La Festividad de los Fieles Difuntos: el Día de Muertos en México (III)

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Tradicional ofrenda sobre una tumba en Pátzcuaro, Michoacán. Fuente: voyageraumexique.wordpress.com

Tradicional ofrenda sobre una tumba en Pátzcuaro, Michoacán. Fuente: voyageraumexique.wordpress.com

En México, al hablar de la festividad de los Fieles Fifuntos o Día de Muertos, se habla de una serie de tradiciones y costumbres que, como se ha visto en los anteriores artículos de esta serie, tienen un gran significado; en cada lugar de México esta festividad en honor de los fieles difuntos tiene distintos matices, aunque todas convergen en lo mismo: rezar por el eterno descanso de sus seres queridos. También hay lugares donde realmente no se tiene tradiciones en particular y sólo se reduce a escuchar misa o visitar la tumba el día 2 de noviembre, pero en gran parte del país esta celebración se convierte en una fiesta, resultado de la mezcla del color y la tristeza, el recuerdo y la oración. Precisamente en esta tercera entrega quiero tratar algunos casos particulares de celebración a los fieles difuntos en México; ya en el artículo del año pasado se abordó el caso de Pomuch, Campeche y su curiosa tradición de año con año sacar los restos de sus seres queridos de la tumba, limpiarlos y rezarles el rosario, aunque las tradiciones sobre las que hablaré en este tercer artículo no son tan macabras como la celebrada en Pomuch, sí están llenas de particularidades muy especiales sobre las cuales hablaremos. Les recomiendo leer nuevamente los artículos de La Festividad de los Fieles Difuntos I y II para poder entender más a profundidad los significados y simbolismos de muchas de las tradiciones que se hablarán a continuación.

El Día de Muertos en Pátzcuaro, Michoacán
La región de Michoacán fue habitada desde épocas prehispánicas por la cultura purépecha o tarasca. Desde estos tiempos, la población de Pátzcuaro se destacaba por ser un sitio de rituales en torno a los muertos, el nombre significa “lugar que se tiñe de negro”. La deidad principal adorada en esta población era Curicaueri, dios azul de las aguas o guardián del paraíso, aunque también era invocado como dios del fuego. Debido a esto, los purépechas creían que tanto el lago cercano a esta población como la ciudad misma eran la entrada al reino de los muertos.

Entre la mitología y leyendas tarascas hay una de especial belleza que trata de explicar porque la festividad de difuntos se celebra año con año en estas poblaciones: se trata de la leyenda del príncipe Itzihuapa y la princesa Mintzita. Se cuenta que en la noche de Fieles Difuntos, las sombras de estos dos príncipes se unen en la isla de Janitzio donde se encuentra el cementerio más conocido del lugar. Mintzita era la hija de Tzintzicho, gobernante de Tzinzuntzan; e Itzihuapa era el príncipe heredero de Janitzio hijo de Taré. Los dos jóvenes se amaban y estaban próximos a casarse, pero sus planes de matrimonio se vieron frustrados ante la llegada y ataque de los españoles. Las huestes hispanas tomaron prisionero al rey Tzintzicho, ante esto los enamorados ofrecieron a cambio de su libertad el oro que se encontraba resguardado en el fondo del lago de Janitzio, que era resguardado por veinte sombras. El príncipe Itzihuapa decidió arrojarse a las aguas para intentar sacar el oro, pero no pudo y se convirtió en el vigésimo primer guardián de las riquezas del lago. La leyenda dice que cada año, durante la noche de muertos, los veintiún guardianes de las riquezas del lago suben al cementerio de la isla de Janitzio, donde los dos príncipes enamorados se reencuentran y reciben la ofrenda de los vivos en una ceremonia conocida como Animecha Kejtziatakua.

Familiares velando en la tumba de sus difuntos con el tradicional retablo adornado con flores y dulces en el cementerio de la isla de Janitzio. Fotografía: Rosabel Bustamante.

Familiares velando en la tumba de sus difuntos con el tradicional retablo adornado con flores y dulces en el cementerio de la isla de Janitzio. Fotografía: Rosabel Bustamante.

Conociendo ya los antecedentes de esta fiesta en la región de Michoacán y más específicamente del pueblo de Pátzcuaro, ya podemos relatar sobre cómo se festeja este día. Las festividades en honor a los fieles difuntos se realizan a partir del 28 de octubre y hasta el 2 de noviembre. El día 28 se reciben las almas de los niños recién nacidos y de las personas que murieron en algún accidente o que tienen menos de un año de haber fallecido, para el día 31 de octubre se prepara una canasta con todos los productos que se llevaran al cementerio de la isla de Janitzio. El día 1 de noviembre que está dedicado a las almas de los niños muertos o angelitos. Se celebra una misa en la iglesia de Janitzio llamada de “velación de angelitos”. En este día las tumbas se llenan de flores de color blanco por la inocencia de los niños, de los juguetes preferidos de los pequeños difuntos y de muchos dulces y golosinas que en vida le agradaron. Desde la tarde del 1 de noviembre y hasta el amanecer del 2 de noviembre ininterrumpidamente repican las campanas de la iglesia indicando “la llegada de las almas”, con un pequeño intervalo de medio minuto entre cada campanada. A este toque de campanas se le ha nombrado “toque de muertos”, estas campanadas son la señal para que todos los vivos empiecen su larga procesión hacia el panteón cercano en la Isla de Janitzio; a la cual acceden muchos de ellos en canoas con formas semejantes a mariposas, las cuales se iluminan con la luz de las velas mientras cruzan el lago, el cual se va llenando de luz poco a poco.

En la iglesia se celebra una misa con los familiares y amigos de los difuntos que tienen más de tres años de haber fallecido, pues se cree que estas almas ya no necesitan ser veladas en el cementerio toda la noche, pues ya deben estar descansando en paz [1]; por lo general en la iglesia están los hombres rezando, mientras las mujeres están en casa haciendo los alimentos para la ofrenda o arreglando las tumbas en el panteón. La gente lleva velas en las manos y se unen en oración, mientras en el cementerio se adorna con diversas flores, entre ellas el cempaxúchitl, que es por tradición la flor de difuntos [2]. Para adornar las tumbas se elaboran, con carrizos y cañas, unas figuras tipo retablo que se ponen en las tumbas adornados con flores, frutas y dulces, a algunas se les dan diversas formas. Estos retablos tienen diversos significados, algunos que simboliza la resurrección y la vida, es decir a Cristo, y otros que es símbolo del árbol de la vida de la persona que está enterrada en ese sitio.

En las casas se elaboran bellos altares con la comida que agradaba al difunto, con diversas flores, pues se cree que su aroma “guía a las almas al mundo de los vivos” [3], estas ofrendas hogareñas se han vuelto cada vez más motivo de admiración por lo elaboradas de muchas de ellas, y es lo que le ha valido a Pátzcuaro convertirse en un lugar sumamente turístico en estas fechas, las familias abren sus casas para que cualquier conocido, curioso o extraño pase a ver la ofrenda y hacer una pequeña oración por el difunto.

Altar de muertos en la iglesia de San Andrés en Mixquic, México, D.F.

Altar de muertos en la iglesia de San Andrés en Mixquic, México, D.F.

Mixquic, México, D.F.
En una próxima población a la capital mexicana, San Andrés Mixquic, se lleva a cabo una de las celebraciones en honor a los Fieles Difuntos de mayor popularidad en todo el país. Esta población, fundada por un grupo de toltecas hacia 1168 y nombrada Mixquic, que significa “lugar de mezquites”, aunque muchos le han relacionado con la palabra mixquitl, muerte. Durante la época de la colonia, este pueblo fue evangelizado por la Orden de San Agustín, quienes fundador el templo y convento de San Andrés apóstol, bajo la protección de quien pusieron el pueblo y encima del antiguo adoratorio a Quetzalcóatl.

En Mixquic, como en gran parte del país, los días reservados a la celebración de los fieles difuntos son el 1 de noviembre para las almas de los niños y el 2 de noviembre para las almas de los adultos, pero los preparativos comienzan desde el 27 de octubre con la limpieza de las casas. Para el día 31 de octubre, afuera de cada casa se coloca un farol con diferentes formas y una vela dentro, eso es recuerdo de Cristo que es la luz del mundo, pero a la vez lo ponen como símbolo distintivo de cada familia “para que el alma sepa a dónde llegar”. Este día también se riegan pétalos de flores blancas desde la entrada de la casa hasta donde se encuentra el altar en honor a los niños difuntos, en los altares se pone una vela por cada difunto.

Personas reunidas en la noche de difuntos en el panteón de Mixquic.

Personas reunidas en la noche de difuntos en el panteón de Mixquic.

A las doce del día del 31 de octubre, en el templo de San Andrés, comienzan a repicar doce campanadas anunciado que empiezan los festejos en honor de los niños difuntos, como ya se mencionó, las ofrendas a estos niños siempre son con flores blancas por la inocencia de los infantes, dulces y juguetes. A las siete de la noche, las madres de los niños difuntos les ponen los alimentos que en vida les gustaron a sus hijos y, en la mañana del día siguiente, ellas cambian los alimentos, dejándoles en el altar lo que sus pequeños acostumbraban a desayunar en vida. A las doce del día del 1 de noviembre, vuelven a repicar las campanas anunciando que la festividad de los angelitos ha concluido y que está por empezar la de los adultos. Muchos velan en la noche en el cercano panteón con la ofrenda sobre las tumbas.

A las siete de la noche repican nuevamente las campanas, anunciado que es “la hora del campanero”, esta tradición se trata de una procesión de niños y jóvenes que van sonando una campana por las calles, mientras cargan un ataúd de cartón y un cirio, van de casa en casa pidiendo permiso para entrar a rezar por el eterno descanso de los difuntos, después de que se les da la entrada y hacen una oración en coro, cantan: “A las ánimas benditas les prendemos sus velitas; ¡campanero mi tamal! Todo lo que hay en la mesa, yo como bueno y sano, no me hace mal”. Después de esto hacen sonar su campanita y los dueños de las casas, en agradecimiento por sus oraciones, les ofrecen tamales [4] o frutas.

Al repicar estas otras campanadas, el altar cambia y las flores blancas dan paso a las vistosas flores de color como el cempasúchil, del mismo modo se pone alcohol en los altares si era del gusto del difunto y alimentos condimentados. Al dar las ocho de la noche, los familiares se reúnen en el altar o en la tumba para rezar el rosario en familia por el eterno descanso de sus difuntos. El día 2 de noviembre, a las doce, vuelven a repicar las campanas y es el momento en que los familiares asisten al cementerio a departir en la tumba. Para el día 3 de noviembre se comienzan a levantar las ofrendas y altares y a repartirse entre los vivos, cuando llegan las visitas a la casa, es costumbre decirles: “Aquí están las ofrendas que los muertitos dejaron para usted” y con esto concluyen las festividad en honor a los difuntos en Mixquic.

Altar de Janal Pixán en Yucatán dedicado a los niños difuntos.

Altar de Janal Pixán en Yucatán dedicado a los niños difuntos.

El Janal Pixán en Yucatán
El área maya que comprende en México, especialmente los estados de Yucatán, Quintana Roo, Campeche, Chiapas y Tabasco, tiene desde la época prehispánica sus propios ritos alrededor de los fieles difuntos, los cuales han sobrevivido hasta la actualidad, aunque como sucede en la mayor parte del país, éstos giran alrededor del 1 y 2 de noviembre y se realiza un altar y se visitan las tumbas, tiene al mismo tiempo particularidades que lo hace muy propia la celebración de esta región maya. La fiesta en honor a las ánimas es conocida por la palabra maya Hanal Pixán o Janal Pixán que significa “comida de las ánimas”. Los preparativos para esta fiesta comienzan a partir del 27 de octubre y para el 31 cada familia debe realizar el altar para recibir a los niños difuntos, a los cuales se les encienden velas en colores rosa, amarillo, verde y azul. Los altares son adornados con flores en color blanco y morado, del mismo modo se ponen dulces y juguetes en el altar y se hace el rezo del rosario.

Para el día 1 de noviembre la ofrenda dedicada a los adultos ya debe estar puesta. Para esta celebración de los adultos mayores la gastronomía yucateca se engalana con una gran variedad de alimentos típicos; destacando entre ellos el conocido como Pib, mukbipollos o pibipollos que es un alimento a base de masa de maíz y relleno de carne de cerdo con guiso a base de achiote, tomate, cebolla y epazote, y se hornea en un agujero bajo tierra que es cavado por los hombres. Del mismo modo se incluyen en la ofenda chanchamitos, que es una especie de tamal con guiso, chocolate, atole y refrescos embotellados, también aparecen los guisos a base de espelón, que es una leguminosa parecido a los frijoles o judías, sin faltar la cochinita pibil, que es carne de cerdo con un guiso de color rojizo a base de achiote, los panuchos, que es otro alimento parecido a la tortilla pero hecho de una masa diferente y fritos en aceite que llevan carne, frijoles refritos, tomate, cebolla y repollo.

El altar se realiza en una mesa; que simboliza la tierra, y sobre ella se coloca un mantel blanco, que simboliza a las nubes. Se destaca particularmente que en los altares de Hanal Pixán se pone la Cruz sin Cristo, la famosa Cruz verde que tiene pintados los símbolos de la pasión y que en Quintana Roo es mejor conocida por “la Cruz parlante”, esta Cruz verde representa al árbol de la ceiba, que para los antiguos mayas era el lugar bajo el cual descansaba las almas, del mismo modo representa los cuatro puntos cardinales del universo y el sacrificio de Cristo [5]. Se pone la foto del difunto y se adorna con flores amarillas y moradas, que son las que se cultivan en esa época y representan el oriente y el sur, también se ponen los santos de devoción del difunto, como el caso de los Santos Reyes de Tizimín, la Virgen de Izamal, la Virgen de Guadalupe o el Divino Niño.

Algo que vale la pena destacar de la fiesta del Janal Pixán en Yucatán es que aquí esta festividad se le celebra la octava conocida como ochovario o biix en maya, para esta celebración se vuelve a confeccionar altares el 7 de noviembre para los niños difuntos y el 8 para los adultos, donde se ofrecen guisos como el relleno negro y blanco, dulces de la región como el de calabaza y algunas frutas.

Altar indígena de Tabasco adornado con hojas de plátano.

Altar indígena de Tabasco adornado con hojas de plátano.

El día de finados y el mes de las ánimas en Tabasco
En el estado de Tabasco, en el sureste de México, también se tiene una forma muy particular de recordar a los Fieles Difuntos, igual que en otras partes del país, las festividades se concentran en especial el 1 y 2 de noviembre, pero a diferencia de otras partes, en Tabasco se considera a todo el mes de noviembre como “el mes de las ánimas”; y durante todo el mes se acostumbra levantar ofrendas o altares en honor a los difuntos en los que se reza el rosario. También del mismo modo, otra festividad de gran celebración es el día 30 de noviembre, que se conoce como “la despedida de las ánimas”. Esta tradición del mes de las ánimas tiene sus raíces muy profundas en la antigüedad maya, debido a que tanto mayas como aztecas acostumbraban, antes de la evangelización, a celebrar meses completos dedicados al recuerdo de sus difuntos.

Las comunidades indígenas de Tabasco particularmente recuerdan estas fechas de Fieles Difuntos realizando desde el día 31 de octubre los altares en honor de los “angelitos” y posteriormente para los adultos. Los altares se adornan con hojas de plátano y palmas, la hoja de plátano se extiende en el suelo y sobre éstas se ponen los alimentos, alrededor se queman velas de cebo puestas en naranjas partidas por la mitad, el número de velas depende de los difuntos que se tengan en la familia. Se pone albahaca en los altares, puesto que los antiguos mayas creían que el aroma de esta planta era agradable a Dios y subía hasta el cielo, algo similar sucede con el uso de incienso, copal o estoraque que se extrae de resinas naturales, porque antiguamente se creía que al provenir de un árbol, el aroma llegaba al inframundo.

Los alimentos que se ponen en el altar de difuntos son conocidos como “el caldo bendito” y es costumbre que al terminar el rezo del rosario se reparten alimentos a los invitados y que nadie debe negarse a recibirlos, puesto que sería una ofensa para las ánimas y esto podría atraer enfermedades, también estas creencias, por demás fuera de la ortodoxia cristiana, son basadas en la antigüedad maya, puesto que ellos creían que no se debía ofender a los difuntos o podría ser catastrófico. Entre los alimentos elaborados especialmente para los días de difuntos se encuentra el uliche, palabra que viene de úlum, pavo e ich, chile o ají picante, este alimento de tipo caldoso se prepara con pavo y masa de maíz, además del uso del chile o ají; también se preparan los tamales de maneas o maneitas, que se trata de un tamal de tamaño gigante con relleno de carne de pavo o cerdo y algunas especias y envuelto en hoja de plátano, el cual se pone en la ofrenda y posteriormente se parte en pedazos para ser repartido entre los asistentes al rosario, la bebida tradicional que es el pozol a base de cacao, y dulces típicos de la región a base de coco, papaya y calabaza.

Altar mestizo adornado con papeles de colores.

Altar mestizo adornado con papeles de colores.

Por lo general en las comunidades indígenas estas festividades son de asueto y nadie trabaja los días 1, 2 y 30 de noviembre. Los altares también suelen ser adornados con papel de china de colores en las casas de más recursos en colores blanco, morado y negro, estos son puestos en tres niveles representando el primero el cielo, la parte de en medio el mundo de los vivos y el tercer plano o suelo donde se queman las velas simboliza el camino al inframundo. Del mismo modo se acostumbra poner una vela dedicada al Ánima Sola, es decir a las almas que no tienen quien rece por ellas, algunos también les ponen una ofrenda en especial, pero siempre en el número de uno. Nunca faltan imágenes religiosas del Santo de más devoción y, si se tiene, la foto de los familiares difuntos. Por lo general en la tarde las familias se reúnen a rezar el rosario y al terminar el rezador o alguien de la familia hacen el “rezo de ánimas” en lengua chontal, en el cual se nombra a los seres queridos y se les dice que su familia les ofrece esos alimentos y el rosario para su descanso, del mismo modo le piden a las ánimas que les ayuden en su quehacer diario y los protejan de enfermedades.

El día dos, por lo general, las personas asisten a los cementerios, donde rezan el rosario en chontal, queman velas por el descanso del difunto y usan el incienso para “purificar”, por lo general los sacerdotes realizan misas en las capillas de los cementerios a las que asisten los familiares de los difuntos.

Para el día 30 de noviembre se vuelven a montar los altares con diferentes alimentos tradicionales como el pejelagarto asado, tamales de chipilín, chorote que es una bebida fermentada o el guarapo, que es una bebida extraída de la caña de azúcar y fermentado. En el pueblo de Olcuatitán, Nacajuca, por ejemplo es común que en las cocinas de las casas se cuelguen bolsas con frutas y alimentos para los difuntos, pues ellos creen que estas ofrendas les servirán a las ánimas hasta el siguiente día de muertos.

André Efrén

Bibliografía:
– ARGUETA, Jermán, “Crónicas y leyendas mexicanas: Día de Muertos”, México, revista de publicación mensual, Tomo XV, septiembre 2007.
– GÓMEZ, Marco Antonio y DELGADO SOLÍS, José Arturo, “Ritos y mitos de la muerte en México y otras culturas”, México, editorial Tomo, segunda edición, 2002.
– LANDERO HERNÁNDEZ, Lucía: “Costumbres y tradiciones del poblado Olcuatitán, Nacajuca, Tabasco”, Tesis para obtener el título de licenciatura en historia. DACS y H-UJAT, junio, 2008.
– LANESTROSA ALEGRÍA, Magali y LANESTROSA ALEGRÍA, Sandra: “Las manifestaciones culturales de un pueblo chontal: Tamulté de las Sabanas”. Tesis para obtener el título de Licenciatura en Historia. DACSyH-UJAT.1998.
– MOSQUEDA, Sergio Gaspar, “La muerte me pela los dientes”, México, Editores mexicanos unidos, primera edición, 2010.
– RANSOM CARTY, Maureen (coord.), “Fiestas patronales y gastronomía de la cultura maya-yucateca”, México, Patrimonio Cultural, s/e, 2007.
– ZARAUZ LÓPEZ, Héctor, “Altares y ofrendas del día de muertos en México”, México, CONACULTA, primera edición, 2010.
– ZARAUZ LÓPEZ, Héctor, “La fiesta de la muerte”, México, CONACULTA, primera reimpresión, 2004.
– S/A, “¿Qué hay dentro de tu calavera?”, México, Editorial Época, s/e, 2005.


[1] Esta creencia es un legado prehispánico, pues antiguamente se creía que después de tres o cuatro años, dependiendo la región, el alma del difunto había terminado su recorrido por el mundo de los muertos y ya descansaba en paz, por lo que no necesitaba tantas oraciones ni ofrendas, del mismo modo actualmente cuando una persona fallece se le reza por su descanso por ese mismo número de años, pues se cree que después de ese tiempo “ya debió salir del purgatorio” o en dado caso ya no le falta mucho tiempo de estar en aquel sitio.
[2] Aunque tiene esta flor también un uso prehispánico en celebraciones religiosas, no es sino hasta la llegada de los misioneros españoles que se introduce en la celebración del Día de Muertos, puesto que era la flor más semejante a la que se acostumbraba llevar a las tumbas en España.
[3] Cabe decir que la Iglesia trata siempre de explicar a sus fieles que esta tradición se hace únicamente para rezar por el eterno descanso y que ningún alma puede venir del purgatorio al mundo de los vivos ni por un día, a pesar de esto, no ha sido impedimento para que las antiguas creencias respecto a estas festividades sigan sobreviviendo.
[4] Alimento de origen prehispánico a base de masa de maíz y relleno de carne de pollo, res o pavo y que se envuelve en hojas de maíz o de plátano.
[5] Recomiendo leer el artículo sobre la Santa Cruz en México para entender mejor el simbolismo de la Cruz verde entre los mayas.

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9 pensamientos en “La Festividad de los Fieles Difuntos: el Día de Muertos en México (III)

  1. Gracias, André. Otro capítulo de esta preciosa tradición mexicana que tiene su encanto en el sincretismo religioso, el encuentro entre pasado y presente y el tener sorprendentemente próximos a los difuntos. Lástima, sin embargo, que la festividad norteña de Halloween sea más popular comercialmente. Lo único que lamento del Día de Muertos es la persistencia de errores y supersticiones que podrían superarse con una buena instrucción, aunque mantuvieras los ritos por su encanto tradicional.

    • Tienes toda la razón Ana que es una lástima que el Halloween sea mucho más popular que el día de muertos, del mismo modo concuerdo contigo en que hace falta un poco de instrucción entre los fieles. Muchas gracias

  2. André,
    Muchas gracias por este nuevo artículo sobre cómo se celebra en México el Día de los Muertos. Es una serie curiosísima y desde luego nos muestras costumbres muy distintas a las que se tienen por estas tierras. Bien es verdad que en algunas localidades, la gente se queda de noche en los cementerios velando a sus difuntos, pero son las menos. Tengo que reconocer que en tu país se conservan tradiciones antiguas que tienen que tener también un trasfondo mucho más profundo. El culto a los muertos existe desde que el hombre es hombre.

    Oremos:
    Fidelium Deus omnium conditor et redemptor, animabus filiorum, filiarumque tuarum remissionem cunctorum tribue peccatorum: ut indulgentiam, quam semper optaverunt, piis supplicationibus consequantur. Amen.

    • Toda la razón Antonio tenemos en este país muchas tradiciones antiguas de un trasfondo muy profundo y por lo mismo es importante conocerlo y darlo a conocer. Sea como sea siempre será bueno que aquí en México o cualquier parte del mundo acordarnos de los difuntos y hacer una oración por ellos en especial en estos días.

  3. André, gracias por compartir la tradición que sí es verdaderamente nuestra, mexicana, auténtica, no la pagana del Halloween que nada tiene qué ver con nosotros y que a modo de plaga invade cada vez más, incluso desplazando los verdaderos días de recuerdo de nuestros seres ya fallecidos.

    Donde yo vivo no se hace nada especial, o sea que no tenemos tradiciones propias, sino que se sigue como en otras partes del país: visitar el cementerio, comer alrededor de la tumba de los fallecidos y rezar quienes son más tradicionales. Ahora las escuelas de todos los niveles implementaron las escenificaciones del baile conocido como la Viejada, donde chicos y chicas se disfrazan de catrinas o muertos y bailan, y la realización de altares, y lo de ayer, visitar el cementerio haciendo el recorrido con “la viejada” entre las tumbas, de noche. Hoy sin duda están los cementerios de la ciudad repletos y bien vigilados mientras los dolientes los visitan y se han lavado las tumbas de los personajes más relevantes de la ciudad que están ubicadas en el viejo cementerio.

    Debemos esforzarnos por conservar nuestras verdaderas tradiciones y preservarlas para las generaciones futuras.

    • Bueno, Alejandro, tan pagano es Halloween como buena parte del Día de Muertos, del cual veo mucho de prehispánico y menos de católico. También Halloween tendrá su encanto como tradición en sus tierras, lo que no tiene sentido es importarlo por mero consumismo.

    • Yo siempre he dicho Alejandro y concuerdo contigo que el problema del Halloween no es tanto el que lo celebren sino el que quieran desplazar con él al día de muertos, porque como bien mencionas me ha tocado escuchar a un sin fin de personas que piensan que el 2 de noviembre es el día del Halloween, lo que sinceramente es muy dañino a nuestra ya tradicional fiesta de difuntos. Como bien mencionas hay que esforzarse para conservar nuestras verdaderas tradiciones.

  4. André, he leido con detenimiento y mucho agrado este artículo, en el has relatado de manera muy amplia coo se celebra el Día de Muertos en este País. Estas costumbres ancestrales, unidas a la fe cristiana, han dado como resultado que la celebración de esta fecha sea patrimonio de la humanidad.
    De hecho, la celebración en Patzcuaro y en Mixquic atraen muchos turistas en esa noche tan bellamente celebrado. Estas festividades tienen aun resabios de paganismo, conozco a muchos que se razgan las vestiduras (de ninguna manera creo que sea por no vivir bien la fe cristiana), y es bueno aprovechar la ocasión para evangelizar, aunque bien mereciera la vida de muchos ser actualizada a la luz del Evangelio. Vrgr: suledos mal pagados, violencia intrafamiliar, abuso del poder, indiferencia social, analtecimiento de antivalores cristianos, etc.
    A la luz de lo anterior dime tú si los vivos no serán muertos por el pecado y los muertos no estarán vivos ante Dios.
    Saludos.

    • si don Humberto esta tradición tiene algo de paganismo y me eh encontrado en estos días como usted bien menciona a uno que otro católico que se rasga las vestiduras por lo mismo y que dicen que no debe ser celebrada esta fecha ni realizarse los altares por considerarlo pagano y alejado de la tradición cristiana en especial por el hecho de poner ofrendas de alimentos en los altares, es una lástima a mi parecer que siendo mexicanos y católicos se nieguen a ayudar a que estas tradiciones sobrevivan, la situación como usted y los demás mencionan es la falta de evangelización en estos casos y con el hecho de prohibir esta festividad o de techarla de “pagana” no creo que ayuden en nada.

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