San Neagoe Basarab, príncipe rumano

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Icono ortodoxo rumano del Santo.

Icono ortodoxo rumano del Santo.

Neagoe Basarab fue un erudito voivoda de Valaquia en la Edad Media. Su forma de gobernar le hizo ser conocido como “el príncipe de la paz”. Él es famoso por la magnífica iglesia que construyó en Curtea de Arges y por las enseñanzas a su hijo, Teodosio, una de las obras rumanas originales más tempranas, que pueden ser comparadas con “El príncipe” de Maquiavelo.

Vida de Neagoe
San Neagoe Basarab lleva el nombre de la dinastía Basarab, que gobernó en Valaquia sin interrupciones desde la fundación de este principado rumano, situado entre los Cárpatos y el Danubio. Oficialmente fue el hijo del gran magistrado (“mare vornic”) Pârvu Craiovescu y su esposa Neaga. Algunos dicen que fue hijo ilegítimo de Basarab IV el Joven (voivoda de Valaquia, 1477-1482). Pârvu cuidó de él y lo envió a las mejores escuelas de la época, dándole una educación renacentista, lo que era muy raro en los principados rumanos medievales. Así, él aprendió las “siete artes liberales” y viajó a Europa occidental y al Imperio Otomano. De vuelta al hogar, aprendió griego, latín y antiguo eslavo, y poco después formó parte de la alta administración de la cancillería del voivoda como chambelán (“postelnic”) y gran chambelán (“mare postelnic”, 1501-1510) y gran comisario (“mare comis”, 1510-1511). El período en el cual vivió estuvo marcado por una lucha interna por el trono entre los nobles de Craiova y los de Târgovişte. Parece que estuvo implicado en la batalla de Văcăreşti (1512), que terminó con la decapitación del anterior voivoda, Vlad el Joven, y con la instalación de Neagoe como voivoda el 23 de enero de 1512, con el apoyo de su familia y la armada turca de Mehmed Beg.

Habiendo subido al trono, promovió el desarrollo de misiones diplomáticas y comercio con los húngaros, y reorganizó su armada. Su política exterior no fue un simple deseo de mantener buenas relaciones con las dos grandes potencias, Hungría y el Imperio Otomano, sino que intentó mantener el equilibrio entre esas dos potencias, aunque secretamente planeó una coalición contra el peligro turco. En 1517 Neagoe y Esteban IV de Moldavia (1517-1527), el hijo de San Esteban el Grande, enviaron un embajador a la Santa Sede. Los dos voivodas se comprometían junto con sus sucesores, Pedro y Teodosio (los hijos de Neagoe), respectivamente, y Esteban y sus hijos, a participar juntos con otros príncipes cristianos en la cruzada contra el sultán Selim (1512-1520).

Detalle del Santo y de su esposa, Elena Despina, en el Ateneo Rumano.

Detalle del Santo y de su esposa, Elena Despina, en el Ateneo Rumano.

En lo que se refiere a política interna, Neagoe se identificó siempre con sus ancestros de la dinastía Basarab, refiriéndose a sí mismo como “Neagoe Basarab” en todos sus documentos. Este título le permitió arrogarse el derecho al trono. Es más, quería ser visto como el mecenas de la Iglesia, llevando a cabo la misma política que Radu el Grande (1495-1508), el príncipe que le ayudó en su futura carrera política. El voivoda Radu intentó, durante su reinado, reorganizar la Iglesia en Valaquia y trajo para ello al exiliado patriarca de Constantinopla, Atanasio III Patelario, que era de facto metropolita de Valaquia entre 1504 y 1507. Debido a que el patriarca no aceptó la disolución del matrimonio de Radu, el voivoda lo mandó de vuelta al monte Athos. En abril de 1508, Radu murió y fue enterrado en Dealu, en un monasterio que había construido y en agosto del mismo año, Nifón murió en Dionisiou, en Athos, con fama de santidad. La tradición dice que Radu murió de una extraña enfermedad después que Nifón lo maldijera. Es más, las tradiciones dicen que la tumba de Radu despedía un fuerte hedor y tenía gusanos.

Neagoe parece haber amado su predecesor y quiso rehabilitarlos a ambos póstumamente. En 1515 trajo las reliquias de San Nifón y las puso en la tumba de Radu en Dealu. El cronista Gabriel Protul, que escribió la vida de San Nifón, hace constar que tras una noche de vigilia, Neagoe tuvo una visión y vio una fuente de mirra fluir del ataúd de Nifón hasta la tumba abierta de Radu. El cadáver del voivoda maldito se pudo descomponer a partir de ese momento, y fue el signo de que Nifón había perdonado a su oponente. Neagoe envió de vuelta las santas reliquias en un ataúd de plata, pero el cráneo permaneció en Valaquia.

Neagoe quería ser póstumamente recordado por su piedad, por ello construyó la catedral de Curtea de Argeş, una obra maestra de la arquitectura que originó varias leyendas. La consagración de esta catedral tuvo lugar en presencia del patriarca ecuménico Teolipto I el 15 de agosto de 1517, el día de la Dormición de la Virgen. Este acontecimiento está asociado con la previa canonización local de un Santo, Nifón de Constantinopla, que fue oficialmente proclamado al día siguiente, el 16 de agosto de 1517. Neagoe es el fundador de la nueva catedral del metropolitanato de Târgovişte (destruido en el siglo XIX) y ayudó a muchos monasterios locales (Tismana, Cozia) pero especialmente a los viejos convento del monte Athos, Sinaí y Siria. Un obispo local llamado Calínico hace constar en una carta que Neagoe enviaba cada año, de su reino, 10000 aspers (el akce turco, una moneda de plata usada en el Imperio Otomano en aquella época, que pesaba unos 0,75 gramos) para Koutlomousion, 3000 a Zografou, 2000 a Xenophon, 4000 a Rusikon y 7000 a Chilandari.

Fresco votivo del Santo junto a su esposa y sus hijos. Catedral de Arges (Rumanía).

Fresco votivo del Santo junto a su esposa y sus hijos. Catedral de Arges (Rumanía).

Vida familiar
Neagoe se casó en 1504 con Elena (o Militsa Despina), la hija de Iovan Brankovic, sobrino de Máximo Brancovic, el metropolita de Valaquia en aquella época y de Jorge Brancovic (1427-1456), el gobernador de Serbia. Tuvieron seis hijos: Teodosio, Stana, Pedro, Juan, Ruxandra y Angelina. Ruxandra y Stana fueron posteriormente esposas de voivodas de Valaquia y Moldavia (Ruxandra fue esposa de Radu de Afumati de Valaquia y Stana lo fue de Stefanita IV de Moldavia). Pedro, Juan y Angelina murieron jóvenes, en vida de su padre. Teodosio quedó como el único sucesor posible de Neagoe, que murió de tuberculosis el 15 de septiembre de 1521, con sólo cuarenta años de edad. Su corto reinado fue un período de estabilidad local y prosperidad, y permaneció en el recuerdo local como un santo voivoda que realmente vivía su fe. Su hijo Teodosio, siendo menor de edad, reinó bajo la regencia de su madre, Elena Despina, y su tío Preda Craiovescu sólo durante tres meses. Su trono fue usurpado por Vlad IV Dragomir. Después de un breve regreso, fue definitivamente exiliado con su madre Elena a Constantinopla, donde murió el 22 de enero de 1522 por una plaga de tuberculosis.

Las enseñanzas de Neagoe Basarab a su hijo, Teodosio
San Neagoe permaneció en la memoria del pueblo rumano y de la tradición ortodoxa a través de su trabajo titulado “Las enseñanzas de Neagoe Basarab a su hijo Teodosio”, que es una de las primeras obras de la literatura rumana que combinan el testamento de un voivoda dirigido a su hijo con conocimiento filosófico, pedagogía, homilética y otras ciencias teológicas, además del saber enciclopédico del siglo XVI. Neagoe intentó darle a su hijo y pretendido heredero a su trono, Teodosio, la enseñanza acerca de cómo convertirse en un auténtico gobernante cristiano, de acuerdo con la tradición oriental, respetando la forma de vida bizantina, porque Neagoe se consideraba un verdadero heredero del Imperio Bizantino, que había desaparecido 50 años antes de su reinado. Las enseñanzas son de índole moral y espiritual, pero también un código de buen comportamiento.

La opinión de Neagoe era que un hombre debe mantener el equilibrio en todas las cosas que hace. Así había sido en su política local y exterior, de modo que permaneció en la Historia como el “Príncipe de la paz”. De acuerdo con sus enseñanzas, el ser humano es la criatura por la cual Cristo se encarnó y se sacrificó. Así pues, el gobernante cristiano debe mostrar la justicia y la compasión a la hora de juzgar a sus siervos, del mismo modo que Cristo, el Justo Juez, lo hace. La principal enseñanza del libro entero es que el primer deber de un príncipe es hacer justicia incluso a los más pobres, y que el propósito de gobernar no es obtener poderes personales, sino ejercer la justicia, de acuerdo con las enseñanzas de los Evangelios. El inicio del libro muestra cómo Neagoe entendía su misión como voivoda de Valaquia: “Mi querido hijo, por encima de todo debes honrar y orar incesantemente al grande, bondadoso y compasivo Dios, nuestro sabio creador: durante el día y la noche, en todo momento y en todo lugar. Y debes realmente glorificarlo incesantemente, con continua voz y cantos, al que nos hizo y nos trajo de la oscuridad a la luz y de la nada al ser. ¡Oh, qué grande es tu misericordia, oh Señor, y lo que tu mente desea para nosotros, los seres humanos! ¡Oh, grande y maravilloso misterio! ¡Oh, quién pudiera decir todos tus poderes y predicar Tu gloria! Dios, en su gran misericordia, moró entre nosotros los humanos, y se nos ha mostrado…” (Edición rumana, Editura Litera International, Bucharest, 2005, p. 21).

Sepulcro del Santo en la iglesia Arges (Rumanía).

Sepulcro del Santo en la iglesia Arges (Rumanía).

Después de enseñarle las bases del dogma cristiano, Neagoe explica los pasajes bíblicos que tratan el arte de gobernar, empezando con los Libros de Samuel y de los Reyes: la unción de Saúl, la Sabiduría de Salomón y sus sucesores en el trono. Continúa sus enseñanzas con extractos de la vida de Constantino y la historia de Barlaán y Josafat, bien conocidas en la Edad Media no por las enseñanzas para un gobernante, sino por su ascetismo. El segundo libro es una recopilación de documentos y parábolas contemporáneas del Physiologus. Precisamente en la quinta palabra de este libro Neagoe inicia las enseñanzas prácticas en torno al arte de gobernar. En la séptima palabra (“slovo”) escribe: “Hijo mío, si quieres ser el ungido de Dios, tienes que cantar todas las canciones y jugar a todos los juegos, porque así es apropiado para el Gobernante: él alegrará a sus soldados; pero tú no debes regir tu mente de acuerdo a esas canciones, si quieres permanecer entero (puro)” (p. 177). Esta actitud no es la descrita por Maquiavelo en su “El príncipe”, que creía que la moralidad y la política eran contrarias y que un príncipe debía aplicar principios inmorales con tal de conseguir su objetivo. Para Neagoe, el principal objetivo está supeditado a las reglas de la moralidad y del bien común. Posteriormente escribe: “Dale suficiente bebida a tus soldados, tanta como necesites, y bebe tú también, pero manteniendo la medida, para que tu mente pueda sobreponerse al vino y el vino no se sobreponga a tu mente, para que tu mente conozca los pensamientos de tus siervos, y no las mentes de tus siervos conozcan tus pensamientos…” (p. 178).

En su décima palabra, Neagoe escribe cómo un gobernante debe cuidar los pobres (p. 215). Más adelante, describe cómo la autoridad del gobernante debe combinarse con la ternura: “Si los siervos ve mayor sensatez en su gobernante, lo sirven justamente y le hacen gran honor. Si lo ven débil de mente, lo tienen como gobernante sólo por su nombre. Porque los siervos sirven a su señor tal cual lo ven, según su justicia” (p. 220). Neagoe no era el típico gobernante victorioso. Su visión de cómo un príncipes debía gobernar era enteramente cristiana: “No sabemos nada (no aprendemos nada) de los sellos de los fuertes príncipes y emperadores, sino sólo de sus buenas obras -si las hicieron- sólo éstas no perecerán hasta el final” (el llamado Epílogo, duodécima palabra, p.256).

Icono ortodoxo rumano del Santo.

Icono ortodoxo rumano del Santo.

El libro de Neagoe finaliza con una larga oración “hecha por él cuando su alma marchó al Señor Jesucristo”, que contiene palabras dirigidas a Jesucristo, la Virgen María y todos los Santos, seguidos por una enseñanza dirigidas a sus hijos (lo que significa que fue escrita mucho tiempo antes de su muerte, cuando tenía más hijos), hijas, nobles y siervos. Una sola cita más merece ser mencionada aquí: “y si queréis saber cómo podéis enviar vuestras posesiones al reino de los cielos, oíd al bendito Juan Crisóstomo cuando dice: enterrad vuestras posesiones en el seno de los pobres, que están hambrientos y sedientos, sobre los cuales Nuestro Señor Jesucristo dice que son sus hermanos” (p. 278).

Una historia plagiada en la Edad Media
El monumental trabajo de Neagoe fue escrito en 1513-1521. Fue escrito en viejo eslavo y traducido al rumano sólo cien años después, en 1654. Un interesante descubrimiento del investigador italiano Luca Santo ha mostrado cómo las enseñanzas de Neagoe fueron usadas en otros países. Descubrió el manuscrito del libro de la biblioteca de Vallicelliana, datado entre 1528-1565, y sabiendo que el autor del manuscrito, tal cual viene escrito, es el archiduque Basilio III de Rusia (1479-1523) y dirigido a su hijo, Iván IV el Terrible (1530-1584). El poseedor del manuscrito era Teodoro Mamalachos, el embajador del zar ruso Iván IV, que lo envió a Constantinopla con el libro traducido al griego, para mostrar los principios cristianos de los gobernantes rusos. Después de su investigación, el patriarca de Constaninopla reconoció a Iván IV el título de zar, que es la versión eslava de “César”, o lo que es lo mismo, un legítimo sucesor de los emperadores bizantinos. Iván el Terrible es el primer zar de Rusia.

El descubrimiento llamó la atención de un licenciado rumano, el Dr. Ion Dumitriu-Snagov, que cotejó el texto de Iván con el original de Neagoe. El copista había olvidado quitar o sustituir los nombres Neagore, Teodosio, Neaga (la madre de Neagoe), Stana, Ruxandra y Angelina -las hijas del voivoda rumano. El erudito rumano escribió un artículo sobre su descubrimiento en un volumen titulado “Monumenta Romaniae Vaticana” (1996) y otro en el “Magazin istoric” (1997).

Grabado de los símbolos de la lápida en la tumba del Santo. Iglesia de Arges (Rumanía).

Grabado de los símbolos de la lápida en la tumba del Santo. Iglesia de Arges (Rumanía).

Veneración de Neagoe Basarab
Neagoe Basarab fue enterrado en su iglesia de Argeş, que se convirtió en el siglo XX en la iglesia-necrópolis de los reyes rumanos. Por su sabiduría y su fe, como se ve en su libro y en su vida, el santo príncipe Neagoe fue canonizado por el Santo Sínodo de la Iglesia Ortodoxa Rumana durante su reunión del 8-9 de julio de 2008. La proclamación oficial tuvo lugar en la explanada junto a la catedral patriarcal el 26 de octubre de 2008, junto con San Jacinto de Vicina, el primer metropolita de Valaquia, y San Dionisio el Exiguo (el humilde), el “padre de la era cristiana”. San Neagoe Basarab es conmemorado el 26 de septiembre.

Troparion (himno) del Santo
El más sabio voivoda entre los gobernantes de la nación rumana, fundador de santos lugares, amigo de los santos padres, maestro iluminado por el Espíritu Santo y gran amante de la paz, Santo Príncipe Neagoe, ¡ruega a Cristo, nuestro Dios, que salve nuestras almas!

Mitrut Popoiu

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4 pensamientos en “San Neagoe Basarab, príncipe rumano

  1. Estimado amigo Mitrut,
    Muchas gracias por este artículo sobre San Neagoe Basarab.
    Si realmente llevó a la práctica lo que le recomienda a su hijo, fue realmente un príncipe de la paz merecedor de ser puesto como modelo de príncipe que está para servir a su pueblo y no para ser servido. Seguro que en su vida como príncipe cometería errores, pero si ese era su espíritu, fue un príncipe santo.
    Para mí, esta actuación y su piedad son mayores signos de santidad que el mecenazgo realizado hacia la Iglesia: “Debes honrar incesantemente a Dios, se sensato como gobernante, solo las buenas obras no perecen, entierra tus posesiones en el seno de los pobres que están hambrientos y sedientos…., son consejos que demuestran que fue un gobernante santo y que quería que su hijo siguiera sus pasos.
    Comparándolo con otros príncipes y reyes medievales que veneramos como santos, parece que San Neagoe les sacó la delantera en el camino hacia la santidad.

  2. Yo diría que es oportuno comparar la obra de Maquiavelo y la de Basarab sólo en cuanto ambas son consejos para gobernar adecuadamente, pero en nada más, ya que se cae en comparaciones poco rigurosas. La obra de Maquiavelo, que fue un gran humanista, es de espíritu renacentista, mientras que la de Basarab es más medieval, con ideas y concepciones del gobernante que son medievales y que tienen sus paralelos en la Edad Media Occidental -que terminó antes en Occidente que en Oriente precisamente porque allí surgió antes el Renacimiento-. Por tanto, “El príncipe” de Maquiavelo es una obra humanista y renacentista, las “Enseñanzas” de Basarab es una obra medieval. Como tal, la primera participa de la mentalidad renacentista del gobernante y la segunda, de la mentalidad medieval.

    La utopía del príncipe justo y cristiano ya se había esbozado en Occidente, de la manera en que Basarab la plantea, mucho antes, por tanto. El problema es que era sólo una mentalidad “teórica”, de cara a la galería. Una cosa era la teoría y otra la práctica. Los gobernantes medievales europeos -tanto laicos como eclesiásticos- dejaron bastante que desear en virtudes cristianas y esos ideales se quedaron en el papel; llevando una práctica muy distinta en la realidad y de cara a sus súbditos y siervos. Al menos, Maquiavelo fue honrado; su ideal de príncipe no es precisamente algo deseable -exalta a un gobernante despótico, cruel, retorcido y deshonrado, en fin… lo que no en vano se ha venido a llamar “maquiavélico”- pero al menos, él, como humanista, fue honrado. Recomendó lo que se esperaba de un gobernante, retrató lo que era un gobernante de su época y de épocas pretéritas. No disfrazó un lobo de cordero ni tuvo por Santo lo que de Santo no tenía nada (y con esto señalo con el dedo a los que canonizaron a San Canuto, a Santa Olga, y a otros tiranos semejantes, y no tiranos, pero cuya santidad se reduce a una vorágine fundadora de edificios religiosos y a llenar el bolsillo de la alta jerarquía eclesiástica). Comparados con éstos, al duro Maquiavelo le salva su honradez.

    Con esto no pretendo decir que Basarab no fuese honrado ni juzgo a quienes le han canonizado, ¡ni mucho menos! Es más, si realmente se comportó como él predicaba, bendito sea; pues parece ser de lo mejor que se le podía pedir a un gobernante de la época; aunque actualmente incluso eso deje bastante que desear, pues nada es mejor que una democracia limpia y plenamente participativa (¡algo que también brilla por su ausencia en nuestros días!). Pero no leo en el artículo que aplicara esos ideales que él predica para su hijo. Tampoco que hiciese lo contrario; aunque dices que llegó a voivoda tras una batalla y la ejecución de su antecesor; lo que no es precisamente algo pacífico; también dices que jugaba a dos bandas, intentando mantener en público un equilibrio con los turcos pero conspirando en secreto contra ellos… ¡algo que precisamente Maquiavelo recomienda en “El príncipe”! Por lo tanto, lejos de mí el juzgar y cuestionar a este gobernante, pero intuyo que su canonización tiene más que ver con las iglesias y monasterios fundados y con la espiritualidad cristiana de sus escritos, que con sus actos como gobernante.

    Gracias por este estupendo artículo que me permite conocer más a fondo la historia de Rumanía, de la que antes de llegar tú, querido Mitrut, sabía de poco a nada.

  3. Debo decir que cuando se menciona Rumania o Valaquia me acuerdo del emblemático y controvertido Vlad Tepes, mejor conocido como Drácula

    El santo de hoy, hermano Mitruit, es el autor completamente opuesto al trabajo mejor conocido de Nicolás Maquiavelo, muchas veces citado y pocas veces bien leído y entendido. En una época en la cual los gobernantes buscaban consolidar su poder muchas veces deshaciéndose de sus rivales mediante las intrigas palaciegas, muchas veces con el beneplácito de la jerarquía eclesiástica en turno, que llegaban al asesinato, quiso gobernar siguiendo el ejemplo evangélico. No pocos sin duda lo habría tachado de débil y mojigato, y hasta idealista. Mejor dicho, soy yo quien lo idealiza y ya caigo que también hizo esas alianzas dobles con tal de mantenerse en el poder en un tiempo crítico, en el cual Europa Balcánica desaparecería bajo el dominio turco.

    El día de hoy necesitamos y exigimos esa clase de gobernantes y personas en el mando, pero el poder absoluto corrompe absolutamente y es una plaga que infecta hasta las raíces más profundas. Necesitamos verdaderos gobernantes que vean por quienes los elegimos y privilegien al pueblo por encima de los intereses de los partidos en turno y no se olvide de los pobres, no sólo con asistencia social, sino colaborando en que la pobreza disminuya y haya menos nuevos pobres y mayor igualdad social, justo y equitativo reparto de la riqueza y cero tolerancia a la corrupción. Una verdadera democracia.

    Gracias hermano por darnos a conocer la historia de este santo y de Rumania.

  4. Thank you for the commentaries. I did not read Machiavelli, I admit that. In any case, the writing of Prince Neagoe is a deep christian one. The way how he understands the art of ruling is marvellous. He understands himself as prince who has not a priviledge, but a big responsibility for the good of the nation and for its morality. Indeed, today who can speak about morality in the politics? Maybe politically correctness, which is far to be a morality.
    I don’t know if Neagoe was proclaimed saint from political considerences. It may be also like that. But a chronicler from his time defines him as a very religious ruler, preoccupied more with the divine services and prayer than with the political business.
    In any case the saints among rulers have always another type of saintity. These may have many black spots in their biographies, but they are saints because they ruled conforming with the divine law, for maintaining peace and helping the people to live a life according to the christian law. They aren’t to compare with the ascetics in the mountains or desert, or with the bishops. Their responsibility is different.
    “Now there are diversities of gifts, but the same Spirit. And there are differences of administrations, but the same Lord. And there are diversities of operations, but it is the same God which worketh all in all. But the manifestation of the Spirit is given to every man to profit withal. For to one is given by the Spirit the word of wisdom; to another the word of knowledge by the same Spirit; To another faith by the same Spirit; to another the gifts of healing by the same Spirit…” 1 Corinthians 12,4-9

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