San Adalberto, obispo mártir de Praga

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Óleo del Santo, obra de Mihály Kovács (1818-1892).

Óleo del Santo, obra de Mihály Kovács (1818-1892).

Las fuentes concernientes a la vida de San Adalberto, venerado como el apóstol de Prusia, son muchas y muy fiables, ya que todas son contemporáneas a él. Los dos documentos más importantes son atribuidos a Juan Canapario, monje del monasterio de los Santos Bonifacio y Alejo en el Aventino; y el otro a Bruno de Querfurt.

Su nombre de bautismo era Vojtěch, un nombre eslavo, que posteriormente se cambiaría por Adalberto. Nació en Libice, ciudad que estaba en abierta competición con Praga, probablemente en el año 956 en el seno de la familia bohemia Slavnikovci. En el año 972 lo pusieron bajo la tutela de San Adalberto, obispo de Magdeburgo, quien lo había confirmado, y por espacio de doce años estuvo estudiando en aquella ciudad junto con su hermano menor Radzym (San Gaudencio), en la escuela Oktryka, donde aprendió humanidades, latín, alemán y el idioma de los Veleti, una tribu eslava que habitaba junto al Mar Báltico. A la muerte de su tutor el 20 de junio del 981 y en su honor, tomaría su nombre: Adalberto; y siendo subdiácono, marchó a Praga, donde lo ordenaría de sacerdote el obispo Dithmaro.

Debido a la santidad de su vida, a su inteligencia y a la profunda admiración que suscitaba entre quienes lo conocían, a la muerte del obispo Dithmaro, el 19 de febrero del año 983, fue nombrado obispo de Praga a petición del príncipe Boleslav II de Bohemia, a pesar de su juventud y con sólo dos años de sacerdocio. Sabedor de que el estilo de vida de la ciudad era bastante indeseable, para demostrar su voluntad de reformarlo, entró en la ciudad descalzo y compartiendo desde el primer día su casa y su mesa con los más pobres y necesitados. Allí llevó una vida bastante mortificada, ayunando asiduamente y durmiendo en el suelo, dedicándose frecuentemente a la oración, mientras le atormentaba la forma de vida tan poco cristiana de los habitantes de Praga. Durante casi seis años trabajó incansablemente para conseguir el objetivo de convertir a su ciudad, pero sus esfuerzos fueron casi nulos. Desalentado, abatido y sintiéndose incapaz de dirigir su diócesis, marchó a Roma para exponerle al Papa Juan XV la situación y aceptase su renuncia. Su solicitud fue aceptada y, durante casi cinco años, vivió recluido primero en el monasterio de Montecassino y posteriormente, en el monasterio romano de los Santos Bonifacio y Alejo en el Aventino. Allí, con profundo espíritu de humildad, se dedicó a realizar los servicios más humildes y a llevar una intensa vida de oración, ofreciendo todos sus actos y oraciones por la conversión de los habitantes de Praga.

El Santo bautiza al príncipe Vajk. Lienzo de Gyula Benczur, Galería Nacional de Hungría.

El Santo bautiza al príncipe Vajk. Lienzo de Gyula Benczur, Galería Nacional de Hungría.

En Praga, la situación religiosa iba de mal en peor, por lo que el arzobispo Willigo de Maguncia solicitó al Papa que hiciera retornar a Adalberto a Praga. Él aceptó a condición de que los habitantes de la ciudad prometiesen cambiar de vida y éstos la hicieron, aunque no la mantuvieron. Regresó a Praga acompañado de unos monjes benedictinos y posteriormente, en el año 993, con la ayuda del príncipe Boleslav II fundó el monasterio de Břevnov, que fue la primera abadía benedictina de Bohemia y que tuvo una notable importancia, por ser el primer monasterio católico que desarrolló la liturgia eslava. El príncipe húngaro Géza, veinte años antes, había permitido que los misioneros cristianos evangelizaran su principado y en el año 993 le solicitó el bautismo a San Adalberto, tanto para él como para su hijo Vajk, el futuro San Esteban I , rey de Hungría. San Adalberto fue su tutor y le enseñó las verdades de la fe cristiana.

Como las malas relaciones con los disolutos bohemios continuaban, abandonó nuevamente la ciudad y, haciendo una parada en el Principado de Hungría, llegó de nuevo a Roma, donde volvió a recluirse en el monasterio de los Santos Bonifacio y Alejo en el Aventino, permaneciendo allí hasta el año 996, cuando Gregorio V lo invitó a que volviera a Praga, cosa que aceptó humildemente, pero haciendo nuevamente una parada en Hungría, donde dejó a su discípulo San Anastasio – que sería uno de los primeros obispos de aquel principado -, con la tarea de afianzar el cristianismo en el país.

El retorno a Praga le produjo mayor dolor y amargura. Fue recibido de manera violenta, pues los habitantes de la ciudad se dedicaron a masacrar a quienes les acompañaban y a confiscarles todas sus pertenencias. El obispo tuvo que refugiarse junto a su amigo Boleslao Chrobry, hijo del duque de Polonia, que lo apoyó y negoció en vano con los pragueses para que aceptaran a su obispo. Mientras tanto, Adalberto se dedicó a evangelizar las tribus paganas de Prusia, pues el Papa Gregorio V le había encargado esta misión en aquellas zonas no cristianas.

Cáliz utilizado por el Santo.

Cáliz utilizado por el Santo.

Acompañado de su hermano Gaudencio (Radzym), del sacerdote Benedicto y con una escolta armada para protegerlos, siguiendo el curso del río Vístula, llegaron a Gdansk, donde estuvieron un breve espacio de tiempo, pero consiguiendo unos resultados que fueron para él muy consoladores, pues logró bautizar a numerosos paganos. Más tarde, ya sin escolta, se adentró en tierras prusianas, donde fue recibido muy hostilmente. Los misioneros no conocían la lengua de los prusianos y aunque intentaban hacerse comprender, no lo conseguían. Con ayuda de algunos nobles prusianos llegaron a una zona de asentamiento, donde fueron protegidos y el 17 de abril, ante una gran muchedumbre de prusianos, con la ayuda de un intérprete, intentó explicar los principios del cristianismo: “Mi origen es eslavo y mi nombre es Adalberto, fui ordenado como obispo y ahora estoy aquí como apóstol. La razón de nuestro viaje es conseguir vuestra salvación, para que conozcáis al Creador, que es el único Dios y para que creyendo en su nombre, tengáis vida y merezcáis las moradas celestiales”.

La situación era tensa, era patente la hostilidad entre los eslavos y los prusianos y le ordenaron salir de las tierras de Prusia. Él permaneció unos días en la orilla sur del lago Druzno y la mañana del 23 de abril del año 997, después de celebrar misa, fue asaltado por una horda de paganos, que le atravesaron el corazón con lanzas y flechas, mientras que a sus compañeros, después de maltratarlos brutalmente, los dejaron en libertad. Los prusianos decapitaron su cuerpo y dispersaron el resto de sus miembros.

El cuerpo del mártir fue recuperado por el duque Boleslao, quien pagó su peso en oro y lo llevó a Gniezno, donde permaneció hasta el año 1039, fecha en la que los habitantes de Praga asaltaron la ciudad y se llevaron parte de las reliquias del Santo. Esta traslación, en la actualidad, es solemnemente celebrada en la capital checa el día 25 de agosto. El emperador Otón III, que era amigo de San Adalberto, fue en peregrinación a Gniezno en el año 1000 para venerar sus reliquias y, durante su estancia en la ciudad, consiguió algunos huesos del mártir y los llevó a Roma, donde los depositó en la iglesia construida en la Isla Tiberina, o sea, la iglesia de San Bartolomé.

Cráneo del Santo en la catedral de Praga (República Checa).

Cráneo del Santo en la catedral de Praga (República Checa).

La canonización de San Adalberto se realizó en el año 999, o sea, dos años después de su martirio. Parte de las reliquias de San Adalberto y las de su hermano Radzym están en la catedral de Gniezno, aunque, como ya he dicho, el príncipe Bretislao I se llevó parte de las de Adalberto a la catedral de San Vito en Praga y Otón III llevó algunas a Roma. Durante la Segunda Guerra Mundial, la Gestapo quiso confiscar el relicario de plata de Gniezno aun a costa de destruir las reliquias, pero éstas fueron trasladadas clandestinamente a Inowroclav, escondiéndolas en el suelo de la iglesia de San Nicolás, desde donde regresaron a Gniezno una vez terminada la guerra. La noche del 19 al 20 de marzo del año 1986, robaron de la catedral de Gniezno el relicario de plata construido en el año 1662 por el orfebre Peter von der Renen. Aunque el relicario fue derretido, las reliquias las respetaron y los responsables de este incidente fueron castigados.

Su festividad se celebra el día de hoy. San Adalberto es uno de los tres principales patronos de Polonia y de las diócesis de Koszalin, Elblag y Gniezno. Es el santo patrón de Bohemia y de la región de Prusia.

La imagen más antigua que se conoce de San Adalberto es la que se encuentra en la iglesia romana de San Bartolomeo all’Isola Tiberina. Esta iglesia fue fundada por el emperador Otón III sobre las ruinas de un antiguo templo dedicado a Esculapio y, aunque en un principio llevó el título de los Santos Adalberto y Paulino para que guardara las reliquias del Santo que había traído desde Polonia, más tarde fue dedicada a San Bartolomé, cuando en ella se pusieron las reliquias del apóstol. El mismo Otón III, de regreso a su tierra, dedicó una iglesia a San Adalberto en Aix-la-Chapelle (Francia), la cual posee actualmente una estatua del Santo datada en el siglo XIV. También fundó otra en Ravenna, pero de ésta no queda absolutamente nada.

Urna del Santo en la catedral de Gniezno (Polonia).

Urna del Santo en la catedral de Gniezno (Polonia).

A San Adalberto se le representa vestido con los ornamentos episcopales y sus atributos son una lanza, en memoria de su martirio, y un águila, que según la tradición custodió su cuerpo hasta que el rey Boleslao lo rescató, pagando su peso en oro. Toda la vida del Santo, sus milagros y su muerte, están representados en dieciocho bajorrelieves que adornan la puerta de la catedral de Gniezno. En ella se le representa como estudiante en Magdeburgo, obispo de Praga, en el acto de liberar a un grupo de cristianos que estaban esclavizados por un hebreo, el milagro del vaso de vino que se cayó al suelo en el monasterio de San Alejo y no se rompió, la evangelización de los prusianos, su martirio y el traslado de sus reliquias.

Actualmente, en la catedral de esta ciudad polaca la efigie del Santo está reproducida en un arca relicario de plata y en un busto del mismo metal. A Teodorico de Praga se debe una pintura del siglo XIV, expuesta en la capilla de la Santa Cruz del castillo de Kartstein y en el puente de Carlos de Praga existe una estatua del siglo XVII en la que está representado vestido con los ornamentos de obispo.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– GORDINI, G.D., “Bibliotheca sanctórum, tomo I”, Citta N. Editrice, Roma, 1990
– HÜLSEN, C., “Las iglesias romanas en el Medievo”, Firenze, 1927.

Enlace consultado (21/02/2014):
http://es.wikipedia.org/wiki/Adalberto_de_Praga

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

10 pensamientos en “San Adalberto, obispo mártir de Praga

  1. Pues en buena hora la publicación de este artículo que ya hacía falta. La vida de este santo se une a muchos otros que se arriesgaron en la aventura de la Evangelización. Siempre se me ha hecho un tanto paradójico que los habitantes de Praga, que siempre estuvieron en contra de su obispo, luego de muerto, hayan querido tener sus reliquias.
    Te comento el detalle que con motivo del milenario de su martirio, San Juan Pablo II lo inscribió en el Calendario Universal, actualmente tiene el grado de memoria opcional.
    ¿Es seguro que él fue quien bautizó a San Esteban I? He leído no recuerdo dónde, que hay quien duda de este hecho y que San Esteban fue bautizado por otra persona.
    Y pasando al detalle de las reliquias, expones muy bien su historia y detallas minuciosamente su destino. Alguna vez leí que había cierta confusión entre estas reliquias y las de San Bartolomé, pero como lo describes, no hay lugar a suspicacias.
    Por muchos años la Diócesis Primada de Polonia fue Varsovia. Juan Pablo II determinó que fuera Gniezno, ¿esto se debe para resaltar la figura de este Obispo Mártir?
    Finalmente te comparto que me parece equivocada la iconografía de este santo, que es representado como anciano cuando apenas rebazaba los cuarenta y un años al momento de su martirio.
    Saludos y felicidades por este artículo.

    • Humberto,
      Si se consulta la bibliografía escrita sobre San Adalberto “casi se afirma categoricamente” que bautizó a San Esteban I, pero, como tu muy bien dices, eso no está tan claro y así lo expresé yo cuando escribí el artículo de San Esteban el día 2 de septiembre del 2011 (reléelo).

      Sin dudas cuando Juan Pablo II pasó la primacía de la Iglesia polaca a Gniezno, en su determinación pesó bastante el hecho de que allí se conservan las reliquias de San Adalberto, pero también pesó la personalidad del obispo de entonces en la archidiócesis. Si no estoy mal informado, la primacía sigue actualmente en Gniezno aunque no se si compartida con Varsovia. No siempre una primacía tiene que estar unida a la capitalidad del país y un caso concreto es España, cuya iglesia primada está en Toledo y no en Madrid.

      Y en cuanto a la iconografía, ¿qué te digo? Para muchos pintores, a la hora de pintar, parece que no importa la edad de la persona pintada o quizás mejor, la pintura puede ir unida a la ignorancia en muchas ocasiones, porque es verdad que murió “joven” (si siendo cuarentón se era joven en aquella época) y se pinta como un anciano.

      • Tengamos en cuenta, por ejemplo, el caso de Santa Apolonia, mártir de Alejandría, de la cual sabemos por textos fidedignos que era una mujer anciana y, sin embargo, la mayoría de los artistas la han representado como una doncella joven y lozana.

        • Yo creo que algunos artistas levitan, viven entre el cielo y la tierra, idealizan y pintan como mejor les parece, a veces “viendo visiones”, jaja.

  2. Muchísimas gracias, Antonio, por hablarnos de este obispo mártir de Praga al que desconocía por completo. Me entristece pensar en que él estaba cansado y un poco desesperado de su tarea de evangelización, que lo que quería era quedarse en su monasterio de Roma y que sin embargo, por obediencia, volvió una y otra vez a la tierra de sus quebrantos, hasta que esto le costó la vida. No sé si algún responsable de haberle hecho ir donde no quería se sentiría culpable de esto.

    Veo que Praga es tierra de mártires, ahora recuerdo a Wenceslao y cómo no, a su abuela Ludmila, de la cual tengo que escribir un artículo.

    • Yo creo que si él aceptó el cuidado de la diócesis de Praga, tenía que apechugar con todas las consecuencias y abandonarla e irse a Roma a enclaustrarse era lo más fácil. Me parece bien que le obligaran a volver a su diócesis y que él obedeciese, se dedicase a evangelizar activamente y no a la mera contemplación. Que su misión evangelizadora fue grata a Dios no cabe dudas, porque le premió con la palma del martirio.

  3. Esta publicacion de la vida de San Adalberto nos muestra las duras vivencia del santo durante su vida, todo un ejemplo de humildad que mostro al convivir con las gentes sin recursos, una pena que desde los grandes pulpitos actuales no se inviten a poner en practica esta conducta que ya Jesucristo si las hacia con las personas humildes y trabajadoras de su epoca, sus apostoles.

    Creo que seria muy interesante que el autor de este brillante articulo se pudiera prodigar mas en esa relacion que suele aparecer como normales entre santos y religioso con los reyes y personas relacionadas fuertemente con el poder. Algo que a mi entender se aleja del camino trazado por los evangelios

    • Todos sabemos las relaciones de todo tipo, que a lo largo de la historia, ha existido entre la Iglesia y los gobiernos de las naciones. Yo estoy de acuerdo en que la Iglesia y los eclesiásticos han de relacionarse con todo el mundo, pero eso es una cosa y crear relaciones de dependencia es otra muy distinta.
      Estamos acostumbrado a ver en estos días como una organización se mete en los asuntos de la otra. Ni la Iglesia puede pretender legislar en un país – aun menos si este es laico y aconfesional – ni los gobiernos pueden amordazar a la Iglesia para que no denuncie las injusticias. La Iglesia tiene que cumplir con su papel de defender a los pobres y los poderes públicos tienen la obligación de poner los medios para que eso ocurra. Si en este objetivo pueden colaborar, mejor que mejor, pero inmiscuirse una organización en las competencias de la otra, no.

  4. Pues al igual que Ana María

    Me sorprendió la postura que tomó san Adalberto por no conseguir los cambios de vida de los habitantes de su diócesis ¿Imagínate si san Juan María Vianney hubiera hecho lo mismo?

    Por otro lado se ve que fue un hombre sencillo y que quiso buscar soledad y contemplación. A pesar de que no tengo en contra a quienes son llamados a estas vocaciones y que son realmente necesarios en la Iglesia, por otro lado también veo la necesidad de mucho apostolado; más aún el dar ejemplo, los ejemplos arrastran; las palabras conmueven.

    Es el relicario más raro que he visto en algún artículo tuyo Antonio. Hablo precisamente de la que contiene el cráneo.

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