San León I, Papa y Doctor de la Iglesia (III)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Medallón del Santo en la galería de Papas de la Basílica de San Pablo Extramuros, Roma (Italia).

Medallón del Santo en la galería de Papas de la Basílica de San Pablo Extramuros, Roma (Italia).

En los años posteriores a la celebración del Concilio de Calcedonia, su mayor preocupación fue la Iglesia de Oriente, que necesitó de su intervención en varias ocasiones, la invasión de los hunos por el norte de Italia y la de los vándalos por el sur. Para lo primero, constituyó en Constantinopla una delegación con carácter permanente, que fue el origen de los apocrisiarios (del griego ἀποκρισιάριος, que podríamos traducir como embajador o nuncio) o de las actuales nunciaturas apostólicas, al frente de la cual puso al obispo Julián de Coo, que desempeñó el cargo con diligencia y fidelidad, informando al Papa León de todos aquellos asuntos eclesiásticos importantes. Aunque el monofisismo había sido condenado y depuestos sus obispos, la herejía seguía contando con adeptos, especialmente en Egipto y entre los monjes sirios y palestinos.

Los primeros en reaccionar contra el Concilio fueron los rudos e ignorantes monjes palestinos, que acusaron al santo obispo Juvenal de Jerusalén de haber traicionado la fe de Nicea, se rebelaron contra él y lo depusieron; Juvenal tuvo que refugiarse en Constantinopla. León acudió al emperador Marciano para que la emperatriz Eudoxia – viuda de Teodosio II –, que desde hacía tiempo estaba retirada en Palestina y protegía a sus monjes, intentara aplacarlos. Pero aun así, el emperador tuvo que enviar al ejército para aplacar los ánimos, cosa que consiguió, pero con derramamiento de sangre, debido a la terca resistencia de los monjes.

El emperador Marciano y la emperatriz Santa Pulqueria multiplicaron sus esfuerzos para calmar los ánimos y el Papa León escribió una carta a la emperatriz Eudoxia, en la que además de mostrar su aprecio a la ex emperatriz por defender la ortodoxia, la exhortaba cortésmente a perseverar en esta labor de pacificar a los monjes. A las amonestaciones papales se unieron por desgracia algunas tragedias ocurridas en el año 455: Valentiniano III fue asesinado y su hija, Licinia Eudoxia, apresada por los vándalos de África junto con sus nietas Eudoxia y Placidia, pero poco a poco se fue imponiendo la paz.

Las agitaciones más graves se trasladaron a Egipto, donde el obispo Proterio había sido elegido para la sede de Alejandría en sustitución de Dióscoro, que había sido depuesto y exiliado por el Concilio. Proterio defendía las decisiones de Calcedonia y la supremacía de la sede alejandrina sobre las otras sedes africanas, pero muchos obispos se negaban a obedecerle, manteniéndose fieles a Dióscoro. El emperador tuvo que intervenir y la cosa se calmó, pero cuando éstos se enteraron de que el emperador Marciano había muerto el 26 de enero del 458, los cabecillas monofisitas se sublevaron, soliviantaron al pueblo, mataron al obispo Proterio y en su lugar pusieron en la sede patriarcal al obispo Timoteo Eluro, quien apresuradamente depuso a todos los obispos fieles al Concilio de Calcedonia y excomulgó a León, y a los patriarcas de Constantinopla y Antioquía. ¡El patriarca ilegítimo de Alejandría excomulgaba a los patriarcas de Roma (el Papa), de Constantinopla y de Antioquía!

Icono ortodoxo anglosajón del Santo en su atuendo de obispo de Roma.

Icono ortodoxo anglosajón del Santo en su atuendo de obispo de Roma.

Estos rebeldes monofisitas, que eran apoyados por el indeciso emperador León I el Tracio, intentaron convocar un nuevo concilio para abolir lo dictaminado en Calcedonia; pero San León, ayudado por su legado Julián de Coo y por el patriarca de Constantinopla, intentaron convencer al emperador de que su obligación era defender la ortodoxia emanada de Calcedonia. Éste hizo un sondeo entre los obispos africanos y los monjes egipcios de más prestigio antes de decidirse sobre qué posición definitiva tomar. El éxito del plebiscito fue satisfactorio, contribuyendo sin duda la carta que León envió a todos los metropolitas africanos. Casi todos reconocieron que, al igual que Marcos era discípulo de Pedro, Alejandría estaba sujeta a Roma, por lo que debían aceptar las decisiones del Concilio de Calcedonia.

Antes de morir, San León tuvo dos grandes alegrías que compensaron todos sus desvelos para mantener la ortodoxia tanto en Oriente como en Occidente: a la muerte del patriarca San Anatolio, fue elegido para la sede constantinopolitana un hombre de su confianza, el santo obispo Genadio I; y en Alejandría, el emperador envió al exilio en el año 460 al obispo rebelde Timoteo Eluro, eligiendo el pueblo como nuevo patriarca al monje Timoteo Salofaciolo, conocido por todos por su sabiduría, bondad y fidelidad a la ortodoxia, el cual comunicó al Papa su elección. El Papa León, agradecido, el 18 de agosto del año 460, envió cartas de respuesta al propio Timoteo, a los obispos consagrantes y al pueblo alejandrino. Éstas son las últimas cartas que nos han llegado de este gran pontífice. La carta dirigida al Patriarca Timoteo resume toda su actividad: “Imita al buen Pastor que da la vida por sus ovejas y que las lleva sobre sus hombros. En tu celo por el servicio de Dios, compórtate de tal manera que aquellos que se desvíen de la verdad, puedan volver a Dios con la oración de la Iglesia. No permitas que caiga el misterioso edificio de la fe; guía a todas las almas que han sido puestas bajo tu techo”.

Al año siguiente moría el Papa León dejando a la Iglesia en paz y unida. Hay que reconocerle a este gran pontífice su intenso trabajo ante los emperadores, obispos y monjes a fin de superar las gravísimas crisis dogmáticas creadas en Oriente, triunfando la fe en el Concilio de Calcedonia y restableciéndose la ortodoxia, la paz y la disciplina eclesiástica tanto en Oriente como en Occidente. No se conocen cuáles fueron sus últimos momentos e incluso el día concreto de su muerte, aunque como fecha más probable se sitúa en el día 10 de noviembre del año 461, ya que así lo atestigua el martirologio Jeronimiano: “Romae depositio sancti Leonis episcopi”, o como confirma el “Liber Pontificalis” diciendo que gobernó la Iglesia durante veintiún años, un mes y trece días, siendo el pontificado más largo de la antigüedad. La Iglesia lo conmemora el día 11 de abril, ya que en esa fecha se hizo el primer traslado de sus restos.

Vista del altar-sepulcro donde yacen los restos del Santo. Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

Vista del altar-sepulcro donde yacen los restos del Santo. Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

Por su actividad y por sus escritos mereció los títulos de Magno y Doctor de la Iglesia. Sus escritos pueden dividirse en dos grupos: sermones y cartas. Los primeros constituyen una bella síntesis doctrinal, precisa y clara de lo que fue el pensamiento ortodoxo antiguo. Las segundas son un culmen de sabiduría y de celo y una fuente de excepcional importancia para conocer las vivencias históricas de aquella época.

Se han editado ciento dieciséis sermones de San León Magno, aunque sólo se pueden considerar como auténticos noventa y seis de ellos, los cuales pertenecen al primer decenio de su pontificado. Eso no quiere decir que con posterioridad él no predicase, sino que no se conservan sus sermones. Se conservan sermones pronunciados en determinadas fiestas litúrgicas, los que pronunciaba en el aniversario de su elección o los destinados a enaltecer determinadas prácticas piadosas, como la limosna o el ayuno. Con respecto a los sermones dedicados al ayuno, hay cuatro series que corresponden al ayuno de las cuatro “Témporas”: las de diciembre – de las que derivó el actual Adviento -, las de Cuaresma, las de Pentecostés y, finalmente, las de septiembre. La mayor parte del resto de sermones tratan sobre los misterios de Nuestro Señor: Navidad, Epifanía, Pasión, Pascua, Ascensión, Pentecostés y Transfiguración, así como el pronunciado contra Eutiques defendiendo las dos naturalezas de Cristo.

Hay otros sermones que también son famosos, como el de la festividad de los Santos Pedro y Pablo o el que conmemora el martirio de San Lorenzo. Esta serie de sermones constituyen el primer homiliario pontificio que ha llegado hasta nosotros, siendo considerados como modelos de elocuencia sagrada. Su patrón o esquema es más o menos uniforme: escoge una lectura de la Misa, lo explica ampliamente y saca consideraciones morales y de orden práctico, se atiene a las verdades más elementales y saca conclusiones que sirvan a quienes iban dirigidos. Él no es un exégeta, sus sermones son unos discursos que se van sucediendo uno tras otro a través del ciclo litúrgico. En esta predicación se muestra al moralista, al pastor atento y vigilante que se preocupa de los problemas concretos de sus fieles y que, sin perder su autoridad, habla de manera cercana a la gente, lo hace con palabras llanas, inteligibles para que todos entiendan bien cuál es el pensamiento ortodoxo.

Mientras que en sus sermones él se manifiesta preferentemente como obispo de Roma, que lleva a su diócesis el mensaje evangélico; en sus cartas muestra mucho más su faceta de pastor de la Iglesia universal. Se conservan ciento setenta y tres cartas, de las cuales, ciento cuarenta y tres son suyas y treinta son dirigidas a él, aunque hay que decir que, desde el punto de vista temporal, existen algunas lagunas, pues de los años 440, 441, 456 y 461, no nos han llegado ninguna carta, cuando lo lógico es que él también tuviese correspondencia en esos años.

Ilustración decimonónica del Santo en el libro "The Lives of the Saints" del rv. Alban Butler.

Ilustración decimonónica del Santo en el libro “The Lives of the Saints” del rv. Alban Butler.

Casi todas ellas tienen un carácter doctrinal importantísimo, en especial aquellas que tratan de la cuestión religiosa en Oriente. Entre todas ellas destaca la epístola (carta) 28 enviada a San Flaviano de Constantinopla, de la que ya hemos tratado anteriormente, que constituye una norma de fe y que el mismo León se encargó de difundir. Se sabe que el Papa, conocedor de las tristes noticias que venían desde Éfeso, hizo una recopilación de sus escritos relativos a aquella disputa y, después de haberlas comunicado al sínodo romano celebrado en el año 449, las difundió por todo Occidente. Se conserva en un códice en Novara y lleva una “subscriptio” muy interesante de un notario: “Tiburtius notarius iussu domini mei venerabilis papae Leonis edidi”.

La primera edición de las obras de San León se hizo en el año 1470 en Roma y consta sólo de doce sermones y cinco cartas. En el siglo XVI se hicieron treinta y dos ediciones, en el XVII se hicieron veinticuatro y en el XVIII, diez. En cada nueva edición se fueron incluyendo nuevos sermones y cartas del Papa León.

Bajo el nombre de este Papa nos ha llegado el “Sacramentarium Leonianum”, que es sin ningún género de dudas una recopilación póstuma de textos de la Santa Misa. Es del siglo VII y se conserva en Verona, aunque su origen es romano. Es verdad que no se puede negar que más de una de sus oraciones tienen las características propias de la manera de expresarse del Papa León. Es muy probable que el actual Misal Romano conserve algunas oraciones originales de este gran pontífice.

Aunque no es necesario enumerar las obras que le son atribuidas sin de hecho serlo, recordemos sin embargo una muy breve que sí lo es y que pertenece al canon de la Misa: en la segunda oración después de la Consagración, él completó la frase: “quod tibi obtulit summus sacerdos tuus Melchisedech” con las palabras: “sanctum sacrificium, immaculatam hostiam”, deseando especificar mucho mejor el tipo de oferta realizado por el sacerdote del Antiguo Testamento, en oposición a las prácticas que seguían los maniqueos en su liturgia. En el próximo artículo trataremos de su doctrina.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– ALFONSI, L., “Tradición cultural clásica en el Papa León I”, Napoli, 1961.
– BREZZI, P., “San Leone Magno”, Roma, 1947.
– Carta Encíclica “Sempiternus Rex Christus”, de S.S. Pío XII, Vaticano, 1951
– CAYRÉ, F., “Patrología e historia de la Teología, II”, Roma, 1938.
– MONACHINO, V., “Los papas en la historia, I”, Roma, 1961.
– NICOLAS, I., “La doctrina cristológica DE San León Magno”, publicado en la “Revista Tomista”, 1951.
– SANTINI, P., “El primado y la infalibilidad del Romano Pontífice en San León Magno y los escritores greco-rusos”, Grottaferrata, 1936.
– ZANNONI, G., “Bibliotheca sanctorum, tomo VII”, Città N. Editrice, Roma, 1988.

Enlaces consultados (28/01/2014):
http://en.wikipedia.org/wiki/Pope_Leo_I

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

8 pensamientos en “San León I, Papa y Doctor de la Iglesia (III)

  1. Toño:
    Me ha llamado la atención tu referencia de como los monjes, que eran rudos y a casi siemrpe sin formación, sean como hordas de bárbaros. recuardo haber leido alguna vez que San Cirilo de Alejandría se valió de ellos para poder adelantar la celebración del Concilio de Éfeso. Por lo visto actuaban y eran usados como punta de lanza o artillería pesada por las autoridades eclesiásticas en turno según sus conveniencias.
    Me ha gustqado enterarme que lso apocrisiarios son los antepasados de los Delegados Apostólicos o Nuncios y que esto se debe a una visión entre eclesiástica y política de nuestro santo.
    Cuando mencionaas toda su obra literaria, muy basta de por si, y haciendo el comparativo de lo que no se ha conservado, me da la idea de lo fecundo de su trabajo y considero que bien merecido tiene el título de Doctor de la Iglesia.
    Por último una pequeña observación: la celebración litúrgica de San León actualmente, luego de la revisión y reforma del Calendario, es el día 10 de noviembre.
    Saludos.

    • Está claro, Humberto, que la mayoría de los monjes de los primeros siglos de monacato eran hombres rudos y sin demasiada cultura. Lo primero, porque las condiciones físicas a las que se sometían no las soportaban cualquiera y lo segundo era porque por lo general, las personas letradas no se recluídan de por vida en monasterios o vivían en soledad. Es por eso que, cuando se les inculcaban unas ideas y estas resultaban erróneas, había que quitárselas a “machetazo”, jaja. Eran santos muchos de ellos, pero también eran muy tercos. Y es verdad lo que tu dices: fueron muchas veces utilizados según las conveniencias de unos y de otros.

      Y en lo referente a su festividad, en el último artículo – el de pasado mañana – digo que originariamente se celebraba el 10 de noviembre y que luego se pasó al 11 de abril. Ha sido un lapsus el no poner que nuevamente se reestableció el 10 de noviembre.

  2. Gracias Antonio, por esta tercera parte de la vida y obra de el Papa S. León l.
    Destacaría de ester articulo, el atrevimiento de el Obispo Timoteo Eluro, excomulgando al Papa y rechazando la validez del concilio de Calcedonia. Menos mal que intervino él y su obispo Julián Coo, y la paz y la normalidad volvieron a los patriarcados.
    Por otra parte, también me ha gustado mucho el mensaje que ya en aquel entonces el Papa León mandaba al Patriarca Timoteo, y que como vemos esta de plena actualidad casi 1.500 años después.
    Sus escritos son muy extensos y algún día me gustaría leerlos, porque gracias a estos artículos he conocido mejor la importancia que este Santo Padre tenia y tiene en la Iglesia.

    PD: muy bonita la foto del sepulcro del Papa León, ¿ es verdad que hay mas Papas enterrados con él?. De todas las fotos que tengo de los sepulcros de la Basílica Vaticana, creo que solo me falta este por fotografiar.

    • Bueno, David, quedan dos artículos más para conocer un poquito mejor la personalidad, el pensamiento y la espiritualidad de este santo Papa. Espero conseguir que se le conozca un poco más y espero animar a más de uno a que lean al menos algunas de sus obras; como mínimo la carta a Flaviano.

      Y como ya dije en un comentario de ayer, en ese sepulcro – del que saldrá publicada una foto mucho más bonita – solo están los restos de él. Es en otro sarcófago distinto donde están juntos los restos de los santos Papas León II, León III y León IV

  3. Antonio

    Pues yo veo en el papa San Leon Magno, un hombre preocupado por la unidad de las Iglesias, un hombre que se preocupa por el bienestar de su diócesis; un pastor abierto al diálogo y muy audaz para moverse en las problemáticas que enfrentaba la Iglesia y la ciudad de Roma.

    Creo que de él no he leído ningún escrito pero como hablas de ellos han de haber sido de mucha importancia en su tiempo pues eran aplicados a la vida cotidiana de la gente. Y ahora veo que los problemas heréticos se ven mas en oriente y no en occidente, quizá por eso los concilios fueron en aquellas regiones.

    Me puedes decir ¿quienes son los tres personajes que se ven más grandes en el retablo del altar donde yacen sus reliquias?

    • Emmanuel,
      Como bien sabes, en ese pasaje se representa la reunión de San León Magno y Atila, rey de los hunos. Por indicaciones del emperador Valentiniano, a San León le acompañaban Genadio Avieno y Memmio Emilio Trygentius entre otros y esos son los que se ven al lado del Papa. Junto a Atila, aparecen algunos de sus oficiales.

      Según San Próspero de Aquitania, Atila quedó tan impresionado por León, que se retiró. Ya en los comentarios del primer día nos referimos brevemente a las verdaderas razones por las cuales se retiró Atila.
      Jordanes (un escritor romano del siglo VI) dice que Atila se retiró porque tuvo miedo de compartir el destino del rey visigodo Alarico que murió poco después del saqueo de Roma en el año 410, pero Pablo el Diácono (que vivió en el siglo VIII) es quién nos dice que los dos hombres que aparecen en el cielo, uno de ellos con una espada, fueron los apóstoles Pedro y Pablo, visibles solo a Atila, quienes le amenazaron de muerte si no se sometía a lo que León le estaba solicitando.
      Estos personajes son los que aparecen en ese maravilloso relieve que está sobre el altar de su tumba.

  4. Igual que los demás artículos ha estado muy interesante conocer algo además ahora de los escritos que hizo San León y todo lo que luchó por que oriente y occidente continuaran unidos, muchas gracias.

    • André,
      La labor realizada por San León a favor de la pureza de la fe ortodoxa y la unidad de la Iglesia fue tan inmensa, su actividad apostólica fue tan intensa, que inevitablemente, no se podía escribir sobre él en un solo artículo y es por esto por lo que hemos realizado cinco.
      Yo aconsejo leer sus obras, sobre todo la Carta a Flaviano.

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