Beato Óscar Romero, arzobispo mártir (II)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Fotografía del Siervo de Dios durante una concelebración.

Fotografía del Beato durante una concelebración.

Denuncia profética
A partir del asesinato del padre Rutilio, el clero se unió en torno al nuevo arzobispo, y los fieles sintieron el llamado y la protección de una Iglesia que les pertenecía; así, la fe de los hombres se convirtió en el arma más potente, capaz de desafiar a las cobardes armas del terror.  La situación del país se tornó más complicada aún con el fraude electoral que impuso al general Carlos Humberto Romero en la presidencia. La protesta generalizada muy pronto se hizo escuchar. También instaba a la Iglesia a que se hiciera al lado del pobre porque “una Iglesia que no se une a los pobres no es verdadera Iglesia” (Febrero, 1980).

El arzobispo Romero pasó a ser un implacable protector de la dignidad de los seres humanos, sobre todo de los más desposeídos; de hecho emprendió una actitud de denuncia contra la violencia, animándose a enfrentar cara a cara a los regímenes del mal. Sus homilías dominicales se convirtieron en algo sumamente esperado, puesto que desde allí analizaba la situación del país con la luz del Evangelio, al tiempo que despertaba esperanza para transformar la estructura de terror reinante. “Yo tengo que escuchar qué dice el Espíritu por medio de su pueblo y, entonces, sí, recibir del pueblo y analizarlo y junto al pueblo hacerlo construcción de la Iglesia” (30 de septiembre de 1979).

La acción pastoral de Romero encontró marcadas oposiciones entre los sectores económicos de mayor poder y en las estructuras de gobierno. Pero también sumó descontento entre las nacientes organizaciones político-militares de izquierda, empeñadas en conducir al país hacia una revolución. Este calvario que recorría la Iglesia ya había dejado rasgos en la misma, luego del asesinato del padre Rutilio Grande, se sucedieron otros asesinatos más. Fueron asesinados los sacerdotes Alfonso Navarro y su amiguito Luisito Torres, luego fue asesinado el padre Ernesto Barrera, posteriormente fue asesinado, en un centro de retiros, el padre Octavio Ortiz y cuatro jóvenes más. Por último fueron asesinados los padres Rafael Palacios y Alirio Napoleón Macías. La Iglesia sintió en carne propia el odio irascible de la violencia que se había desatado en el país.

Tampoco faltaron quienes desde dentro mismo de la Iglesia intentaron manchar su nombre, llegando hasta los oídos del Vaticano. “Muchos andan diciendo que yo soy presionado y que estoy predicando cosas que no creo. Hablo con convicción, sé que les estoy diciendo la Palabra de Dios. He confrontado su palabra con el magisterio y creo en mi conciencia que estoy bien” (15 de mayo de 1977). A finales de 1979 Romero supo del inminente peligro que acechaba contra su vida y en muchas ocasiones hizo referencia de ello consciente del temor humano, pero más consciente del temor a Dios a no obedecer la voz que suplicaba interceder por aquellos que no tenían nada más que su fe en Dios: los pobres.

El Siervo de Dios en audiencia con el papa San Juan Pablo II.

El Beato en audiencia con el papa San Juan Pablo II.

Por esta lectura de la Palabra de Dios, fue acusado por el propio presidente de El Salvador, quien afirmó que en «la iglesia salvadoreña hay crisis a causa de clérigos tercermundistas, y que la predicación del arzobispo es una predicación política y que no tiene la espiritualidad que otros sacerdotes si siguen predicando». Pero nada logró intimidarlo. Óscar Romero continuó predicando muy claramente su evangelio y respondía a los que lo criticaban con mucha elocuencia.

Durante los tres años siguientes, sus homilías, transmitidas por la radio diocesana YSAX, denunciaban la violencia tanto del gobierno militar como de los grupos armados de izquierda. Señaló especialmente hechos violentos como los asesinatos cometidos por escuadrones de la muerte y la desaparición forzada de personas, cometida por los cuerpos de seguridad. En agosto de 1978, publicó una carta pastoral donde afirmaba el derecho del pueblo a la organización y al reclamo pacífico de sus derechos.

Confesión de fe
Un frustrado atentado se produjo en la Basílica del Sagrado Corazón de Jesús, en febrero de 1980, que de haberse perpetrado hubiese acabado no sólo con la vida de Monseñor Romero, sino además con la de muchos fieles que se encontraban dentro de dicha Basílica. A raíz de su actitud de denuncia, Mons. Romero comenzó a sufrir una campaña extremadamente agobiante contra su ministerio arzobispal, su opción pastoral y su personalidad misma, cotidianamente eran publicados en los periódicos más importantes, editoriales, campos pagados, anónimos, etc., donde se insultaba, calumniaba, y más seriamente se amenazaba la integridad física de Mons. Romero. La “Iglesia Perseguida en El Salvador” se convirtió en signo de vida y martirio en el pueblo de Dios. Era difícil entender en el ambiente salvadoreño, cómo un hombre tan sencillo y tímido como Mons. Romero pasara a ser un “implacable” defensor de la dignidad humana y que su imagen traspasara las fronteras nacionales por el hecho de ser “voz de los sin voz”.

Mural del Siervo de Dios en una calle de El Salvador con una cita suya: "Las estructuras de injusticia social son las que han dado muerte lenta a nuestros pobres".

Mural del Beato en una calle de El Salvador con una cita suya: “Las estructuras de injusticia social son las que han dado muerte lenta a nuestros pobres”.

Monseñor Romero comprendió que como cristiano, como obispo, no se podía callar ante las injusticias diarias que veía en su país. Y optó por los pobres de su pueblo, a quienes nadie defendía. Desde los pobres descubrió que Dios es de ellos, es su defensor y liberador; entre los pobres descubrió que Dios es el Dios empequeñecido, oculto, sufriente y crucificado. Esto le hizo ahondar también en el misterio de un Dios siempre mayor, trascendente, la última reserva de verdad, de bondad, de humanidad, con que contamos los seres humanos. En octubre de 1979, recibió con cierta esperanza las promesas de la nueva administración de la Junta Revolucionaria de Gobierno, pero con el transcurso de las semanas, volvió a denunciar nuevos hechos de represión realizados por los cuerpos de seguridad.

Un día antes de su muerte, el 23 de marzo de 1980, hizo un enérgico llamamiento al ejército salvadoreño: “Yo quisiera hacer un llamamiento, de manera especial, a los hombres del ejército. Y en concreto a las bases de la Guardia Nacional, de la policía, de los cuarteles… Hermanos, son de nuestro mismo pueblo. Matan a sus mismos hermanos campesinos. Y ante una orden de matar que dé un hombre, debe prevalecer la ley de Dios que dice: “No matar”. Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la Ley de Dios. Una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla. Ya es tiempo de que recuperen su conciencia, y que obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado. La Iglesia, defensora de los derechos de Dios, de la Ley de Dios, de la dignidad humana, de la persona, no puede quedarse callada ante tanta abominación. Queremos que el gobierno tome en serio que de nada sirven las reformas si van teñidas con tanta sangre. En nombre de Dios y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: Cese la represión”. Estas palabras fueron su sentencia de muerte.

Fieles en torno al cadáver del Siervo de Dios tras su martirio.

Fieles en torno al cadáver del Beato tras su martirio.

Martirio
“Cristo nos invita a no tenerle miedo a la persecución porque, créanlo hermanos, el que se compromete con los pobres tiene que correr el mismo destino de los pobres: ser desaparecidos, ser torturados, ser capturados, aparecer cadáveres” (17 de febrero de 1980). Cuando su muerte era inminente e inevitable, Monseñor se resignó a su destino, como lo habían hecho muchos antes que él, en El Salvador y otros lugares del tiempo y el espacio donde la falta de justicia hace que hombres y mujeres tomen la opción fundamental por los más oprimidos. Sus últimas palabras, minutos antes de ser asesinado, nos recuerdan de la tradición que se estableció en la Última Cena de Jesús, el Hijo de Dios. “Que este Cuerpo inmolado y esta Sangre sacrificada por los hombres, nos alimente también para dar nuestro cuerpo y nuestra sangre al sufrimiento y al dolor, como Cristo, no para sí, sino para dar conceptos de justicia y de paz a nuestro pueblo.” (24 de marzo de 1980).

El día lunes 24 de marzo de 1980 fue asesinado cuando oficiaba una misa en la capilla del hospital de La Divina Providencia, en la colonia Miramonte de San Salvador. Un disparo hecho por un francotirador impactó en su corazón, momentos antes de la Consagración eucarística. Tenía 62 años de edad.

Fue enterrado el 30 de marzo y sus funerales fueron una manifestación popular de compañía, sus queridos campesinos, las viejecitas de los cantones, los obreros de la ciudad, algunas familias adineradas que también lo querían, estaban frente a la catedral para darle el último adiós, prometiéndole que nunca lo iban a olvidar. Raramente el pueblo se reúne para darle el adiós a alguien, pero él era su padre, quien los cuidaba, quien los quería, todos querían verlo por última vez. Tres años de fructífera labor arzobispal habían terminado, pero una eternidad de fe, fortaleza y confianza en un hombre bueno como lo fue Mons. Romero habían comenzado, el símbolo de la unidad de los pobres y la defensa de la vida en medio de una situación de dolor había nacido.

Fotografía del funeral del Siervo de Dios.

Fotografía del funeral del Beato.

Repercusiones
El arzobispo Romero fue uno más entre cientos de cristianos mártires, antes y después de esa fecha. En 1989 fue masacrada una comunidad jesuita completa. Seis profesores universitarios, la cocinera de la casa y su hija. Ignacio Ellacuría, el rector de la UCA, fue eliminado por su rol clave en las negociaciones por la paz entre el gobierno y la guerrilla.

En 1993 la Comisión de la Verdad, organismo creado por los Acuerdos de Paz de Chapultepec para investigar los crímenes más graves cometidos en la guerra civil salvadoreña, concluyó que el asesinato de Monseñor Óscar Romero había sido ejecutado por un escuadrón de la muerte formado por civiles y militares de ultraderecha y dirigidos por el mayor Roberto d’Aubuisson, (fundador del Partido ARENA) y el capitán Álvaro Saravia, el cual, años más tarde confesó en una entrevista periodística su participación junto con importantes miembros empresariales del país, señalando a Mario Ernesto Molina Contreras, hijo del ex-presidente Arturo Armando Molina y a Roberto D’Aubuisson entre otros. D’Aubuisson, que murió en 1992 como consecuencia de un cáncer, siempre rechazó su vinculación al hecho.

En 2004, una corte de los Estados Unidos declaró civilmente responsable del crimen al capitán Saravia. El 6 de noviembre de 2009, el Gobierno salvadoreño presidido por Carlos Mauricio Funes Cartagena decidió investigar el asesinato de Romero para acatar un mandato de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos del año 2000.

Proceso de Canonización
Con ocasión del XIII aniversario de su asesinato, en 1993, se presentó ante el entonces arzobispo Rivera Damas, la solicitud de introducción de la Causa de Canonización de Mons. Óscar A. Romero Galdámez. A partir del mismo, se instruyó el proceso informativo sobre su vida y martirio. Después de tres años, se clausuró la etapa diocesana del proceso, enviándose todo el material a la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos. La causa fue aceptada como válida e ingresó en estudio, a la espera de un dictamen definitivo favorable a su canonización. El 12 de agosto de 2013, el cardenal cubano y enviado del papa Francisco, Jaime Ortega, pidió en una eucaristía por el centenario de la archidiócesis de San Salvador la canonización del asesinado arzobispo salvadoreño.

Monseñor Romero ha sido la figura más conflictiva de la Iglesia en América Latina. Unos niegan que su martirio haya sido martirio. Ser asesinado por motivos sociales no les parece martirio. Creen que la fe no tiene que ver con la política. Les impresiona que lo hayan matado mientras celebraba la misa. Pero no ven una conexión entre la Eucaristía y la solidaridad del obispo con las víctimas de la violencia. El problema, dicen los partidarios del obispo, es qué se entiende por martirio. Éstos, por su parte, hablan de él como de San Romero de América. Lo hacen provocativamente. Si la Santa Sede no quiere reconocer su cristianismo, ellos sí lo hacen. Si algún día la Santa Sede sí lo reconoce, será porque ellos lo hicieron primero. El catolicismo liberacionista latinoamericano ve a la jerarquía aliada con los católicos enemigos de Romero.

Montaje fotográfico del multitudinario entierro del Siervo de Dios.

Montaje fotográfico del multitudinario entierro del Beato.

Ahora se avisa que el estudio de su santidad ha sido “desbloqueado”. ¿Qué pretende el Papa Francisco con rehabilitar a un hombre conflictivo? Tal vez alguno de los cardenales electores piense que se lo escogió para reformar la Curia, pero no para reformar la Iglesia. Esta palabra “desbloquear” no se le escapa a un obispo de la Curia romana. No sería extraño que Francisco la haya usado antes que el obispo vocero. La causa de canonización de Romero no había podido avanzar. Había sido intencionalmente detenida. ¿Quién la bloqueó? Alguien no quiso reconocer al obispo de El Salvador el significado que su vida y su martirio tienen en América Latina. En el contexto de exclusión, pobreza, marginalidad y opresión del Salvador, este obispo comenzó a leer el Texto Santo, Vaticano II, Medellín, Puebla, y desde allí iluminó su realidad para denunciar los atropellos del régimen salvadoreño contra sacerdotes, religiosas, religiosos, catequistas laicos y ciudadanos que denunciaban la corrupción y las pocas oportunidades de participar democráticamente en ese país.

El arzobispo mártir en la cultura popular
Romero fue símbolo de unión con los pobres durante la guerra en El Salvador (1980-1992). Actualmente es considerado como un símbolo de la iglesia católica en El Salvador, y de otras partes del mundo. Algunos sectores le nombran “San Romero de América”, apelativo concebido por el Obispo emérito Pedro Casaldáliga.

La película Romero, realizada en 1989, está basada en su biografía. Con guion escrito por John Sacret Young y siendo Raúl Juliá –Homero Addams- la estrella principal. En la película biográfica sobre San Juan Pablo II para la televisión del año 2006, “Karol, el hombre que se convirtió en Papa”, el actor Carlos Kaniowsky interpreta al obispo mártir, si bien la escena de su asesinato es ubicada en la película dentro de la catedral, cuando en realidad fue en la capilla del Hospital La Divina Providencia.

Detalle de la galería de mártires del siglo XX en la abadía de Westminster, Londres (Reino Unido). De izqda a dcha: Santa Isabel Feodorovna, Marthin Luther King, el Siervo de Dios Óscar Romero y Dietrich Bonhöeffer.

Detalle de la galería de mártires del siglo XX en la abadía de Westminster, Londres (Reino Unido). De izqda a dcha: Santa Isabel Feodorovna, Marthin Luther King, el Beato Óscar Romero y Dietrich Bonhöeffer.

El Obispo mártir también es una figura y personaje central, y por algunos representantes, de la Teología de la Liberación: la preferencia de Dios por los pobres y Dios defensor de los pobres. El arzobispo mártir es venerado en la Comunión Anglicana como uno de los mártires del siglo XX y tiene una estatua dedicada en la Galería de la Abadía de Westminster en Londres, a lado de Martin Luther King y el pastor y teólogo luterano Dietrich Bonhoeffer, mártir de los campos de concentración. Un santo para todas las confesiones. Ha sido finalmente beatificado el 23 de mayo de 2015.

Óscar Romero, defensor de los pobres y mártir de Cristo Jesús, ruega por nosotros.

Alejandro

Enlaces consultados (14/11/2013):
http://www.donorione.org.ar
http://www.romeroes.com
http://es.wikipedia.org

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16 pensamientos en “Beato Óscar Romero, arzobispo mártir (II)

  1. “El que de compromete con los pobres tiene que correr el mismo destino de los pobres”. ¡Estoy impresionado! ¡Pero, ojalá así fuera toda la jerarquía! Tristemente en nuesto contexto latinoamericano son pocos los obispos y sacerdotes que estan tan comprometidos con los pobres que lleguen en verdad a abrazar con alegría evangelica el destino de los pobres. No es que no se hable de los pobres, ¡todo mundo lo hace! ¡Empezando con los jerarcas más amigos del dinero y de los poderosos! Pero, ¿cuantos viven como pobres y abrazan el destino de los pobres? Monseñor Oscar Romero es con toda claridad un mártir, pero tal vez un mártir incómodo. Hay mártires más asimilables y convenientes para cierto estilo de Iglesia en latinoamerica, porque irse “a la bola” para dejarse matar por “Cristo Rey” , así, en abstracto, en aras de un nacionalismo católico, la verdad no cuestiona ni tantito los privilegios de muchos clerigos y laicos que bueno, parece que nunca se han fijado que la primera bienaventuranza dice precisamente ” Beati pauperes spiritu, quoniam ipsorum est regnum caelorum” (aclaro que no critíco en bloque todos los mártires cristeros, pero hay unos que en verdad me parecen terriblemente cuestionables). En latinoamerica, donde la mayor parte de los poderosos son católicos (jerarcas, empresarios, políticos) cada vez crece más la pobreza, las desigualdades y en algunas zonas también la violencia, mientras nos llenamos de santos “nacionales” que murieron por Dios y la patria. Monseñor Romero puede ser entonces un mártir incómodo, porque su vida y trágica muerte son producto de aquella “opción preferencial por el poder y la riqueza” que en la practica viven toda clase de políticos, empresarios y jerarcas. latinoamericanos. Que alegría me da que su causa de beatificación haya sido “desbloqueada”, porque en cierto modo puede funcionar como un llamado de atención: no tomar el fusil, sino “esto”, es extender el reino de los cielos.

    • Hermano, estoy completamente de acuerdo contigo. Esos poderosos, laicos y clérigos que tanto hablan de “lucha contra la desigualdad y la pobreza” son los primeros que la fomentan. ¿No da vergüenza -mejor dicho, indignación- ver a los obispos viviendo en grandes casas y transportándose en autos de lujo y codeándose con los ricos y poderosos como lo hace el actual arzobispo primado de México? Doy gracias a Dios que hay verdaderos apóstoles y profetas, hombres y mujeres, entre los desposeídos de hoy y siempre: los pueblos indígenas, el pobre, las mujeres en situación de violencia, los inmigrantes ilegales, las víctimas inocentes del crimen organizado, que están viviendo en carne propia ese sufrimiento y se han solidarizado y puesto al frente incluso denunciando a los políticos corruptos y el silencio cómplice de sectores de la alta jerarquía eclesiástica. En México tenemos a Don Raúl Vera, Obispo de Saltillo, Coah. que desde el púlpito ha denunciado la corrupción del partido político en el poder hoy en día, la violencia organizada de los cárteles de la droga, la homofobia de la sociedad y de la Iglesia; etc. Y tantos que hoy no recuerdo y por quienes debemos pedir a Dios que los proteja.

      Su beatificación es un acto de justicia, ya que su interrupción se hizo para evitar caldear ánimos -la política del papa polaco-. Un mártir no sólo es por causa de la fe, también por amor y por la denuncia de las injusticias, vengan de donde vengan. Ese catolicismo de la prosperidad, de ricos para ricos, es un insulto a Dios, una blasfemia.

      Claro, ¿me pregunto quién de nosotros ha decidido vivir y ser pobre con los pobres? Yo no, lo confieso. Es duro y para siempre, no un acto de devoción.

      Es curioso, pero Jesús murió a consecuencia de denunciar un régimen de desigualdad social que se justificaba por el Templo y la interpretación tramposa de la ley.

  2. Ayer estuve bastante enferma y no pude comentar. Hoy aprovecho para hacerlo por los dos artículos. Conocía a Óscar Romero porque está presente en la galería de mártires del siglo XX en Westminster, precisamente cerca de una mártir ortodoxa de la cual hablaré algún día, Santa Isabel Feodorovna. También encontramos allí otras mártires como la anglicana Manche Masemola, de la cual ya hablé; y Esther John, enfermera martirizada en la India.

    Hace algunos años me parecía improbable encontrar auténticos hombres de Dios en la alta jerarquía eclesiástica. Progresivamente fui conociendo al cardenal Tarancón, a los papas Juan XXIII y Pablo VI, a algunos jerarcas ortodoxos admirables que Mitrut y Antonio nos han dado a conocer en este blog, y ahora tú, Alejandro, nos das a conocer a Óscar Romero. Digamos que mi visión se ha matizado bastante desde entonces. No abundan, desde luego, pero también se encuentran hombres de Dios en la alta jerarquía. De todos modos siempre seré más amiga de misioneros y sacerdotes de comunidades de base, que de grandes purpurados y mitrados.

    En cuanto a que su asesinato no sea martirio, comprensible que lo discutan quienes se significan en una ideología política concreta y a los que el arzobispo les molestaba, claramente. Por mi parte, yo que estoy habituada a leer horribles relatos de tormentos y muertes lentas, celebro que la muerte de este buen hombre fuera tan rápida y fulminante. Al menos no debió sufrir mucho -un tiro en el corazón es instantáneo- y quién sabe si fue consciente en el momento de que moría. Por supuesto, lo idóneo hubiese sido que nadie le hubiese asesinado, pero ya sabemos en qué mundo vivimos, ¿no?

    • Ana María, espero que te encuentres mucho mejor de tu salud y te recuperes pronto.

      Precisamente hice mención de la galería de la Abadía de Westminster por su carácter ecumémico e interconfesional donde hay tanto laicos como clérigos, ya que la santidad no discrimina y es representativa de la humanidad.

      Afortunadamente los hay, pocos, y los hay. Y muchos más laicos, mujeres y hombres, comprometidos con Cristo y la humanidad en todas aquellas situaciones que requieren alivio y defensa. Para mí queda claro que su muerte fue un martirio en el sentido cristiano del término, por más que muchos ultras digan que no. ¿morir por la defensa de los pobres y oprimidos no es martirio? El Amor vale más que la fe.

      Dios y nosotros queramos que ya no haya más mártires y a los que hay se les haga justicia reconociéndolos.

  3. Amigo Alejandro,
    Muchísimas gracias por estos dos artículos sobre el Siervo de Dios Oscar Arnulfo Romero. Ayer estuvieron formateándome el ordenador y no tuve acceso a Internet en todo el día; fue por eso por lo que ni pude atender los correos ni hacerte ningún comentario al artículo.
    ¿Qué decir? Que quiera Dios que se cumplan los deseos del Papa Francisco y veamos muy pronto a este pastor mártir elevado al honor de los altares. Yo recuerdo el día de su asesinato – para mi está claro que fue martirio ya que dio la vida por defender a los pobres conforme al mandato de Cristo – y realmente quedé muy impresionado porque seguía su trayectoria ya que yo también estaba comprometido en esas mismas tareas, aquí en España, en la que por cierto, también corríamos peligro quienes defendíamos a los trabajadores.
    A mí siempre me ha llamado la atención como Cristo quiso que su Sangre se mezclara con la sangre del mártir, ya que su asesinato fue en el momento de alzar la Especie Sacramental del vino consagrado. Creo que esto podría interpretarse como una prueba de predilección divina hacia su siervo fiel que dio su vida por los pobres de su pueblo.

    • Yo te agradezco, Toño, haberme sugerido la elaboración de este artículo biográfico. Ahora conozco un poco mejor la vida de este siervo de Cristo y de sus pobres y no quiero otra cosa que su reconocimiento oficial de santidad por parte de la Iglesia que lo tuvo bajo sospechas y suspendido largo tiempo. Santo ya es por el pueblo que tanto defendió y por el cual dio su vida. Sí, amigo, su martirio en todo el sentido de la palabra fue eucarístico, se entregó por su pueblo, por muchos, por la paz, y su sangre fue derramada, aunque hubiese sido mejor que no, para unir al pueblo. Su cuerpo fue inmolado, y su alma fue ofrenda preciosa para Dios que la legó a su pueblo y a toda la humanidad.

  4. A veces dudo si al fijarnos en los santos, ó en ésta u otra virgen, no nos olvidamos de su papel de meros intermediarios ante Dios; ó si algunos son los modelos, además oficiales, a seguir. Pero no dudo que Monseñor Oscar Romero sí es un santo necesario en la iglesia de hoy. Pienso en él como ese cura amigo que me hizo acercarme, creer y compartir (al igual que hay otras personas que lo que hacen es espantar). Y “cosas de la modernidad”, tras 23 años podemos seguir oyéndole y leyéndole en cualquier idioma y parte del mundo: “Convertirse es cambiar de mentalidad …es caminar hacia Dios”, “Dios nos llama a construir con él nuestra historia”…Es pasado, presente y futuro.

    • No eres la única que se preocupa y duda si se exagera el culto a los santos y se disminuye el culto a Dios y se fomenta una especie de desconfianza y temor que nada tiene que ver con el respeto del que tanto hablaron los profetas. Hay santos que no son de nuestra devoción, sin duda, pero con San Romero, tan reciente y cercano, es diferente. Sí, hermana, hay personas santas que nos acercan a Dios y a nuestros hermanos y llegan a nuestras vidas cuando estamos listos. El reino de Dios es de hoy y para siempre. Bendiciones.

        • Hasta donde yo sé, Monseñor es un título honorífico concedido por el Papa a algunos clérigos, sean o no obispos, casi siempre con trabajos relacionados con la Curia o con la jurisdicción sobre un templo basilical, o se les nombra coloquial, pero equivocadamente, a los obispos y arzobispos, siendo estos últimos titulares y cabezas de sedes de ciudades prestigiosas, usualmente capitales nacionales.

  5. Gracias Alejandro por esta segunda parte del articulo, me quedo sin palabras al leer el llamamiento que hizo el Siervo de Dios el antes de su muerte; ante esas valientes y verdaderas palabras de PAZ, FE y JUSTICIA ¿que pueden decir los que no creen que en su santidad y martirio?.
    Quiera Dios obrar un milagro por su intercesión para que el Siervo de Dios Óscar Romero suba a los altares.

    • Hoy necesitamos escuchar más llamamientos a la paz, de justicia y fe en boca de profetas y santos hombres y mujeres, pues nuestro mundo se está comiendo a sí mismo y los humanos oprimen al ser humano tanto con las armas como con elevados intereses, falta de empleo y salarios indignos, etc. Como dice el encabezado de la primera parte: “la lógica de Dios desconcierta a los hombres”.

      Gracias a ti, David. Este trabajo es para todos nosotros.

  6. Alejandro:

    El sacrificio de Monseñor Romero no es estéril. Ya lo dijo Tertuliano: la Sangre de los Mártires es Semilla de nuevos Cristianos. ¿Cuánto faltara fara que la sementera germine, crezca y de fruto? Sólo Dio lo sabe. Han pasado casi tres décadas de la muerte de este Arzobispo y no solo centroamérica, sino todo el continente parece que va en sentido opuesto a la cordura. Por no decir México que está hecho un caos. La humanidad doliente busca la llegada del Redentor y es mediante este tipo de profetas que Dios se hace presente entre su pueblo.
    Hay cierto paralelismo entre este Obispo y Santo Tomás Becket. Y aunque este último tiene un tinte de ser víctima del poder estatal a causa del fuero eclesiástico, ambos tuvieron una conversión cuando vieron la magnitud de su responsabilidad. Los dos alzaron la voz y a los dos se les sacrificó en el altar.
    Monseñor Romero lo fue por defender al pueblo de Cristo, al Cuerpo de Cristo que lo son los pobles, los marginados, los hambrientos, los oprimidos.
    Quiera Dios que esta América tenga el progreso social por su intercesión. Y que pronto tengamos el gusto de verlo elevado al honor de los altares.
    Saludos.

    • El tiempo de Dios es perfecto, Humberto. También es necesario recordarle a la Iglesia que no es Dios ni puede estar a favor de no caldear los ánimos reconociendo la santidad de una persona que para un grupo particular fue más que incómodo, peligroso. Por esas razones durante el largo pontificado de Juan Pablo II se detuvo su proceso y sólo gracias a Dios, Francisco hizo caso a los llamamientos constantes del Espíritu Santo a través del Pueblo de Dios que haga justicia reconociendo la santidad del arzobispo mártir, que debiera también ser nombrado ejemplo para los jerarcas y clero de base.

      No haré comparaciones entre ambos, pues son épocas diferentes.

      La intercesión del obispo mártir debe ser como el axioma de San Agustín: La oración no mueve a Dios, sino a nosotros. Nosotros ser las manos de Dios en este mundo.

      Saludos, Humberto. Ojalá se nos haga verlo santo oficial.

  7. Hace algunos años que vi la película de la vida de monseñor Romero y siempre estuve impresionado por la entrega de este hombre por la igualdad en su país y por la libertad, es una lástima que aun hoy no este canonizado aunque sin duda ya es un Santo. La vida y martirio de monseñor Romero son una enseñanza para todos los obispos actuales que muchas veces sucumben más ante las tentaciones de la vida fácil y de lujos y se olvidan de sus pobres fieles, que monseñor Romero ruegue por la iglesia en América

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