Santa Gianna Beretta Molla, madre de familia

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Fotografía de la Santa con dos de sus hijos.

Fotografía de la Santa con dos de sus hijos.

Introducción
En el Quinto Mandamiento de la Ley de Dios se concierne todo lo que respecta a la conservación y defensa de la vida humana. Si lo leemos o recitamos con la negación que comienza, fácilmente se cae en la idea de que es un mandato que restringe y que reprime la conciencia y la decisión de una persona; pero si se observa desde su espíritu, podremos descubrir que con esta ley se promueve la vida y se respeta el derecho divino de quitarla, porque solamente Dios Nuestro Señor la ha dado y únicamente a Él toca quitarla. Nuestro mundo vive actualmente una cultura de muerte. Con gran insolencia, el hombre se ha arrogado el derecho de suspender con criterios materialistas el desarrollo de la vida humana, sea interrumpiéndola al ocaso de la misma o bien impidiendo su comienzo. El aborto y la eutanasia son crímenes que se han disfrazado de actos buenos y benéficos para quien los practica, pero en realidad son pecados mortales que ofenden gravemente a Dios.

Al presentar la vida de Santa Gianna Beretta, la Iglesia propone en ella la enseñanza de que la vida es un don de Dios, que todos los que la reciben tienen el derecho de gozarlo, porque desde el momento de la concepción, ese ser ya tiene un alma aunque no tenga un cuerpo desarrollado. Así mismo, esta santa nos recuerda las palabras de Jesucristo: “Nadie tiene amor más grande por sus amigos que el que da la vida por ellos”. (Jn. 15,13).

Infancia
Nació el 4 de octubre de 1922 en Magenta, Italia, siendo la décima de trece hermanos de una familia cuyos padres fueron Alberto Beretta y María de Michelis. De éstos cinco murieron en muy tierna edad y tres se consagraron a Dios, dos sacerdotes y una religiosa. Recibió el nombre de Gianna (Juana), al que se le agregó el de Francisca, por haber venido a este mundo el día del Santo de Asís. En esa misma fecha de su nacimiento recibió el sacramento del bautismo. En su familia se dio una educación integral, resultado del buen testimonio de sus padres y de las profundas enseñanzas de los mismos, viviendo sin necesidades y con un fuerte espíritu de servicio y desprendimiento. A los cinco años hizo su primera comunión. En 1929 inicia sus estudios primarios y en 1933 es matriculada en el Instituto Serpi de Bérgamo. Las calificaciones que obtenía eran normales, incluso había asignaturas, como el latín o el italiano, que acreditaba hasta el año escolar siguiente. En 1939 muere su hermana mayor Amalia, por lo que la familia se muda a vivir a Génova, donde continuó sus estudios en el colegio de las “Doroteas”.

Fotografía de la Santa.

Fotografía de la Santa.

Cuando tenía 16 años hizo por primera vez en su vida unos ejercicios espirituales, de los que sacó un propósito que anotó en una libreta: “Hago el santo propósito de hacer todo por Jesús”. Es digno de recordar que al comienzo de la década de los años cuarenta, a pesar de los bombardeos que se hacían sobre Génova durante la Segunda Guerra Mundial, llamaba mucho la atención que la familia Beretta, padres e hijos, participaran diariamente en la misa de ocho de la mañana, terminada la cual, cada uno de los miembros se dirigían a cumplir sus obligaciones. En el año de 1942 murió su madre a consecuencia de una embolia y ocho meses después también murió su padre. Por motivos de orden doméstico, todos los hermanos volvieron a vivir a Magenta con los abuelos paternos. Gianna padeció como sus hermanos el traslado, el cambio de escuela y de modo de vivir. Por entonces dos de sus hermanos, José y Enrique, se hicieron sacerdotes capuchinos.

Juventud y vocación
En 1942 se matriculó en la Facultad de Medicina de Milán, los cuales hizo en medio de la guerra y por la cual se cambió a la Universidad de Pavía, concluyendo sus estudios en 1945. En 1950 obtiene una especialidad en pediatría en la Universidad de Milán. Por estos años fue una militante activa de la Acción Católica, ocupando entre los años de 1943 y 1956 cargos directivos dentro de la misma. Participaba en las Conferencias de San Vicente de Paúl y los sábados visitaba a las familias necesitadas. Invitaba a sus amigas a la Eucaristía diaria y también que participaran en ejercicios espirituales, para formar personas de una sola pieza. Decía: “Sólo si poseemos la riqueza de la gracia podremos darla a nuestro derredor, porque el que no tiene, no puede dar nada”. Promovía entre las personas de su círculo que se practicara diariamente diez minutos de oración, así como el rezo del Rosario como una expresión de amor a la Santísima Virgen María. Pero Gianna no era una mujer inmiscuida todo el tiempo en actividades religiosas, era una excelente deportista, le gustaba hacer excursiones a la montaña, pues le gustaba estar en contacto con la naturaleza. Sabía esquiar así como pintar, su afición a la música le hizo ser una buena pianista.

Como sucede a los jóvenes durante su juventud, tuvo la inquietud de descubrir su vocación. Por un lado le llamaba la atención ser religiosa y misionera en Brasil con su hermano Enrique, pero por otro lado, le gustaba la idea de casarse y formar una familia. Fue mucho tiempo de oración y reflexión, así como la búsqueda de consejos entre personas experimentadas, entre ellas, el Obispo de Bérgamo; hizo una peregrinación a Lourdes para pedir a Dios y su Madre una luz que la orientara, hasta que llegó a la conclusión de que su vocación era la vida matrimonial. Entonces conocería a Pedro Molla. Intuyó que Dios la quería como misionera entre sus prójimos, entre los enfermos que visitaba en los hogares y un ambulatorio que junto con su hermano Fernando había abierto en Mesero, un pueblito cercano a su tierra natal. Se dedicó a los pobres y los enfermos con pasión y responsabilidad, al grado de rechazar la propuesta del novio de que renunciara a su profesión para dedicarse a la familia cuando estuviera integrada.

Fotografía de la Santa el día de su boda con Pedro Molla.

Fotografía de la Santa el día de su boda con Pedro Molla.

Pedro Molla trabajaba en una fábrica de cerillos, de la cual llegaría a ser director, y era hijo de unos vecinos de Mesero que acudían al ambulatorio. Comenzaron a tratarse y en la Nochevieja de 1954 Pedro invitó a Gianna a la Scala de Milán a una función, luego de la cual celebraron el Año Nuevo en la casa de sus padres. El 20 de febrero de 1955, el joven le propuso matrimonio a la doctora, quien aceptó. El suyo fue un noviazgo breve. Como Pedro viajaba mucho, la comunicación entre ambos se intensificó mediante cartas. En una de ellas, Gianna dice: “Quiero formar una familia verdaderamente cristiana, donde el Señor se encuentre en nuestra casa como en un cenáculo… Me gustaría ser como la mujer fuerte de las Sagradas Escrituras.” Contrajeron matrimonio el 24 de septiembre de ese año en la Basílica de San Martín de Magenta. Ya de casada siguió atendiendo los pobres y enfermos, cuando uno de ellos no era apto para algún tipo de trabajo, le procuraba otro apto a su situación, si algún enfermo no tenía solvencia económica, ella misma le regalaba las medicinas o le daba dinero para que se las comprara. Muchas veces trabajó en el consultorio hasta la nueve y media de la noche. A sus compañeros médicos decía: “Tenemos oportunidades que los sacerdotes no tienen. Nuestra Misión no termina si las medicinas no sirven, todavía hay que llevar un alma hacia Dios. Cada médico debe llevar almas a los sacerdotes… Que Jesús se pueda ver entre nosotros”.

El hogar con calor de una madre
El amor entre Pedro y Gianna dio pronto frutos: en 1956 nació el primer hijo: Pedro Luis, en 1957, María Zita, en 1959, luego de un embarazo difícil, Laura Enriqueta. A sus obligaciones profesionales supo unir sus responsabilidades familiares. Como toda ama de casa y madre de familia, se dedicaba a ir de compras al mercado para conseguir los alimentos y los enseres domésticos. Distribuir el tiempo para lleva a los hijos a la escuela muy temprano, manejando su automóvil, enseñarlos a ver televisión, estar al tanto de que se bañen y acostarlos a la hora conveniente. Educarlos con paciencia, dedicación y firmeza, esculpiendo en cada uno de ellos un carácter y una persona con educación. Atender al marido, santificando su relación de pareja mediante el diálogo, la convivencia cotidiana, esperarlo hasta la noche con una sonrisa y platicarle los eventos de día. Ser el medio de unir en un mismo amor al esposo con los hijos, para guiarlos a Dios con el rezo diario de rosario y la participación constante de los sacramentos. Enfrentar las dificultades económicas, procurar los mejores estudios para sus vástagos y mantener una economía familiar estable, con momentos de ahorro y compartiendo de lo propio con los necesitados. Así, pudo ser la mujer fuerte que deseaba. Pedro Molla refiere: “En seis años y medio que estuvimos casados, me impresionó que fuera tan trabajadora; el respeto tan profundo que tenía por la vida, don de Dios. Me conmovía la gran alegría que sentía cada vez que nacía uno de los hijos”.

La Santa, fotografiada con uno de sus hijos.

La Santa, fotografiada con uno de sus hijos.

El amor de una madre es la impronta del amor de Dios
Hacia 1961, Gianna y Pedro esperaban la llegada de un nuevo vástago. Entre el tercer y cuarto mes del embarazo, le apareció un fibroma en el útero que ponía en riesgo la vida de ella y del feto. Le preocupaba ante todo que la vida de su hijo no tuviera peligro, y decidió que se le practicara una operación para retirar el tumor. Deseaba que su criatura viviera, que se protegiera su existencia y, si fuera preciso, por encima de la suya. Hubo tres opciones: una laparotomía con extracción del fibroma y de útero, interrupción del embarazo con aborto y extracción del fibroma, y extracción del fibroma sin interrumpir el embarazo. Gianna escogió la última opción, sabiendo como médico el peligro que como madre enfrentaba. Antes de entrar al quirófano el 6 de septiembre de 1961, se confesó y comulgó. Dijo: “Mil veces antes morir que ofender al Señor”. Se le extirpó entonces el tumor sin dañar la cavidad uterina, para que el embarazo pudiera continuar. Dos vidas estaban en juego: una sutura en esa zona durante el cuarto mes del embarazo resultaría fatal. A despertar, el médico le dijo: “Hemos salvado al bebé”.

Gianna volvió a casa, consciente de que llevaba en su seno una persona humana por la que merecía arriesgar y hasta dar su propia vida. Era un don de Dios, como sus otros hijos. Trató de llevar una vida normal, a sabiendas de que conforme avanzaba el embarazo, el peligro también crecería. Cierto día que Pedro volvía del trabajo, le dijo: “Pedro, te lo ruego, si te ves en la ocasión de decidir entre mi vida y la del niño, te ruego que decidas por la del niño, no la mía”. Pedro lo recuerda bien: “Me sentí incapaz de responderle nada. Me fui de la casa sin decir palabra. Gianna confiaba en la Providencia. La decisión de mi mujer era el resultado de una vida de coherencia con su fe profundamente religiosa, que tenía sus raíces en su familia. Lo que hizo no lo hizo para irse al cielo. Lo hizo porque se sentía madre y porque disfrutaba de cada cosa, pequeña y grande que Dios nos da en este mundo. Al darse cuenta de la terrible coincidencia del embarazo con el fibroma, lo primero que hizo fue pedir por la vida de ese niño.”

Gianna no era una mujer fanática, sino una amante de la vida, de la suya y de la de los demás. Para ella era tan importante cuidar de sus otros hijos como defender la vida del que se gestaba en su seno. Ante semejante conflicto, descubrió que todos tenían los mismos derechos. Por ello pedía a Dios que, a la vez de su curación, pudiera alumbrar a su hijo. Por fin, el 20 de abril de 1961 ingresó en la clínica y pudo nacer su niña, a quien llamaron Gianna Emanuela. Cuando ella pudo abrazarla, la miró con mucho cariño y con un sufrimiento enorme, pues daba por hecho que nunca más la volvería a ver, abrazar ni gozar de ella. Le diagnosticaron una severa peritonitis que le provocó una agonía de varios días.

Fotografía de la Santa con su marido y uno de sus hijos.

Fotografía de la Santa con su marido y uno de sus hijos.

Si el grano de trigo no muere…
Los últimos días de Santa Gianna coincidieron con la celebración de la Semanas Santa y de Pascua, como si el Señor quisiera haberla unido a su Pasión para que realmente tuviera una pascua de la muerte física la vida del cielo. El dolor más fuerte para ella estaba entre decidir sobre la vida de su hija por nacer o dejar a sus hijos sin madre. El Viernes Santo comenzó su viacrucis, el Sábado Santo dio a luz a su hija. El Domingo de Pascua y los primeros días de la semana subsiguiente padeció una larga y dolorosa agonía, los cuales pudo superar por los cuidados de su hermano Fernando y su hermana Sor Virginia. Se decidió que los niños no fueran a visitarla al hospital, para evitarles sufrir y porque ella no tenía fuerza para soportar un sufrimiento más. Tuvo un colapso muy fuerte, que pareció ser el final, entonces su hermana Virginia le acercó el crucifijo a los labios y lo besó reverentemente, mientras lo apretaba fuertemente con sus manos, mientras decía: “Gracias, Jesús, que me consuelas en estos momentos”. Pidió recibir la Eucaristía, pero por su estado ya no era posible. Entonces se le colocaba la Sagrada Forma sobre los labios y la besaba fervientemente. A pesar de su agonía, no interrumpía su coloquio con el Señor. Varias veces decía: “Jesús, te amo, Jesús, te amo”. El Viernes de Pascua se decidió que fuera trasladada a su casa, luego de haber caído en un estado de coma. Sus hijos estaban en las habitaciones aledañas, pero la recién nacida permaneció internada unos días más en el hospital. Finalmente, murió el día siguiente, Sábado de Pascua, a las ocho de la mañana. No había cumplido los cuarenta años. Fue sepultada en el Cementerio de Mesero.

Una lámpara se enciende para que ilumine a los de la casa
La causa de su canonización se introdujo a petición del arzobispo de Milán con el apoyo de los obispos de Lombardía, como un ejemplo de la vida que se niega o se desconoce. El milagro para su beatificación sucedió en Brasil, con una mujer parturienta afectada de una septicemia, cuyo nombre es Lucía Silva Cirilo. Fue a instancias de su hermano José, médico y misionero capuchino, que las religiosas de ese hospital invocaron a la doctora Beretta por la salud de la afectada. Fue beatificada el 24 de abril de 1994, en el marco del Año Internacional de la Familia, y canonizada el 16 de mayo de 2004 por San Juan Pablo II. A ambas ceremonias asistieron Pedro Molla con sus hijos, destacando la presencia de Gianna Emmanuela, por quien dio la vida su madre.

Lápida del sepulcro de la Santa, en la cripta del cementerio.

Lápida del sepulcro de la Santa, en la cripta del cementerio.

Los restos de la Santa permanecen en el cementerio de Mesero, su cripta se ha convertido en meta de peregrinaciones.

Humberto

Bibliografía:
– DE ECHEVERRÍA, Lamberto; LLORCA, Bernardino; REPETTO BETES, José Luis. Año Cristiano IV Abril, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 2003, pp. 625-633.

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13 pensamientos en “Santa Gianna Beretta Molla, madre de familia

  1. Hermoso.
    al leer la vida de esta Santa se puede caer en la superficialidad de pensar que es Santa por negarse a abortar, que aunque es una accion noble y bella ante Dios, no le mereceria el gran titulo de Santa.
    pienso yo que es Santa por unirse a Cristo en el amor, como solo los santos saben hacer, y no solo por unirse a Cristo en el amor sino tambien por llevar la buena nueva de Cristo Resucitado a los que le rodeaban por medio del amor, aunque su vida no esta consagrada en votos religiosos, si tiene a cristo en el centro de su corazón y luego lo pone en el centro de su matrimonio y de su familia.
    mujeres como Santa Gianna hacen falta, no porque no haya mujeres llenas del amor de Dios, sino porque no lo saben comunicar bien a su projimo.
    Gianna lo hizó de la manera mas evangelica que pudo: ” Nadie tiene amor mas grande por sus amigos, que el que da la vida por ellos”

    Muchas felicitaciones hermano por tan bello articulo.

    P.D: aunque va a sonar muy tradicional de mi parte, y es totalmente mi opinión, no me parece que sus restos, que despues de un proceso de Beatificación y Canonización se convierten en reliquias, permanezcan en un cementerio, por mas hermoso y esmerado que sea el mausoleo.
    El lugar correcto de alguien como ella, una Santa en todo el sentido de la palabra, es en el altar de una iglesia, donde pueda ser venerada dignamente. Y si sus familiares tuvieron algo que ver en esa descición que recuerden casos como Santa Maria Goretti o el Beato Pier giorgio Frassati entre varios en los que sus familiares fueron concientes de que por mas querido que me sea un familiar, al ser canonizado o beatificado se convierte en familiar detoda la iglesia y yo no lo puedo acaparar solo para mi.

    Saludos.

    • Jonathan, gracias por leer este artículo.
      Como ves, tu paciencia ha sido premiada. Me alegro que te haya gustado.
      Quiero darte esta idea: un santo no es tal por si mismo, sino por el grado de unión con Dios y puesto que Dios es amor y vida, un santo se transforma en agente de amor y de vida. Es consecuencia, a cada causa hay una razón y tiene un efecto.
      Santa Juana Baretta hizo lo que tenía en su conciencia y realizó lo que ella le dictó. El no aceptar el aborto es consecuencia de estar llena del Dios de la vida, del Dios que es Dios de vivos y no de muertos.
      Respecto a sus reliquias, he de confesarte que a mi me ha causado una impresión entre sorpresa y cierto disgusto, ha sido Toño quien me orientó y confirmó cómo es que descansan en el cementerio local. Supongo que con el tiempo y cuando los supervivientes de su familia lo consideren oportuno, cuando las razones (que desconozco) que han hecho este particular circunstancia ya no tengan razón de ser, pues deberán ser puestas en una iglesia.
      He de platicarte, que conforme me ha platicado nuestro buen amigo Toño, no sería el único caso en particular. En Corea y China hay santos mártires sepultados en cementerios, y en el caso del último país, en condiciones de abandono. Claro está, que las costumbres y la particular circunstancia de persecusión marcaron la pauta.
      Saludos.

      • Muy cierto hermano, y no solo martires, he investigado y otro caso que tambien escapa de mi comprensión es el de la Beata Chiara ” Luce” Badano que hasta el dia de hoy, y cuatro años después de ser beatificada, sigue estando sepultada en un cementerio.
        Presiento, y es mi opinión personal, que aun se encuentra allí sepultada por el carisma del movimiento focolar.
        ya que muchos jovenes, incluso de otras religiones, la han tomado como modelo a seguir puede que no la llevaran a una iglesia para no tocar sensibilidades de personas de otros credos.
        Aunque para mi, eso tampoco es excusa del todo.

    • En el portal católico ACIPRENSA se encuentra que su esposo aún en vida mencionó: “Espero que Gianna pueda pueda descansar en el cementerio de su localidad natal junto a su hija Mariolina y junto a las demás mamás que la llamaban con ternura “nuestra doctora”. Junto a las muchas mujeres que Gianna curó y a las cuales dio, con amor, su tiempo y su profesionalidad”

  2. Amigo Humberto,
    No estoy en absoluto de acuerdo contigo en que nuestro mundo vive actualmente una cultura de muerte. Da la impresión de que crees que el aborto y la eutanasia son inventos del siglo XX cuando es muy posible que, al menos porcentualmente hablando, esta sea la época en la que menos abortos y eutanasias se practican. ¿Tu crees seriamente que en la Antigüedad y en la Edad Media nadie abortaba o liquidaba a los enfermos terminales porque eran un lastre para los demás? Si sabes algo de historia – y se que lo sabes – estarás de acuerdo conmigo en que esta expresión es exagerada.

    Yo no voy a dudar de la santidad personal de Gianna Beretta, pero de ahí a ponerla como modelo a seguir cuando hay que escoger entre la vida de un hijo y la de su madre, va un trecho muy grande. ¿Quiénes somos nosotros para decirle a una mujer lo que debe hacer? Un aborto – contra el cual me pronuncio – es un problema terrible sobre todo para la mujer que se ve abocada a abortar y lo menos que tenemos que hacer es tener caridad hacia ella que se ve en esa situación tan terrible.

    Si una madre tiene varios hijos pequeños, no tiene quién la ayude y en un embarazo corre el riesgo de muerte si da a luz, ¿Qué le decimos? ¿Qué abandone a su suerte a todos sus hijos, incluso al nascituro y que ella sea la que muera en el parto? A mi, personalmente, eso no me parece ni siquiera cristiano. Gianna Beretta – de la que vuelvo a decir que no dudo de su santidad personal – jugaba con ventaja porque sabía que había un padre que se desviviría por todos sus hijos y eligió lo que creyó más justo en su caso, pero de ahí a ponerla como ejemplo para que todas las mujeres que se encuentren en la misma situación hagan lo mismo es algo que solo entra en la cabeza de, quienes siendo célibes, no tienen ni la más remota idea de lo que es sacar hacia delante una familia.

    Personalmente, creo que el Vaticano “se pasó siete pueblos” cuando la puso como modelo a seguir y por supuesto, aun respetándola, para mi no es santa porque no abortara, sino porque llevó una vida santa. Lo siento, Humberto, pero así pienso. Tenemos que tener más caridad y no juzgar personalmente a nadie. Ya lo dijo el mismísimo Papa Francisco cuando a su viaje de vueltas desde Brasil al Vaticano dijo que quién era él para juzgar la homosexualidad y a los homosexuales. Una cosa es estar en contra del aborto y otra muy distinta es demonizar a quienes, por las circunstancias que sean, deciden hacerlo.

    • Por los Clavos de Cristo!!!
      Por la corona punzante de Cristo!!!
      Por las llagas de Cristo!!!!!

      Pero qué cosas leo. Antonio y Ana María.

      Pues hay va mi opinión.

      Para empezar sabía que mas o menos ese rubo tomaría Ana María pues en el artículo de los santos y la medicina V si mal no recuerdo se habló de esta Santa y al ver tu comentario, me dije a mi mismo: Ahora si que como dice el salmo (Señor abre mis labios) y eso han hecho en este artículo.

      Y eso es lo que me agrada, que se expresen las ideas. Mas sin embargo será la Edad la que nos difiera, la cultura, la realidad en la que vivimos y los problemas que enfrentamos. Pero ante todo Dios es un Dios de amor. Y quiero pensar que fui creado por amor de Dios; que porsupuesto fui concebido de un acto sexual. Haro a veces cuando la Iglesia habla de Lujuria o la sociedad de Calenturas, has de saber que con el perdón de las mujeres médicamente hablando se dice que la mujer está más cariñosa cuando ovula. Imagínate que exista el acto sexual sin ganas uffff. Y la Iglesia ha endemonizado muchas cosas hasta la mujer; de ahí hasta curas misógenos. En las Iglesia tenemos mediocres, santos, pecadores, conservadores, liberales y otros como la mierda del gavilán, pero ¿¿quiénes de éstos siguen las verdades del Evangelio?? ¿El Evangelio se ha encarnado en ellos? creo que eso sería lo más importante. No quiero alargar mis comentarios pero hay voy; RECORDANDO al a Samaritana la cual ya había estado con varios hombres y que con el que vivía no era tampoco su marido. Recuerdo que un cura dijo: “prácticamente puta es ésta mujer” cosa que no me pareció puesto que si ha estado con estos hombres a lo largo de meses o años con cada uno como su pareja ¿A caso por eso es puta?

      En fin, hay mujeres que cuando confiesan sus abortos se los quieren tragar los penitenciarios mayores; por Dios !!! van en busca de consuelo de aliviar el alma de penas y los curas que te cargan más la cruz!!!!!

      Con respecto al abortar sinceramente hablando a mi me dolería que mi pareja muriese quizá no era muy muy joven Santa Gianna pero dejarme solo con nuestros hijos si que me dolería. Dicen que una mujer es más fácil que viva viuda que un hombre y eso lo veo en mi padre que teniendo de por si 56 años enviudó. ¿Es lícito abortar? ¿y en qué momentos? Pues algunos paisanos suyos de Castilla y León que fueron compañeros de intercambio decían cada barbaridad, en cambio una andaluza tenía los pies en la tierra veía la problemática y analizaba las situaciones y eso que no era católica.

      Yo sinceramente hablando no estoy a favor del aborto. Creo que la pareja ha de hacerse estudios médicos antes del embarazo y tratar de prevenir muchos males que pueden pasar.

      Cuando hablan de María Goretii por defender la Virginidad, se me vienen a la mente dos cosas. Por un lado creo que la santa es llamada por unos como la “santa del perdón” pues perdonó a su agresor Alessandro si mal no recuerdo; y es así que hasta lo quería a su lado. Ver el hecho como solo defender la virginidad hasta miedo me da. Una iglesia llena de vírgenes y de eunucos no me parece. Limitar a las parejas en las cuestiones anticonceptivas??? que primero laven los platos los jerarcas pues muchas veces quieren suavizar los errores y horrores que han cometido cuando en realidad existe cada atrocidad ahí dentro que muchos del blog ya conocemos por medio de la historia. En cuanto a Gianna la veo como una mujer dedicada a la familia, a su esposo y amante de su trabajo. Ella tomó una decisión. Y al hablar de esta santa siempre se me viene a la mente mi madre. 16 años de cáncer, tambien médico, quizá Santa Gianna sufrió unos meses pero mi madre 16 y otros muchos más y eso es desgastarte, desmoralizador y algo muy doloroso, tenía yo 9 años y mis hermanos 12 y 8 años, eramos unos chavales. Una vez me expresó estando muy mal ahogándose y con dolores intensos que la ahogase con una almohada yo con tan solo 14 años no sabía que hacer pero tampoco estuve como una Magdalena. Recurrí a una tía, a médicos, a Dios y los santos y no veía claro. Con la Eutanasia no se que decir, yo vi toda mi niñez, adolescencia y hasta los 25 años ver mal y mal a mi madre, ver que le decían que el cáncer la tenía en un lado y luego en otros lados, ver que fue tratada mal por los médicos y te daban ganas de meterles una putiza a los médicos de darles un leñazo y que no volviesen a caminar. Como no mejoraba ella (mi madre) pedía y como que exigía un milagro, éste no llegó como quise pero si hubo muchos milagros en esos años. Hay quienes juzgaron ese momento de la almohada; yo no digo la flaqueza del espíritu, o debilidad de la carne, me inclino al dolor, al sentirse que se ahogaba ya otros síntomas que solo ella experimentó. Un enfermo sufre mucho, pero tambien su familia y, mucho mucho su esposo fiel que es mi padre.

      Ya me extendí demasiado pero en resumen no estoy a favor de estas dos prácticas.

      • Ya te he expresado en privado mi sentimiento hacia el dolor que experimentó tu madre y ahora quiero hacerlo en público. Es terrible el calvario que padeció y no le encuentro justificación alguna, ni siquiera el que “Dios hace sufrir a los que más ama para que se purifiquen”.
        Ya pasó y solo espero y deseo que esté gozando de la presencia divina.

        • Yo también he lamentado que tu madre sufriese tanto y como Antonio, no entiendo cómo puede haber gente que vea en este tipo de agonías algo bonito, purificador o voluntad divina. Pero no es el tema aquí y ahora. Descanse en paz y en gloria esté.

  3. Debo admitir que hablar de Santa Gianna Beretta me resulta bastante incómodo, y no porque cuestione para nada su santidad. Pero suscribo punto por punto lo que ha dicho Antonio: su santidad, como la de María Goretti, está mal interpretada y mal enfocada. A una la ponen como ejemplo del dejarse morir por el nasciturus y a la otra, del dejarse matar por la virginidad, para luego pretender que el resto de mujeres, si queremos denominarnos cristianas, tengamos que hacer lo mismo de vernos en esas horribles situaciones. ¡Santo Dios! ¿Hay machismo más aberrante? Dios tenga piedad de esta Iglesia a la que le cuesta tanto avanzar.

    La doctora Beretta no era una mujer ignorante, no era una campesina que no tenía recursos ni una obrera con escasa formación cultural. Tomó una decisión consciente y la mantuvo fielmente hasta el final. Yo, en su lugar, no habría tomado la misma decisión y lo digo sin rubor, aunque el aborto es algo horrible y nunca lo defenderé. Lo que defiendo es distinto aunque muchos digan que es lo mismo: defiendo que la mujer pueda decidir libremente, sin coacciones ni condenas, sobre lo que respecta a su vida personal, privada y a su propio cuerpo; al igual que ha hecho el hombre siempre. No hay derecho que quienes nunca han visto su sexualidad y su libertad personal coartada les digan a las perdedoras de de la Historia lo que deben hacer con éstas. Por eso la doctora Beretta tiene mi respeto por cuanto ella tomó una decisión y fue respetada, no la coaccionaron ni forzaron: pero yo no hubiese dejado a tres hijos huérfanos de madre y a un marido viudo por otro hijo. ¿Destrozar una vida o destrozar cuatro? Lo tengo claro por más que me horripile el aborto. Pero yo no soy ella, no la juzgo, y tampoco quisiera verme en esa situación horrenda, así que basta de especular.

    Antonio tiene razón: decir que nuestra cultura actual es una cultura de muerte no es sólo exagerado, sino irreal. Probablemente ésta sea la época de la Historia en que menos infanticidios y abortos hay. Se mataban niños y bebés en la Antigüedad, se hacía en la Edad Media por más Europa cristiana que hubiese por medio. Abortaban las campesinas, extenuadas de miseria e incapaces de sustentar tantas bocas; abortaban las monjas en el conventos que, recluidas sin vocación y contra su voluntad, cometían deslices y luego se veían obligadas a repararlos así; abortaban las reinas cansadas de tantos partos que igualmente las podían matar; en fin, abortaban las damas nobles desposadas y madres contra su voluntad, y otras muchas al igual que las patricias y las pobres romanas. Y ni hablemos del infanticidio. Esto está muy sesgado y muy mal conocido. Por citar un ejemplo: se dice que la China comunista es infanticida. Cierto. Que el infanticidio llegó a China con el comunismo. Falso. La cultura china, la asiática en general, ya era espantosamente infanticida antes de la llegada del comunismo. De hecho, el comunismo redujo el infanticidio. Y ésta es la realidad; por más que haya voces que intenten hacer creer lo contrario.

    ¿Y el aborto? Lo dicho: nunca se ha abortado tan poco como en la actualidad. Sin embargo, la Iglesia, como los sectores conservadores, exageran la realidad y los datos cuando la realidad es otra. Su manipulación es extrema: disfrazan de preocupación por la vida del nasciturus cuando en realidad lo que subyace es controlar y dominar la sexualidad y la vida privada de la mujer, como siempre ha hecho. ¿Y qué es lo que evita los abortos? Precisamente lo contrario que ellos quieren: el uso de anticonceptivos, las medidas de higiene sexual, la educación sexual de los jóvenes, la libertad sexual. Eso es lo que reduce los abortos, porque reduce los embarazos no deseados. ¿Qué fomenta el aborto? Pues lo que ellos quieren: prohibir anticonceptivos, ignorancia total de higiene y educación sexual, vida sexual controlada y reprimida… porque eso es lo que trae embarazos no deseados; más situaciones de miseria, de abuso… en pleno siglo XXI, ¿cómo se puede seguir estando tan ciego? ¡Por favor!

    Lo dicho: respeto la santidad cotidiana de la doctora Beretta, respeto su decisión libre y consciente de anteponer la vida de su nasciturus a la suya; pero ella no debe ser puesta como modelo para que todas las mujeres cristianas deban hacer lo mismo. La vida de la mujer también es vida; la dignidad de la mujer también es dignidad (y no sólo está la dignidad de la madre, de la virgen y de la esposa, hay más dignidades femeninas aparte de éstas); la mujer violada, pobre, sufriente o abocada al aborto es una víctima y no una criminal. Ella también es una vida que hay que proteger a toda costa. Si se la puede ayudar para que no aborte, tanto mejor, pero si ha decidido hacerlo porque no puede soportar un embarazo y una maternidad que no ha deseado, NADIE, ni NADA en este mundo puede forzarla a eso; y generar miseria, infelicidad y desgracia en ella y en los hijos que se ha visto forzada a tener. Ya es bastante trauma tener que abortar, que eso tampoco lo deseo a nadie.

    Disculpa por el rollo. Y a riesgo de que me lapiden, digo claramente y sin reparos: Santa Gianna Beretta Molla, ruega por las mujeres que se ven abocadas a maternidades impuestas y no deseadas. Que puedan decidir libremente qué hacer, como lo decidiste tú. Que el Señor tenga misericordia de los que persiguen y oprimen a la mujer. Y que en cualquier caso, a Él quede reservado el juicio por las vidas que se pierden. Amén.

  4. Toño y Ana María:

    Han de dispensarme que les responda hasta ahora, pero he vuelto a trabajar luego de las vacaciones de Semana Santa y de Pascua.

    He leído con atención y con todo respeto su opinión sobre este artículo y el tema inherente como es el aborto. Considerando la unidad en la diversidad también le expreso que sin sentirme cerrado o fanático, tampoco comparto su manera de sentir. Por eso, considero dar una respuesta para ambos.

    Mi opinión es el resultado de mucho tiempo de estudio, de reflexión, de meditación y oración. No creo estar equivocado en mi forma de pensar porque siento que tengo el sensus eclesia, es decir, siento con la iglesia. Por ello, mi estimado Toño, considero que estas equivocado al usar al Vaticano como origen de esta forma de pensar. Es la Iglesia Universal, la que desde sus inicios se considera depositaria de esos mandamientos. El Quinto Mandamiento es de fuero divino, y su forma es taxativa y determinada, el hombre por si no está autorizado para definir o cambiar su mandato. Esta forma de pensar ya se encuentra en La Didajé o Doctrina de los Apóstoles: “No matarás al niño en el vientre materno ni interrumpirás la vida del infante”, y si mal no me equivoco, en el Discurso a Diogneto hay algo semejante. Por ello, a propósito de este tiempo pascual, me viene a la mente lo que decían los apóstoles luego de ser azotados y que bien lo aplica la Iglesia en este sentido: “No podemos callar lo que hemos visto y oído”.

    Entiendo perfectamente su preocupación e inquietud, pero cuando conoces cifras como las de que en México se practican un millón de abortos al año, que en España que se realizaron 112390 en 2012 o que a nivel mundial se realizan 46 millones anualmente, pienso: ¿eso es poco? Las estadísticas crecen, y entonces, ¿hablamos de plantas, de animales, de personas o de almas? Cristo, el Verbo hecho hombre por amor al hombre pecador, que se deja matar por amor por ese mismo hombre pecador, con un cuerpo y una alma como las que asumió, nos ha dado con su pasión, muerte y resurrección una enseñanza sobre el amor, el perdón y la donación al extremo, en la que el discípulo debe ser como el maestro.

    Ahora bien, esto quiere decir que algo anda mal, los datos pueden ser reales, inflados, maquillados o superados, la verdad no conviene a nadie, y tal vez la realidad supere a la ficción. Por ello, al referirme a una cultura de muerte, no me detengo en el aborto o la eutanasia, incluyo la globalización, el materialismo y el consumismo, el abuso del poder, la explotación del pobre, el desprecio del indígena, los sueldos mal pagados, el narcotráfico, la contaminación, el indiferentismo, las mafias, la trata de personas, el abuso sexual de niños, la violencia intrafamiliar. De todo esto, los dos primeros pecados son síntomas, pero no son los únicos. Santa Juana Baretta es el ejemplo de alguien que optó por la vida, pero no una antítesis o una contraparte. Cada oscuridad tiene, estoy seguro, una luz, un santo, que es el valor que define el claroscuro. Creo que nuestro mundo ha relativizado el pecado, y que hoy todo se puede y se tolera. Me viene a la mente un pensamiento de San Juan Pablo II: “Aprendan a decir bien al bien y mal al mal, a llamar las cosas por su nombre, no tengan miedo de llamar pecado al pecado”.

    Por ejemplo, Ana, tú eres docente, y espero que no seas una funcionaria más, sino realmente una maestra. Tú convives con los chavos y podrás darte cuenta de su realidad. Yo como catequista, he detectado cómo tienen sed de cariño, de atención, de un abrazo, un beso o una caricia en el seno familiar, que por muchas razones, directas o indirectas les crea un vacío emocional y sentimental. Por ello, una sexualidad no ejercida con responsabilidad es el escape a muchos de sus huecos. En ella encuentran paliativos pero no la plena realización. Y no se necesita ser célibe, casado o soltero para darse cuenta de ello. En una relación sexual, por el apasionamiento, lo último en que piensan los chavos (me refiero a la pareja) es el condón. Si a los adultos con preparación académica y bien vividos les pasa lo mismo y les falla igual, cuanto y más con los que son inexpertos. Las calenturas son fuertes, más cuando se dan de improviso y se tiene toda la facilidad para consentirlas.

    Pienso que por ello, hace falta una buena educación sexual. (¿Cuántos son los nombres que se le dan al aparato reproductor masculino y cuántas personas lo usan correctamente?), urge una revaloración de la familia y una buena preparación al matrimonio. Si los curas tardan una década en su formación y aún así, salen con defectos, yo me pregunto que quién creerá todavía que con unas pláticas prematrimoniales de tres días o un fin de semana ya se cosió el pastel.

    Cada caso tiene una conciencia distinta, con causa y efectos diferentes, los caso que propones Toño, son realmente dramáticos, y seguro estoy que son consuetudinarios. Pero, ¿si confiamos en el Padre providente, si apelamos a su ayuda y protección, hemos de sentir su rechazo o a fuerzas tiene que ser de otra manera? ¿Si nos ponemos en sus manos, si oramos, si vivimos conforme a su voluntad, tiene que darnos reveses el destino? Muchos de los problemas prácticos como los que narran ustedes dos son una realidad innegable, pero cuánto de ello no sucede por haber dejado a Dios y sus mandamientos de lado. “Busca primero el Reino de Dios y todo lo demás se les dará por añadidura”. ¿Palabras de político en campaña o realmente una verdad?

    Por violación, por peligro de muerte para la madre o el hijo, por pobreza, por otras muchas razones, aunque no esté personalmente en los zapatos de quien tuviera que tomar esta decisión, estoy convencido de que el aborto es un pecado muy grave y que debe de haber una solución alterna cuando se piensa maduramente y se encomienda a Dios.

    Bueno, ya he dicho lo suficiente.

    • Mi querido amigo Humberto,
      Posiblemente me haya expresado en chino y por eso no me has entendido. Yo he dicho clarísimamente que estoy en contra del aborto y de la eutanasia, pero que igualmente estoy en contra de demonizar a cualquier mujer que se vea abocada a abortar. Se que la Iglesia siempre ha condenado el aborto, pero – al menos para nosotros, los católicos – la posición de la Iglesia la personificamos en el Vaticano y en la jerarquía. Aquí en España, determinados jerarcas solo saben hablar del aborto y de la homosexualidad y para nada hablan de las personas que están en paro, de los niños que se acuestan sin comer, de los dos millones de familias en las cuales no entra ni un centavo al mes en su casa y de otras cosas, tanto o más graves que el aborto.
      Otra cosa que dije claramente es que no pongo en absoluto en entredicho la santidad de vida de Santa Gianna Beretta; que lo que pongo en dudas es que se la ponga como modelo sobre qué ha de hacer toda persona que se vea en sus mismas circunstancias. Si opta por morir ella y deja a los niños abandonados, ¿eso es cumplir el quinto mandamiento? Pienso sinceramente que no. Ella optó por esa opción y me parece correcto, pero quién opte por la contraria, también me lo parecerá porque si nos ceñidos al verbo “matar”, siempre se mata a alguien, porque si no es al nascituro es a la madre. Mal está cualquiera de las dos cosas, ¿no?
      Yo estoy de acuerdo en que al bien siempre hay que llamarlo bien y al mal hay que llamarlo mal, pero eso hay que aplicarlo SIEMPRE. ¿Por qué no se aplicó cuando el canalla de Marcial Maciel abusó sexualmente de tantos y tantos jóvenes? ¿Por qué se le tapó? ¿Por qué hasta hace muy poco tiempo la Iglesia no ha tomado cartas en el asunto de la pederastia? ¿Es que eso no es matar la vida, la inocencia de muchos miles de niños a los que se les traumatiza para toda la vida? Solamente el Papa Francisco ha “cogido al toro por los cuernos”, antes hubo hasta complicidad al ocultarlo, ¿o no?
      ¿Recuerdas quién dijo: “Pero al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos, y le hundan en lo profundo del mar” (Mateo, 18, 6). Esta expresión es sencillamente “Palabra de Dios”. Si al que escandaliza a un niño habría que hacerle eso, ¿qué no hacerle a quién le arruina su vida abusando de él cuando es pequeño? ¿Qué no hacerle a quienes, desde instancias superiores, tapan este crimen? ¿Qué no hacerle a quién le dio cobijo al criminal Marcial Maciel? Dejémonos de hipocresías, atacando únicamente el aborto y la eutanasia – que vuelvo a decir que yo no defiendo – y pongamos medios para que no se cometan esos crímenes abominables de la pederastia con los niños. Entonemos el “mea culpa”, denunciemos ante la justicia a los pederastas y a quienes les encubren, independientemente de la posición social, política o eclesial que ostenten.
      Yo estoy totalmente de acuerdo en que debemos tener confianza plena en Dios y ponernos en sus manos, pero ¿qué le decimos a quienes estén sufriendo como sufrió la madre de Emmanuel? ¿Qué confíe en Dios? Eso, mi querido amigo, solo no basta porque hay cosas que no son comprensibles, que no son justas, que no son humanas y da la impresión de que Dios las tolera. Jamás pondré en dudas la misericordia y el amor de nuestro Dios hacia nosotros, pero algunas cosas no son humanamente comprensibles y no podemos dar como consuelo a los que sufren, solo que confíen en Dios. Eso y algo más, ¿o no? Porque buscar el Reino de Dios tenemos que buscarlo en la tierra, dándoles felicidad y no dolor a nuestros hermanos, dándoles soluciones a sus problemas y no solo buenas palabras.
      Este es un debate muy largo y no es nada simple. Estoy en contra de transgredir el quinto mandamiento, pero en absolutamente todas sus consecuencias, todas sus formas de transgredirlo. Y no me quiero extender más.

    • No debería decir nada, porque Antonio ya se ha expresado perfectamente y comparto todo lo dicho por él. Pero como has aludido a mí en algunas cuestiones, amigo Humberto, quiero decir algo de mi parte: yo, como Antonio, también condeno el aborto; yo, como Antonio, también condeno la eutanasia; y como Antonio, ya lo había dicho anteriormente, como el no dudar de la santidad de la doctora Beretta.

      Dice que esperas que no sea una funcionaria más y que sea realmente una maestra. Por desgracia, funcionaria no soy, porque este malhadado Gobierno tiene a España sumida en la miseria y el paro se ceba en los jóvenes, por lo tanto, desde que terminé mi carrera hace cinco años no he trabajado ni un solo maldito día de profesora (porque soy profesora, no soy maestra. Quizá en México sea lo mismo, pero aquí en España no. Hasta el año que yo me licencié, los profesores tenían una carrera de cinco años y los maestros, de tres. Hoy en día todos tienen lo mismo, un grado de cuatro años, así que yo fui de las últimas licenciadas).

      Sin embargo, aun no habiendo trabajado remuneradamente, sí he hecho trabajos e investigaciones de forma voluntaria y precisamente los adolescentes, preadolescentes y jóvenes son el margen de edad de los alumnos con los que yo trabajo y para los cuales me he formado. Y te digo desde esta breve pero fructífera experiencia, que he visto suficiente: una sana, correcta y sincera educación sexual es lo que da resultados óptimos; lo que evita embarazos no deseados, abortos, abusos, prácticas peligrosas y daños físicos y mentales. Los chavales que han sido educados así, en su gran mayoría, se ahorran experiencias desagradables. Que los colegios tengan programas de formación, educación e higiene sexual es fundamental en los colegios e institutos.

      Así que mejor no te digo lo que he visto en el alumnado que carece de esta formación. En colegios de monjas y frailes donde se sigue diciendo que si usas condón tus hijos nacerán con síndrome de Down, donde se dan peroratas sobre virginidad y castidad y donde no se explica nada de salud sexual ni apenas se toca el tema sobre la reproducción en la asignatura de Biología. No voy a hablar de casos concretos porque es una falta de respeto a esos pobres chicos que son, al fin y al cabo, víctimas de una educación totalmente medieval, trasnochada e irreal con el siglo en que vivimos; pero he visto de todo: madres adolescentes, crías de pocos años púberes que ya han visto más de un parto, chavales que tienen un concepto totalmente equivocado de la sexualidad y el respeto a la mujer, chicas que han tenido que cambiar de colegio porque las familias las llevaron a abortar pues quedaba “mal” que se supiera que una familia “bien” hacía esas cosas, enfermedades de transmisión sexual, abusos por culpa de mentes reprimidas y otras barbaridades que me ahorro. ¿Y qué lo provocó? Pues esa mentalidad del pecado y de que mejor ser un ignorante a saber demasiado.

      Decir que los chavales, en un calentón, se olvidan del condón, con perdón, pero es una mediocre excusa para eludir la obligatoria responsabilidad de formar adecuadamente los chavales. Si los discursos de castidad no funcionan en África con adultos hechos y derechos, menos va a funcionar con los adolescentes. Estoy a favor de una sexualidad sana y responsable, pero admitir que eso es una decisión personal de cada uno es el primer paso para darla. Por supuesto que necesitan afecto y cariño: es que una cosa no quita la otra. Es que ellos tienen dudas, intereses e inquietudes y te buscan para eso; no para que les amonestes sobre castidades. Darles lo que necesitan, encontrar en ti la ayuda que buscan, eso es darles cariño.

      Por eso, como profesora, jamás faltaré a mi deber de responder a las dudas que se me planteen, a corregir pensamientos, conductas y expresiones que toman la sexualidad por lo que no es, y a informar y formar para evitar maltratos, abusos, embarazos no deseados, y, vaya, ABORTOS. Porque esto es lo que evita el aborto, y no lo otro. ¿Queremos seguir siendo unos hipócritas, tirar balones fuera y dar la espalda a la realidad, o queremos evitar DE VERDAD los abortos? He ahí la clave: EDUCAR. Pero educar para el siglo XXI, no como en el XIV. Hasta los humanos de la Prehistoria tenían una concepción más lógica y sana de lo que es la sexualidad que algunos círculos hoy en día, que tanto se las dan de perfectos.

      Y quizá, si la moral católica hipócrita dejara de estigmatizar socialmente a la mujer que es madre soltera o que se queda embarazada sin vínculo con el varón, más abortos se evitarían todavía. Y sobre una mujer violada, es que no pienso ni hablar. La persona que no sepa entender por qué una mujer violada aborta, es que no sabe lo que es la empatía ni la conoce.

  5. Muchas gracias don Humberto por el artículo sólo conocía a esta Santa por las menciones que Ana había hecho en los suyos alguna vez, es una interesante vida el que una mujer de su casa llegue a la santidad, nos muerta que desde cualquier ámbito se puede llegar a este grado sin necesidad de ser un religioso o una monja.

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