Nuestra Señora del Sagrado Corazón

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Virgen del Sagrado Corazón. Estampa devocional de los años 20.

Virgen del Sagrado Corazón. Estampa devocional de los años 20.

El título o advocación de Nuestra Señora del Sagrado Corazón es relativamente reciente, sin embargo, tiene muy derramada su fama y son bastantes sus fieles devotos que confían en la Madre de Cristo, cuyo Corazón, hoguera ardiente de caridad, espera que su Progenitora sea invocada para derramar sus gracias y misericordias generosamente por medio de Ella. Esta devoción ha conocido muchas variantes en su culto: la iconografía, el aumento y disminución de devotos, propagación rápida por muchos lugares y el ocaso con su misma rapidez, pero no por ello ha sido un obstáculo para tener una popularidad semejante a la de Nuestra Señora del Refugio o Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. Por lo pronto, cabe decir que, por lo menos en México, es una de las advocaciones más invocadas y queridas. Mayo es el mes de María y al concluir sus días, la Iglesia celebra la Visitación de la Santísima Virgen María, pero es conocido de sobra que en un día el santoral católico tiene mas de una celebración. En este caso, el 31 de mayo, tiene otra celebración mariana a la cual dedicamos este artículo y, que se trata, como dice el encabezado, de Nuestra Señora del Sagrado Corazón.

Orígenes
Issoudun es una ciudad de la diócesis de Bourges, en Francia. En la parroquia de este lugar, durante la segunda mitad del s.XIX, surge este nombre mariano. Los padres Julio Chevalier y Maugnest, jóvenes vicarios de esta iglesia, tenían el proyecto de fundar un instituto religioso de carácter misionero al que denominarían “Congregación de Misioneros del Sagrado Corazón”, en la que procurarían también honrar de manera especial a la Santísima Virgen María. El 8 de diciembre de 1854, día en que el Beato Pío IX declaraba como dogma de fe la Inmaculada Concepción de María, ambos sacerdotes concluían una novena en la que pedían a Dios las luces para discernir este proyecto. Tomaron como una señal de Dios el que, al terminar la misa mayor de ese día, una persona anónima les ofreció una limosna de 20,000 francos para que establecieran una obra piadosa, preferentemente con carisma misionero. Dicha fundación fue aprobada por el arzobispo de Bourges, Carlos A-Brown, y el 9 de septiembre de 1855 recibió oficialmente en nombre de “Misioneros del Sagrado Corazón”. Solamente quedaba pendiente la segunda intención de honrar a Nuestra Señora de modo especial.

Primitiva imagen en la Basílica de Issoudun, Francia.

Primitiva imagen en la Basílica de Issoudun, Francia.

La ocasión llego el 31 de mayo de 1859. El P. Chevalier oraba sobre un reclinatorio en la sacristía de la parroquia luego de haber celebrado el ejercicio vespertino para concluir el mes de mayo. En el altar se había venerado estos días una imagen de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, la cual fue retirada por el sacristán y llevada a la sacristía, siendo depositada sobre una cómoda. Accidentalmente puso a los pies de esta imagen una estatua del Sagrado Corazón de Jesús, cuyo mes se iniciaba al día siguiente y que sería puesta para su veneración en el altar. El P. Chevalier contempló este detalle de cómo María mostraba con sus dos manos a su Hijo y se sintió impulsado a darle el título de Nuestra Señora del Sagrado Corazón. Con esta intención, hizo que fuera pintado un cuadro con esta idea, y luego hizo que se diseñara una vidriera para exponerla en una ventana de la parroquia, la cual se reprodujo en grabados que se difundieron rápidamente. Posteriormente hizo tallar una estatua de mármol con esta misma idea y la puso en el altar mayor de la parroquia, siendo ésta la primitiva y original imagen de esta devoción mariana. Tuvo además la inspiración de que la Congregación promoviera el culto a este nombre mariano.

Como se propagó intensamente esta devoción, se solicitó su Coronación Pontificia a la Santa Sede, quien examinó la imagen, su advocación y su historia. Surgió entonces un detalle: el Beato Pío IX dispuso que, conforme a la tradición de la Iglesia, en lo sucesivo, la Virgen sería representada de pie, con el Niño Jesús sentado en su brazo izquierdo y teniendo en su mano derecha el Corazón de Jesús que sale de su pecho abierto. La razón teológica de fondo para este cambio es que Cristo no podía estar a los pies de su Madre. Tal disposición despertó angustias, por considerar que la imagen había sido prohibida. Así, el arzobispo de Bourges, Carlos A-Brown, escribió al P. Chevalier una carta donde le refería unas puntualizaciones del cardenal Patrizi al respecto: las estatuas y pinturas de Nuestra Señora del Sagrado Corazón destinadas al culto público se modificarían conforme a las indicaciones establecidas; sin embargo, la venerable y venusta imagen de Issodoun podía seguir siendo venerada en su santuario, las representaciones e imágenes que la reprodujeron podían mantenerse y conservarse. Además, las gracias concedidas a la imagen original de Issoudun permanecían en su integridad.

Imagen de la Virgen del Sagrado Corazón modificada según las disposiciones del Beato papa Pío IX.

Imagen de la Virgen del Sagrado Corazón modificada según las disposiciones del Beato papa Pío IX.

Culto en el mundo
Para fomentar esta devoción mariana, el P. Chevalier redactó los estatutos de la Cofradía de Nuestra Señora del Sagrado Corazón, que fue erigida canónicamente el 6 de abril de 1864, y en la que años más tarde se inscribiría como socio San Pío X. El Papa León XIII la erigió como Archicofradía Universal el 26 de abril de 1879.

En Holanda, en la ciudad de Sittard, se le erigió un santuario cuya imagen titular es una copia de la de Issoudun. Es tal el culto y devoción que esta imagen fue coronada por decreto pontificio en 1873, y este templo se declaró como Basílica Nacional. En Roma, la iglesia de Santiago de los Españoles es regenteada por los Misioneros del Sagrado Corazón, por lo que en este lugar es un centro que promueve su culto. Su fama se ha extendido en España, Portugal, Suiza, Alemania, Inglaterra, Argelia, Egipto, Nigeria, Oceanía, Irlanda, Australia, Israel, Turquía, Japón, Vietnam, Estados Unidos, México y el resto de América, por lo que su fama puede considerarse, con toda razón, como internacional.

El Beato Pío IX constituyó a Nuestra Señora del Sagrado Corazón como patrona de la Congregación de los Misioneros del Sagrado Corazón el 7 de junio de 1867, concediendo que su celebración anual tuviera lugar el 31 de mayo. También concedió la Coronación Pontificia, que se llevó a cabo el 8 de septiembre de 1869. Como desde esta fecha comenzaron muchas peregrinaciones al santuario de Issoudun y eran tantas las personas que acudían a este lugar, fue necesario construir un templo más espacioso, en estilo neogótico, que una vez concluido, fue elevado al rango de Basílica Menor por el mismo Papa. Además, el P. Chevalier fundó dos institutos religiosos con el nombre de Nuestra Señora del Sagrado Corazón.

Imagen que se veneraba en la iglesia de la Merced de Guadalajara, México. Actualmente arrinconada.

Imagen que se veneraba en la iglesia de la Merced de Guadalajara, México. Actualmente arrinconada.

En México
Fue el P. Joaquín J. de Araoz quien, estando en Roma en 1900, fue ordenado sacerdote por el cardenal Pedro Respighi. Él era miembro de la Sociedad Católica para la Defensa de la Religión. De regreso a México, fue nombrado Canónigo Honorario de la Catedral Metropolitana y Presidente de la mencionada sociedad. Él puso entonces en la catedral referida una imagen de la Virgen que había traído de Europa y de la que se convirtió en su propagador. A ella la nombró patrona de los obreros y artesanos y promovió su Archicofradía. De la capital del país, su culto se propagó en su misma circunscripción y luego pasó a otras partes, como Morelia, Acapulco, Ciudad Juárez, Durango, Xalapa, Mexicali, Monterrey, Puebla; lo que viene a confirmar cuánta devoción se tiene en México a Nuestra Señora del Sagrado Corazón.

Mención particular debe hacerse a la parroquia de San José en la Ciudad de México. Aquí se venera un cuadro de Nuestra Señora desde 1940. Tan en breve se encendió su devoción, que le fue dedicada una capilla, que pronto se atestó de una cantidad increíble de exvotos, los cuales forman un retablo en el fondo del testero de esta capilla, con figuras artísticas agradables y de buen gusto. En 1948, con motivo de las bodas de plata del arzobispo primado de México, Don Luis María Martínez, actualmente siervo de Dios, se obtuvo del Papa Pío XII la autorización para coronar con decreto pontificio esta imagen, la cual se realizó en la Catedral Metropolitana, adonde fue trasladada la imagen y que fue hecha finalmente el domingo 26 de septiembre del 1948.

Guadalajara
En esta ciudad se dio a conocer en México esta advocación mariana. Fue el P. Rafael Sabás Camacho, luego obispo de Querétaro, quien en 1861, con motivo de los disturbios civiles originados por la promulgación de las Leyes de Reforma, tuvo que ir al destierro a Europa. Allí conoció personalmente al P. Chevalier, con quien tuvo un trato personal. Emocionado por lo que el P. Chevalier le refería sobre la muchas y admirables gracias que Dios concedía por intercesión de Nuestra Señora del Sagrado Corazón, trajo a México una copia de la imagen de Issoudun, con el propósito de promover su culto. Una vez de regreso a la Perla Tapatía, obtuvo del azobispo metropolitano Pedro Loza y Pardave la autorización de usar la capilla anexa a la iglesia de Nuestra Señora de la Merced.

Imagen venerada en la iglesia homónima, Guadalajara, México.

Imagen venerada en la iglesia homónima, Guadalajara, México.

El entonces ya canónigo Camacho hizo reparar y embellecer esta capilla e hizo traer de Queretaro, del afamado taller de don Abraham Fuentes, una escultura de tamaño natural de Nuestra Señora del Sagrado Corazón vestida de media talla y copia de la original de Issoudun. Esta imagen fue reputada como una de las más bien acabadas y perfectas de la estatuaria moderna, y una de las más bellas de Guadalajara. La inauguración de la capilla, con su bendición y entronización de la imagen, tuvo lugar el 31 de mayo de 1871. En este lugar se instituyó la Archicofradía que promovía ampliamente su culto. Hacia 1910 estaba como capellán el P. Luis Gonzaga Romo, quien, al ser nombrado capellán de la iglesia de la Compañía, tuvo la autorización de trasladar la imagen a esta iglesia, que en 1914 fue confiscada por las tropas del general Álvaro Obregón, por lo que volvió a la capilla original. Aquí continuó recibiendo muestras de fervor, al grado de que el arzobispo de Guadalajara, José Garibi Rivera, autorizó que fuera coronada litúrgicamente el 29 de mayo de 1937.

El culto a Nuestra Señora del Sagrado Corazón en este lugar conoció épocas de esplendor, pero tristemente, una vez que murieron los sacerdotes que mantenían viva su devoción, ésta comenzó a languidecer, hasta que finalmente se extinguió. En un momento dado se decidió volver a abrir la puerta de esta capilla al interior del templo de Nuestra Señora de la Merced, para que tuviera comunicación; se destinó entonces la capilla para el culto del Santísimo Sacramento (que fue un gran acierto), y la venerada imagen se arrinconó en la capilla derecha del presbiterio, donde conoció el olvido. Últimamente esta capilla fue remozada y se dedicó al culto de los Santos mártires mexicanos, así como de otros Santos nacionales. Entonces, la imagen se trasladó a la capilla del Calvario. Allí permanece, dentro de una vitrina que la desmerece, tristemente sin ninguna devoción, pese a haber estado coronada con decreto episcopal. Como dice el adagio latino, “sicut transit gloriae mundi”, de cuyo significado no se libran ni las imágenes que tuvieron mucha devoción.

A Nuestra Señora del Sagrado Corazón se le ha dedicado una iglesia moderna, en la década de los sesenta, en la colonia Villaseñor. Fue hecha construir por el P. Vicente Enríquez Peregrina (+) y tiene adjunto el monasterio de Santa María de Gracia, de monjas dominicas, que fue el primero instituido en la capital de Jalisco. Dicho convento, al no tener el espacio necesario, fue necesario trasladarlo a este lugar. Cabe señalar que por este templo han pasado insignes sacerdotes como el P. Esteban Sánchez Valdés (+) el P. Salvador García Radillo, Monseñor Juan Pablo Preciado; y actualmente está a cargo del P. Javier Magdaleno, que es también el Secretario Canciller del Arzobispado. Este templo es un lugar que atiende pastoralmente a una buena sección de la ciudad.

Detalle de la imagen que se veneraba en la iglesia de la Merced, Guadalajara (México), actualmente arrinconada.

Detalle de la imagen que se veneraba en la iglesia de la Merced, Guadalajara (México), actualmente arrinconada.

Conclusión
La imagen de Nuestra Señora del Sagrado Corazón representa a la Madre de Dios, que está de pie y porta al Niño Jesús en su brazo izquierdo, viste una túnica roja y lleva un mantón azul marino. Porta una diadema condal, mientras que la de su Divino Hijo es imperial. En su mano derecha toma el Corazón de Jesús, como para ofrecerlo al pecador que tiene necesidades en el alma o en el cuerpo. Esta iconografía es común hallarla en algunas iglesias, aunque también es más frecuente encontrarla en cuadros pintados. Últimamente han surgido otras variantes muy distintas en estilo, porque se le da otra visión artística, donde incluso la Santísima Virgen María tiene a la vista su Inmaculado Corazón.

Nuestra Señora del Sagrado Corazón es conocida como abogada de las causas difíciles y desesperadas. Tal vez por ello su culto en general se mantiene firme, y tiene mucho cariño y confianza entre los católicos mexicanos. Su devoción no ha de considerarse como dulzona o impregnada de emotividad; al estar injertada directamente en Cristo, de cuyo corazón brotó la Iglesia. Se nos enseña que María nos lleva a Cristo y que, en todas las angustias y necesidades que tengan los seres humanos, sobre todo para convertirse de sus pecados, Ella siempre nos dará con rapidez y efectividad los dones de la misericordia de Cristo, Hijo de Dios vivo y Salvador de los Hombres.

Humberto

Bibliografía:
– OROZCO CONTRERAS, Luis Enrique, Iconografía Mariana de la Provincia Eclesiástica de Guadalajara, Sine Labe Concepta, Guadalajara, 1980, pp. 221-236.

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San Atanasio de Paros

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Icono ortodoxo griego del Santo.

Icono ortodoxo griego del Santo.

Hoy quiero escribir sobre San Atanasio de Paros, que fue un eminente teólogo, un brillante profesor, un apóstol infatigable, un firme guardián de la tradición ortodoxa y el nacionalismo griego, un escritor prolífico, un destacado miembro del movimiento Philokalia y el fundador y director de la famosa Gran Escuela de Quíos.

Nació en el año 1721 en el pueblo de Kostos (isla griega de Paros), siendo su verdadero apellido Toulios y el primogénito de una familia de cuatro hermanos. Sus ansias por conseguir una mejor educación lo llevaron a Esmirna en el año 1745, donde estudió en una escuela religiosa fundada nueve años antes por los monjes Jeroteos Dendrinos y Crisantos Karavias. Allí permaneció por espacio de seis años, marchando posteriormente al Monte Athos, a fin de continuar su formación bajo la dirección del monje Neófitos Kafsokalyvitis; en Athos estudió historia griega, Sagradas Escrituras y los escritos de los Padres de la Iglesia. Su trabajo y excelente capacidad hicieron que fuese ordenado de diácono y desempeñara labores docentes, primero en la sagrada montaña y posteriormente en la principal Escuela Nacional de la ciudad de Tesalónica. Aunque en un principio se negó, a instancias de Eugenio Voulgaris, se convirtió en el director de esta Escuela en el período 1758-1760. Compaginaba sus trabajos de docencia con el servicio al altar – era diácono – y la predicación de la Palabra de Dios.

Pero en el año 1760 se vio obligado a abandonar Tesalónica y refugiarse en la isla de Corfú, después de que una plaga invadiera la ciudad, provocando el cierre de la Escuela. En Corfú se sintió atraído por el eminente teólogo, filósofo y matemático Nicéforos Theotoky y bajo su tutela, estudió filosofía y retórica hasta el año 1764. Ese año, fue invitado por Panagiotis Palamas – que fue compañero suyo en el Monte Athos -, a fin de que enseñara en la escuela de Messolonghi, fundada por él mismo cuatro años antes. Así, Atanasio abandonó sus estudios en Corfú y marchó a Messolonghi, donde enseñó hasta el año 1767, compaginando nuevamente, la enseñanza con la predicación y el enaltecimiento del sentimiento nacional griego. Ese año vuelve a Tesalónica, ocupándose otra vez de la dirección de la Escuela Ellinomouseiou hasta el 1771. Fue la segunda vez que Atanasio volvía a la ciudad de San Demetrio para ocuparse de la Escuela Nacional de Tesalónica.

Icono ortodoxo griego del Santo.

Icono ortodoxo griego del Santo.

Pero en 1771, después del estallido de la revuelta Ορλωφικών – en la historia de la “Cuestión de Oriente” se llama “Orlofika” a la rebelión de los griegos en el Peloponeso y Creta en el momento de la guerra ruso-turca de 1768 al 1774 -, invitado por el Patriarcado Ecuménico de Constantinopla, se marchó a dirigir la principal escuela del Monte Athos. Atanasio se comprometió con el Patriarcado, permaneciendo allí por espacio de seis años y siendo ordenado de sacerdote por San Macario Notarás, arzobispo de Corintos. Pero en este período de tiempo, los monasterios atonitas se vieron sacudidos por algunas controversias, convirtiéndose Atanasio en un firme defensor del movimiento Kollyvadikou (κολλυβαδικού, o famoso movimiento Philokalia), junto con sus colaboradores más cercanos: el arzobispo San Macario Notaras y San Nicodemo el Agiorita. Conviene recordar que este movimiento espiritual pretendía volver a la antigua tradición de la Iglesia, haciendo especial énfasis en la importancia del domingo, como día en el que se conmemora la Resurrección de Cristo y en la frecuencia de recibir la Sagrada Comunión. Hasta tal punto Atanasio se distinguió en esta defensa, que fue difamado y perseguido por sus opositores, considerándosele un hereje, por lo que fue destituido de su responsabilidad docente en el año 1776, aunque cinco años más tarde, fue nuevamente rehabilitado al demostrarse que las acusaciones contra él eran infundadas.

En este ínterin, a instancia de los tesalonicenses, volvió a dicha ciudad, donde por tercera vez fue director de la Escuela Ellinomouseiou. Durante este período de tiempo la Escuela floreció y su reputación aumentó, por lo que fue invitado por el Patriarca Ecuménico para que se hiciese cargo de la famosa Escuela Patriarcal de Constantinopla, ya que según el propio Patriarcado, “era el profesor más preparado, más popular y más adecuado”. De hecho, el propio Patriarcado le propuso que se designase él mismo sus honorarios y eligiese la zona o región de la que desearía ser consagrado como obispo metropolitano. Él se negó a tales propósitos, considerándose indigno de ellos y manifestando que su mejor recompensa era el servicio a la Iglesia.

Fresco ortodoxo griego de los Santos Atanasio de Paros, Macario Notarás y Nicodemo el Agiorita.

Fresco ortodoxo griego de los Santos Atanasio de Paros, Macario Notarás y Nicodemo el Agiorita.

De esta manera, en el año 1786, con sesenta y cinco años de edad, Atanasio decidió abandonar Tesalónica, pero para marchar a tu tierra natal, a Paros, y dedicarse allí a la enseñanza y a la escritura, pues quería compartir su valiosa experiencia espiritual y la amplitud de sus conocimientos con sus convecinos. Embarcó en Tesalónica rumbo a Paros, pero el barco encalló en las costas de Quíos, donde fue recibido con gran alegría tanto por los gobernantes de la isla como por sus habitantes. Allí le ofrecieron residir en el monasterio de la Santísima Trinidad en Paleocastro, donde tranquilamente podría dedicarse a la oración y a la escritura. Pero Atanasio, con visión de futuro, propuso quedarse en la escuela parroquial, cerca del vecindario y convertirla en una escuela de la misma categoria que las anteriores donde había enseñado. Los habitantes de la isla consideraron que este objetivo era altamente beneficioso para ellos dada la alta experiencia y reputación a nivel nacional que Atanasio tenía en toda Grecia. Así, permaneció en Quíos, enseñando en la escuela hasta después de la terminación de la guerra ruso-turca en el año 1792. En esta tarea, buscó la ayuda de su amigo San Macario Notarás (del que en aquel momento dependía jurisdiccionalmente Quíos) y de San Nifón de Koinoviarchou. La Escuela de Quíos se hizo famosa en toda Grecia gracias a la sabiduría y espiritualidad de Atanasio: se convirtió en un verdadero centro de espiritualidad, promoviendo los ideales cristianos de Grecia, preservando su tradición ortodoxa como un escudo protector contra el espíritu europeo de la Ilustración, contra el racionalismo y el ateísmo. La Escuela de Quíos prestaba servicios a los estudiantes de las islas del Peloponeso, Creta, las islas del Mar Egeo, Esmirna, Tesalónica y Estambul. Pero, como la envidia es uno de los principales vicios, mientras la Gran Escuela de Quíos iba alcanzando cada vez más prestigio gracias al trabajo de San Atanasio, éste se vio forzado a renunciar a su dirección en el año 1811, acusado por sus adversarios ideológicos de ser excesivamente conservador y muy apegado a las tradiciones ortodoxas.

Parte del cráneo del Santo en la iglesia de la Transfiguración de Livadia (Quíos).

Parte del cráneo del Santo en la iglesia de la Transfiguración de Livadia (Quíos).

Después de su dimisión, se retiró al pequeño monasterio de San Jorge en Reston, situado al noroeste de la ciudad de Quíos, monasterio que había sido fundado en el 1770 por el monje Nilo de Quíos, compañero de San Macario Notarás. En ese ambiente sereno y acogedor, tuvo como compañero a San Nicéforo de Quíos y al hieromonje José de Fourna de Euritania. Allí continuó con su intensa vida de oración, ayunando y observando una estricta vida monástica, pero sin abandonar la escritura. Con noventa y dos años de edad, el 24 de junio de 1813, murió santamente. Fue sepultado en la zona sur del monasterio, en la que previamente habían sido también enterrados el fundador del mismo y otros monjes.

Este brillante e ilustre maestro, que hizo aportaciones inestimables a la doctrina de la Iglesia Ortodoxa Griega, fue canonizado oficialmente por Su Santidad Bartolomé I, Patriarca Ecuménico de Constantinopla, el día 9 de enero del año 1995, determinándose que su memoria se conmemorara el día 24 de junio. Diez años después de su canonización, el 15 de junio del 2005, el metropolita Ambrosio Stamena le erigió una bellísima iglesia en su localidad natal, Kostos, en la isla de Paros.

Las reliquias del Santo están distribuidas entre la parroquia de la Transfiguración de Livadia, en Quíos (parte del cráneo), en su iglesia de Kostos (Paros), en la de la Panagia Ekatontapyliani de Naxos, etc. Los escritos de San Atanasio de Paros son muy valorados por la Iglesia Ortodoxa Griega y gracias a sus amplísimas actividades literaria y docente es considerado como uno de los más grandes y prolíficos teólogos y maestros de finales del siglo XVIII y principios del XIX. Se le atribuyen unas ochenta y cinco obras, dedicadas al estudio de la historia, teología dogmática, hagiografía, didáctica, amén de la composición de numerosos himnos, discursos y cartas.

Primitiva tumba del Santo en el monasterio de San Jorge, en Reston (isla de Quíos).

Primitiva tumba del Santo en el monasterio de San Jorge, en Reston (isla de Quíos).

Los griegos consideran que las obras literarias de San Atanasio de Paros han sido fundamentales para afianzar su fe en la ortodoxia y muy valiosas para la conservación de la moral ortodoxa y la identidad nacional griega. Su principal biografía fue escrita por Andreas Kozani Mamoukas, erudito griego fallecido en Atenas en 1884, autor de importantes obras de archivística, diputado y miembro del gobierno griego, el cual hace hincapié en que era un exicasta, un líder del movimiento kollyvadikou, un defensor de las tradiciones ortodoxas griegas, o como el mismo lo llama: “un continuador sin tropiezos de la vida de Cristo”.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– CHAROKPOU, A., “La gran escuela histórica de Quíos”, Hermanos Kyriakidis, S.A., Tesalónica, 2006
“Ο Άγιος Αθανάσιος ο Πάριος (1721 -1813)”, Actas del Simposium cultural de la Hermandad “Korais”, Atenas, 2004.
– POPIS, S., “Οι Άγιοι της Χίου”, Eptalophos Publicaciones, Atenas, 2008.

Enlaces consultados (30/04/2014):
– http://ahdoni.blogspot.gr/
– http://oca.org/saints/lives/2014/06/24/149033-st-athanasius-parios
– http://xristoslivadionxiou.blogspot.gr/

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Vírgenes de Cunduacán y Tacotalpa

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Nuestra Señora de la Natividad de Cunduacán. Fotografía del grupo de Monaguillos de la Parroquia de la Natividad de María.

Nuestra Señora de la Natividad de Cunduacán. Fotografía del grupo de Monaguillos de la Parroquia de la Natividad de María.

Nuestra Señora de la Natividad de Cunduacán y la Asunción de Tacotalpa
En el sureste de México, en el estado de Tabasco, en dos poblaciones se veneran dos imágenes de María Santísima, una en el misterio de su Natividad y la otra en el de su Asunción, ambas imágenes entrelazadas por la leyenda que las une en un portento, el cual marcó el inicio de su culto en aquellas poblaciones y que dura hasta el día de hoy.

La leyenda nos dice que los poblados de Tacotalpa y Cunduacán mandaron a hacer a Guatemala dos imágenes de María, una de la Natividad para Tacotalpa, y la Asunción para Cunduacán, que eran sus respectivas patronas. Ambas imágenes fueron traídas a lomos de dos mulas desde Guatemala y llegaron a Tacotalpa el día 15 de agosto por la mañana, los pobladores se acercaron a recibir la imagen de su patrona, la Virgen de la Natividad, pero al tratar de destapar la caja que traía consigo la imagen, la mula no se dejó tocar, por más intentos que hicieron los pobladores, fue imposible quitarle su preciada carga al animal, cuando alguien se le acercaba, los golpeaba con sus patas traseras. Trataron de obligar a la mula, golpeándola y pinchándola con palos, pero nada servía, mientras, la mula se veía con los dientes al aire como riéndose de quienes intentaban descargarla. La otra mula se había echado pacíficamente sobre el pasto, mientras los pobladores se llevaron todo el día en sus intentos fallidos por descargar a su compañera.

Los pobladores convinieron de llamar al alcalde que era un hombre mayor, de gran sabiduría y fe, para que diera una resolución, pero como se encontraba muy enfermo, fue llevado hasta el lugar cargado en una silla. Al llegar, examinó el caso y quitó las dudas de los habitantes, que pensaban que eso era cosa del demonio, y les dijo que era una señal divina de que la Virgen de la Natividad quería ser venerada en Cunduacán y que la Asunción deseaba amparar a Tacotalpa, por lo tanto, fue descargada la mula que llevaba a la Virgen de Asunción con mucha facilidad, y esta imagen fue puesta en el altar principal del templo, y lo mismo se hizo en Cunduacán con la imagen de la Virgen de la Natividad.

Procesión de Nuestra Señora de la Asunción de Tacotalpa.

Procesión de Nuestra Señora de la Asunción de Tacotalpa.

Pero las leyendas alrededor de Nuestra Señora de la Natividad no terminan ahí. Se refiere en un novenario de principios del siglo XX que una antigua tradición narra que el 3 de mayo de 1693, debido a una terrible sequía que asolaba la región, el sacerdote y los fieles de Cunduacán acordaron sacar en procesión a la Virgen de la Natividad para pedirle que lloviera, y al pasar la imagen frente a una cruz de madera que se encontraba en el cementerio del templo, la cruz se inclinó dos veces, hasta tocar el suelo, en forma de reverencia ante Nuestra Señora. Debido a este milagro que todos constataron, el sacerdote decidió desenterrar la cruz y llevarla bajo palio en la procesión, detrás de la imagen de la Natividad, hasta ser colocada junto al altar mayor de la Iglesia. Posteriormente, el párroco del templo de la Natividad dio cuenta de lo sucedido al Papa y, después de ser autenticado el milagro, se decidió que la cruz fuera llevada a Roma y, ya en ese lugar, se dividió en tres partes con las que se formaron tres cruces: una se quedó en Roma, la otra fue enviada a España y la tercera se envió de vuelta al templo de la Natividad en Cunduacán, donde fue colocada a los pies de la imagen de María. Refiere esta novena que la bula por la cual se daba autenticidad a este milagro fue firmada en 1720, donde el Papa concedía indulgencias a quienes rezaran ante la Virgen de la Natividad, hicieran una peregrinación a su templo o rezaren su novena. Lo curioso del caso es que actualmente no se conserva ni la dicha bula ni la cruz que menciona este relato, muy posiblemente, de haber existido ambas cosas, se hayan perdido durante la persecución religiosa en Tabasco, que como es bien sabido, acostumbraban a quemar cuantos símbolos religiosos y documentos en los templos hubiera.

Ésta es una de las versiones de la novena, posiblemente la más fiable por estar en un documento antiguo que lo narra, pero también los fieles de Cunduacán narran oralmente otra versión de ésta, donde dicen que no fue una cruz la se que inclinó ante la imagen de María, sino que al ir en procesión, dos árboles de naranja con sus ramas estorbaban al paso de la imagen y que, al acercarse la procesión, estas ramas se inclinaron en reverencia dejando pasar a la Virgen, por lo cual ante el milagro se decidió cortar dichas ramas y hacer con ellas tres cruces, siendo enviada una a Roma, otra a España y la última resguardándose en ese mismo templo. Desgraciadamente tampoco se sabe si las dichas cruces enviadas a España y Roma aún existen.

Altar mayor del templo de Nuestra Señora de la Natividad de Cunduacán. Fotografía del grupo de Monaguillos de la Parroquia de la Natividad de María.

Altar mayor del templo de Nuestra Señora de la Natividad de Cunduacán. Fotografía del grupo de Monaguillos de la Parroquia de la Natividad de María.

Salves a la Virgen de la Natividad (fragmento)
Dios te salve, virgen pura,
Emperatriz celestial;
Amparo de pecadores
Patrona de Cunduacán.

Eres, Reina, la más linda
En vuestra Natividad
La más hermosa doncella
De la progenie de Adán.

Tu natividad gloriosa
Que hoy celebra Cunduacán
Así humilló a Satán
La cabeza presuntuosa,
Que tú huella majestuosa
En bien de la humanidad

Tanto esplendor y grandeza
Estos méritos te dan
Patrona de Cunduacán
Que eres celestial Princesa,
A cuya voz la ira cesa
De la excelsa majestad.

Tronos y dominaciones
Celebran tu nacimiento
Con respetuoso contento;
Que en las eternas regiones,
Causa gratas emociones
Tu grande festividad.

De tanta veneración
Una muerte dio la Cruz,
En donde tu hijo Jesús
Consumó la redención,
Como vio la población
Que exigía tu bondad.

Dos veces reverenciada
Fuiste Señora por ella
En tu imagen linda y bella
Que en el pueblo es venerada
Cuando en procesión llevada
Era con solemnidad.

André Efrén

Bibliografía:
– ORDÓÑEZ CAPETILLO, André Efrén, “Novena en piadosa prevención al festivo nacimiento de la sagrada aurora María Santísima en su advocación de Nuestra Señora de la Natividad de Cunduacán, Tabasco” (reedición), México, inédito, 2010.
– SANTA-ANNA, Justo Cecilio, “Tradiciones y leyendas tabasqueñas”, México, primera edición, Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, 2001.

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Las Iglesias Bizantinas y el Rito Bizantino (VI)

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Bautismo por inmersión.

Bautismo por inmersión.

El Bautismo y la Crismación en la Liturgia Bizantina
En las Iglesias Ortodoxas de Rito Bizantino, al igual que en el resto de las Iglesias cristianas, la iniciación en la vida eclesial se realiza mediante la recepción de los sacramentos del Bautismo y Crismación (Confirmación). La importancia de este primer sacramento, la reconocemos en el propio Símbolo de la fe: “Reconocemos un solo bautismo para el perdón de los pecados”.

La denominación de este primer sacramento deriva de la palabra griega “βάπτειν” que significa “sumergirse” y por eso, en el rito sacramental, el catecúmeno es sumergido en el agua, que es la materia del sacramento. Este ritual cristiano procede de lo realizado por San Juan Bautista en las riberas del río Jordán, aunque el mismo Precursor nos dice que su bautismo no es el sacramento cristiano: “Yo, en verdad, os bautizo con agua para que os arrepintáis, pero el que viene detrás de mi, es más poderoso que yo y Él os bautizará con el Espíritu Santo y el fuego” (Mateo, 3, 11). El bautismo es algo más que un rito simbólico; es una transformación sobrenatural; con el bautismo se nos redimen nuestros pecados y nos unimos con Cristo en su muerte y en su resurrección.

Cristo no necesitaba ser bautizado, pero voluntariamente se sometió al bautismo de Juan: “Entonces Jesús, vino desde Galilea hasta Juan en el Jordán para ser bautizado por él. Pero Juan se opuso diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti ¿y tú vienes a mí? Jesús le respondió: Déjalo ahora porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces, Juan le dejó y Jesús, después de que fue bautizado y salió del agua, se abrieron los cielos y se vio que el Espíritu de Dios descendía sobre él como una paloma y hubo una voz en los cielos que decía: Este es mi Hijo el amado, en quién tengo puestas todas mis complacencias” (Mateo, 3, 13-17). Esta es la expresión máxima de la Teofanía y ya hemos escrito sobre cómo la celebran las Iglesias bizantinas. El cuarto evangelista también nos cuenta cómo el mismo Jesús bautizaba: “Después de esto, vino Jesús con sus discípulos a tierras de Judea y estuvo allí con ellos y bautizaba” (Juan, 3, 22).

Bautismo por inmersión.

Bautismo por inmersión.

Pero es después de su Resurrección cuando Jesús, apareciéndose a sus discípulos, instituye este sacramento: “… Todo poder me ha sido dado en el cielo y en la tierra; id y haced discípulos míos en todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado y he aquí que yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”. (Mateo, 28, 18-20). Jesús manda bautizar en el nombre de la Divina Trinidad y desde ese momento, esa fue la práctica en la Iglesia primitiva y sigue siéndolo en el resto de las Iglesias cristianas.

En la Iglesias bizantinas este sacramento, normalmente, se realiza mediante una triple inmersión en el agua en el nombre de las Tres Divinas Personas. La persona es bautizada en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, realizando una inmersión al nombrar cada una de las Personas divinas. En casos de necesidad, cuando la persona no puede sumergirse en el agua, el sacramento se realiza vertiendo esta materia sobre el bautizando. Inmediatamente después del Bautismo, se administra el sacramento de la Crismación (Confirmación) y la Sagrada Eucaristía, independientemente de que la persona que se bautiza sea un adulto o un menor. Lógicamente, cuando el bautizado es una persona adulta, ésta es preparada durante un tiempo mediante el catecumenado.

La administración del sacramento tiene un ritual que no debe violarse. El ministro es el sacerdote o un diácono, pero en caso de urgente necesidad, como por ejemplo el riesgo de muerte inminente, el ministro puede ser un seglar que vierte agua tres veces sobre la cabeza del bautizando, recitando la fórmula del sacramento: “El siervo de Dios (se dice el nombre) es bautizado en el nombre del Padre (se sumerge o vierte el agua) Amén, y del Hijo (se hace igual) Amén, y del Espíritu Santo (y se vuelve a realizar lo mismo) Amén”. Ya sabemos que en la Iglesia Católica, la fórmula es: “Yo te bautizo….” Aunque no se utiliza y la norma dice expresamente que el Bautismo no se puede administrar por aspersión, algunos teólogos defienden que en caso de urgente necesidad o emergencia, esta manera de realizarlo también sería válida.

Bautismo administrado sin inmersión, en caso de necesidad.

Bautismo administrado sin inmersión, en caso de necesidad.

En algún artículo anterior hemos hablado sobre el tema de si una persona puede ser rebautizada. Recordemos las discrepancias existentes en los primeros siglos acerca de si un hereje o apóstata se arrepentía, tenía que ser rebautizado. Esta práctica es rechazada, salvo que el primer Bautismo no se hubiese realizado en el nombre de la Santísima Trinidad. Cuando un cristiano, válidamente bautizado, se convierte a la Ortodoxia, no se le vuelve a bautizar, aunque sí se le administra de inmediato el sacramento de la Crismación. Hecho esto, su bautismo anterior es considerado válido. Y cuando existen dudas acerca de cómo fue bautizada anteriormente esa persona, lo que se hace es bautizarla de manera condicional: “Si no estás bautizado, yo te bautizo…”. Exactamente igual se hace en la Iglesia Católica.

Como hemos dicho más arriba, inmediatamente después de la administración del Bautismo, todas las Iglesias bizantinas – incluso las católicas – administran el sacramento de la Crismación. No hace falta recordar que en la Iglesia Católica de rito latino, este sacramento se administra cuando la persona “tiene uso de razón”. Con este sacramento, se unge al nuevo cristiano con el santo Crisma (Αγίου Μύρου). El “myron” es una mezcla de cuarenta sustancias olorosas y aceite puro de oliva. El nuevo cristiano es ungido con este aceite, haciéndole el signo de la cruz en la frente, los ojos, las fosas nasales, la boca, las orejas, el pecho, las manos y los pies. En cada unción, el sacerdote, que es el ministro ordinario, dice: “El sello del don del Espíritu Santo” (Σφραγὶς δωρεᾶς Πνεύματος Ἁγίου). Ya sabemos que, salvo excepciones, en el rito latino, el ministro de este sacramento es el obispo.

Mediante este sacramento, se recibe la plenitud del Espíritu Santo al igual que lo recibieron los apóstoles el día de Pentecostés y mediante él se muestra también la unidad de la iglesia – a través del obispo – en la continuación de la fe de los apóstoles. Además, la tradición oriental mezcla el crisma sobrante del año anterior con el crisma consagrado en ese año y esto se hace tradicionalmente para que el nuevo crisma, al tener un remanente del crisma anterior, se conexione con el mismo y así, sucesivamente, con el primer crisma consagrado por los propios apóstoles. Este es un símbolo más de lo que significa la sucesión apostólica.

Dos diáconos preparan el santo crisma antes de ser consagrado en la Misa Crismal.

Dos diáconos preparan el santo crisma antes de ser consagrado en la Misa Crismal.

Mediante la recepción de estos sacramentos, el cristiano se convierte en miembro de la Iglesia, participando del sacerdocio real de Cristo y convirtiéndose en testigo suyo. A continuación participa también de su Cuerpo y de su Sangre, recibiendo la Sagrada Eucaristía.

Antonio Barrero

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Santas Bárbara Kim y Bárbara Yi, mártires coreanas

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Ilustración de Santa Bárbara Kim tratando de convertir a su marido.

Ilustración de Santa Bárbara Kim tratando de convertir a su marido.

En este blog ya hemos hablado someramente de algunos mártires de Korea y el pasado mes de enero introdujimos a las Santas Águeda Yi Kannan y Teresa Kim. Hoy, día de su festividad, presentamos a dos mártires que comparten el nombre de Bárbara -en honor a la mártir de Nicomedia– y que murieron tal día como hoy en el año 1839.

Santa Bárbara Kim
Bárbara Kim nació en una familia muy pobre, en la provincia coreana de Kyonggi. Sus familiares eran católicos, aunque no precisamente devotos. Cuando tenía trece años de edad, fue enviada a trabajar como criada de una poderosa familia católica, la de María Hwang. Aquí fue donde realmente conoció a Dios -espiritualmente hablando- y creció su devoción por Cristo. Era una mujer franca y diligente, que inscribía en su corazón las enseñanzas del Señor. Consciente de la acción de la gracia del Señor en su vida, tomó la decisión de permanecer virgen.

Pero cierto día, su padre le anunció que la había prometido a un joven católico: “Es muy buen partido, le dijo, y nosotros ya hemos acordado esta unión, así que debes prepararte para el matrimonio”. Bárbara le dijo: “Yo deseo preservar mi castidad para el Señor”, a lo cual el padre insistió: “Si marido y mujer son creyentes, ambos, no hay obstáculos para una vida creyente y esta unión será ventajosa para ti, así que no seas obstinada”. A Bárbara no le quedó más remedio que someterse a la voluntad de sus padres y casarse. Sin embargo, pronto descubrió que había sido engañada, porque su marido no era cristiano, sino pagano, y todos sus esfuerzos para tratar de convertirlo a la fe cristiana fueron inútiles. Es más, de los numerosos hijos que tuvo con él, sólo logró bautizar a una hija. Las diferencias de fe que había entre ambos esposos les causaron numerosas dificultades, que nunca fueron resueltas. Sólo cuando su marido falleció, Bárbara pudo dedicarse libremente a la oración y a las buenas obras. De hecho, con la llegada de algunos sacerdotes extranjeros a Korea, de los cuales recibió los sacramentos, puedo dedicarse a una vida espiritual ferviente y feliz, llegando a ser una católica devota.

En el clima de persecución contra los cristianos en Korea, Bárbara fue arrestada en una fecha indeterminada de marzo o abril, en el año 1839, junto con los familiares propietarios de la casa donde ella vivía. El jefe de policía le exigía que negara a Dios y que denunciara a todos los católicos que conociera. Ella se negó a apostatar y a delatar a nadie, por lo que fue cruelmente torturada: fue retorcida en el potro y golpeada a porrazos hasta el punto de romperle los huesos.

Este martirio duró tres meses, a los que se sumaron las penurias de la prisión. En efecto, si el dolor de la tortura era terrible, estar en prisión se volvía cada día peor, cada día más insoportable. De hecho, muchos cristianos que soportaban valientemente todo tipo de torturas, acababan cediendo y apostatando por el hambre y la sed. Sólo les daban dos puñados de arroz al día, y eso les obligaba a comerse la paja sucia y asquerosa sobre la cual yacían en la celda. Eran celdas pequeñas, donde se hacinaban muchas personas, y era inevitable que las enfermedades se extendieran rápidamente entre los prisioneros. Sobre esto escribió el obispo Daveluy, que moriría también mártir: “Nuestros católicos están tan apretados aquí dentro que ni siquiera pueden estirar las piernas para poder dormir. Comparado con la prisión, el sufrimiento de las torturas no es nada.” Para colmo, el hedor de sus llagas podridas era insoportable y pronto las fiebres tifoideas empezaron a matar varias personas al día. Llegaron hasta el punto de que muchos se preguntaban si vivirían lo suficiente como para ganar la corona del martirio a través de la espada del verdugo.

Éste fue el destino de Bárbara Kim. Ella, como muchos otros, sufrió los extremos de la vida en prisión: la tortura, el hambre, la sed y la enfermedad. Finalmente, dos meses después, el 27 de mayo de 1839, Bárbara falleció de fiebre tifoidea, siendo hallada muerta en el sucio felpudo de su celda. Tenía 35 años. Fue beatificada el 5 de julio de 1925 y canonizada el 6 de mayo de 1984 en Yoido, Séul, por San Juan Pablo II.

La joven Santa Bárbara Yi con sus tías, mártires como ella.

La joven Santa Bárbara Yi con sus tías, mártires como ella.

Santa Bárbara Yi
De esta mártir, que murió con sólo 15 años de edad, tenemos bastantes menos datos. Sabemos que nació en Ch’ongp’a, en Seúl. Perdió a sus padres siendo muy niña y vivía con sus tías, las también mártires Magdalena Yi Yong-hui y Bárbara Yi Chong-hui. Se puede decir que Bárbara pasó por este mundo sólo para amar a Dios y morir por Él, porque francamente no tuvo tiempo para más. Según los datos de la Santa Sede, Bárbara fue arrestada, llevada a comisaría y cruelmente torturada. Luego la llevaron a un tribunal superior y el juez la instó a negar a Dios, siendo nuevamente torturada. Como no lograba someterla, el juez la mandó de vuelta con los policías, porque le pareció demasiado joven para ejecutarla.

En la celda, Bárbara compartía su espacio con otros tres chicos, y entre ellos se infundían fortaleza y se animaban a perseverar. Pero entretanto, y por las condiciones insalubres que ya sabemos que imperaban en las celdas, ella contrajo fiebres tifoideas y, después de una semana de sufrimiento, falleció en la prisión de Seúl el 27 de mayo de 1839.

Nuestras mártires de hoy, Bárbara Kim y Bárbara Yi, dos cristianas coreanas de diferentes edades, situaciones sociales y circunstancias personales, murieron el mismo día a causa del mismo motivo. Según establece Carlos Hyon Sok-mum en su “Diario de la persecución de 1839”, aproximadamente unos 60 cristianos compartieron este destino.

Meldelen

Bibliografía:
Lives of the 103 saints martyrs of Korea, Committee for Bicentennial Commemorative Projects of the Catholic Church in Korea, Seoul, 1984.

Enlaces consultados (20/05/2014):
http://english.cbck.or.kr/Saints103/235

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