San Pablo I, obispo mártir de Constantinopla

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Icono ortodoxo griego del Santo.

Icono ortodoxo griego del Santo.

San Pablo de Constantinopla fue un excepcional ejemplo de fe, la cual consolidó junto con San Atanasio de Alejandría en los disturbios dogmáticos acaecidos en el siglo IV. Nació en Tesalónica a finales del siglo III y, como secretario-notario del obispo Alejandro de Constantinopla, participó en el Concilio de Nicea en el año 325, destacando como un elocuente orador en defensa de la ortodoxia. Después del concilio, su lucha contra los arrianos se hizo aun más virulenta, sobre todo porque el emperador estaba influenciado por los seguidores de Arrio. Por aquel entonces, Pablo, que sólo era sacerdote, participó muy activamente en la defensa de la fe.

Antes de morir en el año 335, el obispo Alejandro propuso a dos candidatos para que le sucedieran: al joven sacerdote Pablo y al anciano diácono Macedonio, alentando, sin embargo, la elección del primero por considerarlo más piadoso y más docto en la doctrina, por lo que Pablo fue elegido como su sucesor en la sede constantinopolitana, siendo consagrado en la iglesia de la Paz por algunos obispos presentes en la ciudad. En aquella época, los obispos arrianos estaban reunidos en Tiro, confabulando contra San Atanasio de Alejandría. El bueno de Pablo ordenó de sacerdote a su contrincante Macedonio, el cual inmediatamente rompió su comunión con él por haberse opuesto a los arrianos. Acusó a Pablo de haberse autoelegido sin el consentimiento del consejero imperial, el arriano obispo Eusebio de Nicomedia, que no se destacaba por llevar una vida ejemplar y que quería ocupar aquella sede a toda costa, por lo que utilizó todo tipo de artimañas en contra de Pablo, acusándolo incluso de ser el cabecilla de toda la sedición suscitada alrededor de la ciudad imperial.

El emperador Constantino, en febrero de 336, exilió a Pablo en el Ponto y estableció a Eusebio como Patriarca. Pero el emperador murió el 22 de mayo del año siguiente, y Pablo pudo regresar a su sede – que momentáneamente estaba sometida al emperador Constantino II -, en contra de la oposición de los arrianos, que querían imponer el obispo Macedonio. En junio del 338, la ciudad pasó a manos del emperador Constancio, defensor de los arrianos, lo que hizo cambiar la suerte de todos aquellos que defendían las posiciones nicenas. Una vez que tomó posesión en su palacio, reunió un sínodo de obispos arrianos, que condenó a Pablo por haber querido recuperar su sede bizantina, la cual seguía en manos del arriano Eusebio de Nicomedia. Los enfrentamientos en la ciudad fueron tan grandes que el emperador condenó nuevamente a Pablo al exilio, deportándolo a Tesalónica.

Medallón de San Julio I, papa. Galería de Papas en la Basílica de San Pablo Extramuros, Roma (Italia).

Medallón de San Julio I, papa. Galería de Papas en la Basílica de San Pablo Extramuros, Roma (Italia).

Desde Tesalónica, San Pablo marchó a Roma, donde se encontró con el santo Papa Julio I y con San Atanasio. El Papa invitó a los seguidores de Eusebio para que participasen en un sínodo romano que examinase las apelaciones de los obispos depuestos; éstos no asistieron y el sínodo, comprobando la inocencia de Pablo, le reconoció el derecho a tomar posesión de su sede. A facilitarle su retorno a Constantinopla contribuyó la muerte de Eusebio de Cesarea y la ayuda del obispo niceno Asclepio de Gaza. Pablo recuperó su sede y fue acogido calurosamente por su pueblo. Poco después, propuso a los obispos arrianos, abanderados por Teodoro de Heraclea y Narciso de Gerápolis, entrar en comunión eclesial, a lo que éstos se opusieron.

En el verano del año 342 fue invitado al Sínodo de Sárdica, pero sus fieles impidieron su asistencia, temiendo que en su ausencia los arrianos tomaran otra vez la sede constantinopolitana, ya que se habían reunido en una de las iglesias de la ciudad para consagrar como obispo a Macedonio. Como consecuencia de esto, se originó una auténtica guerra civil. Los enfrentamientos fueron tan grandes que el emperador Constancio, que se encontraba en Antioquía, envió al comandante de caballería Hermógenes para que expulsara a Pablo, pero los fieles salieron en defensa de su obispo, arrestaron a Hermógenes, lo mataron y arrastraron su cadáver por toda la ciudad. Informado Constancio, abandonó Antioquía, entró en Constantinopla y expulsó al obispo, acusándolo como responsable de aquellos desórdenes. A Macedonio sólo se le permitió reunirse con sus fieles en la iglesia donde había sido consagrado, lo que podía interpretarse como que las otras iglesias de la ciudad estaban bajo la jurisdicción de Pablo.

Aún así, Pablo fue conducido encadenado a Singara, en Mesopotamia, lugar que estaba en los confines del Imperio. Estaba en el exilio cuando, en el otoño del año 343, se celebró el Sínodo de Sardica (Sofía). De Singara fue trasladado a Emesa, en Siria, quizás como consecuencia de la victoriosa campaña de Constancio contra los persas, pero Pablo se las arregló para llegar a Constantinopla en el verano del 344. Nuevamente el emperador ordenó expulsarle, pero esta vez lo hizo utilizando una estratagema: por temor a otro levantamiento popular, encargó al prefecto Filipo que invitara a Pablo a reunirse con él en unos baños públicos para discutir sobre algunos asuntos públicos. Intuyendo Pablo la argucia del emperador, fue acompañado por numerosas personas. Aun así, el prefecto hizo pasar a Pablo al interior del recinto y allí le mostró el edicto imperial de expulsión. Para evitar un nuevo derramamiento de sangre, Pablo no opuso resistencia y se dejó conducir en secreto a través de unas puertas que comunicaban los baños con el palacio imperial, siendo embarcado en el Bósforo y deportado a su localidad natal, Tesalónica, prohibiéndosele regresar a Constantinopla. Esta nueva tentativa del emperador para reponer a Macedonio en la sede constantinopolitana generó unos gravísimos desórdenes, en los que murieron más de tres mil personas.

Icono ortodoxo griego del Santo.

Icono ortodoxo griego de San Atanasio de Alejandría.

Pablo se marchó a Italia, a fin de reunirse con San Atanasio y, juntos, exponerle todo este problema al emperador de Occidente, Constante. Un Sínodo ortodoxo celebrado en Milán condenó a Macedonio, acusándole de usurpar la sede de Pablo. Constante le dio un ultimátum a Constancio, restituyéndole sus respectivas sedes tanto a Pablo como a Atanasio. Constancio, cegado por los arrianos, amenazó con la guerra al emperador Constante, pero finalmente cedió, permitiendo el regreso de Pablo. Éste llegó a Constantinopla en 346, acompañado por dos obispos y portando las cartas credenciales del emperador Constante y de los padres asistentes al Sínodo milanés. Macedonio le cedió la sede y se retiró a una de las iglesias de la ciudad.

Cuando el 18 de enero del año 350 el emperador Constante murió en las Galias, quedando Constancio como único emperador, los arrianos se sintieron fuertes y quisieron nuevamente desterrar a los obispos defensores de la ortodoxia, entre ellos a Pablo, al que enviaron a Cucusus, en la Capadocia; y posteriormente, al desierto taurino en Armenia, donde lo encerraron en una prisión subterránea y donde lo tuvieron sin comer ni beber, a fin de que muriese de hambre. Al sexto día de encierro, como todavía estaba vivo, los arrianos lo estrangularon, difundiendo los rumores de que había muerto a causa de una enfermedad. Filagrio, gobernador de aquella provincia, muy conocido por su crueldad, se lamentaba de no haberlo podido matar él mismo con sus propias manos. Al enterarse, San Atanasio llegó a decir: “En mi vida no he visto a nadie padecer tanto sufrimiento ni persecución”.

En el verano del año 381, al concluir el Concilio Ecuménico de Constantinopla, que había condenado a los macedonianos, los despojos de San Pablo fueron transferidos desde Ancira a Constantinopla y puestos solemnemente en la iglesia de Santa Irene, que había sido construida por Macedonio y que, desde entonces, se tituló de San Pablo. Rorhbacher, basándose en los escritos de Sozomeno y Focio, escribe: “El Primer Concilio de Constantinopla terminó muy ceremoniosamente con el traslado de las reliquias de San Pablo, Patriarca mártir de Constantinopla. El emperador Teodosio ordenó que sus restos fueran traídos desde Ancira en el año 381. El obispo Nectario y todos los obispos presentes en la ciudad fueron a recibir las reliquias mucho más allá de Calcedonia y lo saludaron cantando salmos. Ceremoniosamente fue llevado a la ciudad, depositándolos en la iglesia de la Paz, donde el santo normalmente celebraba y al día siguiente, de manera mucho más ceremoniosa, sepultaron su cuerpo en presencia de los obispos, el pueblo y el emperador, en la iglesia levantada en su honor”.

Pero, por otra parte, da la impresión de que, sólo un siglo más tarde, San Pablo no fuese muy conocido, porque por ejemplo, su exilio y su muerte no son mencionados por San Juan Crisóstomo en ninguna de sus cartas. La tradición bizantina no concede a San Pablo el título de mártir, sino el de confesor, conmemorándose en Oriente el día 6 de noviembre o el domingo siguiente, según consta en el Menologio de Basilio y en el Sinaxario Constantinopolitano. En las revisiones coptas de los sinaxarios jacobitas, la fiesta está inscrita el 2 de octubre. Entre los elogios en su honor, se conservan uno de San Teodoro Studita y otro del Patriarca Juan Xifilino. En el Códice Jeronimiano del año 710, se le recuerda el día 7 de junio, pero como un santo procedente de África. Sin embargo, Floro y Adón introdujeron su memoria como Pablo de Constantinopla, ese mismo día, en el Martirologio de Lyon.

Reliquias del Santo, revestidas del atuendo episcopal. Vodnjan, Croacia.

Reliquias del Santo, revestidas del atuendo episcopal. Vodnjan, Croacia.

Se desconoce la fecha exacta en la que su cuerpo fue trasladado desde Constantinopla a Venecia. Flaminio Corner, en su libro “Historia de las iglesias y monasterios de Venecia”, editado en el año 1758, dice que su cuerpo y los de otros santos orientales estaban en la iglesia veneciana de San Lorenzo y que, probablemente, parte de estas reliquias fueron las que el emperador Alejo I Comneno, a finales del siglo XI, regaló a Venecia, en señal de gratitud por la ayuda prestada en su lucha contra los normandos. Las reliquias se guardaban en esa iglesia porque estaba cercana al famoso monasterio benedictino en el que habitaban las hijas de las familias más nobles de la ciudad. Probablemente, después de la muerte de las monjas debido a unas enfermedades infecciosas, el cuerpo quedó en el olvido, sepultado bajo una losa en el altar. Sin embargo, cuando la abadesa Elisabetta Molin quiso desmantelar dicho altar en 1 de mayo de 1493, se encontró el sarcófago de mármol que contenía el cuerpo del Santo, el cual estaba revestido con los ornamentos propios de un obispo. Se le comunicó la noticia al Patriarca Tommaso Dona, que era también benedictino, el cual las puso bajo la custodia de su vicario Giacomo. Junto al sarcófago había una nota que decía: “Bajo este altar se encuentra el cuerpo de San Pablo, obispo mártir”.

Convencido de la autenticidad del documento, el Patriarca depositó el cuerpo en el mismo lugar. Posteriormente, la abadesa María Soranzo construyó un nuevo altar más lujoso y puso en él los cuerpos de San Pablo y de Santa Bárbara. A esta ceremonia, junto a los Patriarcas veneciano y de Aquileya, asistieron los obispos de Concordia, Torcello, Zante, Chioggia, Candie y Tira. Se decidió conmemorar la festividad de San Pablo el día 6 de noviembre, fecha de su martirio, aunque con posterioridad fue trasladada al 7 de julio, fecha del traslado desde Constantinopla a Venecia. Actualmente, el cuerpo del Santo se encuentra en la ciudad croata de Vodnjan.

Por último, quiero reseñar una curiosidad: Isabel de Francia poseía el cráneo de un San Pablo. El Papa Clemente IV le escribió en el mes de abril del año 1268, comunicándole que no era el cráneo del Apóstol de los gentiles y, ni corta ni perezosa, empezó a venerarlo como el cráneo de San Pablo I de Constantinopla. Como podemos observar en la foto del relicario de Vodnjan, el cuerpo está completo, luego el otro cráneo es una reliquia falsa.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– STIERNON, D., “Bibliotheca sanctórum, tomo X”, Città N. Editrice, Roma, 1990.
– TELFER, W., “Paul of Constantinople”, The Harvard Theological Review, XLIII, 1950.

Enlace consultado (02/03/2014):
http://zupavodnjan.com/sveta-tijela

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

12 pensamientos en “San Pablo I, obispo mártir de Constantinopla

  1. Ha sido beatificado en Iasi (Rumanía), el obispo católico Anton Durcovici, martirizado por el anterior régimen comunista en el mes de diciembre de 1951.

  2. Gracias, Antonio. Me ha impactado mucho la foto de las reliquias y es curioso que, habiendo tantos Santos de nombre Pablo, la dama en cuestión decidiese que el suyo era nuestro protagonista de hoy.
    Has mencionado también el cuerpo de Santa Bárbara. Imagino que te refieres al que está ahora en la iglesia de San Lorenzo de Venecia, en una capilla que tiene una bellísima escultura de mármol de la Santa. Pero es el mismo cuerpo de Torcello o de Burano, o es otro? Teniendo en cuenta que hay otro en Rieti y otro Kiev, esto de los cuerpos de Santa Bárbara es un auténtico esperpento…

    • Sobre el tema de las reliquias de santa Bárbara, hay “para jalar y tirar”. Si se reuniesen todas las reliquias de la santa, sacaríamos varios cuerpos completos.
      A la que estoy haciendo referencia en el artículo de hoy es a la que está en Murano (Venecia), porque esa que tu dices, para mi es un cuerpo santo.

      • Pero en el artículo dices que estaba en la iglesia veneciana de San Lorenzo. ¿Eso es lo mismo que estar en Murano? Acláramelo y cuando regrese me paso a verla, que tengo también una cita pendiente con Santa Lucía. Mi única visita a Venecia fue una pesadilla: sólo pude ver la Basílica de San Marcos.

        • Te digo que es la de Nicomedia y que está en Murano por dos razones:
          Porque la Iglesia venera como Barbara de Nicomedia a la de Murano (me refiero en Venecia) y porque cuando el cuerpo de San Pablo I se trasladó a Vodnjan (Dignano), también se traslado uno de los pies incorruptos de la santa, del cual tu tienes una foto.

      • Mi estimado staret, pues ya tienes un tema para elaborar con Santa Bárbara, así como lo hiciste con el cráneo de San Juan Crisóstomo.

        • Ese tema ya se ha tratado en el correspondiente artículo dedicado a Santa Bárbara y también hay otro artículo pendiente de publicar, aunque antiguo, donde se hace un repaso de diversas reliquias de Santas mártires. A ver si lo saco un día de éstos. Aunque eso no quita que Antonio nos pueda ampliar sobre el tema. Siempre hay mucho que decir sobre algo tan mal conocido por los fieles.

          • ¡Hay Santa Bárbara bendita! Santa Bárbara, en cráneos, le gana la partida a San Juan Crisóstomo. ¿Os acordais del….. de las siete cabezas? Pues a algunos santos, se les queda corto, jaja.

  3. Gracias Antonio, veo en este Santo Obispo a un hombre conciliador, y nunca mejor dicho,porque ando de concilio en concilio. Mientras estuvo como Obispo evito muchas confrontaciones, especialmente con los poderes políticos más altos. Su martirio fue muy largo e injusto, pero por lo que vemos había muchos interesados en matarlo ¿ que mal hizo, para despertar tanto oído?
    Por otra parte, y al igual que a Ana María, a mi también me ha llamado mucho la atención ver sus huesos revestidos con las vestimentas de obispo. Me pregunto, ¿ come es que su cuerpo esta prácticamente completo, con las idas y venidas que han llevado durante tantos años?. En estos casos, casi viene siendo costumbre, que ser pierdan o se fraccionen sus reliquias.

    • En aquellas épocas en las que empezaron a aparecer las primeras discrepancias en la Iglesia en cuestiones de fe, aunque bien es verdad que a veces fueron problemas del mal conocimiento de los conceptos o de malas traducciones, en otras ocasiones hubo verdaderas maquinaciones para atacar a personas en concreto y si no, que se lo pregunten a San Atanasio de Alejandría, que por defender la fe fue atacado no solo a nivel eclesial sino también político. A San Pablo I de Constantinopla, le pasó tres cuartos de lo mismo, pero supo siempre obrar consecuentemente, en conciencia, defendiendo la ortodoxia y haciéndolo sin malas artes. Pagó las consecuencias, pero hoy se reconoce su santidad.

      Y en cuanto al tema de las reliquias robadas en Oriente, es verdad que muchos santos fueron troceados y repartidos, pero algunos se salvaron y sus cuerpos se encuentran integros. San Pablo I no es el único. A bote pronto, recuerdo a San Lucas de Steirion, cuyo cuerpo fue devuelto por la Iglesia Católica a la Iglesia Ortodoxa Griega.

  4. Toño, leí una vez que era bueno tener devoción a los santos poco conocidos, porque ellos responderían con gratitud a esta confianza. Independientemente de buscar en ellos ayuda, creo escribir sobre ellos es una manera de cumplir esta devoción, que en este caso se refiere a San Pablo de Constantinopla, arzobispo y mártir.
    Al compartir su biografía nos muestras esas épocas emocionantes y tan apasionadas de la época del Concilio de Nicea y de las luchas cristológicas que se dieron, causando tantas víctimas como refieres. Es de pensar cómo para que pudiéramos recitar el Credo, muchos hayan dado su vida, incluyendo a nuestro biografiado.
    Refieres que el consejero imperial era Eusebio de Nicomedia y que para que San Pablo reasumiera sus funciones en su sede tuvo como una causa la muerte de Eusebio de Cesarea. ¿No hay aquí una confusión de nombres o también Eusebio de Cesarea tiene vela en el entierro?
    ¿Por qué razón los ortodoxos no veneran como mártir a San Pablo?
    Me da gusto que se conserven sus reliquias a pesar de tantas guerras y peripercias. ¿Cómo es que llegaron a Croacia? ¿Hay certeza de que sean sus restos al 100 %?
    Opino que no debiera llevar mitra latina porque es un obispo griego. ¿Cómo se llaman las mitras en forma de corona que usan estos obispos? ¿No sería mejor que llevara una de ellas?
    Así nomás por estar enterado, alguna vez decías que en este lugar donde están sus reliquias hay una cantidad considerable de santos. ¿Podrías referirme a algunos de ellos, los más importantes por favor?
    Gracias.

    • Humberto,
      Ja,ja… claro que Eusebio de Cesarea tuvo velas en ese entierro; como digo en el artículo quería a toda costa la sede constantinopolitana, utilizó todo tipo de artimañas contra San Pablo, fue culpable de los disturbios populares ya que el pueblo fiel quería reponer a Pablo en su sede; estuvo en el cogollo del conflicto.

      No sabría decirte por qué en Oriente no se le concede el título de mártir a San Pablo I, aunque si el de confesor. Solo se me ocurre decirte que el concepto de confesor en Oriente no es exactamente igual que en Occidente y como prueba vaya este ejemplo: Cuando en Rusia se han canonizado a centenares de obispos, sacerdotes, religiosos y fieles asesinados por el comunismo por el hecho de confesar su fe, lo han hecho con el título de confesores y mártires indistintamente. Sabemos que mártir significa “testigo” y confesar la fe hasta dar la vida, es también ser mártir aunque se le llame confesor de la fe.

      Vodnjan (Dignano), que está en Istria y que hoy pertenece a Croacia, con anterioridad pertenecía a Italia y es en esa época cuando se hicieron los traslados de los restos de innumerables santos que originariamente estaban en Venecia. Si miras un mapa, verás que la distancia entre ambas ciudades es relativamente corta. Las circunstancias en concreto por las cuales se trasladaron, las desconozco. Y son muchos: Beata Nicolasa Bursa, San León Bembo, San Juan Olini, San Bárbaro, San Claudio, Santa Cándida, etc. Y la certeza de que son reliquias auténticas es absoluta.

      Y una última cosa: La mitra, en Oriente también se llama mitra, aunque además recibe los nombres de corona y de stéfanos.

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