San León I, Papa y Doctor de la Iglesia (II)

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Óleo del Santo, obra de Francisco Herrera el Joven . Museo Nacional del Prado, Madrid (España).

Óleo del Santo, obra de Francisco Herrera el Joven . Museo Nacional del Prado, Madrid (España).

Los católicos creemos que la obligación del obispo de Roma no es sólo gobernar en la caridad a todo el pueblo romano, sino que esa misión tiene que extenderla a todos los fieles del Pueblo de Dios, que es la Iglesia. San León Magno, consciente de ello, cumplió también esta misión. Para él, lo que hoy conocemos como el Papado fue también el centro de esta misión y así, ninguna de las provincias del extenso Imperio Romano escapó de su vigilancia. Sin embargo, su actividad episcopal no se extendía a todos los obispos de la misma manera. El obispo de Roma era el metropolita de prácticamente todas las regiones italianas y de las islas de Sicilia, Córcega y Cerdeña, era el primado de Italia y era el Patriarca de Occidente, por lo tanto, era normal que la actividad de León fuera más frecuente con todos aquellos que eran sus obispos sufragáneos. Éstos se acercaban a Roma al menos una vez al año, con ocasión del sínodo que se celebraba en el aniversario de su elección; y también en aquellas otras ocasiones en las que tuvieran que tratar un tema especial con él.

A los obispos de las regiones de Campania, Piceno y Toscana les recordó los cánones que regulaban la elección de los candidatos al sacerdocio, determinando, entre otras cosas, que quienes fueran esclavos tenían que ser liberados antes de la ordenación. A los obispos sicilianos les recriminó que confirieran los sacramentos del Bautismo y el Orden Sagrado fuera de los templos, ya que así lo determinaban los cánones. Dio normas muy precisas para que los bienes eclesiásticos no fueran dilapidados y mostró una exquisita generosidad cuando ordenó ayudar al legado pontificio Pascasino, que había sido saqueado y hecho prisionero por los vándalos.

Con el resto de los obispos italianos tenía relaciones principalmente cuando se trataba de cuestiones sobre la fe. León solicitó a todos los obispos de la Italia septentrional el apoyo a su “Tomus ad Flavianum” – carta dogmática en la cual restablecía la tradición ortodoxa contra las afirmaciones herejes que consideraban al Hijo inferior al Padre y que fue aprobada por el Concilio de Calcedonia con las palabras de “Pedro ha hablado por boca de León” – y quiso que los herejes, antes de volver a reconciliarse con la Iglesia, públicamente abjuraran de sus errores.

Icono ortodoxo anglosajón del Santo en su atuendo de obispo de Roma.

Icono ortodoxo anglosajón del Santo en su atuendo de obispo de Roma.

El obispo Nicetas de Aquileya le expuso algunas cuestiones, solicitándole se las solucionara, como por ejemplo, éstas: algunos cónyuges, después de haber estado varios años prisioneros de los hunos, reaparecieron cuando sus esposas, creyendo que estaban muertos, se habían casado de nuevo; o que algunos católicos que habían sido hecho prisioneros por los herejes, habían consentido ser bautizados de nuevo; o que algunos habían sido bautizados una sola vez pero por sacerdotes herejes; o sea, le planteaba cuestiones relacionadas con la validez y licitud de los sacramentos del Bautismo y del Matrimonio. León le respondió: En el primer caso, la mujer tenía que retornar con el primer y único marido; en el segundo de los casos, que hicieran penitencia y que recibieran el perdón por parte del obispo mediante la imposición de las manos; y en el tercer caso, o sea, los que habían sido bautizados por un hereje, debían ser confirmados con la sola invocación del Espíritu Santo mediante la imposición de las manos.

Con los obispos de las Galias, Hispania y África se comportaba como Patriarca de Occidente, o sea, intervenía si apelaban a él. Fue famosa su intervención con San Hilario de Arlés, que se comportaba según le dictaba su intempestivo y estricto carácter. Vale la pena que nos detengamos contando este hecho: Los límites de la provincia del metropolitano del sur de las Galias nunca se habían fijado exactamente y en una ocasión en la que San Hilario de encontraba en el territorio en disputa, depuso a un obispo llamado Celedonio acusado de haberse casado con una viuda antes de recibir la consagración y de haber dictado una sentencia de muerte cuando era magistrado. Ambos cargos eran impedimento para ser obispos. Celedonio fue a Roma y ante el Papa León demostró que era inocente. En cuando San Hilario supo que Celedonio había ido a Roma, también fue él y en Roma asistió a un Sínodo, no para defender su causa, sino para probar que se trataba de un caso que caía bajo la jurisdicción de los representantes papales en las Galias, por lo que no cabía esperar sentencia alguna del Sínodo. Pero San Hilario sabía que “le vigilaban” y que le iban a obligar a comulgar con Celedonio, por lo que secretamente se fue de Roma y se marchó a Arlés. El Sínodo dictó sentencia contra él. Poco tiempo después fue acusado de nuevo ante el Papa de Roma porque San Hilario había nombrado a un obispo cuando su antecesor se hallaba agonizante pero aún no había muerto. Éste recobró la salud y los dos obispos comenzaron a disputarse el gobierno de su diócesis. San Hilario apoyó al que él había nombrado, pero el Papa San León – al que recurrieron los dos contendientes – determinó que el proceder de San Hilario había sido ilegal y podía conducir a un cisma, por lo que le reprendió con severidad, le prohibió nombrar obispos y transfirió la dignidad de metropolitano al obispo de Fréjus.

Escultura decimonónica del Santo en el Duomo di Santa Maria Nascente, Milán (Italia).

Escultura decimonónica del Santo en el Duomo di Santa Maria Nascente, Milán (Italia).

En cuanto a la Iglesia hispana, se ocupó de la herejía del priscilianismo. El santo obispo Toribio de Astorga, asustado por la propagación del priscilianismo, había escrito a todos los obispos hispanos enviando una copia de esta carta al Papa León. Éste aprovechó la ocasión para dar algunas disposiciones en este sentido el día 21 de julio del 447, pidiendo, entre otras cosas, que se celebrase un Concilio para investigar el alcance adquirido por la secta priscilianista en Hispania, pero algunas dificultades políticas surgidas impidieron la celebración del mismo.

Por otro lado, los obispos africanos leales a las tesis nicenas eran constantemente hostigados por los vándalos y esto originó que en alguna ocasión se transgredieran gravemente las normas de consagración de obispos, se enjuiciaran a algunos de ellos e incluso se crearan nuevas diócesis. El Papa León intervino reclamando la obediencia a los cánones de la Iglesia, reservándose para sí el caso concreto del obispo Lupicino, que había sido depuesto de su sede; y evitando también la erección de nuevas diócesis en aquellas zonas que podían permanecer como simples parroquias.

En la zona de Illiria (o Iliria) – región que incluía parte del territorio de lo que hoy es Croacia, Serbia, Bosnia, Montenegro y Albania – estaba la línea divisoria entre la parte oriental y occidental del Imperio Romano; y el Papa San Inocencio I había determinado que su vicario en aquellas tierras fuera el metropolita de Tesalónica, con la intención de contraponer la influencia del patriarca de Constantinopla en aquella zona. En una carta escrita en el año 446 al obispo Anastasio de Tesalónica, le reprochaba la forma en que había tratado a uno de los obispos metropolitanos; a quien, siendo muy anciano, le obligó a hacer un viaje para justificarse ante él, en pleno invierno, muriendo éste en el camino. En esta carta le decía claramente qué funciones le estaban delegadas como vicario y cuáles estaban exclusivamente reservadas al Papa: “El cuidado de la Iglesia Universal debe converger hacia la sede de Pedro y nada ni nadie debe ser separado de ella”.

Pero las relaciones con la Iglesia de Oriente fueron algo más dificultosas y, de hecho, murió sin haber podido resolver algunos problemas planteados por las reivindicaciones del Patriarca de Constantinopla. Hay que decir que las primeras relaciones de San León con los patriarcas orientales fueron cordiales y no le ocasionaron problemas, pero la paz entre ellos no duró mucho tiempo. El motivo del conflicto se originó en Constantinopla con el resurgimiento del monofisismo gracias al archimandrita Eutiques, el cual, reaccionando contra Nestorio, cayó en el error opuesto, defendiendo que en Cristo había dos naturalezas antes de la Unión Hipostática y posteriormente, sólo una. “Eutiques no se daba cuenta de que antes de la Unión, la naturaleza humana de Cristo no existía, porque comenzó a existir en el momento de su concepción, y que después de la Unión es absurdo pensar que de dos naturalezas se haga una sola, porque de ninguna manera, dos naturalezas verdaderas y concretas pueden reducirse a una, tanto más cuanto que la naturaleza divina es infinita e inmutable” (Encíclica “Sempiternus Rex Christus” del Papa Pío XII).

Icono ortodoxo anglosajón del Santo, revestido en el atuendo de pontífice.

Icono ortodoxo anglosajón del Santo, revestido en el atuendo de pontífice.

El propio Eutiques fue el primero que dio la alarma en Occidente, pues escribió a Roma, poniéndola en guardia contra el nestorianismo que estaba resurgiendo. San León, dándole las gracias, lo tranquilizó diciéndole que desde Roma se le facilitarían mejores informaciones. Pero poco tiempo después, Eutiques fue oficialmente acusado por el obispo Eusebio de Dorilea y condenado en el sínodo metropolitano de Constantinopla del año 448. Entonces, él le envió al Papa una carta alegando que era una recomendación del emperador. El Papa León le escribió respetuosamente al Patriarca de Constantinopla, San Flaviano, reprochándole de no haberle informado de una cuestión dogmática de tanta importancia. De hecho, se quejó también al emperador. San Flaviano informó detalladamente al Papa, diciéndole que el caso ya estaba cerrado y juzgando como superflua la celebración de un Concilio Ecuménico. Pero desde ese momento los acontecimientos se precipitaron, porque en un intento de favorecer a Eutiques, el emperador Teodosio II quiso celebrar un concilio en Éfeso, presidido por Dióscoro, obispo de Alejandría y amigo de Eutiques. El Papa, por conservar la paz, no se negó y envió a tres delegados: un obispo, un sacerdote y un diácono, excusándose ante el emperador de no asistir personalmente, dadas las peligrosas circunstancias políticas que en aquel momento existían en Roma.

Pero al mismo tiempo que hacía esto, los delegados llevaban a San Flaviano una instrucción dogmática – la “Tomus ad Flavianum” que ya anteriormente hemos mencionado – denunciando los errores de Eutiques y defendiendo la doctrina ortodoxa: en Cristo existen dos naturalezas distintas en una sola Persona, que es la Persona del Verbo. Pero aquel sínodo de Éfeso se desarrolló entre intrigas y acosos: a los legados pontificios les prohibieron leer las cartas enviadas por León, a San Flaviano lo acusaron de herejía, los votos se consiguieron bajo coacción y el propio Dióscoro se atrevió a lanzar la excomunión contra el Papa. A San Flaviano llegaron a matarlo a bastonazos. Cuando el Papa León se enteró de estas fechorías, sintió un inmenso dolor y anuló y rechazó todo lo decretado por aquel sínodo, al que denominó “Latrocinio” de Éfeso.

Por fortuna, al año siguiente Teodosio murió y le sucedió el emperador Marciano, que defendía las posiciones ortodoxas. Él y su esposa, Santa Pulqueria, restituyeron el honor a San Flaviano y declararon nulas las actas de aquel conciliábulo. León se alegró y se manifestó a favor de la celebración de un Concilio Ecuménico. Anatolio, que había ocupado arbitrariamente la cátedra de San Flaviano, se arrepintió y suscribió la carta que León había enviado a Flaviano sobre la encarnación del Verbo. Los restos de San Flaviano fueron llevados a Constantinopla, los obispos depuestos fueron restituidos a sus sedes y fue reprobada la herejía eutiquiana, por lo que no se vio la necesidad de convocar un nuevo Concilio, máxime cuando el Imperio Romano estaba siendo asediado por los bárbaros. Pero a pesar de todo, debido a la insistencia del emperador Marciano, con el consentimiento de León, el Concilio fue convocado.

Fotografía de la procesión en honor al Santo en la ciudad italiana de Cairano. Fuente: www.cairanoproloco.it

Fotografía de la procesión en honor al Santo en la ciudad italiana de Cairano. Fuente: www.cairanoproloco.it

Las prescripciones que dio León ante el inminente Concilio indicaban su voluntad de presidirlo desde el principio hasta el final, porque quería que todo transcurriese en paz y que no se pusiera en peligro la unidad de la Iglesia. Recomendó evitar nuevas discusiones sobre cuestiones de fe, afirmando que era suficiente con que todos aceptaran la carta que él había enviado a San Flaviano y que se mantuviesen firmes en lo ya definido por el Concilio de Nicea – que había condenado a Arrio – y por el Concilio de Éfeso, que había condenado a Nestorio. El Concilio se reunió en Calcedonia, que era una ciudad de Bitinia, junto al Bósforo, el día 8 de octubre del año 451, en la basílica suburbana de Santa Eufemia. Asistieron cerca de seiscientos obispos orientales, dos obispos africanos y tres legados pontificios: Pascasio obispo de Lilibeo, Lucencio obispo de Ascoli y Julián obispo de Cos, además de dos sacerdotes llamados Bonifacio y Basilio. Los delegados del Papa ocuparon los puestos de honor, fueron los primeros en tomar la palabra, los primeros en firmar las actas conciliares y los que encabezaban la larga lista de asistentes al Concilio.

El punto más sobresaliente de esta gran asamblea fue la solemne aceptación de la epístola dogmática enviada por León a Flaviano – la “Tomus ad Flavianum” -, que fue reconocida unánimemente por todos los padres conciliares: “Ésta es la fe de los Padres, esta es la fe de los Apóstoles. Todos creemos así, los ortodoxos creen así. Sea anatema quien no crea así. Pedro ha hablado por boca de León, León ha enseñado según la piedad y la verdad”. Todos coincidieron que este documento concordaba perfectamente con los Símbolos Niceno y Constantinopolitano. Toda la Iglesia aceptó este consenso, en Occidente se celebraron muchos sínodos episcopales de adhesión y los obispos de las Galias propusieron incluso que fuera declarada “Símbolo de la fe”.

En la Edad Media, después del papado de San Gregorio Magno, se difundió la leyenda de que el Papa León había puesto su carta sobre el sepulcro de San Pedro, estando catorce días de ayuno y oración implorando al apóstol que, si lo creía oportuno, la perfeccionase y que transcurrido ese tiempo, el propio Pedro había introducido algunas correcciones.

Capilla-sepulcro del Santo en la Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

Capilla-sepulcro del Santo en la Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

Este Concilio de Calcedonia estableció también un cierto número de cánones disciplinarios, entre ellos el famoso canon 28, que renovaba el canon 3 del Concilio de Constantinopla del año 381, con el cual se atribuía a Constantinopla el honor de ser la “Segunda Roma”, dándole un puesto de preeminencia en la cristiandad a expensas de las antiguas sedes patriarcales de Oriente. Aquel canon 28 fue redactado en ausencia y contra la voluntad de los delegados enviados por León y, aunque no estaba en contradicción con el primado de Pedro, carecía de valor jurídico. El Concilio y el emperador pidieron su aprobación al Papa, pero León se negó.

El motivo por el cual el Papa León se negó a admitirla fue la debida fidelidad a los cánones de los concilios anteriores y porque el mismo León intuía el peligro de que un hecho de esta naturaleza exclusivamente eclesiástica, con el paso del tiempo, condujera a errores de naturaleza dogmática. Por eso León reafirmó que la supremacía no le venía a la ciudad por ser la capital del Imperio, sino por la sucesión apostólica; y que por lo tanto, primero estaba la ciudad donde Pedro había sido el obispo: Roma, Antioquía y Alejandría, ésta última, a través de su discípulo San Marcos.

Desde la primavera del año 452 hasta la del 454, León escribió catorce cartas contra este canon 28, hasta que creyó que había convencido al Patriarca. De hecho, el propio Anatolio, Patriarca de Constantinopla, excusándose por haber aprobado este canon en ausencia de los delegados pontificios, escribió a León: “De aquellas cosas que días pasados se decretaron en el Concilio Universal de Calcedonia a favor de la Sede Constantinopolitana, quien tuvo este deseo… quedando reservada a la autoridad de Vuestra Beatitud toda la validez y la aprobación de tal acto”. O sea, que Constantinopla aceptaba que la última palabra la tenía Roma.

En el artículo de mañana seguiremos escribiendo sobre este Santo Papa.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– ALFONSI, L., “Tradición cultural clásica en el Papa León I”, Napoli, 1961.
– BREZZI, P., “San Leone Magno”, Roma, 1947.
– Carta Encíclica “Sempiternus Rex Christus”, de S.S. Pío XII, Vaticano, 1951
– CAYRÉ, F., “Patrología e historia de la Teología, II”, Roma, 1938.
– MONACHINO, V., “Los papas en la historia, I”, Roma, 1961.
– NICOLAS, I., “La doctrina cristológica DE San León Magno”, publicado en la “Revista Tomista”, 1951.
– SANTINI, P., “El primado y la infalibilidad del Romano Pontífice en San León Magno y los escritores greco-rusos”, Grottaferrata, 1936.
– ZANNONI, G., “Bibliotheca sanctorum, tomo VII”, Città N. Editrice, Roma, 1988.

Enlaces consultados (28/01/2014):
http://en.wikipedia.org/wiki/Pope_Leo_I

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18 pensamientos en “San León I, Papa y Doctor de la Iglesia (II)

  1. Continuo leyendo con mucho esta serie de artículos dedicaods a San León el Grande. Me gusta mucho la historia de la Iglesia y he leido mkucho sobre ella, pero uno no es coputadora para guardar y reconocer toda la información. Recuerdo mucho el tema del Latrociio de Éfeso, más no entraba en detalles de como sucedió y quienes intervinieron. Al leer tu artículo me ha quedado muy claro el asunto.
    Me gustan mucho las ilustraciones de este Santo. En particular la primera. Luego de mucho tiempo de estarlo buscando, de encontrar una imagen digna de él, localice hace ya tiempo esta misma que encabeza esta segunda parte.
    Me parece curiosa su imagen en Milán, un tanto joven, sin barba y sin ornamentos que lo distingan como Papa, que supongo, asi debió de haber sido.
    Siempre lo he adirado como Papa. La frase de Pedro ha hablado por boca de León habla de la autoridad que se forjó y que sin duda daría origen a la otra conocidísima frase de Roma Locuta, cuas finita.
    Saludos.

    • Has hecho hincapié en el “Latrocinio de Éfeso”, llamado también “Sínodo de los ladrones”, que aunque las Iglesias monofisitas lo reconocen como “el Segundo Concilio de Éfeso”, no está considerado como un Concilio Ecuménico.

      El emperador Teodosio II lo convocó el 30 de marzo del 449, siendo presidido por el mencionado Dióscoro que era el patriarca de Alejandría. Su objetivo era revisar el proceso contra Eutiques.
      El Papa León era claramente contrario a las posiciones monofisitas y quiso que fueran sus legados quienes presidieran las deliberaciones, pero no se le permitió como ya indico en el artículo. Ese pseudoconcilio validó las posiciones de Eutiques aprobando las tesis monofisitas, llegando incluso a excomulgar, no solo al Papa, sino a todos los obispos que se oponían a las tesis monofisitas.

      Aunque el Papa declaró nulo este pseudoconcilio y lo llamó “latrocinio”, el emperador lo consideró válido asumiendo todas sus actas que fueron recogidas en el llamado “Código teodosiano”. De ahí nació la actual Iglesia Ortodoxa Copta.

      Todo se arregló dos años más tarde, cuando el nuevo emperador Marciano convocó el Concilio Ecuménico de Calcedonia, donde se condenó el monofisismo y se aclararon las cosas acerca de las dos naturalezas y una sola Persona en Cristo.

      • Humberto,
        Acabo de darme cuenta de que no he respondido a un tema planteado por ti. ¿Cómo que la figura de San León existente en el Duomo de Milán no lleva ningún distintivo de su dignidad papal? ¿No te has dado cuenta de que lleva puesto el palio al estilo oriental, o sea, como el Gran Omoforion? ¿Recuerdas como también lo llegó a utilizar Benedicto XVI?

        • Efectivamente, Antonio. Yo no sé mucho de ornamentos litúrgicos y pontificales, lo poco que sé lo he aprendido aquí y de nuestro amigo y compañero Harold, pero no me podía olvidar del palio, que se ve claramente en la estatua y que está más a menudo como omophorion en los iconos ortodoxos. He de decir que esta indumentaria sencilla y digna me gusta mucho más que la pomposa tiara papal. Cuestión de gustos, y de actitudes. Casi celebro que los últimos papas ya no la usen…

        • Si Toño, ese ornamento lo distingo, lo que quise decir es que la iconografía de este Santo lo representa barbado, anciano, con la triple tiara y la cruz de tres travesaños.
          No pienso que esos ornamentos hayan sido contemporaneos de él o si?
          El omoforion es el antepasado del palio y ese si lo creo contemporaneo de San León.
          Gracias.

          • Ana,
            La célebre tiara, o mitra bizantina de tres coronas se encontró esculpida por primera vez en unas medallas del Papa Sergio III (904-911), o sea que no aparece en la Iglesia hasta el siglo X, aunque su nombre como tal empieza a usarse en el siglo XII. Es entonces cuando empieza a tener un significado litúrgico, porque con anterioridad, los Papas se cubrían la cabeza con una especie de yelmo blanco llamado “camelaucum”. Quiero recordar que Benedicto XVI, lo llegó a utilizar alguna vez.
            La tiara con las tres coronas empezó a utilizarse ininterrumpidamente desde los tiempos de Benedicto XII hasta que el Venerable Papa Pablo VI la quitó de circulación, pero sin prohibir su uso, cosa que posteriormente no se ha hecho ni siquiera por Benedicto XVI que esporádicamente recuperó algunos distintivos papales.
            Yo tambien celebro que ya no se utilice.

            Humberto,
            El Omoforion, que se sigue utilizando por los obispos de Rito Bizantino, tuvo su origen en el palio romano y, como tu bien dices, el palio latino deriva de él. Seguro que San León I utilizó el omoforion y no utilizó la tiara, que como le he dicho a Ana Maria, es de uso posterior.

  2. Me has dejado Antonio como el otro artículo “con ganas de que siguieran unas líneas mas”.

    He leído con atención los problemas que se enfrentó el papa León con otros obispos y patriarcados. Siempre se me han hecho absurdos los patriarcados y las discusiones de autoridades de quien es mas y quien es menos. Deberían de presidir la caridad y ser ejemplo para todas las Iglesias y fieles y sobre todo para aquellos que no profesan la fe cristiana. Creo que el papa León tuvo mucha visión para ver este último problema que presentas en el artículo y la gravedad de lo que llevaría (y llevó) el sentirse Constantinopla como una segunda Roma o Sede. Esto me lleva a pensar ¿A caso estos señores no pensaron en de una vez decidir cuál es la tercera, cuarta y quinta sede patriarcal? al final de todos modos también es absurdo.

    El concilio contó prácticamente con la presencia de obispos orientales y bien gracias los obispos latinos; ¿pues a caso se estaban sacando los mocos? ¿ o les preocupaba el vandalismo y amenazas de aquellos que asechaba Roma mas que definir y resolver problemas de fe? Se que ante todo están los hechos de evitar guerra y de que la gente sea asesinada y espero que éste sea el principal motivo por el cual sea prácticamente nula la participación de los obispos latinos en el concilio, pero creo que debió se ser una participación conjunta.

    • Por supuesto que el Papa y los Patriarcas, en sus respectivas jurisdicciones, deben presidir al pueblo de Dios en la caridad, pero eso mismo hay que extenderlo al resto del episcopado: los obispos son pastores y no príncipes como dice el Papa Francisco. Esa era y es la voluntad de Cristo, pero ya sabemos como responden algunos.

      La Iglesia fue asumiendo la creación de los Patriarcados como algo natural y necesario para cumplir con el mandato del Maestro: Roma, Constantinopla, Antioquia, Alejandría y Jerusalén – ya lo explico en los artículos dedicados a las Iglesias de Rito Bizantino – y luego, por diversas circunstancias más o menos claras, se fueron configurando los otros, que para mi – y que me perdonen quienes no piensan igual – son patriarcados secundarios.

      ¿Por qué no participaron más obispos occidentales en el Concilio? Porque además de sus “problemas domésticos” en Occidente el tema del monofisismo nunca adquirió la virulencia que tuvo en Oriente y el Papa envió a quienes creía necesario para que lo representaran.

  3. Gracias Antonio, vemos la gran diplomacia que tenía el Papa S. León I para intervenir esos turbios asuntos que los obispos de aquel entonces se tomaban en serio ( no solo es “moda” de ahora).
    Gracias también por aclarar el tema del sínodo de los ladrones, en una breve reseña leí sobre este tema y me resulto muy confuso. Ahora ya se que la Iglesia Ortodoxa Copta parte desde aquí.
    Es cierto que el Papa emérito Benedicto XVI utilizo el palio al estilo oriental , en concreto el día de inicio de pontificado. También se puso un día el camauro, con tal mala suerte que fue muy criticado, cuando no se lo puso por rescatar una tradición, sino que estaba refriado y era muy vulnerable al frío en la cabeza.
    Otro ornamento típico papal que rescato, fue el fanón que va encima de las casulla y que se utiliza en ocasiones especiales.
    Y en mi opinión, la tiara papal no tiene por que estar reñida con nuestro tiempo. Yo pienso que para especiales ocasiones como es el día de inicio de pontificado si se podría utilizar ( no para todos los días, claro esta jaj). Acaso nuestros hermanos los patriarcas ortodoxos no tienen unas coronas al estilo imperial, también muy llamativas, que si las utilizan en determinadas ocasiones.

    • ¿Quién te ha dicho a ti que los patriarcas ortodoxos tienen unas coronas o tiaras imperiales que las utilizan en ocasiones muy señaladas? Yo no las he visto jamás y te puedo asegurar que he asistido personalmente o vistas en vídeos, a varios centenares de celebraciones litúrgicas de rito bizantino

      • Antonio, te pido disculpas. Posiblemente ayer me equivocara diciendo Patriarcas Ortodoxos. Quería decir Patriarcas de rito Bizantino, un ejemplo de lo que yo me refería podía ser el Patriarca Servio y el Patriarca de Georgia.
        Hablasteis de este el día de 12 de Septiembre del año pasado.

        • No, David. Es que las mitras (stéfanos) de los patriarcas de Jerusalen y de Georgia son distintas a las de los otros patriarcas y obispos, pero no dejan de ser mitras.

  4. PD: En todo caso, podemos estar tranquilos que estos ornamentos papales con el Papa Francisco ya no los veremos, cosa que entiendo y respeto porque es su personalidad y estilo.
    Pero me da la impresión que con él no los veremos, ya que ni utiliza la característica muceta papal.

    • ¿Y para qué sirve la muceta? ¿Y los zapatos rojos? ¿Y tantas cosas supérfluas?
      Al igual que en la última reforma litúrgica se quitaron determinados ornamentos obsoletos: amito, manípulos, planeta…, yo también quitaría todas estas reliquias de otros tiempos en los que el Papa era más un rey que un pastor.

      • Pues posiblemente esto no sirva para nada, pero ¿ para que sirve el tricornio de la guardia civil, para que sirve el birrete de los que se licencian en alguna carrera, para que sirve la corona de la Reina de Inglaterra?
        Como ya dije ayer es mi opinión, y en determinadas ocasiones si que se podría utilizar, como estas personas que lo utilizan. Aunque ” no sirvan para nada” pero denotan que estas ante alguien que por su oficio se distingue de esa manera.
        Pues lo mismo el Papa, con estos ornamentos ( que no digo que los utilice todo los días, ya que cada uno tiene su estilo, y lo respeto profundamente) denota que estas ante el Papa y como tal viste de forma diferente. Aunque ya con la sotana blanca sabemos perfectamente ante quien estamos jaja.

        Espero que se me entendida así, para mi no es un tema trascendental o de máxima importancia. Pero la verdad es que si que me gustaría que se utilizaran. Por el contrario si que estoy de acuerdo que se eliminara la silla gestatoria y los fabelos ( grandes abanicos con plumas), si se me permite la comparación el Papa mas bien parecía el gran Faraón de Egipto jaj.

  5. Lo que me llama la atención es que se le respetaba como alguien de máxima autoridad al patriarca de Roma, era considerado siempre en la toma de decisiones, más sin embargo el rumbo de la historia nos enseñó a parte de conflictos en pequeñas diferencias teológicas, tambien cuestiones políticas y sobre todo terquedad de futuros pontífices y prepotencia de otros pastores y patriarcas, que como bien sabemos terminó por fraccionarse la Iglesia.

    • Aunque nunca ha estado libre de ciertas turbulencias, la historia del Papado marchó más o menos bien hasta los prolegómenos que originaron el Gran Cisma del 1054. Todas las Iglesias Ortodoxas – nosotros los católicos también somos ortodoxos – a excepción de las monofisitas y nestorianas veían en el Papa al sucesor de Pedro que tenía la máxima responsabilidad en la Iglesia.
      Cuando Roma abusó de su autoridad las cosas se torcieron y ya para muchos cristianos “Pedro no hablaba por la boca del Papa”.
      Hoy estamos como estamos y hasta que no cedamos un poquito, el entendimiento avanzará, pero despacio. Y desde luego, la declaración del dogma de la infalibilidad no pudo ser más inoportuna.

  6. Cada vez se pone más interesante esta serie de artículo sobre San León es de suma importancia todas esas contribuciones que hizo a los concilios y con esto a la cristiandad que sin duda son los que le han valido el titulo de Magno, muchas gracias.

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