 1936, apenas estallado el conflicto bélico, víctimas de la represalia anticlerical. Estas religiosas españolas -una aragonesa, otra valenciana, y el resto catalanas-, junto con una laica que las acompañó en el martirio, han sido beatificadas el pasado 13 de octubre de 2013 junto a otros muchos mártires de la guerra, por lo que es conveniente hablar de ellas. Aviso de antemano a los lectores que éste va a ser un artículo largo, debido a la cantidad de información disponible que es imposible recortar más de lo que ya se ha hecho; y también difícil de leer y asimilar, dado lo horrendo su martirio.

La rama femenina de la Orden Mínima de San Francisco de Paula había sido fundada en Andújar (Jaén) en 1495, con una Regla muy parecida a la de la rama masculina: mantenían los rigores de una vida eremítica dentro de las paredes del convento, con gran silencio y abstinencia de carne, huevos y lácteos. Llegaron a Barcelona en 1623 y tras pasar varios edificios, ocuparon una torre rodeada de huerta en Horta, en el camino de Sant Genís dels Agudells. Pero antes de entrar en detalles acerca de los acontecimientos que condujeron al martirio a nueve de las 25 monjas que allí había en julio de 1936, es necesario que nos detengamos un momento en el perfil biográfico de cada una de ellas, nutrido con los testimonios de dos religiosas supervivientes que las conocieron: sor Concepción de Jesús y sor Teresita del Niño Jesús.

Beata María de Montserrat
La única religiosa aragonesa del grupo nació como Josefa García Solanas el 8 de marzo de 1871 en Aniñón, diócesis de Tortosa (Zaragoza); hija de Jorge García Rodríguez y de Ángela Solanas Carreras. Ingresó a la edad de 27 años en el convento de monjas Mínimas de Barcelona cuando éste estaba en la calle del Carmen, recibiendo consentimiento por parte de su madre, en razón de que su padre ya había fallecido. Hizo la solemne profesión religiosa en noviembre de 1899. En el informe de novicia consta que “tiene vocación religiosa desde hace unos cinco años, impulsándola a profesar su deseo de santificación”.

Beata María de Montserrat (Josefa García Solanas).  Pintura de sor Natividad Dávoli basándose en la fotografía de la mártir.

Beata María de Montserrat (Josefa García Solanas). Pintura de sor Natividad Dávoli basándose en la fotografía de la mártir.

Tenemos testimonios de su personalidad por parte de algunas religiosas que la conocieron y que declararon ante notario en 1988. Sor Concepción de Jesús nos dice: “Sobresalía en todas las virtudes; poseía una gran simpatía y don de gentes. Era sumamente obediente y muy caritativa”. Y así lo corrobora sor Teresita del Niño Jesús: “Era muy obediente, alegre, hacendosa. Tenía el don de gentes. Dos veces fue nombrada Superiora, cargo que desempeñaba muy bien. Estaba de portera y las novicias la denominábamos “la Madre del chocolate”, pues casi siempre llegaba al noviciado trayéndonos chocolate para merendar. Como buena baturra, al alejarse de nosotras, siempre contaba algún chiste o algo que nos hacía reír”.

Como dicen los testimonios, la madre Montserrat fue superiora de la comunidad de 1919 a 1922. Después de un trienio, volvió a ocupar ese cargo de 1925 a 1928. Aunque no era superiora en el momento en que la comunidad fue prendida por los milicianos, el 23 de julio de 1936, asumió la responsabilidad de superiora y se identificó como tal para pedir que dejaran a las demás en paz, como veremos más adelante. En el momento de su martirio, tenía 64 años de edad y llevaba 37 años como religiosa.

Beata Margarida María Alacoque de San Ramón
Nació como Ramona Ors Torrents en Centelles (Barcelona), el 18 de octubre 1862, hija de Ramón Ors, labrador, y María Torrents, en la masía “Can Sardà”, siendo bautizada al día siguiente con los nombres de Ramona Emanuela Carmen. Solicitó entrar en el convento de las monjas Mínimas a los 22 años de edad, vistiendo el hábito el 7 de noviembre de 1885; y en abril de 1887 hizo la profesión solemne. En el informe del noviciado consta que “desde la edad de quince años se siente llamada al estado religioso y que sólo la impulsa entrar en el claustro el creerse con vocación a ello y así poder servir más y más a su Dios y señor, amarle de todo corazón y asegurar la salvación de su alma”.

Sor Concepción dijo de ella que “era una monja edificante, inteligente (casi superdotada), ancianita; sobresalía en la humildad. Muy puntual a todos los actos de la Comunidad, caritativa con todas, muy abierta y muy amante de la Virgen. Cuando salimos (en julio del 36) tenía el oficio de bibliotecaria; leía muy bien”. Y sor Teresita: “(…) Era muy inteligente. En aquellos tiempos casi no se leía la Sagrada Escritura y ella las conocía a fondo; tanto era así que los sacerdotes que venían la locutorio y hablaban de ella decían: “Ésta, más que una monja, es como un monje: tiene la sabiduría de un fraile”. Pero, a pesar de su inteligencia y sabiduría, era muy humilde y se consideraba la última de todas. Aunque no se han conservado registros de las diferentes ocupaciones que desempeñó en el convento; se sabe que, antes de ser bibliotecaria, los últimos años estuvo de portera.

Beata Margarida María Alacoque de San Ramón (Ramona Ors Torrents).  Pintura de sor Natividad Dávoli basándose en la fotografía de la mártir.

Beata Margarida María Alacoque de San Ramón (Ramona Ors Torrents). Pintura de sor Natividad Dávoli basándose en la fotografía de la mártir.

La Beata Margarida es la más anciana de este grupo de mártires, pues sufrió el martirio a los 73 años de edad, llevando 49 de vida religiosa. Aunque en la Causa es la Beata Montserrat la que encabeza la relación de las nueve mártires, en la bibliografía se suele colocar a la Beata Margarida la primera. Ambas reciben la distinción de “Madres” en la bibliografía, aunque eran doce en total. Pero aún queda otra Madre de la que hablar en este grupo.

Beata María de la Asunción
Nacida como Dolores Vilaseca Gallego el 19 de junio de 1871 en Piera (Barcelona), hija del labrador José Vilaseca y Teresa Gallego. Fue bautizada dos días después como María Dolores Antonia Vicenta. A los 20 años solicitó entrar en el convento de las Mínimas como religiosa de coro. Esto fue un gran sacrificio para sus padres, pues era hija única y la habían deseado durante muchos años. El informe previo a su profesión solemne, que tuvo lugar el 1 de enero de 1893, después de seis meses de postulantado, dice que “deseaba sustraerse a los halagos y vanidades del mundo y asegurar mejor la salvación”.

“Era la ex-superiora, ya anciana”, dice sor Concepción, “Tenía una especial predilección por las hermanas de la cocina, siempre que podía iba a ayudarlas. Sobresalía de una manera especial en la mansedumbre (…) Cuando yo profesé me pusieron con ella de ayudante en el oficio de ropera negra y con gran sencillez y humildad hacíamos las cosas”. Ejerció el cargo de maestra de novicias y fue elegida superiora por dos trienios, en 1922-25 y en 1931-34. Siempre destacó por su humildad, hasta tal punto que la misma sor Concepción admite que estando ella de ayudante suya y considerándola anciana y que no sabía hacer bien las cosas, pretendía enseñarle ella cómo debía hacerlo, lo que la Madre asumía sin quejarse, dejándose guiar por la joven.

Junto con la Beata Margarida, fue fundadora del nuevo monasterio en Horta, en Sant Genís dels Agudells, donde sufrirían el martirio. En el momento de ser martirizada, la Beata María de la Asunción tenía 65 años de edad, y llevaba 43 como religiosa.

Beata María de las Mercedes
Nació como Mercè Mestre Trinché el 18 de junio de 1889 en Barcelona, hija del panadero Juan Mestre y de Carmen Trinché. Fue bautizada ese mismo mes como Mercè Joaquina Josepa. A los ocho años de edad perdió a sus padres y tuvo que ingresar como huérfana en la Casa de la Caridad hasta los 26 años de edad. En esos años demostró una conducta devota ejemplar, frecuentando los sacramentos, la confesión y la Eucaristía. A la edad de 27 años ingresó como monja Mínima, una vocación que deseaba desde hacía mucho tiempo y que se había visto obligada a posponer hasta ese mismo momento debido a su orfandad. “Antes de entrar al convento le presentaron a un joven, y ella, poniéndose muy seria, le dijo que no”, cuenta sor Teresita.

Beata María de la Asunción (Dolores Vilaseca Gallego).  Pintura de sor Natividad Dávoli basándose en la fotografía de la mártir.

Beata María de la Asunción (Dolores Vilaseca Gallego). Pintura de sor Natividad Dávoli basándose en la fotografía de la mártir.

Fue admitida como religiosa de coro, diciendo de ella el informe del noviciado: “Tiene vocación a la vida religiosa ya desde pequeña, pero de un modo especial desde que pensó en empezar el Noviciado, y que sólo le impulsa a abrazar el estado religioso la mayor gloria de Dios y salvación de su alma”. Por fin, el 5 de octubre de 1920 hizo sus votos solemnes.

“Era muy humilde y trabajadora, dice sor Concepción; mansa y caritativa. Muy amante de pasarse largos ratos junto al Sagrario. Alma de mucha vida interior. Cuando salimos tenía el oficio de tornera”. Y sor Teresita: “Era muy sacrificada y trabajadora, estaba de tornera por estar un poco delicada de salud para que no tuviese que hacer tantos esfuerzos. No obstante el día de la lavada se lo pasaba tendiendo la ropa tanto si hacía frío como calor. Era un alma de mucha vida interior y muy amante de la castidad total. (…) Amaba mucho a la Virgen; rezaba el rosario con gran devoción, siempre recogida y con los ojos cerrados. Parecía un ángel”.

La Beata María de las Mercedes tenía 47 años de edad y llevaba 20 como religiosa cuando sufrió el martirio. Precisamente ella que amaba tanto la castidad, o quizás debido a ser más joven, es una de las dos mártires que probablemente sufrieron violación antes del martirio.

Beata María de Jesús
La única religiosa valenciana del grupo, y también la más joven de todas, nació como Vicenta Jordà Martí en Zorita, Castellón; el 6 de marzo de 1899, hija del labrador Gabriel Jordà y Vicenta Martí. Abrazó la vida religiosa como monja Mínima a los 18 años de edad, profesando en 1921. El día 14 de diciembre de 1924 emitió sus votos solemnes, aunque los tuvo que repetir el 2 de abril de 1935 por defecto formal.

“Sobresalía de una manera especial en el recogimiento; era muy amante del silencio y la oración”, dice sor Concepción, “a su lado toda nos encontrábamos a gusto. En la comunidad tenía fama de santidad. Su oficio era el de ropera blanca. Su refugio era la oración, especialmente ante el Sagrario”. Esto lo corrobora también sor Teresita: “Tenía en la comunidad fama de santidad: siempre estaba en Dios. Alma de oración, muy silenciosa (…) cumplía muy bien con su deber y ayudaba mucho a la profesa de votos temporales que tenía de ayudante y no poseía tantas iniciativas. Tanto era su recogimiento que en los ratos libres, cuando nos dábamos cuenta ya había desaparecido para irse con el Señor. Tenía mucha intimidad con una hermana de la Comunidad, siempre hablaban de Dios”. Esta confidente espiritual de la Beata era la Madre Consuelo del Sagrado Corazón de Jesús, que sobreviviría y años después sería la presidenta de la Federación de Monasterios de Hermanas Mínimas.

Beata María de las Mercedes (Mercè Mestre Trinché).  Pintura de sor Natividad Dávoli basándose en la fotografía de la mártir.

Beata María de las Mercedes (Mercè Mestre Trinché). Pintura de sor Natividad Dávoli basándose en la fotografía de la mártir.

Precisamente en los días en que tuvieron que huir del monasterio y refugiarse en una cueva -como veremos más tarde- fue a la Beata María de Jesús la que le asaltó el miedo a ser violada y se lo contó a la Madre Consuelo. “Al encontrarse en la cueva, los primeros días de la guerra, cuenta sor Teresita, la comunicó que tenía un terror terrible, no por el martirio sino por los peligros que su virginidad corporal podía correr. Ésta la fue animando y ayudando. Entonces sor María de Jesús se puso en oración y después de un rato volvió y dijo: “Ya está, ya se lo he dado todo al Señor, que haga de mí lo que quiera, ya me he entregado totalmente a Dios”. Fue martirizada a los 37 años de edad, llevaba 15 de vida religiosa. Aún siendo la más joven, no fue una de las dos que mostraban señales de violación tras la muerte. Parece que se vio libre de su gran temor.

Beata Josefa del Purísimo Corazón de María
Nació como Josepa Panyella Domènech en Sant Andreu de la Barca (Barcelona), el 7 de enero de 1865, hija del labrador Jaume Panyella y de María del Carmen Domènech. Fue bautizada al día siguiente con los nombres de Josepa Rosalia Florentina. A los 21 años solicitó ser admitida como hermana lega o religiosa de obediencia y profesó en noviembre de 1887.

“Su lema era: Sonreír siempre, cuenta sor Concepción, sobresalía en todas las virtudes. Era muy ordenada. Ya ancianita y como por su edad no podía trabajar en la cocina de la enfermería, se ocupaba de recoger las hojas del jardín. Sentía gran afición al canto”. Sor Teresita también la conoció siendo ya anciana: “Era muy alegre. Ya no podía hacer trabajos de la cocina; pero era tal su disponibilidad, que siempre acudía a ver en qué les podía ayudar, y algunas veces pelaba las patatas, limpiaba la verdura… Cuando nosotras íbamos al recreo con la Madre maestra, muchas veces, en la gruta de Lourdes nos encontrábamos con la Hermana Josefa que iba recogiendo las hojas con la carretilla, pala y escoba. Al verla tan ancianita, todas corríamos hacia ella. Nos hablaba en catalán y no la entendíamos; pero con sólo su sonrisa y su sencillez, para nosotras era un gran ejemplo”. Tenía 71 años y llevaba 49 como religiosa cuando fue martirizada.

Beata Trinidad
Nació como Teresa Rius Casas en Sant Martí de Provençals (Barcelona) el 17 de noviembre de 1875, hija del hilador Feliu Rius y de Ana Casas. Fue bautizada el día 21 del mismo mes como Teresa Dolores Martina. Desde muy niña sintió vocación religiosa, como cuenta sor Teresita: “Era muy piadosa, ¡claro, lo poseía de su propia casa! Su madre las enseñaba muy bien; y de pequeña, cuando se sentaba, ponía un asilla vacía y no permitía que nadie se sentara, pues decía que era para la Santísima Virgen. También su madre les infundía a sus hijos una humildad perfecta y ésta la poseía ya cuando entró al Monasterio”. A los 24 años solicitó ser admitida en la comunidad de monjas Mínimas como hermana lega o religiosa de obediencia, pues apenas sabía leer, profesando solemnemente a los 25 y tomando el nombre de Trinidad en honor al Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Beata María de Jesús (Vicenta Jordà Martí). Pintura de sor Natividad Dávoli basándose en la fotografía de la mártir.

Beata María de Jesús (Vicenta Jordà Martí). Pintura de sor Natividad Dávoli basándose en la fotografía de la mártir.

“Poseía la humildad de corazón, dice sor Concepción, era muy alegre y eucarística, de gran igualdad de carácter. Buscaba todos los ratos libres para dedicarse a la oración y contemplación. En su oficio de enfermera, cuidaba muy bien a las enfermas, con gran caridad”. De su carácter ecuánime también da cuenta sor Teresita: “Cuando yo la conocí era muy humilde, alegre y de gran naturalidad”. Fue martirizada a los 61 años de edad y 31 de vida religiosa.

Beata María de San Enrique
Era sobrina de la Beata Margarida y al igual que ella, nació en Centelles (Barcelona) el 10 de noviembre 1890 en la masía “Can Sardà”, como María Ors Molist, hija del bracero José Ors y de Dolores Molist, matrimonio muy piadoso que la bautizó al día siguiente con los nombres de Maria de Montserrat Teresa Ramona. Se trasladaron pronto a “Can Marcfogueres” y allí se crió ella junto a los siete hermanos que sobrevivieron entre los muchos hijos del matrimonio. A raíz de las numerosas visitas que ella realizaba al monasterio de las Mínimas para ir a ver a su tía, sintió la vocación religiosa. Sus hermanos la recuerdan llena de piedad y también cómo su padre se alegró al conocer esta vocación, la animó a cumplirla y consoló a la madre, dolorida por la separación de esta hija, que vistió el hábito el 3 de octubre de 1915, con 24 años de edad. Hizo los votos solemnes con 26, el 8 de octubre de 1919.

“Admiraba a las monjas su sed de sacrificios”, cuenta sor Concepción, “Estando de cocinera, cuando alguna no se encontraba bien, parece adivinaba lo que necesitaba, para que se sintiese bien y aliviada. Vivía loca de amor por Jesús. Era muy amante de la Pasión. (…) Yo leía la Pasión de Jesús y la Soledad de María y así que invocábamos el Espíritu Santo e iba leyendo, le empezaban a caer las lágrimas. El Señor le dio este don y su deseo era pasar desapercibida durante la oración”. Y sor Teresita dice: “En los recreos era muy alegre y entusiasta, a la vez que vivía en continua unión con el Señor. Tenía la responsabilidad de la cocina de Comunidad, las otras hermanas la ayudaban a pelar patatas, limpiar verduras… pues unas eran ancianas y otras delicadas de salud”.

En el convento, se la llamaba cariñosamente “hermana Enriqueta”. Junto con la Beata María de las Mercedes, es una de las dos mártires que parece que fueron violadas antes de su martirio -ella, a los 46 años de edad y 17 como religiosa- a juzgar por las lesiones halladas en sus cuerpos.

Beata Josefa del Purísimo Corazón de María (Josepa Panyella Domènech).  Pintura de sor Natividad Dávoli basándose en la fotografía de la mártir.

Beata Josefa del Purísimo Corazón de María (Josepa Panyella Domènech). Pintura de sor Natividad Dávoli basándose en la fotografía de la mártir.

Beata Filomena de San Francisco de Paula
Nacida como Ana Ballesta i Gelmà el 28 de septiembre de 1895 en Barcelona, hija del jornalero Francisco Ballesta y de Carmen Gelmà. Fue bautizada el 1 de octubre del mismo año, siendo llamada Ana Rosa Teresa. Al igual que la Beata María de las Mercedes, estuvo asilada en la Casa de la Misericordia hasta el año 1916, observando una conducta ejemplar y frecuentando los sacramentos. A los 18 años solicitó entrar en el convento de Mínimas como hermana lega o religiosa de obediencia, profesando el 14 de noviembre de 1916, y en noviembre de 1920 emitía los votos solemnes.

Al igual que la hermana Enriqueta, desempeñaba el oficio de cocinera. “Era muy observante de la Santa Regla, trabajadora y muy caritativa, humilde y penitente”, dice sor Concepción, “En la cocina preparaba la comida con gran esmero, pues decía: “Si están bien alimentadas, tendrán más fuerza para servir al Señor”. Y sor Teresita: “Muy caritativa, trabajadora, siempre se la veía haciendo algo”. Sufrió el martirio a los 41 años de edad y 19 de vida religiosa.

“Ahora que reflexiono, siendo mayor, concluye sor Teresita, todas tenían una virtud especial, vida eucarística y mariana”.

Beata Lucrecia García Solanas
Esta mujer laica, hermana de la Beata María de Montserrat, fue martirizada con ellas. Había nacido en Aniñón (Zaragoza) el 13 de agosto de 1866. Era viuda de José Gaudí Negre, con quien se había casado el 9 de octubre de 1910, y con el que convivió 16 años, enviudando en 1926. A partir de ese momento no quiso separarse de su hermana, y como no podía ser admitida como religiosa por ser viuda; vivió como demandadera junto al monasterio, viviendo humildemente al servicio de la Comunidad de monjas, dispuesta a correr siempre con todos los mandados, es decir, permanecía junto a la portería y se dedicaba a hacer los recados de las religiosas.

Acostumbraba a rezar junto a la Comunidad, siendo una mujer de gran piedad, oración y vida sacramental. No se sabe si tuvo hijos, es probable que fuese la madre de un sobrino de la Beata María de Montserrat que era médico y que solía agasajar a las religiosas con numerosos obsequios, pero no se puede afirmar con rotundidad.

Beata Trinidad (Teresa Rius Casas). Pintura de sor Natividad Dávoli basándose en la fotografía de la mártir.

Beata Trinidad (Teresa Rius Casas). Pintura de sor Natividad Dávoli basándose en la fotografía de la mártir.

Al verse la Comunidad amenazada, perseguida y expulsada del convento, doña Lucrecia tuvo la oportunidad de situarse en Barcelona y librarse fácilmente de la muerte, al no ser monja. Pero no quiso abandonar a su hermana y eso hizo que fuese martirizada con ella y con las demás, a los 70 años de edad.

Expulsadas y refugiadas
El calvario de las diez mártires -9 religiosas y una laica- comenzó el 19 de julio de 1936, recién estallada la guerra. Como decíamos, en ese momento había 25 religiosas en el convento: 17 monjas de votos solemnes -doce madres y cinco legas-, una monja de votos temporales, cuatro novicias y tres postulantes. Una floreciente comunidad que se iba a ver diezmada.

A las nueve de la mañana se presentaron en el torno una buena amiga de Horta, la señora de Mercader, y su hija Assumpta, para advertir a las religiosas que estaban corriendo un gran peligro, pues en Barcelona las iglesias y casas religiosas estaban ya en llamas. A pesar de que esta mujer les impelía a abandonar inmediatamente el monasterio, la madre Natividad de María, superiora en aquel momento, se oponía por no querer romper la clausura. Quiso enviar a Esteban, el portero del monasterio, a Horta para que preguntase al Rector qué hacer, pero éste se negó, pues estaba ya todo ardiendo, incluida la iglesia y la casa parroquial. Llena de angustia, a la madre Natividad no le quedó más remedio que ordenar el desalojo del monasterio: todas se despojaron de los hábitos y tomaron ropas de seglar que, preventivamente, había preparado cada una en su celda; consumieron todas las Hostias restantes en el Sagrario para evitar su profanación y abandonaron el monasterio en busca de un refugio seguro; atrancando la puerta de la iglesia con una barra de hierro y cerrando la puerta del monasterio por dentro con llave.

Cuatro religiosas se marcharon con la señora de Mercader y su hija; y el resto se refugiaron en dos casas-torre vecinas que tenían al lado del monasterio -la Torre Martín o “Torre de las Señoritas”, apodo que recibía por sus propietarias, y la Torre Arnau, administrada por David Furné, portero y hortelano que vivía allí con su esposa e hijo dentro de una casita en la propiedad- siguiendo un plan elaborado por Esteban, el portero del monasterio. En la finca de la Torre Arnau había una cueva que también se habilitó para servir de refugio a las monjas. Por desgracia, al día siguiente, 20 de julio, mientras se trasladaba de la Torre Arnau a la cueva, la madre Natividad sufrió una caída y se rompió la muñeca, siendo ayudada por David Furné a vendarse e inmovilizarse la articulación rota. Esto no impidió a la superiora el organizar la distribución de sus hijas para esconderlas, de dos en dos, en casas de parientes o amigos, siendo el portero, Esteban, el que las acompañaba a sus nuevos refugios.

Beata María de San Enrique (María Ors Molist). Pintura de sor Natividad Dávoli basándose en la fotografía de la mártir.

Beata María de San Enrique (María Ors Molist). Pintura de sor Natividad Dávoli basándose en la fotografía de la mártir.

Los acontecimientos revelaron que toda precaución había sido poca, pues ese mismo día -lunes- intentaron asaltar el monasterio y, al estar bien cerrado, no lo consiguieron, aunque usaron palancas para tratar de romper la puerta. Los milicianos acudieron a la Torre Arnau entonces, pero el portero los engañó diciendo que allí no habían monjas, sino dos señoras, su anciano padre y una tía ya mayor, que no era otra que la misma madre Natividad, a la que habían disfrazado poniéndole un kimono de japonesa. Viendo el panorama y después de un corto registro, los milicianos se marcharon, sin saber que el resto de las monjas estaban escondidas en el desván. Pero como la muñeca rota le dolía cada vez más, la madre Natividad se vio obligada a refugiarse en una casa amiga de Horta, acompañada de la secretaria de la comunidad, sor Consuelo de Jerusalén, quien se llevó consigo los documentos de valor del monasterio: títulos de propiedades y valores. El resto de las religiosas se quedaron en la cueva de la Torre Arnau, sentadas en tablones de madera.

El día 21, martes, por fin, los milicianos lograron volar las puertas de la iglesia y del convento, usando dinamita. La iglesia fue incendiada y lo que en ella había, así como en el convento, fue saqueado. Pero ellos, que buscaban tesoros ocultos, sólo hallaron los sepulcros de dos monjas que habían fallecido hacía poco, los cuales fueron profanados, siendo los ataúdes abiertos, plantados de pie y expuestos al sol. Incluso a una de las monjas muertas le pusieron un paraguas a modo de sombrilla, supongo que para burlarse y matar el aburrimiento, como consta en un par de fotos que, por razones obvias, he preferido no compartir aquí.

El miércoles 22 el pánico aumenta en la comunidad y algunas religiosas que habían marchado a refugiarse regresan a la Torre Arnau, para evitar poner en peligro a sus anfitriones. Sin embargo, al finalizar el día, quienes quedaban allí eran diez religiosas y doña Lucrecia, negándose a dejar a su hermana -la madre María de Montserrat- aunque le ofrecieron ir a casa de unos parientes en Barcelona. También estaba con ellas sor Carmen de San Francisco, monja de votos temporales que esperaba ser recogida en breve por alguien de su familia que vivía cerca de allí.

Beata Filomena de San Francisco de Paula Nacida (Ana Ballesta i Gelmà). Pintura de sor Natividad Dávoli basándose en la fotografía de la mártir.

Beata Filomena de San Francisco de Paula
Nacida (Ana Ballesta i Gelmà). Pintura de sor Natividad Dávoli basándose en la fotografía de la mártir.

En este momento, y después de los terrores y angustias sufridos; todas las religiosas se sentían más tranquilas, viéndose seguras tras el paso de tantos días con su refugio intacto. Pero era la calma que precedía a la tempestad: fueron delatadas por el mismo Esteban, por su portero, quien había sido interrogado por el comité de Horta, donde tenía un cuñado. ¿Por qué lo hizo? Es de imaginar que estuvo sometido a una gran presión en el interrogatorio y que finalmente cedió porque los milicianos le aseguraron que no iban a matarlas, sino a recolocarlas en un hospital para que cuidaran heridos. Cosa que era mentira.

Detención
El día 23 de julio, a las tres y media de la tarde, los milicianos, armados con pistolas, armas largas y puñales, asaltaron la Torre Arnau, sabedores ya de que tenían que buscar a diez monjas. En el salón del comedor encontraron a nueve mujeres, reunidas y rezando el rosario. No hacía falta ser un genio para identificar en ellas a las religiosas que andaban buscando, así que preguntaron quién de todas era la superiora. Entonces, sor María de Montserrat se adelantó y dijo: “La superiora soy yo. ¿Qué queréis?”. Ya sabemos que, estrictamente, en aquel momento no era superiora, pero habiéndolo sido anteriormente, parece que quiso hacerse responsable por ver si con eso podía salvar a las demás, como veremos. Ellos respondieron: “Queremos a la superiora, para que nos dé el capital del monasterio”. La madre Montserrat respondió decidida: “Pues yo lo soy, pero capital no tengo ninguno. A éstas, dejadlas en paz. Si tienen que hacernos algo malo, háganmelo a mí, porque soy la responsable, pero a ellas no. Si quieren me matan a mí, pero ellas son inocentes”. A pesar de su generosa entrega, no pudo salvar las vidas de las demás: todas iban a acompañarla en su suplicio.

Debió ser ella misma la que se adelantó a aclarar que doña Lucrecia, su hermana, que estaba con ellas, no era monja, intentando de nuevo salvarla (y de nuevo sin conseguirlo, ya que los milicianos desdeñaron sus argumentos, diciendo a Lucrecia: “Va, va, que tú eres monja como las demás”). Es decir, que estaban dispuestos a matar a una más, aunque no fuese monja, pero eso no les satisfacía, pues habían venido a por diez monjas, y diez monjas se iban a llevar. Por ello, registraron la casa entera, buscando a la religiosa que les faltaba, que no era otra que sor María de Jesús, la misma religiosa que, días antes, había confesado a sor Consuelo su terror, no al martirio, sino a ser violada; y que había logrado recobrar la calma tras sumirse en la oración. Pues bien, ella era la que faltaba, pues estaba en un lugar aparte, sola, rezando en la cueva del sótano, lugar estrecho; y que se entregó mansamente a los que venían a por ella.

Una vez las tuvieron a todas, aquellos milicianos -todos muchachos jóvenes, unos cinco, nada más- empezaron a hacer burla de ellas, a empujones y entre insultos, blasfemias y sarcásticas risas, las sacaron afuera y, colgándoles los rosarios al cuello, las obligaron a ponerse en fila: “¡Que nadie se mueva! Venga, ahora, todas en fila, como cuando vais a recibir la Hostia” y se reían a carcajadas, encontrando muy gracioso todo esto. David Furné, el portero de la Torre, fue detenido con ellas, por haberlas refugiado, y así los llevaron andando hasta el Camí de les Oliveres de Martí-Codolar, a unos 200 metros, donde tenían aparcados un camión y un turismo.

Beata Lucrecia García Solanas, laica, martirizada con las religiosas Mínimas.

Beata Lucrecia García Solanas, laica, martirizada con las religiosas Mínimas.

En aquel momento, la mencionada religiosa de votos temporales, sor Carmen de San Francisco – en el siglo, Teresa Gómez Capella- fue salvada in extremis por su propio hermano, Salvador, que apareció vestido y armado como un miliciano más. “Vengo a buscar a mi hermana”, dijo, con gran flema, sin temblar ante los que bien podían coserlo a tiros. “¿Cómo? ¿Tú, una hermana monja? ¡Traidor!” le espetaron, pero entonces él sacó su carnet, demostrando que era un viejo militante anarquista, y esgrimió los méritos que recientemente había contraído, participando en el asalto y ocupación de edificio Telefónica de Plaça Catalunya en Barcelona, el 19 de julio. Entonces, viendo que no convenía desafiar a un camarada, le dijeron: “¡Llévatela y márchate deprisa!”, y, tomando a su hermana, Salvador se la llevó. Así salvó su vida, y mucho tiempo después, Teresa -ya no más sor Carmen, pues acabada la guerra, tuvo que cuidar a su madre enferma y ya no pudo regresar al convento- seguía rompiendo a llorar mientras recordaba esta escena, diciendo: “Lástima que llegó mi hermano Salvador a salvarme, pues de lo contrario, hubiera podido ofrecer al Señor el derramamiento de mi sangre, con las nueve hermanas mártires”.

Teniendo en cuenta el horroroso martirio sufrido por las mártires, que empezó en aquel mismo instante y que se iba a prolongar varias horas hasta el momento de su ejecución, podemos decir que Teresa fue muy afortunada de sobrevivir, verse libre de aquel horror y traer hasta nosotros el testimonio de aquel momento.

Martirio
Como decía, en aquel momento comenzó el brutal suplicio de las mártires, pues fueron lanzadas al camión como si fueran sacos de patatas, tirándolas a lo alto y cayendo en el camión amontonadas, de cualquier manera, sin el menor respeto por la ancianidad de muchas de ellas. Así lo asegura la esposa de David Furné, que lo supo por su marido: “Tiraron encima o dentro del camión a las pobres monjas, como si fueran bultos, con tal violencia que les rompían los huesos…” De esta guisa, el camión arrancó y tomó dirección hacia Sant Andreu. David Furné fue obligado a subir, a punta de fusil, al otro coche y, tras una discusión y debate entre ellos, se acercaron a él y le dijeron en catalán: “Te vamos a soltar, vete para casa y no salgas, de lo contrario te levantaremos la cabeza”. Así, también él salvó su vida, convirtiéndose en un importante testigo. Aún entonces, tuvo el valor de preguntar qué iban a hacer con las monjas. A él también le mintieron, diciéndole que se las llevaban al hospital para que cuidasen de enfermos y heridos. En realidad, se las llevaban para matarlas.

Vista del monasterio de las Madres Mínimas de Barcelona, reconstruido tras la guerra.

Vista del monasterio de las Madres Mínimas de Barcelona, reconstruido tras la guerra.

El camión que llevaba a las mártires, malheridas y magulladas, con varios huesos rotos, se dirigió hasta un lugar conocido como la Bòbila de Can Boada, un horno de ladrillos. Allí fue el lugar definitivo de su martirio, como se sabe por algunos testigos que oyeron unas detonaciones a eso de las siete de la tarde. Por desgracia para ellas, no fue una muerte rápida: se sabe que no acabaron de matarlas hasta las dos de la madrugada. Fueron torturadas durante horas, en medio de todo tipo de vejaciones y humillaciones. Por el estado en que quedaron sus cuerpos, con las lesiones fielmente documentadas por el forense que las examinó, la mayoría de ellas presentaban heridas de arma de fuego en cráneo, tórax, abdomen y hasta miembros inferiores; y no sólo eso, sino además, en todas estas zonas, heridas producidas por objetos cortantes, es decir, cuchillos. Sor María de Jesús tenía media cara hundida, por contusión, seguramente resultado de una violenta paliza, y, como hemos dicho, sor María de las Mercedes y la hermana Enriqueta presentaban estas lesiones en los miembros inferiores, signo de una posible violación. Tras rematarlas por fusilamiento, los cadáveres fueron abandonados en un montón, con las ropas destrozadas.

Irónicamente, el primer elogio hacia las mártires provino de sus propios verdugos, que, volviendo hacia una lechería-bar llamado “La Rabassada”, comentaban a todo aquel que quisiera oírlos: “¡Vaya unas monjas valientes, ésas que han caído hoy!” Sin embargo, su admiración no llegó a tanto como para proveerles una digna sepultura a sus víctimas: los cuerpos de las mártires quedaron allí, amontonados, y como nadie se atrevió a recogerlos, ni jueves, ni viernes, y estando expuestos al sol, los cuerpos empezaron a pudrirse. Finalmente, alertado por el mal olor, un dentista que conocía el monasterio informó de esto a Sanidad y el día 25 acudió la Cruz Roja para llevar los cadáveres al Hospital Clínico. Allí el forense las reconoció, les tomó fotografía a cada uno de los cadáveres y documentó las lesiones descritas, salvo en el caso de Lucrecia; las pudo identificar ayudándose de las iniciales que tenían bordadas en sus ropas y en algunos objetos religiosos que portaban con ellas. Aunque dispongo de estas fotos, nuevamente he decidido no compartirlas, pues son una visión horrible. Una joven que acudió a reclamar el cuerpo de su tío sacerdote quedó horrorizada al presenciar el espectáculo del “montón de mujeres con ropas negras u oscuras, parecían monjas…” en descomposición, con grandes gusanos corriéndoles por el cuerpo. Antes de la desaparición de los cuerpos, un hermano de sor Enriqueta y un sobrino de la madre Margarida pudieron reconocerlas e identificarlas a todas.

Aunque la comunidad de Mínimas cree que los cuerpos de sus mártires fueron enterrados en la fosa común del hospital, lo cierto es que todos los cadáveres que no fueron reconocidos los quemaron, intentando acabar con la podredumbre y para evitar epidemias. En cuanto a las mártires, nadie pudo ir a reclamarlas, por miedo y temor a ser detenidos, como en efecto le ocurrió a la muchacha que había ido a buscar el cuerpo de su tío y se las vio y deseó para ser liberada. Así pues, los restos de las mártires Mínimas y de la laica que las acompañó en su horroroso martirio se han perdido; quedando tan sólo los testimonios de los supervivientes y las pavorosas fotos de sus cadáveres como única prueba de que una vez existieron.

Collage con los retratos de las mártires, representadas como "nueve rosas de sangre".

Collage con los retratos de las mártires, representadas como “nueve rosas de sangre”.

Memoria y beatificación
Aunque se hiciese desaparecer sus restos, era imposible borrar la memoria de aquellas nueve religiosas y laica que habían sido tan salvajemente martirizadas: primero, por ser tantas en número, segundo, por haber sido masacradas todas juntas, tercero, por la cantidad de supervivientes que las vieron, conocieron y trataron, y finalmente por el informe forense del Clínico.

La madre Natividad, que, recordemos, había tenido que refugiarse por una muñeca rota, tuvo que ser atendida en una clínica, donde también la operaron de una grave enfermedad del hígado. Aunque el dr. Ribas, responsable de la clínica, se cuidó mucho de desvelar la identidad de la monja con tal de protegerla, el espionaje dio con ella y allí la encontraron unos milicianos, para reclamarle los tesoros del monasterio. No tenía tales tesoros. Es más, aún tuvo valor de plantarles cara y espetarles: “¡Sí! Soy la superiora del monasterio de monjas Mínimas, ¡y vosotros me habéis asesinado a nueve de mis hijas!”. “Nosotros no, se excusaron, habrán sido unos incontrolados”, y se marcharon de momento, dejándola tranquila. Pero temiendo que volvieran a por ella, la trasladaron, poniéndola en un refugio seguro en Centelles, en el hogar de dos de las mártires -la madre Margarida y la hermana Enriqueta-, y así también ella se salvó.

En cuanto a David Furné, no había olvidado: temiendo todavía por las monjas que quedaban, y a pesar de las amenazas que había recibido, arriesgando su vida abandonó la Torre Arnau para cambiar de domicilio a una de las monjas, sor Consuelo, por consejo de Esteban, el delator. El mismo David supo que dos de los asesinos de las mártires murieron en el año 1950, uno en un accidente de coche, el otro ahorcado.

La comunidad superviviente de Mínimas pudo regresar al monasterio del 30 de marzo de 1939, encontrándose un monasterio en ruinas e inhabitable, por lo que tuvieron que vivir en una torre cercana, no sin muchas penurias, hasta que pudieron recuperar el tiempo perdido. De las 16 que eludieron la masacre en Can Boada, sólo regresaron 12, pues una murió víctima de un bombardeo de la aviación franquista sobre Barcelona y otras dos huyeron a Francia, no volviendo a entrar en religión.

Nunca se tuvo la menor duda de que las mártires habían sido asesinadas in odium fidei, y dado lo terrible y la cantidad de información disponible sobre su espantosa muerte, en ningún momento se dudó de que las torturas, vejaciones y asesinatos cometidos en sus personas eran auténtico martirio, por lo que pronto de inició su causa de beatificación. Como decía al principio, estas nueve heroínas han sido beatificadas el pasado 13 de octubre de 2013 en Tarragona.

“Declaro que por el conocimiento de las religiosas y las características de aquellos momentos, de verdadera persecución religiosa (que también padecimos en nuestra casa) creo firmemente que su muerte fue causada por odio a la Fe; igualmente creo firmemente, dado el espíritu religioso de las Siervas de Dios, que aceptaron la muerte por amor a la Fe y a su espíritu”. (Declaración de Assumpta Mercader, testigo del proceso).

Meldelen

Bibliografía:
“Hermanas Mártires Mínimas de Barcelona”, editado por Noticias Cristianas, Barcelona 2001.
– RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ, Gregorio, “El hábito y la cruz. Religiosas asesinadas durante la Guerra Civil Española (1936-1939)”. Ed. Edibesa, Madrid 2006.
– SOSPEDRA BUYÉ, Antonio, “Las nueve rosas de sangre del monasterio de monjas Mínimas de Barcelona”, Ed. Contemplativas Mínimas, Barcelona 1989.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

18 pensamientos en “Beatas Mínimas de Barcelona, religiosas mártires

  1. Muchas gracias, Ana Maria, por este nuevo artículo sobre nuestras mártires del siglo pasado.
    Inevitablemente ha tenido que ser un artículo largo pues alguna información biográfica tenías que dar sobre cada uno de las mártires. De todos modos, la parte descriptiva de la detención y martirio ha sido lo suficientemente ilustrativa como para que nos hagamos una idea de su crueldad, de las barbaries que son capaces de hacer algunos seres humanos y de la valentía y firmeza de sus inocentes víctimas.
    Creo que con buen criterio has cambiado las imágenes de sus cuerpos destrozados por esos cuadros modernos realizados basándose en sus fotografías.
    Muchas gracias, Ana Maria.

    • Éste ha sido un artículo terriblemente difícil de hacer, por todo lo que he tenido que recortar y sintetizar de la bibliografía, que te debo a ti. Además, es un gran grupo de mártires y vivieron un calvario bastante largo, desde que tuvieron que abandonar el monasterio hasta el martirio. La cantidad de testimonios y noticias que tenemos de los supervivientes ha contribuido a complicarme más el trabajo, aunque es una fortuna contar con ello.

      En cuanto a las fotografías de los cadáveres, tanto las de las dos monjas ya fallecidas que fueron profanadas, como las de las mártires, masacradas y acribilladas, tú que las has visto coincidirás conmigo en que era de mal gusto reproducirlas aquí. Quien las desee, que me las pida y se las facilitaré, pero ponerlas aquí no hubiese sido plato de buen gusto para nadie.

      • Estimada Ana Maria , me pregunto si podrias compartir aquellas fotografías conmigo , me llama la atención verlas para ver si se parecen a sus retratos . Una pregunta , hay fotografías de ellas tomadas en vida ?.
        De antemano , muchísimas gracias.

        • Estimada Teresa,
          por indicación de Ana María te compartimos las fotografías que pedimos al correo que nos has facilitado.
          Te advertimos que estas fotos pueden herir la sensibilidad y que es apropiado manejarlas con discreción.
          Ella afirma no tener imágenes tomadas en vida, son las estampas y retratos que puedes ver en sus artículos.
          Cordiales saludos.

  2. Gracias Ana María. Otro ejemplo más de todas las barbaries que vamos coleccionando en el blog desde su inicio. ¿A quién hacían daño? Sólo con la descripción discreta que has hecho de las lesiones sufridas ya puedo más que imaginarcómo serán las fotografías que, con buen criterio, has omitido publicar. Lo de “homo homini lupus est” en casos como este se hace irrebatible.

    • Dices que a quién hacían daño, Salvador, y lógicamente, la respuesta es que a nadie. Pero quienes las mataron querían los capitales del convento -puestos a salvo previamente por la actitud previsora de la secretaria- y lo que pudieran saquear de orfebrería y objetos de culto dentro del convento. Al final no sacaron gran cosa y eso les enfurecería aún más. Quizá por eso mataron con tanta saña a estas ancianas inofensivas que bien pudieran haber sido sus abuelas, madres o tías. Matarlas las hubieran matado lo mismo: odiaban la fe, la Iglesia y a todo su personal. Ni a la laica dejaron marcharse.

  3. Ana María:
    Sabía que existía la rama femenina de la Orden fundada por San Francisco de Paula, ahora me has dado referencia de cómo, cuándo y dónde fue fundada. Es digno de mencionarse que sea de origen español.
    Sobre nuestras beatas mártires te comparto unas opiniones:
    La vida de comunidad que llevaban siento que era ejemplar. Es conocido de sobra lo duro que es vivir en comunidad, como si fuera tu familia. Me ha hecho mucha gracia que la Madre Josefa no hablara ni pio de castellano, se hacía entender por las demás hermanas con un sonrisa.
    No deja de sorprenderme como florece la vida consagrada en España. Parece que hay suficiente para todos, Dios sea bendito por ello.
    Sobre su martirio es sobrecogedor como enfrentaron sus miedos y lo asumieron en su propia muerte. La manera como la Madre Monserrat enfrentó con responsabilidad a los milicianos, dando la cara por todas, es un hecho entre maternal y de liderazgo.
    La crueldad con que fueron torturadas me hace preguntar: ¿qué daño hacían unas ancianas, por qué el odio de la humanidad se cebó en ella? No hay respuesta humana, solo la fe nos hace mirar como Cristo las unió a su Pasión gloriosa para salvar a una humanidad que cada vez parece más alejada de Dios.
    Me queda una inquietud. No conocía el nombre de Margarida. Al continuar su nombre como María Alacoque, como la Santa del Sagrado Corazón de Jesús, pensé en un error gramatical, pero en todas las referencias es igual. Explícame por favor algo sobre este detalle.
    Gracias.

    • Si acaso sería un error ortográfico, Humberto. Pero no lo es: Margarida es la versión catalana del nombre Margarita, al igual que Josepa lo es de Josefa y Mercè lo es de Mercedes.

      En la época que tratamos era habitual que los catalanes de clase humilde supiesen sólo catalán y la gente de clase más adinerada supiese sólo castellano. Con la dictadura se prohibió el catalán y toda lengua que no fuese el castellano, acentuando esta situación.

  4. Muchas gracias, Ana María, por compartirnos una vez más datos sobre los mártires que fueron beatificados en la reciente y no exenta de polémica ceremonia. Quizás a diferencia de otros implicados, estas hermanas padecieron sin duda por odio a la fe y por su condición de religiosas y siendo mujeres eran más vulnerables a la violencia de los hombres. Estos horrores son herencia de todas las guerras en todos los contextos de todas las épocas. Siento la misma indignación, admiración y compasión si se tratara de víctimas de la guerra en el cercano oriente aunque sean musulmanes, o en mi país con la situación de violencia entre los cárteles y el ejército, mueren inocentes injustamente y con frecuencia con sangre. Estas hermanas en Cristo han de gozar de la paz y del reino prometido ya que contra todo guardaron su encomienda y cumplieron su misión hasta el final. Dios alabado sea y queramos que ya no haya más mártires.

    • Por lo que respecta a todas las mujeres mártires beatificadas, puedo asegurarte que lo merecían y nada polémico hay en su reconocimiento. Los otros casos, los ignoro. Quizá si se cumpliera el derecho a la memoria histórica con las víctimas del otro bando y de la dictadura, no habría más polémicas de este tipo.

  5. Aunque en estos últimos días ando mas ocupado que de costumbre, quiero sacar unos minutos para comentar este gran articulo que has escrito Ana María.
    A este grupo de Beatas Mínimas las conocí hace muy pocos días, gracias a las HH Mínimas de Barcelona que amablemente me enviaron sus biografías. Pude ver en Ellas a una pequeña familia,muy unida que el único daño que podrían haber echo para que se ensañaran de esa manera con Ellas era hacer el bien y rezar con Fe increbantable por todo el mundo. Como nos cuentas sufrieron mucho antes y después del largo y cruel martirio.
    Aun no puedo comprender como en este caso y en otros muchos que hemos visto en el blog, los verdugos se vanagloriasen de un acto tan inhumano y cruel.
    Ayer el Papa Francisco visito un monasterio de clausura, habló a las Hermanas sobre María que es Madre de Esperanza y fue la Luz que alumbro el sepulcro de Cristo en medio de la oscuridad, lanzo una pregunta: ¿En los monasterios está encendida la luz de esta lámpara?. Viendo el ejemplo y testimonio de monasterios de clausura como el de las Beatas mártires, yo me atrevo a decir que si.
    De las fotos que nos hablas, puedo decirte que al verlas quede sobrecogido y sinceramente te agradezco que no las hayas puesto en el blog, aunque solo aparecen los rostros podemos hacernos una idea de como quedaron sus cuerpos y los miles de cuerpos que murieron en estas crueles circunstancias.

    • Tengo algunas fotos de cadáveres de mártires de la guerra y, aunque ninguno es agradable de ver, el de nuestras mártires de hoy es un catálogo especialmente desagradable y no gano nada colocándolo. No soy una morbosa, aunque lo parezca por la serie de artículos de la categoría Martyrium.

      Pues tú que has visto la bibliografía habrás comprendido la dificultad que entrañaba sintetizarla. Me alegro de que te haya gustado.

  6. Apreciado Antonio Barredo : muchísimas gracias por este precioso artículo que ha escrito Ana Mª ; de verdad que es PRECIOSO.
    Estoy muy contenta de haberles enviado los libros, estampas etc***pues el trabajo que habeis hecho es una PRECIOSIDAD.
    REZARé siempre por vosotros, para que sigais adelante con estos ejemplos de SANTIDAD que tanto bien nos hacen a todos.
    -Yo he tenido la GRAN SUERTE de vivir con las HERMANAS que vivieron con las BEATAS MÁRTIRES MÌNIMAS de BARCELONA y con una que estuvo presente cuando las echaron al camión.
    Antonio Barredo ; saludoa a Ana Mª y que el Señor les premie tan preciosa labor.
    En Jesús y María y Nuestro Padre San Francisco de Paula.
    Madre Mª Teresa de Jesús Alonso O.M.

    • Estimada Madre; muchas gracias por su sentido y amable comentario. Más bien poca cosa es la que he hecho yo, aparte de consultar y sintetizar la información que obtuve de la estupenda bibliografía que amablemente le remitieron a mi amigo Antonio y él a mí; así que además de a él, es a usted y a su Comunidad a quien le debo el agradecimiento de que este artículo haya sido posible. Y por supuesto, la felicito por haber conocido a algunos testigos de primera mano y a toda la Comunidad por contar con estas nueve mártires entre ellas. A ellas y a vosotras os dedico este humilde artículo. Gracias de nuevo.

      • Estimada madre Maria Teresa de Jesús,
        Gracias por comentar este maravilloso artículo realizado por Ana Maria sobre nuestras Beatas Mártires Mínimas de Barcelona. Todos nosotros estamos especialmente sensibilizados con nuestros mártires a los que veneramos de corazón, pero además, Ana Maria está dedicada más en exclusiva al estudio de sus santas vidas y valeroso martirio y por eso ella es la que escribe los artículos de este blog dedicados a las mártires, no solo de nuestro tiempo sino desde los primeros siglos. Si ojea el blog comprobará la cantidad de artículos que sobre santas y beatas mártires llevamos ya publicados.
        Estamos a su completa disposición para dar a conocer estas y tantas otras vidas santas.

  7. ANTONIO BARRERO y Ana María: gracias por tan PRECIOSO artículo***
    -Cuando pueda os enviaré la reseña de dos almas MUY SANTAS de nuestra COMUNIDA de MONAS MINIMAS de Barcelona:
    -MADRE CONSUELO MOLINERO del Corazón de Jesús***UNA GRAN SANTA
    como SANTA TERESA de Jesús ;además que era de Avila***
    -Y MADRE CARMEN CUATRECSAS ARUMÍ***otra gran SANTA***
    -Una fué mi Superiora cuando ingresé en el MONASTERIO (hace ya 53 años)***
    (pues este año ya he celebrado mis BODAS DE PLATA); 50 años de SER ESPOSA DE JESÚS***
    -Y MADRE CAMEN, fue mi MADRE MAESTRA cuando entré en el Monasterio***
    -Saludos y cuenten siempre con nuestras ORACIONES.
    Madre Mª Teresa de Jesús ALonso.O.M.

  8. ANTONIO BARREDO; DE NUEVO LE ENVIO UN SALUDO Y LE PIDO POR FAVOR ME ENVIE SU DIREECCIÓN , para enviarle dos libros de dos ALMAS MUY SANTAS.
    MUCHÍSIMAS GRACIAS POR TODO.
    Madre Mª Teresa ALonso O.M.
    P.D. Saludos a Ana Maria.

  9. Se que es muy tarde para comentar, las atrocidades que se cometieron en la guerra civil, se que puede parecer morbo las imágenes y por eso no has querido compartirlas, aunque no me gustan ver cadáveres, podría por favor pedirte las fotos, ya he visto peores cuando he escrito artículos de mártires y a pesar de tenerlas las he decidido no compartir porque son una visión horrible. Cuando hice el artículo de los mártires serbios había fotos verdaderamente espeluznantes y creo que preferí los iconos y otras cosas, por favor puedes pasarme las imágenes, se que arriesgo mi vista con visiones horribles pero necesito conocerlo

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