San León I, Papa y Doctor de la Iglesia (I)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Escultura barroca del Santo en la basílica de Santa Ana de Altötting (Alemania).

Escultura barroca del Santo en la basílica de Santa Ana de Altötting (Alemania).

Aunque hoy no se celebra su festividad, el blog lleva ya tres años y medio funcionando y aún no hemos tratado sobre este gran Papa, a quien conocemos como San León Magno. Mucho se ha escrito sobre él y mucho se le ha estudiado, por lo que es un santo al que no podremos dedicarle sólo un artículo. Por eso vamos a dedicarle una pequeña serie de cinco o seis artículos, siguiendo el esquema utilizado en la Bibliotheca sanctorum, pero intentando hacer algunos añadidos más que nos ayuden a conocer a este gran pontífice, Padre y Doctor de la Iglesia y que nos den motivos para poder entablar algún que otro debate.

Según el “Liber pontificalis”, León nació en la Toscana: “Leo natione tuscus, ex patre Quintiano”, aunque se ignora quién era este Quintiano. Desde muy antiguo fue venerado en Volterra (Pisa), lo que ha dado pie a que muchos lo hayan hecho originario de esta ciudad toscana, pero la mayoría de los historiadores recientes se inclinan por creer que fuese romano de nacimiento. De hecho, en más de una ocasión, él dice que Roma es su patria e incluso San Próspero de Aquitania, que era amigo suyo, lo considera natural de Roma: “Igitur Leo diaconus legatione publica accitus et gaudenti patriae praesentatus”. Estas dos tesis, que parecen ser contradictorias, pueden armonizarse dando por bueno que León nació en Roma, pero en el seno de una noble familia proveniente de la Toscana.

Como fue elegido Papa en el año 440, muy probablemente naciera a finales del siglo IV y muy poco se sabe de él antes de acceder a la sede de Pedro. Se supone que frecuentó la escuela, donde aprendió el arte de la escritura y donde debió adquirir una amplia cultura teológica, ingresando muy joven en el estado clerical, llegando a ocupar responsabilidades muy importantes en tiempos del Papa San Celestino I (422-432). Aunque ha habido quien lo ha identificado con él, no parece que fuera el acólito romano llamado León que llevó a San Aurelio, obispo de Cartago, una carta del sacerdote Sixto, futuro Papa San Sixto III.

El Santo ante Atila, rey de los hunos. Miniatura gótica en el Cronicón de Kepes (1358).

El Santo ante Atila, rey de los hunos. Miniatura gótica en el Cronicón de Kepes (1358).

En el año 430, siendo sólo diácono, convenció a San Juan Casiano para que completara su obra “De Incarnatione Domini contra Nestorium”. En el prefacio de esta obra, Juan Casiano se la dedica y le llama “decoro de la Iglesia romana y del ministerio divino”, lo que indica la celebridad de León aun antes de ser elegido Papa. Al año siguiente, en el 431, San Cirilo de Alejandría escribía a León rogándole que, con su autorizada palabra, consiguiera que el Papa Celestino I impidiera las pretensiones del Patriarca Juvenal de Jerusalén de obtener la supremacía sobre toda Palestina. En esa misma fecha, el Papa Celestino, escribiendo a los monjes de la Provenza sobre la cuestión pelagiana de la gracia y la autoridad de San Agustín, añade a su carta una serie de documentos pontificios que son atribuidos a León.

Asimismo, San Próspero de Aquitania atribuye a León las decisiones que tomó el Papa Sixto III con respecto al obispo pelagiano Julián de Heraclea, que intentaba ser readmitido en su sede episcopal. El prestigio del diácono León debía ser tan grande que, en el año 440, la corte imperial le confió la misión de llevar a las Galias el acuerdo alcanzado entre el patricio Ezio y el prefecto del pretorio Albino, cuando estalló entre ellos una pelea que pudo degenerar en una guerra civil en las Galias. Mientras León estaba allí cumpliendo con aquella misión, el 19 de agosto del 440, moría en Roma el Papa Sixto III. El clero y el pueblo de Roma, de mutuo acuerdo, eligieron como su sucesor al diácono León.

San Próspero de Aquitania dice que mientras que a veces las elecciones pontificias habían originado grandes discordias, esta elección de León se hizo de forma admirable y tranquila, “mirabili pace”, y que con admirable paciencia, “mirabili patientia”, el pueblo romano esperó durante cuarenta días el retorno de León desde las Galias. El 29 de septiembre tuvo lugar su consagración como obispo de Roma y Sumo Pontífice. El diácono León se convertía en obispo de Roma. Esta fecha, 29 de septiembre, fue muy importante para el Papa León I, pues adquirió la costumbre de reunir anualmente en ese día el Sínodo de los obispos sufragáneos de Roma y realizar importantes sermones, algunos de los cuales han llegado hasta nuestros días.

Encuentro entre el Santo y Atila, rey de los hunos. Fresco de Rafaello Sanzio en la Stanza de Heliodoro, Palacio Vaticano, Roma (Italia).

Encuentro entre el Santo y Atila, rey de los hunos. Fresco de Rafaello Sanzio en la Stanza de Heliodoro, Palacio Vaticano, Roma (Italia).

Su largo episcopado – veintiún años – transcurrió en uno de los tiempos más trabajosos y más difíciles en la historia de la Iglesia, porque en Occidente, mientras la incapacidad del poder político llevaba al Imperio hacia la catástrofe, las herejías atormentaban a la Iglesia: el arrianismo – que estaba oficialmente liquidado a finales del siglo IV – intentaba sobrevivir, el pelagianismo estaba muy activo, surgió el maniqueísmo, el nestorianismo había sido recientemente condenado en el Concilio de Éfeso y nacía el eutiquianismo. A todas estas tormentas eclesiales internas, se unía la presión que los bárbaros del norte ejercían por todos lados, incluso por el sur, ya que los vándalos de Genserico se habían establecido en el norte de África. En estas condiciones tan adversas, León fue un papa providencial, que dedicó todas sus energías en mantener íntegra la pureza de la fe ortodoxa y en reordenar y reforzar la organización de la Iglesia.

Aunque era el Papa, él consideraba en primer lugar que era el obispo de Roma, era consciente de ello y sentía esa responsabilidad, tanto más cuanto que las funciones del obispo eran vitales para su ciudad e iban más allá del límite de lo que era su misión pastoral. Su primer deber era la predicación y a eso se dedicó asiduamente. Sus sermones eran esperados por el pueblo, que siempre estaba atento y deseoso de aprender de lo que salía de los labios de su pastor. En estos sermones siempre tocaba los temas de actualidad y trataba con ellos educar tanto al clero como al pueblo, de manera que ante todos apareciera como un obispo ejemplar a quien imitar, que su primado consistía en dar buen ejemplo al resto de la Iglesia.

Encuentro entre el Santo y Atila, rey de los hunos. Relieve barroco de Alessandro Algardi (1646-56). Altar-sepulcro del Santo en la Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

Encuentro entre el Santo y Atila, rey de los hunos. Relieve barroco de Alessandro Algardi (1646-56). Altar-sepulcro del Santo en la Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

Roma tenía que aparecer y ser considerada como “un pueblo santo, un pueblo elegido, una ciudad sacerdotal y regia” y precisamente por esto, fue especialmente severo con los maniqueos que abundaban en la capital desde el año 439, donde formaban una secta secreta, difícil de localizar y por lo tanto, cada vez más peligrosa desde el punto de vista de la fe. En sus “Sermones”, se pueden seguir todas las fases de esta lucha contra los maniqueos. Como conocía perfectamente la doctrina emanada de los Concilios Ecuménicos y las Sagradas Escrituras, desde el Antiguo hasta el Nuevo Testamento, conocía el sentido bíblico del ayuno y por lo tanto, la hipocresía que se escondía entre sus seguidores incluso a la hora de acercarse a recibir los sacramentos. Investigó sobre ellos y, reuniendo al clero y a los obispos presentes en Roma, interrogó a algunos maniqueos que habían sido arrestados y realizó debates públicos con sus representantes. De esa manera confirmó que el maniqueísmo era una especie de mezcla de errores y prácticas supersticiosas – como el culto al sol -, por lo que ordenó quemar todos sus libros, los puso en manos del poder civil y legisló contra ellos. Muy significativa fue también su lucha contra algunos mercaderes que venían de Oriente y que comenzaron a difundir el eutiquianismo.

Como defensa contra los residuos de algunas prácticas paganas existentes aun en la ciudad, sustituyó esas fiestas paganas por fiestas cristianas, como por ejemplo, las “Colectas”, en sustitución de los “Ludi Apollinaris”, que eran unos juegos que los romanos celebraban entre los días 5 y 13 de julio en honor del dios Apolo. Instituyó asimismo la festividad de la “Cátedra de San Pedro” en sustitución de la Caristia o “Cara Cognatio”, que era una fiesta pagana que los romanos celebraban el 22 de febrero para honrar a los familiares difuntos.

Otra de sus actividades como obispo romano fue la restauración de las basílicas ya existentes y la construcción de nuevas iglesias en la periferia de la ciudad. Según el “Liber Pontificalis”, reparó y embelleció la antigua Basílica de San Pedro enriqueciéndola con preciosos mosaicos, no solo en el ábside sino también en la fachada; igualmente lo hizo en la Basílica de San Pablo extramuros, adornándola con fuentes para que los peregrinos pudiesen utilizarlas a su llegada a Roma. También se preocupó de la dignificación de las ceremonias religiosas, para lo cual, por ejemplo, encomendó la Basílica de San Pedro a una comunidad de monjes. Al cuidado espiritual de su grey, unió su preocupación por el bienestar y el buen estado material de su ciudad, Roma. Dos acontecimientos terribles demostraron su grandeza y magnanimidad como romano.

El Santo negociando con Genserico, rey de los vándalos. Miniatura de Jean de Vignay para el "Speculum Historiale".

El Santo negociando con Genserico, rey de los vándalos. Miniatura de Jean de Vignay para el “Speculum Historiale”.

La primera vez fue cuando los hunos, después de haber sido derrotados en Chalons, en la primavera del año 452 atravesaron los Alpes, invadieron el norte de Italia, arrasaron Aquileya y se dirigían a Roma. El emperador Valentiniano III, con toda su familia, se había refugiado en Roma; mientras que el Senado y el pueblo no encontraron otra salida que acudir al Papa para que éste enviara a un embajador ante el rey Atila. El mismo León le salió al encuentro en Mantova, donde el río Mincio desemboca en el Po y obtuvo que los hunos se retirasen y se fueran a la frontera del Danubio. La leyenda dice que durante las negociaciones entre ambos, Atila vio cómo se abrían los cielos, apareciendo los apóstoles Pedro y Pablo dispuestos a defender a León, pero la realidad es que los detalles de estas negociaciones se desconocen y Atila, que era pagano y no tenía por qué temer a la Iglesia, pudiera haberse retirado, contento con el botín del saqueo o quizás huyendo de alguna plaga o hambruna en aquella zona de Italia.

La segunda vez fue tres años más tarde, con Genserico, pero no obteniendo el mismo éxito. El 3 de mayo del 455 los vándalos provenientes de África desembarcaron en Italia, avanzando hacia Roma. El Papa León fue el único que trató de defender la ciudad, pero no pudo impedir que los vándalos la invadieran y saquearan por espacio de dos semanas. Sin embargo, sí logró que la ciudad no fuera incendiada, que las basílicas de San Pedro, San Pablo extramuros y la Lateranense no fueran saqueadas y que no se masacraran a los habitantes de la ciudad que, precisamente, se habían refugiado en el interior de esas basílicas y otras iglesias romanas. Sin embargo, los daños fueron inmensos, Genserico se llevó como rehén a Cartago a la viuda del emperador Valentiniano III y a dos de sus hijas, una de las cuales – Eudoxia – contraería matrimonio con Hunerico, hijo y sucesor de Genserico.

El “Liber Pontificalis” habla de los vasos sagrados que el Papa León donó a las iglesias romanas en sustitución de los que fueron saqueados por los vándalos. En recuerdo de estos acontecimientos, los romanos anualmente comenzaron a celebrar ceremonias de acción de gracia en honor de los apóstoles Pedro y Pablo, por haber impedido que la ciudad hubiese sufrido peores daños, como el incendio y la matanza de sus habitantes. No nos han llegado hasta nuestros días ninguno de los sermones que el Papa dirigía a su pueblo en estas celebraciones anuales.

Panorámica de la ciudad toscana de Volterra (Italia), presunta patria natal del Santo.

Panorámica de la ciudad toscana de Volterra (Italia), presunta patria natal del Santo.

En el próximo artículo seguiremos relatando la vida de este gran pontífice, el primer Papa que recibió el título de Magno – Grande – y que es uno de los Doctores de la Iglesia.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– ALFONSI, L., “Tradición cultural clásica en el Papa León I”, Napoli, 1961.
– BREZZI, P., “San Leone Magno”, Roma, 1947.
– Carta Encíclica “Sempiternus Rex Christus”, de S.S. Pío XII, Vaticano, 1951
– CAYRÉ, F., “Patrología e historia de la Teología, II”, Roma, 1938.
– MONACHINO, V., “Los papas en la historia, I”, Roma, 1961.
– NICOLAS, I., “La doctrina cristológica DE San León Magno”, publicado en la “Revista Tomista”, 1951.
– SANTINI, P., “El primado y la infalibilidad del Romano Pontífice en San León Magno y los escritores greco-rusos”, Grottaferrata, 1936.
– ZANNONI, G., “Bibliotheca sanctorum, tomo VII”, Città N. Editrice, Roma, 1988.

Enlaces consultados (28/01/2014):
http://en.wikipedia.org/wiki/Pope_Leo_I

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

12 pensamientos en “San León I, Papa y Doctor de la Iglesia (I)

  1. La anécdota de Atila el huno, famosa a más no poder, como bien dices ha sido interpretada a favor del Papa y añadiendo apariciones fantásticas que hoy día ya no hay quien se lo crea (o al menos eso espero). En realidad es mucho más lógico que Atila aceptara botín a cambio de no saquear la ciudad, porque, alguien se imagina al caudillo de los hunos temblar ante un señor desarmado, por más aderezos pontificales que lleve? La prueba es que con Genserico fracasó. Y eso no va en menoscabo de las aptitudes del Santo, porque me parece muy loable el librar al pueblo de verter su sangre, aunque tenga que comprarse.

    • Yo tengo muy claro, Ana María, que Atila se retiró porque estratégica y tácticamente le convenía y por mucho que San Próspero de Aquitania – que era amigo de San León – diga que Atila quedó impresionado, la realidad es que Atila cogió miedo a la peste que sufría aquella región, que su ejército estaba escaso de víveres y que temía que el emperador Marciano enviara a sus tropas para ayudar a expulsarlos de Italia.
      No parece muy lógico que un rey tan fiero como él, le cogiera miedo a unos emisarios – tengamos en cuenta que el Papa León no iba solo – sino a las circunstancias que le rodeaban, que le aconsejaban retirarse a otras tierras.
      Pero bueno, lo escrito en la vida del santo, escrito está y yo no he pretendido hacer crítica histórica, sino contar hagiografía y por supuesto, hay que reconocerle un gran valor al atreverse a visitar a Atila.

  2. Toño:
    En lo particular siempre he admirado mucho a San León Magno por su gran sabiduría. He leido una muestra de sus escritos y tienene una profundidad teologica muy interesante. Alguna vez lei que mientras en oriente los obispos eran muy letrados en teología, en occcidente eran más diestros en pastoral o en política, pero muy escasos en cultura teológica.
    San León fue el primer Papa con estudios teológicos, y cuando se presentaban las discusiones cristológicas y sofismas teológicos, esta Papa entendía de lo que se hablaba y pudo responder en el mismo idioma, corrigiendo lo que se tenía que corregir. Tal vez por ello la sede de Pedro comenzó a tener un brillo especial y por ello mereció este santo el epíteto de el Grande.
    Una observación: creo que la foto del relieve es el retablo de la capilla donde están sus reliquias. Si mal no me equivoco, sus restos están en la mesa del altar, que no aparece en la foto y tengo entendido que en ese altar o por lo menos en esa capilla, están también los restos de los Papas San León II y San León III.
    Saludos

    • Salvo honrosas excepciones, es verdad eso que dices. mi querido amigo. En Oriente se desarrollaba más la teología que en Occidente, pero digo que salvo excepciones, porque no podemos olvidarnos de San jerónimo, San Agustin, San Ambrosio, San Osio de Córdoba y algún que otro. Pero es verdad, en Oriente, al menos las discusiones teológicas fueron más normales entendiendo incluso por normalidad, más virulentas.

      En efecto, la foto del relieve a la que haces referencia es la del retablo que está sobre el altar que guarda sus restos. Alguna foto de esta urna de los restos saldrá quizás mañana.
      Los santos León II, León III y León IV, están en otro altar, todos juntos en una misma urna y también dentro de la basilica de San Pedro

  3. Thanks to Pope Leon and Tomus Leonis the Church adopted later the Chalcedon formula. An ingenious theology combined with philosophy which defended the Church from monophysitism and dioprosopism. Saint Leo, pray for us!

    • Si, está claro, Mitrut, si no llega a ser por la valiente defensa de la ortodoxia realizada por este santo Papa, el Concilio de Calcedonia no se hubiese celebrado o hubiese fracasado y la fe de la Iglesia hubiese quedado gravemente atacada por las herejías referentes a la divinidad y humanidad de Cristo. Su “Tomus ad Flavianum” fue un documento providencial, perfectamente elaborado basándose en las Escrituras, que fue aceptado unánimemente por todos y que dejó perfectamente clara cual era la teología cristológica que tendría que defender la Iglesia. De este tema seguiremos hablando más adelante

  4. Gracias Antonio, después de unos días sin poder comentar en el blog. Hoy me da mucha alegría ver al gran Papa León I.

    Como nuestro amigo Humberto, yo en una ocasión también leí sobre sus escritos de teología, pero como no la entiendo mucho, la verdad es que no me entere.

    Sobre su vida y obra no conocía algunos aspectos, como por ejemplo que fue el encargado de eliminar las sectas que surgían y su oposición a fiestas de tintes paganos. Llegando hasta el punto de cambiarlas por una fiesta hasta el día tan importante como la cátedra de San Pedro.
    En definitiva, podemos decir que fue un reformador de la primera Iglesia, ademas de un excelente mediador.

    Espero con ganas leer los artículos de los próximos días (( si el pc me lo permite jaj))

    • San León hará que el pc te lo permita.
      Para mi fue el gran Papa del siglo V, que por su labor pastoral, organizativa y teológica dejó perfectamente fundamentado el ministerio petrino. Fíjate que toda la Iglesia que permanecía en la ortodoxia lo reconocía como su cabeza, este tema no fue puesto en cuestión y recibió el apelativo de Magno, Grande.

  5. La vida de San León es magnifica ya algo había leído sobre él en especial sobre aquel episodio con Atila el Huno, el artículo me ha parecido de lo más interesante y espero con ansias los siguientes, gracias Antonio.

    • Pues el tema de Atila está muy resumido. Sobre este tema y otros se podrían haber escrito artículos enteros pero entonces, en vez de ser cinco los artículos escritos, hubieran sido algunos más. Yo creo que con los cinco que le hemos dedicado y que se publicarán correlativamente, tendremos una idea muy clara sobre la figura de este Gran Papa.

  6. Saludos Antonio

    Pues yo de San Leon I conocía rasgos a groso modo, de ahi en más no. No suelo leer mucho que digamos las vidas de los papas, salvo algunos que me llaman más la atención.

    Me alegra saber que era diácono cuando lo nombraron obispo de Roma y que se preocupó más por ser obispo de Roma que por ser papa. Las palabras del santo hacia Roma: “Un pueblo Santo, un pueblo elegido…” no estaban se sobra sus palabras ya que los romanos se caracterizaban por ser desmesurados en todo. Aunque aquí no mencionas la vida del clero quizá tampoco no estaba muy bien que digamos y a la que quizá también reformaría.

    Aplaudo su censatés en preferir que se llevasen las riquezas de Roma a que se derramara sangre o se destruyera la ciudad. Ha de haber sido fuerte la riqueza que ha de haber dado para que esto no pasara.

    • El tenía muy claro que su primera misión era ser el obispo de Roma y que precisamente por esto, le venía el resto de responsabilidad hacía toda la Iglesia y lo lógico es que, cuando tu quieres hacer limpieza, empieces por tu propia casa.
      No es el primer caso dado en la Iglesia de un diácono elegido Papa y cuando estos casos se han dado, los papas elegidos siempre han destacado, porque el pueblo es sabio, no es tonto: “un pueblo santo y elegido” como decía él mismo.
      Hoy, cuando se elige a un Papa, priman otros muchos intereses no todos igualmente honorables. Se dice que el Espíritu Santo asiste a la Iglesia en esta elección, pero a veces parece como que el Espíritu Santo se abstiene, porque hemos tenido algunos Papas que….., mejor callarnos.
      Yo en el Santo Padre Francisco veo una cierta semejanza: él, en primer lugar, se considera obispo de Roma y sabe que el resto de responsabilidades le derivan de este ministerio petrino. San León esto lo dejó muy claro y fue un gran defensor de este ministerio y Francisco, también.

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