San Gregorio Palamas, arzobispo de Tesalónica: vida y culto

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Icono ortodoxo griego del Santo.

Icono ortodoxo griego del Santo.

Preámbulo
En este blog hemos publicado numerosos artículos sobre la obra y el pensamiento de importantes santos, tanto del Primer Milenio, cuando la Iglesia de Cristo estaba unida, como de santos católicos del Segundo Milenio. Hoy quiero escribir – y lo haremos en tres artículos correlativos – sobre un importante santo y pensador de la Iglesia Ortodoxa, a sabiendas de que los artículos serán algo más extensos de lo que es habitual en mí y que para algunos, serán algo engorrosos de leer. Aun así, creo que era importante hacerlo y, aunque he consultado diversas fuentes, sobre todo está hecho en base a lo publicado en la “Bibliotheca sanctorum orientalium”.

Vida
La familia de Gregorio Palamas procedía de la parte oriental del imperio bizantino y se había establecido en Constantinopla, siendo su padre senador y miembro de la corte imperial de Andrónico II Paleólogo. El emperador lo estimaba tanto que lo nombró instructor de su sobrino, el futuro emperador Andrónico III. Allí en Constantinopla nació Gregorio en el año 1296. Como su padre murió cuando Gregorio apenas tenía siete años de edad, el propio emperador se preocupó de su educación, procurando que adquiriese una buena formación liberal y filosófica por parte de Teodoro Metoquites, que era un escritor, filósofo y mecenas de las artes y de las ciencias.

Cuando dos decenios más tarde, Gregorio se opuso a los seguidores del humanismo bizantino, algunos pusieron en duda la formación filosófica de Gregorio, tachándolo de inculto. En aquella ocasión, como en otras muchas posteriores, Gregorio tuvo que defenderse de estas acusaciones y a tal efecto, en una de sus obras él hace referencia a un hecho que le ocurrió durante los años de su formación: cuando tenía diecisiete años de edad, se le encargó a Gregorio hablar sobre la lógica aristotélica delante del emperador y de otros dignatarios y doctores de la corte. Él expuso sus argumentos de tal manera que el propio Teodoro Metoquites, volviéndose hacia el emperador, le dijo: “Si estuviese aquí presente el mismísimo Aristóteles, sin duda, lo habría elogiado por exponer tan claramente su doctrina”; luego de inculto no tenía nada.

A pesar de los proyectos que el emperador tenía para él, con gran pesar del propio Andrónico, Gregorio – que entonces tenía sólo unos veinte años de edad – , prefirió dejar sus estudios y retirarse al Monte Athos a fin de estudiar teología y llevar vida de asceta. Su maestro fue Teolecto, obispo de Filadelfia, el cual le enseñó la práctica de la oración individual y así, en el año 1316 abrazó la vida monástica. Por entonces, la vida monástica estaba regulada según las dos primitivas formas del monacato: eremita y cenobita (leed los artículos de Dairon sobre estos temas).

Monasterio Megisti Laura (Gran Laura).  Monte Athos, Grecia.

Monasterio Megisti Laura (Gran Laura). Monte Athos, Grecia.

Gregorio mostró su predilección por el ascetismo eremítico, aunque dependiendo de un monasterio. Junto con dos de sus hermanos, inicialmente estuvo viviendo durante un breve periodo de tiempo en el monte Papikion, para con posterioridad asentarse en diferentes lugares del Monte Athos: primero como eremita junto al monasterio de Vatopedi bajo la dirección espiritual de San Nicodemo de Vatopedi. Allí en Vatopedi fue tonsurado como monje y cuando murió San Nicodemo, se puso bajo la dirección de Elder Nicéforo. Al morir también este, pasó al monasterio Megisti Laura (Gran Laura), donde estuvo como ayudante de cocinero y cantor en el coro, pero como él quería dedicarse plenamente a la oración, marchó como eremita a la sketa Glossia, donde se dedicó por completo a la oración mental, transformándose en un exicasta.

Debido a la amenaza de que los turcos invadieran violentamente el Monte Athos, Gregorio, acompañado de algunos otros ermitaños intentaron llegar a Jerusalén, pero no lograron ir más allá de Tesalónica. Aunque éste fue el verdadero motivo por el que Gregorio abandonó el Monte Athos, sus opositores explican su alejamiento aduciendo otro motivo, cual es que, temía ser considerado un “masaliano”, debido a los rigores de su vida. En aquella época, los griegos llamaban “masalianos” a unos monjes considerados herejes, que a partir del siglo XI se habían extendido por muchos monasterios de Constantinopla, Tracia y Tesalónica. Estos monjes, como despreciaban los sacramentos, fueron condenados en un concilio que San Flaviano celebró en Antioquía. Ser influenciado por ellos era muy fácil, ya que los eremitas tendían a descuidar el culto, dándole más importancia a la oración personal. San Gregorio fue acusado de tener contacto con ellos en Tesalónica, pero San Filoteo I Kokkinos – biógrafo de San Gregorio Palamas – refuta esta acusación diciendo que ya en sus primeros pasos en la vida monástica, cuando estuvo en el monte Papikion, San Gregorio tuvo un encontronazo con ellos, los cuales le amenazaron de muerte.

Monasterio Esfigmenou – Monte Athos, Grecia.

Monasterio Esfigmenou – Monte Athos, Grecia.

En el año 1326, Gregorio fue ordenado sacerdote en Tesalónica y junto con una comunidad formada por dieciséis eremitas, marchó a Veria, donde estuvo unos cinco años. Allí llevaron una vida ascética muy severa: cinco días a la semana permanecían encerrados en sus celdas sumidos en la oración y en la meditación; el sábado y el domingo abandonaban la soledad para participar en la Liturgia. Allí le llegó la noticia de la muerte de su madre, por lo que abandonó momentáneamente Veria para ir a Constantinopla y hacerse cargo de sus dos hermanas, a las que se llevó consigo a Veria.

Transcurridos estos cinco años, la situación se volvió muy arriesgada debido a las incursiones de los serbios comandados por Esteban Dusan, que diezmó a la población y la redujo a la esclavitud, por lo que Gregorio y sus discípulos tuvieron que abandonar sus sketes de Veria y marchar de nuevo al Monte Athos. Se estableció en el “kellion” de San Sabas, muy cercano al monasterio Megisti Laura y allí estuvo hasta que la comunidad del Monte Athos le confió el egumenato del monasterio Esfigmenou, que en aquel momento tenía unos doscientos monjes, con ciertos problemas de disciplina, por lo que era necesaria la presencia de un egumeno con una fuerte personalidad. Allí estuvo cerca de dos años y posteriormente volvió a su refugio anterior.

Mientras se encontraba allí, se vio envuelto en una intensa polémica. Había llegado a Grecia el monje Barlaam Calabro, que pertenecía a la comunidad ortodoxa griega del sur de Italia, quién después de haber estado dando clases durante mucho tiempo en Constantinopla, consiguió fama de sabio, pero que era proclive a humillar a sus compañeros, por lo que se granjeó numerosos enemigos. Barlaam se había trasladado a Tesalónica, donde muy pronto consiguió un enorme éxito como maestro en filosofía. Barlaam y San Gregorio chocaron y se originó la llamada polémica exicasta, que dominó la vida espiritual de Bizancio y que influyó en los acontecimientos políticos del imperio durante veinticinco años.

Icono ortodoxo anglosajón del Santo.

Icono ortodoxo anglosajón del Santo.

Ya entonces, Gregorio había empezado a escribir sobre ascesis y en las controversias con Barlaam dejó en evidencia cuál era su pensamiento. Ambos se encontraron por primera vez con ocasión de la tentativa unionística de Constantinopla en el 1334. Barlaam tomó parte en las discusiones en calidad de representante de las iglesias orientales, sosteniendo que la discusión sobre el dogma de la procedencia del Espíritu Santo (el Filioque), no tenía sentido desde el momento en que es imposible comprender y demostrar “los movimientos interiores del Dios inefable”. San Gregorio, ya con anterioridad, había escrito una obra titulada “Tratados apodícticos sobre la procedencia del Espíritu Santo”. El mismo título de la obra lo dice bien claro, ya que “apodíctico” es sinónimo de “demostrativo”, luego, aunque en lo doctrinal mantenían lo mismo – el Espíritu Santo sólo procede del Padre – discrepaban en los argumentos. Barlaam decía que la discusión sobre la naturaleza de Dios tenía que abandonarse, ya que Dios es, en última instancia, incognoscible e indemostrable a los seres humanos; había que creer que el Espíritu Santo sólo procede del Padre, pero esto no se podía demostrar. Ante esto, San Gregorio, que mantenía que sí se podía demostrar la procedencia del Espíritu Santo, lo tachó de “peligrosamente agnóstico”. Esta primera controversia teológica entre ambos, inmediatamente pasó al tema ascético.

Barlaam se informó sobre las técnicas sicosomáticas practicadas por los exicastas en sus oraciones y comenzó a atacarlos violentamente, diciéndoles que “tenían el alma en el ombligo”. Gregorio fue llamado por algunos amigos tesalonicenses para que los defendiera. Gregorio Acindino, que era amigo de ambos, intentó mediar, pero Barlaam no cesaba en sus ataques, por lo cual, Gregorio permaneció en Tesalónica durante tres años a fin de poder ayudar a quienes le habían llamado. Expuso sus tesis sobre la perfección espiritual en nueve libros que se han titulado “En defensa de los santos exicastas”. Las tentativas de las autoridades para poner paz en el interior de la Iglesia no surtieron efecto, porque aunque Barlaam prometió en más de una ocasión moderar sus palabras, nunca lo hizo. Así que los dos marcharon a Constantinopla para someterse al juicio de la autoridad eclesiástica. San Gregorio llevó consigo un libro redactado por personalidades importantes del Monte Athos y, a partir de junio del 1341, se convocaron hasta siete sínodos en Constantinopla que, en el año 1351, terminó condenando las posiciones doctrinales de Barlaam, quien, viéndose acorralado, recurrió al primer ministro Juan Cantacuzeno, quien le aconsejó se reconciliara con Gregorio y le pidiera perdón. Como no lo hizo, le obligaron a abandonar Bizancio y marchar de nuevo al sur de Italia. Allí se convirtió al catolicismo y fue nombrado obispo de Gerace. Hay que decir que Barlaam, además de su mal carácter, tenía una formación occidental escolástica y le daba un enfoque más intelectual al tema, mientras que Gregorio había sido educado en la filosofía griega y su visión era otra.

Catedral de San Gregorio Palamas en Tesalónica, Grecia.

Catedral de San Gregorio Palamas en Tesalónica, Grecia.

Como consecuencia de toda esta polémica con Barlaam, San Gregorio se había propuesto escribir sobre tres temas: la metodología de la oración exicasta, el conocimiento de Dios y la visión de la luz divina; y lo hizo en nueve tratados que son denominados “Tríada para la defensa de aquellos que practican la sagrada quietud”. Los escribió en tres etapas: La metodología de la oración exicasta (1337-1341); El conocimiento de Dios (1341-1347) y La visión de la luz divina (1347-1358). Aunque San Gregorio nunca menciona a Barlaam, está claro que pensaba en su doctrina cuando realizó esta larga obra, que fue aprobada por los principales monjes del Monte Athos, que fueron quienes redactaron el libro sobre los “santos agioritas”, que Gregorio se llevó a Constantinopla. Barlaam, al contrario, sí que lo atacó expresamente en sus escritos. A fin de no alargar este primer artículo sobre San Gregorio Palamas, no entraré en las vicisitudes en las que se vio inmerso durante todo este tiempo, ni en los amigos y enemigos que encontró.

Muchos obispos, temiendo que con estas polémicas aumentara el prestigio de los monjes, se dispusieron a atacar a Gregorio y la primera ocasión se presentó al día siguiente de la muerte del emperador Andrónico III, ocurrida en julio de 1341. Le sucedió su legítimo heredero Juan V Paleólogo, muy joven, por lo que propusieron que le ayudaran el primer ministro Juan Cantacuzeno y el capitán de la flota imperial, Alejo Apocauco. Como el heredero no tenía la mayoría de edad, a fin de influir, también se metió por medio el patriarca Juan Caleca, argumentando que era la única autoridad que podía garantizar la legitimidad de la sucesión al trono. Como al patriarca le parecía que el primer ministro podía ser peligroso para sus intereses, se alió con el segundo. Hubo encontronazo entre ambas partes y Juan VI Cantacuzeno se autoproclamó emperador en el año 1346. Aunque el conflicto no era religioso, sino meramente político, la controversia teológica entre los partidarios y los detractores de San Gregorio Palamas jugó un papel importante. Estando convencido de que el destino de la Iglesia estaba ligado al destino del imperio, Gregorio quería ver en el trono a una persona capaz de afrontar tanto los peligros externos como los internos, por lo que no había que descartar la influencia de la reina madre, Ana, que era princesa de Saboya y por lo tanto, suponía un cierto riesgo de que la Iglesia Ortodoxa se viese sometida a Roma. Su sospecha era infundada, ya que la reina madre siempre se mantuvo dentro de la ortodoxia. Palamas se inclinó a favor de Juan Cantacuzeno.

Relicario del Santo conservado en el monasterio Gregorios del Monte Athos, Grecia.

Relicario del Santo conservado en el monasterio Gregorios del Monte Athos, Grecia.

Esto hizo que se enfrentara al intransigente patriarca Juan Caleca, que, influenciado por el joven teólogo Gregorio Acindino, lo envió al exilio en el año 1341. Gregorio Acindino había sido discípulo de San Gregorio Palamas, pero compartía las tesis de Barlaam relativas al conocimiento de Dios, mientras que coincidía con San Gregorio en la cuestión de la vida ascética. Prácticamente, esto mismo le pasaba al patriarca. Acindino ascendió y Palamas cayó en desgracia y por eso lo exiliaron al monasterio de San Miguel en Sosthenio, y posteriormente, a Iraklia. Desde allí fue llamado a Constantinopla para defenderse de la acusación de soliviantar a muchos con sus teorías. El patriarca hizo todo lo posible para que Gregorio no se pudiese defender, recluyéndolo en un monasterio cercano al patriarcado. A los dos meses, Gregorio se escapó y se refugió en Santa Sofía, pero el patriarca lo apresó de nuevo y lo encarceló por espacio de cuatro años. En 1344 llegó incluso a excomulgarlo con la excusa de interpretar erróneamente las decisiones del sínodo del 1341 y de no mencionarlo en la celebración de la Divina Liturgia, pero nada de esto impidió que San Gregorio, preso, escribiese algunas cartas y algunas de sus obras.

El año 1346 marcó un punto de inflexión en las cuestiones políticas. Por iniciativa de la reina madre, se convocó un sínodo que condenó y depuso al patriarca. El 2 de febrero, Juan Cantacuzeno fue a Constantinopla para entrevistarse con ella y la reina envió como representante suyo a Gregorio Palamas y al propio suegro de Cantacuzero, a quien liberó de la cárcel. Como patriarca fue elegido el exicasta Isidoro, el cual proveyó todas las sedes vacantes eligiendo a treinta y nueve obispos, entre ellos al propio Gregorio, que fue destinado a la sede arzobispal de Tesalónica. Cuando apareció por allí, se encontró una ciudad presa de confusión y de descontento, una anarquía y una hostilidad a todo lo que estuviese relacionado con Juan Cantacuzeno. La mayor parte de los rebeldes estaba constituida por un movimiento en el que militaban, principalmente, monjes independientes, pobres, mendigos y habitantes provenientes de otras ciudades ocupadas por los serbios. El estado de alarma social era grande.

Ya que Gregorio compartía de manera manifiesta las posiciones de Cantacuzeno, no fue aceptado como arzobispo por parte de los habitantes de la ciudad. Gregorio marchó al Monte Athos donde estuvo dos meses y sólo después de que Cantacuzeno renunciase a imponer el orden en la ciudad, San Gregorio Palamas pudo acceder a ella en diciembre de 1350. Pronto se mostró como pacificador y conciliador, llegando a decir literalmente lo siguiente en su primera homilía en la ciudad: “Verdaderamente hemos caído en un precipicio, verdaderamente hemos caído en una serie de pecados. Tenemos que liberarnos de esta guerra fratricida y mostrarnos benevolentes con nosotros mismos y con los demás”. Su tranquilidad apenas duró seis meses, pues nuevamente se reanudó el ataque contra los exicastas, esta vez por parte de Nicéforo Gregoras. Después de diversas tentativas de mediación, el emperador convocó un sínodo en el año 1351, que condenó a Nicéforos y a los arzobispos que lo apoyaban. El mismo emperador firmó el acta y ésta se puso sobre el altar de la iglesia de Santa Sofía en Constantinopla. Esa decisión fue aceptada por toda la Iglesia Ortodoxa y poco a poco, fueron a menos las reacciones contra los exicastas.

Relicario del Santo venerado en la catedral de Galato (Rumanía).

Relicario del Santo venerado en la catedral de Galato (Rumanía).

Juan Paleólogo y la reina madre, que vivían en Tesalónica, no se dieron por vencidos e iniciaron una nueva lucha contra Cantacuzeno, pero sus ambiciones pronto se vieron derrotadas y propusieron la mediación de Gregorio Palamas para reconciliarse con el emperador. Pero Palamas no pudo conseguirlo, porque mientras iba a Constantinopla, fue obligado a retroceder a Callipolis, que pocos días antes había sido ocupada por los turcos. Palamas y su séquito fueron hechos prisioneros. Como los turcos se dieron cuenta de la importancia de Palamas, pidieron un alto rescate y hasta que no se pagó lo que pedían, cambiaron a Gregorio de cárcel, llevándolo a Lampsakos, Prussa y Nicea. San Gregorio tuvo que soportarlo todo durante más de un año pero le compensaba el que al ser trasladado tantas veces, entraba en contacto con diversas comunidades ortodoxas e incluso llegó a discutir con teólogos musulmanes. Cuando fue liberado, marchó a Constantinopla y se encontró una serie de cambios en la Iglesia. Juan Cantacuzeno había abandonado el trono y había entrado voluntariamente en un monasterio, mientras que el patriarca Calixto había dejado su puesto a Filoteo Kokkinos, que era amigo de Gregorio Palamas.

En el verano de 1355 llegó a Constantinopla el obispo latino de Esmirna enviado por el Papa Inocencio VI, el cual solicitó entrevistarse con Palamas y hablar directamente con él acerca de la procedencia del Espíritu Santo. San Gregorio expuso sus tesis ante el enviado del Papa, que permaneció en silencio, bien porque no quiso discutir con un ortodoxo (eran considerados cismáticos) o lo que es más probable, porque no tenía suficiente formación teológica. Terminada la disertación de San Gregorio, el obispo Pablo de Esmirna reconoció ante el emperador que Gregorio era muy sabio, pero que era incapaz de llegar con él a ninguna conclusión. El comportamiento del enviado papal era en realidad parte de un proyecto mucho más amplio, orquestado por Juan V Paleólogo, con la intención de llegar a algún acuerdo teológico con la Iglesia Católica a cambio de recibir ayuda militar por parte de Occidente.

En septiembre de 1355, Gregorio se volvió a Tesalónica, donde finalmente, pudo dedicarse tranquilamente a su actividad pastoral. Allí murió el 14 de noviembre del año 1359, con sesenta y tres años de edad, mientras decía: “¡A las alturas! ¡A las alturas!”. Fue obispo doce años, pero parte de este tiempo tuvo que pasarlo fuera de su sede. Fue canonizado por el patriarca Filoteos de Constantinopla, nueve años después de su muerte.

Urna de San Gregorio Palamas en Tesalónica, Grecia.

Urna de San Gregorio Palamas en Tesalónica, Grecia.

Culto
San Gregorio Palamas murió el 14 de noviembre de 1359. Sus restos fueron colocados en la iglesia de Santa Sofía que era, en aquella época, la catedral de Tesalónica. Cuando en el año 1525 la iglesia fue transformada en mezquita, llevaron sus reliquias a la nueva catedral, la actual iglesia de San Gregorio Palamas, donde actualmente se encuentran dentro de una urna de plata. Según nos cuenta Filoteo Kokkinos, San Gregorio había realizado milagros en vida y después de su muerte llegaron noticias a Constantinopla acerca de nuevos milagros realizados por él. En el monasterio atonita Megisti Laura pronto se le tributaron honores de santo.

Inmediatamente después de su muerte, el patriarca Calixto (1354-1364) envió a Tesalónica un documento laudatorio, que fue redactado a petición de un grupo de personas, compuesto por clérigos y laicos de Tesalónica, convocados y presididos por la reina madre Ana. En 1364, el Patriarca Filoteo compuso un “Encomio” (texto de alabanza) y oficio litúrgico en honor de Gregorio, celebrando una misa en su honor. También gracias a este Patriarca nos ha llegado una amplia biografía del santo.

El Santo Sínodo de Constantinopla, en el mes de abril de 1368 (nueve años después de su muerte) incluyó a Gregorio Palamas entre los santos del calendario de la Iglesia de Santa Sofía, acto que corresponde a su canonización oficial por parte de la Iglesia Griega. Aunque en muchos países ortodoxos es conmemorado el segundo domingo de la Ortodoxia (Gran Cuaresma), en Tesalónica se le conmemora el día de su muerte. En los dos próximos artículos trataremos sobre sus obras y sus enseñanzas teológicas.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– PANAGHIOTIS, Christou, “Bibliotheca sanctorum orientalium”, Tomo II, Città N. Editrice, Roma, 1999
– MARTZELOS, G., “San Gregorio Palamas y la nueva teología occidental” (Actas de la conferencia teológica en honor del santo), Tesalónica, 1986
– VV.AA. “Edición de las Obras completas: Gregorio Palamas, Syngrammata”, vol. I-VI, Tesalónica, 1962.

Enlaces consultados (13/09/2013):
http://www.imth.gr/ (Web de la Mitropolia de Thessaloniki)
http://en.wikipedia.org/wiki/Gregory_Palamas

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12 pensamientos en “San Gregorio Palamas, arzobispo de Tesalónica: vida y culto

  1. Hola Antonio, como siempre minucioso y muy cuidado tu trabajo. Aquí te va una duda. En la foto de la urna se ve al fondo una pintura semejante a las representaciones de la dormición de la Theotokos. ¿Además de ella, se representa así el transito de otros santos como parece indicarlo esta imagen?
    Saludos.

    • Si, es normal representar la muerte de los santos de esa manera. Hay infinidad de iconos referidos a muchos santos ortodoxos: San Sabas el cenobiarca, San Serafin de Sarov, San Gregorio Palamas, San Gregorio Karslidis y muchísimos otros. No es raro encontrar un sepulcro de un santo en el que detrás del mismo esté pintada de esta manera su tránsito a la otra vida.

      • Ok, gracias por responder. Me parece un tema iconográfico muy significativo. Lastima que en occidente estemos llenos de imagenes ñoñas, sin méritos estéticos ni simbólicos, y peor aún, de horribles figuras en fibra de vidrio, hechas en serie y que no transmiten nada.
        Saludos.

        • Buf, no me tiréis de la lengua con ese tema, que echaré sapos y culebras. De todos modos, ahora los iconos también se hacen en serie, todos iguales. También han perdido parte del encanto y la originalidad que tuvieron en tiempos pretéritos, aunque eso sí, siguen siendo muchas veces un trabajo artístico mucho más elaborado que las figuras de resina o fibra de vidrio.

  2. Muchísimas gracias, amigo Toño, por compartirnos una vida muy completa y un trabajo bastante extenso. Por mí no te preocupes, que puedo leer sin cansarme, jejeje.

    En fin, mi completo respeto y veneración por San Gregorio Palamas que dejó todo lo que la vida en palacio le ofrecía para seguir su verdadero llamado, eso sí, sin renunciar a sus estudios liberales que le abrieron la puerta a los espirituales. Algo que admiro de los monjes ortodoxos es esa vida de oración tan profunda que sin perder el contacto con la realidad se encuentran con Dios. Yo, como muchos otros, comprendemos la necesidad de la oración personal en la vida diaria, que el culto comunitario no sustituye por mucho que aquí nos congreguemos con una misma intención; se complementan. En la liturgia comunitaria comulgamos con nuestros hermanos y Dios y en la oración privada es Dios con nosotros. Sin embargo, sin acción ambas son inútiles.

    Leyendo detenidamente el artículo, el santo vivió cuando el Imperio bizantino ya estaba decayendo y a merced de los turcos, razones que impulsaron al emperador en turno buscar ayuda en el occidente para salvar su dominio y entre tantas concesiones políticas, económicas y comerciales, tuvo que contemplar la unión unilateral, sin consultar a sus súbditos, los que validaban su poder como monarca. A mi ver, aunque en el papel, esa unión, aunque fructificara, sería inválida al no haber aceptación ni deseo verdaderos. Hoy esos errores del pasado nos deben enseñar que la unión de los cristianos jamás debe llevarse a cabo con coacción ni presunción de primacía de poder, sino en el servicio. No creo que nuestro santo de hoy fuese un entusiasta uniata, después de todo, la Iglesia ortodoxa es tan verdadera como la católica occidental.

    Esperaré con ansias tus artículos sobre sus obras y teología.

    • Yo estoy de acuerdo contigo en la necesidad imperiosa de la oración, en la personal y en la comunitaria y, como también tu dices bien, siempre acompañada de la acción. Pero le doy más valor a la oración comunitaria que a la personal, si entendemos por esta solo el momento en el que estamos directamente conectado con Dios, hablando con Él, como cuando hablamos con un amigo por el móvil.

      En la oración comunitaria (Misa, Liturgia de las Horas, etc.) es toda la Iglesia la que está en oración y eso para mi tiene más valor que “una llamada de teléfono”.
      Lo que pasa es que para mi, la oración individual no es esa llamada telefónica (estoy abusando del símil), sino la vivencia constante en la presencia de Dios, el saber que toda tu vida está entregada a Él, que siempre Él está presente en ti y ser consecuente con esto.

      Te cuento una confidencia: cuando el la Nochevieja están dando las campanadas que anuncian el Año Nuevo, al mismo tiempo, desde siempre, yo rezo el “Actiones nostras….”, con la intención de que en todo el año, me acuerde o no en cada momento, cada momento de mi vida sea un momento de oración. Yo se que el contestarte a este comentario es oración, el comer puede y debe ser oración, la charla con un amigo tomando una cerveza puede y debe ser oración, etc. Toda la vida es oración si se tiene la intención de que toda tu vida lo sea, de que tu vida sea una constante alabanza a Dios y no solo cuando estás de rodillas, recogido, meditando o recitando alguna plegaria. No se si me he explicado bien.

      Y con respecto a la Unidad, completamente de acuerdo contigo: tiene que salir del convencimiento mutuo y no de la conveniencia de una de las partes. Y por supuesto, nosotros no tenemos ninguna exclusividad y las Iglesias Ortodoxas son tan Iglesia de Cristo como lo pueda ser la Iglesia Católica.

  3. Después del razonado comentario de Alejandro, ¿qué puedo decir? No conocía a este Santo salvo por haberlo visto mencionado en diversos artículos tuyos, Antonio, y sobre todo de Mitrut.

    Yo no soy muy aficionada a los santos jerarcas ni a las controversias de religión y poder del Imperio Bizantino, me parece que muchas veces se pierden en semántica y retórica y se “aterriza” poco en cuestiones y valores que realmente son fundamentales en la vida cristiana o al menos, útiles para el pueblo. Lo que no significa en absoluto despreciar estos debates ni insinuar que estas jerarquías políticas y eclesiásticas se perdían en divagaciones y no estaban en lo que tenían que estar, aunque un poco sí que me transmiten esa sensación.

    Pero siempre es útil aprender de estas cosas y te agradezco mucho que nos hayas compartido esta información. Para mí, este artículo es casi más de Historia que de hagiografía, lo que lo vuelve tremendamente útil. Y las fotografías, ni mencionarlo: son una completa maravilla.

    • Pues espera a los que se publicarán mañana y pasado mañana, en los que entraremos en sus escritos y en su teología.
      Recomiendo que para entenderlos hay que leerlos despacio porque son bastante áridos para nuestra mentalidad, ya que él escribe sobre todo en defensa de la práctica exicasta que a la mayoría de nosotros en Occidente nos queda como algo lejano, casi no práctico.

      Digamos que la “hagiografía” está no solo en el relato de su vida, sino también de su pensamiento, de su obra. Yo en plan simplón, llamaría trabajo hagiográfico a los tres artículos en su conjunto.
      No ha sido un trabajo fácil de hacer – gracias especialmente a la Bibliotheca sanctorum ha podido salir adelante – pero había que hacerlo, porque San Gregorio Palamas es un pensador ortodoxo muy importante y creo que no solo a ellos, sino también a nosotros, nos interesa conocer su pensamiento.

  4. Toño:

    De puro nombre y de oidas conocía a este santo. Gracias por este artículo en el que lo he conocido mejor. Sobre lo que se ha comentado no puedo decir más, cero que es suficiente. Pero te voy a comentar que me gusta leer y escuchar las palabras de origen griego: Palamas, exicata, kokkinos. paleólogo…
    Y al respecto no me queda claro que etimología tiene Palamas.
    Por otro lado, al comienzo del artículo, haces referencia a la Biblitheca sanctorum orientalum. Esta bibliografía ¿está redactada y estudiada por occidentales? Me queda la impresión que los latinos conocen más de lo que suponía a los griegos. y si esto es como lo supongo, ¿los griegos alguna vez han intentado conocer a nuestros santos latinos?
    Finalmente es una novedad para mi que el nombre de Elder sea de origen griego y más antiguo de lo que suponía. Hay un obispo latinoaméricano llamado Elder Cámara, arzobispo de Recife en Brasil. Fue muy famoso debido a su interés por los derechos humanos. ¿Qué significa Elder?
    Gracias.

    • Por lo que yo se, Palamas es apellido y no se lo que desde el punto de vista etimológico, significa. En esto no te puedo ayudar.
      Lo que si se es que es un Elder: es un viejo y experimentado monje, modelo de santidad monacal, un referente para los demás monjes.

      La Bibliotheca sanctorum orientalium, consta de dos voluminosos tomos, escritos en italiano, complementarios de la Bibliotheca sanctorum, editados por Città Nuova Editrice bajo los auspicios del Vaticano y en la que han participado prestigiosos hagiógrafos y profesores tanto occidentales como orientales, tanto católicos como ortodoxos. Si a la inversa existe alguna publicación similar, no lo se. Al menos, no la conozco.

  5. Dear Antonio,
    you are great. An article about St. Gregory Palamas, what a great wonder. Thank you! This saint is re-evaluated in any new generation of theologians, especially in the Orthodox countries.
    And what a life> intense, great, full of everything. It is a wonder to me how this great saint could combine hesycheia *grk. = silence with the tumultous life in the church, in the byzantine politics, even in the “external affairs” with the Western Theology, even more of that with the muslims who have just plundered the Holy Mountain.
    Such a great theologian is born maybe once in 500 years, if I am allowed to say that.
    Thanks for this beautiful article

    • Gracias a ti por tu amabilidad, mi querido amigo.
      Realmente, a mi San Gregorio Palamas, me ha fascinado desde el primer momento en que leí algo sobre él. Creo que fue un hombre muy polivalente: un gran pensador, un gran místico, un trabajador nato, un buen polemista y un gran pastor.
      Estoy de acuerdo contigo en que personas así, no nacen todos los días y se que su doctrina ha tenido y tiene una gran influencia en el pensamiento ortodoxo. Es una pena que en Occidente sea tan poco conocido. Espero haber contribuido un poquito a que se le conozca.

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