Beata Rafaela Ybarra, madre de familia y fundadora

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Fotografía de la Beata.

Fotografía de la Beata.

Introduccción
La santidad es la unión con Dios y no es un derecho exclusivo de los sacerdotes o los religiosos, puede decirse, sin temor al error, que es una llamada para todos los bautizados, de los cuales los laicos son la gran mayoría. Es en el grupo de los laicos donde la mujer destaca más por la práctica de su fe. El Libro de los Proverbios se cuestiona: “Una mujer fuerte, ¿quién la hallará? Vale más que las perlas y el corazón de su marido confía en ella” (Prov. 31, 10-11). Y en la Iglesia la mujer ha puesto al hombre el ejemplo de cómo vivir el Evangelio, de cómo creer en Jesucristo, y sobre todo, de cómo actuar con caridad para mostrar la fe. Esto es lo que nos enseña la vida de la Beata Rafaela Ybarra, que tuvo un gran corazón y una destacada talla espiritual.

Nacimiento e infancia
Nació en Bilbao el 16 de enero de 1843, primera hija de cinco que tuvo la familia formada por Gabriel María de Ybarra y Rosario Arramburi; fue bautizada al siguiente día, recibiendo en las aguas lustrales los nombres de Rafaela María de la Luz Estefanía. Su padre era un rico industrial dedicado a la minería, cuya familia tenía una sociedad minera que, con el tiempo, se conocería como Altos Hornos de Vizcaya.

Fue educada con gran esmero, como correspondía a una familia de la alta sociedad y que además era profundamente cristiana. De niña estudió en Bilbao y luego continuó sus estudios en Francia. Allí se convirtió en adolescente y comenzó a destacar en su personalidad un genio vivaz, una personalidad expansiva, llena de bondad, con una inteligencia muy aguda.

Matrimonio y vida familiar
Con 18 años, contrajo matrimonio con José Vilallonga, nacido en una rica familia catalana que estaba asociada con los Ybarra en la explotación minera. Era un ingeniero que también había estudiado en Francia, con carácter activo y emprendedor. De este matrimonio nacieron siete hijos, dos de los cuales murieron niños. La familia vivió en Deusto; allí pasaron los años más felices y allí nuestra Beata realizó su más fecunda labor apostólica y donde finalmente moriría.

Ilustración de la Beata rodeada de sus hijos, propios y adoptados.

Ilustración de la Beata rodeada de sus hijos, propios y adoptados.

Una de las preocupaciones que siempre tenía presente en sus oraciones era “que yo sea cada día mejor esposa, mejor madre, mejor hija”. En 1873, por causa de las guerras carlistas la familia emigró a Santander. Allí, una desgracia familiar le turbó y transformó la vida familiar: la enfermedad y muerte de dos de sus hermanas, una de las cuales, Rosario, le encomendó a sus cinco hijos pequeños. Con el consentimiento de su esposo, Rafaela integra a estos niños en la dinámica de la vida familiar. De regreso en Bilbao, en 1878, sufre una enfermedad que la postra gravemente en cama. Durante su convalecencia se puso a leer libros de vida espiritual, que la inquietaron y transformaron fuertemente, sintiendo una atracción a la vida de perfección.

En esos años de la Revolución Industrial, la vida en el País Vasco reflejaba el cambio de una sociedad que padecía pobreza, emigración, hambre. El trabajador explotado y mal pagado, las jóvenes que iban del medio rural a la ciudad se exponían a peligros que muchas veces terminaban por sofocar sus ilusiones juveniles. Así pues, la vida de Rafaela conocerá un radio más amplio de acción, la gracia le impulsó por interesarse de la cuestión social, su campo de acción en la familia le resultó pequeño y se lanzó a un apostolado que la dispuso a estar atenta a la cabecera de los enfermos, al cuidado de niños y de los jóvenes, propensos a peligros y carencias. Todo esto sin descuidar a su numerosa familia, en cuyo seno tuvo una prueba más: la parálisis de su hijo menor. En este tiempo tuvo que soportar también la muerte de su madre. Estos acontecimientos la llevan a mirar la cruz y asumir sus problemas con valor, abrazándose a ella con dulzura. Uno de sus escritos dice: “No hay amor sin sacrificio y tú, Jesús, nos diste primero ejemplo muriendo ignominiosamente en la cruz. ¿Qué cruz puede llamarse grande, si Tú, Señor, ayudas a llevarla? Por dura y pesada que parezca a nuestra fragilidad, enseguida se transforma en suave y ligera con tu apoyo”.

Con 42 años cumplidos y con la complacencia de su marido, formuló votos de pobreza, castidad y obediencia. Parece insólito que una señora casada de la alta sociedad, en plena madurez y con una enorme familia, se comprometiera de esta manera buscando una vida más perfecta. Era un llamado de Dios que se facilitó con la ayuda de su marido, que era su consejero y confidente, mejor apoyo y cooperador, tanto en su vida familiar como conyugal, de sus actividades apostólicas y de su labor doméstica. Don José repetía a menudo con una gran sonrisa: “A Rafaela le debo todo”.

Fotografía de la Beata.

Fotografía de la Beata.

Sólo la ayuda de Dios pudo hacer conjugar sus cualidades humanas, produciendo así virtudes como la fortaleza, dulzura, prudencia, comprensión y ternura que se necesitaba para armonizar situaciones que se antojan dispares, así como que esa gran señora de sociedad escondiera las finas delicadezas de sus virtudes, practicadas heroicamente tras la discreción que solamente los Santos saben hacer.

Vida apostólica
Cuando sus hijos y sobrinos ya no necesitaron tanto de sus cuidados, tuvo un margen de tiempo más grande para dedicarlo al apostolado de manera incansable. Su vida se hizo profundamente fecunda y le dieron una talla con atractiva personalidad. Junto con la Revolución industrial, Bilbao conoció el auge y la llegada de capitales para invertir. Sin embargo, juntamente llegaron la injusticia laboral, la especulación, el abuso del trabajador. Se acumulaban ingentres fortunas, pero también la escasez de vivienda, la falta de educación y la degradación de las personas.

Rafaela estaba situada socialmente entre los que tienen más recursos, y coherente con su vena espiritual, su conducta se acentuó y consolidó; oponiendo amor, entregándose en el servicio, renunciando a gustos personales y espacios de tiempo para enfrentar, desde su posibilidad, la opresión, la carencia y la extrema pobreza. Se dedicó a la clase trabajadora, especialmente a las mujeres y niños. Donde hubiera necesidad, se hacía presente. Si alguien ocupaba su persona y era necesario, sacrificaba su tiempo, su bienestar, su dinero y hasta su propia vida, como lo hizo tantas veces al atender en ambientes sospechosos y peligrosos a pobres y enfermos, y todo esto muchísimas veces.

Estampa devocional de la Beata.

Estampa devocional de la Beata.

A su temperamento jovial y expansivo se unían una fortaleza de carácter, simpatía de palabras y un ejemplo que daba confianza y protección. En su casa recibía muchísimas personas que acudían en demanda de ayuda material o espiritual, todos la buscaban y veneraban con el calificativo de “Madre” y eso es lo que ella hizo, ser madre de estas personas con debilidades y enredadas por el vicio: los escuchaba con paciencia, y repartía con prudencia y generosidad sumas de dinero recibidas de su generoso marido, de sus hijos, familiares y amigos. Su fama pronto se desbordó y de lugares lejanos venían a buscarla, incluso mediante correspondencia. Con clarividencia decía a menudo: “Las obras permanecen, las personas desaparecen”. Ayudó estrechamente a las instituciones dedicadas a la educación de la juventud: uno de sus mejores logros fue el establecimiento de la Escuela de Nuestra Señora del Rosario de Deusto, dirigida por los Hermanos de la Doctrina Cristiana; favoreció también el establecimiento de las Adoratrices en Bilbao en 1880.

Con el apoyo de su padre, abrió albergues para muchachas que llegaban la ciudad buscando trabajo y que, por ignorancia e impericia, se veían expuestas a graves peligros. Cuando estas obras se consolidaban, las confiaba a institutos religiosos para convertirlas en colegios. Ayudó a jóvenes embarazadas que eran rechazadas por su familia o eran despedidas de su trabajo. Pidió a las autoridades locales que abrieran una casa de maternidad y, ante la negativa, ella misma la fundó. Posteriormente la Diputación se hizo cargo de ella. Supo huir de protagonismos y ocultarse cuidadosamente conforme crecía su trabajo y su fama. Decía: “Dulzura en los medios y firmeza en los fines”.

Fundadora
Su obra cumbre es la Congregación de las Hermanas de los Ángeles Custodios, que se dedican a jóvenes y niñas con difícil situación familiar o personal. En vano buscaba una congregación religiosa que respondiera a su enorme celo y, animada por el obispo de Vitoria, a donde pertenecía Bilbao, se decidió a emprender la fundación. En 1893 nace el Colegio Ángeles Custodios de Zabalbide en la misma ciudad, para quedar inaugurado definitivamente el Colegio el 24 de marzo de 1899. El 8 de diciembre de de 1894, la Beata invita a tres jóvenes decididas y entusiastas a unirse a su obra. Las invita a ser madres y educadoras de aquellas niñas y muchachas; y las compara con los Ángeles Custodios, pues su misión se asemeja a la de ellos.

Lienzo contemporáneo de la Beata con las religiosas de su Instituto.

Lienzo contemporáneo de la Beata con las religiosas de su Instituto.

En 1898 fallece Don José, su amado esposo. A él se dedicó con mucha abnegación y cariño. Ante estas delicadezas, el marido le escribió en una carta: “Y a ti, querida mía, ¿qué he de decir de los mucho que te admiro y estimo en ti lo bueno para con todos y de santo para con Dios?”. Rotos los lazos que la retenían en el mundo, sintió el deseo de incorporarse a su naciente fundación, pero los planes de Dios eran otros para ella. La inesperada muerte de una nuera le vuelve a atar al mundo, porque seis nietos necesitaban una madre.

Entretanto, su obra crecía, se robustecía y sus frutos eras prometedores y esperanzadores. Pero su salud comenzó a decaer, no obstante, continuaba trabajando con el pensamiento de ingresar en su Instituto en cuanto fuera posible. No eran éstos los planes de Dios para ella.

Enfermedad y muerte
En 1899 sus fuerzas se debilitaban y la enfermedad apareció galopante. Un cáncer de estómago le fue diagnosticado. Vio acercarse su fin y lo aceptó serenamente. A sus religiosas les dedicó un testamento espiritual que descubría sus sentimientos más íntimos, les pidió que fueran verdaderas madres. Mandó poner en la entrada del edificio donde moraban estas palabras del Salmo 90: “He mandado a mis ángeles cerca de ti para que te guarden en tu camino”.

En sus últimos momentos pudo despedirse de sus hijos, sus familiares y amigos, sus religiosas y el personal de servicio. Para todos tuvo una palabra de afecto, agradecimiento y lleno de de consuelo y esperanza. Hasta en su muerte se olvidó de sí misma: se puso a consolar y animar a sus religiosas que lloraban su partida. Finalmente entraba en el descanso de su Señor el 23 de febrero de 1900. Su fama de santidad superó en mucho la que gozaba en vida.

Urna que contiene las reliquias de la Beata.

Urna que contiene las reliquias de la Beata.

Culto
El Papa San Juan Pablo II la beatificó el 30 de septiembre de 1984. Su Congregación se ha extendido en España, Italia y América Latina. Las hermanas de esta obra desarrollan una misión entre colegios, casas-hogar, residencias, pisos de acogida y pastoral parroquial.

Humberto

Bibliografía:
– DE ECHEVERRÍA Lamberto; LLORCA Bernardino; REPETTO BETES, José Luis, Año Cristiano, II Febrero, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 2003, pp.498-510.

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19 pensamientos en “Beata Rafaela Ybarra, madre de familia y fundadora

  1. Con la gracia de Dios, ser santo es fácil, es asequible, sobre todo para quienes son personas normales y corrientes, que viven de su trabajo, que se relacionan con quienes son iguales que él (o ella), porque para ser santo solo hay que distinguirse en el amor: amor a Dios y amor a los hermanos.

    Pero cuando se vive en una posición acomodada, perteneciendo a la alta burguesía, no faltándote de nada y pudiendo disfrutar de innumerables cosas y circunstancias que no son necesarias en absoluto, ser santo es mucho más difícil, porque en esos ambientes de comodidad, para renunciar a ellas, tienes que tener unas convicciones y una fuerza de voluntad realmente sobrenaturales. “Es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja a que un rico entre en el Reino de los cielos” (Marcos, 10, 25). Pues la beata Rafaela entró, fue una excepción, digamos que, aparentemente, le llevó la contraria al Maestro.

    No, no le llevó la contraria, sino que se empapó de Él, porque Cristo, esa gracia que mencioné al principio no se la niega a nadie. Otra cosa es la recepción que hagamos nosotros de ella. Y Rafaela fue receptiva y cumplió con sus deberes de madre y esposa, pero extendiendo esa maternidad muy por encima del ámbito familiar.
    Por eso es un auténtico modelo, no solo para nosotros, las personas normales, sino también para muchas personas de alto copete, que quieren pasar por solidarias poniéndose una vez al año en una mesa para recaudar unas monedas para una causa justa. Esas personas, que también son hermanos nuestros, están también llamadas a la santidad y en Rafaela tienen un buen ejemplo.

    Gracias, Humberto, por este bello y maravilloso ejemplo que hoy, en su festividad, nos pone a nuestra consideración.

    • Toño, ¿qué puedo agregar a tan profundas reflexiones que nos has compartido?
      La justicia social es algo que todos bautizados tenemos con muchas deudas. No sólo los ricos, también los muchas veces nosotros damos lo que nos sobra. La caridad está muy dormida y descuidada.
      La Beata Rafaela nos enseña a ser desprendidos, generosos, dar de sí antes que pensar en si.
      Ojalá por su intercesión sea una realidad lo que dice el lema del Instituto de Caritas: si todos los cristianos nos diéramos la mano, no habría manos pudiendo pan.
      Saludos.

  2. Admirable mujer, esposa y madre.

    Que bueno que se quedó como laica y no profesó ni ingresó al instituto que fundó, que sea una luz representativa del laico. Desde aquí un llamado para que sea canonizada no ocupa milagros para eso.

    • Emmanuel, los santorales rebozan de padrecitos y monjas. La presencia laica es mínima. Por ello, cuando una figura laica es puesta en el honor de los altares, es sin duda por la gran riqueza de su persona. Un testimonio como el de la Beata Rafaela es muy llamativo. Además de su responsabilidad social, a mi me llama la atención su figura maternal. En un mundo donde hoy en día se pone en juego la trascendencia de la familia, a la que se trata de socavar y debilitar en sus cimientos, la tarea de Rafaela es un ejemplo para muchas madres que temen, no saben o no quieren ser la fuerza del hogar. Valga esto también para muchas damas que se la pasan todo el día en el templo y descuidan las labores domésticas, a sus maridos e hijos. La Beata Rafaela era mujer de templo, pero sabía cuales eran sus obligaciones en casa.
      Un ejemplo que todos los laicos que somos agentes de pastoral debemos revisar con mayor cuidado.
      Saludos.

      • Bueno, pero es que la responsabilidad del hogar y de los hijos no puede seguir recayendo sólo en la mujer a estas alturas del siglo XXI, ¿no te parece, Humberto? A mí me da mucha risa que se hable sólo de mujeres que descuidan hogares y familias y de mujeres que son un ejemplo para estas mujeres. ¿Y los hombres qué? ¿Es que ellos no pueden ser ejemplo de lo mismo, de buen marido, de buen padre? Ya está bien de siempre señalar a las mismas, ¿no? Las mujeres somos algo más que madres y amas de casa, y tenemos más que aportar, gracias a Dios. Y que conste que no arremeto contra ti, sino contra el machismo secular de los santorales que encasilla a sus mujeres según sus relaciones con los hombres.

        • Ana:
          Coincidirás conmigo que una cosa es lo que se tiene que hacer y otra es la que se hace. Coincido contigo que las responsabilidades de los esposos y padres debe ser compartida, pero lamentablemente las cosas no son como debieran. Todavía falta mucho para que los hombres sean realmente suficientes para un hogar. En lo particular opino que si bien la mujer tiene derechos para estudiar y trabajar y superarse profesional e intelectualmente, esto a llevado a que en muchos casos, quien tiene la misión de madre descuide algo a sus hijos, y lo que como madre hacen, los padres ni por vocación y dedicación podrán suplir. Y el cuadro se complica cuando estos últimos no hacen nada. Por eso, los jóvenes casaderos deben ir con el pensamiento de que en un hogar ya no existe el tú o el yo, sino el nosotros. La Beata Rafaela supo dar el calor de hogar a su familia, mostró el rostro maternal de Dios en su hogar. Un buen ejemplo para muchas madres y padres que en un afán de superación olvidan que ese nosotros incluye a los hijos.

          • Marian, opino que esta costumbre se debe a una moda que ha durado mucho tiempo hasta que el Concilio Vaticano II ha revalorado el papel de laico y su participación en la Iglesia. Dudo mucho que haya hoy quien haga lo mismo que la Beata Rafaela.
            Cuando reconocemos el valor de nuestro bautismo y las funciones que podemos desempeñar, cada quien, desde su estado de vida puede dar gloria a Dios respondiendo correctamente a la vocación que se le ha dado.

          • Querido Humberto; te aseguro que yo no he visto absolutamente a ninguna mujer que, teniendo una exitosa vida académica y profesional, haya descuidado lo más mínimo a su hogar y a sus hijos. Ninguna. Al contrario: como aún siendo trabajadoras e intelectuales nadie las dispensa de tener que trabajar igualmente en el hogar y para los hijos y no son ayudadas en absoluto por sus maridos, acaban sobrecargadas de trabajo, ansiosas, estresadas, deprimidas y aún el machismo secular se burla de ellas y las califica de histéricas. El hombre puede dedicarse tranquilamente al trabajo y al intelecto, que al volver a casita lo tiene ya hecho. La mujer, no. Esto sí que lo he visto: mujeres aniquiladas por el estrés diario que muchas veces tienen que renunciar a su vida intelectual o profesional porque el “hombre de la casa” no echa ni una mano en esa casa. Una de ellas es familiar mía; otras que he conocido están entre mis colegas de profesión.

            Y por supuesto que los hombres pueden suplir la tarea de la madre, tanto por vocación como por dedicación. El parir no te hace madre. No hace madre a nadie. Ser madre es otra cosa. Yo he conocido hombres ante los que me quito el sombrero, hombres que han colaborado en el hogar con sus esposas y que han sido auténticos padrazos. El mío, por ejemplo. Y he conocido a padres que han sido más “madres” para sus hijos que las madres en sí. Las cosas no son tan simples.

  3. No conocía a esta Beata más que por el nombre, y por eso agradezco que nos la hayas presentado hoy, Humberto, en el día de su fiesta. Como bien ha introducido Antonio, es extraordinario que una mujer acomodada, perteneciente a la pujante burguesía industrial, hiciera lo que ella hizo. Las mujeres burguesas rara vez se ocupaban de otra cosa que de dar órdenes a los criados, realizar frívolas reuniones sociales y, para aliviar su conciencia, dedicarse a mediocres devociones personales o hacer “caridad”, una caridad de pacotilla que ni siquiera cubría las necesidades de los menesterosos y que era apenas un parche para pasar tranquilas las Navidades o la Semana Santa, consistente en echar unas pocas monedas o dar lo que les sobraba.

    Mencionas los “graves peligros” a los que estaban expuestas las jóvenes pobres que llegaban a la capital. Aunque cualquiera que tenga dos dedos de frente se puede imaginar de qué peligros se trataba, a mí me gusta hablar claro. Las muchachas que llegaban a la ciudad con objeto de mejorar su vida a lo que se veían abocadas era a la prostitución, oficio que nunca ha estado de capa caída y que era alimentado por los mismos hombres y señoritos que luego acudían a misa devotamente, comían con sus esposas e hijos y paseaban con la frente alta por las calles. Atribuir esta situación a estas pobres chicas, culpándolas de ignorancia o impericia, me parece deplorable, puesto que de buenas a primeras ninguna mujer quiere prostituirse y cuando se ve abocada a ello, es porque no le queda otra salida. En esa época, desde luego; y hoy en día, también.

    La que no se veía abocada a las calles entraba a servir a una familia burguesa y, con mucha suerte, podía ser tratada bien, si llamamos tratar bien a estar toda la vida sirviendo y ser desechada a la vejez, cuando ya no sirves para nada, con cuatro perras ganadas y poco más. Eso en el mejor de los casos. Muchas veces estas chicas eran objeto de abusos por parte de los señores y señoritos de la casa y eran arrojadas a la calle una vez se quedaban embarazadas, pues a todos les viene bien abusar de una mujer, pero no cargar con bastardos.

    Me parece que la Beata Rafaela de tonta no tenía un pelo, esto lo veía cada día e hizo lo que pudo para paliar este horror diario camuflado entre tanto baile y tanta reunión social. Por supuesto, ella sola no llegó a transformar toda esta realidad, pues cambiar las injusticias sociales es algo que una sola persona no puede hacer, sino que es tarea de generaciones y generaciones de lucha, pero su iniciativa la honra y si hubiera habido más como ella, otro gallo nos habría cantado. Lo dicho: menos caridad -en el sentido mediocre en que muchos suelen entenderla- y más justicia social. Hoy esto sigue siendo de pasmosa actualidad.

  4. Ana, pues que gusto me da que por este trabajo hayas conocido a la Beata Rafaela Ybarra.
    Por ahí alguna vez leí que nadie es tan pobre que no pueda regalar una sonrisa.
    Grave responsabilidad ante Dios es la de quien tiene los medios para paliar la pobreza, el hambre y cualquier necesidad material. No es como dice el Evangelio, que se dé de lo que sobra lo que agrada a Dios.
    La revolución industrial fue un fenómeno que en Europa provocó emigración, desintegración familiar, abusos laborales, analfabetismo, entre otros graves problemas.
    El problema a que se enfrentaban las muchachas o también otras mujeres, de anteponer principios Morales o necesidades materiales ante el hambre propia o de la prole ante la oportunidad de prostitución o convertirse en amantes temporales o mujeres desechables no ha sido una preocupación personal de nuestra Beata. Muchos santas y beatas han hecho de su parte lo que podían, primero por defender la dignidad de la persona, segundo por evitar ofensas a Dios.
    Desgraciadamente este problema sigue vigente y tal veces con síntomas más virulentos. En nuestros días faltan más Rafaelas que digan, no tengo oro ni plata, pero lo que tengo, te lo doy en nombre de Jesús de Nazareth.
    Saludos.

  5. Te doy las gracias por tu artículo,Humberto, porque a la Beata Rafaela Ybarra nunca la termine de conocer, y eso que he repartido y reparto muchas estampas de Ella. Hoy gracias a ti, he conocido mejor a la Beata y el carisma de su Obra.

    ” Dios no se ha hecho hombre para enseñarnos buenos modales, maneras de salón, sino la misericordia de la entrega gratuita”. ( S.S. Francisco 23,2,14)
    Cito textualmente estas palabras que hoy mismo el Papa Francisco ha pronunciado en la Basílica de San Pedro, y que como vemos no pueden describir mejor la vida y obra de la Beata Rafaela Ybarra. Ella no se limito a ser una señora educada o una anfitriona detallista como algunas de las señoras de su clase social, sino que se dedico a dar misericordia gratuita a todas/os aquellas que la necesitaban.
    Como ya habéis dicho antes, la revolución industrial trajo de la mano muchos beneficios económicos a la par que muchas carencias y necesidades. La Beata Rafaela con la ayuda de Dios supo cubrir esta necesidad, fundando esas casas de acogida tan necesarias y la Congregación de las HH. de los Angeles Custodios. Por eso no es de extrañar que la llamaran Ángel custodio y su fama de santidad ya la tuviera en vida.
    Por ultimo Humberto, me quedo una duda ¿ donde se pueden visitar sus restos?

  6. PD: Ayer el Papa Francisco nombro a 19 nuevos Cardenales, de muy distintos países. La mayoría de ellos son de países ” periféricos” donde los cristianos a menudo son perseguidos.Con este gesto el Papa quiere hacer la Iglesia Católica mas universal.
    Recemos por todos ellos, para que su nuevo ministerio lo emprendan llenos de Fe, entrega y de servicio al pueblo cristiano y en especial a los más necesitados.

    • Gracias David por tu comentario. El Apostolado hecho por la Beata Rafaela pienso que nace de su convicción de que todos somos iguales ante Dios. Ya no son pobres o ricos ni esclavos o libres. Todos son de Cristo, como diría San Pablo.
      Ella supo compartir de lo suyo y lo hizo con generosa actitud. Porque supo descubrir al Señor en los hermanos necesitados.
      Cuando no esta Cristo de por medio la caridad pierde su carácter sobrenatural y se convierte en simple filantropía.
      Respecto a la ubicación de sus reliquias entiendo que es en Deusto. Habría que ver si nuestro hermano Toño puede precisarnos el dato.
      Saludos.

  7. Da gusto encontrar una madre de familia que descubrió su misión y supo, y pudo, compaginarla con su esposo e hijos. Pero al leer que, buscando mayor perfección, hizo los votos de pobreza, castidad y obediencia me pregunto el por qué de esos votos tradicionales de la vida consagrada. Precisamente parece que un laico es menos perfecto que un sacerdote o monja.
    Entiendo que todos tenemos nuestras imperfecciones y debilidades que hemos de superar; y todos aspiramos a la perfección de Dios. Nunca he comprendido el sentido de estos votos concretos ( y si los habéis explicado alguna vez en referencia a algún santo me gustaría me dieseis la referencia) y menos lo entiendo en un laico porque me parece que renuncia a su condición de laico entre los hombres. Con todo un modelo y que conste que el nombre de la Congregación de la hermanas de los Ángeles Custodios me parece muy hermosa y adecuada.

  8. me llamo la atencion la vida de esta beata, ella enviudo en 1898, pero lo que queria saber si ella no profeso en la congregacion de los angeles custodios como religiosa que ella misma fundo, por que en las imagenes aparece vestida de laica, ni siquiera en su lecho de muerte pudo profesar? murio como laica fundadora? por que decidio no ser religiosa y dirigir su orden siendo ya viuda, por ordenes de su director espiritual o por que ella lo dispuso asi, saludos desde Venezuela.

    • Gracias por leer y comentar este artículo, Juan. La Beata Rafaela no pudo profesar como religiosa, que era su deseo e intención, no por consejo del confesor, sino porque sabía que era necesaria para sus nietos y porque la enfermedad que le vino luego le impidió consumar su voluntad.
      Saludos.

  9. La vida de esta Beata me recuerda mucho a la de la mexicana Concepción Cabrera que se que usted don Humberto también conoce muy bien, siempre el ejemplo de mujeres de este tipo me es sorprende porque demuestran al mundo que se puede compaginar el tener una familia y tener una vida espiritual muy rica y no sólo eso sino hasta convertirse en fundadoras, aunque en el caso de la beata Rafaela nunca pudo ingresar a su congregación como hubiera querido, aun asi no cabe duda que dejo un gran ejemplo para todos sus hijos tanto carnales, como adoptivos y espirituales, ojala que tanto la beata Rafaela como la venerable Concepción Cabrera pronto lleguen a la santidad.

  10. una amiga de la familia nos a echo llegar a Rafaela Ybarra en este momento de preocupación por la salud de mi hermano RICARDO DANIEL FRANCO que tenemos la esperanza de su sanación con ayuda de medicamentos mas los médicos y su fuerza de vida por el amor a su familia que lo necesita .

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