Santos mártires de Lyon (II)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Los seis mártires que fueron arrojados a las fieras: de izqda. a dcha. Blandina, Póntico, Atalo, Alejandro, Maturo y Santo. Cripta de Saint-Nizier, Lyon (Francia).

Los seis mártires que fueron arrojados a las fieras: de izqda. a dcha. Blandina, Póntico, Atalo, Alejandro, Maturo y Santo. Cripta de Saint-Nizier, Lyon (Francia).

24 de junio, fiesta del Sol: en la arena
Terminados los interrogatorios y pronunciadas las sentencias, con motivo de una fiesta dedicada al Sol que tenía lugar el 24 de junio, se ofreció un espectáculo en el anfiteatro, a fin de ejecutar allí las condenas.

Del grupo de mártires, fueron precisamente los que más habían sufrido en los tormentos, es decir, Maturo, Santo, Blandina y Atalo, fueron los destinados a ser echados a las fieras, aunque previamente fueron torturados de nuevo: “(…) debieron padecer los mismos suplicios; las varas, los mordiscos de las fieras que los arrastraban por la arena y todo lo que el vulgo furioso pedía a gritos. Al fin las parrillas al rojo, sobre las cuales se asaban las carnes de los mártires, despidiendo olor intolerable, que se extendía por todo el anfiteatro. (…) A Santos no consiguieron hacerle pronunciar otra palabra que aquella que había repetido desde el principio: “Soy cristiano”. Por fin, después de tan horrible martirio, como aún respirasen, fue mandado que los degollasen. Éste fue el final, en efecto, de Maturo y de Santo.

Blandina, por contra, a pesar de haber sido también fustigada con vergas y sentada en una silla al rojo vivo, para después ser crucificada, no fue atacada por ningún animal y así, sobrevivió aquel día: “(…) fue expuesta a las fieras suspendida en un poste. Atada a él en forma de cruz, constantemente estuvo haciendo oración a Dios, con lo cual esforzaba el valor de los demás mártires, los cuales, en la persona de la hermana, veían con sus propios ojos la imagen de Aquel que murió crucificado por su salvación, y para demostrar a los que creyeran en Él que todo aquel que padeciera por la gloria de Cristo habla de ser partícipe con Dios. No atacando ninguna fiera el cuerpo de la mártir, fue depuesta del madero y encerrada en la cárcel, reservándola para un nuevo combate”.

Escena de documental: Blandina sufre el tormento de la silla de fuego

¿Y qué sucedió con Atalo? Pues en principio fue expuesto y humillado públicamente en el anfiteatro, y parecía que la gente disfrutaba viéndolo así, pues sabían que era de familia noble. Pero luego se supo que era ciudadano romano y lo sacaron de la arena: “Paseáronle por el anfiteatro, y delante de él era llevada una tabla, sobre la cual se habla escrito en latín: “Éste es Atalo, el cristiano”, lo cual fue motivo para que los espectadores se enardecieran más contra él. Cuando el legado se dio cuenta de que era ciudadano romano, mandó que fuera de nuevo conducido a la cárcel con todos los demás. Luego, consultó al César sobre lo que habla de hacerse con los encarcelados, y esperó su respuesta”.

La gran fiesta del mes de agosto
La respuesta del emperador establecía – según la praxis ya iniciada por Trajano – que si renegaban de su fe, fueran puestos en libertad, pero si no, fueran ejecutados. Como se acercaba una inminente fiesta anual en aquella región, en la que solía participar un gran gentío y se abría un gran mercado con comerciantes que venían de lejos, el gobernador pensó iniciar un nuevo proceso con mucha más pomposidad, para dar un buen espectáculo de la justicia romana. Los cristianos que tenían la ciudadanía romana fueron condenados a morir decapitados y los otros, se reservaron para un nuevo espectáculo de fieras en el anfiteatro.

Relación de varones que murieron degollados: de izqda. a dcha. Filomeno, Gémino, Octubre, Comino, Vidal, Ulpio, Primo, Silvio, Alcibíades, Macario, Epagato y Zacarías. Cripta de Saint-Nizier, Lyon (Francia).

Relación de varones que murieron degollados: de izqda. a dcha. Filomeno, Gémino, Octubre, Comino, Vidal, Ulpio, Primo, Silvio, Alcibíades, Macario, Epagato y Zacarías. Cripta de Saint-Nizier, Lyon (Francia).

Durante los interrogatorios, un tal Alejandro, que era un médico de origen frigio, pero que hacía años que vivía en las Galias, animaba con gestos y señales a los cristianos a que permaneciesen fieles a su fe. Este comportamiento fue visto por el populacho y Alejandro fue arrestado y expuesto a las fieras, después de haber sido cruelmente atormentado: “Como contestase que era cristiano, irritado el juez le condenó a las fieras. Al día siguiente fue echado a ellas junto con Atalo, porque el legado no quiso oponerse a las reclamaciones del pueblo. Ambos, después de pasar por todos los tormentos inventados por el odio contra los cristianos, después de un magnífico combate, fueron degollados. Alejandro, en todo el tiempo que duró el martirio no pronunció una palabra ni exhaló un gemido, sino que estuvo abstraído en Dios. Atalo por su parte, al ser tostado en una parrilla, como exhalase muy mal olor su cuerpo, habló de esta manera al pueblo: “Esto que estáis haciendo, esto es comerse a los hombres; nosotros ni nos comemos a los hombres, ni hacemos mal ninguno”. Y como los gentiles le preguntasen por el nombre de Dios, contestó: “Dios no tiene un nombre como nosotros los mortales”. Dos puntos interesantes, o quizá, tres: el primero, Atalo, que primero había sido librado de las fieras por ser ciudadano romano, inexplicablemente es arrojado a las mismas. Segundo, como éste, desde la parrilla, increpa a sus verdugos acusándolos de lo que los cristianos eran acusados: canibalismo. Y tercero, la creencia judeocristiana del anonimato de Dios, en contraposición con el panteón pagano, plagado de dioses con sus respectivos nombres.

El último día de los espectáculos se presenció el martirio de Blandina, la esclava irreductible que había llegado hasta el final pese a todos los tormentos descargados sobre su frágil cuerpo -y no por mujer, pues siendo mujer había sido más fuerte que muchos hombres juntos, sino porque se nos dice que era de aspecto frágil-; y de Póntico, un muchacho de quince años. En días anteriores habían sido sacados de la cárcel para que presenciaran las torturas de los demás y así tuvieran una primicia de lo que les esperaba. Aún así, no lograron doblegarlos llegado el momento de su sufrimiento: “Experimentaron en ellos toda clase de torturas y vejaciones para conseguir hacerlos jurar por los dioses, pero todo inútil. Todos los espectadores se daban cuenta de que las exhortaciones de la hermana eran las que sostenían al joven, que finalmente después de sufrir con gran ánimo los tormentos expiró. Ya sólo quedaba Blandina, que como una madre había animado a sus hijos al combate, y había hecho que todos la precedieran vencedores delante del rey, siguiéndoles a todos ella por el sangriento sendero que habían trazado, gozosa de su próximo triunfo, como quien ha sido convidado a un banquete nupcial, no como un condenado a las bestias. Después de tolerar los azotes, después de ser arrastrada por las fieras, después de las parrillas ardientes, fue envuelta en una red y expuesta a un toro bravo, el cual la lanzó repetidas veces por los aires pero ella no sintió nada: tan abstraída estaba en la esperanza de los bienes futuros y en su íntima unión con Cristo. Al fin la degollaron. Los mismos gentiles llegaron a confesar que nunca entre ellos se había visto a una mujer padecer tantos tormentos”.

Relación de mujeres que murieron degolladas: de izqda. a dcha. Materna, Helpes, Pompeya, Julia, Emilia, Cuarta, Rogata, Potamia, Biblis, Albina, Grata y Ródana. Cripta de Saint-Nizier, Lyon (Francia).

Relación de mujeres que murieron degolladas: de izqda. a dcha. Materna, Helpes, Pompeya, Julia, Emilia, Cuarta, Rogata, Potamia, Biblis, Albina, Grata y Ródana. Cripta de Saint-Nizier, Lyon (Francia).

La ferocidad del populacho y el odio del magistrado no se aplacaron con la muerte de estos mártires. Los restos de los muertos fueron sacados del anfiteatro y dejados insepultos para que fueran comidos por las fieras salvajes, los que habían muerto en la cárcel fueron arrojados a los perros, mientras que los soldados vigilaban impidiendo que nadie pudiese acercarse a ellos. Finalmente, pasados seis días, los restos fueron recogidos, quemados y las cenizas, lanzadas al Ródano. Así, incluso eran compadecidos por los paganos: “Algunos otros, un poco más humanos, y que aparentaban tenernos compasión, también nos escarnecían diciendo: “¿Dónde está su Dios? ¿Y qué les ha aprovechado su religión por la cual han dado sus vidas?”. Ésta era la actitud de los gentiles para con nosotros. (…) Con esto creían hacerse superiores a Dios y privar a los mártires de la resurrección. “De este modo, decían ellos, no les quedará ninguna esperanza de resucitar, confiados en la cual han introducido esta nueva religión, y sufren alegres los más atroces tormentos, despreciando la misma muerte. Ahora veremos si resucitan y si su Dios les puede auxiliar y librarlos de nuestras manos”.

El texto concluye hablando de aquellos que, habiendo pasado por los suplicios pero no habiendo muerto por la fe, aun teniendo el cuerpo lleno de heridas y cicatrices, no permitían que les llamaran mártires, sino simplemente confesores, porque mártires sólo eran los que habían muerto. También menciona someramente a Alcibíades, cristiano muy mortificado que, habituado a una estricta dieta de pan y agua y queriendo reproducir en la cárcel, tras la primera salida a la arena, este régimen, fue aconsejado por Atalo de que no lo hiciese, pues era motivo de escándalo para los demás -acaso porque estando en pleno martirio, debía fortificarse-, y de inmediato aceptó tomar todos los alimentos.

¿Y los demás?
Es imposible precisar cuantos mártires cayeron en este evento. En el relato de Eusebio sólo se mencionan diez nombres propios -los diez que hemos resaltado en este artículo en negrita, a saber: Blandina, Potino, Atalo, Maturo, Santo, Biblis, Póntico, Alcibíades, Alejandro y Vecio Epagato-, pero el mismo escritor afirma, al final de su relato, que era imposible precisar el número de víctimas, sus nombres y cómo murió cada uno de ellos. Así pues, a raíz de fuentes, la mayor parte de los mártires de Lyon y de Vienne permanecen anónimos.

Blandina destrozada por los toros en la arena. Grabado de Jan Van Luyken.

Blandina destrozada por los toros en la arena. Grabado de Jan Van Luyken.

Sin embargo, el Martirologio Jeronimiano da una lista de cuarenta y ocho nombres, pero se sabe que esta lista no es exacta. Aún así, siendo conscientes de ello, reproducimos a continuación esta lista, presente en los mosaicos de las iglesias lionesas de San Martín y de San Nizier: Blandina, Potino, Zacarías, (Vecio) Epagato, Macario, Alcibíades, Silvio, Primo, Ulpio, Vidal, Comino, Octubre, Filomeno, Gémino, Julia, Albina, Grata, Rogata, Emilia, Potamia, Pompeya, Ródana, Biblis, Cuarta, Materna, Helpes, Santo, Maturo, Atalo, Alejandro, Póntico, Arisceo, Cornelio, Josino, Tito, Julio, Zótico, Apolonio, Geminiano, Julia, Ausonia, Emilia, Jamnica, Pompeya, Domna, Justa, Trófima y Antonia. En total, 48 nombres: 22 mujeres, entre las cuales, dos llamadas Julia, dos llamadas Emilia -una de las cuales aparece representada como una niña de corta edad- y dos llamadas Pompeya; y 26 varones. Pero insisto: esta lista no es exacta, no sabemos exactamente cuántos murieron, cuáles eran, y cómo cada uno, a pesar de que han sido divididos por género de muerte tal cual vemos en las imágenes. Sólo por citar algunos errores de la lista: Zacarías y Vecio Epagato son el mismo, ya que es llamado en el documento de las dos maneras; el primero es el Santo al cual era comparado -San Zacarías, padre de San Juan Bautista-, y el segundo es su nombre real. Otro error: ¿Epagato fue mártir? Así lo insinúa la carta, sin embargo, el mismo texto habla de él en presente, como si hubiese sobrevivido, y no se hace referencia a su martirio en concreto. Tan sólo los nombres remarcados en negrita son indudables, pero el resto, siendo perfectamente creíbles, nos muestra un variado mosaico de nombres latinos y griegos, lo que prueba el variado origen de los mártires, o que muchos de ellos, quizás, como Blandina, eran esclavos -era habitual cambiar los nombres a los esclavos al gusto de los amos, y muchos portaban nombres griegos-. Lo que está claro es que los ejecutados a espada gozaban de la ciudadanía romana y se ahorraron las bestias, salvo Atalo, que fue ilegalmente supliciado por el odio que le tenía la multitud.

Como parece evidente en la misma narración, no todos los mártires murieron el mismo día, es más, para los que llegaron hasta el final su sufrimiento se alargó meses, como sabemos, pero se conmemoran colectivamente desde finales del siglo V, fijándose su fecha el día 3 de junio, fecha que aparece en los Martirologios Jeronimiano y Romano.

Ruinas del anfiteatro de las tres Galias, en Lyon (Francia). Lugar del martirio de Blandina, Atalo, Póntico, Alejandro, Maturo y Santo. El poste de madera ha sido colocado en la actualidad como memoria a su sacrificio.

Ruinas del anfiteatro de las tres Galias, en Lyon (Francia). Lugar del martirio de Blandina, Atalo, Póntico, Alejandro, Maturo y Santo. El poste de madera ha sido colocado en la actualidad como memoria a su sacrificio.

Controversias sobre la datación y ubicación del martirio
Hay que añadir que recientemente han aparecido algunas dudas acerca del año exacto del martirio y sobre el lugar de la masacre. La primera cuestión es suscitada por Nautin en su obra “Cartas y escritos cristianos de los siglos II y III”, publicada en París en 1961. Esta duda no es de gran importancia y los argumentos que aduce para corregir la fecha tradicional del año 177 no parecen muy interesantes, ya que él argumenta que el martirio pudo ocurrir entre el 174-175.

La segunda cuestión es ampliamente discutida por Colin en su obra “El imperio de los Antoninos y los mártires galos del año 177”, publicada en Bonn en el año 1964 y un añadido “más revolucionario”, no tanto en sí mismo, sino por las consecuencias que trae también consigo en otros campos de las ciencias eclesiásticas. Según Colin, los mártires del año 177 no murieron en las Galias, sino en el Asia Menor, exactamente en Sebastopol-Heracleópolis, en el Ponto. Dice que Eusebio copió mal el nombre de la ciudad, identificándola con Vienne de las Galias (Iulia Vienna), habiendo también transcrito Lyon en vez de Neoclaudiópolis, engañado por los idénticos nombres latinos de dichas ciudades. De este modo, él deduce que Eusebio tradujo un texto latino. Dice asimismo que estos mártires son los famosos “Cuarenta mártires de Sebaste”, cuyo cenotafio estaba en Sarein, cerca de Zela (la actual Kyrklar) a 25 kilómetros al norte de Sebastopol.

Esta obra de Colin es juzgada por los bolandistas como “un long et laborieux plaidoyer en faveur d’une cause indéfendable”, vamos, que es criticada duramente y probablemente seguirá siendo criticada. No hay motivos para dudar que se trata de unos mártires del 177 (o fecha cercana), martirizados en las cercanías de Vienne y de Lyon, conforme marca esta antiquísima tradición.

Relicario de los mártires de Lyon y Vienne, en Lyon (Francia).

Relicario de los mártires de Lyon y Vienne, en Lyon (Francia).

Terminamos ya, pidiendo disculpas a los lectores por tan prolongado artículo, pero ciertamente si hay mártires que merezcan tanta atención, son éstos, por su absoluta historicidad y por el testimonio de primera mano que nos ofrece el relato de martirio de estos hombres y mujeres que dieron su vida por la fe. Un pasado del que bien orgullosa puede estar no sólo la Iglesia gala, sino toda la cristiandad.

Meldelen

Bibliografía:
“Actas selectas de los mártires”, Ed. Apostolado Mariano, Sevilla 1991, pp. 31.41.
– VVAA, Bibliotheca sanctorum, Ed. Città Nuova, Roma 1984.

Enlaces consultados (03/05/2014):
http://www.cristianismo-primitivo.com/siglo-ii/los-martires-de-lyon

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

8 pensamientos en “Santos mártires de Lyon (II)

  1. Ana, muy interesante me ha parecido como desarrollaste este artículo. Con información precisa y acequible. Sencilla de comprender.
    Contéstame estas inquietudes ahora por favor.
    Estos mártires tienen en mi entendimiento, o por lo menos unos de ellos, origen asiático. Se debe esto a alguna condición de esclavos o como decía el programa que te comentaba, era un grupo de emigrantes. Así pues, San Potino sería también un misionero? Tengo entendido que fue discípulo de San Ireneo.
    Por otro lado muestras un relicario muy bonito de estos santos. Pero qué es lo que contiene? Si los cuerpos fueron incinerados y arrojados al Ródano, que reliquias se recuperaron. Acaso de otros de estos santos cuyo nombre como refieres permanece en el anonimato y que sí tuvieron la suerte de ser recuperadas?
    Saludos.

    • No se sabe mucho del origen de los mártires. Muchos eran griegos o de Asia Menor, tal parece por sus nombres; y tenemos el caso de San Atalo, que sabemos que era de Pérgamo, y de San Alejandro, que procedía de Frigia. Pero no todos: de hecho, menciono que a los esclavos se les solía poner nombres griegos, pero eso no significaba que lo fuesen. De Santo sabemos que era de Vienne y muchos otros tenían nombres latinos -Antonia, Julia, Domna- por lo que tendrían un origen galorromano. Más no puedo decirte al respecto; salvo que Potino era el líder de la comunidad.

      Es curioso que en el vídeo que he adjuntado, el legado imperial que interroga a Blandina lo hace en lengua griega y ella le contesta en griego también, no en latín. Aunque ambos idiomas eran cooficiales en el Imperio, la lengua de la administración era el latín. Así que el vídeo está dando a entender que Blandina era griega; sin embargo, su nombre no lo es: es latino. En fin, para qué calentarse la cabeza.

      Sobre el relicario, es mejor que te responda Antonio: yo también creo que si quemaron los cuerpos y los arrojaron al Ródano, ¿qué puñetas va a contener ese relicario, a menos que sean algunas cenizas o huesos quemados que pudieran recuperarse?

      Gracias por tu comentario.

  2. Muchas gracias, Ana Maria, por estos dos artículos sobre los santos mártires de Lyon y Vienne. Mucho había leido sobre estos santos, pero nunca con la claridad de exposición con la que tu lo has hecho en estos dos días. Has ido desmenuzando poco a poco las circunstancias históricas, los personajes y la suerte que corrió cada uno de ellos y finalmente, las críticas que se han hecho a estos santos, reales sin la menor sombra de dudas, pero con algunas diferencias de criterio en cuanto a cuando y donde recibieron la palma del martirio. Me parece un trabajo magnífico en el que, como no ha podido ser de otra forma, te ha servido la pauta de la “passio”.

    Este relato nos lleva a pensar algo que sabemos de sobras: las persecuciones no solo se centraron en la capital del imperio, sino en todo él e incluso en sus perisferias y el hecho de que abundasen los mártires en todos estos lugares, era señal de que la semilla del cristianismo germinaba con fuerza. El Señor Jesús y la infusión del Espíritu dieron su fortaleza, pero los hombres y mujeres creyentes, supieron estar a la altura que el Espíritu les requería. Por eso hoy los veneramos con respeto, incluidas sus reliquias, que todo el mundo da por auténticas, pues fueron cenizas y huesos calcinados recogidos clandestinamente y venerados desde siempre de manera ininterrumpida.

    • Santos auténticos, passio auténtica, reliquias auténticas… ¿qué más se puede pedir? ¡Esto no se ve todos los días entre los mártires antiguos! Gracias, amigo, por tu comentario y por aclarar el tema del relicario.

  3. Si el articulo de ayer estaba bien documentado y explicaba a la perfección los acontecimientos que se sucedieron con estos santos mártires, el de hoy, que refiere todo lo acontecido a los martirios no es menos.
    Estos primeros cristianos de Lyon supieron permanecer firmes en la fe, hasta el ultimo momento y sufriendo todas las consecuencias. Bladina, a pesar de su baja compresión física, demostró una entereza y una valentía admirable. Imagino que a muchos verdugos y espectadores morbosos los dejaría de piedra, y es que no imaginaban que esta joven estaba llena del Espíritu Santo.
    Gracias Ana María, como ya he dicho en muchas ocasiones, las vidas de los primeros cristianos son las que mas me gustan de conocer.

    • Gracias, David. Yo a Santa Blandina la conocí, paradójicamente, relativamente tarde y a través de la lectura de una novela histórica medieval, donde una piadosa dama, viendo a un chico desperdiciar su vida en los graneros cuando tenía talento para escudero y caballero, la puso de ejemplo como fortaleza y entrega. Huelga decir que enseguida solté el libro y me puse a buscar más sobre esta Santa de pocas palabras y grandes hechos. Ni que decir que no quedé decepcionada.

  4. Cuando la tradición o leyenda nos relata los sufrimientos de tantos mártires siempre puede uno pensar que no sería tanto, que vaya exageración. Pero conocerlas con rigor histórico produce una gran tristeza, ¡vaya valentía y constancia¡. Pensar que hoy siga habiendo personas que siguen sufriendo por decir “Soy cristiano”… Me encanta el mosaico con los nombres que pusiste ayer y me quedo con la última frase de la carta del acto de martirio ” La gracia divina no dejó de asistirlos, siendo su guía y consejero el Espíritu Santo”

    • Sí que hay relatos de passio claramente exagerados, sobre todo aquellos donde la tortura no surte efecto, los Santos son salvados por ángeles y tonterías por el estilo. Éste es un ejemplo, el de los mártires de Lyon, en que vemos que lo demás no son sino paparruchas. Las torturas eran terribles, dolorosas, deformantes -se nos habla de Atalo, retorcido y quemado, que ni forma de hombre tenía ya-, y nadie vino a salvarlos, sino que consumaron el tránsito con dolor y sangre. Así es la vida real, por desgracia, y lo sigue siendo. Recemos y luchemos también por los perseguidos de hoy.

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