San Francisco de Sales, obispo de Ginebra y Doctor de la Iglesia (III)

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Escultura del Santo en la iglesia de la Magdalena de París, Francia.

Escultura del Santo en la iglesia de la Magdalena de París, Francia.

Su obra
Ya en el año 1637, o sea, quince años después de su muerte, se hizo una primera edición de sus obras en Toulouse. La mismísima Santa Juana Francisca se encargó de que se hiciera una nueva edición en París en el año 1641. Muchas otras ediciones se realizaron ya en el siglo XVII y después de una pausa en el XVIII, en el siglo XIX surgieron nuevas ediciones. En el año 1892, las hermanas de la Visitación de Annecy comenzaron a preparar una edición íntegra de todos sus escritos, que terminaron de salir en el 1932, constando de veintiséis volúmenes, los cuales se han traducido a los principales idiomas. Hagamos un pequeño repaso de sus obras.

Las «Controversias»
Fueron compuestas durante su apostolado en Chablais. Se trata de una serie de folletos, muy concisos en la forma pero que ilustran claramente las verdades de la fe católica y los errores de los calvinistas, defendiendo siempre la primacía de la cátedra de Pedro. De manera particular trata sobre la organización de la Iglesia, basada en la autoridad del Papa, los obispos y los concilios. Un texto relativo a la infalibilidad pontificia que fue citado en el Concilio Vaticano I.

La «Defensa del estandarte de la Cruz»
Es la respuesta a un opúsculo del ministro La Fayé que en el año 1600 negaba el culto a la Santa Cruz. En esta respuesta, demuestra con muchos argumentos, la legitimidad de esta veneración, utilizando numerosísimas citas de los Santos Padres y de otros escritores eclesiásticos de todos los tiempos.

«Introducción a la vida devota»
Sobre esta obra, ya dijimos algo en el artículo de ayer. Es un libro muy famoso, que fue publicado por primera vez en Lyon en el año 1609. Cincuenta años más tarde, o sea, en 1656, ya se había traducido a diecisiete lenguas. Sus orígenes deben buscarse en las cartas dirigidas a la señora Charmoisy – que era prima política suya – y a Santa Juana Francisca, siendo el jesuita Fourier quien lo impulsó a componer un libro, agregándole nuevas observaciones, cosa que hizo San Francisco. En su aspecto público esta obra toma forma de «Cartas a Filotea», nombre que en realidad se refiere a quien lo lee.

Este libro está dividido en cinco partes: preparación del alma para la devoción, los dos medios principales: oración y sacramentos, la práctica de la virtud, las tentaciones más comunes y la renovación espiritual. En el prefacio se expone claramente cuál es su objetivo: “Los autores que se ocuparon sobre la vida devota, casi todos se dirigieron hacia la instrucción de personas que estaban separadas del mundo o, por lo menos, enseñaron una devoción que conduce a este completo aislamiento. Yo, sin embargo, tengo la intención de instruir a todos los que viven en la ciudad, entre los empeños públicos y domésticos a los que se vean obligados según su condición”. Se inspiró en la Biblia y en los Santos Padres, especialmente en San Jerónimo, San Ambrosio, San Agustín, San Gregorio Nacianceno, San Juan Crisóstomo y San Bernardo; también en San Ignacio, Santa Teresa y otros. Incluso llega a citar a autores no cristianos, como Estrabón, Aristóteles o Plinio.

El Santo redactando su obra.  Iglesia de San Francisco de Sales, Strobl, Austria.

El Santo redactando su obra. Iglesia de San Francisco de Sales, Strobl, Austria.

«Tratado del amor de Dios»
Por primera vez se editó en Lyón en el 1616 y es el fruto de largas meditaciones sobre autores ascetas y místicos. Podríamos decir que es la obra maestra de su espiritualidad. Las fuentes principales fueron las Sagradas Escrituras (Salmos, Cantar de los Cantares, Jeremías, San Pablo…), los Santos Padres – sobre todo San Agustín -, los Doctores de la Iglesia – sobre todo Santo Tomás de Aquino – y algunos escritores ascéticos (Santa Ángela de Foligno, Santa Catalina de Siena, Santa Teresa de Ávila…). Desde un principio, esta obra fue objeto de muchas discusiones, porque el propuesto abandono total a la voluntad divina parecía insinuar el acceso a una total quietud, actitud que era defendida por varios autores franceses de la época y que era condenada por la Iglesia.

Esta obra la articula en doce libros, que podríamos esquematizar de la siguiente manera: Prefacio (1), el origen del amor divino (2), el progreso y la perfección en el amor divino (3), la caída y la ruina del amor (4), los ejercicios de amor divino (5, 6 y 7), las diversas formas del amor divino (8, 9 y 10), las excelencias de la virtud del amor (11) y sugerencias prácticas para amar al prójimo (12). En el prefacio dice qué es lo que pretende con esta obra: “Yo no he pensado en otra cosa, sino en representar con simplicidad y naturalidad la historia del nacimiento, el progreso, la decadencia, las operaciones, la propiedad, las ventajas y las excelencias del amor divino. El fin de esta obra es ayudar a las almas devotas, a fin de que puedan avanzar en su objetivo”. La realidad es que lo escribió pensando principalmente en las hermanas de la Congregación que él y Santa Juana había fundado.

Discursos
Sus discursos fueron publicados por primera vez por santa Juana Francisca en el año 1641. Eran ciento sesenta textos, setenta de los cuales estaban dirigidos a las hermanas de la Visitación. Los primeros son de la época en la que solo era sacerdote, pero son textos muy profundos, muy originales y muy doctrinales. Los restantes, los escribió siendo ya obispo. En estos discursos presenta los temas de manera muy singular, muy sencilla, pensando que todo el mundo lo entendiera y que no quedase solo para los intelectuales.

Cartas
Son una colección editada en doce volúmenes. En la primera edición, en el año 1626, se publicaron quinientas diecinueve cartas, pero en ediciones sucesivas se fueron aumentando el número de ellas, hasta llegar a más de dos mil. En estas cartas puede descubrirse la versátil y compleja personalidad del santo. En ella trata de muchísimos temas, lo que haría interminable la enumeración de los mismos, aunque si hay que decir, que lo que destaca en toda esta correspondencia es su deseo de ayudar a las personas. Escribe tanto a hombres como a mujeres, a seglares y a religiosos, pero hay que destacar las escritas a Santa Juana Francisca.

Relicario del santo.

Relicario del santo.

Opúsculos
Mencionemos las “Constituciones sinodales” (que son disposiciones sobre la vida de la diócesis), “Las advertencias”, dirigidas a los confesores, los “Reglamentos de vida”, las “Constituciones de la Congregación de la Visitación”, el llamado “Directorio” y otros muchos escritos de carácter moral y ascético.

Pero aunque San Francisco de Sales era un hombre de acción y un escritor, al mismo tiempo era un asceta y un místico, ascetismo y misticismo que tenían su fundamento en la teología, aunque en una teología que huía de las disputas: “Yo, por naturaleza, odio las contiendas y las controversias que no llevan a nada y que se resuelven en un inútil y locuaz espectáculo de vanidad”. Se preocupó de presentarla como una doctrina segura, basada en las Escrituras, los textos conciliares, los Padres y Doctores de la Iglesia. Su teología es la teología del amor divino y sobre él basa toda su construcción ascética y mística. Para él, la acción divina sobre el hombre está basada en el amor y Dios manifiesta su Providencia en la Encarnación y en la Redención. Es un amor que se realiza en todos los hombres mediante la gracia y que es susceptible siempre de un mayor perfeccionamiento. Sólo con el pecado puede el hombre romper esta relación amorosa.

El primer paso de acercamiento a Dios es el desprendimiento interior de todas las cosas humanas y un abandono total y generoso en la Providencia divina. Este amor se manifiesta de manera especial en la oración, que lleva a la contemplación y a un estado de quietud o santa indiferencia. El último estadio del amor se concretiza en una santa uniformidad con la voluntad divina; es un amor que se revela en la aceptación de cada cosa que le pase al alma, como las tribulaciones o los sufrimientos espirituales. Él sabe que alcanzar estos objetivos no es cosa fácil, pero cree que es posible para todos los cristianos, si llevan una conducta de vida, en la cual, el amor de Dios tiene un puesto predominante.

Para él, el modelo en el que hay que inspirarse es Jesús: “A menudo, en la contemplación de su Pasión, tu alma se llenará toda de Él, llegarás a conocer bien su forma de actuar y sus acciones, modelarán las tuyas. El es la luz del mundo; con Él, por Él y en Él, nosotros necesitamos ser iluminados. Estando cercanos al Salvador mediante la meditación y observando sus palabras, sus actos y sentimientos, aprenderemos, con la ayuda de su gracia, a hablar, a actuar y a querer como Él”. Para conseguir esta adhesión a su divina voluntad, él recomienda la oración sencilla y afectuosa, el sentirse en la presencia de Dios, la confesión y la comunión. En unos tiempos en los que se intentaba alejar a los fieles de la Eucaristía, él defiende la comunión frecuente, al menos, una vez a la semana, todos los domingos.

Tumba del Santo en Annecy (Francia).

Tumba del Santo en Annecy (Francia).

Él, asimismo, promueve que la virtud de la caridad debe estar rodeada de otras muchas virtudes. Mientras exalta las tradicionales virtudes de la castidad, pobreza y obediencia, insiste en aquellas que se podrían definir de carácter social, o sea, las virtudes cuyo ejercicio necesita siempre las relaciones con los demás.

Dicho todo esto, ¿cuál es la importancia histórico-religiosa de San Francisco de Sales? Muchísima. Mientras el mundo en el que él estaba inmerso tendía a secularizarse, a alejarse de Dios y de la Iglesia, él demostró que el Evangelio podía encarnarse en cosas concretas, adaptándose a las nuevas corrientes, a las nuevas mentalidades. Demostró que llegar a la santidad no era cosa imposible, sin tener que renunciar a la propia personalidad y respetando la individualidad de cada persona. Las pequeñas cosas de cada día, la vida ordinaria vivida cumpliendo nuestros deberes, pueden ser actos de amor que nos unan a Dios. Éste era un sabio mensaje a un mundo muy dado al pesimismo. El renacimiento de la Iglesia francesa del siglo XVII le debe mucho a San Francisco de Sales.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– CIONI, R., “Vita di San Francesco di Sales”, Florencia, 1942.
– DE LA HOZ, F., “San Francisco de Sales. Obras selectas”, Escuela gráfica salesiana, Sevilla.
– GONZÁLEZ, E., “La perfección cristiana según el espíritu de San Francisco de Sales”, Madrid, 1953.
– VAN HOUTRYVE, “El amor al prójimo según San Francisco de Sales”, París, 1944.
– VV.AA., “Bibliotheca sanctorum, tomo V”, Città N. Editrice, Roma, 1991.

Enlaces consultados (21/01/2014):
http://www.diocese-annecy.fr/
http://vistation-lourdes.webnode.fr/
http://commons.wikimedia.org/wiki/Category:Francis_de_Sales

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