¡Oh Rey de las naciones!

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Detalle del Pantócrator en un mosaico bizantino. Baptisterio de Florencia, Italia.

Detalle del Pantócrator en un mosaico bizantino. Baptisterio de Florencia, Italia.

Cada nación está formada por uno o varios pueblos, que no quieren ser dominados por un imperio, sino que quieren formar una organización unitaria y respetuosa construida sobre la solidaridad de los unos con los otros. En todo caso, necesitan organizarse en una unidad supranacional que garantice que unas naciones no dominen a otras, ya que nuestro mundo está amenazado por las fuerzas del capital, interesado en explotar a los pueblos esquilmándoles sus riquezas o por naciones prepotentes que quieren dominar al resto de las naciones. Por eso surgieron las Naciones Unidas, que no siempre cumplen con su misión de garantizadora de paz y de no explotación de unos por otros.

Existen guerras, tensiones y luchas. Incluso en muchos Estados existen tensiones entre unos pueblos y otros, no se dan las condiciones favorables para que las autonomías sean compatibles con la solidaridad entre ellas y así favorecer la integración de la diversidad cultural y económica dentro del Estado. Necesitamos un Rey de paz que unifique las naciones bajo el signo del amor, que sea capaz de destruir las murallas que separan a los pueblos dentro y fuera de un mismo país. Y eso Dios lo sabe desde muy antiguo como nos lo demuestra la profecía de Isaías. Isaías había profetizado: “Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado. Estará el señorío sobre su hombro y su nombre será “Maravilla de Consejero”, “Dios Fuerte”, “Siempre Padre”, “Príncipe de la Paz” (Isaías, 9, 5). “Juzgará entre las naciones, será árbitro de numerosos pueblos. De sus espadas forjarán azadas y de sus lanzas, podaderas. No levantará su espada ninguna nación contra otra ni se ejercitarán más las guerras” (Isaías, 2, 4).

Icono ortodoxo griego que muestra a Cristo entronizado con el Tetramorfos (los cuatro evangelistas).

Icono ortodoxo griego que muestra a Cristo entronizado con el Tetramorfos (los cuatro evangelistas).

Éste es el Rey que nosotros anhelamos, el que de todas las naciones hace un solo pueblo, su pueblo, el Pueblo de Dios, el que consigue que entre todos nos comprendamos independientemente de las lenguas que hablemos. Unifica a todos los pueblos sin anular la idiosincrasia de cada uno de ellos, pero armonizándolos bajo una unidad liberadora que respeta la singularidad de cada uno. A todos los unifica como si fuéramos una sola familia, haciendo que nos sintamos hermanos unos de otros. Su reinado es un reinado de amor.

Pero Isaías también nos dice: “Yahvé dice esto: Yo he puesto en Sión por fundamento una piedra, una piedra probada, una piedra angular, preciosa, un cimiento estable; el que crea, que no se apresure” (Isaías, 28, 16) y ya en el Nuevo Testamento, San Pablo nos lo aclara, nos lo remacha: “Y ahora, en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejanos, os habéis hecho cercanos por la sangre de Cristo. Porque Él es nuestra paz, pues de ambos pueblos hizo uno solo, derribando la pared que los separaba” (Efesios, 2, 13-14).

Está claro: Cristo, el Mesías que nos nacerá dentro de tres días, es el único Rey de las naciones, Rey pacífico, Rey deseado, piedra angular de ese pueblo nuevo que llamamos Iglesia, familia de Dios, pueblo de Dios, familia donde todos nos sentimos integrados a pesar de nuestras diferencias. Ven, Jesús y salva al hombre que hiciste del barro de la tierra y elévalo hasta el cielo.


O Rex Géntium,
Et desiderátus eárum,
Lapisque anguláris qui facis útraque unum:
Veni
Et salva hóminem,
Quem de limo formásti.
Oh Rey de las naciones,
Y esperado por los pueblos,
Piedra angular que haces de los dos pueblos uno solo,
Ven
Y salva al hombre,
Que hiciste del barro de la tierra.

Antonio Barrero

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

2 pensamientos en “¡Oh Rey de las naciones!

  1. Por eso insistimos cada vez que rezamos el Padrenuestro, ya sea en misa o en la oración privada: “¡Venga a nosotros tu reino y hágase su Voluntad en la tierra como en el cielo!”. Y como declara el apócrifo “gnóstico” de Tomás, y el canónico de Lucas en su capítulo 17 versículo 21: “sepan que el reino de Dios está en medio de ustedes”, aunque más específico es el texto “gnóstico” de Tomás que enfatiza: “El reino de Dios está dentro de ustedes y fuera de ustedes”.

    El mundo como hoy está hace creer que el Reino de Dios ha perdido o se está retrasando y que está bajo el dominio de las fuerzas de las tinieblas. Yo creo que todo esto ocurre porque es el devenir del mundo que se ha perdido en sí mismo, no a sí mismo. El Reino de los Cielos es la hermandad de toda la humanidad que aún no se alcanza, no imperios “cristianos” que subyugan bajo el pretexto de proteger, en realidad amenazar. Cristo Jesús, con su cruz, nos libera.

    • Pero tu sabes de sobras, mi querido amigo, que el Reino de Dios ni se ha perdido ni se perderá nunca: está dentro de todo ser inocente, de buena voluntad, que busque la verdad y que se entregue a los demás. Ese es el Reino de Dios y está entre nosotros, dentro de nosotros, más cerca de lo que nos creemos.

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