Beato Josafat Kocylowski, obispo greco-católico mártir

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Foto del Beato con su atuendo e insignias de obispo.

Foto del Beato con su atuendo e insignias de obispo.

José Kocylowsli nació el día 3 de marzo del año 1876, en Pakoszówce, cerca de Sanok, en el seno de una familia de origen ruso. En aquellas fechas, era muy significativa la existencia de una frontera étnica entre familias de origen polaco, ucraniano o ruso, lo que llevaba pareja su pertenencia al catolicismo o a la ortodoxia. Los antepasados de nuestro Beato eran, como él, de origen ruteno (ucranianos greco-católicos). Su padre se llamaba Pedro Kocylowski, que habiendo sido administrador de Tyszkowskich, tenía una pequeña fortuna en la localidad donde residían y era miembro del Parlamento del distrito Lesko. Su madre se llamaba Catalina y procedía de una familia sacerdotal. En el seno de la familia nacieron cuatro hijos, dos varones y dos mujeres.

José, después de completar sus estudios elementales, se matriculó en la escuela secundaria de Sanok y más tarde, se trasladó a Sambora y a Jasla, donde en el año 1895 aprobó el examen de matriculación para poder ingresar en la Facultad de Derecho de la Universidad de Lviv. Interrumpió sus estudios durante dos años para inscribirse como voluntario en la escuela de artillería de Viena, llegando a alcanzar el grado de teniente, pero después de unos meses en Lviv, dejó el ejército y continuó sus estudios, estudiando filosofía y teología en el Colegio Ruso San Josafat de Roma. Fue un alumno muy activo, ejerció de bibliotecario, editó el folleto “Registro de los clérigos rutenos” e incluso fue tutor de los seminaristas más jóvenes. En el 1903 se doctoró en filosofía y cuatro años más tarde, en teología, ordenándose de sacerdote el día 6 de septiembre del año 1907. Ya siendo sacerdote, fue profesor de teología dogmática y vice rector en el seminario greco-católico de Stanislawów.

El 2 de octubre de 1911 decidió ingresar en un monasterio de la Orden Basiliana en Krekhiv, tomando el nombre de Josafat, dedicándose a dar conferencias a los seminaristas basilianos de Lviv y Lawrowie. En el año 1915, tras expulsar los rusos a los clérigos de sus seminarios, regresó a Kocylowski y a la muerte del obispo ordinario de la diócesis greco-católica de Przemysl, el Papa Benedicto XV no nombró obispo de dicha diócesis. Fue consagrado por el metropolita Andrés Szeptycki, el día 23 de agosto del año 1917. Como obispo desempeñó una intensa actividad no solo pastoral sino administrativa, social y educativa.

Fotografía del Beato ataviado con sus vestiduras e insignias de obispo.

Fotografía del Beato ataviado con sus vestiduras e insignias de obispo.

A principios del año 1918 creó una organización llamada “Eparchijalna Pomicz” dedicada a la ayuda de sacerdotes necesitados; y en octubre de ese mismo año apoyó el recién creado Consejo Nacional de Ucrania, llegando a ser miembro del mismo. Deseoso de mejorar las instituciones de su diócesis entró en conflicto con los gobernantes, conflicto que duró hasta el año 1923. En 1928 fue nombrado miembro de la Comisión de Acción Católica del episcopado polaco y ese mismo año publicó una carta pastoral invitando a todos sus fieles a participar en las elecciones parlamentarias.

Publicó una serie de cartas pastorales sobre la moralidad y el fortalecimiento de la fe católica, así como sobre la persecución que sufrían los ucranianos en la Unión Soviética. En septiembre del año 1939, después de la división de su diócesis entre las dos zonas de ocupación –soviética y alemana-, él permaneció en la zona soviética delegando en el padre Hryhoriy Lakota la responsabilidad diocesana de la parte alemana, pero sin hacer diferencia administrativa ni pastoral alguna, sabiendo que ambos regímenes eran totalitarios. En 1942 apoyó la creación de una comisión de ayuda a las personas que padecían hambre física y como único obispo greco-católico fue a Cracovia para participar en las conferencias episcopales organizadas por el obispo Adam Stefan Sapieha.

El régimen nazi alemán lo acusó de dar refugio a los judíos en los locales de su diócesis, pero él no se amilanó y en noviembre de 1943, junto con otros obispos rutenos escribió una carta defendiendo a los judíos y advirtiendo contra la violación de los derechos humanos, los principios de la fe y de la ética cristiana. Esta carta, sin duda alguna, tuvo cierta relación con los sangrientos acontecimientos acaecidos en Volyn.

Después de cruzar el frente soviético-alemán y del establecimiento de una nueva frontera entre Polonia y la Unión Soviética en el año 1944, se marchó al lado polaco de su diócesis, a la ciudad de Przemysl. Hay quienes dicen que esta decisión tuvo como finalidad el conseguir apoyo gubernamental polaco, por lo que fue desacreditado por las autoridades ucranianas, que le obligaron a que los sacerdotes que pasaran de uno al otro lado de la frontera tuviesen que ser subvencionados por el obispo y prestar juramento de fidelidad a las autoridades soviéticas. Él se negó, afirmando que los sacerdotes podían desplazarse por su diócesis y que solamente estaban obligados por juramento ante la Santa Sede.

Foto del Beato en 1943.

Foto del Beato en 1943.

El 11 de abril de 1945 fueron detenidos el metropolita de Lviv, José Slipyi y otros obispos rutenos con la intención de aniquilar a toda la jerarquía greco-católica en Ucrania. Los obispos católicos polacos trataron de protegerle contra las represalias soviéticas, pero él, sabiendo que muchos de sus sacerdotes habían sido deportados a campos de concentración dentro de la URSS y que él mismo sería arrestado, escribió una carta el 19 de marzo de 1945 al padre Francis Bardy en la que le decía: “En caso de peligro, las principales obligaciones de los clérigos es proteger a sus fieles y evitar la profanación del Santísimo Sacramento. Fue arrestado el 20 de septiembre de ese mismo año y encerrado en la cárcel del castillo de Rzeszów. Ante esto, los obispos polacos se reunieron en Czestochowa para hacerse cargo de los sacerdotes uniatas que habían quedado en territorio polaco y que no tenían pastor.

En Rzeszów fue también encarcelado el padre Basilio Hrynyk. Al obispo Kocylowski lo acusaron de colaboración con los alemanes, pero no pudieron probar esas acusaciones. Ambos presos fueron trasladados a Mosciska, donde gozaron de una cierta libertad y donde les dejaban celebrar la Divina Liturgia, pero pronto les plantearon una alternativa: o se pasaban a la Ortodoxia o serían deportados a Siberia. Ellos no aceptaron aunque algunos sacerdotes uniatas, por miedo, habían roto sus lazos con Roma, pasando a la jurisdicción del Patriarcado de Moscú. La Iglesia greco-católica ucraniana fue oficialmente abolida.

El 16 de enero de 1946 fue deportado a la URSS, pero solo una semana más tarde y gracias a la intervención del episcopado polaco, con la aprobación de las autoridades soviéticas, volvió a Przemysl. Esto desató la furia del Ministerio de Seguridad Pública con el argumento de que su presencia alteraría las deportaciones de los ucranianos a la Unión Soviética, por lo que el 25 de junio de ese año fue nuevamente detenido por la policía secreta, que lo entregó al Ministerio del Interior soviético bajo la acusación de realizar propaganda antisoviética, colaboración con los alemanes y mantener contactos con los metropolitas ucranianos fieles a Roma.

Reliquias del Beato en Lviv (Ucrania).

Reliquias del Beato en Lviv (Ucrania).

Él, antes de su detención, se enteró del nuevo riesgo que corría, pero decidió no escapar confiando su destino a la Divina Providencia. Después de una corta estancia en Lviv, lo llevaron a un campo de prisioneros, donde fue torturado hasta dejarlo sin capacidad de moverse ni de alimentarse. El 21 de febrero de 1947 fue declarado culpable de actividades antisoviéticas, siendo enviado a un gulag (campo de trabajos forzosos), concretamente al de Czapajiwka, cercano a Kiev, donde murió el 17 de noviembre de 1947, destacando siempre por tratar de normalizar las relaciones entre los polacos y los ucranianos según el espíritu del Evangelio.

El decreto de martirio fue aprobado por el Beato Papa Juan Pablo II el día 24 de abril del año 2001, siendo beatificado por el mismo Papa en Lviv (actual Ucrania), junto con otros mártires greco-católicos, el día 27 de junio de ese mismo año.

Antonio Barrero

Bibliografía
– VV.AA, “Bibliotheca sanctorum”, Apendice I, Città N. Editrice, Roma, 1987
– RYSZARD, T., “Kwestia ukrainska w Polsce w latach 1923-1929”, Cracovia, 1989.

Enlaces consultados (06/12/2013):
http://www.przemyska.pl/ (web de la diócesis de Przemusl)

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Santos Bonosa, Zósima y compañeros mártires de Porto

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Pintura decimonónica de Santa Bonosa. Iglesia de Santa Maria in Trastevere, Roma (Italia).

Pintura decimonónica de Santa Bonosa. Iglesia de Santa Maria in Trastevere, Roma (Italia).

La mártir de la que me propongo hablar hoy es muy poco conocida fuera de Roma, dado lo poco que se sabe de ella, pero se trata de una mártir histórica por las numerosas pruebas documentales y arqueológicas presentes. También es una Santa fácilmente confundible con una mártir de las catacumbas, por la disposición actual que presentan sus reliquias -en figura yacente de cera- y por el hecho de que existen muchas otras Santas de este mismo nombre -Bonosa, en latín, “la buena”, “la bondadosa”, “la que hace el bien”- que sí son mártires de las catacumbas, pero que en modo alguno deben ser confundidas con la mártir romana de la que hablamos aquí; fácilmente distinguible, por otra parte, porque es conmemorada junto con su hermana, Zósima, y otros compañeros mártires.

Información epigráfica
En el año 1837, cerca de una milla de las murallas de Porto (Portus Romanus, una bahía cercana a Roma -próxima al Capo Due Rami, “Cabo de las Dos Ramas”- que, a juzgar por el topónimo, era usada como puerto) fue descubierto un fragmento con una inscripción en mármol. En ella se hablaba del martirio de los Santos Eutropio, Bonosa y Zósima; y de una basílica a ellos erigida por un obispo llamado Donato en el mismo lugar donde los tres Santos estaban sepultados. Este epígrafe es la mención más antigua de la mártir Bonosa. En 1858, tras algunas exploraciones que se realizaron en varios puntos del territorio de Porto, salieron a la luz otros fragmentos de inscripciones que De Rossi reconoció como pertenecientes a la descubierta en 1837. De esta manera se pudo recomponer el texto casi al completo, datándolo entre los tiempos del Papa San Dámaso y de Sixto III. Esta inscripción decía:

“Sanctis martyribus et beati(simis) / Eutropio Bonosae et Zosi(mae) / Donatus episc(opus) tumulum ado(rnavit) / sed et basilicam con(iunc)tam tumulo / a fundamentis sanctae plebi D(ei) contruxit”.

El primer fragmento (año 1837) fue fijado en el atrio del episcopado portuense y posteriormente, en 1954, fue regalado a la Pontificia Comisión de Arqueología Sacra del Museo Cristiano Pío Lateranense. En 1858, De Rossi, con otro grupo de fragmentos, recompuso una segunda inscripción, datándola en una época precedente a San Dámaso. En esta segunda inscripción aparece el nombre de Zósima, diciendo de ella que era “sancta soror”, es decir, hermana; evidentemente de Bonosa, como así viene indicada en el Martirologio Jeronimiano (Zosimae et Bonosae sororum), festejando a ambas Santas el día 15 de julio, cosa que posteriormente también hace el Martirologio Romano. La inscripción topográfica data del Martirologio Jeronimiano (in Porto Romano hoc est in insula) y confirma el lugar donde fueron descubiertas en los años 1837 y 1858 los fragmentos epigráficos relativos a estos tres mártires.

Martirio de Santa Bonosa. Grabado de Antonio Tempesta para "Istoria de molte sante vergini romane nel martirio", Istituto Nazionale dell'Arte Grafica, Roma (Italia).

Martirio de Santa Bonosa. Grabado de Antonio Tempesta para “Istoria de molte sante vergini romane nel martirio”, Istituto Nazionale dell’Arte Grafica, Roma (Italia).

En resumen, contamos con dos inscripciones datadas en torno a la época de San Dámaso que atestiguan la existencia de tres mártires llamados Eutropio, Bonosa y Zósima (estas dos últimas, hermanas entre sí) a los cuales un obispo de nombre Donato les construyó una basílica en el mismo lugar donde estaban sepultados, en la zona de Portus Romanus (Porto). En esencia, es la única información a la que deberíamos aferrarnos, no habiendo más datos fiables disponibles acerca de estos mártires, pero que bastan y sobran para autentificar su existencia histórica. Sin embargo, como viene siendo costumbre, con el tiempo esta breve y escueta referencia se vio “inflada” con la pertinente caterva de leyendas piadosas.

Passio de Santa Bonosa
Curiosamente, la passio que conservamos no hace mención alguna a Eutropio y Zósima, haciendo únicamente referencia a Bonosa. Esto ha hecho que los dos otros mártires hayan sido prácticamente ignorados u olvidados -a pesar de que Zósima era su hermana- y de que no los veamos representados artísticamente, al menos, yo no he sido capaz de encontrar más representaciones artísticas que las que muestran sólo a Bonosa, y que adornan este artículo. Esta passio, bastante tardía, no tiene ningún valor histórico precisamente por haber sido escrita siglos más tarde, concretamente, cuando se le dedicó una iglesia a esta Santa -a Bonosa, ella sola- en el Trastevere de Roma.

En ella se nos dice que Bonosa era de estirpe noble y que fue martirizada en el año 207, en tiempos del emperador Septimio Severo, “qui sese Pertinacem appellari voluit”, cosa que no tiene demasiado sentido si tenemos en cuenta que el emperador Publio Helvio Pertinax fue asesinado en el año 193. Se nos dice también que Bonosa, en la persecución desatada por Severo, fue capturada y torturada con crueldad -algo inconcebible si es que en realidad era noble-, siendo azotada y descoyuntada en el potro, mientras padecía una larguísima prisión. Durante este calvario, la mártir logró convertir a la fe cristiana nada menos que a cincuenta soldados (¿todo el regimiento presente en el pretorio?), a los que ella instruyó y luego envió al obispo de Roma para que los bautizara (!!). También estos soldados fueron torturados y martirizados con ella, que fue decapitada en los idus de julio en las puertas de la ciudad, con sólo 15 años de edad. Como se ve, no se hace ninguna mención a su hermana Zósima, ni al mártir varón llamado Eutropio; por lo que, teniendo en cuenta los errores cronológicos y lo exagerado de la cifra de los soldados convertidos, además de la omisión de sus otros dos compañeros de martirio, esta passio no tiene, como decíamos, ningún valor histórico.

Grabado de la urna de Santa Bonosa tal cual está en la iglesia de Santa María de la Merced y San Adrián en Roma (Italia).

Grabado de la urna de Santa Bonosa tal cual está en la iglesia de Santa María de la Merced y San Adrián en Roma (Italia).

Reliquias de los mártires
Demos ahora algunos datos sobre las reliquias. De Rossi dice haber descubierto, en la biblioteca de la escuela de medicina de Montpellier (Francia), un documento escrito en el año 1256, en el que Godofredo, monje de Claraval, se refiere a las reliquias de los Santos Eutropio, Bonosa, Zósima y Vicente que, desde Porto, fueron trasladadas a Claraval en el año 1227 por el cardenal Corrado d’Urach, a la sazón obispo de Porto en tiempos del Papa Honorio III. Este monje se acercó a Porto a fin de recabar información sobre estas reliquias, que se afirmaba habían estado puestas bajo el altar de la basílica portuense dedicada a San Lorenzo. Sin embargo, en Roma, en el Trastevere; había una iglesia dedicada a Bonosa, como ya hemos dicho, en la cual se veneraba a esta Santa con gran devoción, invocándola, curiosamente, como protectora contra las epidemias y enfermedades contagiosas, especialmente contra la viruela (¿acaso a causa de su nombre, Bonosa?). El monje, interesado por el tema, consiguió que el rector de esta iglesia le escribiese la gesta de la mártir y, siempre según De Rossi, esta sería la base de la passio que hemos relatado, posteriormente editada por Esteban Cappello, rector de la iglesia y publicada en el 1589 en las Actas Sanctorum.

Parece, por tanto, que las reliquias de estos mártires -Eutropio, Zósima y Bonosa, y un nuevo añadido, Vicente- fueron llevadas por el cardenal d’Urach a Claraval en 1227, pero como en 1256 consta la veneración de las reliquias de Santa Bonosa -trasladadas desde la iglesia de San Lorenzo en Porto- en su iglesia romana de Trastevere, parece que lo que marchó a Claraval fue sólo una parte de las mismas, quedando la mayoría en esta iglesia. La mención más antigua de la iglesia de Santa Bonosa en el Trastevere se encuentra en una Bula del Papa Calixto II, fechada el 17 de abril del 1121. También aparece en el Catálogo de Cencio Camerario en el 1192. Santa Bonosa fue venerada allí hasta que, en el año 1480, realizaron unos trabajos de restauración en el altar mayor. En agosto de 1838, después de haber estado durante un período de tiempo en la iglesia de San Apolinar, sus reliquias fueron llevadas nuevamente al Trastevere.

Vista actual de las reliquias de Santa Bonosa en la iglesia de Santa María de la Merced y San Adrián, Roma (Italia). Fotografía: Alvaro De Alvariis.

Vista actual de las reliquias de Santa Bonosa en la iglesia de Santa María de la Merced y San Adrián, Roma (Italia). Fotografía: Alvaro De Alvariis.

Sin embargo, debido a unas obras de reestructuración urbana, esta iglesia fue demolida en el año 1888 y no fue reconstruida en ninguna otra parte, por lo que ya no existe. Quedándose las reliquias de la Santa “sin hogar”, las monjas Canosianas las llevaron en peregrinación por varios templos e Institutos de la ciudad de Roma. Finalmente, en 1958 fueron puestas definitivamente en el segundo altar de la nave lateral izquierda de la parroquia de Santa María de la Merced y San Adrián, en la Via Tirso. Bajo este altar – que está dedicado a las Santas Felicidad y Bonosa – se encuentran actualmente dentro de una figura de cera en una urna de vidrio y junto a un vaso de cristal, de ahí, como decía, fácilmente confundibles con una típica mártir de las catacumbas o cuerpo santo. Su fiesta es el 15 de julio, día del martirio y en el cual está inscrita ella y sus compañeros en el Martirologio Romano.

Como decía al principio, existen otras mártires de nombre Bonosa: una cuyos restos están en el altar a la derecha de la iglesia de los Santos Marcelino y Pedro al Laterano, dentro de una caja de plomo colocada en una urna de mármol verde antiguo; y al menos, otras dos que son mártires extraídas de las catacumbas romanas: una venerada en el pueblo italiano de Paciano y otra, junto a un compañero varón llamado Magno, venerados en la iglesia de San Martín de Tours en Louisville (EEUU), aunque es posible que haya otras.

Meldelen

Bibliografía:
– VVAA, Bibliotheca Sanctorum (Enciclopedia dei Santi), Ed. Città Nuova, Roma 1988.

Enlaces consultados (04/01/2013):
– http://www.enrosadira.it/santi/b/bonosa.htm

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Beatos franciscanos mártires de Murcia

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Foto del beato Antonio Faúndez López.

Foto del beato Antonio Faúndez López.

Entre los mártires que fueron beatificados en Tarragona el pasado 13 de octubre hay un nuevo grupo de mártires franciscanos (Frailes Menores, Frailes Menores Capuchinos y Franciscanos de la Orden Tercera). Ellos ofrecieron sus vidas como testimonio de su fe en aquellos años de la guerra civil española del pasado siglo.

En este artículo quiero escribir solamente sobre dos de ellos; de los demás, si Dios quiere, lo haremos en otros artículos. Me estoy refiriendo a los dos franciscanos del llamado proceso de la diócesis de Cartagena-Murcia, proceso iniciado en dicha diócesis y cuya validez jurídica fue reconocida por la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos mediante un decreto emitido el 5 de junio del año 1992. Se preparó la “Positio super martyrio” que fue votada favorablemente por la Comisión de teólogos el 25 de septiembre del 2009 y por los cardenales y obispos, el 16 de noviembre del 2010. Finalmente, el Papa Benedicto XVI autorizó la publicación del decreto reconociendo el martirio de estos siervos de Dios, el 10 de diciembre del mismo año.

Aunque en esta misma Causa iban incluidos dos sacerdotes diocesanos, los beatos Pedro Sánchez Barba y Fulgencio Martínez García, yo en este artículo, a fin de no hacerlo excesivamente largo, me voy a ceñir exclusivamente a los dos frailes franciscanos, basándome en datos de la propia “Positio”.

Beato Fray Antonio Faúndez López, sacerdote franciscano
Nació en La Hiniesta, un municipio de la provincia y diócesis de Zamora, el día 23 de julio del año 1907, siendo sus padres Jorge Faúndez y Eugenia López, que tuvieron seis hijos. Nuestro beato era el quinto de ellos y fue bautizado a los dos días de nacer en la parroquia de Santa María la Real, imponiéndosele el nombre de Miguel. En esa misma parroquia sería confirmado el 9 de junio de 1916.

Era un chaval muy dócil y muy piadoso y con sólo doce años de edad ingresó en el Colegio Seráfico (seminario franciscano) de Cehegín, en la provincia de Murcia. Realizó el noviciado en el convento de Jumilla tomando el nombre de Antonio y sus votos solemnes los emitió en el convento de Orihuela (Alicante) el día 15 de agosto del año 1928. Era amable, cariñoso y muy sencillo y cuando terminó sus estudios de filosofía y teología, fue ordenado de sacerdote el 8 de febrero del año 1931 en el mismo convento de Orihuela, donde permaneció dos años.

Ceremonia del traslado de los restos a la iglesia murciana de La Merced.

Ceremonia del traslado de los restos a la iglesia murciana de La Merced.

Fue destinado como profesor de literatura al mismo Colegio Seráfico donde él había estudiado, compaginando este trabajo de profesor, con su ministerio como sacerdote, dedicándose a la predicación, a la dirección espiritual e incluso llegando a ser el director de la Juventud Antoniana (movimiento juvenil franciscano), ejerciendo todas estas actividades con un gran espíritu de humildad franciscana y de caridad.

El día 11 de marzo del año 1936, los milicianos asaltaron el convento de Cehegín y desde este momento tuvo de vagar de un lado a otro a fin de ponerse a salvo. En un primer momento se fue al convento de Lorca y desde allí, el 23 de julio marchó al municipio murciano de Altobordo donde se dedicó a la predicación. Regresó a Cehegín, posteriormente se refugió en Orihuela y finalmente, en Bullas en casa de unos amigos.

La tarde del día 11 de noviembre de 1936, los milicianos fueron a buscarlo a aquella casa con el pretexto de llevarlo ante el Comité local. Como él se imaginaba a lo que se enfrentaba, solicitó la absolución al padre Fermín García, hijo del dueño de la casa donde se había refugiado. Una vez en la calle, viendo que no lo llevaban ante el Comité sino a otro lugar distinto para ser asesinado, salió corriendo con la intención de ponerse a salvo, pero gritando “Viva la Virgen del Rosario y Viva Cristo Rey. Los milicianos comenzaron a dispararle y alcanzado por las balas, cayó asesinado en las calles de la misma localidad de Bullas. Tenía 29 años de edad.

Foto del beato Buenaventura Muñoz Martínez.

Foto del beato Buenaventura Muñoz Martínez.

Beato Fray Buenaventura Muñoz Martínez, franciscano
Nació el día 7 de diciembre del año 1912, en el distrito de Santa Cruz, en el término murciano de Llano de Brujas, siendo sus padres Antonio Muñoz Sánchez y Josefa Martínez Navarro, matrimonio profundamente cristiano y que se dedicaban a la agricultura. Fue bautizado al día siguiente de su nacimiento y se le impuso el nombre de Baltasar Mariano.

Cuando sólo tenía dos años de edad murió uno de sus padres y tres años más tarde, también murió el otro progenitor, haciéndose cargo de la familia el hermano mayor, llamado Antonio, que apenas tenía quince años de edad. Aun así, creció como un niño sano de cuerpo y de espíritu, aficionado a las prácticas devocionales, a la ayuda en la parroquia y al rezo diario del rosario. Iba al colegio pero esto lo compaginaba con el cuidado de los animales que había en su casa. Cuando su hermano mayor se casó, Baltasar Mariano se fue a vivir con él.

Hizo la primera comunión, con ocho años de edad, el día 27 de junio del año 1920 y con catorce años ingresó en el Colegio Seráfico de Cehegín (Murcia) a fin de prepararse a la vida religiosa como fraile franciscano. En el año 1930 inició el noviciado en el convento de Santa María la Real de las Huertas, tomando el nombre de Buenaventura al mismo tiempo que vestía el hábito franciscano. En el noviciado fue un modelo de novicio.

En el mes de abril del año 1931 tuvo que dejar el convento y regresar con su familia a causa de los primeros problemas que tuvieron los frailes con los milicianos de la República. Aunque volvió en pocos días al convento, tuvo que abandonarlo definitivamente el 24 de julio recién estallada la contienda civil.

En la madrugada del 4 de septiembre fue arrestado en su propia casa en presencia de su familia y junto con el sacerdote diocesano Pedro Sánchez Barba, conducido al lugar donde fueron fusilados. Su cuerpo ensangrentado fue recogido por sus hermanos algunas horas más tarde. Tenía veinticuatro años de edad.

Sepultura definitiva en la iglesia de La Merced.

Sepultura definitiva en la iglesia de La Merced.

El sábado 19 de octubre del pasado año, una semana después de su beatificación, los restos de los dos mártires franciscanos fueron trasladados a la iglesia de la Merced de Murcia, donde definitivamente quedaron sepultados. Como dije al principio del artículo, estos datos han sido extraídos de la “Positio”.

Antonio Barrero

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Virgen del Olvido, Triunfo y Misericordias

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Verdadera y prodigiosa imagen de la Virgen del Olvido, Triunfo y Misericordias.

Verdadera y prodigiosa imagen de la Virgen del Olvido, Triunfo y Misericordias.

Como ya vimos en el artículo de ayer, la Sierva de Dios Sor Patrocinio tuvo revelaciones de Jesús (el Cristo de la Palabra) y de la Santísima Virgen, concretamente la Virgen del Olvido, Triunfo y Misericordias. Con el fin de entrar en más detalles y para que no fuera muy largo el artículo de ayer, me pareció mejor idea dedicarle este apartado único, que bien lo merece.

Aparición
Era el día 13 de agosto de 1831, antevíspera de la fiesta de la Asunción de María, en torno a las cinco de la tarde. La Sierva de Dios Sor Patrocinio se encuentra con toda la comunidad de Concepcionistas Franciscanas de Caballero de Gracia rezando y cantando la oración de la tarde en el coro de este convento. La Sierva de Dios desvió su atención hacia otro lugar y entró en un profundo éxtasis; así, vio a la Santísima Virgen acompañada de una resplandeciente luz, acompañada de muchos querubines. Le presentó una pequeña y bonita imagen suya, que llevaba el glorioso San Miguel Arcángel, diciéndole, así, que venía con los títulos del Olvido, Triunfo y Misericordias.

La Virgen Santísima le confió a la Sierva de Dios Sor Patrocinio que su imagen venía enriquecida con muchas gracias para los verdaderos devotos, que se encargase de extender su culto y que la dejara en la Comunidad. También le dijo que, desde entonces, le quitaba el permiso a Satanás para atormentarla por sí mismo -como vimos ayer, Sor Patrocinio sufría los tormentos y tentaciones del diablo- y pusiera la figura del dragón amarrado a los pies de la Sagrada Imagen, que ella misma le atara con una cadena y pusiera ésta en las manos de la Santa Imagen, en señal de que Satanás quedaba sujeto. Todo esto lo cumplió la Sierva de Dios con total obediencia.

Informados sus superiores de la Orden Franciscana y su confesor, mandaron a la Sierva de Dios a escribir de su puño y letra todo lo acontecido aquella tarde, para que quedara constancia de ello, escribiendo ella misma esta prolongada y santa conversación:

Clamaba mucho en esta ocasión por las necesidades que tanto afligen a la Santa Iglesia y el Dulce Amor se me manifestó severo, airado y como dando muestras de que quería castigarnos.
Díjele: “Esposo mío, ¿para cuándo son vuestras misericordias?”
Díjome: “Pide, Esposa mía, que cuanto pidas seré liberal para concedértelo”.
Pedía sin límites; entonces, mi dulce Amor me manifestó el lastimoso estado en que se hallaba la Santa Iglesia. Moría de dolor y mis angustias crecían sobremanera.
Díjome mi dulce Esposo: “Paloma mía, mi amor no puede verte afligida; aquí tienes a mi Madre, que siempre será tu guía, consuelo y amparo”
.

Aparición de la Virgen del Olvido a sor Patrocinio. Mural del convento concepcionista de Guadalajara, España.

Aparición de la Virgen del Olvido a sor Patrocinio. Mural del convento concepcionista de Guadalajara, España.

Manifestóse de nuevo la Benditísima Virgen con esta preciosísima, potentísima e invictísima imagen en sus soberanas manos.
Díjome la Soberana y divina Señora: “Hija mía ¿porqué se contrista tu corazón, si todas las misericordias y tesoros de mi Hijo voy a poner en tus manos, por medio de esta mi soberana Imagen, para que las distribuyas en mi nombre a los mortales, segura de que las que hicieses por amor a tus hermanos, esas mismas confirmamos mi Hijo y yo, que soy tu Madre, en el cielo?”
Díjele: “Señora y Reina mía, ¿no veis la España; no veis los males que nos afligen?”
“Hija mía, los veo; pero no puede mi amor ser más benéfico para con los hombres. Ellos se olvidan de mí y retiran las misericordías; y por esto, a esta Imagen le darás el título misterioso del Olvido; para darles a entender que me han olvidado; pero yo que soy vuestra tierna y amorosa Madre, quiero poner a vista de todos los mortales en esta Imagen mía, que jamás mis misericordias se apartan de ellos”
.

Miraba yo con gran ternura a tan divino simulacro; cuando vi que mi invictísima Reina cogió un pañuelo de manos del Príncipe San Miguel, y aplicándole a la soberana llaga del costado de nuestro amante Jesús, lo empapó la divina Señora en sangre de aquel divino y deífico Corazón; y después, aquel pañuelo, así empapado, le puso sobre esta encantadora Imagen, y después ví que la soberana Reina rociaba a este pueblo con la sangre preciosísima.

Díjome luego: “Hija mía, ¿me amas?”, hasta tres veces.
Díjele: “Señora, mira, Vos sabéis que os amo y deseo ser toda vuestra”.
“Pues a tu solicitud y cuidado dejo el culto y veneración de esta sagrada imagen mía con el título de Olvido, Triunfo y Misericordias. Ella será la consoladora del mundo y todo afligido encontrará en mí, por la mediación de esta mi imagen, el consuelo. Al alma que rendida a sus pies me pidiese alguna cosa, jamás se la negará mi amor. Será el consuelo del mundo y la alegría de la Iglesia Católica y, por su medio, mi Hijo y yo recibiremos culto. Tú, hija mía, alcanzarás victoria del poder de Satanás, y tu Comunidad perfección en servirme”
.

La Sierva de Dios vestida de seglar en su destierro en Francia, sosteniendo a la Virgen.

La Sierva de Dios vestida de seglar en su destierro en Francia, sosteniendo a la Virgen.

Entregóme la soberana Reina esta portentísima Imagen, este encanto de los Cielos y la Tierra, y empezó en el Cielo una celestial música entonando la Salve y otros sagrados cánticos; todos los cortesanos del Cielo se daban parabienes. La Santísima Trinidad la bendijo, igualmente la Santísima Virgen María y después todos los cortesanos del Cielo llegaron a adorar a su Reina y Señora en esta soberana y encantadora Madre del Olvido.

Sagrada Imagen
Al siguiente día, la madre abadesa y la Sierva de Dios Sor Patrocinio buscaron por el convento una “imagen que tenían”. En cierta vitrina guardaba la perla escondida. Al verla, y no fue fácil el hallazgo, la joven S.D Sor Patrocinio exclamó llena de gozo: “Ésta, ésta es”. Pero la superiora nunca había visto esa imagen en aquella Casa. En la Comunidad nadie había visto nunca esa Sagrada Imagen y la madre abadesa sometió a largos interrogatorios a las Hermanas, sin obtener resultado alguno. Pidió la ayuda de a la autoridades franciscanas, que regían el convento de San Francisco el Grande, y a los ojos de éstos y de las Hermanas Concepcionistas, la Sagrada Imagen apareció y desapareció hasta en tres ocasiones.

De lo que sucedió se redactó un informe detallado y se remitió a la Santa Sede para su conocimiento. Consta que SS. El Papa Gregorio XVI tuvo especial interés por este asunto y gran devoción a la Virgen del Olvido. La respuesta de Roma consistió en redactar una Bula, en la que se permite el culto público a la Virgen María bajo la advocación de Nuestra Señora del Olvido, Triunfo y Misericordias, con la concesión de muchas gracias espirituales e indulgencias y otros privilegios singulares. Esta Bula se conservó por mucho tiempo hasta que en la guerra se perdió, cuando el convento de Caballero de Gracia fue saqueado.

Durante la vida de la Sierva de Dios, esta imagen la acompañó a todos lados, incluso en sus largos años de exilio en Francia. A su muerte, la Sagrada Imagen de la Virgen del Olvido, Triunfo y Misericordias es colocada en el altar mayor de la Iglesia convento del Carmen (Guadalaja). También hay un bonito mural que muestra la aparición, en la capilla-sepulcro de la Sierva de Dios.

Retablo mayor de la Iglesia-convento del Carmen, Guadalajara (España).

Retablo mayor de la Iglesia-convento del Carmen, Guadalajara (España).

Promesas de la Virgen a la S.D. Sor Patrocinio
“En tus manos voy a poner esta Sagrada Imagen y con ella todas las misericordias de mi Santísimo Hijo”.
“Ha vinculado al Señor en esta portentosa Imagen el alivio, consuelo y remedio de todos, y la alegría de la Iglesia Católica”.
“Al alma, que rendida a sus pies
(de la Imagen) me pidiera alguna gracia, jamás se le negará mi amor”.
“Cualquier población que expusiese y venerase a la Virgen del Olvido, Triunfo y Misericordias, se verá libre
(decía la Sierva de Dios) de las calamidades con que en otros puntos serían poblados, porque sería Ella como un pararrayos de la Divina Justicia, Arca de Noé y Refugio para librar a sus devotos”.

David Garrido

Bibliografía:
– GOMIS, fray Juan Bautista, OFM, La Sierva de Dios Sor Patrocinio, Gráficas Pontón, 1987.

Enlaces consultados (09/01/2014):
– http://forosdelavirgen.org
– http://www.sorpatrocinio.org/

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Sierva de Dios Madre Patrocinio O.I.C

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Verdadero retrato de sor Patrocinio a la edad de 46 años.

Verdadero retrato de sor Patrocinio a la edad de 46 años.

Tal día como hoy, hace 123 años, moría santamente en la iglesia-convento del Carmen (Guadalajara), sor Patrocinio O.I.C, conocida como la Monja de las Llagas. Una de las personas más relevantes en el siglo XIX español. El día 27 de abril de 1811 nacía en una finca agrícola llamada Venta del Pinar, perteneciente al término municipal de San Clemente (provincia de Cuenca), la niña María de los Dolores Josefa Anastasia Quiroga y Capopardo. Sus padres eran don Diego Quiroga y Varcárcel y doña Dolores Capopardo del Castillo, ambos de ilustres familias venidas a menos. Recibió el bautismo el 5 de mayo.

Los primeros años de su infancia fueron agitados por causa de la Guerra de la Independencia que sufría España, también fueron agitados por causas más cercanas, y es que su madre Dolores y una de sus hermanas, Ramona, llegaron a tomarle un odio tan extremo que continuamente le hacían sufrir. Cuentan que, en una ocasión, su hermana Ramona, en presencia de ella, agarró de malas maneras unas muñequitas vestidas de monja que tenía María de los Dolores y con una cuerda las ahorcaba. diciendo con burla y sarcasmo “Mira, Dolores, mira tus monjitas”, hecho que apenaba a la niña. Pero aún más grave fue lo que sucedió por parte de la maldad de su madre, y es que quería cometer un gran delito: un día, queriendo deshacerse de ella, le quiso dar para comer una tortilla envenenada, con la gran suerte que la sirvienta, consciente de sus malas intenciones, se la dio a comer a un gato doméstico, que pocas horas después murió.

Al fallecer su padre, don Diego, la Venerable marchó a Madrid con su familia y allí, en la capital, realizó varios estudios que la llevaron a ingresar como educadora de niñas en la Casa de las Comendadoras de Santiago en Madrid. Por tres años permaneció allí y su parienta, la marquesa de Santa Coloma, como también las Señoras Comendadoras, quisieron retenerla allí, apreciando su gran labor, sabiduría y virtudes. Estas virtudes, además de su gran belleza, tampoco pasaron desapercibidas para el joven Salustiano Olózaga, que por aquel entonces era un novato abogado (y futuro líder del partido progresista), quien la pretendió como esposa, a lo que ella se negó, viendo clara su vocación en la Orden de la Inmaculada Concepción. Años más tarde, la Providencia los volvió a reunir.

Pañito que se conserva, y que llevaba en su llaga del costado.

Pañito que se conserva, y que llevaba en su llaga del costado.

El día 20 de enero de 1830 profesó como monja en el Convento de Caballero de Gracia de Madrid, perteneciente a las Concepcionistas Franciscanas, orden fundada por Santa Beatriz de Silva. Tomó el nombre en religión de Sor María de los Dolores de San Rafael, mientras que el definitivo de Sor Patrocinio vendría después por voluntad en la Virgen durante un éxtasis (según las crónicas de Padre Gomis). Asistieron a la profesión notables autoridades de la época que también hicieron de padrinos suyos, como fue el caso de la marquesa de Santa Cruz.

Las llagas en Sor Patrocinio
Siendo el día 30 de junio de 1829, festividad de San Abdón y San Senén, aún estando de novicia la Sierva de Dios sor Patrocinio y a la edad de 19 años, recibió el primer estigma, que fue en el costado, semejante a la del mismo Redentor. Transcurridos unos meses, en las vísperas de fiestas importantes, recibió los estigmas de las manos y pies, recibiendo por último el de la cabeza, que podemos interpretar como la corona de espinas. A lo largo de su vida la acompañaron y fue sobrecogedor ver la gran efusión de sangre que brotaba de todas ellas. Fueron testigos oculares de estos hechos extraordinarios la madre abadesa y el Ministro General de la Orden Franciscana, entre otros muchos eclesiásticos y religiosas que dejaron constancia escrita de la veracidad de estos hechos (por esta razón, pasó a conocerse como la Monja de las Llagas). En un breve período de tiempo se le apareció el Cristo de la Palabra, bonito lienzo que tenían olvidado debajo de una escalera las Hnas de Caballero de Gracia, y le dijo: “Esposa mía, cuídame tú, porque mis esposas me han abandonado”. Y en el artículo de mañana veremos la aparición de la Virgen del Olvido, Triunfo y Misericordias, advocación mariana que siempre acompañó a la Vble sor Patrocinio.

La madre Patrocinio y la reina Isabel II, en una de sus visitas.

La madre Patrocinio y la reina Isabel II, en una de sus visitas.

Aparte de los estigmas y apariciones de Jesús y María, también recibió las tentaciones y tribulaciones del diablo: golpes, visiones fantasmagóricas, tormentos, etc; a fin de que resplandeciera su virtud. En una ocasión, tuvo una lucha demoníaca de tal magnitud que, en un arrebato, fue arrastrada hasta el mismo tejado del convento de Caballero de Gracia.

Persecución y destierros
De este suceso acontecido pronto se hicieron eco los enemigos de la fe, que malintencionadamente enredaron lo sucedido; y esto le costó un proceso judicial por “una impostura artificiosa y fanática y una tentativa de subvenir el Estado y favorecer la causa del Príncipe rebelde”. Fue enjuiciada con mucho alboroto de jueces, médicos, autoridades eclesiásticas, etc; todo por pensar que la “fama” de sus llagas y visiones eran perjudiciales a la corona reinante. De tal manera se sucedieron los hechos, que fue condenada por orden judicial y civil a salir del convento y entrar en la casa de arrepentidas de Sta María Magdalena, en Madrid. Siendo condenada finalmente el 25 de noviembre de 1836 “a que sea trasladada, con la decencia, seguridad y recato debidos a su estado, a otro convento que se halle al menos a distancia de 40 leguas de esta Corte”. De ahora en adelante, la Sierva de Dios Sor Patrocinio empieza un éxodo de convento en convento que socavó su salud: Talavera de la Reina (Toledo), Torrelaguna (Madrid), Madrid, etc. En Madrid finalmente se establece en dos de los conventos de la Orden, allí recibe la visita de la Reina Regente y su hija doña Isabel II, amistad que se fue acrecentando con el tiempo y se hizo estrecha, pero nunca, como se ha dicho, tuvo que ver en la política de la época. La propia monarca la describe así: «Dicha santa madre (Madre Patrocinio) jamás quiso mezclarse en política; y yo declaro que los que hayan querido decir o hayan dicho que había intervenido en asuntos políticos son unos viles y calumniadores». Y es que la Vble Patrocinio fue sólo consejera en lo espiritual de la Reina y de su marido don Francisco de Asís. Durante esta estancia en la capital es elegida maestra de novicias y en el año 1849 es víctima de un atentado.

Firma y fotografía de la Sierva de Dios a los 76 años.

Firma y fotografía de la Sierva de Dios a los 76 años.

Pero aquí no acaba su padecimiento. En 1849, el presidente Ramón Mª Narváez dio orden de desterrarla de Madrid, también se la intentó implicar en el atentado del Cura Merino contra la reina Isabel II. Es en 1852, por las presiones del político y jurista Juan Bravo Murillo al Nuncio de Su Santidad en España, que la Vble Sor Patrocinio tiene que marchar a Roma con el pretexto de que allí se pronunciarían con mayor acierto sobre su santidad, no llegando al destino, ya que enfermó en Francia y allí permaneció. En octubre de 1853 vuelve a España y se instala en Madrid. Aquí lleva a cabo sus fundaciones y reformas de monasterios, inaugurando escuelas gratuitas para la educación de niñas pobres en muchos de estos conventos y propagando la adoración perpetua al Santísimo, innovando de esta manera en la Orden de las Concepcionistas Franciscanas.

Fundaciones
La reina Isabel II, sabedora de la buena formación que se le daba a las niñas, le propone la fundación de más conventos y escuelas, fundando la Sierva de Dios en los Reales Sitios de La Granja, Lozoya, El Escorial, El Pardo y Loyola. Reformando también varios de ellos, sumando un total de 20, incluido el convento del Carmen, donde pasó su vejez y donde le llegó la muerte. Con las autorizaciones de los obispos franceses inició la fundación de una nueva Orden de la Inmaculada, con votos simples solamente y adaptada a las costumbres francesas, pero finalmente no la pudo llevar a cabo.

Extraditación
Pasados estos años tranquilos, la Sierva de Dios, que también gozaba de don de profecía, mientras rezaba vio cómo la corona de la Virgen caía y se quedaba enganchada en el vestidito del Niño Jesús, en este hecho vio la abdicación de la reina y el estallido de la revolución. Por expreso deseo del cardenal Cirila (arzobispo de Toledo) es conducida a Francia nuevamente, con el fin de salvar su vida, a pesar de que la madre estaba preparada para el martirio. Una vez en Francia, consiguió licencia para fundar conventos allí, cosa significativa ya que poco tiempo antes, la Virgen se apareció a Santa Bernardette diciéndole: “Soy la Inmaculada Concepción. En España, mientras tanto, muchos religiosos/as sufren persecución y varios de ellos/as alcanzan la palma del martirio, como la Sierva de Dios les profetizó años antes.

No acabando aquí las pruebas que le mandaba la Providencia, se ve sorprendida por la guerra francoprusiana que comenzó en 1871. Huyendo de este conflicto bélico, se encontró con el embajador de España en París, que a la sazón era Salustiano Olózaga, antiguo pretendiente y causante de difamaciones contra la Sierva de Dios. Él le ayudó a salir en tren hasta Bayona, en Guethary (Francia), visitó al nuncio de SS. Pío IX en París, quien en su nombre renovó sus facultades para fundar y reformar conventos tanto en Francia como en España. En 1877 volvió a España por decisión de rey Alfonso XII, tras permanecer 6 años en el país vecino. Ya establecida en el convento del Carmen, prosiguió con la tarea de fundar y reformar en Almonacid de Zurita, Madrid, Puebla de Alcócer, Cabeza de Buey, etc.

Tumba y capilla de la Sierva de Dios.

Tumba y capilla de la Sierva de Dios.

Muerte y proceso de canonización
A principios de la década de los años 90 del siglo XIX, se agravó su enfermedad de corazón e hígado yle produjo grandes fatigas y ahogos. Viéndose a las puertas de la muerte, pidió la bendición apostólica de SS. León XIII, siendo recibida un día después. También dejó a sus hijas consejos como éste: “La verdadera vida espiritual no consiste en hacer muchas cosas, sino que las que se hagan sean sólo por Dios, por su amor, caridad y obediencia a Jesús”, y pidió recibir la muerte en el suelo y no en cama, donde permanecía durante la enfermedad. El 27 de enero de 1891, en el convento del Carmen de Guadalajara, “sin mayor agonía”, en torno a las 4 de la tarde, a los ochenta años de edad, sesenta y dos de vida religiosa concepcionista y cuarenta y dos de abadesa en distintas comunidades; moría santamente, mirando fijamente a la Virgen del Olvido, la Madre de los Pobres, como se la conocía en Guadalajara.

Después de una vida llena de dones de Dios y de la Santísima Virgen del Olvido, pero también de dificultades, incomprensiones, destierros y calumnias, que incluso después de su muerte acompañaron a su persona, el proceso ordinario de beatificación y canonización se abrió en 1907, en 1930 se aprobaron los decretos de sus escritos y en 1995 se reconoció el valor jurídico de proceso informativo. En la actualidad, la causa permanece sin novedad y se espera un definitivo milagro para la beatificación, que quiera Dios que se obre pronto.

David Garrido

Bibliografía:
– GOMIS, fray Juan Bautista, OFM, La Sierva de Dios Venerable Sor Patrocinio, Gráficas Pontón, Guadalajara, 1987.
– RUIZ-ALBERDI, Cristina Mª, Breve resumen de la vida de Sor María de los Dolores y Patrocinio, Asociación Virgen del Olvido.

Enlaces consultados (07/01/2014):
http://www.franciscanos.org/
http://www.sorpatrocinio.org/
www.ssantabenavente.com

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