San León I, Papa y Doctor de la Iglesia (V)

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Lienzo del Santo, obra de Bernardino Campi.

Lienzo del Santo, obra de Bernardino Campi.

En este último artículo de esta serie sobre San León Magno vamos dar algunos rasgos de su personalidad y a hablar principalmente de su culto. Sin duda, se puede decir que San León, ante todo era un auténtico romano, pero que procedía del lento y fecundo proceso de asimilación del romano clásico al cristianismo. Aunque no naciera en la Ciudad Eterna, por su educación y su cultura era el típico representante de esa romanicidad, que era una síntesis armoniosa de la “virtus romana” con la “pietas christiana”. Del romano antiguo tenía la capacidad de mando, la genialidad práctica, la conciencia del deber y su solemne compostura, controlando siempre sus gestos y sus palabras. Pero estas dotes de auténtico romano no bastan para describir plenamente su personalidad, que ejercía una importantísima ascendencia entre sus contemporáneos. Supo unir la innata grandeza de su ánimo con la humildad de un auténtico cristiano. Majestad romana y habilidad diplomática, doctrina y elocuencia, se fundían en una exquisita sensibilidad, en un celo incansable, en una fidelidad absoluta a Dios, en un corazón ardiente de amor y en un deseo de servir a los demás, aun teniendo conciencia de su dignidad dentro de la Iglesia: “No nos gocemos tanto en presidir como en servir”, decía en uno de sus sermones.

Como supremo pastor, estaba pendiente de los problemas de los obispos de las iglesias particulares, los cuales tenían la obligación de tenerlo al corriente de las actividades e intrigas de los herejes en sus respectivas diócesis. Sus decisiones las tomaba con humanidad y con equilibrio, con sabia indulgencia y con la prudencia de un padre. Toda su política eclesiástica estaba orientada a mantener la Unidad de la Iglesia y en este sentido era inflexible cuando se trataba de defender los principios de la fe, aunque sin perder de vista la justicia y la caridad. Esa misma caridad inculcaba a los obispos hacia sus fieles, exhortándoles a que fueran benevolentes y no severos, a saber compaginar la autoridad con el amor. Como buen romano, recordará la máxima de Virgilio: “Parcere subiectis et debellare superbos” (salvar a los sumisos y derribar a los soberbios) y recordará esta máxima cuando expuso a la emperatriz Santa Pulqueria las acciones que debían inspirar su acción moderadora, aunque al mismo tiempo afirmase que la Sede romana tenía que enfrentarse a los herejes. Para él, la actitud del superior tenía que parecerse más a la de un médico que a la de un vengador, corregir a un pecador de la manera en que un médico cura a los enfermos.

La controversia monofisita le dio la ocasión para afirmar de manera vigorosa la preeminencia de la Sede romana y la autoridad universal del Papa. Es verdad que no fue el primer Papa en proclamar estos derechos de la Iglesia de Roma, pero sí que destacó en este sentido sobre todos sus predecesores. De esta manera puso las bases de la estructura del Papado, pero basándolas en el amor, el servicio y la defensa de la fe. Roma tenía que ser la ciudad sacerdotal y santa, la discípula de la verdad y del amor y la maestra que debía corregir los errores doctrinales. De este gran Padre de la Iglesia, podríamos seguir dando otros muchos perfiles de su personalidad, pero para no hacer tan largo el artículo y existiendo mucha bibliografía a este respecto, prefiero tratar ya el tema de su culto.

Icono moderno del Santo.

Icono moderno del Santo.

La Iglesia romana siempre le ha tributado una gran veneración. Inmediatamente después de su muerte se comenzó a hacer conmemoración de su memoria y a darle culto litúrgico. El Martirologio Jeronimiano, que ya estaba escrito en su época, lo incluyó el día 10 de noviembre, aunque su festividad litúrgica se pasó al 11 de abril, porque ese día, como ya hemos indicado en uno de los artículos anteriores, se hizo el primer traslado de sus reliquias. El “Liber Pontificalis” así lo menciona: “Qui etiam sepultus est apud beatum Petrum”.

Su cuerpo fue sepultado inicialmente bajo el pórtico de entrada de la Basílica vaticana, a la izquierda, bajo el “secretarium”, donde con anterioridad ningún Papa había sido sepultado, aunque posteriormente muchos de sus sucesores eligieron el mismo lugar para su sepultura. El Papa San Sergio I, que gobernó la Iglesia entre 687 y 701, en un epitafio decía que “el Papa León I, después de su muerte, había sido puesto como centinela en la puerta de la roca del príncipe de los Apóstoles. El mismo Papa Sergio I, en el año 688, hizo transportar sus restos al interior de la Basílica, poniendo una imagen suya en un altar que le fue dedicado. El Papa Nicolás I, gran admirador del Papa León, prestó especial atención a este epitafio y en una carta al emperador Miguel de Constantinopla, en un nuevo y difícil momento en la Iglesia Oriental, le repite la imagen del león rugiente y le recuerda que León, sin ayuda alguna, salvó a los patriarcas de Oriente de caer en la herejía.

Cuando fue erigida la nueva Basílica de San Pedro, el 27 de mayo del 1607, el cuerpo de San León Magno y de sus santos sucesores León II, León III y León IV, después de ser sometidos a un reconocimiento canónico por parte del Papa Pablo V, fueron puestos bajo el altar de Santa María de la Columna. En este reconocimiento canónico se comprobó que su cuerpo estaba incorrupto. Un siglo más tarde, bajo el pontificado de Clemente XI, el cuerpo de San León Magno fue nuevamente trasladado y puesto bajo un altar a él dedicado, en la capilla que Inocencio X había hecho erigir a tal efecto.

En el año 1754, con la Bula “Militantis Ecclesiae”, el Papa Benedicto XIV lo proclamó Doctor de la Iglesia. En esta misma Bula, el Papa, que ya había encargado a los hermanos Bellerini la edición de las obras de San León Magno, exponía los motivos personales de su iniciativa: cuando era canónigo de San Pedro había asistido al traslado de los restos del santo y había estado presente en el reconocimiento canónico de su cuerpo.

El Santo ante Atila, rey de los hunos. Ilustración de J.MB. para "El Santo de Cada Día", editado por Edelvives, 1960.

El Santo ante Atila, rey de los hunos. Ilustración de J.MB. para “El Santo de Cada Día”, editado por Edelvives, 1960.

Con motivo de la celebración del XV Centenario del Concilio Ecuménico de Calcedonia, en el distrito Prenestino de Roma le fue dedicada una nueva parroquia, por iniciativa de los hombres de la Acción Católica Italiana. Diez años más tarde, en el 1961, con motivo del XV Centenario de su muerte, el santo Papa Juan XXIII publicaba la Encíclica “Aeterna Dei sapientia”, donde presentaba a San León Magno como el campeón de la Unidad de la Iglesia. En este link está el texto íntegro. Esta Encíclica fue escrita por San Juan XXIII ante la inminente apertura del Concilio Vaticano II, uno de cuyos puntos principales era el problema de la unidad de todos los cristianos.

La Iglesia de Oriente celebra su festividad el día 18 de febrero. Con este tropario es exaltado en el Oficio de Vísperas: “Conductor de la ortodoxia, doctor adornado de piedad y de majestad, astro del universo, ornamento inspirado por los ortodoxos, sabio León, tú con tus enseñanzas nos has iluminado a todos, ¡oh lira del Espíritu Santo! Intercede ante el Señor Jesús para que salve nuestras almas”. En el oficio de Laudes, por la mañana, el Santo es exaltado como sucesor de San Pedro: “Tú has heredado el trono de San Pedro el Corifeo; tú, dotado de una mente divina, poseíste la doctrina de Pedro y su celo por la fe. Jerarca elegido por el Señor, con el resplandor de tus dogmas, has disipado las oscuras tinieblas de los herejes”. Tampoco pasan por alto su famoso “Tomus ad Flavianum”, del que ya hemos hablado en varias ocasiones: “Aurora que se eleva desde el Occidente, has emitido, ¡oh santísimo León! el tomo de los dogmas santos, que fue como un rayo de luz para la Iglesia. ¡Oh sucesor de San Pedro!, tú has obtenido su primado, tú adquiriste su celo ardiente y, por inspiración divina, emitiste el tomo, que dejó en mal estado la confusión de las incoherentes herejías”.

Este mismo oficio litúrgico de la Iglesia de Oriente a San León Magno llega a compararlo con Moisés, cuando descendía del Monte Sinaí: “Inspirado por Dios, has impreso en las tablas con carácter divino las enseñanzas de la fe; como un nuevo Moisés, has aparecido al pueblo de Dios, en la reunión de los doctores”. En la tercera oda se le llama “columna de la ortodoxia” y en la oda novena se le trata como un verdadero patriarca.

Sarcófago que contiene los restos del Santo. Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

Sarcófago que contiene los restos del Santo. Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

El Menologio de Basilio II dice de él: “Este nuestro padre León, admirable por sus muchas virtudes, la continencia y la pureza, consagrado como obispo de la gran Roma, hizo otras muchas cosas dignas de sus virtudes, pero sobre todas sus obras, sobresalió refulgentemente la custodia de la fe ortodoxa”. Como podemos ver, este gran Santo de la Iglesia Universal es igualmente honrado en Oriente como en Occidente.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– ALFONSI, L., “Tradición cultural clásica en el Papa León I”, Napoli, 1961.
– BREZZI, P., “San Leone Magno”, Roma, 1947.
– Carta Encíclica “Sempiternus Rex Christus”, de S.S. Pío XII, Vaticano, 1951
– CAYRÉ, F., “Patrología e historia de la Teología, II”, Roma, 1938.
– MONACHINO, V., “Los papas en la historia, I”, Roma, 1961.
– NICOLAS, I., “La doctrina cristológica DE San León Magno”, publicado en la “Revista Tomista”, 1951.
– SANTINI, P., “El primado y la infalibilidad del Romano Pontífice en San León Magno y los escritores greco-rusos”, Grottaferrata, 1936.
– ZANNONI, G., “Bibliotheca sanctorum, tomo VII”, Città N. Editrice, Roma, 1988.

Enlaces consultados (28/01/2014):
http://en.wikipedia.org/wiki/Pope_Leo_I

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

8 pensamientos en “San León I, Papa y Doctor de la Iglesia (V)

  1. Toño, ¿qué puedo agregar de comentario cuando todo sale sobrando? Esta saga sobre San León I es magnífica.
    Sólo te consulto sobre sus reliquias: para mi es una novedad el que haya permanecido incorrupto. Este fenómeno ¿ha llegado a nuestros días o ya sólo quedan sus huesos?
    Que Cristo conceda a las Iglesias de Oriente y Occidente por intercesión de San León Magno el don de la pronta y perfecta comunión.

    • Pues Humberto a Dios rogando y con el mazo dando para semejante petición. Yo tambien tengo la misma duda sobre sus reliquias, aunque en el artículo anterior se muestra en una foto una teca con reliquia de él.

      Cuando mencionas Antonio la fiesta de San León para la Iglesia de oriente, no creí que lo celebrasen y es que aunque falta mucho para el 1054, tengo entendido que las Iglesias Orientales veneran mas a sus santos o a los padres griegos que a los latinos; y lo digo así porque una vez conocí a un obispo ortodoxo asociado al patriarcado de Moscú y le preguntaba sobre san Agustín, a lo que me respondió que solo había leído de él alguno que otro comentario a las sagradas Escrituras, y según yo tengo entendido que san Agustín a de ser el Padre Latino mas grande o uno de los más grandes.

      Ana María por si vez este comentario, con el artículo anterior hablando de la confirmación en mi parroquia no es que se vistieran de santos, sino que hombres y mujeres tenían que llevar una especie de sotana para confirmarse o no se les confirmaba. Algo que totalmente estuve en desacuerdo y protesté llamándole la atención a mi párroco.

      • Pues lo dicho, un disfraz, Emmanuel. Nosotros los laicos no tenemos que llevar ese tipo de ropas, si no, estamos disfrazados de lo que no somos. Como cuando antes a las niñas comulgantas se las vestía de monjas. Mi opinión es que, los disfraces, para el carnaval.

        • Ana Maria,
          Yo también estoy en contra de los disfraces, pero por ejemplo hay algunas costumbres que son normales, como por ejemplo, los catecumenos adultos vestirse de blanco a la hora de recibir el sacramento del Bautismo.

      • Emmanuel,
        Las Iglesias ortodoxas bizantinas, las no monofisitas, si que veneran a San León Magno y tienen como una joya su carta a San Flaviano, aunque es normal que tengan más presentes a los Padres y Doctores orientales que a los occidentales. De alguna forma, a nosotros nos pasa lo mismo. ¿A que oyes hablar más de San Agustín que de San Basilio? Pues igual.

    • Que yo sepa, Humberto, su cuerpo sigue incorrupto y esto no es incompatible con el hecho de que existan algunas reliquias sueltas por ahí. Yo, por ejemplo, he tenido una teca con piel de San Fernando, cuyo cuerpo está incorrupto, pero al que en el último reconocimiento canónico y limpieza, se le cayeron algunos trozos de piel y de pelos.
      Me uno a ti en tu petición para que San León nos ayude a encontrar la unidad que Cristo tanto desea para quienes creemos en Él.

  2. Tanto el anterior articulo como este dejen un sabor muy agradable ante la sapiencia de San León, a mi también me ha sorprendido saber que San León es venerado en oriente y más ante su defensa del primado de Pedro que quizá sea algo incomoda de leer en Oriente. Por otro lado Antonio no se debido a que, pero en algunos calendarios de aquí de México se sigue mencionando a San León en noviembre y no en abril. Muchas gracias por esta tan interesante serie.

    • Si, ya le comentaba el otro día a Humberto que su festividad se celebraba en noviembre y desde ahí pasó a abril. Lo que se me olvidó poner es que nuevamente ha pasado a noviembre.

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