Indumentaria litúrgica

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

El Papa Francisco dando la bendición con el Santísimo Sacramento, revestido con capa pluvial y encima paño humeral.

El Papa Francisco dando la bendición con el Santísimo Sacramento, revestido con capa pluvial y encima paño humeral.

La indumentaria litúrgica es la que se coloca el sacerdote y los ministros, ya sean acólitos, monaguillos o bien el diácono en el momento de la celebración de la Santa Misa, de las bendiciones, procesiones u otras ceremonias con valor litúrgico. Su función es revestir al ministro dignamente para celebrar la ceremonia o el oficio, y en el caso de la Santa Misa, para que los presentes sepan que en el momento en que el sacerdote se acerca al altar lo haga “en la persona de otro”, quiero decir, que en el momento en que el sacerdote se reviste lo hace “revistiéndose de Cristo”, para poder hablar y actuar in persona Christi. [1]

Hoy vamos a enumerar algunas de las piezas más comunes -algunas en desuso en la actualidad- explicaremos su simbología y un poco de su historia, sin querer ser éste un articulo muy extenso, ni exhaustivo, sólo un articulo informativo para todas las personas que tengan interés en conocer la indumentaria litúrgica, los que ya lo conocen y quieren refrescar la memoria, o simplemente los que tengan curiosidad de “¿por qué el sacerdote se pone tal cosa?”.

En la Antigüedad y hasta hace unos años –hablo de la época pre-conciliar- los sacerdotes, mientras se revestían en la sacristía, al ponerse cada prenda sagrada tenían que recitar una oración, desde que se ponían el amito encima de la sotana o el hábito hasta que se ponían el manípulo. Empezamos con el amito.

San Esteban, de Carlo Crivelli, donde se observa el amito asomándose por el cuello de la dalmática en la que va revestido.

San Esteban, de Carlo Crivelli, donde se observa el amito asomando por el cuello de la dalmática en la que va revestido.

Amito
Vestidura sagrada que se compone de un paño de lino unido a 2 cintas, con una cruz bordada en medio, algunas veces está decorado con ricos galones o pasamanerías. El amito se coloca alrededor del cuello, en varias ocasiones se coloca primero sobre la cabeza, como si fuese una capucha, se ata mediante dos cintas a la cintura, en el momento en que se coloca la casulla, el amito cae y deja ver un cuello vistoso al sacerdote.

Místicamente, el amito simboliza el casco de salvación del guerrero –galea salutis-. Significa también el cuidado que se ha de tener en el hablar, porque es señal de sabiduría y prudencia La Iglesia no prescribió su utilización hasta el s.VIII. Se cree que procede tradicionalmente de las bufandas que utilizaban los romanos o bien del efod que usaba el Sumo Sacerdote de los judíos.

Alba
Túnica amplia de color blanco, como ya indica su propio nombre. Cubre al sacerdote de arriba abajo, suele ser de lino, algunas veces llevan bordados con motivos eucarísticos en los bajos y/o mangas, otras veces en las mangas y bajo lleva puntillas que adornan y dejan ver la sotana o el habito que se lleva debajo –en algunas ocasiones lleva un forro cuyo color indica la dignidad o rango del ministro-. Simboliza la pureza del alma, renovada y lavada por el sacramento bautismal. Procede de la túnica ordinaria que utilizaban los romanos en su época.

Estola
Vestimenta litúrgica en forma de banda larga, algunas veces ancha y otras veces estrecha –dependiendo del diseño- que han de portar sólo los ministros ordenados, ya sean sacerdotes o diáconos. Se coloca encima del alba, de la sobrepelliz o del roquete, colgando sobre el cuello hacia delante y en el caso que se ponga encima del alba, se debería ceñir al cuerpo cruzada con el cíngulo –sólo si encima se pone la casulla-. Generalmente lleva una cruz en la parte del cuello, que se ha de besar siempre que se quite o se ponga. Los diáconos la llevan cruzada sobre el hombro izquierdo y la atan o fijan a la altura de la cintura de la parte derecha.

Cristo, sumo y Eterno Sacerdote, obra de Francisco Romero Zafra (2011). Seminario de Córdoba (España). Aparece revestido con alba, estola, cíngulo y capa pluvial.

Cristo, sumo y Eterno Sacerdote, obra de Francisco Romero Zafra (2011). Seminario de Córdoba (España). Aparece revestido con alba, estola, cíngulo y capa pluvial.

Su color ha de ser acorde al tiempo litúrgico, a la festividad del día o bien al acto que se celebra. Su simbolismo nos quiere mostrar la autoridad y potestad sacerdotal, el sacerdote es pastor que dirige a su rebaño. Según algunas fuentes, data del siglo IV en Oriente y del siglo VI en Occidente. La llamaban orarium, lo utilizaban los predicadores y en la actualidad aún la llaman así los griegos.

Cíngulo
Larga cuerda que se utiliza de ceñidor para que el alba no arrastre y permita que el que la lleve no tropiece y pueda hacer los movimientos necesarios (inclinaciones, genuflexiones, arrodillarse, etc.). Algunos son de lino, otros de seda, algodón, etc. Generalmente son de color blanco, aunque es permitida la utilización del color del tiempo litúrgico o de la festividad del día. Algunos suelen terminar en borlas del mismo material, otros con borlas de hilo de plata u oro. Es símbolo de penitencia y mortificación, de fe y justicia, de castidad y de humildad, de vigilancia y de fortaleza. La utilizaban los senadores romanos para ceñir sus túnicas lacticlavia.

Casulla
Es la prenda exterior que utiliza el sacerdote única y exclusivamente para la celebración de la Santa Misa, cuyo color va a acorde con el tiempo litúrgico o la festividad del día y que se coloca encima del alba y de la estola. Simboliza el yugo del Señor. La prenda consiste en una especie de manto con un agujero en medio, por el cual se mete la cabeza y que cubre la parte delantera y trasera del sacerdote hasta aproximadamente la altura de las rodillas.

El material y el diseño pueden variar muchísimo, las hay de muy sencillas hasta con ricos bordados en oro u plata, o bien damascos decorados con ricos galones. En nuestros templos existen verdaderas joyas de nuestra fe que a través de los años han sido olvidadas en cajones de sacristías o trasteros, pero también muchísimos sacerdotes han sabido apreciar su valor y las han vuelto a utilizar.

"La Virgen entrega la casulla a San Ildefonso", lienzo de Bartolomé Esteban Murillo.

“La Virgen entrega la casulla a San Ildefonso”, lienzo de Bartolomé Esteban Murillo.

En la actualidad, muchos sacerdotes optan por no utilizar casulla y sólo se colocan la estola, que suele ser bastante ancha y larga, algunas veces con motivos étnicos, confeccionadas con lanas de colores, de modo que cuesta saber a qué tiempo litúrgico pertenece, y muchas veces suelen ser de un pésimo gusto. La institución general del misal romano, promulgada por S.S. San Juan Pablo II en el año 2000, obliga a todos los sacerdotes, incluso los concelebrantes, a portarla, omitiéndola sólo y exclusivamente en el caso de que no haya las necesarias para el número de concelebrantes.

La casulla ha ido evolucionando a través de los siglos: las primeras eran casi tan largas que llegaban al suelo y eran de un material muy pesado, que en momentos como en el de la consagración de las especies, el acólito había de levantar la parte trasera para facilitar la elevación de la Sagrada forma o del cáliz, por eso ha quedado la piadosa tradición, que según el ritual romano extraordinario de la misa, en el momento de la elevación de las especias, el acólito ha de levantar la parte trasera de la casulla. Con los años, la casulla se fue acortando, quedando incluso hasta por encima de las rodillas y sin cubrir los brazos: son las llamadas “casullas de guitarra”, aunque dentro de este mismo estilo, existen varios cortes o tipos que varían según la geografía donde se confeccionaban.

La casulla procede de la penula romana, que consistía en un manto que tenía un agujero en medio para meter la cabeza y que utilizaba el senador romano a principios del s.IV para los días de semana y, así, dejar la toga para los días festivos.

Manípulo
Ornamento sagrado en forma de pequeña estola que se coloca en el antebrazo izquierdo, encima de la manga del alba. Ha de ser del mismo material y color de la casulla y de la estola. Antes del Concilio Vaticano II lo portaban los sacerdotes, diáconos y subdiáconos. Después de la reforma litúrgica, el manípulo quedó excluido del rito latino ordinario, pero a partir del año 2007, cuando Benedicto XVI, en virtud del Motu Proprio, Summorum Pontificum, que regula la forma extraordinaria del rito romano, el manípulo ha vuelto a utilizarse en las ceremonias eucarísticas.

San Andres Avelino en su última misa, aparece revestido para la Santa Misa. Es asistido por un acólito revestido con sotana y sobrepelliz.

San Andres Avelino en su última misa, aparece revestido para la Santa Misa. Es asistido por un acólito revestido con sotana y sobrepelliz.

Algunos creen que el manípulo procede de mappa o mappula, que era una especie de servilleta o toalla que portaban los romanos en el brazo para servir en los banquetes, o bien para secar o limpiar el sudor de la frente o las manos.

Capa pluvial
Ornamento de ceremonia que consiste en una capa que va sujeta por delante por medio de un broche. Es utilizada en las procesiones exteriores, sean de Semana Santa, Eucarísticas, de Gloria, etc.; en las bendiciones, como en la del Domingo de Ramos, en la administración de algunos sacramentos como el bautismo, una boda, o bien en las exequias de un difunto. Se utiliza también para la exposición del Santísimo Sacramento y en su reserva. Se coloca encima del alba y la estola o bien del roquete o sobrepelliz con estola. Su color ha de ser acorde a la ceremonia que vaya a realizarse o al tiempo litúrgico.

Las hay con ricos bordados e incrustaciones de piedras preciosas, otras de ricos brocados, y también las hay muy austeras y sencillas. Proviene de la “lacerna” romana. Era una especie de manto con capuchón que cubría la cabeza para resguardarse de la lluvia. De dicha capucha queda ‘’el capotillo’’, que es ese trozo cuadrado de tela que adorna la parte trasera de algunas capas pluviales.

Humeral
Ancha y larga tira de tela que se coloca sobre los hombros del sacerdote o del ministro, que va sujeta por delante con un broche y que se utiliza para portar objetos sagrados como son la custodia/copón con el Santísimo Sacramento, la reliquia del Santo Lignum Crucis y otras reliquias de la Pasión. Se utiliza el paño humeral también para que el sacerdote dé la bendición con el Santísimo Sacramento, en este caso el paño humeral se ha de colocar encima de la capa pluvial.

En las ceremonias en las que participa el obispo, los acólitos utilizan el humeral o llamado también “paño de hombros” para portar el báculo pastoral. Su color ha de ser acorde al tiempo litúrgico o a la ceremonia en la que es utilizado, por ejemplo, si corresponde a una bendición del Santísimo Sacramento, siempre ha de ser de color blanco, plateado o dorado, sin excepción alguna.

El Papa Benedicto XVI oficiando en Miércoles de Ceniza. 'Obsérvese que los obispos -en este caso, el de Roma- llevan tunicela debajo de la casulla para la celebración de la Eucaristia.

El Papa Benedicto XVI oficiando en Miércoles de Ceniza. ‘Obsérvese que los obispos -en este caso, el de Roma- llevan tunicela debajo de la casulla para la celebración de la Eucaristia.

Tunicela y dalmática
Consiste en una ropa larga y ancha, con mangas más bien cortas y a veces cerradas que se pone sobre el alba. Su uso se remonta al siglo IV y se reserva hoy en día como hábito episcopal para los pontificales, que se coloca el obispo encima del alba y la estola y debajo de la casulla, pues así lo prescribe el “Pontificale Romanum”. Antes del concilio Vaticano II, la tunicela la portaban los subdiáconos, ya que era la vestidura propia de esta orden menor, hasta su abolición por el Beato Papa Pablo VI.

La dalmática es la prenda propia del diácono que se coloca encima del alba y de la estola, cruzada. En la actualidad, en el ámbito de hermandades y cofradías, los acólitos turiferarios o ceroferarios suelen portar tunicela o dalmática delante de los pasos procesionales. Su color ha de ser acorde al tiempo litúrgico o festividad del día.

Sobrepelliz y roquete
Las dos prendas son confeccionadas en lino de color blanco, son una especie de camisa, parecida al alba, pero más corta y que no va ceñida al cuerpo. Se coloca encima de la sotana, hábito o prenda talar. Aunque parecidas, pero diferentes, su diferencia principal está en las mangas. Las mangas de la sobrepelliz son más anchas que las del roquete. El roquete es propio de los obispos, cardenales, canónigos y religiosos que tienen facultad para llevarlo.

"El acólito", lienzo de Pablo Picasso. Va revestido con sotana y sobrepelliz.

“El acólito”, lienzo de Pablo Picasso. Va revestido con sotana y sobrepelliz.

La sobrepelliz la pueden portar los sacerdotes y acólitos. Se utiliza para la administración de sacramentos, para predicar, bendiciones, exequias, etc. Las mangas y bajos muchas veces están decorados con bonitas puntillas y encajes y otras veces están bordados con motivos eucarísticos. Según la geografía, ha variado su corte y forma, algunas veces no tienen mangas, como por ejemplo las de los sacristanes de la Catedral de Valencia, o las de corte recto y sin mangas de la escolanía de la Abadía de Montserrat.

Agradezco la colaboración de mi querido amigo Don Gregori Maria para la elaboración de este artículo, poco extenso, pero que servirá a los lectores que quieran documentarse sobre cuál es la indumentaria litúrgica que han de portar los sacerdotes y otros ministros.

Harold


[1] Benedicto XVI, Homilía de la Santa Misa Crismal, Basílica Vaticana, 5/2/2007.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

4 pensamientos en “Indumentaria litúrgica

  1. Querido Harold, qué bueno verte de nuevo por aquí después de tanto tiempo. Gracias por este útil y curioso artículo sobre un tema que sé que te fascina. De hecho muchas veces hemos hablado en privado sobre estos asuntos y comprendo tu preocupación porque estas normas no se respeten tanto actualmente, aunque bien sabes que yo no le doy tanta importancia a estos detalles, no porque los desprecie, sino porque en mi entorno parroquial esas indumentarias sí se observan, salvo algunos elementos como el amito o el cingulo, y digamos que por eso no me han llamado mucho la atención (ya sabes, cuando te acostumbras tanto a algo, dejas de verlo como especial…)

    Lo que sí me ha fascinado es comprobar que la mayor parte de la indumentaria litúrgica romana procede de la antigua vestimenta romana… cotidiana, no cristiana, es decir, pagana. Da que pensar lo vinculados que estamos al pasado romano. Somos hijos de Roma, tanto como nietos de Grecia. De hecho de no ser por Roma hoy no seríamos ni siquiera cristianos, pero no me voy a enrollar en este tema porque son cuestiones historiográficas que no vienen al caso.

    Gracias por este estupendo trabajo y, por favor, no te hagas tan caro de ver. 🙂

  2. Gracias Harold, que bueno verte por aquí.
    Me ha gustado mucho este artículo, muchas veces me he preguntado el significado de la vestimenta sacerdotal. Al igual que a Ana María, me ha sorprendido mucho que todas estas piezas o casi todas, tienen su origen en las vestiduras paganas de los romanos. A decir verdad, pensaba que fueron costumbres que empezaron a poner de “moda” los primeros cristianos ( en la película de Agora, se ven muchas de estas. Mas rudimentarias, pero al fin y al cabo las mismas.)
    Lo que mas me ha llamado la atención, ha sido manípulo. No lo he visto nunca puesto en ningún sacerdote. Tampoco sabía que el Papa emérito Benedicto XVI autorizo nuevamente su uso.
    Con respecto al amito, si que lo he visto y cada vez se ve más en nuevos sacerdotes. Es una tradición que se dejo de usar y que ahora se esta usando, el mismo Papa Francisco lo utiliza en todas las ceremonias mas importantes.

    Te animo a que escribas otro artículo de este tipo, pero la con la indumentaria exclusiva de los Papas. Pienso que seria interesante, aunque la mayoría ya no se utilicen o solo hayan sido utilizadas por el Papa Benedicto XVI.

  3. La dalmática no debería ser portada nunca por nadie que no fuese diácono. Es cierto que se usa por acólitos en procesiones, pero no debería ser así. Es un barbaridad litúrgica, y yo diría incluso que atenta contra el sacramento del Orden. Es como si uno que no es presbítero vistiera casulla en una procesión. Todo el mundo entendería que eso no es lo correcto, pues es hacerse pasar por ministro ordenado, en un acto público, uno que no lo es.

    Algunos obispos han prohibido en las procesiones de sus diócesis el uso de dalmáticas por quienes no son diáconos, pero otros, por no enfrentarse a las cofradías, que tienen mucho tirón en algunas partes, y no tener reaños, no dicen ni pío. Sí lo harían si viesen un falso presbítero con casulla, lo que demuestran lo lejos que están de apreciar el ministerio del diácono. En Roma esto no se consiente y hacen lo que hay que hacer. Por eso, en la JMJ 2011 de Madrid, en el vía crucis con las hermandades, no se consintió que los acólitos acompañantes de los pasos portaran dalmáticas. Hubiera supuesto un buen rapapolvo por parte de Benedicto XVI a los obispos españoles, empezando por el de Madrid.

    Y el buen cofrade, capillita, trajeado y con pelo engominado, encantado de poder ver el barroquismo de las dalmáticas en sus cofradías. Pero si os fijáis sólo se usan para esos menesteres las dalmáticas antiguas, las romanas, las de ángulos rectos tipo “san vicente”. No verán ni una de corte actual. No lucen tanto, claro, que es lo que importa. Claro está que un acólito con alba, que es su vestidura propia, no es tan llamativo. Pero las normas litúrgicas no son cuestiones estéticas.

  4. Tengo una dicotomía: entiendo que la indumentaria liturgia ha de reflejar la trascendencia de una celebración eucarística y procesión, pero también creo que la Iglesia debe dar ejemplo y vivir la humildad, sencillez y cercanía. Hay que cuidar las formas, pero no es lo más importante. En mi parroqia, los zagales que se preparaban para la primera comunión ayudaban al sacerdote durante la misa, pero desde que les compraron “roquetes” no hay quien los convenza, y no digamos en las grandes procesiones.

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