La fiesta de Pentecostés

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

"Pentecostés", lienzo del pintor español fray  Juan Bautista Maíno (1581-1649). Museo Nacional del Prado, Madrid (España).

“Pentecostés”, lienzo del pintor español fray Juan Bautista Maíno (1581-1649). Museo Nacional del Prado, Madrid (España).

Hoy, festividad de Pentecostés, quiero traer a colación unas consideraciones del fallecido Patriarca Ortodoxo Shenouda III, Papa Copto de Alejandría y sucesor de la Sede de San Marcos, pronunciadas el Día de Pentecostés del año 1994. Éstas son sus palabras:

“El Señor Jesucristo Glorificado vivió corporalmente con los apóstoles hasta que subió al cielo, pero prometiéndoles la venida del Espíritu Santo, que permanecería con ellos para siempre, el Espíritu de la verdad, el Consolador. ¿Qué debemos saber sobre el Espíritu Santo?

El Espíritu Santo es el Espíritu de Dios, por lo tanto, existía antes de todos los tiempos; esto lo leemos en los primeros versículos del libro del Génesis. La respuesta divina dice: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo. Y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas” (Génesis, 1, 1-2). También el profeta Isaías nos habla sobre el Espíritu Santo y le da nombre: “Y vendrá sobre él, el Espíritu del Señor; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Yahvé” (Isaías, 11, 2). Además, el Señor Jesús nos dice sobre Él en el evangelio de San Juan: “El Espíritu de verdad que procede del Padre” (Juan, 15, 26). Y la doctrina de que procede del Padre fue reafirmada en el Símbolo de la fe del Concilio Ecuménico de Constantinopla.

En el Antiguo Testamento existen muchas alusiones al Espíritu de Dios; éstas son algunas de ellas: en la historia de Sansón leemos que “el Espíritu de Jahvé comenzó a actuar sobre él en el campamento de Dan, entre Sorá y Estaol” (Jueces, 13, 25). Y también leemos después que cuando Saúl fue ungido como rey, “el Espíritu de Dios vino sobre él con poder y profetizó entre ellos” (1º Samuel, 10, 10). Esto también le ocurrió a David cuando fue ungido por el profeta Samuel: “El Espíritu de Yahvé vino sobre David desde aquel día en adelante” (1º Samuel, 16, 13). Y la forma en que el Espíritu Santo descendió sobre ambos: Saúl y David, fue a través de la unción que el Señor les ordenó conforme al libro del Éxodo, 30, 22-31.

También Aarón fue ungido como sumo sacerdote cuando Moisés derramó el aceite de la santa unción sobre su cabeza y lo ungió (Levítico, 8, 12), como se dice en el salmo: “Pues la armonía es tan preciosa como el aceite de la unción que se derramó sobre la cabeza de Aarón, el cual desciende sobre la barba, la barba de Aarón, hasta el borde de sus vestiduras” (Salmo 133, 2). Y con este aceite se ungió la tienda donde se reunían, junto con los altares y los utensilios, convirtiéndose así en santos (Éxodo, 40; Levítico, 8). Con este óleo eran también ungidos los reyes y los profetas (1º Reyes, 19) y como resultado de esta unción, el Espíritu Santo venía sobre ellos así como también sobre sus dones.

Pentecostés, óleo de Jean Restout (1792). Museo Nacional del Louvre, París (Francia).

Pentecostés, óleo de Jean Restout (1792). Museo Nacional del Louvre, París (Francia).

En el libro del profeta Joel, leemos: “Y después de esto, derramaré mi Espíritu sobre toda carne y vuestros hijos e hijas profetizarán; vuestros ancianos tendrán sueños proféticos y vuestros jóvenes, verán visiones” (Joel, 3,1). Y esto es lo que sucedió en el día quincuagésimo, en el Día de Pentecostés, como nos lo explica el apóstol Pedro refiriéndose al profeta Joel (Hechos, 2, 16-17).

Pero el Espíritu Santo también puede ser transferido de una persona a otra. Esto es lo que les pasó a los setenta ancianos en tiempos del profeta Moisés, cuando el Señor le dijo: “Reúne a setenta hombres de entre los ancianos de Israel e iré a hablar con vosotros. Tomaré a mi Espíritu, que está sobre ti y lo pondré en ellos” (Números, 11, 16-17) y sigue diciendo el libro sagrado: “Y Yahvé descendió de la nube y le habló y tomó el espíritu que estaba en él y lo colocó sobre los setenta ancianos y, cuando el Espíritu estuvo sobre ellos, profetizaron” (Números, 11, 25).

Pero recordemos que antes que Moisés, el Justo José interpretó los sueños del faraón. “Dijo el faraón a sus siervos, ¿podremos encontrar una persona así, un hombre en quién esté el Espíritu de Dios?” (Génesis, 41, 38); y allí estaba el don del Espíritu Santo interpretando los sueños, es decir, el Espíritu del conocimiento.

Pero la obra del Espíritu de Dios también se manifestó en otras ocasiones, incluso en las artes: “Y Yahvé habló a Moisés y le dijo: Mira, yo he llamado por su nombre a Bezaleel, hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá y lo he llenado del Espíritu de Dios, concediéndole habilidad, pericia y experiencia en toda clase de trabajos; para concebir y realizar proyectos en oro, plata y bronce; para labrar piedras de engaste, tallar la madera y ejecutar cualquier otra labor” (Éxodo, 31, 1-5). Vemos que el Espíritu Santo llega incluso a influir en el trabajo manual, pero la labor más importante del Espíritu de Dios es que “habló por los profetas”, como nos lo indica el Símbolo de la fe. Esto significa que el Espíritu Santo es la fuente divina que inspira los libros sagrados, es la fuente de todo lo que los profetas y los apóstoles nos han transmitido en los libros santos. Por eso, el apóstol Pedro, en su segunda epístola dice: “porque ninguna profecía ha sido anunciada por voluntad humana, sino que los hombres han hablado de parte de Dios, hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2ª Pedro, 1, 21).

"Pentecostés", óleo de Tiziano Veccellio (1545). Iglesia de Santa Maria della Salute, Venezia (Italia).

“Pentecostés”, óleo de Tiziano Veccellio (1545). Iglesia de Santa Maria della Salute, Venezia (Italia).

Actualmente, en la Iglesia, el Espíritu Santo se nos viene dado por tres vías: la Santa Unción, la imposición de las manos y por el santo aliento (soplo). En cuando al santo aliento (soplo), recordemos lo que nos dice el evangelio de San Juan, cuando el Señor Jesús, después de su resurrección, se apareció a sus discípulos en el cenáculo y les dijo: “Como el Padre me envió, también yo os envío. Y habiendo dicho esto, sopló sobre ellos diciéndoles: Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados y a quienes se los retengáis, les quedan retenidos” (Juan, 20, 21-23). En la ordenación y en el bautismo, el ministro ordenante sopla sobre el sacerdote o el catecúmeno y le dice: “Recibe el Espíritu Santo”.

En cuanto a la imposición de las manos, el Espíritu Santo se les dio a nuestros padres mediante la imposición de las manos de los apóstoles. Esto es mencionado sobre el pueblo de Samaria, estando en Jerusalén, los apóstoles Pedro y Juan “Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que los samaritanos habían recibido la Palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan. Éstos, al llegar, oraron sobre ellos para que recibieran el Espíritu Santo, porque todavía no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que sólo estaban bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces, les impusieron las manos y recibieron el Espíritu Santo” (Hechos, 8, 14-17) y lo mismo se hizo con el pueblo de Éfeso: “Y cuando Pablo les impuso las manos, descendió sobre ellos, el Espíritu Santo. Entonces empezaron a hablar en distintas lenguas y a profetizar” (Hechos, 19, 7). Lo mismo sucede en el sacramento del orden sagrado; San Pablo dijo a su discípulo Timoteo: “Por eso te recomiendo que reavives el don de Dios que has recibido por la imposición de mis manos” (2ª Timoteo, 1, 6).

La Santa Unción era también conocida en la época apostólica. El apóstol Juan lo dice: “Pero vosotros tenéis la unción del que es Santo…” (1ª Juan, 2, 20) y “pero la unción que vosotros recibisteis de él, permanece en vosotros” (1ª Juan, 2, 27). También nosotros, a los niños después del bautismo, los ungimos con el santo crisma, les imponemos las manos y soplamos sobre sus rostros, diciéndoles: “Recibid el Espíritu Santo”.

Con el santo sacramento de la Unción (Confirmación) nos convertimos en templos del Espíritu Santo y el Espíritu Santo habita en nosotros. San Pablo, en su primera epístola a los corintios, dice: “¿No sabéis que sois templos de Dios y que el Espíritu Santo mora en vosotros?” (1 Co., 3, 16) o, “¿no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo que está en vosotros?” (1 Co., 6, 19). Cada uno tenemos que recordar que el día en el que fuimos ungidos con el Santo Crisma, nos convertimos en templos del Espíritu Santo y que el Espíritu Santo tomó morada en cada uno de nosotros.

Su Santidad Shenouda III (1923-2012), Patriarca de Alejandría y Papa de la Iglesia Copta. Autor de este texto.

Su Santidad Shenouda III (1923-2012), Patriarca de Alejandría y Papa de la Iglesia Copta. Autor de este texto.

El Espíritu Santo actúa en el sacerdocio y el sacerdocio se otorga a través del Espíritu Santo. Tiene el poder de perdonar los pecados y algunos pueden preguntarse, ¿pero cómo es eso, pues nadie puede perdonar los pecados sino solo Dios? Nosotros decimos que el Espíritu Santo está en el sacerdote y es él quién perdona los pecados, pero el perdón nos viene por las palabras pronunciadas por el sacerdote. El Espíritu Santo está en todos los sacramentos de la Iglesia y también está presente en las decisiones de los santos concilios. En el acuerdo del primer Concilio de Jerusalén, los apóstoles lo dijeron: “Nos ha parecido bien al Espíritu Santo y a nosotros…” (Hechos, 15, 28).

El Espíritu Santo actúa también en la labor apostólica. Los apóstoles no iniciaron su apostolado hasta que el Espíritu Santo vino sobre ellos, cumpliéndose la promesa del Señor: “Recibiréis el poder cuando el Espíritu Santo, venga sobre vosotros y seréis mis testigos” (Hechos, 1, 8) y esto se cumplió en ellos. El Espíritu Santo elige a sus servidores, como cuando dijo: “Apartadme a Bernabé y a Saulo para que realicen la obra a la que han sido llamados” (Hechos, 13, 2) y fue Él quién los dirigió y acompañó en su trabajo.

Es parte de nuestra libertad el aceptar o no trabajar con el Espíritu Santo y también somos libres para rechazarlo e incluso para luchar contra Él. Y lo que es aún más grave: somos libres para blasfemar contra el Espíritu Santo y rechazarlo por completo de nuestras vidas, pero lo realmente gratificante es lo que nos dice San Pablo: “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios” (Romanos, 8, 14). Aquí me gustaría decirles a algunos que son engañados y que piensan que cualquier espíritu que los guíe es el Espíritu de Dios, lo que dice el apóstol Juan: “No creáis a todo espíritu, sino probad si los espíritus son de Dios, porque han aparecido en el mundo muchos falsos profetas” (1 Juan, 4, 1)”.

Su Santidad Shenouda III (1923-2012)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

4 pensamientos en “La fiesta de Pentecostés

  1. Gracias, Antonio, por compartir con nosotros hoy las reflexiones del papa Shenouda, en paz descanse, sobre la fiesta de Pentecostés. Me ha parecido una reflexión muy lúcida e inspirada, y nos muestra que no sólo en textos producidos en ámbito católico podemos encontrar inspiración y edificación. Saludos y buen domingo.

  2. Gracias Antonio,
    Aun recuerdo como si de ayer se tratara, la muerte del Papa Shenouda III , y es que algunos compañeros míos de trabajo pensaban que había muerto nuestro Papa emérito Benedicto XVI. Después de conocer la noticia, recuerdo que me impresiono mucho ver, su cuerpo siendo velado en su trono papal o trono de San Marcos.
    Con respecto a sus palabras sobre el Espíritu Santo y sus dones, tengo que decir que me ha gustado mucho leerlas, encuentro en ellas una gran sabiduría y veracidad contrastada con hechos históricos.
    ! Que el Espíritu Santo nos siga guiando y dando sus dones para que semos apóstoles en medio del mundo!, como en su día lo fueron los Santos Apóstoles y demás fieles congregados en el cenaculo.

    Preciosa pintura la de Fray Juan Bautista Maíno.

  3. De verdad que este blog sirve para aprender mucho. ¡Cuántas manifestaciones del Espíritu Santo en las escrituras¡ Los momentos de la imposición de manos me encantan (tanto en sacerdotes como en laicos), diría que se siente el Espíritu, que bendice, envía, transmite…

  4. Me da gusto, si mal no me equivoco, que este año, al igual que sucedió en Pascuia, tanto ortodoxos com católicos hayamos celebrado en la misma fecha esta Solemnidad. Que el Espíritu Santo, motor y corazón de todos los bautizados, nos haga hablar a todos juntos un solo idioma:el del amor.
    Saludos.

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