Santas Bárbara Kim y Bárbara Yi, mártires coreanas

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Ilustración de Santa Bárbara Kim tratando de convertir a su marido.

Ilustración de Santa Bárbara Kim tratando de convertir a su marido.

En este blog ya hemos hablado someramente de algunos mártires de Korea y el pasado mes de enero introdujimos a las Santas Águeda Yi Kannan y Teresa Kim. Hoy, día de su festividad, presentamos a dos mártires que comparten el nombre de Bárbara -en honor a la mártir de Nicomedia– y que murieron tal día como hoy en el año 1839.

Santa Bárbara Kim
Bárbara Kim nació en una familia muy pobre, en la provincia coreana de Kyonggi. Sus familiares eran católicos, aunque no precisamente devotos. Cuando tenía trece años de edad, fue enviada a trabajar como criada de una poderosa familia católica, la de María Hwang. Aquí fue donde realmente conoció a Dios -espiritualmente hablando- y creció su devoción por Cristo. Era una mujer franca y diligente, que inscribía en su corazón las enseñanzas del Señor. Consciente de la acción de la gracia del Señor en su vida, tomó la decisión de permanecer virgen.

Pero cierto día, su padre le anunció que la había prometido a un joven católico: “Es muy buen partido, le dijo, y nosotros ya hemos acordado esta unión, así que debes prepararte para el matrimonio”. Bárbara le dijo: “Yo deseo preservar mi castidad para el Señor”, a lo cual el padre insistió: “Si marido y mujer son creyentes, ambos, no hay obstáculos para una vida creyente y esta unión será ventajosa para ti, así que no seas obstinada”. A Bárbara no le quedó más remedio que someterse a la voluntad de sus padres y casarse. Sin embargo, pronto descubrió que había sido engañada, porque su marido no era cristiano, sino pagano, y todos sus esfuerzos para tratar de convertirlo a la fe cristiana fueron inútiles. Es más, de los numerosos hijos que tuvo con él, sólo logró bautizar a una hija. Las diferencias de fe que había entre ambos esposos les causaron numerosas dificultades, que nunca fueron resueltas. Sólo cuando su marido falleció, Bárbara pudo dedicarse libremente a la oración y a las buenas obras. De hecho, con la llegada de algunos sacerdotes extranjeros a Korea, de los cuales recibió los sacramentos, puedo dedicarse a una vida espiritual ferviente y feliz, llegando a ser una católica devota.

En el clima de persecución contra los cristianos en Korea, Bárbara fue arrestada en una fecha indeterminada de marzo o abril, en el año 1839, junto con los familiares propietarios de la casa donde ella vivía. El jefe de policía le exigía que negara a Dios y que denunciara a todos los católicos que conociera. Ella se negó a apostatar y a delatar a nadie, por lo que fue cruelmente torturada: fue retorcida en el potro y golpeada a porrazos hasta el punto de romperle los huesos.

Este martirio duró tres meses, a los que se sumaron las penurias de la prisión. En efecto, si el dolor de la tortura era terrible, estar en prisión se volvía cada día peor, cada día más insoportable. De hecho, muchos cristianos que soportaban valientemente todo tipo de torturas, acababan cediendo y apostatando por el hambre y la sed. Sólo les daban dos puñados de arroz al día, y eso les obligaba a comerse la paja sucia y asquerosa sobre la cual yacían en la celda. Eran celdas pequeñas, donde se hacinaban muchas personas, y era inevitable que las enfermedades se extendieran rápidamente entre los prisioneros. Sobre esto escribió el obispo Daveluy, que moriría también mártir: “Nuestros católicos están tan apretados aquí dentro que ni siquiera pueden estirar las piernas para poder dormir. Comparado con la prisión, el sufrimiento de las torturas no es nada.” Para colmo, el hedor de sus llagas podridas era insoportable y pronto las fiebres tifoideas empezaron a matar varias personas al día. Llegaron hasta el punto de que muchos se preguntaban si vivirían lo suficiente como para ganar la corona del martirio a través de la espada del verdugo.

Éste fue el destino de Bárbara Kim. Ella, como muchos otros, sufrió los extremos de la vida en prisión: la tortura, el hambre, la sed y la enfermedad. Finalmente, dos meses después, el 27 de mayo de 1839, Bárbara falleció de fiebre tifoidea, siendo hallada muerta en el sucio felpudo de su celda. Tenía 35 años. Fue beatificada el 5 de julio de 1925 y canonizada el 6 de mayo de 1984 en Yoido, Séul, por San Juan Pablo II.

La joven Santa Bárbara Yi con sus tías, mártires como ella.

La joven Santa Bárbara Yi con sus tías, mártires como ella.

Santa Bárbara Yi
De esta mártir, que murió con sólo 15 años de edad, tenemos bastantes menos datos. Sabemos que nació en Ch’ongp’a, en Seúl. Perdió a sus padres siendo muy niña y vivía con sus tías, las también mártires Magdalena Yi Yong-hui y Bárbara Yi Chong-hui. Se puede decir que Bárbara pasó por este mundo sólo para amar a Dios y morir por Él, porque francamente no tuvo tiempo para más. Según los datos de la Santa Sede, Bárbara fue arrestada, llevada a comisaría y cruelmente torturada. Luego la llevaron a un tribunal superior y el juez la instó a negar a Dios, siendo nuevamente torturada. Como no lograba someterla, el juez la mandó de vuelta con los policías, porque le pareció demasiado joven para ejecutarla.

En la celda, Bárbara compartía su espacio con otros tres chicos, y entre ellos se infundían fortaleza y se animaban a perseverar. Pero entretanto, y por las condiciones insalubres que ya sabemos que imperaban en las celdas, ella contrajo fiebres tifoideas y, después de una semana de sufrimiento, falleció en la prisión de Seúl el 27 de mayo de 1839.

Nuestras mártires de hoy, Bárbara Kim y Bárbara Yi, dos cristianas coreanas de diferentes edades, situaciones sociales y circunstancias personales, murieron el mismo día a causa del mismo motivo. Según establece Carlos Hyon Sok-mum en su “Diario de la persecución de 1839”, aproximadamente unos 60 cristianos compartieron este destino.

Meldelen

Bibliografía:
Lives of the 103 saints martyrs of Korea, Committee for Bicentennial Commemorative Projects of the Catholic Church in Korea, Seoul, 1984.

Enlaces consultados (20/05/2014):
http://english.cbck.or.kr/Saints103/235

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8 pensamientos en “Santas Bárbara Kim y Bárbara Yi, mártires coreanas

  1. Desde hace tiempo que tengo cierto afecto por los Santos Mártires de Corea. Admiro la manera como en este país el Evangelio se transmitió gracias al papel del laico. Y la mayoría de estos santos son de esta categoría. Ahora ue nos refieres sobre estas dos Santas que tienen el mismo nombre no deja uno de pensar lo que se batalló para vivir libremente la fe. Una de ellas casada, con hijos, con una experiencia de vida recorrida y la otra apenas saluda de la adolescencia. Cada una de ellas nos enseñan a ser fieles a nuestra fe y soportar con paciencia las dificultades de la vida.
    Es un detalle significante que ambas tengan el nombre de Santa Bárbara y que hayan muerto en el mismo día y como consecuencia de los malos tratos y privaciones de la cárcel.
    Saludos.

    • Es cierto que la mayoría de mártires, a lo largo de la Historia, han sido laicos, ya mires la Antigüedad, ya mires épocas más recientes: sólo las persecuciones específicas del clero y los consagrados serían excepción. De ahí que no entiendo la insuficiente presencia del laico en el santoral; pues ellos son la base y la semilla de la Iglesia, no los consagrados, aunque también es cierto que esta carencia cada vez se va supliendo más, reconociendo la santidad laica y familiar.

      Muchos mártires asiáticos tienen nombres de grandes mártires de la Antigüedad: hay muchas Águedas y muchas Bárbaras, algunas Cecilias, Columbas, Inés… y similar en el caso de los varones. Que escogieran o les dieran nombres de bautizo de los mártires de la Antigüedad revelan, ante todo, que éstos eran una inspiración para ellos, como deben seguir siéndolo para nosotros; y no mera mitología ni sólo bellos sujetos de obras artísticas.

  2. Muchas gracias, Ana Maria, por este artículo sobre las santas mártires coreanas Bárbara Kim y Bárbara Yi.
    Sabiendo que es fundamental el trabajo apostólico para asentar una incipiente comunidad y que en esa tarea es vital la labor del sacerdote que afianza en la fe y administra los sacramentos, no lo es menos el trabajo del seglar comprometido que sirve de pies y manos al apóstol para llevar la buena noticia a rincones donde el clérigo no puede llegar. Con esta tarea, el seglar es tan apóstol como el clérigo y sin su trabajo, la comunidad no crece.
    Eso pasó en la primitiva Iglesia y sigue pasando aun hoy en día y en los países asiáticos donde se asentó el cristianismo y donde al misionero extranjero se le vio como un colonizador, esto sucedió aun más. Por eso, no es de extrañar que la inmensa mayoría de los mártires coreanos, chinos, vietnamitas, etc., sean seglares que asumieron su fe como verdaderos apóstoles. Eso hicieron estas dos santas y por eso las conmemoramos hoy.
    Es significativo este otro dato. El próximo 16 de agosto, el Papa Francisco beatificará en Corea a 124 mártires. ¿Sabeis cuantos de ellos son seglares?, pues son 123. Solo hay un sacerdote. La Iglesia de Corea se asentó sobre la labor apostólica de los seglares.

    • Lo que dices es ciertamente interesante: el clérigo, el sacerdote, era ante todo un extranjero, y los extranjeros no eran demasiado bien recibidos en las culturas asiáticas, que fueron y son todavía muy impermeables y recelosas de las influencias externas, incluso algunas que vemos exteriormente “occidentalizadas”, como Japón. De no haber sido por los seglares, difícilmente contaríamos con Iglesias y comunidades cristianas hoy en Asia.

      Aprovecho para recalcar que no pretendo menospreciar para nada la labor de los consagrados, sólo reivindicar una mayor atención sobre los laicos.

  3. Gracias Ana María, en mas de una ocasión he dicho que de los mártires asiáticos son para mi unos desconocidos. Por esa razón me gustan muchos los artículos donde los dais a conocer.
    En estas dos Santas mártires se ve un Fe inquebrantable. La supieron llevar consecuentemente en medio de las dificultades de sus vidas personales ( sobre todo Sta Bárbara Kim), finalmente demostraron este amor por Dios en la prueba final.
    De estas comunidades de cristianos coreanos, yo también admiro mucho el papel que jugaron los laicos. Sin ellos nunca hubiera sido posible que la Fe cristiana arraigara en este País.

    • Yo me alegro muchísimo de que estos artículos te interesen, David. Como bien dice André en el comentario inferior, hay muy poca información sobre estos mártires en español y sólo un poco más en inglés. Seguro que en coreano hay mucha más información, pero es un idioma que no domino. En ese sentido, estos datos saben a poco, pero supongo que es mejor que nada, ¿no?

  4. Siempre estos artículos sobre los santos orientales me parecen tan interesantes debido a que son santos de los que poco sabemos en occidente y que muchas veces no pasan de breves menciones en santorales o misales. Es impresionante ver como estas dos chicas a pesar de las condiciones no se rindieron y defendieron su fe hasta morir, siempre aquellos que parecen ´débiles demuestran ser los más fuertes

    • Sí, a los textos piadosos y hagiográficos les encanta decir que las mujeres somos débiles, delicadas, flojillas, bla-bla-bla; y si ya es una estupidez supina, pues siempre hemos cargado con las tareas más duras de la sociedad y aparte, la maternidad, que ya es dura per se; todavía me parece una idiotez mayor cuando se aplica a una mártir, que es la mujer fuerte por excelencia.

      Ambas eran jóvenes -35 años es ser joven, aunque menos en aquella época que ahora- y la otra sólo tenía 15 años, lo que es ser una cría ayer y hoy. Y míralas. Increíble seguir oyendo esa estupidez del sexo débil.

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