San Julio Álvarez Mendoza, presbítero mártir

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Estampa de la canonización.

Estampa de la canonización.

Introducción
A muchos Santos los conocemos muchas veces con un apelativo que refiere un lugar de origen o donde vivió dejando un recuerdo imperecedero. Ya desde la antigüedad, el poeta Aurelio Prudencio en su Peristephanon nos refiere de ciudades que se ennoblecieron por ciertos Santos: Calahorra por San Emeterio y San Celedonio, en Barcelona, Santa Eulalia; pero a través del tiempo tenemos otros muchos Santos cuyo nombre está ligado indeleblemente a un lugar, de tal manera que esa población le da un apellido: San Antonio de Padua, San Francisco y Santa Clara de Asís, San Nicolás de Bari, San Pío de Pietrelcina, Santa Magdalena de Nagasaki, San Juan de Ávila, etc.

Sirva este artículo para promover a San Julio Álvarez Mendoza, nacido en Guadalajara, Jalisco, México; y que integra el grupo de los Santos Mártires Mexicanos, encabezado por San Cristóbal Magallanes Jara. Este santo, oriundo de la Perla Tapatía, derramó su sangre por Cristo en la persecución cristera, su labor sacerdotal se desarrolló en un lugar que hoy pertenece a una diócesis vecina: Aguascalientes, y murió en un lugar que actualmente pertenece a otra: San Juan de los Lagos.

No es muy conocido en su tierra natal, de donde es San David Galván y donde también reposan los restos de San José María Robles. San Juan Pablo II exhortó a las comunidades diocesanas a recuperar y conservar la memoria de sus testigos, en este tenor y como es la intención de este preámbulo, se presenta a continuación la biografía de San Julio de Guadalajara, presbítero y mártir.

Infancia
Nació en Guadalajara, Jalisco, el 20 de diciembre de 1866, siendo hijo de Atanasio Álvarez y Dolores Mendoza. Recibió el bautismo al día siguiente en la parroquia de San José, en el popular barrio de Analco. Desde pequeño mostró amor al estudio y con la ayuda de los patrones de sus papás, pudo continuar sus estudios hasta ingresar en el Seminario Conciliar de Guadalajara. Tenía grandes dotes de inteligencia, dedicación al estudio y profunda piedad. Se inscribió en la Congregación Mariana del Seminario por su gran amor a la Madre de Dios.

Fotografía del Santo en su juventud.

Fotografía del Santo en su juventud.

Sacerdote
Fue ordenado diácono en el año 1890 y el 2 de diciembre de 1894, por ministerio del arzobispo de Guadalajara, Don Pedro Loza y Pardavé, fue consagrado sacerdote, cantando su primera misa en su ciudad natal. El 10 de diciembre de 1894 fue nombrado capellán de Mechoacanejo, de la parroquia de Teocaltiche, que luego, en 1921, será elevada a parroquia con el título del Divino Salvador, siendo así el primer párroco del lugar; unos años después, esta parroquia fue anexada a la diócesis de Aguascalientes.

Ministerio
En este primer y único destino brillará por su celo pastoral, su dedicación a la catequesis de los niños, a quienes decía: “Aquí en esta casita está Nuestro Señor Sacramentado, a Él le vamos a pedir su fortaleza, porque está dicho que va a venir un tiempo muy trabajoso, lleno de tantos peligros más bien para el clero”, por lo que se piensa que presentía su martirio. Tenía un muy grande celo por el culto divino, viviendo el ritmo del año litúrgico con esmero y preparación, dando a las principales solemnidades el esplendor que se merecían. Con su esfuerzo, logró renovar a la población, que era indiferente a la religión, y ya que estaba integrada por una mayoría indígena, ésta estaba llena de supersticiones y de costrumbres torcidas. Se convirtió para ellos en un amigo y en un padre.

Infundió en sus feligreses el amor a Jesús Sacramentado y a la Santísima Virgen María, a la que amaba con viva emoción. En la práctica de su ministerio fue dedicado y nunca mostró fatiga, lo mismo cuando era solicitado en la cabecera de su parroquia, o en lugares lejanos y de difícil acceso, mostrando siempre interés en servir, sin importar la hora o las condiciones del clima. Hombre de oración, rezaba el breviario con profunda devoción, celebraba la misa con mucha devoción y atención, se esmeraba por celebrar la fiesta de Corpus Christi, de Navidad, y el Triduo Pascual, así como el docenario en honor de Nuestra Señora de Guadalupe. Constante en las prácticas piadosas, sus feligreses recuerdan cómo hacía sus visitas al Santísimo y cómo rezaba el santo rosario. Con este afán se encargó de cuidar, mantener y embellecer el templo, que siempre lucía con limpieza y decoro, pues ese lugar es la Casa de Dios. Con grandes sacrificios logró la conclusión del templo, personalmente acarreaba agua y arena para la construcción. Él mismo fabricaba las hostias que utilizaba en la celebración de sacrificio eucarístico diario.

Estampa del Santo en su atuendo de sacerdote.

Estampa del Santo en su atuendo de sacerdote.

Su carácter era tranquilo, amable y bondadoso con la gente, comunicativo, muy sencillo, generoso con el necesitado, pobre en su manera de vestir y ajeno a toda ostentación personal. Sus cualidades las puso al servicio del prójimo, revelando una profunda caridad que puso sus talentos para bien de la comunidad. Enseñó a sus fieles a elaborar dulces, para que tuvieran un ingreso económico, así como la sastrería, que dominaba con seguridad. Su generosidad era amplia, pues llegó a quitarse literalmente la camisa para dársela a un necesitado. El diezmo que recibía era repartido entre los pobres, a quienes también regalaba ropa que él mismo elaboraba.

No tenía miedo en corregir y reprender a los que lo ameritaban, haciéndolo con prontitud, sin miedo y con razones fundadas, pero siempre de manera cortés, evitando herir y lastimar. También se recuerda sus habilidades musicales, ya que enseñó a los jóvenes a tocar instrumentos musicales, como la guitarra, y fundó dos bandas musicales.

La persecución religiosa
México sufrió desde la segunda década del s.XX alteraciones del orden público, debido a los movimientos revolucionarios que con motivos sociales afectaron profundamente al pueblo. Los líderes ideológicos de la Revolución y de quienes idearon la Constitución Política que actualmente rige a esta nación, tenían principios y sentimientos antirreligiosos y anticatólicos. Esto provocó que la actitud del gobierno se endureciera progresivamente contra la Iglesia, contra el clero y contra el mismo pueblo. En 1926 la jerarquía católica determinó la suspensión del culto por no haber un marco legal que favoreciera la libertad religiosa. El arzobispo de Guadalajara, Don Francisco Orozco y Jiménez, exhortó a sus sacerdotes para que protegieran sus vidas, invitándolos a que se resguardaran en las ciudades y principales poblaciones, pero dándoles la libertad de permanecer junto a su pueblo, para no abandonarlo y poder dar de manera secreta la atención espiritual que requería.

San Julio Álvarez hizo esto segundo, con la situación agravante de que su parroquia estaba enclavada en una zona que fue de las primeras en sublevarse a causa de la persecución religiosa. Por tal motivo, el gobierno arremetió con hostilidad su fuerza en esta área y perseguía con odio a toda persona, pacífica o levantada en armas. Las autoridades, tanto de nivel federal, como estatal y municipal no querían a los sacerdotes, los perseguía a muerte; las personas tenían mucho miedo, pues mataban a todos aunque no fueran cristeros, su simple condición de católicos los hacía blanco de sospecha y de represalias. Así, la vida religiosa en estos lugares era casi imposible y los sacramentos se celebraban donde fuera posible: en el campo, en los arroyos, en lo alto de los cerros.

Fotografía del Santo.

Fotografía del Santo.

Martirio
Precisamente realizando estos ministerios, auxiliando espiritualmente a sus ovejas, San Julio fue aprehendido el 26 de marzo de 1927. Eran como las cuatro de la tarde y se dirigía en compañía de dos jóvenes al Rancho del Salitre, para celebrar misa y confesar. Miraron a lo lejos una partida de soldados que venían en una troca. Los jóvenes se adelantaron para distraerlos, pero cuando el grupo de militares se cruzó con él en el camino, uno de los que venían con ellos se acercó al sacerdote y le besó la mano. Al darse cuenta de su equivocación, quiso enmendarse diciendo que era su padrino, pero en eso pasó otro hombre a caballo, al que interrogaron sobre la identidad de San Julio, inquiriéndole que dijera si sabía si este era un sacerdote, a los que respondió que era el cura de Mechoacanejo. El responsable del grupo de soldados le preguntó a San Julio si era sacerdote, pero él lo negó; inmediatamente fue capturado junto con sus compañeros.

Así comenzó un calvario; fueron conducidos a Villa Hidalgo, Jalisco; luego a Aguascalientes, después a León, Guanajuato. Allí, el general Joaquín Amaro, furioso perseguidor del clero, lo mandó a San Julián, Jalisco, para escarmentar al pueblo, pues ese había sido el primer municipio en levantarse en armas. “Me lo fusilan en San Julián”, ordenó. Los mandaron en la troca, pero antes de llegar fueron bajados y el Santo fue amarrado a la silla de un caballo, andaba débil, apenas podía abrir sus ojos, pero no emitía queja alguna, iba absorto en un profundo silencio, preparándose al supremo sacrificio.

El 30 de marzo fue conducido al lugar del martirio como a las 05.15 hrs. San Julio preguntó al militar: “¿Siempre me van a matar?” y éste le respondió: “Es la orden que tengo”. Repuso el Santo: “Bien, ya sabía que tenían que matarme porque soy sacerdote, cumpla usted la orden, sólo le suplico que me permita decir tres palabras”. El capitán aceptó. “Voy a morir inocente, porque no he hecho ningún mal. Mi delito es ser ministro de Dios. Yo los perdono a ustedes. Sólo les ruego que no maten a los muchachos porque son inocentes, nada deben”. Cruzó los brazos y fue fusilado. El tiro de gracia lo recibió en la mejilla y su cuerpo fue luego tirado en un basurero cercano al templo parroquial de lugar. En cuanto los lugareños se dieron cuenta de que habían matado a un sacerdote, se reunieron para velarlo en la casa del sacristán José Carpio.

Fotografía del Santo difunto, durante el velatorio.

Fotografía del Santo difunto, durante el velatorio.

Culto
Fue sepultado en este lugar, siendo luego exhumado y devueltos sus restos a Mechoacanejo, donde actualmente recibe culto y veneración. Se han construido dos capillas, una en donde fue apresado y otra donde recibió el martirio.

Fue beatificado por San Juan Pablo II el 22 de noviembre de 1992 y canonizado por él mismo, el 21 de mayo de 2000, junto con el grupo de mártires que encabeza San Cristóbal Magallanes. Su celebración litúrgica se hace el 21 de mayo. La diócesis de Aguascalientes lo ha proclamado patrono de sus sacerdotes.

En su tierra natal no es nada conocido. En los últimos años, en la parroquia del Sagrario Metropolitano fueron colocadas en unos nichos vacíos de la fachada y de la entrada que da al sur, cuatro esculturas de Santos Mexicanos, en el primer lugar de San Cristóbal Magallanes, por ser el que encabeza el grupo; y de San Román Adame, que trabajó en esta parroquia. En el segundo lugar, de San David Galván y San Julio Álvarez, ambos, únicos santos tapatíos.

Sepulcro del Santo.

Sepulcro del Santo.

Quiera Dios que pronto San Julio Álvarez tenga una correspondencia de la tierra que lo vio nacer y crecer y pueda ser llamado justamente San Julio de Guadalajara.

Humberto

Bibliografía:
– Conferencia del Episcopado Mexicano, ¡Viva Cristo Rey!, editado por ella misma, México D. F. 31 de julio de 1991, pp. 27-32.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

15 pensamientos en “San Julio Álvarez Mendoza, presbítero mártir

  1. Muchas gracias, Humberto, por este artículo sobre San Julio Álvarez Mendoza. Esta claro que, independientemente del amor y entrega mostrado a sus feligreses y paisanos, también se le puede aplicar lo que dice el salmo: “zelus domus tuae comedit me” (el celo de tu casa, me consume): el culto litúrgico, el decoro del templo, el amor a la Eucaristía y a María, el rezo del breviario, etc., son cuestiones que demuestran cómo San Julio era un hombre de entrega total a la “parte más divina” de su ministerio. Y al decir esto, no estoy dejando en segundo lugar su entrega y generosidad con los demás, porque yo creo que todo buen cristiano – y no solo los sacerdotes – debemos complementar una cosa con la otra.

    Si consideramos el martirio como un premio, el se lo ganó a pulso y por eso me ha extrañado que digas que cuando le preguntaron si era sacerdote, él lo negara. Supongo que has querido decir lo contrario.

    • Quizá tuvo miedo y por eso lo negó de primeras… la perspectiva de la muerte es terrible, y más si es muerte con dolor. Cristo mismo sufrió atrozmente en Getsemaní sólo de pensar lo que se le venía encima y muchos mártires también, hasta el punto de negar a Dios en un primer momento o de apostatar. Lo hizo también San Pedro, que negó a Cristo; o Tomás, que fue incrédulo, o los discípulos, miedosos y cobardes. Al fin y al cabo, si Él era divino y tuvo angustias de verse en aquel horror, nosotros sólo somos seres humanos y más vamos a tenerlas. Lo que cuenta es que al final no negó su condición e incluso pidió que respetaran a sus acompañantes. Eso es lo que más me gusta de los mártires.

      • Ana y Toño, me he quedado todavía con esta inquietud comentada. Revisé el texto en que me basé par ahacer el artículo por enésima vez y la referencia es correcta, dice que él lo negó. Como este texto está editado por la Conferencia Episcopal Mexicana, le doy un crédito y un respeto singular, aunque bien pudiuera haber un error de texto. He revisado otro texto elaborado por la Diócesis de San Juan de los Lagos, porque en esta jurisdición padeció el martirio y dice este libro “él no lo negó y luego fue apresado”.
        Presentados estos datos intervengo para decir que una letra, en este caso una palabra de dos letras, puede cambiar el significado de la redacción.
        Bien puede ser que lo haya negado por miedo o lo haya aceptado con valentía, el resultado final es que murio por ser sacerdote, lo cual le da con merecida razón la palma del martirio.

    • Toño, era un deber mío escribir sobre este santo que es mi paisano. Ahora he cumplido con el cometido. Concuerdo contigo sobre su celo sacerdotal, que es un ejmplo a seguir entre muchos sacerdotes que tienen un poco apagado el deseo de la gloria de Dios y de la salvación de las almas.
      Es correcta tu apreciacion de que los bautizados, aunque no seaamos sacerdotes debemos hacer el bien a todos, ese bien que hacía exclamar a los paganos al ver a los cristianos. “miren cuánto se aman”.
      Sobre su negación de ser sacerdote, cuando redactaba el artículo, también tuve mis inquietudes y tuve que leer dos veces el texto. Es correcto, tuvo miedo y por ello se negó. Lo bueno es que perseveró y llegó a la meta.
      Saludos.

      • Ana, pues has hecho un buen comentario luego de una exacta deducción. Estoy de acuerdo contigo.
        saludos

  2. Gracias Humberto, vemos un caso más de un santo sacerdote fiel y entregado.
    San Julio Álvarez fue muy emprendedor y detallista en lo que se refiere a las tareas de la parroquia y atención a los necesitados.
    Hasta el último momento tuvo esos detalles “de santo”, olvidándose de él mismo cuando casi al momento de morir pidió a sus verdugos la liberación de sus amigos y compañeros.
    Después de muerto lo tiraron como un simple trasto a un basurero, esos actos tan horribles nunca los podre llegar a entender. Gracias a Dios y a los feligreses que lo recogieron de entre la basura, sus restos no se perdieron como muchos otros. La foto del Santo durante el velatorio, impresiona. La había visto en algunas referencias a esta revolución anticristiana de tu país.

    • David, San Julio supo ser sacerdote y lo fue con calidad y santidad, por ello, la caridad estuvo siempre en su vida, hasta el fonal, en que intercedió por sus compañeros. “La caridad ante todo” y este es un principio válido todavía.
      La foto tomada a su cadáver es de las pocas que hay de nuestros santos luego de su muerte. Hay de Santo Toribio Romo, de los Beatos Anacleto González y Ramón y Jorge Vargas González. Son muy impresionantes, pero son de un valor testimonial infinito.
      Me da gusto saludarte.

  3. San Julio Álvarez

    Hombre orante, de fe y pastor; mártir también.

    Si negó o no el hecho de que negó ser sacerdote no le doy importancia. El miedo se apodera de uno. Otro mártir que no negó ser sacerdote pero que no quiso morir es el más famoso de éste grupo de mártires y es nada mas que santo Toribio Romo. De hecho su hermana lo alentó en la agonía para que no se hechara atrás y muriese por Cristo.

  4. No recordaba a San Julio sinceramente, seguro que ya lo había escuchado al leer la vida y martirio de San Cristóbal Magallanes y compañeros, pero no lo recordaba, es una pena que muchos Santos mexicanos estén muy olvidados en sus lugares natales o donde ejercieron ministerio, muchas veces sus reliquias están en lugares poco decorosos tratándose de Santos, ojalá y la Iglesia mexicana se preocupe más por darlos a conocer y a venerar, por que del mismo modo poco son los venerados y de arraigo entre la gente de pueblo. Muchas gracias Humberto

    • André, el olvido es peor que la muerte. Por eso es indigno el recuerdo y el deficiente culto que les damos a algunos de ellos.
      Me da gusto que este trabajó te haya ayudado a recordarlo
      Saludos.

  5. hola soy nuevo por estos rumbos mas soy de por los rumbos de Mechoacanejo que es del municipio de Teocaltiche en el estado de Jalisco segun me contaron que lo agarraron cerca del crucero por el cual se entra a esta comunidad la verdad me gustaba escuchar las historias de cristeros que me contaban pero hay mas de la cristeada que no se sabe yo hace mucho que lo escuche y no me acuerdo de mucho

    • Me da gusto que alguien de Mechoscanejo lea este artículo. Te invito a que leas los artículos que se han publicado con respecto a nuestros mártires y que estés pendiente de los que faltan. Claro esta que sin dejar de leer lo que se publica cotidianamente.

  6. Desde el Reino de España expreso mi admiración por San Julio Alvarez Mendoza , por su espíritu de acogida a su felgresía y a las inciativas de promoción económica y cultural que en ella llevo a cabo , como dijo Santa Teresa se Jesús : “Dios también está entre los pucheros ” o aquello de ” ora et labora”.

  7. No negó a Dios, solo que el quería seguir sirviéndolo, por eso cuando le preguntaron que si era sacerdote dijo que no, mas nunca dijo que no amaba a Dios, a lo mejor lo hizo, porque no quería que a sus acompañantes les pasara nada, pero de cualquier manera, hay quienes por menos renegamos, dudamos y aun así Dios nos sigue bendiciendo.
    Para usted Padre Julio, ojala su tierra natal, tan hermosa pueda valorar lo que usted hizo por la fe y por sus fieles seguidores, yo soy Servidora en el Santuario y mi Padre fue de Mechoacanejo, alla lo quieren mucho y me inculcaron el amor a usted y solo le pido que me mande un poquito de mas fe, para seguir colaborando en el camino de mi señor, para poder dar testimonio de su infinito amor y bondad.

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