Santos mártires de Lyon (I)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Mosaico con los nombres de los 47 mártires de Lyon y Vienne. Cripta de la iglesia de San Martín de Ainay, Lyon (Francia).

Mosaico con los nombres de los 47 mártires de Lyon y Vienne. Cripta de la iglesia de San Martín de Ainay, Lyon (Francia).

Introducción: un documento plenamente histórico
A menudo, en este blog, nos surgen cuestiones y dudas en los debates acerca de si conceder o no mucha credibilidad a los contenidos de las passio de los mártires de la Antigüedad, dudas que nace de la razón de ser de este blog, es decir, ofrecer a todos unos contenidos críticos sobre hagiografía que permitan separar realidad de ficción. Muchas veces se ha mencionado ya que de la mayor parte de los mártires de la Antigüedad no sabemos ni sabremos nunca gran cosa, y que eso no implica necesariamente que no hayan existido. Pero también hemos dicho que existen documentos y actas totalmente fiables acerca de las circunstancias del martirio de algunos cristianos. De algunos casos fuera de toda duda ya hemos hablado aquí: nos referimos al martirio de los Santos Perpetua, Felicidad y compañeros mártires de Cartago, de Santa Crispina de Thebessa, de San Policarpo de Esmirna, de los Santos Fructuoso, Augurio y Eulogio en Tarragona, de los mártires escilitanos, por citar sólo algunos. Hoy presentamos a otro grupo de mártires de indudable existencia histórica, cuyos detalles martiriales también son de absoluta fiabiliad, por habernos llegado en un documento contemporáneo.

Así pues, una carta de los cristianos de Vienne y de Lyon (entonces Lugdunum) a las iglesias de Asia nos permite saber lo que fue de un grupo de cristianos que, en tiempos de Marco Aurelio -concretamente en el año 177- fueron objeto de una redada de las autoridades. Se les acusaba de incesto y canibalismo, y la suposición de que celebraban monstruosas orgías secretas provocó un gran alboroto. Entre este grupo de mártires brilla con luz propia la esclava Blandina (“afectuosa”, en latín), apresada junto a su señora; pero en este artículo hablaremos del grupo, pues la carta centra su atención en diversos nombres propios.

Esta carta, como decía, es de un inestimable valor histórico, ya que, si bien impregnada de la retórica y lirismo del cristianismo, constituye uno de los pocos documentos realmente verídicos que hallamos en nuestra compilación. Podemos por asegurar la vera existencia de la mártir Blandina, de todos sus compañeros, y de todos los detalles de su proceso y muerte. Inevitablemente, éste será un artículo largo; pues el martirio duró, para los que llegaron hasta el final, hasta casi seis meses, entre interrogatorios, cárceles y torturas; lo que desmonta también esos “procesos relámpago” que a menudo vemos en las passio fantasiosas.

Detalle de algunas mujeres del grupo: de izda. a dcha. Julia, Domna, Jamnica, Materna, Ausonia, Justa, Emilia, Antonia, Trófima y Pompeya. Cripta de San Potino, iglesia de Saint-Nizier, Lyon (Francia).

Detalle de algunas mujeres del grupo: de izda. a dcha. Julia, Domna, Jamnica, Materna, Ausonia, Justa, Emilia, Antonia, Trófima y Pompeya. Cripta de San Potino, iglesia de Saint-Nizier, Lyon (Francia).

Así pues, como “mártires de Lyon” se designa a un grupo de cristianos asesinados en el año 177 en las Galias, pero a los que en justicia deberíamos llamarlos “mártires de Vienne y Lyon”, ya que en realidad pertenecen a ambas ciudades, además de que Vienne es la primera ciudad nombrada en el primer documento que nos habla de ellos. El relato de su martirio probablemente fue redactado por San Ireneo de Lyon. Con palabras muy simples y espontáneas nos refleja un estupendo cuadro vivo y conmovedor de lo que era la primitiva iglesia gala, la cual estaba llena de fieles entusiasmados con el ideal del martirio, que aceptaban de buen grado. Nos lo presenta con entusiasmo y orgullo, pero también con modestia y humildad. Con una fe que hace soportar los sufrimientos físicos, pero también con una gran solicitud y apoyo hacia los compañeros más débiles y, sobre todo, con una simplicidad heroica que nos conmueve profundamente.

El texto completo del relato estaba contenido en una carta que las Iglesias de las Galias enviaron poco después de dicho acontecimiento, a sus hermanos de Asia Menor y de Frigia. Eusebio de Cesarea la incluyó en su “Relación de mártires”, pero esta obra se perdió. Sin embargo, poseemos algunas piezas que el mismo Eusebio se preocupó de incluir en su “Historia Eclesiástica” y que nos ha servido para hacer esta no tan breve síntesis.

Este artículo no pretende, en modo alguno, reproducir la totalidad de la carta. Tampoco es posible que sirva de sustitución a la misma: todo cristiano o lector interesado en la primitiva cristiandad debería leerla, por lo tanto, dejo aquí un enlace al texto original, cuya lectura encarecidamente recomiendo, y poco a poco iremos desgranando los detalles del mismo, haciendo hincapié en sus protagonistas y en los sufrimientos que padecieron por la fe.

La esclava Blandina interrogada. Detalle del altar de la Santa en su parroquia de Lyon, Francia.

La esclava Blandina interrogada. Detalle del altar de la Santa en su parroquia de Lyon, Francia.

Finales de marzo, año 177: arresto y primeros interrogatorios
Como sucedía a menudo en el siglo II, los cristianos de las Galias fueron, de manera improvisada, sometidos al odio y a la persecución de los paganos. Se les impedía utilizar los baños, el foro y otros lugares públicos: todo lo que una enfurecida multitud podría hacerle a sus enemigos, como ultrajes, vejaciones, insultos, palizas, lanzamiento de piedras, robos, etc. Así lo testimonia el texto: “(…) llegó a tal extremo que ni en las casas ni en los baños, ni aun en el foro, se toleraba nuestra presencia; en ningún lugar nos podíamos presentar”.

Muchos fueron arrestados y llevados al foro para ser interrogados por el tribuno de turno y por los magistrados. Uno tras otro confesaban ser cristianos y como quien podía juzgarles estaba ausente, fueron encerrados en prisión. “Los que habían sido arrestados fueron conducidos al foro por el tribuno y los duunviros de la ciudad, e interrogados ante el pueblo. Todos confesaron su fe y fueron encarcelados hasta el regreso del legado imperial.” Al llegar el juez fue instruido el proceso y comenzaron los interrogatorios. Un joven llamado Vecio Epagato, asqueado por aquel grotesco proceso, pidió ser aceptado para defender a aquellos acusados. Entonces se formó un gran tumulto entre el gentío y Vecio fue también arrestado, y como también se declaró como cristiano, fue agregado a los prisioneros: “(…) impaciente de hacerse de algún modo útil, no pudo sufrir tan manifiesta iniquidad, y lleno del celo de Dios pidió para si la defensa de los acusados, comprometiéndose a probar que no merecían la acusación de ateísmo e impiedad. Los que rodeaban el tribunal exclamaron a voces contra él. El legado rehusó su demanda, por más justificada que fuera, y le preguntó simplemente si era cristiano: “Sí”, respondió él con voz clara y resuelta; y fue agregado al número de mártires”.

El miedo y la fiereza de los tormentos hizo que diez cristianos débiles renegaran de la fe, pero fueron reemplazados por otros, entre los cuales se encontraban algunos personajes de cierta importancia que habían ayudado en ambas iglesias (Vienne y Lyon) a difundir el Evangelio. Junto con los cristianos, fueron arrestados también algunos esclavos paganos, los cuales, instigados por los soldados y espantados por los tormentos con los que les amenazaban, declararon falsamente contra sus amos, calumniándolos como asistentes a comidas opulentas y lujuriosas, a relaciones incestuosas y a otras vilezas. Estas declaraciones suscitaron una nueva y más violenta ola de furor contra los cristianos, que fueron sometidos a todo tipo de torturas, con la vana esperanza de obtener de ellos alguna confirmación de aquellas atrocidades, las cuales pudieran justificar el tratamiento que pensaban darles.

Santa Blandina. Vidriera decimonónica en la cripta de la iglesia de San Martín de Ainay, Lyon (Francia).

Santa Blandina. Vidriera decimonónica en la cripta de la iglesia de San Martín de Ainay, Lyon (Francia).

Los primeros nombres propios
Los verdugos se ensañaron especialmente contra el diácono de Vienne llamado Santo, contra Maturo, Atalo, que procedía de Pérgamo, y contra Blandina, la esclava de apariencia débil, pero de gran fortaleza, que se ha convertido en protagonista y representante del grupo: “(…) Blandina, en la cual demostró Cristo que lo que a los ojos de los hombres es vil, ignominioso y despreciable, es para Dios de gran estima, en razón del amor demostrado a Él y de la fortaleza en confesarle; porque Dios aprecia las cosas como en sí son, no las apariencias. Todos temíamos, y en particular la que habla sido su señora (también se encontraba entre los mártires), que aquel cuerpo tan diminuto y débil no podría confesar la fe hasta el fin; pero fue tal la fortaleza de Blandina, que los verdugos que se relevaban unos a otros desde la mañana hasta la noche, después de aplicarle todos los tormentos, tuvieron que desistir, rendidos de fatiga. Agotados todos sus recursos, se confesaron vencidos, admirándose de que aun quedase con vida después de tener todo el cuerpo desgarrado y deshecho por los tormentos, llegando a confesar que una sola de las torturas hubiera bastado para causarle la muerte, cuanto más todas ellas. A pesar de todo, ella, como un fuerte atleta, renovaba sus fuerzas confesando la fe. Y pronunciando estas palabras: “Soy cristiana” y “Nosotros no hacemos maldad alguna”, parecía descansar y cobrar nuevos ánimos, olvidándose del dolor presente”. Ésta era Blandina, una esclava, es decir, un poco de nada, de menos que nada, sin derechos, sin personalidad legal ni jurídica, sin humanidad incluso, según la mentalidad de la época, un objeto, una herramienta, una propiedad con la que se podía hacer lo que se quisiese. Ella, que no era nadie, en el martirio y en la confesión de su fe se convirtió en todo, en alguien inolvidable, y lo hizo sin grandes discursos ni las palabrerías que nos tienen acostumbrados las passio más famosas. Sólo decía que era cristiana y que ellos no hacían nada malo, negando las acusaciones. No necesitaba decir nada más.

Pero no es la única, ya que el diácono Santo mostró tambien una gran fortaleza en los tormentos: “(…) estuvo tan constante y firme que no dijo su nombre ni el de su nación, ni el de su ciudad, ni aun si era siervo o libre, sino que a todas las preguntas respondía en latín: “Soy cristiano”. Esto era para él su nombre, su patria y su raza, y los gentiles no pudieron hacerle pronunciar otras palabras. Por todo lo cual se encendió contra él de un modo especial la ira y furor del presidente y de los verdugos; hasta tal punto, que no quedándoles ya más lugar en que atormentarle, le aplicaron láminas de bronce ardiendo sobre las partes más sensibles del cuerpo. Mientras sus miembros se abrasaban, él permanecía firme e inconmovible en su confesión, porque estaba bañado y fortificado por las aguas de vida que manan del cuerpo de Cristo. El cuerpo mismo del mártir atestiguaba claramente lo que había sufrido, porque todo él era una llaga, contraído y retorcido, de tal forma que ni la figura de hombre conservaba”.

También menciona el texto a otra mujer, llamada Biblis (conocida también como Biblíde o Biblíada), que en un primer momento había renegado de Cristo por miedo a las torturas. Sin embargo, esto no la libró del tormento, pues fue torturada para que aceptara denunciar a sus hermanos y diera confirmación a las acusaciones de crímenes de canibalismo e incesto que se vertían sobre ellos. Ella se negó a tal calumnia, pero, en medio del dolor que sufría, vino su conversión: “(…) recapacitando y como despertando de un profundo sueño, los tormentos que tenía presentes la hicieron pensar en los del infierno. Y dijo a sus verdugos: “¿Cómo creéis vosotros que unos hombres a quienes está prohibido comer carne de animales han de comerse a los niños?” Desde aquel momento se confesó cristiana y fue contada entre el número de los mártires”.

Relación de varones que murieron en la cárcel: de izqda. a dcha. Geminiano, Apolonio, Zótico, Julio, Tito, Zósimo,  Cornelio, Aristeo y Potino. Cripta de Saint-Nizier, Lyon (Francia).

Relación de varones que murieron en la cárcel: de izqda. a dcha. Geminiano, Apolonio, Zótico, Julio, Tito, Zósimo, Cornelio, Aristeo y Potino. Cripta de Saint-Nizier, Lyon (Francia).

De abril a junio: confesores y apóstatas
Como tantos cristianos se habían mostrado fuertes ante las torturas, los perseguidores optaron por vencerlos mediante un tormento más lento: la degradación en el ambiente asfixiante e insalubre de la cárcel: “Se los encerró en oscurísimos y muy incómodos calabozos, con los pies metidos en cepos y estirados hasta la quinta clavija, además de todos los inventos de nuevos suplicios que los crueles carceleros, inspirados por el demonio, imaginaron para dar tormento a sus víctimas. A tal extremo llegaron que muchos perecieron asfixiados en las cárceles Dios, que en todas las cosas muestra su gloria, les habla reservado tal género de muerte. Otros que hablan sido tan atrozmente martirizados que ni imaginarse podía, quedaron con vida, aunque se les hubieran aplicado todos los remedios, continuaron en la cárcel, destituidos de auxilio humano, pero confortados por el Señor, firmes espiritual y corporalmente, los cuales enardecían y consolaban a los demás. Otros que hablan sido apresados posteriormente y que no estaban tan acostumbrados a los tormentos, no pudiendo soportar los padecimientos de la cárcel, expiraron en ella”. Es decir, que muchos murieron “suffocati in carcere”, asfixiados en la cárcel, fallecidos a consecuencia de sus heridas, dejados sin comida ni medicinas.

Entre los que murieron en prisión, pero ya habían sido previamente maltratados, estaba el obispo Potino, de la iglesia de Lyon, que ya sobrepàsaba los noventa años de edad y que, pese a su ancianidad, dio un brillante testimonio y sufrió un gran maltrato: “Preguntado por el presidente cuál era el Dios de los cristianos, respondió: “Si eres digno le conocerás”. Luego, sin respeto alguno, fue arrastrado y cubierto de heridas, porque los que estaban cercanos a él le dieron de patadas y puñetazos, sin el menor respeto a sus canas. Los que estaban más lejos le arrojaron cuanto les vino a las manos: todos ellos se hubieran creído reos de un gran crimen si no le hubieran atormentado cuando pudieron. Así creían vengar la injuria de sus dioses. En aquel estado fue llevado a la cárcel, donde expiró a los dos días”. Muchos otros murieron en prisión por abandono, asfixia o heridas.

Relación de mujeres que murieron en la cárcel: de izqda. a dcha. Antonia, Trófima, Domna, Justa, Pompeya, Jamnica, Ausonia, Emilia y Julia. Cripta de Saint-Nizier, Lyon (Francia)

Relación de mujeres que murieron en la cárcel: de izqda. a dcha. Antonia, Trófima, Domna, Justa, Pompeya, Jamnica, Ausonia, Emilia y Julia. Cripta de Saint-Nizier, Lyon (Francia).

Hace hincapié el texto en un detalle muy interesante; y es que los que habían renegado de Cristo no se vieron libres del tormento y la penuria, como hemos visto en el caso de Biblis. Sin embargo, estando mezclados confesores y apóstatas, la actitud de unos y de otros era bien distinta: “Todos aquellos hermanos que habían sido apresados cuando la primera orden de detención y que habían renegado la fe, fueron encarcelados lo mismo que los que la habían confesado, y sufrían las mismas penalidades que los mártires. Nada les valió su apostasía. Aquellos que se confesaron cristianos fueron encarcelados como tales, y no se les imputó otro crimen. En cambio, a los otros se le encarcelaba como a homicidas y hombres criminales, y sufrían doble tormento que los demás. Porque a los verdaderos mártires les consolaba y daba ánimo el gozo del martirio, la esperanza de la gloria y el amor a Jesucristo y del Espíritu del Padre. Por el contrario, a los renegados les remordía su conciencia, tanto que con sólo mirarlos a la cara se les conocía y se les distinguía de los demás. Los verdaderos mártires andaban alegres, reflejándose en sus caras una cierta majestad y nobleza, de modo que las cadenas para ellos eran un adorno, que aumentaba su hermosura, como la de una desposada vestida de su traje de boda. A los apóstatas se les veía con la cabeza baja, sucios, mal vestidos, cubiertos de ignominia hasta para los mismos gentiles, que despreciaba su cobardía y los trataban como a asesinos confesos por su propio testimonio. Habían perdido el glorioso y salutífero nombre de cristianos. Todo esto era un gran estímulo para los confesores de la fe que lo veían”. Sigue diciendo el texto que muchos apóstatas se convirtieron ante el ejemplo que daban sus hermanos en la fe.

Para evitar cansar a los lectores, sabiendo que es un texto muy denso y que es preciso leerlo bien para captar todos sus detalles y tomar conciencia de todos sus protagonistas, detenemos aquí la narración y mañana seguiremos hablando de los momentos culminantes del martirio de esta comunidad valiente y entregada de las Galias.

Meldelen

Bibliografía:
“Actas selectas de los mártires”, Ed. Apostolado Mariano, Sevilla 1991, pp. 31.41.
– VVAA, Bibliotheca sanctorum, Ed. Città Nuova, Roma 1984.

Enlaces consultados (03/05/2014):
– http://www.cristianismo-primitivo.com/siglo-ii/los-martires-de-lyon

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

4 pensamientos en “Santos mártires de Lyon (I)

  1. Las actas de estos mártires. Están cargadas de mucha emotividad. Realmente pueden considerarse como héroes de la fe. Las sentencias o frases que se refieren de algunos de ellos me parece que son dichos cargados de mensajes que acicatan la manera de como vivimos nuestra fe actualmente.
    Siempre he considerado a Santa Blandina como un gran personaje y ni decir de San Potino, que está cargado de una dignidad muy grave.
    Hace unos meses vi un artículo de National Geografic, tenía su ideología, pero me fue grato conocer estos lugares donde padecieron. Recuerdo haber visto el mosaico carácol con sus nombres y que ahora ilustras este artículo con una foto.
    Saludos.

    • ¿No te estarás refiriendo al vídeo-documental “Jesus Rise To Power: Martyrs”, donde aparece una recreación del martirio de Santa Perpetua? Lo coloqué el otro día, aunque un poco tarde, en el artículo sobre Santos africanos. Aparte del error de representar a la Santa como una mujer de raza negra y la atroz insinuación de que fue ella la que se clavó la espada, cometiendo suicidio más que sufriendo martirio, es un documental bueno e interesante. No sé a qué te refieres con ideología, ya que todo lo que en éste se dice está rigurosamente documentado y es cierto: http://youtu.be/f6fa2gdFPfM

      Otra cosa es el tono con que lo dice el investigador. Es cierto, mala sombra no le falta. Es incorrecto que pongan a Santa Perpetua como una mujer negra y está muy mal que hagan entender, en la escena de la ejecución, que ella se clavó la espada, lo cual es falso, pero por lo demás, lo que dice el documental es cierto. El problema es que no nos gusta hacer autocrítica. Subí este vídeo a GloriaTV (web ultra, homófoba, xenófoba, antiprotestante, antiecuménica, antisemita, antiortodoxa, antitodo lo que no sea ser católico rancio y conservador donde las haya) y un pelagatos histérico me lo hizo quitar tachándome de blasfema y apóstata. Así nos va…

      En fin, que me voy de tema. Hoy hablamos de Santa Blandina y de sus compañeros. El documental incluye escenas de la cripta de Ainay en Lyon y aparecen algunos nombres; pero no hay recreación del martirio de ellos, sólo el de Perpetua. En el artículo de mañana, sin embargo, sí que incluyo un impactante vídeo del martirio de Blandina, la esclava a la que las fuentes -machistas como su época de redacción- tachan de muchacha de apariencia frágil e insignificante, pero que debió ser la mujer fuerte por antonomasia, para sufrir todas esas horribles torturas y no doblegarse ni un instante.

  2. Gracias Ana María, los santos Mártires de Lyon son un grupo de los más “famosos” mártires de la antigüedad. Yo ya tenía ganas de conocerlos.
    Seguiré tu consejo y leeré la carta de estos mártires en cuanto pueda.
    Leyendo los crueles procedimientos que seguían los acusadores y verdugos contra los cristianos, me he dado cuenta que no se diferencian mucho de los que hasta hace poco se seguían ( persecuciones del S. XX) para acusar a los cristianos de cualquier cosa, con tal de que fueran perseguidos y ajusticiados sin ningún miramiento. Pero acusarles de canibalismo, incesto, y otras cosas por el estilo, me parece…
    Espero leer el articulo de mañana, que imagino que tratara de los últimos días y del martirio. Hoy he podido leer en un tuit, un mención a Santa Blandina que decía ” Nunca hemos visto sufrir tanto a una mujer”.

    • No debería hacer esta comparación, pues claramente se trata de contextos históricos distintos, pero nótese que son las mismas acusaciones que se vertieron injustamente contra los templarios en el siglo XIII (si recuerdo bien): canibalismo, incesto, orgías, con el añadido de la idolatría y sodomía. Acusaciones unas tan falsas como las otras, pero que lograron su objetivo: deshacerse de la gente molesta en cuestión.

      Así es, la carta dice explícitamente que todos quedaron impactados por la fortaleza de Blandina, a la que juzgaban débil por ser mujer, pero que pasó por gran cantidad de torturas (azotes, hierros, fuego, potro) para luego ser crucificada y también echada a las bestias; sin que lograran obligarla a reconocer las acusaciones y a apostatar de su fe. Por eso es la más conocida del grupo, aunque otros sufrieron tanto como ella, porque ver a una mujer joven resistir tanto dolor impactaba en la mentalidad machista de la época.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

CAPTCHA

*