Beatos Luis Martin y Celia Guérin, esposos (II)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Casulla bordada por Santa Teresita a partir de un vestido de su madre. Las dos rosas son sus padres, los nueve lirios son sus hijos; los capullos cerrados son los que murieron de niños.

Casulla bordada por Santa Teresita a partir de un vestido de su madre. Las dos rosas son sus padres, los nueve lirios son sus hijos; los capullos cerrados son los que murieron de niños.

Lisieux
Luego de la muerte de Celia, por invitación de su cuñado Isidoro y por convenirle a la familia Martin, se le convidó a don Luis a vivir en este lugar, donde ya vivía él. Así habitaron un edificio que se le llama “Les Buissonets”. El traslado se realizó antes de acabar el año, el 14 de noviembre. El modo de vida se organizó sin tardanza; bajo la dirección del señor Martin, el orden, la limpieza y el decoro se van perfilando en el nuevo hogar. No hay ociosidad, el estudio está presente, hay cordialidad no sólo entre la familia, pues la servidumbre es tratada con dignidad. En esta ciudad se educaron las señoritas Martin Guérin, recibiendo una formación acorde a su edad y su posición social. Aquí, el espíritu del mundo no saltó las barreras de esa casa.

La vida de la familia Guérin tuvo un curso ordinario: estudio, trabajo, paseos, teniendo como eje la misa. El Beato Luis Martin tenía la predilección por ir a la primera misa con sus hijas “a la que van los criados y los obreros, en ella estoy en compañía de los pobres”. Su preparación a la misma era extensa: muchas veces al volver a casa, estaba todavía absorto. “Continúo con nuestro Señor”. Gracias a su apostolado y devoción, se debió a la institución de la Adoración Nocturna en Lisieux. De su bolsillo se costeó el altar mayor de esta catedral. Si Luis Martin sabía que Cristo estaba en el sagrario, estaba consciente de su presencia en los pobres. Cada lunes llegaba a su casa un desfile de pobres y necesitados que reciben una dádiva generosa. Hombre lleno de piedad, su rostro le daba cierta venerabilidad que admiraban sus vecinos. Luis vivía para sus hijas y trabajaba por darles una vida apacible. Aunque vive en el mundo, no es del mundo. En su casa, propiamente en su despacho, vive como un monje. Allí trabaja, ora, medita, canta, recibe a sus hijas y escucha sus confidencias, lee, estudia, observa. En su estudio decrece la curiosidad del investigador y crece la avidez del creyente.

El rey y su reinecita
De las cinco hijas que vivían con él en los Buissonets, fue la menor, Teresita, quien más trato y cariño tuvo con su papá, al grado que don Luis Martin la llamaba “su reinecita” y por eso, ella le decía “rey”. Mucho convivieron y se trataron padre e hija. Ella era el alma de la casa y su padre se prodigaba en detalles hacia ella. Cuando Teresita contaba con 12 años, tuvo una crisis de convulsiones, alucinaciones e incoherencias que le pusieron al borde del sepulcro. El 13 de mayo de 1883, luego de haberse mandado celebrar varios novenarios de misas, de hacer hecho mucha oración a la imagen de Nuestra Señora que estaba en la familia desde hace un cuarto de siglo, ésta se animó y sonrió a la enferma, aliviándose entonces. Este episodio lo cuenta su padre con mucha emoción en una carta.

Escultura del Beato con su hija, Santa Teresita, rememorando el momento en que le pidió ingresar en el Carmelo.

Escultura del Beato con su hija, Santa Teresita, rememorando el momento en que le pidió ingresar en el Carmelo.

Cuando la Santa tenía 14 años, en esa Navidad esperaba el tradicional zapato, relleno de dulces y chucherías. El señor Martin expresó su disgusto al conocer esta expectativa de su hija y se lo hizo conocer a su hija Paulina, pues no estaba de acuerdo que a su edad, Teresa se comportara como una niña. Ésta dominó su emoción y recobró de pronto una fortaleza espiritual perdida tiempo atrás. Así consideró ella que este episodio fue su conversión, debida indudablemente al forjador de su carácter que fue su padre. Padre e hija eran íntimos confidentes. En cierta ocasión platicaban en el jardín sentados ambos, cuando Teresa le reveló su deseo de ser monja carmelita; su papá arrancó entonces una florecita y se la regaló. Por eso ella siempre se consideró una florecita, la Florecita de Jesús.

El Carmelo de Lisieux
La orden de Carmelo Descalzo llegó a Lisieux entre 1838 y 1839. En el convento aquí edificado ingresarán cuatro hijas del Beato Luis Martin: María Luisa, que tendrá por nombre María del Sagrado Corazón; Paulina, que se llamara Inés de Jesús; Teresa, que será Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz y Celina, que se conocerá como Genoveva de la Santa Faz. La última hija en ingresar a la vida conventual será Leonia, que tomará el nombre de Teresa Francisca en la Orden de la Visitación en Le Mans. Luis Martin, hombre de fe, supo desprenderse de sus hijas, cuya vocación aceptó y comprendió sin que por ello tuviera que tener la opción de no sufrirlo, poco a poco se las fue entregando a Dios, padeciendo la separación que traerá como consecuencia la enfermedad de sus últimos días.

Sin duda alguna el viaje a Roma que hizo con Teresita, con motivo de Jubileo del Papa León XIII, de entre los que hizo, es el más famoso. El carro del tren en que viajaba con Celina y Teresa se llamaba “San Luis”. Los demás pasajeros al tratarlo, decían que llevaban a San Luis en el carro de San Luis. En la Basílica de San Pedro fue presentado ante el Papa como padre de dos carmelitas y el Sumo Pontífice, como para agradecerle, tuvo su mano sobre su cabeza largo rato “como – dice Santa Teresita en su biografía- si en nombre de Jesucristo quisiera sellarlo con un signo misterioso”. Ni cuenta se dio por la emoción de este gesto, cuando su hija menor pidió al Papa permiso para entrar al convento con sus 15 años. Absorto, se le acercó Teresita toda llorosa para platicarle sobre su fallido intento. Ya hacía tiempo que conocía el interés de su hija por ingresar al convento, tras los pasos de sus hermanas mayores. Autorizó, para consuelo de ella, que ingresara al convento el 9 de abril de 1888. En casa quedó viviendo con Celina y Leonia, que pronto también optarán por la vida religiosa. Su vida hasta ahora es diáfana, pero entrará en la fase de penumbra.

Fotografía del Beato en sus últimos años, ya enfermo.

Fotografía del Beato en sus últimos años, ya enfermo.

El hombre de la cabeza velada
Hasta los 64 años, el Beato Luis Martin gozó de buena salud; pocas veces se enfermó y tuvo que ingerir medicamento. Tenía excelente vista, paso rápido, agilidad mental y parecía ser imposible de fatigar. Podría pensarse que alcanzaría las edades de sus padres al morir: 88 años su padre y 83 su mujer. Pero en 1887 comenzó a presentar una congestión cerebral, debida a una arterioesclerosis que se fue acentuando con el paso del tiempo, pese a las precauciones que él mismo se daba. Comprendió la gravedad de su mal cuando advirtió que, por negligencia, dejó morir a su cotorra favorita. Desde junio de 1888 el mal se declaró súbitamente. El 1 de enero de 1889 Santa Teresita vestiría el hábito. Luis Martin la llevó del brazo hasta la capilla, y ese día de fiesta fue el último para él en la tierra. Santa Teresita lo compara con un Domingo de Ramos.

Pocas semanas después tuvo una recaída y escapó de casa, alarmando a todos. Su cuñado tomo la decisión de internarlo en una casa de salud, el Sanatorio del Buen Salvador en Caen. Tenía ratos de lucidez, en los que mostraba su lado amable y su piedad ferviente y mantenía correspondencia con sus hijas carmelitas; tuvo períodos de alivio y tuvo la plena facultad de ofrecerse como víctima de holocausto a Dios. Poco a poco se fue paralizado de los miembros inferiores, al grado de usar una silla de ruedas, luego tuvo una enfermedad que le afectó los riñones. Sus facultades mentales disminuyeron casi en su totalidad.

Cuando Teresita era niña, tuvo una visión: vio a un hombre de la complexión de su padre que caminaba en el jardín, con la cabeza cubierta por un velo espeso. Ella, creyendo que era su papá que quería jugarle una broma, le llamaba sin obtener respuesta. El hombre desapareció sin dejar huella. Este episodio fue profético, pues dejó entrever el destino del señor Martin. El 29 de julio de 1894 comenzó su agonía. Antes de morir tuvo una mirada de lucidez, con la viveza de antaño, para consuelo de su hija Celina, que lo atendía. A las ocho y cuarto de la mañana, el fiel cumplidor del precepto dominical partió al cielo para participar en la misa eterna. Al día siguiente de su muerte, su cuñado Isidoro Guerin hizo exhumar los restos de su esposa Celia y de sus cuatro hijos para sepultarlos junto a los del jefe de la familia en el cementerio de Lisieux.

Silla de ruedas en la que el Beato pasó sus últimos años.

Silla de ruedas en la que el Beato pasó sus últimos años.

Culto
El proceso de beatificación de Luis Martin y Celia Guérin tuvo el tino de unificar en 1971 ambas causas, para promover a una pareja de esposos como ejemplo para tantos hombres y mujeres casados de nuestros días. Ambos fueron beatificados por disposición del papa Benedicto XVI en una ceremonia efectuada en la Basílica de Santa Teresita en Lisieux el 19 de octubre de 2008, ceremonia presidida por el cardenal José Saraiva Martins. Se determinó que la celebración litúrgica para ambos se realizara cada año el 13 de julio, aniversario de su matrimonio eclesiástico y comienzo de su vida como esposos.

Santa Teresita nos habla así de sus padres (tomado de Historia de un alma): [A mi madre querida Inés de Jesús] Los recuerdos que voy a evocar son también vuestros, pues a vuestro lado se deslizó mi infancia, y tuve la dicha de pertenecer a unos padres incomparables, que nos rodearon de los mismos cuidados y cariños. ¡Que se dignen ellos de bendecir a la flor más pequeña de sus hijos, y que la ayuden a cantar las misericordias divinas!… Quería Jesús sin duda, en su amor, hacerme conocer a la madre incomparable que me había dado, y a la que su divina mano quería a toda prisa coronar en el cielo… Dios se ha complacido en rodearme siempre de amor. Mis primeros recuerdos guardan la huella de las más tiernas sonrisas y caricias… Pero si el Señor puso mucho amor en torno a mi vida, se dignó también conceder a mi pequeño corazón un natural amoroso y sensible. Amaba yo mucho a papá y a mamá, y les demostraba de mil maneras mi ternura. ¡Qué rápido pasaron los años soleados de mi primera infancia! Pero también ¡qué dulce huella dejaron en mi alma! Recuerdo con agrado los días en que papá nos llevaba al Pabellón. Hasta los más pequeños detalles conservo grabados en el corazón… Recuerdo, sobre todo, los paseos del domingo, en los que siempre nos acompañaba mamá…

Relicario con el cabello de la Beata Celia Guérin.

Relicario con el cabello de la Beata Celia Guérin.

Conservo todavía en mi corazón todos los detalles de la enfermedad de nuestra querida madre. Me acuerdo, sobre todo, de las últimas semanas que pasó en la tierra. La pobrecita mamá estaba ya demasiado enferma para comer los frutos de la tierra. Ya sólo en el cielo se saciaría de la gloria de Dios, y bebería con Jesús el vino misterioso del que habló en su Última Cena, diciendo que lo compartiría con nosotros en el reino de su Padre. Quedó también grabada en mi alma la ceremonia emocionante de la extremaunción. Aún me parece ver el lugar que yo ocupaba, al lado de Celina. Estábamos las cinco colocadas por orden de edad. Y nuestro pobrecito padre también estaba allí, sollozando…

¡El corazón, ya tan cariñoso, de papá había añadido al amor que poseía un amor verdaderamente maternal!… No puedo decir cuánto amaba a papá, todo en él me causaba admiración. He aquí con cuánta fe aceptó papá la separación de su reinecita. Se la anunció a sus amigos de Alençon en estos términos: «Queridísimos amigos, ¡Teresa, mi reinecita, entró ayer en el Carmelo!… Sólo Dios puede exigir tal sacrificio… No me tengáis lástima, pues mi corazón rebosa de alegría.» Era, pues, hora de que un servidor tan fiel recibiese el premio de sus trabajos. Era justo que su salario fuera parecido al que Dios dio al Rey del cielo, su Hijo único… Papá acababa de hacer a Dios donación de un altar [para la catedral de Lisieux], él mismo fue la víctima escogida para ser inmolada en su ara santa juntamente con el Cordero sin mancha.

Nuestro padre querido bebería la más amarga, la más humillante de todas las copas. ¡Ese día ya no dije que podía sufrir todavía más! Las palabras no pueden expresar nuestras angustias, por eso, no intentaré describirlas. Un día, en el cielo, nos gustará hablar de nuestras gloriosas tribulaciones. ¿No nos gozamos ya ahora de haberlas sufrido? Sí, los tres años de martirio de papá me parecen los más amables, los más fructuosos años de toda nuestra vida. No los cambiaría por todos los éxtasis y revelaciones de los Santos. Mi corazón rebosa de gratitud al pensar en este tesoro inestimable, capaz de despertar una santa envidia aun en los mismos ángeles de la corte celestial. El 29 de julio del año pasado, Dios rompió las ataduras mortales de su incomparable servidor, llamándole a la recompensa eterna”.

Detalle del relicario de los Beatos.

Detalle del relicario de los Beatos.

Oración
Señor Dios, que has dado a los Beatos Luis y Celia Martin la gracia de santificarse como esposos y padres; concédenos por su intercesión saber amarte y servirte fielmente, pues la santidad de sus vidas es un ejemplo para cada uno de nosotros. Por Jesucristo…

Humberto

Bibliografía:
– PIAT, Esteban José, OFM, Historia de una familia, Editorial El Monte Carmelo, Burgos, 1950.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

16 pensamientos en “Beatos Luis Martin y Celia Guérin, esposos (II)

  1. Lo dije en el artículo de ayer y lo vuelvo a decir hoy, ellos realmente son dantos y espero con todo el corazón que el milagro que se encontró en España y que ya fue presentado para su causa de canonización pueda ser aprobado pronto.
    Me gusta de especial manera una frase que el beato les dijo a sus hijas: «Hijas mías, acabo de regresar de Alençon, donde he recibido tantas gracias y consuelos en la iglesia de Nuestra Señora que he hecho la siguiente plegaria: Dios mío, ¡esto es demasiado! Sí, soy demasiado feliz, no es posible ir al Cielo de este modo, quiero sufrir algo por ti. Así que me he ofrecido…». La palabra «víctima» desaparece de sus labios, no se atreve a pronunciarla, pero sus hijas lo han comprendido.
    Humberto, me gustaría hacerte una corrección sin animo de desmeritar tu trabajo que es espectacular, el milagro de la sonrisa de la virgen fue en 1883 no en 1885 y Teresita tomó hábitos en 1889. En 1899 y tenía dos años de fallecida. Espero no te molestes por esta corrección porque estos artículos verdaderamente quedaron excelentes!!!.
    Saludos.

    • Jhonatan, podrías hablarme por favor del milagro que se ha dado en España para la causa de canonización de estos Beatos. Tengo curiosidad, ya que algo conocía respecto a este tema.
      Si puedes compartirla por aquí perfecto, y si ves que es demasiado largo, la dirección del blog puede darte mi e-mail.
      Gracias de antemano.

  2. Gracias por tu aportación. Lo que refieres del ofreciemiento del Beato Luis es muy cierto, yo lo puse muy generalmente porque el articulo estaba saliendo algo largo ya. Y en cuanto atus correcciones me da gusto este tipo de participación pue sla interacción es una de las finalidades de este blog. Hay que pasar la nota a la Administración del Blog para que nos haga el favor de corregir estos errores de dedo.
    Saludos.

  3. Creo que, de todas las enfermedades, las peores son las que te hacen perder el uso de las facultades mentales. Se puede sufrir el mal en el cuerpo, pero perder la razón, olvidar a los que te rodean, no tener lucidez ni hacer uso del juicio… no imagino castigo ni condena peor para un ser humano y para sus seres queridos. Dios nos libre de perder el seso antes que el cuerpo, y terriblemente, cada vez esto ocurre con más frecuencia.

    Da que pensar que estos dos virtuosos esposos murieran tan tristemente después de una vida llena de fe y observancia de la piedad. Ella, por más que rogó en Lourdes, murió de cáncer de mama joven y dejando a hijas huérfanas; él acabó sus días sin juicio. No soy de las que achacan a los planes de Dios estos horrores, como sí hay quien gusta de hacerlo, pero en cualquier caso se nos antoja un misterio incomprensible.

    • Ana, hay misterios como dices, que en su imcomprendibildad es mejor adorar la voluntad de Dios y aceptarla que tratar de comprenderla. Estoy seguro que de los males, Dios puede sacar mucho bien.
      Por las fechas en que sucedieron los malestares del Beato Luis, comenzaba la devoción al Divino Rostro de Cristo, del que se aplica lo que dice el Salmo que dice : eres el más bello de todos los hombres, pero que en su Pasión concuerda lo que dice Isaías: no había en el rastro humano. Santa Teresita aplicaba este misterio con la enfermedad de su padre, que de pronto perdió la gloria de la lucidez y la autonomía. Las últimas palabras que él le dijo a ella mucho antes de morir fueron: hasta el cielo, mientras con la mano señalaba a lo alto.
      Sin pasar por devociones sentimentales o por conjeturas teológicas, creo que verdaderamente la felicidad del hombre y su total realización está en el cielo. No todos sufren igual en este mundo, pero a todos, incluyendo a nosotros, se nos ha dado una participación el la pasión del Señor, para complementar con nuestra participación la salvación de todos los hombres.

  4. Muy agradecido por el post.

    Puestos a hacer trabajo colaborativo también hay otro baile de fechas a parte de los que ya ha comentado Jhonatan. El señor Luis Martin falleció el año 1894 y así pudo acompañar a la toma de hábito de Teresa de enero de 1889.

  5. Gracias Humberto, estos beatos son el reflejo de cualquier laico: trabajador, cuidador de su casa, con relaciones sociales, con aficiones, como espo@, como padre- madre… un todo inseparable con Dios intercalado. ¡Qué difícil equilibrar y compaginar a veces todas las facetas personales y familiares! Hoy parecen algo ñoños y perfectos, pero tenían y daban paz y felicidad.
    Algunos beatos y santos de los últimos años son inclasificables en las categorías tradicionales, como si no esperasen a laicos normales y menos matrimonios

    • La función de un santo o en este caso, beatos, en la Iglesia, es la de ser un ejemplo a seguir, así, en lo particular, no hay excusa para no imitarlis. Sean mis imitadores, dice San Pablo, como yo soy imitador de Cristo.

  6. Gracias Humerto, esta segunda parte del articulo también nos hace ver la faceta de padre viudo y entregado a sus hijas. Me ha gusto mucho la frase que dice refiriéndose a él: Aunque vive en el mundo, no es del mundo.

    Como es lógico, para sus hijas este señor era admirado como Padre. Pero vemos como era admirado por todos los que lo conocían, aunque solo fuera un instante lo que hablarán con él; como por ejemplo los pasajeros del tren que lo compararon con un santo o incluso el mismo Papa León XIII que lo atendió con muchas preces.
    Lastima que su final fuera tan triste y tuviera mas tiempo de disfrutar de la dicha de sus hijas como esposas de Cristo. Y es que como dice Ana María, no hay pena ni dolor más grande que perder la cabeza y olvidadlo todo, hasta tu nombre. Por desgracia esto en mi familia también ha sucedido.

    Por ultimo, tengo que decir que la urna relicario del Matrimonio me parece de lo mas bonita y moderna, también es de un alto valor artístico y simbólico la casulla que la Santa Doctora bordó representando a su familia.

  7. Me da gusto que el artículo te haya dejado un mensaje. La frase que te llama la atención la he tomado del Discurso a Diogeto, un apasionante escrito de los primeros años del cristianismo. Te recomiendo que lo leas. Se que te gustará.
    La urna de estos beatos tiene un bonito diseñó: aparecen además de sus rostros, los edificios de Alenzón, el puente de San Leonardo.
    La casulla me pareció muy pedagógica y atinada para ilustrar este artículo. Santa Teresita se identifica con el lirio que se esconde detrás del velo con el rostro de Jesús.

  8. Ha sido un articulo muy enternecedor en especial al concluirlo con la narración de Santa Teresita sobre sus padres, sin duda ambos ejemplo de familia cristiana, muchas gracias don Humberto.

    • Gracias a ti André.
      Los escritos de Santa Teresita son de primera fuente para conocer a los esposos Martín, sin embargo, existe bastante correspondencia escrita por ambos para conocerlos más de cerca.
      Saludos.

  9. Gracias, Humberto, por estos dos artículos sobre los padres de Santa Teresa de Lisieux.
    Con sus condicionantes, para bien o para mal, sin embargo fueron dos santos esposos que supieron insuflar su santidad a sus hijas. Probablemente, Santa Teresa no hubiera sido quién es, de haber nacido en el seno de otra familia.

  10. Tienes razón Toño, mi Santa Patrona es quien es gracias a la formación de sus padres, claro, lo demás, corrió por su cuenta, pero lo demás es una clara herencia familiar.
    Gracias por haber leido estes trabajo.

  11. Muchas gracias por tu post! Soy una joven universitaria con inquietudes y me ha encantado todo lo que he leído aquí! Que ejemplos de personas firmes en hacer la voluntad de Dios. Antes de conocerse Luis y Celia creyeron que Dios les pedía una vocación al sacerdocio y a la vida consagrada pero no fue así a pesar de intentarlo ambos, se dejaron llevar por la voluntad divina que les tenia preparado algo mejor! Y asi fue… Y dio mucho fruto!! Que alegría que hoy les hayan canonizado! Que gran bendición para la Iglesia. Santos Luis y Celia rogad por nosotros!

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