¡Oh Emmanuel!

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Natividad. Fresco ortodoxo en la catedral de la Asunción, Varna (Bulgaria).

Natividad. Fresco ortodoxo en la catedral de la Asunción, Varna (Bulgaria).

El mundo está desesperado, muchos pueblos padecen hambre, las catástrofes naturales se ensañan con los más débiles y estas catástrofes muchas veces son la consecuencia de las actuaciones de los poderosos contra el planeta que nos sustenta. Confiamos en nosotros, en nuestros medios, pero muchas veces, nuestros progresos son ridículos. Esperamos que los poderosos de este mundo, que las grandes cabezas pensantes, políticos y científicos nos salven, pero en realidad nos desilusionan. Son muchos los intereses creados, los problemas y las soluciones son complejos y nunca atajamos en profundidad los problemas de fondo.

Necesitamos que alguien venga, que tenga poder sobre todos y que se quede con nosotros; lo añoramos, estamos expectantes ante su venida. Nuestro Dios lo sabe y lo pone a nuestro alcance, para que el Enviado camine junto a nosotros y nos guíe en nuestras decisiones. “Pues bien, el Señor mismo va a daros una señal. He aquí que una virgen está encinta y va a dar a luz a un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel (Dios con nosotros)” Isaías, 7, 14. Eso es lo que necesitamos, un Dios que se asiente entre nosotros, que se quede con nosotros, que se ponga a nuestro lado, que sienta como nosotros, que nos conozca a fondo, que sepa cuáles son nuestras debilidades y nos ayude a superarlas.

Jesús es ese Dios, pero también es nuestro hermano y amigo, que nos ayuda a cargar con nuestras debilidades, que es capaz de curarnos, de darnos leyes de amor que nos hablen al corazón, que convierta nuestros corazones de piedra en corazones de carne: “Yo les daré otro corazón y pondré dentro de ellos un espíritu nuevo: arrancaré de su cuerpo el corazón de piedra y les daré un corazón de carne, a fin de que sigan mis preceptos y observen mis leyes” (Ezequiel, 11, 19-20), un “corazón revestido de profunda compasión, que practique la benevolencia, la humildad, la dulzura y la paciencia” (Colosenses, 3, 12).

De esa forma, comprenderemos nuestras faltas y sabremos disculpar las ajenas, no juzgaremos, no condenaremos, no desconfiaremos. Sabemos que tenemos un legislador que nos da su ley de amor: “Amaos los unos a los otros como yo os he amado” (Juan, 13, 34) y un Salvador: “Nuestro gran Dios y Salvador, Jesucristo” (Tito, 2, 13). Jesús, Emmanuel, ven ya y no tardes, ven a salvarnos, Señor y Dios nuestro.


O Emmanuel,
Rex et légifer noster,
Expectatio Géntium et Salvador earum:
Veni
Ad salvándum nos,
Dómine, Deus noster.
Oh Enmanuel,
Nuestro rey y legislador,
Esperanza de las naciones y Salvador de los pueblos,
Ven
A salvarnos,
Señor, Dios nuestro.

Antonio Barrero

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

4 pensamientos en “¡Oh Emmanuel!

  1. ¿Hasta cuándo¡ ¿Cuánto tiempo más tenemos que esperar para que el Emmanuel se haga presente enmedio de Nosotros y con Nosotros? Como marcha el mundo, necesitamos ser no sus agentes, sino enviados del Emmanuel que trae paz, consuelo, amor, justicia y sabiduría. Hay hombres y mujeres de buena voluntad entre esos políticos y personajes influyentes que son de buena voluntad, pero ante la masa de corruptos son poco menos que impotentes. No hemos comprendido aún el Evangelio y por ello estamos como estamos. ¡Ven pronto, Señor Jesús!

    • Siempre se ha dicho que si se mete una manzana podrida en un cesto de manzanas sanas, se pudren todas, pero yo pienso que si un hombre sano, lleno del Espíritu de Dios, se mete en un contexto donde abunden los que van solo a sus quehaceres, los que piensan solo en si mismos, ese hombre sano y santo, con su ejemplo puede ayudar a cambiarlo todo. Ejemplos tenemos a miles a lo largo de la historia, santos que santificaron su entorno, que en un principio les era adverso, pero a los que fueron capaces de darle la vuelta, como se le da a un calcetín.
      Un hombre santo, un seguidor del Emmanuel, sabe de sobras desechar lo malo y escoger lo bueno y enseñarle esto mismo a los demás.

  2. El significado más pleno de Emmanuel (Dios con nosotros) loadquiere cuando da el ejemplo de hacerse carne y vivir las limitaciones que nuestra condición impone: Fue traicionado, compartió el dolor de los pobres, las privaciones de los desherededados, sufrió dudas, tentaciones y hasta el tan humano miedo …

    • Es que estamos acostumbrados a idealizar a Cristo de tal manera que lo despojamos de su naturaleza humana. Como hombre, sintió y sufrió como nosotros, fue igual que nosotros, excepto en el pecado, tuvo sus dudas, sus vacilaciones, sus momentos de decaimiento, su cansancio físico, pero siempre se repuso porque estaba imbuido de Dios. Dios vivía en Él, Dios era Él. No nos olvidemos de su naturaleza divina, pero tampoco de su naturaleza humana: de ahí el que sea “Dios con nosotros”.

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